Disclaimer: Está demás decir que ningún personaje de Percy Jackson me pertenece. Sólo una historia para entretenimiento, sin fines de lucro.

Summary: Una misión simple hace surgir asuntos complicados. Quizá Percy no sea el héroe invencible que el creyó. Los dioses están más metidos en su vida de lo que él cree.

Cronología: Después de "La batalla del Laberinto" y antes de "El último héroe del Olimpo" (Percy Jackson y los dioses del Olimpo).


III

Alto voltaje.

Cuando Annabeth vio, impotente, a la dracaena atravesar a Percy con la espada, se congeló.

El tiempo pareció detenerse a su alrededor, y ese molesto cosquilleo en su espalda, que le indicaba que algo malo iba a ocurrir, acertó. A ella no le gustaba ir contra las reglas, pero en cuanto se tratara de Percy, no le importaba. Apostó un precio muy alto al unirse a una búsqueda destinada a tres, y sólo tres, porque es el número divino. Lo sabía, pero no era la primera vez que lo hacía. De nuevo su ego cegó su juicio.

Y ésta vez Percy la acabó pagando…

ANNABETH

Su mente comenzó a trabajar a velocidad de la luz. Una parte de ella, asimilando lo que ocurría a unos cuantos metros, y la otra, buscando el indicio anticipado del fracaso de su misión.

Si bien sabía mejor que nadie las implicaciones de su presencia, así como leves indicios del por qué enviar a los hijos de los Tres Grandes, nunca imaginó que las cosas podrían ir tan mal. Hace unos días, cuando Quirón habló con ella, apostaría que era una misión insignificante. Las misiones de reconocimiento y extracción de información solían implicar mínimas dificultades y eran reservadas para los primerizos. Es por ello que le sorprendió que ésta llegara ordenada directamente del Olimpo, y solicitando a los existentes hijos de los Tres Grandes, a saber, Thalía, Nico di Angelo y Percy Jackson. Algo no cuadraba.

Notaba a Quirón preocupado. El viejo centauro podría guardarse muchas cosas para sí, pero ésta vez parecía desconcertado e incómodo. Después de la batalla del laberinto, las cosas en el campamento estaban tensas. Superficialmente, todo estaba en su lugar, como antes. Pero ahora los campistas estaban más atentos, como si la amenaza pudiese presentarse en cualquier momento. Y para terminar, Percy estaba irreconocible.

No es que sólo él hubiese cambiado luego de la batalla. Todos se comportaban más prudentes, incluso los Stoll parecían controlar los niveles de las bromas que se gastaban. Pero el hijo de Poseidón estaba dolorosamente cambiado. Estaba hostil y arisco todo el tiempo. Su actitud rebelde rayaba en lo inaceptable –aun dentro del nivel normal para Percy- y se comenzaba a comportar como si le importara un comino lastimarse. Durante las actividades del campamento, estaba agresivo y temerario, y al terminar el día, huía de las personas, especialmente de ella, algo que le dolía más de la cuenta. Pero si las cosas iban mal, se tornaron aun peor, luego de aquel día.

Apenas un par de semanas antes, Clarisse de la Rue, hija de Ares, había "chocado", en ambos sentidos –literal y figurativo- con Percy. El juego de captura de la bandera acontecía con normalidad. La cabaña de Poseidón, que se reducía a Percy, se unió con la de Ares, Demeter y Apolo en el equipo rojo. Annabeth se encontraba por su lado con el resto de las cabañas. Se enteró de la discusión cuando los gritos de Clarisse llegaron hasta ella. Al parecer, Clarisse estaba cerca de cruzar la línea con la bandera azul, cuando chocó con Percy, que se desvió para rescatar a Katie Gardnier de una emboscada de la cabaña de Hefesto. Clarisse había caído justo cuando Travis Stoll cruzaba la línea y ganaba el juego con la bandera roja en sus manos.

