Bueno aquí tienen el nuevo capi espero que lo disfruten y ya saben que tanto la historia como los personajes NO son míos solo los tome prestados.
Ana se aplicó otra compresa fría sobre la frente e inclinó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el sofá. Después de su reunión matinal con los criados, para asignarles tareas, se había retirado a su habitación. Y esa terrible jaqueca que no se mitigaba. Pero tal vez hubiera bebido demasiado champaña la noche anterior, en su baile. Eso no era nada habitual en ella. Pocas veces bebía licores en las fiestas, y nunca cuando era ella la anfitriona.
Su doncella, Susannha, recorría el dormitorio poniéndolo en orden. La bandeja que había llevado con el desayuno permanecía intacta. Todavía no podía digerir siquiera la idea de comer.
Ana emitió un largo suspiro. Afortunadamente, el baile de la noche anterior había sido un éxito, pese a su leve embriaguez. Hasta José se las había arreglado para aparecer. La velada misma nada tenía que ver con su jaqueca del momento. Había sido causada por Hanna, y por el mensaje que había entregado su doncella cuando empezaban a llegar los primeros invitados: que como Luck no había sido invitado al baile, ella tampoco asistiría.
Era increíble. Ni una palabra de Hanna en toda la semana, desde aquella conversación; ni un suspiro, ni una lágrima. Ana había creído verdaderamente que Hanna había aceptado la situación, y se había enorgullecido de ella, de lo bien que manejaba esa cuestión. Y entonces, de buenas a primeras, este giro en redondo, este mensaje que probaba sin lugar a dudas que Hanna no se había olvidado de Luck ni mucho menos... lo cual le hacía preguntarse por qué no había habido más lágrimas si era así en realidad.
¿Qué demonios debía pensar ella? En ese momento preciso no podía pensar nada con su dolor de cabeza.
Un fuerte golpe en la puerta le hizo hacer una mueca. Entró Hanna vestida con una hermosa túnica verde musgo de seda, un atuendo para salir. Sostenía una toca de seda en la mano y llevaba bajo el brazo una sombrilla de encaje.
-"Me ha dicho Martha que no te sentías bien, Ana"
Ninguna mención de su ausencia la noche anterior, ni siquiera una expresión de culpa. Y después de todas las molestias que se había tomado Ana para el baile, eligiendo solamente a los hombres solteros más aceptables con la esperanza de que alguno atrajera el interés de Hanna. En fin, el baile no había sido ninguna molestia en realidad. Agasajar a doscientas personas era algo trivial cuando se sabía cómo hacer para que todo anduviera sin tropiezos.
-"Temo haber bebido con cierto exceso anoche, cariño" –respondió verazmente Ana-"Ya se arreglará todo esta tarde"
-"Me alegro..."
Hanna estaba preocupada. ¿Por qué?, se preguntó Ana. ¿Y a dónde iba ella?
Aunque no estaba dispuesta a mencionar todavía a lord Sawyer, tenía que saber a dónde se encaminaba Hanna. Asomaba una premonición inquietante.
-"¿Sales?"
-"Sí"
-"Entonces tendrá que pedir a John que te lleve. Henry está enfermo"
-"No... será necesario, Ana. Salgo simplemente a... a pasear."
-"¿A pasear?" –repitió estúpidamente Ana.
-"Sí. Habrás visto que hace un días espléndido, perfecto para pasear"
-"No me había dado cuenta. Ya sabes que casi nunca reparo en el tiempo" – repuso Ana ¿Un paseo? Hanna jamás paseaba. Tenía los arcos de los pies tan pronunciados, que le dolían si caminaba. ¿Y qué era tanta incertidumbre, tanto balbuceo?
-"¿Cuánto tardarás, cariño?"
-"No sé" –replicó evasivamente Hanna-"Tal vez haga algunas compras antes de que llegue el gentío de la tarde"
Ana quedó muda, y antes de que pudiera recobrarse, Hanna hizo un ademán de despedida y cerró la puerta. Entonces los ojos de Ana brillaron y su jaqueca quedó momentáneamente olvidada al ocurrírsele la más asombrosa idea. Su comportamiento inusitado, esa ridícula declaración sobre ir a pasear, la sugerencia más absurda todavía de que quizá fuese de compras... sin un carruaje para llevar sus paquetes. ¡Iba a encontrarse con Len! ¡Y si tenía que hacerlo de modo tan furtivo, sin duda iban a fugarse! Había habido tiempo de sobra para que él obtuviese una licencia. Y en la ciudad abundaban las iglesias.
-"¡Susannha!"
La doncella peli rosado apareció casi instantáneamente en la puerta del dormitorio.
-"¿Lady Ana?"
-"¡Pronto, llama a mi hermana, que vuelva aquí!"
