Debo decir que me encanta escribir este fic porque al no ser tan enrevesado como Marioneta, puedo dejar descansar a mi cerebro y escribir historias más dulces y que no necesitan tanta revisión del manga.

Disclaimer: Hajime...está caprichoso con sus derechos. La última vez que se los pedí me hizo un berrinche como un niño pequeño. Y no quiero discutir más con él. Que se quede con ellos.

En este fic se desarrollan solo dos parejas (por ahora) : levihan y auretra. Otras... a buscar a otros fics. Hay muchos y seguro que encontráis algo de vuestro gusto.

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Estaba algo impaciente. Ya hacía una semana desde que hicieron aquella prueba. Ese día les darían los resultados. Era la primera vez que se encontraba tan nervioso por conocer una nota. Comenzó a morder sus uñas inquieto.

Poco a poco, el profesor fue llamando a cada uno de los alumnos, comentándoles los fallos, los aciertos y alicientandolos a mejorar en el próximo. Algunas caras frustradas, otras más alegres. Su rostro estaba algo sudado. Pronto llegaría su turno. Se mordió sin querer un poco la lengua por la angustia que suponía esperar.

Se limpió la boca con la mano y bajó la mirada al suelo mientras esperaba oír su nombre. Varios minutos pasaron y el profesor continuaba atendiendo a cada uno de los jóvenes por orden de lista. Un momento, ¿le había saltado? Comprobó de nuevo el orden alfabético. Había nombrado a 5 chicos por detrás de él y continuaba.

El timbre sonó y hasta el último de ellos habían visto su nota y habían podido revisar su examen. Excepto él, Auruo. Aquello era extraño. Se levantó de golpe de su silla, tropezando con las mesas de alrededor. Alcanzó la puerta e interceptó al docente.

- Ehm,... esto.. profesor... Creo que se le olvidó mencionarme – intentó disimular con una sonrisa su ansiedad.

- No lo he olvidado, Bossard – cerró su maletín con las manos y se alejó ignorándolo.

- P-pero, ¿no va a decirme mi nota? - su nerviosismo aumentaba.

- Me parece increíble que de veras pretenda que le notifique eso después de lo que hizo.

¿Qué había hecho? ¿Tan mal había salido el resultado? Cuando lo terminó le insufló un extraño sentimiento de confianza. Realmente pensaba que pasaría y con buena nota. Al parecer se equivocaba.

- ¿Qué? ¿No lo recuerda? - rebuscó entre el montón de papeles y sacó uno que portaba su nombre afuera – Reconoce que copiaste, Bossard.

- ¿C-cómo?

- Me niego a creer que usted sea capaz de sacar estas conclusiones si no es mirando al compañero de al lado. ¿O acaso portaba algún tipo de nota?

- N-no, señor – intentó ganar fuerzas para defenderse – Y-yo estudié duro y-

- No me mienta. Llevo dándole clase durante más de 3 años. Se perfectamente cuales son sus capacidades – levantó de nuevo el papel hacia arriba - ¡Usted no puede tener este nivel!

- ¡No me infravalore! - no podía permitir que le siguiesen tratando de esa manera - ¡Cuando quiera le demostraré que no he copiado!

De su aula comenzaron a salir alumnos que les rodearon atraídos por los gritos que les profesaban.

- Muy bien, Bossard. Demuéstremelo. Demuestre que es capaz de hacer esto. Le repetiré el examen esta misma tarde. ¿Está de acuerdo?

- Si.

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Aquella horrible escalera. Subirla suponía un auténtico infierno. Pero era un pequeño precio a pagar por poder recibir los consejos de uno de los mejores expertos en la materia. Como siempre, llegó casi sin aliento hasta el final.

Parecía que hubiese elegido ese despacho en concreto para no ser molestado. Detrás de ella caminaba su compañera de piso, la cual tenía un aspecto, nunca mejor dicho impecable. Todo aquel esfuerzo físico no parecía hacer mella en ella.

- ¿Cómo puedes estar tan fresca a pesar de haber subido todos estos escalones? - comentó casi sin aliento.

- No te quejes tanto, Petra. Te he acompañado hoy porque tenía que venir a buscar unos libros.

