Disclaimer: todos los personajes pertenecen a JKR y WB, los utilizó por diversión y sin fines de lucro.


Salió del despacho sin dejar que Draco hablara, a pesar de los años seguía teniendo el mismo efecto en ella. No podía pensar sensatamente y ni se diga de hablar coherentemente, ¿es qué acaso su corazón no se podía dar por vencido todavía? El no había hecho nada por cambiar las cosas cuando hubo oportunidad, ¿porqué ahora? Después de todo lo que había trabajado por superarlo, ahí estaba, flaqueando otra vez por el..


Escupió toda la bebida en el rostro del rubio..

-¿Qué?-la pelirroja olvido dónde estaban y que había gente mirándolos con curiosidad y no pudo evitar gritar con todas sus fuerzas.

-Ginevra, te suplico que guardes la compostura y escuches lo que tengo que decir-Draco trataba de limpiar su ropa con una servilleta, mientras rogaba a Merlín y todos los magos que la pelirroja no estuviera dispuesta a montar un show, sin duda sería la cereza del pastel para el viaje más desastroso y caótico de su vida.

Lo veía hablar, sabía que estaba hablando, su boca no había parado de moverse desde que le pidiera guardar la compostura. Seguramente le estaría contando como habían terminado así, pero era como si el silencio hubiera embotado su cerebro, todo estaba mal, todo.

-… lo último que recuerdo fue que me ofrecí a llevarte a tu habitación mientras Harry y Penélope terminaban la ronda de poker, cuando desperté estabas a mi lado.-

La historia era más inverosímil que la novela mexicana más ridícula que existiera. Nadie, jamás, creería que aquello pudiera ser cierto.

-Escúchate hablar Draco, ¿me estas diciendo que nos casamos porqué a los 2 nos drogaron con un afrodisiaco? ¿pretendes que crea semejante estupidez?-

El rubio suspiro y miro al techo del avión. Ni el era capaz de aceptar esa historia, pero había comprobado cada una de las cámaras de seguridad del hotel y no le había quedado más remedio que aceptar lo inaceptable, se había casado con la menor de los Weasley en una boda precedida por un Elvis Presley y una Marilyn Monroe en un hotel de lujo en Mónaco.

-Todo esto esta mal, tenemos que hablar con nuestros abogados y ver que podemos hacer para anular este matrimonio lo más pronto posible y…-

-Espera un momento, aquí nadie ha hablado de un divorcio-

-¿Cómo?-la chica miro al rubio con los ojos exorbitantemente abiertos y una mirada que claramente decía "debes estas bromeando".

El rubio la miro fijamente. Ella tenía una expresión de sorpresa y algo que no supo distinguir entre disgusto o miedo. Esta no era la forma en la que planeaba deshacerse de la molesta mesa directiva y las estúpidas cláusulas del testamento de su padre, pero si ha algo había ido a Mónaco era a conseguir una esposa. Aunque no era la esposa que había planeado.

-¿Acaso te volviste loco?-miro a Draco con los ojos desorbitados, ¿cómo era posible que no estuviera pensando en un divorcio? De pronto sintió que le empezaba a faltar el aire, no era posible, se iba a desmayar...

Estaba a punto de replicar que no estaba loco cuando la chica empezó a hiperventilar, lo que le faltaba que se desmayara en pleno vuelo.

-Tranquilízate Gin, todo va a estar bien-eran palabras sin sentido y posiblemente lo más alejadas de la realidad, pero la chica tenía que volver a sus cabales, reaccionando de esa forma jamás llegarían a ningún lado.

"Todo va a estar bien". Habían terminado casados por una tontería, sus respectivas parejas los habían engañado, habían tenido el peor viaje de su vida y aún así tenía ganas de decir que todo iba a estar bien.

En vez de desmayarse Ginny comenzó a llorar desconsoladamente. Cualquiera que los viera pensaría que el tenía la culpa de sus lagrimas. Sin saber exactamente como reaccionar ante los cambios extremos de la chica, Draco le paso un brazo por los hombros y la atrajo a su cuerpo. Sentía los espasmos de la pelirroja en su pecho y su camisa se humedeció al instante en el sitio en el que escondió su rostro.

Aunque no lo pareciera, entendía como se sentía. Si bien casarse era la finalidad del viaje, debía confesar que estaba enamorado de Penélope y si, veía un futuro a su lado. Pensar que tres años juntos se habían ido a la basura por culpa del cara rajada de Potter y que de paso le había arruinado la vida a el y a Ginny, lo ponía enfermo.

La chica seguía recostada en su pecho y suspiraba fuertemente de vez en vez, pero estaba casi seguro que en algún momento se había quedado dormida, su respiración se había vuelto acompasada y el agarre en su camisa se había aflojado. Miro su rostro, hinchado de tanto llorar y a pesar de todo, le pareció que seguía siendo tan hermosa como en el colegio.

Negar que había sido uno de los tantos que había estado enamorado de ella en sus años en Hogwarts era una estupidez, el mismo se lo había confesado algunos años atrás, después de que la guerra terminara y esa extraña amistad los uniera. De ese tamaño era la confianza y afecto que se tenían.

¿Seria esa confianza y afecto suficiente para que ella le ayudara?

Su padre había estipulado en su testamento que ninguna de las propiedades, así como la empresa, podrían pasar a sus manos en su totalidad, si este no se casaba antes de cumplir 30 años. Estaba a escasos meses de cumplir el plazo acordado y a pesar de que era el presidente de Malfoy&Co., la mesa directiva, encabezada por una bola de viejos retrógradas, tenía control casi absoluto sobre las decisiones que se tomaban dentro de la empresa. Tenía planeado pedirle matrimonio a Penélope, casarse, hacerse del control absoluto de la herencia Malfoy, empezar a tomar control de su vida y de pronto, nada.

