¿Alguna vez creíste poder sostenerte a pesar de las decepciones, el dolor y la tristeza, pero de repente todo eso se derrumba sobre ti con más fuerza de la que imaginabas que podría suceder? A mí sí…

Sentía que todo lo que estaba sucediendo podía ser una mentira que yo me estaba creyendo fácilmente, como si de un momento a otro, alguien entraría a la habitación y me sonreiría para decirme que todo ha sido una broma. Pero eso no sucede en mi vida, quizás en la de otros, pero jamás en la mía.

"O… ¿O sea, que Edward va a ser papá?" lo dije y fui incapaz de evitar que lágrimas salieran de mis ojos, ni siquiera sabiendo que Esme estaba frente a mí.

"Sí, voy a tener a mi primer nieto, o nieta" Sonrió entusiasta y corrí a abrazarla. No por la emoción, como ella seguramente lo habrá interpretado, si no por esa sensación de protección, de cariño y de refugio que siempre había encontrado en sus brazos… Encontrando la compasión y el amor que siempre me había transmitido con su cercanía.

"Oh, Bella, no creí que fueras a ponerte tan feliz" soltó una risita y me abrazó, luego me vio a los ojos y me dijo "Yo creí que tú… bueno… olvídalo ya no tiene caso mencionarlo"

"¿Quién lo iba a decir Esme?, serás abuela antes de los 50. Felicidades" comentó Rosalie, cuya presencia había ignorado por completo por el asalto de emociones que me provocó la noticia. Ella también abrazó a Esme probablemente pensando en no verse indiferente a la noticia.

"Lo sé, no creí que lo sería tan pronto, pero un nuevo miembro de la familia siempre es bienvenido no importa el tiempo en que llegue" contestó sinceramente.

Lo que siguió de la noche la pasamos hablando de bebés, decoración y muebles para bebé, relaciones amorosas y demás. Claramente ese día no fue el mejor para mí, sobre todo cuando Esme comentó:

"¿Y qué tal vas tú, Bella? Creía que a estas alturas y viviendo independientemente ya habías encontrado al hombre perfecto para ti" Me dijo con sinceridad.

"Yo también lo creía…" contesté en mi mente, pero por supuesto que eso no era lo que le iba a decir a ella.

"Estoy muy bien viviendo sola y sin compromisos por ahora. Quizás el próximo año llegue el indicado" le contesté para terminar con la incómoda plática que intuí que comenzaría a girar en torno a mí.

Hablamos de otras cosas más hasta que, supongo, terminó la jornada deportiva ya que Emmett se asomó al cuarto para decirnos que debíamos regresar a casa.

Nos despedimos de Carlisle y Esme, les dimos las gracias por todo y regresamos a casa.

Días después de la cena, Esme llamó para pedirnos que fuéramos a cenar en navidad con ellos, debido a que Edward y su esposa regresarían hasta año nuevo. No pudimos negarnos, era sabido que las cenas navideñas de Esme eran todo un festín. Aceptamos sin pensarlo dos veces.

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Debo aceptar que la certeza de que Edward y Tanya no estarían presentes esa noche me dio mucha confianza, me puse el mejor conjunto que tenía, ni siquiera me importó si estaba algo revelador o no iba muy acorde al clima.

Era un vestido blanco de organza de seda que apenas llegaba arriba de mis rodillas, tenía el talle marcado; la parte de arriba era de encaje blanco, algo traslúcido en las mangas y con un escote en V. Arriba del vestido me puse un saco color beige un poco más corto que el vestido con lana por dentro y alrededor del cuello. Mis zapatillas eran de tacón alto con pedrería por todo el frente. ¡Me veía hermosa! Palabras de Rosalie, no mias…

Llegamos a la casa de los Cullen y nos recibieron calurosamente, me quité el saco y Esme elogió mi ropa, diciendo al igual que Rosalie, que me veía hermosa y que mi cuerpo se veía increíble en ese vestido.

Era alrededor de las 8 de la noche, estábamos poniendo la mesa tranquilos, ya habíamos convivido en la sala mientras tomábamos unos tragos. Todo marchaba increíble, incluso pareciera que todos fuéramos una familia.

Fui a la cocina para ayudarle a Esme a llevar la cena a la mesa, pude escuchar como si estuvieran tocando la puerta pero no estaba segura, en la propiedad de los Cullen había tanto terreno que no era cosa extraña escuchar ardillas u otros animales por los alrededores.

