3. Hilo Rojo.
— ¿Tu alma gemela? —repitió parpadeando un par de veces.
—Sí.
En su mente, esas palabras se procesan de una manera lenta, pero eficaz. Al final atinó por una pregunta algo más obvia.
—¿Fue por eso por lo que te dolía tanto la cabeza?
—Sí. —Volvió a confirmar Tetsurou.
—Debes tomar bien los apuntes de esta semana que perdiste. —Comentó Kenma, sacándolos abruptamente del tema.
Tetsurou frunció el ceño, y miró al menor. ¿Cómo puede tomarlo como si nada? ¿No preguntaría nada sobre la existencia del ser que estaría ligado a él para siempre? ¿Le interesaba tan poco lo que pasará con su vida?
—Kenma, ¿No quieres saber más sobre mi Alma Gemela?
—No. —Y así, el menor de los dos dejó los apuntes para el otro en el buró, y volvió a poner su mochila tras su espalda—. No por ahora.
—¿A dónde vas?
—A la cocina, por los waffles —mencionó cortamente, haciendo al infante mayor parpadear un par de veces—. ¿Quieres algo más?
—¿Eh? No —respondió el azabache, observando la puerta cerrarse.
Se dejó caer sobre su colchón. Hay veces en que ni él mismo entendía a Kozume, pero tal vez le había sorprendido tanto como a él, es decir, no sólo había escuchado la voz de una persona que ni siquiera estaba seguro que existiera, si no, eso implicaba que esa personas, no era el otro niño.
Sí, estaba seguro de que tenía que ser Kenma, era su deber como buen amigo, ¿No? Pero aún así, había fallado por completo.
No sabía exactamente como sentirse al respecto; sin embargo, al sólo escuchar la voz de esa persona, una extraña y confusa felicidad inundaba su pecho; pero eso no significaba que la culpa fuera menos dolorosa.
¿Por qué las cosas tenían que ser así?
«Hey, ¿Qué rayos tienes ahora? De repente me han dado ganas de llorar»
— ¿Qué? ¡Yo no hice nada! —rápidamente alzó las manos, como si se tratara de un fugitivo siendo atrapado con las manos en la masa.
«Si, ese "nada" está sintiéndose muy molesto ahora. Sí recuerdas que yo soy quien puede sentir tus inseguridades, ¿No?"
—Sí, lo sé. —suspiró, llevando una de sus manos a la nuca. Sus orbes oscuros se pasearon por unos momentos a través de su habitación.
Durante los días que pudo "ajustar la transmisión" con su Alma Gemela —pues al principio, sólo escuchaba susurros o el dolor no lo dejaba pensar—, pudieron hablar adecuadamente; conocieron sus nombres, edades, gustos, entre otras cosas triviales. Pero lo más importantes, era que aclararon varias cosas respecto a su lazo: Mientras que el otro sentía más las emociones de Kuroo, Tetsurou era más afectado por los sentimientos físicos de su persona destinada; aunque había ocasiones en que podía ser al revés, no obstante, no con la misma intensidad que en el orden anterior.
« ¿Es por tu amigo Kenma?»
Preguntó aquella voz, haciendo dar un pequeño sobresalto al otro.
— ¿Cómo lo supiste? ¿Puedes leer mis pensamientos aunque yo no quiera? ¡Eso es diabólico...!
«En primera, cuando hablamos siempre que mencionabas su nombre, me dolía el pecho; en segundo, no me importa lo que estés pensando cuando no hablas conmigo.»
—Que cruel —Kuroo hizo un puchero, para momentos más tarde sentir un cosquilleo en su estómago—. Vaya, ¿Te hice reír?
«Cállate, Kuroo»
—Aún a distancia eres muy fácil de leer, ¿No cre...? —se tapó la boca con ambas manos, al ver la puerta abrirse de nuevo. Ni siquiera era necesario hablar en voz alta, pero aún tenía esa mala costumbre de liberar sus pensamientos al aire—. Kenma, eso fue rápido.
« ¿Kuroo?»
—Te ves pálido —le comentó el niño, asentando aquel plato a un lado de las libretas con apuntes.
«Oye, ¿Estás bien? ¿Me escuchas?»