Tenía unas horas, por mucho, para convencer a la pelirroja de ayudarle. Quería que Ginny "fingiera" ser su esposa por los próximos 6 meses. ¿Estaría la pelirroja dispuesta a darle seis meses de su vida?

Seguía con su vista fija en la chica. Ella que siempre había sido la más fuerte de todos, se veía derrotada, triste. Sin proponérselo su mano acaricio su cabello, no se merecían esto. Pensó en Potter y en Penélope. No podía creer aún lo que habían hecho.


Ginny abrió lo ojos y se los restregó con la mano. Pareciera que había dormido horas cuando en realidad solo había sido una. Trato de moverse, pero estaba sostenida por unos fuertes brazos y un torso que en instantes recordó a quien pertenecían.

Draco dormía plácidamente con ella en sus brazos. Unos mechones rebeldes descansaban en su ojos, haciéndolo fruncir el ceño de vez en vez. Ahí envuelta en ese abrazo, recordó todo lo que había pasado. Draco Malfoy era, ante la ley, su marido. Ni en sus más descabellados sueños esas palabras habrían tenido cabida.

Tenía mil preguntas en su mente, todas y cada una de ellas más compleja que la anterior. Pero la principal tenía que ver con lo que Draco le había dicho. "Aquí nadie ha hablado de un divorcio".

¿Acaso pretendía seguir casado con ella? Lentamente se fue soltando del rubio y tomo su asiento de forma apropiada. Saco su celular del bolso y fue entonces cuando noto el anillo que tenía en la mano. Ella misma se lo había vuelto a poner pensando tontamente que Harry se le había propuesto.

Harry.. Años habían pasado para que siquiera la mirara, ni hablar de invitarla a salir. Tenía una vida entera esperándolo y ¿para qué?, a la primera oportunidad había ido corriendo a los brazos de otra.. Era una tonta.

Una azafata paso ofreciéndole otra mimosa, ella la acepto y bebió de un trago su contenido. Tenía que pensar seriamente que iba a hacer, que era lo que Draco quería y sobre todo, como se iba a recuperar de esto.


Despertó de golpe. Solo era otra tonta pesadilla. La pelirroja lo miraba con cierto deje de preocupación en la mirada mientras le tocaba el hombro.

-¿Estas bien?-

También tendría que contarle. Bueno, solo si se quedaba a su lado.

-Si, fue solo un mal sueño. Tu... ¿Te sientes mejor?-

Soltó un suspiro y bajo la mirada. Ya no iba a llorar, tenía que proponérselo.

-En realidad, no se como me siento.-tomo un breve respiro y alzó el rostro, miro fijamente a Draco tratando de transmitirle una seguridad que no sentía- Quiero saber que piensas de esto, que vamos a hacer.-

-Pues...-

Draco no había tomado aire ni para respirar. La verborrea salía de su boca a borbotones. Matrimonio, esposa, seis meses, contrato, amigos. Lo escuchaba pero no estaba segura de que estuviera entendiendo bien.

-Espera, ¿quieres que sigamos casados por negocios?-

La historia sonaba muy Malfoy, si he de ser sincera, pero la urgencia en la voz de Draco me hizo suponer que todo era verdad. Pasar seis meses viviendo como la señora Malfoy y después tener una acomodada vida como la feliz ex esposa no era precisamente lo que quería.

Podía ver la negativa en su rostro, yo sabia que ella soñaba con un final de princesas, un esposo, una casa, hijos... Pero estaba desesperado, ella era mi salvación. Esperaba que fuera mi salvación.


El salón seguía abarrotado, parecía que nadie había notado su ausencia. Se acomodo ligeramente el vestido y camino entre los invitados buscando a Blaise. Casi al instante una mano se posó en su cintura y la besaron en el cuello.

-¿Dónde te habías metido?- Blaise era mucho más de lo que merecía. Había estado con ella después de... Y no conforme la había esperado todo ese tiempo, apoyándola y convirtiéndola en lo que era hoy. Ginny Weasley, la pintora moderna más importante de Europa.

-Estaba en el baño. ¿Ya viste a Luna? Esta hermosa, ese bebé va a ser el mas afortunado del mundo.-Se giró en los brazos de Blaise y paso sus manos por el cuello de el.

-Tendremos que apurarnos para darle un primito con quien jugar-el susurro de Blaise le dio un pinchazo al corazón. Había cosas que no se podían olvidar tan fácil.

-Ya lo veremos. Ven, busquemos a Pansy, tiene que enterarse que será dama de honor-

Caminaba con Blaise tomando mi mano cuando lo vi. Ahí estaba, parado en mitad del salón, solo y con una mirada de algo que distinguí como rencor, como si hubiera sido yo la que hubiera terminado con todo.

Ignoré la falta de aire que sentí y caminé mas rápido. No quería revivir el pasado que tanto daño me había hecho, hoy era un día feliz. Un día feliz.


Notas de la autora. Un año tardé para volver a escribir y no saben lo culpable que me siento. Pero la vida es así. Espero que alguien se acuerde de esta historia y me digan que opinan. No prometo nada, solo que no la abandonaré. No dejemos que el Drinny muera y recuerden, nadie te amará si no te arriesgas a que alguien te aborrezca.

Lynette P. Broderick