Capítulo III: Entre Libros y Pergaminos
Lo único que mantuvo a tranquila a Hermione Granger durante los siguientes días eran las palabras de aliento que sus amigos le regalaban, si bien nadie estaba de buen humor por la decisión tomada por Dumbledore, todos tenían en claro que para Hermione era mucho peor e iba más allá de una diferencia entre casas.
Aunque había ido a hablar con la profesora McGonagall, no pudo encontrar una solución; lo único que consiguió fue un reproche y tuvo que escuchar a la profesora durante diez minutos acerca de que ella y el Sr. Malfoy debían superar diferencias, pues ya eran adultos para esos juegos.
Esto cambio drásticamente el humor de la castaña, no sabía cómo superar la tensión que se generaba en su cuerpo cada vez que pensaba en los treinta centímetros que Snape les mando como tarea para la clase siguiente-
— ¡Treinta centímetros, Treinta centímetros! — se repetía una y otra vez. Sabía que sola lo podía hacer perfectamente, pero si queria hacerlo iba a tardar horas en busca de toda la información, y no le iba a dar la satisfacción a Malfoy de hacerle la tarea.
Por su parte, Draco solo se limitaba a salir de la Sala Común para las clases y para hacer sus respectivas patrullas en los pasillos. No queria pensar ni un segundo en la maldita tarea que le había sido asignada y mucho menos con quien debería hacerla.
Luego de desayunar, se levanto con satisfacción y se encamino para la primera clase; subió hasta le segundo piso y cuando estaba por entrar al aula, sintió que una voz femenina y delicada pero temerosa a la vez lo llamaba.
— Malfoy — susurro Hermione tratando de no parecer tensa.
Draco se dio vuelta y mirándola con cara de asco, pero sorprendido, le respondió.
—¿Qué quieres?
— Solo…— respiro hondo y continuo — solo quiero hablar sobre la tarea de Pociones. Tenemos pocos días para terminarla.
Era lo que esperaba, sabía que la maldita sangre sucia no sacrificaría sus notas, sin mirarla a los ojos y con su característica voz fría contestó
— Luego de la cena tengo libre hasta las diez, nos vemos en la biblioteca — de dio media vuelta y entró a clases.
Sorprendida por la facilidad con la que acepto, siguió su camino hasta la clase de Runas. Mientras caminaba se preguntaba y trataba de imaginarse como seria pasar unas horas a solas con Malfoy en la biblioteca. No queria pensar en lo peor, solo era buscar hacer la redacción, no era necesario pelear, y eso le iba a proponer a Draco, un pacto, en el cual tenían prohibido pelearse. Solo faltaba unos metros antes de entrar al aula cuando se paró en seco y asimilo lo que había pasado hace unos minutos: había hablado unos segundos con Malfoy y el no le había llamado sangre sucia, como era de costumbre. ¿Significaba algo eso? ¿Un cambio? Era imposible. Sacudió la cabeza y finalmente entro al aula.
Para los Gryffindor compartir la mayoría de las clases con los Slytherin era una verdadera tortura, por lo cual la hora de la cena era una verdadera manera de distenderse, todos hablaban animadamente sobre los primeros entrenamientos de Quidditch y otros sobre la primera visita a Hogsmeade; pero Hermione estaba preocupada, solo faltaban minutos para encontrarse con Malfoy en el biblioteca. Tomo un sorbo de jugo de calabaza, y disimuladamente miro hacia la mesa de Slytherin. Draco estaba quieto, con los brazos sobre la mesa y con mirada ausente, como si se esforzara por olvidar algo. Estaba tan concentrada tratando de imaginarse que podía pasar por la cabeza del hurón, que no se había dado cuenta de que Harry y Ron la miraban callados.
— Herms…— la llamó Harry —…Herms…¡Hermione!
La castaña pegó un salto cuando Harry prácticamente le gritó.
— Harry, lo siento...no te había escuchado.
— Nos hemos dado cuenta— contesto Ron molesto — ¿Qué te sucede Hermione? Desde el primer día de clases que estas así.
— Si Herms, sabemos que hacer la tarea con Malfoy es demasiado perturbador, pero no puedes dejar que eso te afecte.
— Si si, lo sé…por eso hoy fui, le hable y le dije que necesitábamos hacerla si o si…— queria continuar hablando pero la voz de Ron la interrumpió.
—¿Has hablado con Malfoy?
