Disclaimer: Inuyasha no me pertenece, es propiedad de Rumiko Takahashi.

Notas de autor: Tercer capítulo, estoy tan feliz con este fic que nada va a amargarme...*mira su lista de tareas* olviden lo que dije. Este capítulo, es para la persona más dulce que puede haber... yo :D okno. Para Agatha (L, en serio muchas gracias por tu ayuda, Naraku me odia TwT. Y sé que tardé en escribirlo, pero aquí está siendo el más largo hasta ahora.

Advertencia: Universo Alterno y posible OoC.

杀生丸

Sentimental

杀生丸

Sesshômaru suspiró mientras cerraba los ojos y todavía así, con sus párpados completamente cerrados era capaz de apreciar el rítmico parpadeo de colores de las luces del enorme árbol de Navidad que ahora adornaba la sala.

Sin contar los villancicos que llevaban taladrando sus oídos toda la mañana y la mayor parte de la tarde.

Decir que estaba molesto no era verdad, le gustaba la sensación de hacer algo bueno por otro ser humano; más si hablaba de Rin, pero había algo sobre esa fecha que no le hacía posible cambiar su desagrado.

El tono de llamada en su teléfono celular le advirtió nuevamente que alguien estaba tratando de localizarlo, pero no era el que usaba Rin así que no contestaría. Si era Kagura prácticamente le recordaría todos sus antepasados antes de que él siquiera le soltara un seco "No me importa".

La puerta a punto de ser derrumbada hizo que el chico frunciera apenas unos segundos el ceño, aunque inmediatamente lo compuso levantándose para ver quien osaba molestarlo en aquellos momentos de relajación absoluta donde su novia no estaba alrededor con su parloteo navideño.

Y no, no le molestaba que Rin estuviera tan contenta puesto que era la primera vez que ambos estarían juntos en nochebuena y navidad. Además la conocía de sobra y la quería como tal, sino nunca habría aceptado algo como aquello.

—Sé que estás ahí, así que es mejor que abras la jodida puerta.

El de ojos dorados miró el objeto inanimado como si con eso pudiera borrarla y dejar de escuchar a aquel que decía llamarse su amigo.

—¿Podrías decirme al menos porque mandaste a esa niña? ¡Tenía planes!

«Como rascarte las bolas y dormir », pensó Sesshômaru.

En cuanto los ojos rojizos se encontraron con los suyos habló:

—¿Llorando porque Kagura no está contigo?

Naraku roló los ojos.

—Mientras más lejos esté mejor para mí. —Contestó restándole

importancia a su novia.

—Hasta que te den ganas.

—No cambies de tema, puedo demandarla por acoso —Naraku se sentó en el sofá sin la menor cortesía mientras colocaba los pies sobre la mesa de centro, tirando un pequeño oso polar de porcelana.

El dueño del apartamento lo miró casi a punto de asesinarlo con la mirada en tanto volvía a acomodar el adorno.

—No la obligué — fue la seca respuesta que salió del albino —, solo lo sugerí.

—Ella hace todo lo que quieres —Naraku le sonrió burlón —, como si fueras su dueño y le ordenaras.

Sesshômaru se limitó a mirarlo en silencio sin alguna emoción en sus facciones provocando que su amigo imitara el gesto aun sin perder su sonrisa. Aunque después de unos cuantos minutos gruñó.

—¿Eres algo así como una puta roca?

—¿A qué viniste, Naraku? No tengo tiempo que perder.

Y Sesshômaru lo entendió antes de que siquiera contestara: a joderle. Era uno de los talentos más desarrollados en el moreno de ojos carmesí y se incrementaba si es que quería vengarse de alguien. Así que, dedicándole una última mirada volvió a tomar el libro que había dejado en la mesa desde que aquella ola de alegría navideña en su novia hizo acto de presencia y se dispuso a leer.

—Sesshômaru.

La voz de Naraku se escuchó, pero el aludido no desvió la mirada de la página que leía. El moreno gruñó tomando uno de los cojines del sillón arrojándoselo en plena cara, pero sin inmutarse Sesshômaru levantó uno de sus brazos deteniendo el impacto.

—¿Qué tan infantil es eso?

Naraku le mostró el dedo medio con el ceño fruncido, no había nadie capaz de cabrearlo tanto como Sesshômaru, claro está que Kagura no contaba en esa lista dado que sus discusiones terminaban en un solo lugar y ni completamente borracho se le ocurriría intentarlo con el albino.

—¡Ya llegue!

La voz de Rin se escuchó incluso antes de que ella abriera la puerta con un montón de bolsas en sus brazos, parpadeó confundida cuando notó a Naraku sentado en la sala. Miró a Sesshômaru con sorpresa.

«Sólo ignóralo» parecían decir los ojos dorados.

—Hola Naraku.

—Enana.

Rin frunció el ceño pero no agregó más en tanto se dirigía a la cocina para dejar las bolsas con todos los ingredientes para la cena de Navidad, espió muy apenas hacia la sala dándose cuenta que ningún chico estaba hablando.

Tomó su celular mandando un mensaje, necesitaba urgentemente a Kagura. Esperaba que hubiera encontrado estacionamiento ya y estuviera subiendo o aquello sería una tortura.

