Nota: Si no eres fan de las parejas SasuHina y SasoSaku, dale una oportunidad a esta historia y quédate hasta el final del capítulo, podrías cambiar de opinión; si ya amas a estas parejas, lo harás aún más. ❤
Anteriormente: El equipo proveniente de Konoha se dirigía a la Suna, tras la urgente petición del Kazekage. En su camino, Sakura se topó con Akasuna no Sasori, quien, después de exigir cuentas con la chica sobre su acto de caridad de dejarlo con vida, le advierte que no sería la última vez que la buscaría, dejándola con incógnitas formuladas acerca de sus posibles propósitos y las propias acciones pasadas; mientras que a las afueras de Konoha, Temari fue en búsqueda de Hyuuga Hinata, dejándole una nota con cuatro palabras sumamente sospechosa. A la vez, Sasuke escucha la conversación entre ambas chicas, llegando a la conclusión de que Hinata sería arrastrada en los planes de Temari... Lo que él no sabe, es que también son los planes de Akatsuki.
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Capítulo II
"Interés apodíctico"
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–1–
El equipo de rastreo se adentró en el espeso bosque, en dirección a donde Hinata les indicaba; Kakashi al frente, seguido por Ino, Hinata y Kiba. El objetivo era encontrar a la rubia proveniente de Suna e interrogarla hasta que dijera la verdad de su repentino cambio, devolverla a su aldea y arreglar las inquietudes, tanto del Kazekage, como de sus hombres.
Según la chica del clan Hyuuga, no podía haber ido demasiado lejos, ya que, en cuanto desapareció de su vista, la azabache corrió a dar aviso a la Hokage y partieron de inmediato. Era una misión sencilla, pues, Temari no representaba ningún peligro para ellos, no por ser débil -ella era una mujer increíblemente fuerte y habilidosa-, sino porque era de las personas más sensatas e inteligentes con la que podían hablar sin recurrir a la violencia.
—Estamos cerca —alertó Kiba—. Puedo percibir un olor, algo distante, pero nos acercamos rápidamente.
Akamaru ladró, dándole la razón al castaño. Kakashi asintió y aceleró el paso, por lo que a las chicas no les quedó de otra que igualar el paso; el de cabello plateado dio la orden a Hinata de usar su Byakugan cuando se acercaran unos metros más, por lo que ella obedeció; cuando el equipo se cercioró de que estaban lo suficientemente cerca de la rubia, algo alertó a Akamaru.
—¿Qué dices? —cuestionó Kiba, sin embargo, cuando agudizó su sentido del olfato, sus ojos se abrieron con desmesura—. Hay más de un olor. Son tres personas.
—¿Estás seguro? —Ino, quien se había mantenido callada, tomó la palabra.
Kakashi miró a Hinata, indicando que comenzara a revisar la zona; ella accedió de inmediato y activó el Byakugan, mientras miraba a sus alrededores con suma atención. Al frente, no parecía haber ninguna presencia, a su izquierda tampoco. No obstante, cuando miró a su derecha, se quedó atónita. En efecto, no era una sola persona ni mucho menos era Temari.
—¿Qué pasa, Hinata? —se apresuró a preguntar la rubia cuando vio el rostro de su compañera deformarse—. ¿Qué fue lo que encontraste?
—Akatsuki.
Esa única palabra sirvió para que todos miraran en la misma dirección qurque Hyuuga, preparados para el inminente ataque. No hubo un solo movimiento durante los próximos minutos, algo que les pareció bastante extraño.
—Hinata —llamó Kakashi—. ¿Qué apariencia tienen esos sujetos?
La chica no tuvo tiempo de responder, sintió una presencia detrás de ella que la paralizó al instante. Mucho más cuando la persona la tomó del cuello con sus grandes manos y colocó una espada de gran tamaño sobre su cabeza.
Mientras tanto, Kakashi fue sorprendido por una patada que lo mandó a volar tres metros de distancia; Kiba e Ino sólo pudieron observarlo caer, el movimiento había sido tan rápido que no lograron observar al atacante. Fue entonces que enfocaron su atención en Hinata, que aún era aprisionada por aquel sujeto.
—¿Es ella? —inquirió, mirándola temblar.
—Es una de ellas, pero no la que nos interesa ahora.