Acercó sus nudillos a la puerta y calló unos instantes. El profesor Smith parecía estar acompañado. Pegó la oreja a la puerta para escuchar.

- ¿Qué pasa ya? Entra.

- Shhh, parece que está hablando con alguien – aguzó más el oído - ¿El profesor Rivaille?

Ambas se quedaron en silencio contemplando con expectación lo que ocurría allí dentro. La puerta no era precisamente gruesa, con lo que todos los sonidos eran perfectamente audibles desde fuera. Nadie se atrevería a espiar al vicedecano en su despacho. Pero la curiosidad les hervía a las dos chicas.

- Comprendo. Quizás sería mejor si destinase esa plaza a otra persona. No debes relacionarte tanto con una alumna.

- No, me he comprometido a ello. Solo he dicho que...No se si podré aguantar, Erwin.

- Piénsalo de esta forma – se oyeron los pasos del hombre más grande paseando por la habitación – Tu trabajo es el de un mero consejero. Eso es lo primordial ahora mismo, no debes distraerla.

- Ella se distrae sola. No creo que yo suponga nada que pueda forzarla a abandonar su investigación.

- Tampoco considero correcto que vayas a su casa. En ese tipo de lugares hay demasiada intimidad – Petra comenzó a sonrojarse, a la única casa de una alumna que iba era la suya – Podrías perder los estribos. ¿Cuántas veces os habéis visto ya?

- Creo qu veces – más sonrojo por parte de la chica de cabellos anaranjados. Había tenido el placer de asistir a esas tutorías con su amiga para poder pasar tiempo con él. No pensaba en serio que pudiese llegar a fijarse en ella.

- ¿Cuántas de esas veces has estado a solas con ella?

- Solo una. El resto de veces también estaba la otra. Aunque la primera, …. Debo reconocerte la verdad, Erwin – sintieron el sonido de sus labios al sorber el té – Estuve a punto de besarla.

Hanji corrió a tapar la boca de Petra antes de que chillara de la impresión. Recordaba ese momento y había decidido no darle importancia. Y ahora lo estaba exponiendo públicamente a su jefe.

- H-hanji...- susurró Petra – el profesor Rivaille quería besarme. Seguro que fue cuando le serví el té. Justo antes de que salieras...

- C-claro – intentó disimular.

Más ruido en el interior. Al parecer una taza había caído al suelo rompiéndose. Algunos gritos de reproche y enfado.

- Esto puede costarte tu despido – su tono de voz volvió a calmarse.

- No es mi alumna.

- Eso da igual. Al relacionarte con ella en este ámbito es como si lo fuera. Es arriesgado, demasiado arriesgado.

- Aún no he hecho nada. No te exaltes tanto. Solo he decidido comentarte el tema.

- Pero lo harás...

-...

Resopló con fuerza y se dirigió hacia la puerta. Hanji y Petra se apartaron corriendo y se escondieron en la escalera. Justo para presenciar las últimas palabras de la conversación.

- Dime la verdad, ¿crees que es solo mera atracción física o puede ser que se convierta en algo más profundo?

- No me interesa hablar de ese tema, Erwin.

- Te he hecho una pregunta, responde.

- No quiero responder.

- Entonces te lo ordeno como tu jefe, responde.

- Me conoces desde que salí del instituto, Erwin. Sabes mejor que nadie como pienso y cual es mi manera de actuar. Deduce tu mismo la respuesta.

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Exaltada, gritando y pataleando. Nunca la había visto tan contenta. El solo hecho de pensar que podía albergar posibilidades con ese hombre en concreto la había alegrado durante el resto del día. Repetía una y otra vez las mismas palabras de la conversación. Incluso había comenzado a pensar que tipo de ropa debería ponerse para la próxima visita.

- ¿Vendrás conmigo?

- ¿Qué? - estaba demasiado ensimismada en sus pensamientos como para escuchar sus desvaríos.

- ¿Acaso no me estás escuchando? Presta atención, quiero un vestido nuevo. Y zapatos. Y me gustaría ir a la peluquería y-

- E-espera, Petra. No exageres. Él se dará cuenta si te arreglas tanto cada vez que venga. Lo espantarás. Recuerda lo que ocurrió con Kabei la última vez – su amiga bajó su cabeza con remordimientos al recordar ese nombre. Una mala relación que se había convertido en un tabú – Perdona, no debí mencionarlo...

