Cuando volvieron, la fogata estaba casi ya extinguida. Zelgadis se apresuró a llevar unas ramas, mientras Amelia se acercaba lo más posible a lo poco que le quedaba l. Aunque la remera estuviera seca, no le cubría las piernas y se notaba que no la calentaban suficiente. Pero después de un buen rato, el calor de la fogata empezó a hacerle bien y se notaba que ya no tenía más frió.

La princesa empezaba a sentir que la fiebre había desaparecido, pero su cuerpo aún demandaba algo y fue delatado por el fuerte sonido de su estómago

El joven quimera se sorprendió de escuchar tal sonido: en general, esta princesa no pasaba hambre, generalmente hacia saber cuando tenia ganas de comer! Por el otro lado, Amelia estaba completamente avergonzada. No querái abusar de sus generosidad pediéndole algo de comer, pero ella no podía buscar nada en ese estado...así que decidió hacerse la que anda había pasado y aguantar el hambre.

Pero mientras la princesa estaba absorta en sus pensamientos, el joven hechicero estaba abandonando el lugar.

-Ya regreso, quédate cerca de la fogata- le ordenó y, así nada más, partió. La sacerdotisa quedo desconcertada. No podía creer que se fuera así como así!

Pronto los sonidos extraños de la noche, empezaron a tomar cierta relevancia…ahora, que estaba sola. Que malo es, Zelgadis-san! Dejarme sola a la noche en el medio de este extraño bosque…

Se arrinconó al fuego como si fuera alguien. Esperaba que un ataque de pánico, no la haga tirarse sobre como si fuera Lina…Por qué tardaba tanto!! Que habrá ido a hacer??... Tal vez tenía que ir al baño…

-Ya volví- la voz apagada y sombría del quimera, la hizo saltar por los cielos.

La joven princesa atento a hacerle una llave al pobre quimera, pero, afortunadamente, la detuvo con su mano izquierda.

-Lo-lo siento, Zelgadis-san!!- replicó avergonzada, con su cabeza gacha. En esa posición, vio como su compañero sostenía con la otra mano, un bol artesanal- Que eso eso?

-Esto? Lo compré en una tienda. Pensé que podía a ser útil para comer algo mejor que pescado- vio como su compañero se dirigía a la fogata y sostenía el bol sobre el fuego. Al acercarse, la princesa se dio cuenta que el bol estaba lleno de agua, dentro de las que había sumergidas variados vegetales.

-Zelgadis-san, donde sacaste esas verduras?!

-Recordé que en el camino había visto algunas especias que podían ser comestibles- explicó el mago-guerrero a la sorprendida princesa- …y como tenías hambre, pensé…

-Pero cualquier cosa hubiera bastado

-Pero esto te hará mejor…- contestó serio, mientras miraba atentamente el caldo que estaba preparando.

La ropa, el baño y ahora esto! Estaba entre las lágrimas de la emoción!! Pero no entendía por qué Zelgadis se esta esforzando tanto por ella? Esta bien que este enferma, pero esto era demasiado... A pesar de que el dijera que sólo quería ayudar a que se curase, esto era más de lo que cualquiera haría por ella (bueno, a excepción a su padre)

Amelia vio como las manos del joven quimera se empezaban a quemar por sostener el bol hirviendo con las manos desnudas. Allí fue el límite de la princesa de Seillun!

-Zelgadis-san, espera! – se acercó como tratando de sacarle el bol de sus manos, pero su compañero quimera no se lo permitía- Es que esto es demasiado!

-No es para tanto, Amelia… Soy una quimera, puedo resistir el calor-indicó, refiriéndose a sus manos.

-Deja de decir que sólo eres una quimera! Eres humano!!- respondió completamente enfada. El hechicero se quedo atónito por su reacción. La princesa trató de tranquilizarse y prosiguió con un tono un poco más calmo- Tu te quejaste de que yo me sobreexigí esta mañana! De que sobrepase mis límites, pero no estas haciendo tú eso ahora?! No estas exagerando!!- pronto el silencio irrumpió su conversación.

- Yo…- murmuraba silenciosamente pero con un esfuerzo que parecía estar gritándolo. Cerró sus ojos, para luego abrirlos mirando hacia abajo - …sólo…sólo deseo- volviendo a cerrar los ojos y recordando como se habái desmayado esa mañana-…sólo quiero que te recuperes rápido- finalmente dijo

-Zelgadis-san…- murmuró la princesa, casi imperceptible a los oídos de cualquiera. Sus ojos estaban extremadamente abiertos y sus mejillas sonrojadas.

-Sólo deseo eso, Amelia- prosiguió el joven, pero mirándola a los ojos- así que, te pido…que simplemente pienses en recuperarte pronto- y finalizó diciendo, con un cálida sonrisa en el rostro, que muy pocas veces le dedicaba-…por favor…

La princesa se quedo boquiabierta, sin poder decir ni pensar nada. Solo veía como el seguía sosteniendo el bol y se acercaba para olerlo. Era muy tierno como sus orejas de elfo se movían cuando lo hacía. Por última vez, inspiró el humo que salía del bol y se lo llevó a la joven justiciera y le indicó que usara las mangas de su remera para no quemarse.

La princesa lo obedeció callada y sin atreverse a mirarle directo a sus ojos. Sus rostro estaba completamente colorado y estaba totalmente inhibida (cosa que era bastante raro en ella). Se hubiera precipitado a comer la sopa, atragantándose con ella! Pero (aunque también por lo caliente que estaba) estaba muy avergonzada y tomo el caldo de a sorbos muy pequeños.

Mientras la joven ingería su comina, Zelgadis se recostó en el piso, parecía que estaba demasiado cansado de todos los cuidados que le había dado a la joven princesa…

Al terminar el caldo, la sacerdotisa comió los vegetales. Había estado realmente deliciosa! Realmente estaba satisfecha y parecía que su fiebre se había ido casi por completo. Una sonrisa apareció en su labios...él realmente estaba preocupado por ella...detrás de esa máscara de roca, se encontraba un dulce y generoso hombre...

La joven princesa sintió sus mejillas sonrojarse…No quería decirle un simple gracias, eso no era suficiente...no era todo lo que realmente sentía por él...

Sintió su corazón latir con tan fuerza, que parecía que iba estallar.

- Zel-zel-ga-ga-dis-san-n...yo-yo te-te...

Ella sentía mucho miedo, pero era lo que sentía...y no tenía por qué estar avergonzada! Se llevo los puños hacia arriba...realmente quería decirlo pero le estaba siendo más díficil que emfrentarse a un demonio.

Se trato de tranquilizar y luego se dió cuenta que no debía estar a sus espaldas mientras se lo decía. Así que reunió coraje (aunque estuvo tiempo reuniendo coraje) para darse vuelta

- Zelgadis-san! Yo te a...- estaba exclamando con su rostro rojo, pero se detuvo encontró a su compañero profundamente dormido. La joven se sintió aliviada y decepcionada a la vez...pero luego miro el bello rostro de su compañero de viaje.

Sin pensarlo dos veces,se acercó y lo abrazó, apoyando sus manos sobre sus hombros. Nunca lo había abrazado antes (si no era porque tenía miedo, claro) y siempre deseo hacerlo... pero le parecía que el reservado quimera no iba quererlo. Sintiendo su reconfortante torse debajo de sus mejillas, sintinedo como se ruborizaban...Realmente iba abrazarlo algún día,...cuando estuviera despierto...

Se levantó con una sonrisa en su rostro...pero se desdibujo al ver una cuantas gotas de sudor en el rostro del hechicero. Su respiración era muy acelerada y entre cortada. Estaba pasando! Se estaba enfermando!! Sentía su torso helado debajo de su mano. Seguramente el estar sin camisa le afectó...

La expresión de la princesa se tornó de preocupada a enfada. Sabía que iba enfermarse de tanto esforzarse! Como pudo decirme que era inmune?! La princesa se dió cuenta, de repente, porque el quimera se había enojado tanto con ella a la tarde cuando casi se ahogaba...

La respiración de Zelgadis se hacía cada vez más agitada y la princesa no sabía que hacer. Le rogaba que resistiera en sus pensamientos.Tengo que hacer algo, el me necesita. Es en estos momentos donde debo ser una heroína!! Por Zelgadis-san! Pero que puedo hacer??...

No había tiempo que perder! En la desesperación, le surgió una idea que la hizo ruborizar más que nunca. Realmente no podía creer que esa fuera la primera idea que se le había venido a la cabeza...pero la sacerdotisa no podía soportar el rostro de su compañero en agonía

-Esta bien, Zelgadis-san!! Por ti, lo haré!! Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que hiciste por mi!- dijo al mago-guerrero que yacía durmiendo en el piso, com si a escuchase- Sólo espero que funcione… Cephied, se generoso con el y deja que funcione, a pesar de su poca sensibilidad por ser una quimera…- ella rogó mientras corría con esfuerzo el cuerpo de su amigo hacia el fuego. Luego, se sacó su remera y se envolví con ella. La sacerdotisa con su torso desnudo, se apoyo sobre él, haciendo contacto con su cuerpo.

Esto si que era vergonzoso…Pero no importaba! Si esto lo iba a curar, ella soportaría la vergüenza. Se abrazó fuerte contra su querido amigo, chequeando a su rostro a cada momento.

-Por favor, Zelgadis-san…no te rindas…


Zelgadis abrió sus ojos para encontrarse con los rayos de luz que enceguecían su visión. Conjeturó que lso rayos del sol se habían proyectado sobre sus cabellos de alambre y lo estaba encandilando. Son cosas que usualmente le suceden y que le ponen de mal humor, recondando el pesar de tener un cuerpo com eso; pero esta vez, no le fastidiaba tanto

Había dormido como un díos! Ni siquiera había dormido junto a su espada prevenido.No sabía si había tenido un sueño reconfortante o qué…pero definitivamente nunca se había sentido tan satisfecho...

Al levantarse, lleno de energía, el joven guerrero encontró su camisa sobre su torso. Buscando con la mirada a su compañera, sólo encontró colgada su capa, que ya estaba seca. Se vistió y se paró en busca de la princesa. Seguro se había puesto su ropa seca, pero estará ya bien?

Por suerte, tuvo su respuesta rápidamente. El quimera se encontró a su entusiasta amiga preparando la comida. Parece que quería compensar con un rico plato la sopa de anoche, pero sus dotes culinarios no eran muy bueno. Más que el poco material que disponía, simplemente parecía un desastre!

Zelgadis no pudo evitar soltar una risa burlona, que, afortunadamente, la muchacha no escuchó. Pero si vio llegar a su amigo y le dedicó una sonrisa de bienvenida.

La muchacha estaba algo consternada, con su cabeza gacha. Eso le hizó dudar si ya estaba curada

- Te encuentras bien, Amelia? Pareces algo incómoda...aún te sientes mal?- el quimera preguntó, acercándose a ella. La sacerdotisa se sonrojo por completo

- De verdad, creéme ya no estoy enferma- respondió la princesa tratando de sonar calmada

-Pero estas sudando...-dijo mostrando algo de preocupación- quieres que te cargue?- sugirió, rascandose el montón con vergüenza. Pero eso la puso mas nerviosa a al princesa

-Estoy de maravilla, Zelgadis-san! Vamos en camino!!- exclamo corriendo apresuradamente al frente.

El hechicero se quedo mirandola estupefacto...

- Realmente tiene energía!- dijo sorprendido, pero luego cerró sus ojos y los abrió esbozando una cálida sonrisa- pero es así como me gusta verte...

-FIN-