En pocas palabras y sin tanta vulgaridad, Clarisse le reclamó el cruzarse en su camino, justo cuando estaba por ganar, y Percy contraatacó diciéndole que no debía abandonar a los suyos. Las cosas se caldearon, y justo cuando todos veían venir un choque de espadas, Clarisse le gritó, de la forma más hiriente y cruda que pudo, algo que muchos no olvidarían en semanas. Le dejó en claro que él no era nadie para sentirse el héroe de todos en el campamento, y debería de dejar de darse ínfulas de serlo. Todos observaron atónitos la escena, esperando una respuesta violenta, que nunca llegó. En contra de las estadísticas, Percy sólo asintió, se quitó con rabia la armadura y dejó el lugar.

Desde aquella noche, Percy se había tornado aún más agresivo y solitario que antes, si eso era aún posible. Dejo de verle en algunas actividades vespertinas del campamento y por el pabellón del comedor, faltando más que antes. Un viernes por la mañana, luego de que la mesa de Poseidón estuviese vacía tanto en la cena como en el desayuno, y después de encontrar sola la cabaña, Annabeth corrió a la Casa Grande, preguntando a Quirón por Percy. Le dijo que se había marchado por la noche a Nueva York con su madre para pasar el fin de semana. A su regreso el lunes siguiente, las cosas no cambiaron.

Esa mañana le informaron que el consejo se reuniría por la noche, para convocar la misión. De los tres aludidos, sólo estaba Percy. Se presentó de mala gana y no habló durante el consejo. No preguntó. No desafió. Ni siquiera la observó, ni ella ni a nadie. Cargaba una mirada de témpano, inusual en él, como si el mar de sus ojos se hubiese congelado. Y cuando Kate se acercó a agradecerle el defenderla en captura a la bandera, la ignoró.

Se necesitaron tres días más para contactar y traer al campamento a Thalía y a Nico. Tres días en los que Percy batió su registro de problemas provocados en el campamento. Reñía con quien se interpusiera en su camino, que a ese punto, ya no eran muchos. Atacaba con rabia en el muro de escalada. El último día antes de la misión, se batió en un duelo con espada tan feroz contra Beckendorf que tuvo que detener el mismo Quirón, ya cuando el chico de Hefesto había sido estrellado varias veces contra el suelo y que logrará abrirle un serio corte a Percy en el brazo. Percy se largó de la arena sin siquiera dejarse atender por los chicos de Apolo. Y la mañana siguiente, antes de partir, llegó con una pinta pésima y sin equipaje.

En su camino a las Vegas no pudo hablar mucho con él. La preocupación por Percy la arrastró a unirse a la misión a la fuerza, aunque no le presentaron oposición. Thalía y Nico le agradecieron su cooperación e información, revelando teorías acerca de lo que implicaría la búsqueda.

– Ya se le pasará, solo es una crisis de pubertad –le susurró Thalía para animarla en el camino. Pero ella no dejó de preocuparse. Si la vida de un semidiós ya era peligrosa por sí misma, agregarle que ese semidiós andaba por la vida, temerario, la volcaba aún más mortífera.

En retrospectiva, la reciente actitud de Percy no cooperó con su suerte.

Su cuerpo comenzó a responder órdenes unos segundos después. Nico abatió a la dracaena por la espalda. Percy se quedó petrificado aún con el brazo de su espada sobre su cabeza.

– ¡PERCY! –Annabeth se abalanzó hacia él. –Pero, ¿cómo fue que…? Dioses, ¿Percy? –Él se dobló sobre sí mismo y ahogó un grito de dolor. Thalía comenzó en automático a buscar néctar en su bolso. Percy levantó su vista, aún alterado, buscando amenazas. Thalía mascullaba furiosa.

– Va a necesitar mucho néctar –Nico apareció junto a ella, con los ojos abiertos como platos. Annabeth intentó recobrar su temple

– ¿Cómo te sientes Percy? – Él tenía cerrados los ojos y tensada su quijada, aguantando el dolor.

–He estado mejor…

– Voy a levantar un poco tu playera para ver la herida –dijo con cuidado, poniéndose en cuclillas a la altura de su abdomen. La espada le perforó trazando su camino hasta la espalda, donde estaba el orificio de salida. Una enorme mancha húmeda crecía en su ropa. La sangre brotaba furiosamente. Lentamente descubrió su torso y lo que vio la horrorizó. Con la poca luz de luna en la carretera desierta, notó el color verdoso de la herida, la cual era más grande de lo que pensó. La hoja dentada hizo su trabajo, moliendo todo a su paso. Sintió nauseas de puro terror.

