En vista de las numerosas peticiones, que tanto agradezco, continúo aunque tarde la historia. Espero que aquell s interesados retomen la lectura.
El castigo de Marc Clark
Aprendizaje básico
Marc caminaba de una habitación a otra, cargado con sus cosas. Junto a la cama de Lee había aparecido un nuevo colchón, que él ocuparía en el próximo mes sin poder mudarse de nuevo a su cama, ya que de esta solo quedaba el somier. Cogía sus cosas como podía, a ser posible la mayor cantidad de objetos necesarios, para ahorrar tiempo, y los dejaba en el cuarto del mayor. Luego volvía con los brazos vacíos a su cuarto para coger nuevamente otro puñado de cosas. La ropa fue lo más fácil de cargar y transportar, y menos mal que lo guardó para el final. Al menos el mayor se había encargado de hacerle un pequeño hueco en su armario. El antes mentado estaba tirado en la cama, leyendo un ¿libro de texto?
-Veo que ya has acabado.-Dijo, observando como Marc se dejaba caer en la cama.
-Si, por suerte.-Respondió.-¿Que lees?
-Tengo un examen de matemáticas la semana que viene.
-¿Y qué haces estudiando tan pronto?-Se extrañó el otro.
-Lo mismo podría preguntarte yo cada día. No es tan raro, ¿no?-Ante la expresión exasperada del de cabello marrón más claro se apresuró a responder sin bromas.-Es lo que peor se me da y tengo que ponerme las pilas si no quiero suspender.-Le comentó.
-Pero tendrás que entrenar y cosas que hacer. ¿Cómo vas a estudiar si solo puedes dedicarle una hora al día o menos?
-Eso es mejor que nada. Puesto que entreno a diario y no siempre tengo exámenes por un día o dos que me lo salte tampoco pasa nada. Además, si solo pudiese dedicarle media hora al estudio, ¿no crees que es mejor que empiece cuanto antes para que esa media hora diaria de sus frutos?-Expuso.
-Tiene sentido.
-Tu podrías estudiar dos días antes porque eres listo y prestas atención. No te costaría nada sabértelo. Incluso si te saltases un día de estudio, podrías aprobar con nota.
¿Como era que todo eso no se le había pasado al propio Marc por la cabeza? Lo primero que debía hacer para administrar su tiempo era, sin duda, dosificar las cosas. No le gustaba pensar que era demasiado listo y por eso se podría permitir el lujo de no estudiar, pero si rebajase sus horas de estudio, ya que no necesitaba forzarse tanto, y se dedicaba también a otras cosas, podría tener tiempo para todo. Apuntó mentalmente la primera norma vital que le había enseñado su hermano y se decidió a ponerla en práctica durante el mes que se avecinaba. Con suerte su madre veía un cambio en él y lo dejaba volver a su cuarto, e incluso él mismo se beneficiaría de lo aprendido.
Mientras Marc reorganizaba sus cosas sintió como alguien, supuso que Lee, se baja de su cama y se subía a su colchón. Se giró para coger algo y dejar espacio libre, pero el mayor de los dos estaba en medio, bastante cerca.
-¿Q-que...?-Tartamudeó el chico de camiseta azul.
-¿Como llevas el diseño de mi circuito de entrenamiento?-Quiso saber el otro, sonriendo.
-¿Eh? ¡Ah! Bien, bien... Bueno-se frotó la nuca con nerviosismo-, no lo he mirado mucho, pero ya tengo una idea más o menos clara de lo que se puede hacer.
-Pensé que alguien tan listo como tu no necesitaría mucho tiempo para improvisar un entrenamiento sencillo y casero.-Se burló un poco el de ojos grises.
-Es solo que no he... tenido... tiempo...-Dijo, bajando avergonzado la mirada, y girando la cabeza, para así evitar todo contacto con visual con Lee.
-Ah...-Suspiró el mayor, para nada molesto, encogiéndose de hombros.-Debí suponerlo, hermanito. Ya irás aprendiendo. Ahora-se levantó de la cama, y el otro chico lo siguió con la mirada, algo confuso-ven conmigo.-Pidió.
Marc se levantó de la cama y lo siguió, escaleras abajo. Lee no dijo a donde iban, ni qué iban a hacer. No comentó absolutamente nada, solo siguió sus pasos hasta el jardín y vio como trepaba hacia la casa del árbol.
-¿Qué haces?