- No te preocupes. Q-quizás tengas razón. Aunque no he podido evitar sentirme feliz al saber que el profesor ha comenzado a sentirse interesado por mí – llevó sus manos a su corazón en un gesto dulce y esperanzado.

- Puede que hablase de otra persona – dijo sin querer en voz alta. Petra puso cara de pánico al escucharle - ¡No, no quería decir eso! Tan solo que...

- Es cierto. Puede que trabaje a nivel personal con otras alumnas. Siempre ha sido muy popular. Desde que entró. Posiblemente pueda haber otras chicas que le hayan interesado. Me hice ilusiones demasiado rápido...

Retomó su habitual gesto triste y desesperado. No podía darle ánimos. Aunque esa observación le quitaba un peso de encima. Se consideraba algo desastrosa en el tema sentimental, y al escucharle por un momento pensó que se refería a ella.

"Sí, seguramente se referiría a otra chica" pensó Hanji.

- De todas maneras, ya que estás aquí, deberías reunirte con él para concretar la próxima reunión.

- Ya la confirmamos. Vendrá esta tarde – no sabía porqué, pero no le apetecía verle tras descubrir aquella nueva información.

- P-pero, si lo confirmases podría tener más tiempo para organizar la casa. Limpiar, preparar algo para comer... Arreglarme...

- De acuerdo... iré.

Muy a su pesar se dirigió hacia aquel cuarto escondido en una esquina oscura. Sobre la puerta rezaba un pequeño letrero con su nombre. No necesito tan siquiera comprobar que era el suyo. La placa brillaba desde lejos. Sin duda, aquel era su despacho.

El pomo prácticamente resbalaba de la limpieza a la que era sometido seguramente a diario. No comprendía como aquel personaje tan extraño y tan maniático del orden y la limpieza era capar de entrar a su habitación. Si, estaba limpia gracias al cuidado de Petra, pero el orden era algo que brillaba por su ausencia.

Sin tocar ni nada, entró directamente a la habitación.

- Rivaille, necesito que confirmes la hora a la que – se quedó callada mientras contemplaba estupefacta la escena.

Su espalda desnuda frente a ella mientras recogía una camisa limpia que había sobre el escritorio. Encontrarle de esa manera podría malinterpretarse de múltiples maneras distintas. La única en la cual la interpretó ella es que se estaba vistiendo tras algún encuentro fortutito con la chica de la que hablaba antes con el profesor Smith.

- Perdona – se giró dispuesta a salir por la puerta ipso facto – Siento haberte interrumpido.

Antes de que saliera huyendo le agarró del brazo sin dejarla salir.

- ¿Interrumpir el qué?

- No necesito explicaciones – Rivaille cerró la puerta y tiró de ella hacia adentro – No, por favor. No me hagas entrar. No se quién es ella, te juro que no la he visto. Lo que hagas o dejes de hacer no es asunto mío. Te prometo que no lo diré, pero déjame ir.

- Hanji, tranquilízate. No hay nadie más aquí. ¿De qué estas hablando? ¿Se puede saber que has pensado de mí? - la vista de ella se dirigió hacia la camisa que aún continuaba encima del mueble – Eso...Esta asquerosa universidad tiene suciedad por todas partes. Me da asco llevar la misma ropa durante el día. Así que suelo cambiarme.

- ¿¡Cómo!? - comenzó a reír a carcajadas sin poder evitarlo - ¿Te cambias de ropa para no estar sucio? ¿Qué clase de obsesión tienes con eso?

- …... - le soltó el agarre y comenzó a vestirse - ¿Para qué has venido?

- Ah, si. Petra quería saber a que hora vendrías, para preparar la casa.

- Bueno... pues, ahora – terminó de abotonarse la camisa tranquilamente.

- ¿Ahora?

- Sí, ahora. Así aprovecharemos bien la tarde.

- Pero son las una de la tarde. Íbamos a preparar el almuerzo y a comer. Tengo hambre, no pienso trabajar con el estómago vacío.

- De acuerdo. Iré con vosotras.

- ¿Cómo? ¿Con ese morro te invitas a comer? - preguntó indignada sin parar de reír.

