Naruto le pertenece a Sasuke, Sasuke le pertenece a Naruto, ellos le pertenecen a Kishimoto y la historia pertenece a sus autoras, Em Hatake y Manzanita Roja.
La publicación de este fanfiction es con la intención de publicitar la página web que tenemos en mente para la publicación de escritos del fandom. Les agradeceríamos infinitamente que antes de comenzar con la lectura, echen un breve vistazo a nuestro perfil.
Les recordamos que este es el tercero de cuatro capítulos que hemos hecho especialmente para nuestra futura web, por ello es que somos tan insistentes con el tema del perfil. Esperamos sus recomendaciones.
Alea iacta est
Capítulo III
Cargo de conciencia.
Naruto no solía de ésos porque casi siempre solía regir bajo sus propias normas sociales y morales, por lo tanto, no solía cometer faltas a su código de forma frecuente. Pero si había algo en su guía que era imperdonable, eso era la traición. Y justo en ese momento, donde tenía a Orochimaru y su socio Kabuto frente a él, sentía que estaba traicionando la confianza que Sasuke tenía en él.
—Señor Uzumaki —le llamó el anciano—. Es necesario que firme sobre esta línea —le indicó una fina línea al final de la hoja—, y su huella digital al lado.
Y entonces comenzaron las dudas. Aunque estaba enojado con el otro por aprovecharse de sus debilidades carnales, sabía que le había advertido constantemente que esas promesas tan suculentas que ofrecía el contrato de inversión tenían un cincuenta por ciento de posibilidades de ser malas noticias para el futuro.
Pero a Naruto le gustaba pensar en el otro cincuenta por ciento: el positivo, donde él podría triplicar esa cantidad y volverse socio activo de la empresa.
Dejándose llevar por ese pensamiento, untó su pulgar en la tinta negra y lo pegó con fuerza en el papel, todo bajo la atenta mirada de ambos hombres. Dejó puesta su firma y número de identificación al costado tal y como se indicaba y les entregó el contrato luego de limpiarse con una toalla húmeda su dedo ennegrecido.
—Está haciendo lo correcto — le dijo Yakushi palmeando su hombro.
—Lo sé —respondió, pero en el fondo no se sentía muy seguro de haberlo hecho.
La misma sensación inquietante le acompañó hasta su casa, donde encontró a Sasuke encima de un banquito, refunfuñando en la esquina de la cocina donde solía guardar sus reservas de ramen instantáneo. La sensación de culpa se intensificó cuando comenzó a analizar el cuerpo del moreno y de cómo se había entregado a él con tanta pasión la última vez que le vio desnudo.
Sacudió la cabeza, intentando alejar los recuerdos de su mente. Se suponía que estaban enojados, debía comportarse como tal. Dispuesto a largarse a su habitación sin saludar, se volteó en silencio hacia el pasillo con intenciones de encerrarse en su habitación.
—¿A qué has salido?
Mierda, cada día que pasaba se sentía un idiota por subestimar la capacidad del otro para percatarse de todo lo que pasaba. Volvió sobre sus talones para encontrarse con los ojos negros mirándole desde la alacena con curiosidad.
—He ido a mi última reunión con Orochimaru.
Bajó la mirada a instante. Estaba feliz porque él sabía que su situación económica prosperaría poniendo su dinero en manos de un experto, pero aún así, no quería ver la mirada de decepción en los ojos de Sasuke. No podría soportarlo, no después de todo lo que había pasado.
—Por tu cara puedo ver que has acabado haciéndome caso —alzó la vista, confundido, viendo cómo el otro terminaba de sacar envases de ramen del mueble—. Ya encontrarás otra forma de salir adelante.
—¿De qué estás hablando? —volvió a sentir la otra mirada sobre sí, tan curiosa como la suya propia—. He ido a cerrar el negocio. Está hecho.
Sabía que pasaría. Vio al chico bajarse del banquito de madera y dejarlo guardado en otro mueble. En silencio, se movió a través de la cocina para llenar un vaso con agua y salir de ella pasando por el lado suyo sin siquiera dedicarle una mirada. Supo entonces que por dentro Sasuke estaba enojado.
—¿No dirás nada?
—Los vasos de tu asquerosa comida están caducados. Deberías revisar lo que tienes de vez en cuando.
Y dicho aquello, cerró la puerta de su habitación con tanta fuerza que Naruto creyó que se le habían soltado las bisagras.