-Subir.-Contestó divertido el otro.-¡Venga, vamos!-Lo animó. Marc comenzó a subir, detrás de su hermano. Cuando alcanzó la copa del árbol, donde se hallaba la casa, y entró, observó a Lee, muy serio, sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo, sin apartar la vista de él. Se intimidó un poco, pero aun así entró y se sentó frente a él. La madera rechinó.
-¿Crees que esto es seguro?-Preguntó con desconfianza el castaño de pelo más claro.
-Olvídate de eso.-Respondió.-Ahora voy a enseñarte una segunda cosa.-Marc asintió, pero seguía desconfiando de la excesiva seguridad de Lee y del crujir de las tablas de la pequeña casita.-Según este-le mostró un trozo de papel-horario todos los días, después de las clases, tengo media hora para volver a casa, aproximadamente una hora para comer y descansar y entonces empieza el plato fuerte. Los lunes, los miércoles y los viernes voy a entrenar: fútbol. Son unas dos horas, más el tiempo que tardo en volver a casa me dan las seis y media de la tarde. Después de eso le dedico una hora al estudio y ya puedo descansar. Los martes cambio el fútbol por baloncesto y los jueves por natación. Los fines de semana hago natación por la mañana y baloncesto por la tarde. También dedico tiempo a mis amigos antes y después del baloncesto los sábados y domingos. ¿Me sigues?
-No mucho...-Se atrevió a reconocer el más joven, algo perdido con el horario tan ajetreado, aunque bien estructurado, de su hermano.
-Bueno, solo es un ejemplo de como en siete días puedes hacerlo todo, dividir cada uno de ellos en partes y horas, sin olvidar los descansos pertinentes, te ayuda a no malgastar el tiempo en chorradas e invertirlo en lo que de verdad necesitas, para evitar malentendidos, prisas y problemas.
-Pongamos que tienes que hacer un trabajo y estudiar para un examen de asignaturas distintas para el mismo día. ¿Qué haces?
-Eso es más complicado, pero si le dedico una hora a los deberes cuando vuelvo de entrenar la aprovecho para hacer el trabajo. Teniendo en cuenta las notas que haya tomado y lo atento que haya estado en clase, sabiendo que ya habré estudiado algo tiempo atrás para dicho examen, no debería haber problemas en repasar después de cenar, antes de acostarme. De todas maneras, el trabajo lo habrían pedido con tiempo, por lo que ya tendría que estar empezado, e incluso casi acabado, si te empleas a fondo.
-Pero, ¿y si es tu peor asignatura?-Inquirió.
-Hay veces en las que los horarios se descompensan. Duermes un par de horas menos o aceptas el suspenso. La próxima vez te esforzarás más.-Fue su respuesta. Marc no pudo rebatir.-Y ese no es tu problema, todo se te da bien, genio.-Dijo, revolviendole el pelo al más bajo. Este solo sonrió y volvió a peinarse con los dedos cuando el otro dejó de molestarlo. La voz de su madre habló desde abajo.
-¡Lee! ¡Marc! Vamos a la charla de Megan. Tened cuidado.-Dijo, cuando sus hijos se asomaron desde la cabaña.
-Sí, mamá.-Contestaron al unísono.
-Y nada de perder el tiempo. ¿Que estáis haciendo ahí?
-Le estoy enseñando un truco a Marc para administrar su tiempo.-Explicó el primogénito.
-Está bien.-Dijo Karen Clark, antes de dar media vuelta y marcharse, sin entender muy bien, aunque sin pedir explicaciones, que tenía que ver la casa del árbol con la explicación. Los dos jóvenes volvieron a esconderse de todo en sus cuatro paredes, que ya se les habían quedado algo pequeñas.
-Tercera cosa que vas a aprender hoy.-Empezó Lee.-Cuando tienes tantas cosas en la cabeza no te da tiempo a atender las demás cosas. Mal.-Le puso un dedo en la frente y lo "empujó" ligeramente. La cabeza de Marc cedió hacia atrás, sin retirar las pupilas del dedo del de vestimenta roja.
-¿Por qué? ¿Qué pasa?
-Hace un rato estabas preocupado por si cedía la casa. No va a ser el caso, pero podría haber pasado, y ya te has distraído. Lo bueno de administrarte el tiempo es que podrás concentrarte sin aturullarte y sin perder la concentración en cosas importantes como tu propia seguridad. Debes estar siempre en guardia, como el espía que eres.-Le recordó. Marc pecaba de olvidarse de todo lo demás cuando se centraba en algo, porque creía que todo requería de máxima concentración para que estuviese perfecto.-No vas a meter la pata, porque eres bueno en todo. Despreocúpate un poco de lo que tengas entre manos y presta más atención a todo lo demás también. Armoniza con tu entorno.