— Si — respondió sinceramente —…y ahora después de la cena me encuentro con él la biblioteca para hacer la redacción.
Ambos amigos estaban sorprendidos por lo tranquila que estaba su amiga, finalmente Harry le preguntó.
—¿Quieres que vayamos contigo?
— No, no chicos, creo que es mejor que vaya sola. No quiero que haya problemas solo por una tarea.
Cuando todos se estaban levantando para retirarse a sus respectivas salas comunes, Hermione saludo a sus amigos y se dirigió a la biblioteca.
Tenía que admitir que estaba nerviosa, ansiosa y no podía coordinar una frase, después de aquel roce de miradas en el tren, se sentía rara con respecto a Malfoy, no tenia bien en claro por qué había dejado de insultarle, si bien el odio era evidente, sintió que algo le faltaba.
Una vez en la biblioteca, para su sorpresa Malfoy la esperaba apoyado en la pared con los brazos cruzados, y comenzó a mirarla con malicia.
— Granger, debemos apresurarnos que hoy tengo que hacer las patrullas.
—Está bien, no perdamos más tiempo — le respondió entrando y caminando a la mesa más cercana a la sección de Pociones.
— Aun no puedo creer el valor que has tenido para pedirme esto — soltó Malfoy sonriendo con maldad.
— No te creas tan importante hurón — respondió la castaña entrecerrando los ojos, mirándolo desafiante. Al decir Huron había recordado el pacto que tenía en mente y antes de que Malfoy pueda hablar le propuso — De ahora en mas debes prometerme que mientras estemos haciendo estas tareas tenemos prohibido pelearnos, solo somos dos compañeros de clase haciendo la tarea. Yo estoy dispuesta a poner de lo mejor de mi parte, pero necesito que tú me des tu palabra.
Malfoy levanto las cejas con sorpresa, no esperaba que aquella sangre sucia le proponga aquel pacto.
— No me vengas con esas idioteces Granger, sabes muy bien el trato que mereces.
Esto no lo esperaba, malito hurón, siempre tan insensible. Dumbledore estaba loco, loco, poner a ella con ese oxigenado…
—¡Malfoy! Eres un maldito, si no fuera porque…—pero no supo como terminar la frase, estaba enojada, enojada consigo misma por pensar que ese idiota podía llegar a conversar civilizadamente— …Iré por el libro de Pociones — se levanto y lo dejo con la palabra en la boca.
Mientras esperaba a Hermione, se limito a sacar el pergamino, se estiraba y pensaba en jugarle alguna broma pesada a Granger cuando regresara. El tiempo pasaba y la castaña no regresaba. Malfoy se despeinaba el pelo bruscamente.
— Maldita sangre sucia — no podía haberse ido, todas sus cosas estaban ahí. Espero cinco minutos más, pero la castaña no aparecía.
Se levanto con mal humor, y camino hasta la sección de Pociones.
— ¡Granger! ¿Por qué te tardas tan…— estuvo a punto de gritarle Malfoy, pero al verla en el sentada en el suelo dijo —¿Qué haces ahí tirada?
— No estoy tirada idiota, me he cortado la mano — escucho que le respondía en sollozos.
Sin saber cómo y por que Malfoy se acerco a ella, y se inclino para examinar la herida. Tenía una cantidad considerable de sangre, por lo cual saco un pañuelo de su bolsillo, le tomo la mano y comenzó a limpiarle.
—¿Con que te has cortado? Es bastante profunda. ¿Por qué no me has llamado?
— Solo queria alcanzar el libro, no es nada…ya casi no duele — susurraba Hermione sin aliento.
Una vez que la sangre había desaparecido, le vendo la mano. Sorprendida y confundida por la actitud del Slytherin, Hermione lo miró a los ojos y exclamó
— Gracias Malfoy…no...no esperaba esto de ti…—
Al alzar la mirada los ojos grises comenzaron a fundirse con los de la castaña, se sentía un idiota, ¿Qué estaba haciendo? Se levanto rápidamente para cortar conexión y se limito a decir.
— Debemos comenzar con la redacción— y se retiro a la mesa, sin poder quitarse de la cabeza aquella imagen, aquellos malditos ojos.
Hola Lectores! Ufff! hacia mucho que no escribia un capitulo tan largo! estoy muy feliz por el, me gusta como ha quedado! espero que a ustedes le suceda lo mismo! gracias a todos por leer! Un beso grande! Flor.!