– Dioses… ¡Thalía! Vamos a necesitar unas vendas y… y…oh Percy –Annabeth sentía su corazón bombear desesperado en su pecho. Intentaba recordar cómo había sucedido. Un flashazo de Percy girando hacia ella, cuando gritó frustrada por una mala maniobra que la puso en desventaja contra la dracaena, apareció en su mente. Tomó el vendaje que le ofreció Thalía y comenzó a actuar en automático. La escuchó hacerle una pregunta que no comprendió. Estúpido Percy y su sentido de proteger a los demás.

– No tenías que haber girado, yo tenía todo bajo control… –murmuró para sí misma.

– Necesitamos llevarlo a un hospital. Yo podría llamar a Phoebe si… –Thalía estaba histérica y temblando. El ataque fue tan repentino que le crispó los nervios.

– Quirón dijo que no nos comunicáramos con el campamento hasta terminar la misión –le cortó ella, recordando lo que Quirón le recomendó. Transportarían información muy valiosa. ¡Eso era! Tonta, se dijo a sí misma. Los ataques comenzaron justo al salir de Las Vegas. Les impedirían llegar a Nueva York, y al Olimpo.

– Y cuando termine, Percy ya se habrá desangrado –Thalía le respondió –completamos ya la misión. Tenemos la estúpida información que ellos querían. Solo queda regresar al campamento. Debemos comunicarnos o Percy no llegará ni a Kansas.

Annabeth quedó helada y trago saliva. Estaba terminando de vendar a Percy. Vio la herida, era muy grave. Pero debía haber alguna forma. Ya no les quedaba más néctar. Pero Percy era un hijo de…

– Agua –murmuró –¡Agua! –Claro, Percy podía sanarse con agua. Eso era excelente.

– No podré convocarla, necesito encontrar una fuente natural –la voz de Percy sonaba ronca y ahogada.

– Caminemos al próximo poblado –sugirió Nico. Annabeth hizo una mueca.

– Percy no está en condiciones.

Él se movió, tambaleándose, dio un paso.

– Puedo hacerlo.

– Pero tú…

– Caminemos, si no nos movemos, nos encontrarán aquí, y no sirvo de nada así.

Annabeth no estaba segura. Giro a ver a Nico y Thalía, que intercambiaron miradas dudosas con ella. Nico se ofreció a cargarlo. Tenían que buscar ayuda. Si adelante había un pequeño poblado, podrían conseguir atención médica de urgencia, o ingeniarse algo. Ella y Thalía se adelantaron. Ya habían tenido suficientes sorpresas por esa noche. Tardaron demasiado en llegar, Percy prácticamente arrastraba los pies y Nico tenía que jalarlo.

Se adelantaron para recorrer el poblado. Annabeth sentía que el corazón se le saldría por la boca. El poblado estaba abandonado. O al menos así parecía. Era extraño, las casas no tenían luces interiores. Solo el alumbrado público funcionaba, dando una imagen amarillenta de las calles olvidadas. Escuchó a Thalía golpear alguna toma siamesa y ella hizo lo mismo. ¿Era una broma, no? Ni una gota de agua salió. Se adentró al local cercano siguiendo a Thalía, con Egida por delante. Era un viejo café. Fueron a la cocina, a los baños, pero estaban secos. Annabeth analizó el entorno, en busca de algún tanque elevado. Tenía que estar uno cerca. La frustración la tomó por sorpresa y regresaron corriendo con Nico.

Thalía llegó primero, respirando entrecortadamente por correr -El lugar está desierto. Al parecer era solamente una estación de paso y quedó olvidada. Recorrimos el lugar. No hay agua.

Annabeth observó a Percy con dolor: él cubría con su mano la herida. Su rostro brillaba de sudor y estaba perdiendo color. Sujetaba Contracorriente, y bajo la luz azul del bronce celestial, su rostro lucía demacrado. Se sentía tan impotente. El cerró los ojos, quizá de dolor, quizá estaba pensando.

– Iré a ver las antiguas fuentes de agua, quizá pueda sentir algo y convocar suficiente agua para sanarme –él sonó tan optimista que el plan la convenció. Nico volvió a cargar con él mientras se internaron de nuevo por las calles.