- Si no tenéis comida suficiente podemos ir a comprar – la empujó hacia fuera mientras cerraba tras de sí – Acompáñame al supermercado.

- ¿C-cómo? - sin duda Petra se sorprendería cuando apareciera en casa cargando con bolsas con comida – Esto va a ser extraño...

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Aquel grupo de profesores estaba algo sorprendidos por su actitud. Escribía sin parar y sin detenerse a pensar. Parecía sabérselo a conciencia. Comenzaban a sentirse culpables por haberlo llevado hasta aquella situación. Sentando sobre una silla y escribiendo en una mesa.

Incluso a pesar del murmullo y la expectación que había causado su actitud ante los profesores, no cesaba en su concentración en el examen. Se sentían perplejos, nunca habían visto esa faceta de él. Era increíble llegar a pensar que pudiese ser tan obstinado.

- Me parece correcto que lo aísle en el aula para que no tenga posiblidad de copiar, pero su vestimenta... Me parece algo excesivo – comentó en voz baja una profesora próxima a la entrada.

- Él lo ha querido así. Quiere demostrar que no es así – comenzaba a sentirse realmente mal por aquella acusación.

Su orgullo había quedado tan dolido que incluso se había desnudado hasta quedarse en ropa interior. Pensaba demostrarles que no había copiado y nunca más volverían a desconfiar de él. Conocía perfectamente la respuesta a todas las preguntas. E, incluso, al haberlo repetido podía corregir aquellas en las cuales falló la primera vez. Se sentía realmente orgulloso de su trabajo.

Cuando lo terminó, lo entregó con rudeza, recogió su ropa y salió de allí. Sin esperar más, el profesor asignado a corregir su examen procedió a mirarlo con detenimiento.

- No hay...errores...Ni uno solo...increíble... - el resto de docentes se agruparon alrededor para contemplar aquel extraño milagro.

Sin escuchar esas palabras, Auruo salía del edificio con una nueva meta en su vida y comenzaba a ver que era plausible. Decidió que cuando supiese la nota, iría a verla. Deseaba contarle como todos sus esfuerzos comenzaban a dar fruto. Rebuscó en su bolsillo aquella nota que procuraba llevar siempre consigo. Su preciosa caligrafía con la que había escrito su dirección y su número de teléfono.

La primera vez que se vieron fue un desastre llegando a desmayarse y a ser confundido por ella con algún maníaco sexual obsesionado por las ancianas. El resto de prácticas a las que había podido asistir se habían vuelto algo confusas. El doctor decidió que no entrase en la sala y tomase notas desde fuera. Frustrante. No podría mostrar su valía tan fácilmente.

Pero ahora gozaba de una nueva oportunidad, contarle su éxito en aquel examen. Quizás era un mero pretexto para verla, pero para él era suficiente. Esta vez sin problemas, sin vestirse de manera demasiado formal.

Ya comenzaba a sentirse nervioso ante lo que diría cuando la viera. Aunque faltasen un par de días para ello.

- Espero que el profesor me entregue el examen corregido pronto... – murmuró en voz baja mientras sus pies se deslizaban con alegría.

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Tan solo había observado desde lejos mientras su compañera y su tutor cocinaban casi sin inmutarse, como si lo hubiesen hecho durante siglos. Ella solía escabullirse cuando le tocaba hacer la comida, por lo que no era algo que supiese hacer demasiado bien.

Por lo general era la otra chica que vivía allí quien se encargaba de alimentarlas a ambas. Y debía reconocer que tenía mucha maña para la cocina. Pero, no llegó a pensar que aquel extraño hombre supiese hacer algo más que gritar y enfadarse.

Bueno, realmente no es que hubiese condimentado la comida ni zazonado nada. Tan solo se había limitado a lavar las verduras con auténtico esmero y a cortar todo con una agilidad impresionante. Como si de un matrimonio se tratase ambos estaba compenetrados a la perfección en aquel pequeño cuarto.

Hacía tan solo media hora que había aparecido por la puerta llevando consigo lo que destinarían como la comida de aquel día, a cuenta de Rivaille. El cual insistió en pagar, bajo la excusa de que no se fiaba de la higiene que pudiese haber en alimentos escogidos por ella. Al principio pensó que era un acto de mera caballerosidad, pero, como siempre, se había encargado de soltar alguna bordería para desechar cualquier atajo de amabilidad que pudiese haber.