Olvidando el estúpido, y para él inservible sentimiento de culpabilidad, se dirigió a pisotones hacia la habitación de Sasuke. ¡Nadie, ni siquiera ese estúpido niñato le gritaría así y menos en su casa! Le parecía increíble que alguien a quien apenas conocía hace pocos meses pudiese intentar intervenir en las decisiones que él tomaba con respecto a su trabajo. Aunque en el fondo, debía admitir que le gustaba un poco que se preocuparan por él.
No era por el hecho de que fuese Sasuke.
—¡Abre la puerta! —golpeo con fuerza la madera, notando que Sasuke había puesto llave—. ¡Abre!
—¡No! —escuchó desde adentro— ¿De qué me sirve cuidarte si te pasarás mis consejos por el culo? Mejor ni me hables, idiota, que luego no quiero que me hagas responsable por perderlo todo.
—¡Nadie pidió tu ayuda!
Volvió a golpear la fuerza con frustración y cada vez más fuerte. Tenía la capacidad de sacarlo de sus casillas, eso sí era seguro.
Pegó un salto hacia atrás, enojado y sorprendido, cuando la cara roja de Sasuke se asomó por la rendija de la puerta. Parecía que estaba casi tan enfurecido con él, pero no lograba entender por qué creía que tenía el derecho de estar enojar. ¡Si era problema de él, no suyo!
—¿Quieres, por favor, dejar de golpear como un animal? —le dijo con fastidio—. Harás un hoyo en la puerta.
—¡Y una mierda que haré un hoyo!
De un empujón metió al universitario dentro de la habitación, y acto seguido él también lo hizo. Se paseó por la habitación como león enjaulado, sin saber verdaderamente por qué se había metido. La habitación estaba impregnada en el olor de Sasuke, y debía admitir que era un olor agradable, quizás demasiado para su gusto. Incluso había logrado calmarse un poco gracias al cómodo aroma. Detuvo su caminata alterada por la habitación bajo la intensa mirada negra sobre él.
Sasuke puso una de sus manos sobre sus caderas, expectante por un nuevo arranque de enojo, pero no sucedió. Naruto se quedó mirándole desde ese punto fijo, bastante cerca de él, casi lo suficiente como para sentir el calor de la furia que había recorrido su cuerpo. No sabía que hacer enojar al rubio fuese tan fácil, y menos que se le quitara en tan poco tiempo
—No te entiendo —dijo Naruto de pronto—. No entiendo por qué eres tú quien se preocupa...
—No quiero irme de aquí.
No sabía cómo sentirse al respecto, pero sin saber muy bien por qué, él también quería decirle que no quería que fuera, que no iba a pasar nada y que todo estaría bien. La emoción aleatoria de la furia volvió a su cuerpo al sentirse incapaz de retener a Sasuke en casa. Golpeó la estantería detrás suyo con impotencia, provocando la caída de varios objetos entre sus pies. Le pidió disculpas a Sasuke con la mirada por el desastre, pero los ojos del otro estaban anclados en un punto fijo en el suelo y sus mejillas tenían una tonalidad rojiza. El bicho de la curiosidad le picó, siguiendo la trayectoria de la mirada del otro cercana a sus pies.
Al principio pensó que se trataba de un envase de pasta de dientes, pero cuando leyó el nombre del contenido desechó enseguida su pensamiento inocente.
—¿Lubricante? —preguntó más para sí mismo
El tubo que lo contenía estaba arrugado y claramente había sido ocupado con anterioridad. Sus ojos desorbitados viajaron desde el objeto entre ambos y los ojos de Sasuke que le miraban sin ninguna pizca de vergüenza.
¿Lo estaba usando él solo? ¿Lo estaría usando con alguien más? ¿Es que acaso Sasuke tenía pareja y no se lo había comentado? Su cara iba perdiendo color a medida que sus cuestionamientos aumentaban. No podía creer que después de todas las ayudas que entre ambos se habían brindado viviendo bajo el mismo techo, el moreno decidiera guardar ese tipo de secretos con él. No era justo.
—Estás pálido —comentó Sasuke, quien poco después se arrepintió al ver la mirada acuosa del otro perdida en el objeto.
Mentiría si dijera que no se sentía traicionado. No sabía de dónde había tenido la idea de que Sasuke tenía un ligero interés en él.
—Has traído gente a casa, ¿no es así?
La voz trémula le hizo estremecerse. Cualquiera fuese la idea que estaba cruzando por la cabeza del Uzumaki, estaba errada. Se quedó ahí parado, analizando lo que había querido decir con esas palabras. ¿Acaso le estaba diciendo indirectamente que él era un tipo que se revolcaba con cualquiera?