Algo no andaba bien. Para nada bien. El mundo de Annabeth se tornaba en una perturbada película de terror. Más que advertirlo, lo intuyo. Giro sobre sí misma. Alguien la observaba. El grito de Thalía la sacó de su paranoia. Ella luchaba contra una sombra de unos 3 metros de altura. Sostenía a Egida sobre ella. Cuando estaba por correr hacia ella algo rugió tras de sí. La luz amarillenta no ayudaba. Una forma humanoide la atacó y ella apenas se libró tirándose a rodar escapando del zarpazo.

Sus sentidos se agudizaron y se preparó para atacar. Otro rugido detuvo su plan de ataque. A unos cinco metros de ella otra figura humanoide apareció. Lucía más pesada y ancha que la anterior. Sintió un toque en su espalda y por poco apuñala a Nico. El chico apareció de la nada tras de ella.

– Tranquila, soy yo.

– ¿Dónde está a Percy?

Él giró a ver las dos criaturas.

–Iré por aquel.

Nico salió corriendo antes de responder su pregunta. No había tiempo. Annabeth se lanzó contra la primera figura humanoide. Su cuerpo actuó sólo. Entre la rabia y la adrenalina del ataque, de alguna forma logro trepar al humanoide y clavarle su daga. El humanoide se disolvió en una nube de polvo. Ella corrió hacia donde Nico, que aun daba algunas estocadas. Thalía ya se acercaba, notó tenía una leve herida en la frente. Nico no tardó mucho en desintegrar al monstro. Para cuando ella lo alcanzó, una nube de polvo lo bañaba.

– ¡¿Dejaste a Percy sólo?! –rugió Annabeth. Thalía palideció.

–Pero él me dijo que estaría…

– ¿Bien? –Lo cortó Thalía –Nico, la última vez que él dijo eso, desapareció por dos semanas-

–Yo…

– Déjalo ya, dinos donde está –apresuró Annabeth.

No tardaron mucho en encontrarlo. No se movió de donde Nico lo dejo. De hecho, ya se había desplomado sobre la banqueta, inconsciente. Annabeth se adelantó llamándolo, pero Percy parecía luchar para mantenerse consiente.

–Percy, quédate con nosotros. –le ordenaba Annabeth, con los ojos llorosos. Él levanto su mano ensangrentada, acarició su mejilla y le sonrió. Ella se estremeció con el contacto. –Por Zeus, Percy, ¡no!- insistió, sollozando.

– Siento su fuerza vital debilitándose…–Nico estaba junto a ella, paralizado.

La mano de Percy cayó de su mejilla y su respiración se detuvo. Annabeth lo abrazó. Esto no está pasando, pensaba. Aquel sueño, el de unas noches antes, estaba ocurriendo. Intentó en vano borrar la imagen de los ojos verde mar apagándose. Pero era real. Ella estaba allí sosteniéndole. Su olor a mar se mezclaba con el de sangre. Maldita misión. Acarició su cabello, aun tibio, y hundió su rostro en su cuello.

Annabeth estaba tan perdida que no notó cuando Nico clavo su espada de acero estigio en el asfalto, abriendo una grieta oscura y fría. Sólo sintió la mano de Thalía arrastrándola lejos de Percy. No entendía nada. Besó su frente y lentamente se levantó. Se sentía extraña, como si sus pies pesaran ahora una tonelada.

– Annabeth, necesito que te apartes de Percy –Thalía hablaba mecánicamente. Tenía lágrimas corriendo por sus mejillas. Thalía la llevó lejos de Percy. A una distancia segura, Thalía levantó su mano hacia el cielo. Nico aún estaba arrodillado, sosteniendo su espada como si luchara contra una fuerza invisible. Un trueno crujió sobre ellos. Annabeth elevó la vista. La noche estrellada se esfumó en una densa tormenta eléctrica.

– Annabeth, por lo que más quieras, no te acerques.

Y un rayo bajó desde el cielo.


¡Lo sé! Siento dejarlos así de nuevo. Pero qué le vamos a hacer. ¡Gracias por sus reviews!

Este capítulo era para dar una panorámica de la situación. Percy no la estaba pasando bien desde antes. Ya estoy maquinando próximos movimientos. ¡Hasta la próxima!