The Two of Fire

—La guerra del fuego sagrado, ¡Cure Ignis! — gritó — Si das un paso más — dijo creando una bola de fuego con su mano derecha —, ¡sufrirás las consecuencias!

Ataviada en un extraño traje, Miya ya no era Miya. Había dejado paso a otra parte de ella, Cure Ignis, que, hasta el momento, no sabía que existía.

Su cabello ya no era aquella cabellera rubia oscura que le llegaba hasta la cintura, ahora era corto, recogido en una coleta que no llegaba mucho más allá de su nuca de largo; y no solo eso, también estaba teñido de un tono rojo fuerte, aunque las onduladas puntas de su coleta, atada con una cinta roja, y los cortos mechones que quedaban a ambos lados de su mismo flequillo iban degradándose hasta un tono más amarillo, imitando al fuego.

Su rostro había adquirido una apariencia más seria y madura que se complementaba con su repentino crecimiento de altura y el maquillaje, que hacía sus pestañas más largas, sus ojos y labios más brillantes y sus mejillas más sonrosadas. Además, contaba con unos pendientes amarillos en forma de rombo, ella, quien nunca había pensado en perforarse las orejas.

Por supuesto, ya no llevaba el uniforme escolar. Ahora tenía unas botas rojo granate con tacón y ligas trenzadas, aunque estaban más por decoración que utilidad, hasta por encima de su rodilla, con unas medias negras que apenas dejaban un palmo de piel al descubierto antes de llegar al borde la falda.

Su falda, así como su pelo, iba degradándose desde el rojo hasta el amarillo. Por la parte delantera, sus volantes llegaban justo por encima de las medias; mientras que, por la parte de atrás, los volantes caían en pico hasta un poco más debajo de la parte trasera de sus rodillas. Sobre esta, tenía un pequeño rombo amarillo en el centro, y desde esta gema hasta su cuello, un negro top pegado a su cuerpo que dejaba sus hombros al descubierto, en cuyo centro, a la altura del pecho, tenía un rombo dorado.

Sus brazos estaban decorados por unos finos brazaletes dorados en su mano izquierda, mientras que en su muñeca derecha tenía un extraño y pequeño brazalete rojo con forma de óvalo, rodeado por una gruesa línea blanca en los bordes y con un rombo dorado en el centro.

—¿Qué me ha pasado…? — susurró para sí misma mientras veía lo mucho que había cambiado su aspecto — Mi pelo… ¡¿M-mis orejas?!

—¡Te has transformado, pon! Lo sabía… ¡Sabía que eras una Pretty Cure, pon! — dijo el gato.

—Pretty Cure… Eso es lo que habías venido a buscar… — masculló Yuutsu — ¡Yuugu, destruye a la Pretty Cure!

El monstruo miró hacia la muchacha frente a ella y se preparó para darle un manotazo.

—¡Cure Ignis, salta ahora, pon!

La muchacha hizo caso y dio un salto. Sus piernas la elevaron por encima de la gran mole que había invocado Yuutsu y antes de que pudiese ser consciente de sus propios actos, cayó de pie sobre el monstruo, tirándolo al suelo con una fuerza que antes no tenía.

—¿Qué está pasándome…?

En cuanto el monstruo comenzó a moverse de nuevo, Ignis saltó de nuevo, aunque esta vez hacia atrás para alejarse del monstruo.

—¡Cure Ignis! Hemos hecho mal en atraerlo hacia el Distrito Comercial, ¡tienes que encargarte de él rápido antes de que alguien pueda resultar herido, pon!

—¡Entendido!

La muchacha corrió hacia el monstruo y cuando estuvo cerca de él, le dio un puñetazo, que llevó al monstruo a caerse hacia atrás, casi a punto de aplastar a Yuutsu.

—¡Maldita Pretty Cure! — masculló Yuutsu ocultándose en lo alto de un edificio — ¡Acaba de una vez con ella, Yuugu!