Vale, ahora ya no sentía lástima por Naruto.
—No he traído a nadie —gruñó. Se agachó para recoger el lubricante que Naruto miraba desahuciado—. Esas cosas que piensas de mí... —murmuró—, lamento decirte que no son ciertas. Yo no soy así. —Colocó el objeto en su lugar de origen y se volvió hacia el rubio, que seguía evitando su mirada—. Pero más lamento que seas un capullo.
Naruto sabía que decía cosas sin pensar, pero era difícil para él conocer a Sasuke si éste no le decía nada. Ahora sí se sentía como un reverendo idiota y no podía hacer nada por remediarlo. En el fondo sabía que Sasuke se había comportado como un buen inquilino, y para qué negarlo, también le gustaba su personalidad aunque fuese sombría y algo molesta a veces.
No había que ser un genio para saber que la había cagado.
—Oye...
—Da igual —le interrumpió el moreno, que se estaba poniendo la chaqueta y buscaba las llaves encima de su mesita de noche—. No sé a qué hora vuelva.
Le observó abrir la puerta y cerrarla cuando hubo salido.
Se quedó ahí, en medio de la habitación de Sasuke, con los últimos rayos del sol colarse a través del visillo y el olor del cuerpo ausente. Incluso sentía que la alfombra le estaba juzgando por haber sido un animal a la hora de incriminar a su compañero de piso.
¡Sí, merecía la medalla al más idiota de todos los tiempos!
Pasaron varias horas en las cuales no supo dónde estaba su inquilino, pero su mente le recordaba una y otra que ése era el propósito, después de todo: no quería que supiese dónde se encontraba ni que tampoco se esforzara en buscarlo. El mensaje que indicaba que Sasuke había apagado su teléfono era una clara señal de aquello.
Había intentado distraerse con lo que había podido. Había cambiado de canal repetidas veces, dándole vueltas a la programación del cable por lo menos unas cinco veces. También había intentado poner la radio y distraerse con algo de buena música, pero todas estaban tocando esa música moderna que tanto detestaba. Incluso se había sentado frente a la computadora y había abierto el facebook, cosa que rara vez hacía, y había aceptado una de las miles de invitaciones al candy crush que tenía dentro de sus solicitudes, pero lamentablemente el juego se le había antojado demasiado aburrido después de llegar al tercer nivel.
No, no había nada que pudiese distraerlo.
Hundió los dedos entre sus cabellos y se dejó caer sobre el sofá que tantas veces había compartido con Sasuke. Gruñó quedamente, ocultado su rostro entre los cojines. Se le hizo gracioso el recuerdo de que en su última ruptura amorosa, había hecho exactamente lo mismo: se había dejado caer sobre el mueble y se había lamentado repetidamente por lo idiota que había sido. La única diferencia era que él no había roto con Sasuke, porque no eran nada.
Pero un rinconcito de su mente, uno muy molesto, le gritó que a él le hubiese gustado que sí.
Últimamente su sexualidad se había visto cruelmente atacada por sus constantes pensamientos y sonrojos cuando el moreno estaba cerca o era mencionado. Y no es que él fuese algo así como un heterocurioso, pero ahora empezaba a ver las cosas de forma distinta sabiendo que había un gay bajo su techo, el cual era más atractivo de lo que hubiese pensado —había dejado en constancia que aquél era un pensamiento objetivo—, y que claramente a él le estaba causando estragos con su tortuosa vida emocional.
Vale, dejando todos esos ataques de hombría de lado... quizás le gustaba un poco Sasuke.
Volviendo a taparse la cara, profirió un nada masculino grito contra el almohadón, liberando todas las sensaciones que le causaba renunciar a todas las vaginas del mundo por salchicha. El sólo pensarlo hacía que se pusieran de punta los pelos de la nuca.
¿A quién quería engañar? Incluso había tenido sexo con él. Y que los dioses le perdonaran, pero había sido el mejor polvo de toda su vida. Incluso había logrado pillarle el gustillo a esa guarrada que suponía el meterse los dedos por un agujero del cual se suponía que todo debía salir y nada debía entrar, según su anterior filosofía de vida.
Un suspiro abandonó sus labios cuando rememoró la imagen de Sasuke bajo su cuerpo, disfrutado el sexo tanto como él lo estaba haciendo. Cualquier persona se habría mostrado prejuiciosa ante tal imagen de un supuesto heterosexual con un hombre que gustaba de tener pollas enormes metidas en el culo.
