Buenas Potter Fans!
En este capítulo por fin hace una pequeña aparición nuestro amado Draco, pero no desesperéis, que todavía quedan muchos capítulos para disfrutar de su presencia. Ojala les guste! Espero sus comentarios! Y acepto sugerencias, mientras no cambien el curso de la historia! ;)
Nos leemos pronto…. Saludos! :3
Capítulo 3: Barquitos de papel
Todo viaje culmina con un regreso, todo beso de adiós culmina en una bienvenida. Y como tanto deseó, la dulce chica con aroma a vainilla, regresó a su hogar; abrazó a sus padres por todo lo que no pudo hacerlo, y aunque ya extrañaba la presencia de sus amigos, planeaba no volver a irse en un largo tiempo.
Para recuperar lo perdido, se paseó gustosa por los extensos jardines, danzó entre sus flores, y en cada giro, sintió su dulce aroma. Los animales cantaban victoriosos ante su regreso, ya que nuevamente era ella las que los alimentaba. Todo volvía a la normalidad.
Luego de asearse, se acercó hacia su cómoda, donde una de las amas de casa le había dejado una carta. Tomó el sobre con emoción, de seguro era unos de sus amigos. Luego del baile, Hermione fue invitada a pasar unos días a la casa de los Weasley, si bien a la señora Boolstrop no le agradó mucho la idea de que se codee con personas de ese nivel, la castaña argumentó que Harry también estaría allí, y lo que fue la melodía de campanas nupciales para la codiciosa mujer, fueron de libertad para ella. La Madriguera, así se llamaba el hogar de sus pelirrojos amigos, albergaba a una numerosa familia con siete hijos, todos varones a excepción de Ginny. Muchos describen ese lugar como vulgar, de poca clase, pero Hermione consideraba que era un verdadero hogar. Cuando esos días de diversión terminaron, y Hermione partía de regreso, acordaron mantenerse en contacto. Por eso, con una sonrisa risueña, abrió el sobre, totalmente entusiasmada.
"Estimada Srta. Granger:
Espero que el regreso haya sido como lo soñaba, y que se encuentre maravillosamente. Yo estoy un poco hastiado, por más que odio los bailes por lo menos allí mis tíos fingen tratarme con el debido respeto, algunas veces hasta demuestran falso cariño, pero dentro de estas cuatro asfixiantes paredes soy como un esclavo al maltrato y la soledad. Añoro profundamente el tiempo que pasamos en La Madriguera los cuatro, habrás podido entender por qué en un momento te mencioné que ese lugar sí era digno de llamarse hogar, muy por el contrario de donde vivo.
Es realmente agradable poder desahogarme con este trozo de pergamino que se que llegará a sus manos y podrá acompañarme en la lejanía, como fiel amiga que sé que es.
Paso a comunicar que todos en el baile quedaron admirados con su presencia. Mi tía contaba como todas las señoras comentaban los halagos que había recibido por parte de la mayoría de los hombres, incluso el despreciable de Lucius Malfoy a más de uno le lleno el oído de palabras dulces acerca de su belleza, mi buena amiga. Creo que ha tenido un éxito en la ciudad, aunque espero que no termine con ninguno que no sea digno de su persona, y menos con el hijo de Malfoy, ¿recuerda? El que le señalé al concluir el baile. Si Malfoy hizo alardes de su gracia, señorita Granger, de seguro es para intereses de su hijo, pero confío en su buen juicio para elegir acompañante.
Espero ansiosamente recibir noticias suyas.
Afectuosamente, H. J. Potter"
Hermione transcurrió un buen rato escribiéndole una respuesta a su amigo. Por medio de dulces palabras trató de consolar la soledad que sentía encerrado en esa inmensa y frívola mansión. Le escribió del tan esperado regreso a su hogar y cómo sus padres estallaban en risas cuando le contaba anécdotas sobre ellos. La castaña no le reveló la risotada que emitió al leer los términos con los que se refería a los Malfoy, ciertamente ella no los conocía, pero le bastaba con lo que le contaba su amigo para tener una opinión de ellos. Le extrañó el enterarse sobre los pensamientos del señor Malfoy hacia ella, al ser un hombre tan elitista –como lo había definido Harry- no concebía que la quisiera como pareja para su hijo. Pero esos pensamientos no turbaron demasiado su mente, y prosiguió felizmente escribiéndole a su amigo. Al final de la carta le trasmitía lo contenta que estaba de haberlos conocido, y como añoraba verlos prontamente. Consideró la idea de invitarlos a pasar un tiempo en su casa, pero prefirió estar solas con su familia un período, y luego escribirles para darles la invitación. Salió como viento en popa de su habitación, ansiando la respuesta de Harry y las cartas de sus otros amigos.