La respuesta de su compañero provocó un escalofrío en Hinata. Ahora que lo observaba mejor, le recordaba a alguien... ¡Era tan obvio! Aquel sujeto de ojos aceitunados y grandes ojeras era casi idéntico al chico que Naruto buscaba desesperadamente, Uchiha Sasuke. El mismo hombre que había asesinado a su clan entero en tan sólo una noche y luego desapareció sin dejar rastro. No necesitaba conocerlo para darse cuenta de que él era el hermano de Sasuke.
Uchiha Itachi se encontraba ahí, a unos escasos veinte centímetros de ella, mirándola a los ojos con una profundidad que en cualquier momento podía traspasar la suya y averiguar sus más profundos secretos. Hinata incluso llegó a pensar que había activado su Sharingan, sin embargo, las pupilas del hombre seguían igual, tan oscuras y hermosas a su vista.
—No intentes nada —Itachi miró al de cabello plateado.
—O la niña se muere —Kisame terminó la frase.
Itachi había visto a Kakashi escabullirse entre los árboles, con la intención de llegar hasta sus espaldas y distraer al espadachín con un ataque sorpresa. Kakashi se detuvo en cuanto Kisame habló, no quería poner en peligro a Hinata. La seriedad con la que hablaban, le decía al Hatake que no era una simple advertencia y que, de no hacer lo que decían los Akatsuki, la chica sufriría.
El Uchiha se acercó a su compañero, susurrando unas palabras en su oído que fueron inteligibles para los demás; posteriormente, el espadachín fijó su vista en algún punto del bosque, sonriendo de lado al localizar su objetivo. Esa acción no pasó desapercibida para la chica de larga cabellera rubia, por lo que siguió con la mirada lo que sea que había captado la atención del Akatsuki.
Y lo encontró... Más bien, la encontró.
Ino se quedó en su lugar, sin poder creer lo que veía: Sabaku no Temari estaba ahí. De pie, a tan sólo unos escasos memetros de distancia; con una sonrisa burlona en su máximo esplendor, las manos en las caderas en una pose un tanto coqueta y la mirada fija en ella. La estaba retando, estaba segura.
Por su parte, Kakashi miraba con cautela a la rehén de ojos perla al frente suyo, formulando en su mente un sin fin de posibilidades para alejarla de los robustos brazos de Kisame y luchar limpiamente con Itachi. Era un alivio que el Uchiha aún no hubiera activado su Sharingan, pero a la vez era extraño. Ninguno de los Akatsuki daba indicios de iniciar una batalla en contra de ellos.
—Dejaremos esto para después —tras un momento de silencio, el renegado de Konoha habló.
Y así, miró a Kisame, quien de inmediato soltó a Hinata, captando las miradas recelosas e intrigadas de sus oponentes.
Cuando Kakashi se aseguró de que la chica de sangre Hyuuga estuvo lo suficientemente alejada del peligro, optó por lanzarse en un ataque, recubriendo su brazo con su chakra elemental del rayo.
Chidori.
El ataque dio contra el tronco de un árbol, que era el objeto más cercano a él, por lo menos un momento después de que los dos miembros de Akatsuki desaparecieran en una nube de humo y con ellos, el poder de su chakra del perímetro. Ni siquiera Kiba o Akamaru pudieron rastrear su olor.
Hinata tardó en reaccionar a la realidad. Sus pensamientos vagaban libres en lo que acababa de pasar, mejor dicho, en la persona que acababa de irse. Si bien, aquello había sido demasiado extraño por parte de los criminales de rango S, eso no era lo que inquietaba a la morena. Era él.
El hermano de Sasuke la había mirado con profundidad en demasía, tanto que a ella le fue imposible apartar la vista de sus ojos negros, que mantenían un deje de curiosidad sobre ella. Por un momento, quiso seguirlo y hacer lo que Sasuke deseaba, matarlo; además, era su deber hacerlo, el libro Bingo lo marcaba como uno de los criminales más peligrosos de la época y se tenían órdenes de asesinarle en cuanto se lo encontraran.
No quiso darle más vueltas al asunto. Por ahora la misión era encontrar a Temari, y quedándose pensando no haría que la encontraran. Miró a Kakashi, quien la había estado llamando un par de veces junto a su compañero Kiba; paseó su vista por los alrededores y se dio cuenta de la razón por la cual su equipo la llamaba con insistencia.