—Si utilizas tu brazalete podrás invocar poderes mágicos, pon. Pero antes tendrás que dejar más aturdido al monstruo — señaló el hada.

—Bien.

Ignis corrió de nuevo hacia él, cuando estuvo a unos pocos metros saltó hacia arriba para caer sobre el monstruo y herirle dándole una patada en el estómago.

A continuación, la muchacha elevó su brazo derecho.

—¡Brazalete del fuego! — lo bajó hasta la altura de sus ojos —. ¡Con el poder de Pretty Cure…! — dirigió su puño hacia el monstruo — ¡Yo te expulso, monstruo de la oscuridad! — la gema del brazalete comenzó a brillar — Pretty Cure, Ignis Shoot.

Una llamarada de fuego salió de la mano abierta de la guerrera que impactó directamente contra el monstruo, que apenas comenzaba a levantarse cuando las llamas le rodearon y comenzaron a desvanecerlo.

—¡Te has metido en el camino del King Dusk! — gritó Yuutsu, oculto en la ciudad —. Pero esto no se quedará así… ¡Serás castigada por tu insolencia!

Apenas unos segundos después, la transformación se deshizo, y con ella desapareció también el color gris que había invadido toda la ciudad, la cual volvió a la normalidad como si no hubiese ocurrido nada.

—Señorita, pon — dijo el gato —. Creo que sería buena idea buscar un sitio donde conversar. Supongo que tendrás preguntas, pon.

Miya tomó en sus brazos a Pon y caminaron hasta salir del Distrito Comercial.

—Te has convertido en una guerrera Pretty Cure de la luz, pon — dijo, en cuanto se encontraron a solas y en un entorno seguro.

—¿Qué se supone que significa eso…?

—Has sido destinada a convertirte en una guerrera que luche por la luz, pon — Miya hizo una mueca —. Las Pretty Cure llevan existiendo durante siglos, pon. Desde que el mundo es mundo ha habido innumerables guerras y conflictos, algunos llegan a su fin, pero otros no, como el de la luz y la oscuridad, pon. Siempre que la oscuridad ha querido invadir el mundo, la luz ha tenido que pelear, es por esto por lo que hace muchos siglos surgieron las Pretty Cure, pon. Ellas utilizan el poder de la luz para transformarse y evitar que la oscuridad nos gobierne. Y tú has sido escogida como una de ellas, pon.

—¿Por qué…? — empezó a hablar.

—No se sabe, pon. Simplemente ocurre. De momento y hasta que podamos derrotar finalmente a la oscuridad me temo que tendremos que seguir necesitando la ayuda de las Pretty Cure durante muchos siglos más, pon. Sin embargo… Hasta ahora solo nos habíamos enfrentado a pequeños fragmentos sueltos de la oscuridad, pero esta vez se han reunido todos en uno, bajo el nombre del King Dusk, pon. No sabemos quién es ni qué quiere, pero ha conseguido para su equipo a una persona importante de la realeza de mi reino, pon. Ahora nuestro Reino está sumido en la oscuridad por esta persona, que ha empezado a gobernar, pon. No sé qué ha sido de mis compañeros, del Rey, de la Reina ni del Príncipe… Sé que escapé y estoy aquí con la misión de encontraros a todas y entrenaros hasta que estéis lista para derrotar a la oscuridad, pon. Por eso necesitamos vuestra ayuda.

—¿Nuestra…? Hay más.

—Hay tres más, pon.

—Tres… Entonces somos cuatro.

—Una por cada elemento. Agua, viento, tierra y fuego, pon. Como los Templos Sagrados del Reino Arcana, pon.

—Pero el mundo es gigante, gatito. No sé cómo podremos encontrarlas…

—Pero todas están aquí, pon.

—¿En Japón?

—No, en esta ciudad, pon. Las Pretty Cure siempre están juntas, pon. ¡Miya, ayúdanos a encontrar a las Pretty Cure y derrotar al King Dusk y su séquito!