Bajó hacia el salón, donde tomaría el té con sus padres, pero su madre la interceptó, impidiéndole el paso.
-Espera, querida- dijo la mujer en un susurro- tu padre está reunido con un señor muy importante- le aclaró, llevándosela hacia los jardines.
-¿Quién es?- le preguntó una vez fuera de la casa.
- No se que clase de negocios harán, sabes que en esas cosas yo no me meto, pero debe querer comprar un animal, o algo por el estilo, pero tu padre insistió en que era un hombre muy importante- le explicó- creo que el nombre que dijo fue Malfoy, sí, ese era, Malfoy- añadió con soltura.
A Hermione le dio un vuelco en el corazón, no le agradaba para nada ese hombre. No solo por lo que Harry le había contado sobre él, también su mirada, fría y calculadora, parecía que cada paso y propósito estaban planeados para conseguir algo, y de seguro nada bueno. Prefirió cambiar de tema, no preocupar a su madre, y esperar que Malfoy solo estuviera allí por mera cuestión de negocios.
Caminaron un largo trecho, sintiendo la brisa cálida acariciar sus rostros. La conversación con su madre era algo que Hermione disfrutaba mucho, los consejos, las anécdotas, cómo con su melodiosa voz hacía que el invierno se transformase en verano.
-Me has contado todo, pero nada de algún muchacho que allá atrapado tu corazoncito- dijo su madre, con una pícara sonrisa, cambiando ligeramente la conversación sobre el debido cuidado de las flores.
-¡No mamá!- exclamó, y sus mejillas comenzaron a sonrojarse- Harry y Ron son mis amigos, y estoy feliz de que así sea- narró, intentando que su rostro dejase de arder- el día en que conozca a esa persona especial mi corazón se estremecerá, y en un principio no entenderé, pero a su debido tiempo lo miraré a los ojos y sabré la razón- melancólicamente dejó escapar un suspiro- porque es él, el que tanto anhelaba- lentamente lo colorado se fue desvaneciendo, y sus ojos comenzaron a tornarse cristalinos.
- Y ese día yo seré muy feliz- dijo su madre sonriente. Ambas se dedicaron una mirada y comenzaron a reír.
Con cosas tan simples era con las que Hermione se sentía feliz. Con el amor de sus padres, el melodioso canto de su campiña, los pequeños detalles que hacían grandes cosas. Comparaba su vida con la de muchos que vio en el baile, gente que vive solamente por cuestiones materiales y que en el fondo siempre se sentirán vacíos, carentes de algo, si tan solo supieran que la verdadera felicidad está en lo sencillo, en una sonrisa, un abrazo, la risa de un niño, en poder despertar cada mañana y ver un hermoso amanecer. Ella se sentía dichosa de poder apreciarlo, y que estaba rodeada de personas que también lo hacían.
Luego de un prudente tiempo, volvieron a la casa y vieron como el Sr. Malfoy se retiraba. Apoyado con pose de impaciente se encontraba Draco, su hijo, al verlo puedo reconocer esa imagen fugaz que Harry le señaló en la fiesta. Era un joven alto, de cabellos dorados y unos brillantes ojos grises que realzaban de su rostro. Tenía facciones finas y frías, pero la castaña estaba segura de que si fuese más sonriente se vería mucho más apuesto. La primera vez que vio a Lucius no necesitó de los comentarios de su amigo para darse cuenta de lo despreciable que era, pero en Draco pudo percibir algo más, no estaba segura de qué, pero no se atrevía a juzgar al joven al igual que lo hizo con su padre. Algo en ella se estremeció, no supo bien qué, pero, sin preocuparse demasiado, lo relacionó con los nervios que le producía la presencia de Lucius en su hogar.
Esperaron a que los dos se retiraran en el carruaje, y pudo sentir la mirada de Draco sobre ella, pero no se atrevió a levantar la vista. Al cabo de un minuto entraron en la casa, y su madre, con razón de estar cansada, se retiró a su cuarto, dejando a Hermione a solas con su padre. Perfecta oportunidad para hablar de Malfoy sin despertar innecesarias preocupaciones en su madre. Cuando se sentaron al rededor de la fina mesa de caoba, y una vez que las sirvientas sirvieron el té y los bocadillos, la castaña se aclaró la garganta, dispuesta a hablar.