—¡Ino-chan!
—¿Hasta ahora te das cuenta? —regañó Kiba.
—Andando —dijo Kakashi, mientras comenzaba a caminar—. No debió ir muy lejos... Aunque tengo un mal presentimiento —esto último lo dijo en un susurro, por lo que ninguno de sus compañeros lo escuchó.
...
–2–
Ino saltaba a toda velocidad, a través de los frondosos árboles. Por más que se arrepintiera de haber dejado atrás a su equipo sin siquiera consultarlo, no podía flaquear ante su objetivo: Temari.
Después de haberla visto burlarse en silencio de ella, la rubia proveniente de Suna emprendió su huída, sin darle la oportunidad de reaccionar. Era por eso que la siguió sin pensarlo dos veces, su instinto la obligó a hacerlo. Esa mujer no se burlaría de nuevo de ella.
Sin embargo, había algo que la tenía con los nervios a flor de piel, y eso era el aterrador atuendo que Temari portaba: una larga capa negra con nubes rojas adornándola. Ino temía lo peor en cuanto la extraña actitud de la Sabaku no, pero, si ella había decidido unirse a Akatsuki por voluntad propia, ahora eso la convertía automáticamente en una criminal, y por lo tanto, en una enemiga. Así que no debía dudar, después de todo, con ella sí podía pelear mano a mano.
—Les dejo el resto a ustedes, chicos.
Sonrió. Sabía que sus compañeros eran personas en las que podía confiar, que ellos se harían cargo de la pareja de criminales, por lo tanto, ella debía ocuparse de Temari. Nadie mejor que ella podía llevarla a la aldea para comenzar con el interrogatorio y responder a las dudas planteadas desde su desaparición.
Aceleró su andar, acercándose cada vez más a la chica delante de ella. Lo raro era que, parecía que quería ser alcanzada, porque cada vez reducía su velocidad. Hasta que se detuvo y bajó del árbol en el que se quedó, haciendo que Ino la imitara.
—Es irónico —comenzó a hablar Temari—. Eres bastante parecida a uno de los miembros de Akatsuki. Presiento que se llevarán muy bien.
Enfatizó las dos últimas palabras, provocando en Ino un escalofrío involuntario, debido a lo rasposa que había sonado su voz. De por sí, su tono de voz era temerario y poco femenino, ahora era mucho peor.
—¿Eres parte de Akatsuki? —la de ojos azules no dudó en preguntar—. ¿Ellos te están obligando? ¿Te amenazan?
La mujer del abanico no pudo evitar soltar una sonora carcajada; cuando terminó de reír, escudriñó con la mirada su capa, la cual le llegaba hasta los tobillos y adentró una de sus manos en ella ante la atenta mirada de Ino; sacó un objeto y se lo mostró a la chica, dejándola con la boca entreabierta.
—E-eso quiere decir-
—¿Tú qué crees? —interrumpió a Ino, seria.
El objeto que Temari tenía entre sus manos era la banda de Suna que usualmente llevaba en la frente, con el símbolo rasgado por la mitad. Ahora que lo recordaba, Ino no la había visto con ninguna banda u objeto perteneciente a su aldea natal desde que la vio ese día. Inclusive su abanico no estaba con ella.
Aquello quería decir que Temari había desertado de Suna por voluntad propia, abandonando todo aquello que la atara a la aldea. Pero, ¿Por qué? Si mal no recordaba, ella era una de las personas que más quería ver caer a esa temida organización criminal. Asimismo, lucía un tanto diferente, no sabía en qué aspecto, pero esa mujer no era ni la sombra de aquella Temari, de la que Shikamaru hablaba tanto.
—¿Por qué? —las palabras salían de su boca por instinto—. ¿Por qué lo haces, ah? Todos te han estado buscando como locos, Shikamaru partió en tu búsqueda sin cesar desde que se enteró de tu desaparición, ¿es que acaso no te importa?
—Oh, ese idiota —habló Temari, con expresión aburrida—. Deja que te diga algo... Lo que hagan esas personas, me tiene sin cuidado. He decidido alejarme de ellos porque descubrí que todos son unos hipócritas, que sólo se preocupan por una cosa: ellos mismos —Ino no comprendía, su expresión lo indicaba. Temari continuó—: En Akatsuki las cosas son diferentes, fluyen como deberían hacerlo, viven con la libertad que todos deberíamos tener. Ahora comprendo las razones por las que son un grupo de mercenarios a los que todos quieren dar caza.