-No te vuelvas demasiado zen.-Pidió, viendo como aquello casi rozaba lo absurdo.
-Bien, pero solo si pones todo esto en práctica.-Pidió.
-Sí, y ahora volvamos a casa, que esto empieza a crujir demasiado.-Pidió el de ojos marrones, nervioso.
-¡Así me gusta!-Felicitó el más alto, levantando un puño en señal de victoria. Cual fue su sorpresa al sentir como la casa se inclinaba ligeramente, cediendo ante la brusquedad de sus movimientos.-Oh, oh...-Murmuró, empezando a asustarse.
Poco a poco los dos jóvenes salieron de la estructura de madera y descendieron por las escaleras que años atrás pusieron en el árbol para llegar hasta arriba. Una vez tocaron el suelo se sintieron muy tranquilos.
-Entremos. Ahora tenemos la casa para nosotros solos.-Comentó Marc, caminando hacia la puerta.
-¿Y qué se te ocurre? ¿Algún plan divertido?-Preguntó interesado el más mayor.
-Podría ayudarte con las mates.-Propuso orgulloso el menor.
-¡Hola! ¡Tierra llamando a Marc!-Gritó, golpeando la cabeza de su hermano cuando este cerró la puerta que daba al patio.-¡Creo haber dicho divertido!
-Lo siento.-Se disculpó.
-Aunque no me vendría mal...-Comentó el otro, agradeciendo la oferta.-Yo pensaba en algo como llamar a un par de amigas y tal. Tu ya me entiendes.-Le dio un par de amistosos y pícaros codazos, a los que el otro solo pudo responder con un leve sonrojo.
-Eh... Si, ¿por qué no?
-Algo me dice que no te mola la idea. Podrías llamar a la pelirroja de tu clase.-Sugirió. Antes de que el otro chico pudiese decir nada Lee ya estaba soltando pullas.-¡Ay! Olvidaba que no tienes ni idea de mujeres.-Se burló, sin miramientos. El otro se mantuvo sereno, procurando hacer oídos sordos a los comentarios ofensivos de su admirado hermano mayor, hasta que no pudo soportarlo.
-¡Eh! Tampoco es algo malo no saber cosas de chicas. Aún soy joven.-Argumentó, dolido y colorado.-Y tu tampoco eres mucho mayor.
-¡Oh! ¡Pobre y virginal Marc!-Continuó con su burla el que demostraba no ser demasiado maduro a pesar de ser el mayor. Conseguido su objetivo de que Marc se sofocase se esforzó por controlar sus risotadas, que se le escapaban, mientras el otro se iba a la cocina a por agua fría, sintiendo que la cabeza le estallaría y las mejillas le ardían. Lee lo seguía torpemente, sujetándose el estómago con un brazo, que le dolía por las risotadas, mientras intentaba guiarse a tientas con su otra mano, porque las lágrimas le nublaban la vista.-Pe-perdona, Marc...-seguía riendo.-No he podido evitarlo...-Se estaba retorciendo de risa, sentado en una silla, la más cercana sobre la que se había dejado caer.
-¡Eres un inmaduro, Lee! En lugar de reírte podrías enseñarme algo, ya que eres TAN experto.-Se quejó el aludido. Esto consiguió acallar a Lee, que aún hipaba después de reír.
-B-bueno... Tanto como experto...-Reconoció. Aquello le avergonzaba, pero sabía que Marc no lo notaría por su risa, y creería que aquello era una broma más.-Verás...-Se aclaró la garganta con un carraspeo y continuó, más tranquilo.-A las chicas, no sé porqué, les gusta que los chicos pasemos bastante de ellas.
-Eso es absurdo. Ellas quieren un chico que las cuide.-Corrigió el otro, mientras Lee lo seguía a su habitación, que ahora compartían.
-Sí y no...-Procedió a explicarse.-Las chicas quieren eso en una relación. Antes de eso les gusta el chico difícil, porque cuanto más las sigues antes se cansan.-Marc asintió, volviéndose para mirarlo, comprendiendo a que se refería el mayor.-Es una tontería, pero les encanta.