-¿Qué hacía aquí el Sr. Malfoy?- preguntó sin dar muchas vueltas.
-¿Desde cuándo te preocupas por negocios querida?-le cuestionó despreocupado, tomando una masita de limón.
-Desde que no me gusta para nada ese hombre-sentenció la chica con seriedad.
-¡Venga!, no se de donde lo conoces, pero no hay nada que temer- le dijo con soltura- suele venir de vez en cuando a comprar algún cerdo, nada muy importante- prosiguió.
-No es de fiar, Harry…
-Mira hija- le interrumpió el Sr. Granger, dejando atrás sus aires livianos- Los problemas que haya tenido ese muchacho con el Sr. Malfoy no son de mi incumbencia a la hora de hacer negocios- dijo firmemente- A parte, que sus amistades hayan estado del lado del "Señor Obscuro"- enmarcó entre comillas- no significa que haya estado implicado en un crimen, como muchos hablan, y si lo hubiera estado, a mi no me concierne, solamente veo que es un hombre que compra los cerdos más caros sin protestar por el precio- finalizo tomando ferozmente un sorbo de té.
Pero Hermione no estaba satisfecha, por lo tanto, siguió lo que su padre trató de poner punto final.
-Si lo que hacíais era una simple compra venta de cerdos, ¿por qué tanta privacidad?, incluso su hijo se mantuvo esperando afuera- retrucó, poniéndose firme en su postura.
-Porque el Sr. Malfoy es una persona muy correcta, y no mezcla familia con negocios, por lo que ustedes no estuvieron presentes, ni su hijo- respondió algo ofendido por la desconfianza de su hija, y pasó su mano acomodando su lacio cabello castaño, a la par que la fulminaba con sus brillantes ojos almendra.
-¿Muy correcta?, turbia querrás decir- murmuró entre dientes. Por lo que su padre, ya a punto de ebullición, se levantó bruscamente, haciendo que las tazas temblaran.
-Es suficiente Hermione- la castaña abrió los ojos cual plato, su padre nunca la había llamado por su nombre, y menos tan ferozmente- Los negocios que haga no te atañen en absoluto, y no es de señorita decente andar despotricando sin siquiera conocer a la persona, ya es momento que sepas cual es tu lugar- finalizando lo dicho, retiró su robusto cuerpo con paso decisivo.
Hermione estaba intranquila, algo no andaba bien, ese hombre tramando negocios en secreto con su padre, y que éste reaccione de esa manera ante la interrogativa… Definitivamente era algo más que un simple animal, pero a la inocente muchacha no se le ocurría que obscuros planes podía tener Malfoy que involucre a alguien tan decente y honorable como su amado padre.
Los días siguientes su padre siguió estando algo brusco con ella, pero podría decirse que cada vez menos. A parte Jean– su galante madre- había contraído un resfriado en la caminata que realizó con Hermione el día de la visita de Malfoy, por lo que el Sr. Granger estaba muy atento a su mujer y un poco más dulce con su hija.
A la castaña no le gustaba verla en cama, se quedaba sin nadie con quien hablar, ya que con su padre las cosas no estaban color de rosa, y se pasaba la mayor parte del tiempo en la habitación. A ella no la dejaban estar tanto con su madre, para que no tuviera riesgo de contagio, Cosa que al Sr. Granger no le importaba mucho si significaba dejarla sola: "Antes de que tú llegaras, ella era la única luz de mis ojos" le repetía, de niña, cada noche antes de que se durmiera. Hermione siempre aspiró a un amor de esa magnitud.
Su sentimiento de soledad fue interrumpido por una carta de su amiga Ginny. La castaña corrió a su habitación para poder leerla con tranquilidad.
"Querida amiga:
Lamento la tardanza, pero en La Madriguera hemos estado muy ocupados, fue un tiempo difícil, pero estoy aliviada de contarte que ya pasó. Harry me comentó de la carta que le escribiste, y me alegro que te encuentres bien, y que por fin estés en familia. Aquí mi hermano Ron te manda saludos, discúlpalo, es demasiado inmaduro y orgulloso como para escribirte una carta (esa parte no me la dictó él, pero tú sabes que es cierta).
-Claro que sí- afirmó Hermione entre risas.