—¿Cuáles son esas razones? —cuestionó Ino, más relajada, pero aún alerta.
—Eso lo sabrás cuando vengas conmigo —la de ojos verdes sonrió de lado, mientras comenzaba a caminar hacia ella—. Y si no lo haces por las buenas, tendré que convencerte por las malas.
Dicho aquello, desabrochó su capa hasta la mitad y sacó del interior dor abanicos de tamaño promedio, mucho más pequeños que el que usualmente cargaba. Eso le dio mala espina a Ino, que sólo podía analizarla con la mirada. ¿De verdad, era esa mujer Temari?
No sólo había cambiado la apariencia de su cabello, que ahora lo mantenía atado a dos coletas y el flequillo hacia su lado derecho; sus labios pintados de un suave color carmín; la vestimenta debajo de la capa consistía en un top que descubría uno de sus hombros, a la altura del ombligo y shorts que apenas cubrían sus vendadas piernas. Su armamento también había cambiado drásticamente y la de ojos azules no quería imaginarse cómo había cambiado su habilidad con esos abanicos.
Tragó grueso, colocándose en posición de pelea. No iba a titubear ante la nueva imagen de su objetivo. No. Le demostraría que ella era igual de fuerte y que la vencería.
—Te haré la pregunta una sola vez —advirtió la ahora miembro de Akatsuki—. ¿Vienes conmigo sin la necesidad de pelear, o prefieres ir conmigo a la fuerza?
...
–3–
Se ubicaba en su laboratorio, fabricando un nuevo veneno que sobrepasara el anterior, el cual ya tenía un antídoto. Mezclaba con maestría cada uno de los ingredientes de raros colores dentro de un matraz y esperaba impaciente por las diferentes reacciones que tenían cuando entraban en contacto con el oxígeno. Bufó con frustración al no obtener el resultado que deseaba y anotó en un papel sus observaciones.
Se dejó caer en la silla detrás del escritorio de madera de roble, cansado de experimentar durante todo el día. La noche había hecho presencia desde hacía unas horas atrás y él ni siquiera se dio cuenta. Estaba tan ensimismado en su trabajo que no notó a la marioneta detrás de él: Hiruko.
Diablos.
Debía reparar esa marioneta lo antes posible. La idea de andar mostrando su verdadera identidad no le agradaba en lo más mínimo; sólo su abuela, los miembros de Akatsuki y la molesta chica de cabello rosado lo habían visto con su apariencia original y así deseaba que se quedara la situación. Temari, la nueva miembro, igual lo había conocido así, pero ella no importaba, estaba seguro de que ella ya no se acordaba de él.
Tenía tantas cosas en mente que eso le molestaba, él siempre había sido alguien ordenado y cuidadoso con sus actividades. Ahora se había convertido en un ser de mentalidad inestable y fracasado en cuanto a sus proyectos. Todo gracias a la chica que vio unos días atrás, con la que peleó a muerte y a pesar de eso, le salvó la vida.
Haruno... Haruno Sakura.
Esa mocosa -como él la llamaba- estaba presente en sus más recientes pensamientos, arañando la poca cordura que le quedaba; desde que la vio por primera vez, supo que se convertiría en un problema a la larga, que de no ser tratado, lo abochornaría en cada oportunidad que él tuviera libre.
Sí, era cierto que su color de cabello era bastante singular y podría catalogarse como una obra de arte, o que la voluntad que poseía parecía irreal, tanto que si era lo contrario, él mismo podría aprovechar para extraer cada parte de ella y convertirla en una pieza de arte eterno; no obstante, repudiaba el incesante pensamiento que ella tenía hacia la humanidad.
Cuando el fingía estar muerto y la chica le daba su sermón, pudo escuchar que veía en él algo más allá del odio y la ambición; lo perdonó, alegando que él era el primer oponente que veía arrepentirse en el último momento; y le dio las gracias por la información brindada de Orochimaru. Era una tonta. Bien le dejó claro que esa información era sólo un premio por haberlo derrotado.