Tomé en mis manos el tazón con la ensalada de manzana y justo cuando iba a salir de la cocina escuché a Esme dar un grito de alegría.

"¡Edward, hijo!" Podía percibir la felicidad que emanaba su voz y el simple hecho de saber que Edward estaba del otro lado de la pared me provocó esa sensación de revoloteo en el estómago que no sentía hace mucho tiempo.

Si no fuera porque la barra de la cocina estaba al lado mío, estoy segura de que el tazón habría caído de mis manos. Mis piernas se debilitaron y me comencé a hiperventilar, tuve que recargarme cerrar los ojos y recargar mis brazos sobre el marco de la puerta para no perder el control sobre mí misma.

Luego de varias respiraciones, pude sostenerme sin balancearme de lado a lado, me parece que me perdí la plática que se estaba dando del otro lado de la casa. Salí con el tazón en mis manos, mirando hacia enfrente fijamente y respirando para poder caminar lo más normal posible a pesar del temblor de mis piernas.

A medida que me acercaba a la mesa, podía sentir mi corazón acelerándose más y más, mis manos estaban temblando y escuchaba menos las palabras de quienes estaban hablando. Al fin llegué a mi destino, coloqué el tazón en su lugar y lo último que escuché fue la voz lejana y preocupada de Esme.

"Bella, ¿Te encuentras bien?"

Después todo se puso negro y no recuerdo nada más…

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Recuperé la consciencia. No sé cuánto tiempo habría pasado ni qué sucedió durante mi 'ausencia' lo único que sé es que en el lugar en el que estaba no podía ser más cómodo, era como estar acostada sobre una pila de plumas.

La primera voz que distinguí fue la de Carlisle, tranquila y serena como siempre.

"Bella, ¿Puedes oírme?" abrí mis ojos y lo vi sentado en la cama junto a mí mirándome fijamente y seguramente examinando mis respuestas. Él es un doctor después de todo.

"Sí, te escucho, aunque me duele un poco la cabeza" contesté.

"Debe ser por la caída" Dijo "¿Te duele algo más además de la cabeza?" me cuestionó como parte del proceso.

"No, creo que todo está bien" le dije tratando de respirar y cerré mis ojos para concentrarme una vez más en la respiración. Cuando abrí los ojos, Carlisle tenía una sonrisa muy sutil en la cara.

"Me parece que necesitas unos minutos más antes de bajar, ¿no es así?"

"Sí, creo que eso será lo mejor" le respondí agradeciendo internamente lo que sea que haya concluido en sus pensamientos que le llevó a sonreír de esa forma.

"Bueno, tómate tu tiempo. Te esperaremos abajo" me dijo y se dirigió hacia la puerta.

"Gracias, Carlisle" le dije antes de que saliera del cuarto.

"No hay nada que agradecer, Bella. Tú siempre has sido parte de la familia" fue lo último que me respondió antes de salir de la habitación y cerrar la puerta.

Desde donde me encontraba podía escuchar murmullos viniendo de fuera de la recámara aunque sin distinguir lo que esas voces decían.

Una vez que me tranquilicé pude observar detenidamente el lugar donde me encontraba, organizado, libros en un estante, una laptop y CD's de música que solamente podían pertenecer a una sola persona: Edward.

Fue ese el momento en que me di cuenta que el universo entero estaba conspirando en mi contra, no sé para qué ni por qué debía ser tan cruel, pero estaba segura que ya no me iba a doblar ante él.

Me levanté, caminé unos minutos por el cuarto solamente para asegurarme de que no me volverían a fallar mis piernas y luego bajé con la mayor elegancia que pude para no parecer una enferma convaleciente.

Tal fue mi suerte que el primer par de ojos que encontré fueron los de Edward. ¿Por qué? maldita sea, ¿por qué? Si esto ya es suficientemente difícil sin tener que verlo a los ojos. Caminé hacia la sala donde todos estaban sentados platicando y seguramente cuestionando a la feliz pareja acerca de su viaje.

"Bella, qué amable de tu parte que te nos unas" me dijo Emmett en tono burlón, seguramente lo dijo para que me riera, pero en ese momento yo no estaba de humor para bromas.

"No te emociones hermanito, voy a tomar aire. Creo que lo necesito" contesté sin emoción alguna.

Sentía algunas miradas seguirme pero las ignoré mientras caminaba hacia la puerta que conducía al patio de la casa, un lugar hermoso, grande y lleno de la frescura de la naturaleza aún en invierno.