-No tiene sentido. Me estás timando.-Se sentó en la cama del dueño del dormitorio, que cerró la puerta y fue a sentarse a su lado.
-¡Te lo digo muy en serio! ¿O tienes una teoría mejor, maestro de las féminas?-Volvió a burlarse. Marc hinchó las mejillas y se puso de morros, ofendido, mientras el otro volvía a la carga con sus risas.-¿También tengo que enseñarte a ligar?-Quiso saber. Marc tardó en contestar.
-No estaría mal...-Comentó.
-Está bien.-Puso ambas manos sobre sus propias rodillas.-Como ya te he dicho, cuanto más pasas de una chica, más le atraes. Además tienes que destacar en algo y oler de forma irresistible siempre. SIEMPRE. Se volverán para mirarte.-Contó.
-¿Eso es todo?
-Es más simple de lo que parece, ¿eh?
-Pero para ti es muy fácil...-Murmuró apenado el aprendiz.
-El factor perfume es sencillo, sino quieres usar la misma colonia que yo puedo sugerirte otra de las que hacen que se derritan. Son: Kevin Clain, Two Millions y Chocolate*. -Enumeró, contando con los dedos.-Solo tienes que usar el desodorante y la colonia adecuados. Lo demás es algo más complicado, pero tu tienes ventajas.
-¿Ah, si...?-Preguntó extrañado, parpadeando.
-Sí. Si tanto reparo te da hablar con quien te gusta lo tienes hecho. Tienes tiempo de superar tu timidez mientras ella cae rendida a tus pies.-Le guiñó un ojo, haciendo que Marc se avergonzase.-Luego, destacar en algo ya lo tienes.
-Pero destaco en los estudios, eso no es guay.-Comentó.
-Es el factor adorable que posiblemente funcione con tu chica. La he visto en la cafetería y no es para nada como Tammy. Se ve que su rollo es más el de la buena chica.-Animó el mayor, dándole una palmadita en la espalda a su compañero de cuarto, que cuando lo miró pudo ver como levantaba el pulgar en señal de aprobación.-Durante este mes me esforzaré, no solo en que administres bien tu tiempo, también en que cuando acabe el mes vayas cogido de la mano con... Em...
-Cindy.-Apuntó, casi en un murmullo.
-¡Cindy!-Completó el chico, lleno de entusiasmo.
Marc se limitó a sonreírle, aún no seguro del todo de que quisiese intentar algo así con Cindy.
-¿Sabes? Dentro de un mes es Halloween. Haré lo posible porque nuestros padres puedan irse de viaje todo el fin de semana, y haré una fiesta de disfraces en la que tendrás tiempo de sobra y excusas varias para acercarte a ella.
-¡¿Qué?! ¡Lee, yo-!
-¡Shh!-Lo mandó callar, con un dedo sobre los labios.-Nada de quejas. Para entonces ya tendrás confianza suficiente en ti mismo como para entablar una conversación normal.-Ese chico era puro entusiasmo hasta con las cosas que no le concernían en lo más mínimo. Su hermano le agradecía el interés y la preocupación, pero no sabía como hacerle entender que el primer NO interesado era el propio Marc.
Desde que había empezado en la secundaria y se había hecho más mayor se había forzado un poco a fijarse en alguien, a sentirse atraído por otra persona. Pero las chicas huían de él. ¿No habría llegado el momento? ¿O él huía de las chicas? ¿Sería eso porque le daba vergüenza? ¿O era el hecho de que, una pequeña parte oculta de su cerebro le transmitía el constante mensaje de que las chicas y él y no eran la combinación correcta? Pero...
¿Forzarse a sentir algo por... otro chico? No es que no lo hubiese pensado, aunque no le había puesto en práctica del todo. El único chico al que se sentía más o menos unido y al que admiraba era su propio hermano, así que no podía confirmarse ni a sí mismo si le gustaba Cindy o le gustaba el primo de esta. Tenía la cabeza hecha un lío a pesar de toda la ayuda que estaba recibiendo para organizarse mejor y no acabar loco de atar.
Pero Lee solo empeoraba un poco las cosas.
*Los nombres hacen referencia a Calvin Klein, One Million y Axe de Chocolate. (Estas dos últimas son mis favoritas. P.D: Paco Rabanne hace maravillas.)
Lo voy a dejar aquí, para ir dándole forma en un futuro y no dejarlo colgado. Así os dosifico la dosis a las lectoras del fic (y a los lectores)
¡Hasta la próxima! :D