La doncella salió de la habitación casi volando, alarmada por el tono de angustia en la voz de su ama. Alcanzó a Lady Hanna cuando bajaba las escaleras y ambas regresaron al gabinete de Ana.
-"¿Sí, Ana?"
Esta vez su expresión era inequívocamente culpable, pensó Ana desesperada, mientras sus pensamientos se adelantaban ya con rapidez.
-"Sé buena, Hanna, y habla con la cocinera respecto de la cena de esta noche en mi lugar. Realmente no tengo ganas de tomar ninguna decisión por ahora"
El alivio de Hanna fue obvio.
-"Por supuesto, Ana"
Hanna salió y cerró la puerta, dejando a Susannha confusa, mirando.
-"Pensé que usted ya..."
Ana saltó del sofá.
-"Sí, sí, pero el ir a la cocina la demorará unos minutos mientras me cambio de ropa. Ahora, con tal de que la cocinera no mencione que ya he hablado con ella, esto me saldrá de perillas"
-"No entiendo, lady Ana"
-"Claro que no, ni espero que lo hagas. Yo debo impedir que ocurra una tragedia. ¡Mi hermana piensa fugarse!"
Al oír esto, Susannha quedó boquiabierta. Había oído las habladurías de la servidumbre con respecto a lady Hanna y el joven lord Sawyer, así como lo que el conde había amenazado hacer si ella se casaba contra sus deseos.
-"¿No debería detenerla, mi lady?"
-"No... No puedo detenerla sin tener prueba alguna de sus intenciones" –dijo Ana, impaciente, mientras se desabrochaba la túnica-"¡Rápido, Susannha, necesito tu vestido! "–Luego volvió a su primer pensamiento-": Sería demasiado fácil para ella escabullirse de nuevo cuando yo no lo esperara. Y no me es posible tenerla permanentemente encerrada con llave en su habitación. Debo seguirlos hasta la iglesia y allí poner fin a esto.-"¡Date prisa, Susannha! Entonces la llevaré a la Mansión Brockley, donde podré vigilarla mejor"
Aunque no entendía nada, la doncella se quitó su uniforme de algodón negro y lo entregó a su ama.
-"Pero ¿por qué necesita usted...?"
-"Vamos, ayúdame a ponérmelo, Susannha. Podrás ponerte mi vestido después de que me vaya. Para que no me reconozcan, por supuesto" –dijo respondiendo a la pregunta de su doncella-"Si me ve siguiéndola, no se reunirá con lord Sawyer, entonces no tendré pruebas y no podré hacer nada hasta que ella haga otro intento. ¿Me entiendes?"
-"Sí, no, ¡oh, lady Ana, no pensará salir con aspecto de criada!" –exclamó Susannha mientras le ayudaba a abotonarse la rígida prenda.
-"De eso se trata, Susannha, de estar disfrazada. Aunque Hanna me viera, jamás me reconocerá con esto" –dijo Ana, tratando de estirarse la falda sobre sus muchas enaguas-"Esto no servirá. Tendré que quitarme algunos de estos volantes, y especialmente esta enagua tan abultada. Listo, ya está mejor."
Cuatro enaguas cayeron a sus pies, y la falda negra se deslizó fácilmente sobre sus caderas. Un poquito larga ahora, ya que Susannha medía algunos centímetros más que ella, pero eso no podía remediarse.
-"No te pones ese delantal largo cuando sales, ¿o sí, Susannha?"
-"No"
-"Me parecía que no, pero no estaba segura. Oh, ¿por qué no me habré fijado nunca en estas cosas? ¿Qué me dices de una sombrilla?"
-"No, mi lady, sólo ese paño que hay en el bolsillo..."
-"¿Esto?" –Ana sacó un paño de pelo de camello con largos cordeles para atar-"Perfecto. No te molesta que lo use, ¿verdad? Bien, quiero estar en mi papel. Supongo que debo quitarme también estos anillos" –agregó mientras se quitaba un gran solitario de rubí y otro con varias perlas-"Ahora dame una toca, pronto. Una papalina, creo. Eso ayudará a ocultar mi rostro."
En enaguas, la doncella se precipitó al ropero, de donde volvió con la toca más vieja de Ana.
-"Esta es demasiado elegante en realidad, señora."
Ana se apoderó del objeto y, velozmente, le arrancó todos los adornos.
-"¿y bien?"
-"Como dice usted, mi lady, perfecto. Ya no parece una..."
Ana sonrió al ver que Susannha se ruborizaba sin poder acabar la frase.
-"¿Una dama? "–sugirió, luego rió entre dientes al ver que la muchacha enrojecía más-"No te inquietes, mujer. De eso se trataba."
-"Oh, mi lady, esto... esto me preocupa. Los hombres suelen ser terriblemente osados en la calle. Irá usted con varios lacayos..."
-"¡Cielos, no!" –Exclamó Ana-"Hanna los reconocería a todos."
-"Pero..."
-"No, Susannha, estaré muy bien."
"-"Pero..."
-"¡Debo partir!"
Después de que su ama se marchó y cerró la puerta, Susannha se quedó retorciéndose las manos. ¿De qué se estaba haciendo partícipe? Jamás en su vida lady Ana había hecho algo semejante. Tampoco ella sabía, en realidad, qué estaba haciendo. Vaya, si la semana anterior, sin ir más lejos, Susannha había sido abordada por un hombre enorme, a sólo dos calles de distancia, y ella llevaba puesto ese mismo vestido. Si no hubiese acudido a salvarla un caballero que pasaba en un carruaje, no sabía que podría haber ocurrido. Pero ese sujeto no fue el primero que le hizo proposiciones indecentes. Una muchacha trabajadora no tenía ninguna protección. Y al salir de la casa, lady Ana parecía una muchacha trabajadora.
Ana no parecía exactamente una muchacha trabajadora. En su apariencia, sí, pero en su porte, no. Pese a lo que llevara puesto, aún era la hija de un conde. No sabría actuar como una criada aunque lo intentara. No lo intentó. Eso no era necesario. Sólo era necesario que Hanna no la reconociera si, por casualidad, miraba atrás. Y, en efecto, miraba atrás cada pocos minutos, confirmando las sospechas de Ana de que le preocupaba que la siguieran. En cada ocasión, Ana tuvo que bajar la cabeza con rapidez. Pero hasta el momento iba todo bien.
Siguió a su hermana hasta la calle Oxford, donde Hanna dobló a la izquierda. Ana se mantenía muy atrás, ya que le era fácil seguir el rastro del vestido verde que la precedía aun cuando las aceras se volvieron más atestadas.
Hanna se encaminaba hacia la calle Regent, en la manzana próxima, pero eso no mitigó en nada las sospechas de Ana. Era un sitio tan bueno como cualquiera para reunirse con Luck, no tan atestado como por la tarde ni mucho menos, pero sin embargo congestionado, con oficinistas que iban de prisa a trabajar, criados que hacían compras para sus patrones; y como era una vía pública importante, la calle estaba colmada de carruajes.
Ana perdió de vista a Hanna cuando se internó en la calle Regent y tuvo que apresurarse hasta la esquina. Pero allí se detuvo. Hanna se había detenido a tres tiendas de distancia y estaba examinando lo que se exhibía en un escaparate. Como no se atrevió a acercarse más, Ana se quedó donde estaba, impaciente, sin hacer caso de las personas que pasaban junto a ella. Era una esquina muy transitada.
-"Hola, primor."
Ana no lo oyó, pues ni siquiera imaginaba que ese sujeto le hablara.
-"Oye, no seas tan despreciativa" –insistió el hombre, sujetándole el brazo para lograr su atención.
-"¿Cómo dice?" –inquirió ella, mirándolo con arrogancia, lo cual no era fácil ya que él le llevaba media cabeza de estatura.
El individuo no la soltó.
-"¿Así que eres engreída? Pero eso me gusta."
Lucía traje, hasta llevaba un bastón, pero sus modales dejaban mucho que desear. Era bastante bien parecido, pero Ana no lo tomó en cuenta. Jamás en su vida un desconocido le había puesto la mano encima. Siempre la habían rodeado mozos de cuadra o lacayos para impedir que eso ocurriera. No sabía qué hacer ante esa situación, pero el instinto la hizo sacudir el brazo para zafarse. El hombre no la soltó.
-"¡Váyase, señor! No deseo que me molesten."
-"Oye, primor, no te des aires." –Le sonreía, disfrutando del súbito desafío-"Estás aquí sin nada mejor que hacer. No te hará daño pasar el rato."
Ana quedó espantada. ¿Acaso debía irse con él? Imposible. Ya había comunicado sus deseos. Echó atrás la mano con la que apretaba por el cordel el paño de Susannha y le lanzó un golpe. El sujeto la soltó para apartarse de un salto. Evitó ser golpeado, pero al hacerlo chocó con otro hombre que aguardaba para cruzar la calzada. Ese individuo le dio un fuerte empellón, con un brusco juramento que hizo arder las orejas a Ana y enrojeció vívidamente sus mejillas.
Tan pronto como se enderezó, le que la había acosado la miró con rabia.
-"Grandísima zorra. Un simple "no" habría bastado."
Las fosas nasales de Ana se ensancharon de furia. Estuvo a punto de rebajarse a la altura del sujeto para decirle dónde podría guardarse su indignación tan fuera de lugar. Pero tenía demasiada educación para eso. Le volvió la espalda, luego gimió al ver que Hanna se había alejado durante la conmoción y estaba ya a casi media calle de distancia.