Me quedé meditando, cerré los ojos por enésima vez ese día, disfruté la sensación del aire helado entrando en mi sistema, y esa sensación de libertad que me trajo la luz tenue apenas proveniente de la casa. Observé todo, me relajé y disfruté de la quietud del lugar.

Escuché unos pasos que se dirigían hacia donde yo estaba, venían desde la casa. No fue necesario voltear, pude reconocer su esencia y mi corazón comenzó a latir con ansiedad a medida que estaban más y más cerca.

"Si te quedas aquí sola te vas a perder la diversión" dijo rompiendo el silencio tranquilizador al que ya me había acostumbrado y solamente el escuchar su voz hizo que un frío recorriera todo mi cuerpo y cortara mi respiración. Él lo notó y mal interpretó mi reacción, "Además de congelarte con este frío" de repente sentí un cobijo sobre mí, el cual tenía su esencia y su calor, se había quitado su saco para ponérmelo a mí. ¡¿Por qué me haces esto?!

"No era necesario que hicieras eso" le dije sin entusiasmo, disimulando, porque dentro de mí estaba a punto de estallar de la emoción. "Ya estoy acostumbrándome al frío" le dije.

"¿Y qué haces aquí afuera en medio de la noche?" ignoró mis palabras y me preguntó con curiosidad. Pude haberle contestado lo que realmente sentía, pero recordé en ese momento que él no merecía ni la más mínima amabilidad de mi parte. Sus acciones hablaron por él cuando decidió excluirme de su vida y mi estado alterado de consciencia sacó lo peor de mí.

"Así es como prefiero estar. Hay cosas que solamente pueden apreciarse cuando se está alejada de las demás personas" le contesté.

"Espero no haber interrumpido tu momento de tranquilidad" me dijo con sinceridad intuyendo sin duda el sentido de mis palabras.

"No, para nada... Solamente estaba imaginando lo bonita que debió haber sido la recepción para tu boda" le dije de forma cortante y me di la vuelta dejándolo atrás tratando de caminar lo más tranquilamente posible, resistiendo las ganas de gritar por todos los sentimientos que este reencuentro me había provocado.

"A propósito de eso, me parece que te debo una explicación" me tomó del brazo y me detuvo antes de que yo pudiera huir de él y del dolor que me causaba el simple hecho de desearlo sabiendo que estaba prohibido para mí. Sus ojos mostraban una expresión de agonía que nunca había visto en él.

"Edward, a mí no tienes por qué darme explicaciones" le contesté firmemente y cuando evadí su mirada, al voltear hacia la casa pude ver que su mujer estaba caminando hacia donde nosotros nos encontrábamos parados frente a frente "Aquí la única persona que las va a necesitar es tu esposa… tú a mí no me debes nada. Quédate tranquilo" Le sonreí maliciosamente, me quité el saco ignorando el frío que sentí de forma instantánea, se lo regresé, caminé hacia la casa con más seguridad de la que creí llegar a mostrar frente a él y cuando pasé a un lado de Tanya, sostuve su mirada de forma retadora unos segundos para luego ignorarla por completo.

Me parece que una discusión estaba a punto de comenzar y me encantó la sensación que eso me produjo aún sabiendo que era incorrecto.

Llegué a la sala y me puse a platicar con los presentes, mientras Edward y su esposa estaban en el patio. En cuanto entraron, decidimos que era hora de cenar, ya eran las 10 de la noche y gracias a mi desmayo todos estaban hambrientos ahora, en especial Emmett.

Durante la cena todo fluyó a la perfección y estuvo deliciosa la comida.

Llegó la hora de despedirnos y todos nos abrazamos, después de todo, era víspera de navidad. A Edward lo evadí dejándolo hasta el final, no porque el hecho de abrazarlo no me resultara inquietante, si no porque esta cena me hizo comprender muchas cosas y estaba segura que dadas las circunstancias, este sería el último abrazo suyo que podría sentir.

En sus brazos me convertí nuevamente en la niña-adolescente cuyo corazón podía latir solamente gracias a él.

Y ya llegados a ese punto, no supe si esa sensación era buena o me llegaría a destruir un día.


Nunca me sentí tan solo como cuando ayer
de pronto lo entendí mientras callaba,
la vida me dijo a gritos que nunca te tuve y nunca te perdí
y me explicaba que el amor es una cosa
que se da de pronto en forma natural
lleno de fuego, si lo fuerzas se marchita,
sin tener principio llega a su final.

Que Lloro - Sin Banderas

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