—Maldita mocosa —gruñó, aumentando su frustración—. Debí haberte matado en ese momento.
Sasori se arrepentía enormemente de no haber hecho nada ese día. La dejó ir después de que que ella le retirara el veneno y limpiara la sangre, tanto de su núcleo, como de su rostro; la observó marcharse después de haber dicho que iría tras el hermano de Itachi, su compañero, y que esta vez no lo dejaría ir. Debió haber actuado en ese entonces, de esa manera, ahora la tendría en su colección de marionetas.
Pero no lo hizo. Y sabía la razón por la que desistió de esa idea.
Tal vez podía rescatar algo de aquella voluntad que la fémina poseía y hacer de esos sentimientos, algo eterno, que perdurara por el resto del tiempo. Esa mirada de determinación en sus ojos jade, era tan inocente que no se daba cuenta de que valía mucho. Tal vez le sacaría los ojos para conservar y atesorar esa virtud; y esa sonrisa triunfal cada vez que creía haber ganado, si bien, eso era algo efímero como el arte de Deidara, igual seguía siendo valioso al deleite del ojo humano.
Por último, su figura. Sasori había escudriñado con detalle cada parte del cuerpo de la pelirrosa, memorizando sus movimientos y reacciones. Aunque eso sonara bastante desquiciado, a él no le importaba, su delgada figura había captado su atención. Desde sus finos y delicados dedos con fuerza sobrehumana, hasta su espalda, que se erguía con miedo en reiteradas ocasiones, mucho más cuando él se acercaba.
Y ni hablar de sus caderas. Esa parte se había vuelto en su favorita para el pelirrojo y no era para menos, la había visto contornear sus caderas con lentitud cuando se alejaba de él, siendo un movimiento inconscientemente sensual, digno de llevarlo a su arte eterno. Sin duda alguna, esa niña se convertiría en su marioneta de belleza eterna.
Un sonido proveniente de la puerta, en conjunto con una voz grave lo sacaron de sus pensamientos. Alguien lo llamaba, pero él no estaba de humor para atender a nadie. Más sin embargo, no le gustaba ser esperado por nadie, así que se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta, abriéndola con pesar.
—Sasori-danna, tenemos a un nuevo miembro —Deidara le avisó con un tono jovial—. Es hora de-
—Ya lo sé —interrumpió molesto—. En cinco minutos estoy ahí.
Pero el rubio no se quedó conforme con aquella respuesta. Él sabía, o creía saber lo que pasaba por la mente de su compañero. Por más reservado que éste fuera con sus inquietudes y disgustos, a él no lo engañaba. Podía jurar que sus arrebatamientos se debían a la chica de cabello rosado.
—Pronto estará aquí. Y podrás experimentar con aquello que aseguras ser eterno —profesó con un toque de diversión en su voz—. Quizás por fin comprendas que el arte es efímero.
—Sabes que eso no pasará nunca —el pelirrojo afirmó con seguridad—. Así como lo que pienso de lo efímero.
—Eso es verdad.
Con esas palabras dejó solo al marionetista, que de nuevo cerró la puerta y se dirigió a su mesa de experimentos, donde antes había dejado los recipientes con sus venenos fallidos; los recogió y tiró, de nada le servía guardarlos cuando sabía que tenía a una oponente experta en antídotos.
Y ahí estaba ella de nuevo.
Maldecía cada segundo la existencia de aquella chiquilla entrometida, cada día que pasaba, se aferraba más a la idea de querer asesinarla, sacarle los órganos y meter dentro de ella un sin fin de armas letales. Todo con tal de que dejara de hablar y así él no pudiera escuchar su molesta y chillona voz.
Pese a que su mente divagaba en sus retorcidos planes, él se dirigió a la salida del laboratorio. No le gustaba que otros esperaran su presencia cuando era solicitada, por más que deseara no estar ahí, así como la paciencia no era una de sus virtudes. Después de todo, se trataba de la nueva miembro de la organización.
Con pasos lentos y acompasados, se encaminó a la sala en donde estaría la chica nueva, acompañada por Deidara y quizás el Uchiha y Pain o Konan. No le importaba, de igual manera él sólo iría a verla a ella, como era costumbre.