No había pensado en eso.
La primera vez que vio a Sasuke en su máximo estado de intimidad con aquél enorme aparato que simulaba un pene, se había impresionado por el diámetro y la longitud de éste. Calculaba que más o menos debía haber medido unos veinticinco centímetros, cosa que en aquellos momentos de ocio analítico le caía como patada en el estómago. Él no era precisamente un tío de gigantescos atributos, pero siempre había llevado con el pecho inflado unos orgullosos dieciocho centímetros a cuestas.
Sin embargo, aquello sólo le dejaba preocupado en esos momentos. Quizás al chico le gustaban más grandes y gruesas, y no tan normales como la suya. El hecho de que Sasuke fuese un goloso era un tema que le preocupaba y le excitaba a la vez.
Gruñó, enojado por no poder liberar su mente del chico. Estaba cansado de pensar en él todo el día, todos los días.
Prendió la televisión nuevamente. Ya eran las diez cuando hubo terminado de dar vueltas con respecto al mismo tema y aún seguía sin saber nada de Sasuke. Nunca te llama cuando sale, le dijo una vocecilla dentro suyo, ¿qué te hace pensar que lo hará ahora?. Naruto tuvo que reconocer que ese era un buen punto, y de vuelta otra vez a su estado de ansiedad, comenzó una nueva trayectoria de zapping, acabando en el canal de las noticias.
Era un reportaje que no le había llamado la atención hasta que se había nombrado el parque donde el susodicho solía dar sus paseos nocturnos. Trataba de una investigación sobre los múltiples homicidios que se llevaban a cabo en el lugar a altas horas de la madrugada, donde se llenaba de gente con una historia criminal muy sucia. Sus ojos se iban abriendo cada vez más conforme mostraban las imágenes tomadas de las cámaras de seguridad, mostrando cómo un grupo de antisociales enterraba el cuerpo de una persona en uno de los lugares cerca del pequeño lago artificial que había por ahí.
Instintivamente recordó todas las conversaciones que había tenido con él, y la descripción del parque. Sasuke solía pasear cerca de la escena que estaban mostrando en televisión con el tipo cortado en pedacitos dentro de una bolsa de basura.
Su imaginación le llevó a ver la cabeza de Sasuke flotando por encima del lago mientras él daba un paseo con un perro imaginario. Perturbador.
Sin pensárselo dos veces, buscó su chaqueta, se la puso al revés —no tenía tiempo de fijarse en detalles—, y cogió las llaves a toda velocidad. Apenas bajó y se dio cuenta de que no llevaba las llaves del carro encima, salió corriendo a toda velocidad en dirección al famoso parque. Agradeció interiormente que no vivía tan lejos de él como para gastar tiempo de más.
Apenas hubo entrado al pequeño laberinto de arbustos que tenía como vestíbulo, miró el mapa del sitio. Él no conocía lo suficientemente bien el parque, pero sabía más o menos cómo llegar al lago. Volvió a tomar velocidad a través del tierral hecho camino, aún sin tener la seguridad de que Sasuke estuviese en ese lugar.
Un suspiro mezclado con alivio y cansancio salió de sus pulmones cuando divisó la figura de quien buscaba, sentado en una de las bancas, con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y su aliento saliendo en forma de vapor de su boca. La extensa banca no era ocupada por otra persona a parte de él.
Ahora que lo pensaba, había sido un paranoico. Sasuke podía cuidarse solo.
Sonrió para sí mismo con burla y metió las manos dentro de sus bolsillos al sentirlas heladas con las bajas temperaturas de la noche. Reconocía que había enceguecido ante la posibilidad de perder al Uchiha, y eso le hacía sentir estúpido, pero aún así, sentía que una gran revelación se abría ante sus ojos: no iba a ignorar que un sentimiento cálido se había alojado en su pecho, al darse cuenta de que la atracción que sentía por el otro era demasiado real como para ignorarla de nuevo.
Su sonrisa no cedió cuando la cabeza de Sasuke se volteó en su dirección y se ganó una mirada de desprecio que sabía que no era gratuita.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó cuando se hubo aproximado para sentarse junto a él.
—La pregunta es tan idiota como tú —gruñó Sasuke, volteando su cabeza hacia otro lado con enojo—. No estás en buena posición para hacer preguntas.
—¿Aún estás enojado? —otra pregunta idiota, pudo suponer que cruzaba por la mente del otro cuando le vio en posición de levantarse—. