La mirada neutral de Natalie la hizo pensar por un momento que sería abandonada en la calle y que tendría que caminar desde la mansión Agreste al barrio chino, pero para su sorpresa la mujer suspiro de manera cansada, antes de desviar su vista de ella al chico que la llevaba en brazos.
—Bien, pero que no salga de tu habitación. No quiero tener que estar buscando al gato por toda la mansión y que tu padre lo encuentre primero que nosotros. Sabes perfectamente lo que piensa de los animales.
Cuando el agarre del rubio se afianzó en su pequeño cuerpo volteó a verlo, encontrando una expresión ilusionada parecida a la de un niño.
—¡Gracias Natalie!
—Ahora ve a tu cuarto, antes de que tu padre salga de su estudio.
Adrien corrió escaleras arriba en dirección a su habitación, deteniéndose abruptamente frente a la pintura de ambos Agreste para dirigirse a Natalie nuevamente.
—¿Crees que podamos comprar algo de comida para la gatita? —La mujer desvió la vista a su tableta antes de responder.
—Veré que puedo hacer —Marinette temió que le llevaran comida para gato y tener que comerla al no tener otra opción.
—¡Gracias!
El pequeño tramo hasta el cuarto masculino fue muy ajetreado para la chica, pues el rubio seguía su camino emocionado sin pensar en el bienestar de su compañera. Se había sentido mareada apenas llegar a la habitación, agradeciendo mentalmente cuando había sido soltada a favor de ver a la persona que había tocado la puerta.
—Joven Agreste, la comida que pidió —El hombre en la puerta le ofrecía una charola con un plato de atún y otro con agua —Acabamos de hacer la compra de la semana, me temó que su pequeño amigo tendrá que conformarse con esto.
—Muchas gracias.
Marinette lo siguió con las orejas levantadas, abalanzándose al plato de comida apenas había sido dejado en el piso.
—Disfrútalo pequeña.
Se comió el atún hasta dejar el plato limpio, agradeciendo que no era comida para gato. El atún no era su alimento preferido, pero dadas las circunstancias no pensaba quejarse.
Cuando terminó se vio atraída por un leve golpeteó en la ventana, al girarse pudo ver a Tikki al otro lado del ventanal, haciéndole señas para que fuera a la ventana que se encontraba abierta.
Se obligó a tragar duro antes de alejarse del plato de comida, estaba segura de que podía saltar hasta la ventana, pero bajar por el otro lado no prometía ser para nada sencillo.
Estaba a punto de saltar, dispuesta a probar suerte cuando volvió a ser prisionera de las manos del rubio.
—¿Pero qué haces? Por eso ahora estás perdida gatita —Adrien cerró la ventana frente a ella, quitándole la oportunidad de escapar —Ven a ver un poco de televisión.
El chico se sentó en el sillón, acomodándola en su regazo. La pequeña gata se sonrojo en un instante ante la cercanía, cerrando los ojos en el momento que volvía a ser acariciada.
Estaba segura que de poder hacerlo en ese momento ronronearía, se sentía como en el cielo y no podía evitar agradecer a la akumatizada que la había metido en ese embrollo.
Quizás aún conservaba un poco de su buena suerte a pesar de ser un gato negro.
—¿Qué es eso? —Cuestionó una voz que Marinette no logró identificar pero que hablaba con gran familiaridad.
—Es un gato ¿no lo ves? Pensé que tardarías más en despertar.
—Necesitaba mi sueño reparador chico ¿qué hace eso aquí? —Un fuerte olor se coló por la nariz de la chica, que arrugo el entrecejo apenas lo percibió.
—La encontré en la calle. No parecía saber a dónde ir.
—Así que tiene dueño —Marinette abrió perezosamente los ojos, curiosa ante la voz que hablaba tan despreocupadamente con su amado.
Su corazón se saltó un latido en ese momento.
Tuvo que morderse la lengua cuando lo vio frente a ella, un pequeño ser negro con orejas de gato que tenía en las manos un pedazo de queso. Lo reconoció en un instante.
Era un kwami.
Lo cual solo podía significar una cosa.
Sus pensamientos se detuvieron cuando el teléfono celular de Adrien empezó a sonar, interrumpiendo la conversación entre kwami y portador. Obligando a la chica a afinar su oído para escuchar lo que se decía desde el parlante.
—Hey Nino ¿qué hay? —La voz del varón había sonado alegre.
—Hermano, que bueno que contestas. Dime, ¿has visto a Marinette?
—¿Qué? No, ¿por qué? —Sintió el cuerpo masculino tensarse ligeramente debajo de ella.
—Ella desapareció.
—¿¡Qué!? —La postura de Adrien cambio en un instante, acercando el cuerpo felino al suyo por puro instinto mientras se erguía —¿Desde cuándo?
—No lo sé hermano, sus padres subieron a su habitación y no estaba. Algunos compañeros ya se están organizando para buscarla —El chico tragó pesado, completamente alarmado por las palabras de su amigo.
—Me uniré después, estoy ahora con un asunto del trabajo. Pero por favor, cualquier cosa que sepas avísame, ¿vale?
—Claro hermano, no lo dudes —La llamada finalizó, dándole al gato flotante la oportunidad de hablar.
—Pensé que te unirías a la búsqueda de tu amiga.
—Y lo haré, pero apuesto a que Chat Noir será de mayor ayuda que Adrien Agreste.
La transformación fue invocada en presencia de Marinette, que no podía creer lo que se acababa de corroborar. El de ojos verdes la puso a la altura de su rostro, regalándole una sonrisa.
—Tu tendrás que esperar linda gatita, este gato debe buscar a su princesa.
El chico enfundado en cuero negro le guiño un ojo, antes de dejarla a un lado del sillón y dirigirse a la ventana.
—Ah, y no le cuentes a nadie, ¿sí? Mi Lady se enojaría conmigo de saber que alguien conocer mi identidad —Chat Noir desapareció en un instante, dejando a Marinette con la boca abierta.
Tikki tuvo que entrar por su portadora, que estaba muy shockeada como para darse cuenta de que esa era su oportunidad para escapar.
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