La pelinegra regresó a la sala donde su novio se encontraba ignorando a Naraku de una manera que necesitaba un reconocimiento. Ahora que lo pensaba, ¿cómo esos dos, siendo tan diferentes habían llegado a entablar una amistad de años?

—¿Que tal te fue?— Preguntó Sesshômaru levantando apenas los ojos de su lectura, Rin entendió eso como una invitación para sentarse a su lado por lo que fue de inmediato acomodandose.

—¡Muy bien! — le sonrió luminosamente con sus ojos marrones brillando de emoción—, encontré todo lo que estaba buscando. Además nos divertimos bastante, tenías razón en que Kagura sería una buena compañía.

Naraku tosió llamando la atención de los tórtolos.

—Me alegra tanto— ironizó el moreno en dirección de la chica— tanto, que la compañía de Kagura te haya resultado tan satisfactoria.

—Si, gracias por dejarla acompañarme a pesar de que tenían planes— Rin no le prestó atención al mar humor del amigo de su novio, vivía en su propio mundo feliz donde nadie podía enojarse, además Kagura le había dicho que no había problema si la acompañaba ¿por qué Naraku estaría molesto con ella? —, ¿te quedarás a cenar? Kagura viene en camino.

—No hay mejor compañía que la de ustedes.

—La puerta es grande, puedes irte sin problemas— Sesshômaru colocó uno de sus brazos alrededor de la cintura de Rin con pose defensiva.

Estaba bien que Naraku se metiera lo que quisiera con él, no con ella. Definitivamente no iba a permitírselo.

—Te dejo sólo un rato y ya estas atormentando a pobres almas inocentes.— Kagura abrió la puerta que Rin había dejado sin seguro para ella notando de inmediato el ambiente de macho alfa defendiendo su territorio que tenía Sesshômaru.

—Pasa querida, siempre es bueno verte. —Naraku le sonrió con ironía a lo que la aludida le roló los ojos.

—Quisiera poder decir lo mismo.

Sesshômaru miró a ambos luchando con las ganas de decirles muy amablemente que se fueran a la mierda y lo dejarán descansar.

—¿Café?— preguntó Rin a punto de incorporarse, pero la pareja invitada negó.

La más chica de la sala miró a su alrededor después de un rato donde nadie decía nada, Naraku y Kagura parecían muy interesados en mandarse miradas de desagrado en tanto Sesshômaru seguía leyendo como si se encontrara solo.

—¿Como se conocieron?

Los tres se miraron a los ojos largo y tendido ante la pregunta llena de curiosidad de Rin, pero fue Kagura la que sonrió mostrando sus blancos dientes.

—En Navidad.

—¿Por eso la odias?— preguntó Rin mirando directamente a Sesshômaru, haciendo que en sus labios el fantasma de una sonrisa apareciera unos segundos.

—Él no sería capaz de vivir sin conocerme— Naraku dijo cepillando su largo cabello rizado—, pero nunca lo admitirá.

Kagura se encargó de darle un golpe con un cojín en la cara en lugar del chico de ojos dorados, por lo que su novio se encargó de darle un pellizco en el trasero.

—¡Hijo de puta!—la chica volvió a golpearlo alejando su cuerpo del alcance de las manos de tentáculo de Naraku.

—Fue cuando teníamos seis años.— Sesshômaru contestó mirando directamente a los ojos de Rin, dejando que la otra pareja se malmatara en el sofá frente a ambos—. Naraku le gritaba algo como ¿y a ti quién te dijo que me gusta la maldita navidad? A Kagura mientras vestía un ridículo traje de reno con lepra y ella se reía de él.

Rin empezó a reírse al imaginar al imponente abogado más reconocido de Japón vestido de reno a sus -esperaba- tiernos seis años, expectante ante la parte de historia que faltaba.

—¡Tú también ibas vestido!— Naraku detenía a Kagura con sus rodillas en tanto cuidada las manos de la chica que casi parecía estarle gruñendo—, eras el Grinch.

La menor vio a su novio ante esa revelación, empezaba a entender exactamente de donde venía el odio a esas fechas. Si Sesshômaru era el Grinch, sólo podía significar que Inuyasha su medio hermano, había sido el beneficiado en la repartición de trajes por parte de su madrastra.

—Kagura terminó dándole una paliza muy buena— Sesshômaru continuó su historia como si nada hubiera pasado; había sido capaz de ver que Rin empezaba a comprender cosas que no veía el caso explicar—, justo como ahora.

—Entonces su amor a durado tanto tiempo, ¡eso es tan tierno!— Rin soltó un chillido que se ganó la mirada llena de sorpresa de ambos, cuando Naraku y Kagura se vieron a los ojos se separaron con notoria molestia en sus facciones.

—Debo irme— dijeron al unísono dirigiéndose a la puerta, antes de que cualquiera de ellos se fuera Rin los detuvo de súbito con una ancha sonrisa en sus facciones. Sesshômaru sonrió apenas cuando se dio cuenta que habían caído en la trampa que su dulce e inocente novia les había tendido.

—¡Hay un muérdago sobre ustedes! ¡Estarán juntos eternamente!

—Primero muerta

—Eso se puede arreglar.

杀生丸

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras: "como manosearme la teta y salir corriendo."

Espero les haya gustado el capítulo, ¡nos leemos! :D

Hayden