Petra aún estaba algo nerviosa y sonrojada mientras colocaba los platos en la mesa. Una mesa de cuatro lados. Cuatro sillas. Tres personas. Tras colocar la comida. Hanji fue la primera en sentarse, en su sitio habitual. El más cercano a su cuarto. Petra se sentó al lado y miró dubitativa esperando que él se sentase a su lado.

Pero, sorprendentemente se sentó junto a la otra chica, la cual no parecía darse cuenta de ese detalle. El menú de ese día consistía en mero al horno con patatas hervidas y sazonadas con romero, clavo y albahaca. El pescado iba acompañado de un salteado de verduras, cebolla, ajos y un poco de limón y aceite.

Era mejor no cocinarlo con demasiadas especias, podía perder el sabor.

- Está delicioso, ¿verdad? - comenzó a hablar la chica de menor tamaño para romper el hielo.

- Claro, como siempre Petra. Tu futuro marido será un hombre feliz – rió ante la reacción avergonzada de su compañera.

Como si no le agradase el sabor del pescado o le resultase demasiado soso, el hombre hizo algo extraño. Cogió un poco de tomillo y orégano y lo troceó encima de su plato.

- ¡Oye, Petra se ha hartado de condimentar la comida para que la destroces así! - intentó defender a su compañera.

- N-no, importa Hanji, quizás está demasiado soso. No se preocupe profesor puede echarle lo que quiera...

- No, me niego, la comida de Petra es la mejor. No le eches nada encima, no vas a conseguir mejorar el sabor de sus platos. Es una falta de respeto que eches nada en tu plato fuera de lo que ella haya echado.

- Eres una imbécil – comentó – el orégano es un antioxidante natural. Te vendría bien para que no e te seque el cerebro mientras escribes tu tesis. No he dicho que Ral no cocine bien, tan solo lo he aderezado como a mí me gusta.

- A mi me parece una guarrada destrozar su comida así. Dudo que esté bueno.

- H-hanji, de veras, no me importa que...

- ¿Dudas de mi gusto culinario? Seguramente sea mejor que el tuyo.

- ¿Ah, sí? Venga, demuéstralo. A ver que tan bien eres capaz de condimentar.

-P-por favor dejadlo. No importa, que cada cual lo coma como quiera – realmente intentaba frenar aquella extraña discusión sin sentido.

Sin que Petra pudiese evitarlo, Hanji agarró la mano de Rivaille la cual cogía el cubierto con comida y la dirigió a su boca. Esperaba algún tipo de enfado o que le gritase al comer de su propio tenedor. O quizás que lo limpiase con sumo asco. Pero no, permaneció tranquilo observando la reacción de ella al sabor.

- ¿Y bien? - preguntó completamente tranquilo, sin hacer ningún ademán violento.

- Vale, lo reconozco... Está bueno – admitió.

- Vaya, no suelo echarle eso al pescado... A mí también me gustaría probarlo profesor... - él la miró detenidamente y le acercó las especias sin mayor dilación. Fue un pequeño detalle pero le dolió que Hanji pudiese tener más confianza con él que ella – G-gracias... Supongo...- ni tan siquiera la oía, continuaban batallando.

- Ahora te demostraré yo mi gran paladar para la verdura – se levantó de la mesa y volvió portando una vieja botella de vino – Me encanta rehogarla mientras aún está caliente – depositó unas cuantas gotas sobre la misma y la removió. Pinchó el tenedor sobre ella y lo acercó a su comensal – Venga, prueba.

Se sentía como si sobrase en aquella estúpida discusión acerca de quien cocinaba o condimentaba mejor. Cuando Hanji le acercó la comida pensó que eso si que no lo toleraría. Seguramente estaba aguantando las ganas de limpiar su propio cubierto tras permitir que ella comiese de él. Pero ese otro estaba cubierto de la saliva de su compañera. Eso si que no lo toleraría.

Y una vez más, se equivocaba. No pudo evitar sentir un poco de celos cuando el hombre se acercó y lo probó dando su visto bueno y añadiendo sal. Perfecto, se sentía que sobraba allí. En apenas unas semanas, ella había conseguido el acercamiento que Petra no había conseguido en años siendo su profesor.