Efectivamente no se había equivocado. Ahí estaban ella, Deidara, Pain e Itachi, poniendo su atención en él. Frunció el ceño, odiaba ser observado sin discreción y mucho más cuando se trataba del portador del Sharingan. Se acercó a la chica que se hallaba a un lado de Pain en estado de inconsciencia; bufó, dándose cuenta al instante que era bastante parecida a su compañero rubio; lo miró de soslayo un momento para después fijar de nuevo su vista en ella.
—¡Es hermosa! —exclamó Deidara, captando la atención de los tres hombres—. Sólo espero que sus ojos sean azules. Me encantan los ojos azules.
Itachi suspiró y Sasori rodó los ojos, ambos hastiados por el comentario del rubio. Era evidente que a él le gustaban los ojos azules. Él mismo los tenía de ese color. El pelirrojo rogaba porque no se cumpliera el deseo de su compañero, de ser así, sería una versión femenina de él y ya tenía suficiente del artista de lo efímero.
—Será la compañera de Temari-san —informó Pain sin mirarlos—. Cuando despierte, quiero verla.
El de cabello naranja se retiró tras la frase dicha. Sasori la observó un momento más, estudiando sus facciones y las posibles opciones para trabajar con ella; dirigió su vista hacia Uchiha y éste sólo preguntó en silencio su duda.
—¿Cómo se llama?
—Yamanaka —respondió Itachi, volviendo su vista al frente—. Yamanaka Ino.
—Esperen un momento —Deidara se inmiscuyó en la casi nula y poco amigable conversación—. He escuchado hablar del clan Yamanaka, son psíquicos o algo así.
—En efecto —afirmó el Uchiha, apoyando los codos sobre sus rodillas—. Ella pertenece a un clan especializado en técnicas de control mental y que posee habilihabilidades sensoriales. Ten cuidado con ella —se dirigió a Sasori—. Podrías terminar en un juego mental.
—No cuestiones mi trabajo.
El siseo del marionetista fue lo último que se escuchó en la sala durante los próximos minutos. Ninguno de los tres hombres hablaba, provocando un tenso silencio que bien podía ser cortado con un cuchillo, pero parecía importarles poco. Cada uno estaba metido en sus propios pensamientos y así figuraban permanecer hasta que el pelirrojo terminara.
El tiempo transcurrió lentamente y tanto el rubio como el azabache comenzaban a desesperarse, mientras Sasori continuaba sin siquiera prestarles atención. Además den lo que estaba haciendo, se mantenía meditabundo. Algo en esa rubia le decía que sería una pieza primordial no sólo para la organización, sino para su beneficio propio. No le cabía duda de que esa mujer tenía un lazo con Haruno, únicamente tenía que averiguar de qué tipo era.
Cuando hubo terminado, se separó de ella, capturando las miradas de ambos hombres a su alrededor; de nuevo arrugó el entrecejo. Ser el centro de atención lo hartaba cada vez más.
No hubo ninguna pregunta ni palabra, solamente esperaban por alguna reacción que hiciera la Yamanaka para poder proseguir con la siguiente parte. Sasori fulminó al par con la mirada, dando a relucir su molestia por dudar de la calidad de su trabajo. Él era Akasuna no Sasori, no podía fallar o equivocarse.
Entonces Ino se movió lentamente y comenzó a abrir los párpados con lentitud bajo la atenta mirada de los hombres; se colocó un brazo sobre su rostro y parpadeó con fuerza, asimilando la tenue luz que se colaba en sus retinas; cuando lo hizo, miró a todos lados, tratando de identificar el lugar en el que se encontraba y los vio. Esos tres hombres, aunque muy apuestos, eran las personas más aterradoras que había visto en su vida.
—¿Dónde estoy?
Definitivamente eran los ojos más azules y hermosos que Deidara había visto.
...
–4–
Su entrenamiento llegaba a su fin y con él, un día menos en su estadía con aquel repugnante sujeto. Estaba por superarlo, podía jurarlo, y cuando eso sucediera, por fin sería libre de buscar a su hermano y cumplir con su venganza. Hasta había elegido ya a un equipo que le ayudara a facilitarle las cosas.