Te cuento que, estos últimos días han estado de los más felices, Harry vino a quedarse otra vez, y eso nos hace sentir contentos a todos, bueno tú sabes que a mí más, pero que lo que siento va a ser un eterno secreto.
-Que toda tu familia sabe- murmuró divertida. El amor que sentía por él era visible, a excepción del mismo Harry y su hermano Ron, que estaban muy enfrascados en sí mismos como para notarlo. Pero el resto de los parientes de la pelirroja, y por sobre todo los gemelos Fred y George, hacían constantes bromas en ausencia de Ron y Harry.
Te hago la cordial invitación para que vengas nuevamente, La Madriguera también es tu casa ahora. Espero verte pronto.
Con cariño G. M. W"
Se estremeció de felicidad al saber de la familia Weasley, a la que le había tomado un considerable cariño. Era una locura vivir allí, y eso era lo que la hacía tan especial.
Con dedicación le respondió a su amiga. No pudo evitar bromear discretamente sobre Harry. Ocupó un gran fragmento dedicado a Ron, en señal de reproche por no haber tenido noticias suyas. Dudó un momento si contarle sobre la visita de los Malfoy, ya que los Weasley tampoco simpatizaban con dicha familia, ésta siempre los había tratado despectivamente. Pero necesitaba desahogarse con alguien, así que hizo una pequeña mención de dicho acontecimiento, pero trató me minimizar su preocupación para que su amiga no se altere, como sospechaba que haría. Le agradeció inmensamente por la invitación, y le aseguró que en cuanto su madre mejore asistiría sin falta. Si bien era un simple resfrío, prefería estar a su lado hasta que se mejore, ya tendría muchas tardes para disfrutar junto a sus amigos.
Varios amaneceres y ocasos pasaron, y lo que era un simple resfrío no se desvanecía del cuerpo de la Sra. Granger. Si bien a Hermione le cantaban suaves melodías en el oído sobre la salud de su madre, ella presentía que algo no andaba bien. Cada vez que silenciosamente pasaba por la puerta del cuarto que sus padres podía sentir los sollozos de ambos, y algo se quebraba en ella. Aunque quería aferrarse a la idea de que vería nuevamente a su querida madre de pie, cuidando sus rosales, algo en su interior le decía que no. ¿Tan injusta era la vida que le quitaba lo más importante a una persona?
Desde que las cosas empeoraron, Hermione entraba frecuentemente usando un barbijo, la mayoría de las veces su padre se rehusaba a dejarlas a solas, queriendo apreciar cada momento en los que seguía sonriendo.
-Tom…- susurraba dulcemente Jean. Luego de bufar unos segundos, las dejó a solas.
Hermione no podía contener las lágrimas en cuanto ingresaba a la habitación. Su madre era la persona más llena de vida que conocía, que esparcía amor con una simple mirada, y allí yacía carente de toda energía, había perdido el rubor en sus mejillas, su tez era de un color grisáceo, y sus bellos ojos café se abrían con dificultad.
-Mione – pronunció débilmente- quiero que tengas una hermosa vida- Hermione no hacía más que asentir y dejar correr sobre su rostro desconsoladas lágrimas.
-No quiero que te vayas- pronunció entre sollozos.
-No pienses que me voy, sino que estaré de una manera diferente- articuló con una sonrisa. Hermione se acurrucó junto a ella, y hundió la cabeza sobre su pecho.
Estuvo allí recostada segundos, o tal vez años, no estaba por completo segura. Trató de sentir su suave aroma a jazmín, que seguía intacto. Fue en el momento en el que, en un susurro, pronunció el nombre de su madre, y al no escuchar respuesta, gruesas gotas recorrieron sus mejillas. Se había ido, como los barcos de papel que solían hacer navegar en las tardes de lluvia. Así se deslizó por las aguas profundas del descanso eterno. No pudo emitir palabra. Antes de proceder a aclamar a alguna de las sirvientas, o al Sr. Granger, Hermione miró a su madre, delicada cual pluma, y quiso que esa imagen se guarde siempre en su memoria.
-¡Mamá, mamá!- jalaba del brazo de aquella esbelta mujer una pequeña niña de vestido rojo aterciopelado, y dos delicadas trenzas- ¿A dónde van los barquitos de papel?- preguntó, tomando la mano de su madre.
La mujer sonrió dulcemente, acariciando las rosadas mejillas la niña, que contemplaba como se deslizaban los barcos de papel en esa tarde lluviosa.
-Amor mío-comenzó a decir, dejando escapar un suspiro- se dirigen al infinito…