Tetsurou definitivamente, más tarde tendría el dolor de algún golpe en su estómago, tras ignorar olímpicamente a su otra mitad. Sí, ya se había fijado en la actitud tan feroz del otro, temía que eso quisiera decir que era alguna clase de masoquista.
—Estoy bien —les respondió a ambos, y después de solo sentir un leve pellizco en su hombro, no volvió a escuchar la otra voz—. Por cierto, Kenma, ¿No tenías nada que decirme? Me imagino que no estás aquí sólo por los apuntes.
—Quería verte —respondió de una forma tan directa y sincera que acuñó un sentimiento agridulce en el pecho de Tetsurou, cálido, y a la vez frío. Culpa, y más culpa—. No pude estar contigo en tu cumpleaños.
—No, no, está bien, de todas maneras, ese día no fue muy agradable...
Y se hizo el silencio. Por primera vez en mucho tiempo, Kuroo sentía una pausa incómoda entre ambos.
—¿Vas a comer? —Preguntó el menor, señalando con su mirar el plato.
A Tetsurou ciertamente le pareció extraño que el otro rompiera aquel ambiente (o lo intentara, más bien), aun así, le pareció un lindo gesto.
—Kenma, ¿Recuerdas la promesa que te hice aquella vez que estábamos viendo partidos de Voleibol? —Le mencionó, y Kozume asintió con la cabeza.
—Que estarías siempre conmigo —recordó el otro. En ese entonces, aquellas palabras no le habían alterado, no obstante, ahora al repetirlas, pudo sentir cierto calor emanar de la piel de sus mejillas—. ¿Qué pasa con eso? —interrogó el castaño, haciendo que el mayor desviara su vista. Una mala señal.
—Sabes que yo siempre cumplo mis promesas, ¿No? —Volvió sus orbes oscuros hasta el más bajo, y en un segundo, el corazón del gamer dio un brinco.
—Sí —asintió suavemente su cabeza, dejando aquella afirmación entre una leve sonrisa.
Sí, no era fácil hacer sonreír a Kenma, y lo sabía muy bien.
—Kuro —volvió a vociferar el joven de cabellos lacios.
—¿Sí? —El aludido optó por sentarse al borde de la cama, pudiendo entablar una mejor conversación de esa forma.
—Sobre lo de tu cumpleaños —murmuró de una manera algo distraída y floja, mientras rebuscaba entre su mochila; la mirada del azabache permanecía curiosa sobre él—, pensé en jugar videojuegos contigo y cederte mi personaje favorito —Tetsurou reprimió una risa con ayuda del dorso de su mano, dejando al chico terminar de hablar—, pero creo que te gustará más esto.
Y junto a un gesto, que Kuroo no supo interpretar, Kenma sacó una bolsa verdosa de plástico de la bolsa grande de su mochila, pudo reconocer de inmediato el logo, y por un segundo, pudo jurar que sus ojos brillaron al sólo verlo. Era su tienda deportiva favorita. ¿Acaso estaba alucinando por la fiebre o los dolores? No, no era posible, desde hace un par de días eso había frenado.
—¿Para mí? —se atrevió a preguntar, señalándose a sí mismo.
Kozume asintió y Kuroo abrió la bolsa.
El rojo era su color favorito...
«Lo siento»
Cerró los ojos, dejando ir aquel pensamiento. La respuesta no tardó en llegar.
«¿Por dejarme hablando solo?»
Ironizó la voz de su persona destinada.
«No, es sólo que creo que no podré hacerlo» Tetsurou volvió su mirada hasta su compañero, y le dedicó una suave sonrisa.
—Gracias.
«¿Hacer qué?»
—No fue nada —Kenma bajó sus fanales ambarinos, paseándolos por la recamara del otro. Ciertamente era muy adorable.
«No puedo ser tu alma gemela, Yakkun»
Sabía que era arriesgado, que era casi imposible ir en contra del destino, y que los lazos invisibles, no podían ser cortados con facilidad.
Pero si desligarse de la persona al otro lado de su hilo rojo, significaba hacer feliz a su mejor amigo, no importaría cuánto tiempo tardara desgastar esas ataduras.