Sasuke se dirigió a su habitación con calma, aunque por dentro estuviera ansioso. Tan sólo unos cuantos entrenamientos más y mataría al que se hacía llamar su maestro, Orochimaru. La venganza cada vez la saboreaba más cercana y por ende, la victoria la veía más a su alcance. Nadie se interpondría en sus planes de asesinato, ni siquiera su antiguo equipo.
—Sasuke-kun —escuchó esa molesta voz a sus espaldas. Como odiaba ese sufijo—. Orochimaru-sama quiere verte. Ahora.
—Hmp.
El moreno se dio media vuelta y pasó por un costado de Kabuto, empujándolo a propósito con el hombro y alejándose en dirección a la habitación de Orochimaru. El hombre de los anteojos sólo se limitó a sonreír de lado, la actitud altanera y arrogante del Uchiha era algo difícil de tratar. Si no fuera porque era el futuro cuerpo de Orochimaru, ya habría tomado cartas en el asunto.
Mientras tanto, Sasuke meditaba su próxima jugada. No sólo en contra del Sannin o Itachi, sino también de lo que haría después de terminar sus asuntos pendientes; de una cosa estaba seguro: a Konoha no volvería. Si bien, era cierto que echaba de menos a sus antiguos compañeros -mucho más a su mejor amigo-, también era cierto que, después de haberse comportado como lo hizo, no tenía ningún derecho de volverlos a ver. Tampoco le era muy de su agrado.
No se dio cuenta de que había llegado un par de minutos atrás y se había quedado de pie frente a la puerta. Resopló con fastidio, Orochimaru no era una persona que le gustara ver, únicamente lo hacía por su entrenamiento en búsqueda de más poder. A él lo repudiaba casi tanto como a Itachi.
Abrió sin delicadeza y entró, encontrándose con él recostado en su cama; caminó hasta quedar frente al viperino hombre, esperando que dijera algo.
—Oh, Sasuke-kun. Has mejorado bastante.
—¿Qué quieres? —fue directo al grano. No deseaba quedarse más tiempo del necesario.
Orochimaru cerró los ojos mientras suspiraba; Sasuke lo miraba impaciente, sabiendo que no era su desempeño lo que el mayor quería reconocer, ni mucho menos era su mejoría el tema del que quería hablar. Comenzó a golpear el piso con la punta de su sandalia, produciendo un ruido molesto a los oídos.
—Como verás, estos días no he podido moverme gracias a tu amigo —explicó el mayor con simpleza—. Pero eso no quiere decir que no me doy cuenta de lo que pasa afuera.
—Dilo ya —espetó Sasuke, cada vez más molesto—. No estoy para tus indirectas.
Las comisuras de los labios de Orochimaru se ensancharon al punto de mostrar parte de sus dientes. Se estaba divirtiendo con la poca paciencia que tenía el Uchiha.
—¿A dónde fuiste hace un par de días? —cuestionó sin más—. ¿Acaso es esa niña la razón?
Sasuke pegó un respingo casi imperceptible, pero que no pasó desapercibido para Orochimaru; arrugó el entrecejo, cada vez más irritado. ¿Acaso se había atrevido a seguirlo, o mandado a su perro faldero a espiarlo? Estaba rebasando los límites de lo que podía hacer, y él no permitiría que ese psicópata lo volviera a hacer.
Orochimaru no era tonto, eso lo sabía bien. El Sannin no permitiría que por causa de alguien más, sus planes se vieran afectados en lo más mínimo, mucho menos si era de Konoha. Antes de eso, buscaría a cualquiera que perturbara la mente de su querido alumno para desaparecerlo.
Sin embargo, aquello era algo que lo tenía sin importancia. Su único objetivo era Itachi, por lo que no debía pensar en otros asuntos, como aquella mujer de ojos perlados; no se preocupaba en lo más mínimo lo que a ella le pasara ni se ocuparía en seguirla de nuevo. Aquello había sido solamente un impulso que no pensaba repetir.
Era verdad que al principio le llamó demasiado la atención el cambio físico que había sufrido la heredera del clan Hyuuga; lucía como toda una adolescente, hermosa, atractiva y tierna, como aún la recordaba; no obstante, seguía siendo la misma tonta enamorada de Naruto. Casi le recordaba a lo molesta que podía llegar a ser Sakura, con la única diferencia de que Hinata era bastante sumisa y tímida.
—¿Sasuke-kun?