No sabía si pensar que era envidia por su carácter tan abierto o quizás reproche. Pero al darse cuenta de su triste mirada dejó caer el tenedor sobre la mesa y se apartó un poco de él. Por unos instantes se había olvidado que había una tercera persona en aquella mesa.

- B-bueno, aún así prefiero lo que cocina Petra. Ayer hizo pastel de queso, aún queda en la nevera. Deberías probarlo – intentó desviar la conversación hacia ella para que pudiese participar.

- Vaya... lo haré – el timbre sonó interrumpiéndoles – No os levantéis. Yo abriré.

Uno a uno deshizo los cerrojos que permanecían cerrando la puerta. Dos mujeres solas necesitaban ese tipo de protección. Al dirigir su mirada al rellano vio a un chico algo impaciente que no recordaba haber visto en su vida.

- ¿Quién es? - preguntó fríamente.

- Ah, yo... yo... - ¿quién era ese tipo? - Perdón. Debo haberme equivocado.

- Pues no molestes más, estamos comiendo – cerró la puerta de golpe sin dejarle hablar.

Colocó de nuevo los cerrojos y comenzó a caminar por el pasillo de vuelta a la mesa. Otra vez sonó el timbre.

- Joder... - se dirigió enfurecido y abrió de nuevo encontrándose al mismo chaval - ¡Acabo de decirte que molestas!¡Si te has perdido no es mi problema!

- Lo, lo siento... Es solo que estoy buscando a una persona. Me indicó esta dirección y quizás se haya equivocado de número. Perdone, pero ¿conoce a Pe-

- ¡Que te larges, mocoso!

Una chica algo más alta que aquel hombre amenazador apareció por detrás y le propinó un golpe en la cabeza.

- No seas grosero. Míralo, solo es un crío, se nota a leguas – sonrió mientras intentaba apartar del resquicio de la puerta al hombre que seguía mirándolo con pasividad – Dime, ¿qué quieres?

- Y-yo, soy el ayudante de la tesis de la señorita Ral. Quizás sea inapropiado venir a visitarla, pero quería comentarle que hoy – sin más preámbulos Hanji abrió la puerta e invitó al chico a entrar.

- ¿Ral? Ahh, debes hablar de Petra, pasa, pasa.

- ¿Las conoce? ¿Eres su vecina?

- No, no, es mi compañera – el pequeño hombre cerró la puerta y avanzó detrás de ellos sin evitar poder quitar su mirada de la mano que la chica colocaba sobre el hombro del chico – Está adentro. Disculpa, estábamos comiendo. Ese prototipo de neanderthal quiso abrir la puerta. Es un cretino, no te sulfures – un gruñido desde atrás que le envió un escalofrío que le recorrió la espalda.

- Quizás deba irme y no molestar...

Al atravesar el marco de la puerta, la vio. Su ángel secándose la boca con una servilleta blanca. La chica se giro ante su inesperado visitante y sonrió complacida. Separó la silla que había a su lado y le invitó a sentarse.

- Quédate a comer, por favor – le faltó poco para desmayarse ante semejante proposición – Él es Auruo Bossard, me está ayudando en mi tesis doctoral. Será un futuro alumno de nuestra universidad.

Quedaba justo al lado de aquel pequeño hombre de mirada turbia que no parecía quitarle ojo. Temblaba un poco al imaginar quién sería y que hacía allí.

- Déjame que te presente. Ella es Hanji, terminó Biología el año pasado, es mi compañera de piso. Él es Rivaille, profesor de Anatomía en la universidad...

- ¿T-tú novio? - se atrevió a preguntar.

- No – contestó rápidamente él, eso le supuso algo de alivio.

- N-n-n-no. El profesor Rivaille solo vino a comer para poder continuar con el proyecto que está dirigiendo esta tarde. N-no es mí... - de pronto se dio cuenta de lo exagerada que había parecido su reacción

- Entonces... ¿es el novio de ella? - señaló a Hanji la cual levantó la vista asombrada. Necesitaba constatar que aquel hombre no era un peligro para su pequeño ángel.

