Last One Standing
A lo lejos se alzaban, imponentes, las desoladas playas de Bastión de Tormenta, lamidas por las olas y el bramar del mar. Más allá los verdes páramos, las riquezas ocultas de Occidente, las tierras pantanosas, las altas y orgullosas montañas que se erigían, imposibles y escarpadas, coronadas por la nieve y el Nido de Águilas., el vasto norte, salvaje, indómito, tierras del eterno invierno, donde el hielo construía muros que protegían al mundo de la devastación.
Podía tomarlo fácilmente si alzaba la mano; cada detalle, cada región; las islas y costas, todo pintado sobre madera con precisión, tan grande como el mundo que estaba por conocer, por conquerir.
Con la mano acarició, distraído, el contorno, resiguiendo el perfil de Poniente, dibujando cada curva, cada imperfección, con los ojos brillando al fuego y sus esposas a su alrededor, listas para cumplir con su deber, para conquistar aquellas lejanas tierras, hasta que todos se rindieran, o ellos fueran los únicos que quedasen en pie.
Desde lo alto, surcando el cielo, el mundo se veía pequeño y, si alzaba la mano, podía tomar todo lo que había en él.