—Eso es algo que a ti no te concierne —escupió, después del llamado de su interlocutor—. Y si es todo lo que querías decir, me largo.
—Tan arrogante como siempre —Sasuke no prestó atención a las palabras de Orochimaru, caminaba hacia la salida—. Me pregunto si así eres con la niña, ¿cómo se llamaba, Hiromi, Hana...?
—¿Qué rayos tratas de decir? —se estaba cansando de los juegos del mayor, así que al borde de la ira, se detuvo en seco.
El Sannin no respondió, sólo se limitó a observarlo con una expresión que denotaba liderazgo y victoria, algo que Sasuke detestaba. Maldijo por lo bajo al que se hacía llamar su mentor, ¿acaso creía que podía manipularlo con algo tan pobre como una chica? Que equivocado estaba, a esas alturas ya debía saber que Uchiha Sasuke no se dejaba intimidar por nada ni nadie, ni mucho menos que podían amenazarlo con otra persona. A él le daba igual quien vivía y quien moría.
—Sólo digamos que, me ha gustado esa niña.
¿Le estaba tomando el pelo? Porque si así era, había elegido la peor manera de hacerlo. No caería en su juego barato, pero si quería jugar, él también podía manipularlo a su antojo.
—Si tanto la quieres, te la puedo traer.
Pensándolo bien, ¿por qué desaprovechar esa oportunidad? No sólo conseguiría ganar, sino que también mataría a dos pájaros de un tiro. Admitía que tenía ganas de ver a aquella chica una vez más, para así terminar lo que tenía pensado. La última vez que intentó acercarse a ella, fue interrumpido por la mujer rubia que le dijo una cantidad de palabras que ni la propia Hinata comprendió, lo veía en su mirada de intriga.
—Eso sería perfecto.
Las palabras de Orochimaru lo incitaron a hacerlo desde ese momento. Sonrió, satisfecho con el objetivo temporal que ambos establecieron sin la necesidad de decirlo directamente. No le cabía duda de que se divertiría mucho al ver la expresión de Naruto cuando escuchara que la chica que lo amaba estaba con él. Ansiaba verlo tan patético como siempre.
Esta vez también le ganaría. A Naruto y a Orochimaru.
Y quizás Hinata hasta podría ayudarlo en la búsqueda de Itachi.
–To be continued–
Notas de autora:
Después de casi un mes sin actualizar a este bebé, me reporto con el segundo (o tercer) capítulo de esta historia. Sólo espero que no haya sido mucha la demora.
Como verán... ¡No se los dejaré tan fácil, fans SasuHina! *risa macabra* Mi bebé Ita-kun también luchará por la dulce Hinata, así que Sasuke sufrirá, mucho (amo hacerlo sufrir). Sí, sí, hasta ahora va ganando la pareja SasuHina y SasoSaku, pero eso no significa que esta linda escritora haya cerrado las votaciones o que vaya a ponerle drama a todo. Lo siento, pero me encanta llenar de drama hasta al drama XD.
Y bueno... ¡Sigan votando por su pareja favorita! ⭐
Aunque creo dejar oficial la pareja SasoSaku, quiero ver el mundo arder con los fans SasuHina. No me odien, también es mi pareja favorita, pero quiero verlos sufrir.
Agradezco infinitamente a las personas que se han tomado su tiempo y han votado y/o dejado su hermoso comentario:
CassioBlack, whatsername1, hina230, LyraG, AngelCaido13, SchrodingerThe7, Blossom Komatsu (mi favorita ewe), Lady Yuki, wendyl0327 & hinasweet.
También a todos los que han marcado esta historia en sus favoritos o la han puesto en Alerta. Sin todos ustedes, esto no sería lo mismo. Sigan comentando lo que les parece esta historia, me ayudarían mucho a mejorar como escritora.
Y respondiendo a hinasweet:
Me encantará leer tus historias. Amo el SasuHina y tener algo nuevo que leer me gustaría mucho. Puedes estar segura de que te dejaré un comentario de lo que me parecieron, porque, ¿qué clase de lectora sería si te prometo algo y no lo cumplo?
P.D: Sigan leyendo Pasión de Estocolmo, fic SasuHina ambientada en hechos reales. Si no la han leído, ¿qué esperan? 😉
Sin más que agregar, ¡Hasta la próxima! (\•3•)/