- ¿Qué? - fue todo lo que alcanzó a decir la perjudicada – Jajajaja. No, él dirige mi proyecto. Es como una piedra en el zapato, no eres capaz de quitártelo nunca de encima.

Quizás fue solo una extraña pesquisa suya. Pero al contrario que con Petra, ese chico de mirada penetrante no había intentado tan siquiera negar que hubiese algo entre la otra chica y él.

- Mira, Auruo. Estamos probando distintos tipos de salsas en la comida. Prueba la que he hecho yo para la verdura – intentó retomar el tema perdido alcanzándole su propio tenedor.

- V-vale... - le parecía algo descortés negarle eso a una mujer que acababa de conocer. Mientras la comida bajaba por su garganta volvió a sentir aquella mirada sobre su nuca. Tragó con fuerza casi sin saborearlo – Muy rico...

- Prueba lo mío – sin delicadeza alguna, Rivaille le abrió la boca con brusquedad y le metió un trozo de pescado directamente en la tráquea. Sentía los dedos en su mandíbula apretándole en algún tipo de advertencia.

- Muy bueno también – recogió valor y prosiguió - M-me gustaría probar lo que ha hecho Petra.

- Bueno... si quieres – a imitación de su amiga minutos antes acercó la comida a la boca de aquella nueva amistad que hizo hace poco.

- Delicioso – comentó mientras masticaba – Eres una gran cocinera.

- Vaya, gracias. También he hecho un pastel. Es una vieja receta que solía hacer mi madre. Quizás está demasiado dulce para tu gusto. Ah, y tengo un nuevo té como el que tomamos aquella vez. Creo que te gustará.

- Como sea, seguro que tiene un sabor sin igual – intentó hacerse el interesante al hablar.

Tras terminar de comer, ayudó a la chica a recoger la mesa alejándose cada vez más de aquella siniestra figura que le seguía con la mirada.

Solo se oían sus voces alegres llegando desde la cocina y comentando algo acerca de un examen que el había hecho y había conseguido la máxima nota. Petra murmuró un "enhorabuena" y el chico parecía más animado que antes.

Hanji se echó hacia atrás en su silla esperando el postre con ansias. Necesitaba azúcar para poner a trabajar su mente durante toda la tarde.

- Al menos me dejarás reposar la comida, ¿verdad?

- …... - parecía más atento al chico que acababa de llegar y aún se oía hablando desde el fondo del pasillo.

- No me ignores, te estoy hablando.

- ¿Quién es ese chico? ¿Le conocías de antes?

- La verdad es que no. Aunque Petra me había hablado antes de él. Parece un buen chico. No creo que sea peligroso.

- …...

- ¿Te preocupa algo?

- Parece que tenga interés en tu amiga.

- ¿Tú crees? Quiero decir, parece agradable y simpático con ella. Pero no creo que tenga pensamientos lascivos con ella ni intente nada. Incluso, si intenta forzarla a hacer algo estaré yo aquí para defenderla.

- No es ese tipo de atracción. Eres demasiado despistada. Dudo que te hayas dado cuenta. Pero parece que intenta reclamar su atención, es algo muy común – cruzó sus manos en la cara – Es lo que hacen todas las personas cuando alguien les gusta.

- Eso ya lo sé, pero aún así no lo considero plausible. Según yo se, apenas la conoce.

- Hay personas que pueden enamorarse de alguien tras un breve período de tiempo.

- Hablando de esa manera parece como si intentases decir que tú eres el único humano incapaz de caer así por alguien.

- Yo no he dicho eso.

- ¿Qué quieres decir? - su frase fue interrumpida por el sonido de las pisadas que volvían al comedor.

Su pregunta quedó suspendida en el aire para no ser contestada. Prefirió no darle importancia. Debía concentrarse en su misión. Dejarle libre el paso a su amiga para que pudiese acercarse a él. Aquellos extraños pinchazos que sentía en el pecho se irían con el tiempo.

O eso era lo que ella pensaba.

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Y 3º capítulo, donde la confusión entre los 4 protagonistas es cada vez mayor. Aunque ya se han conocido. Me he reído un montón escribiéndolo. Espero que vosotros también al leerlo.

Espero que os vaya gustando el desarrollo de la historia.

¡Nos leemos!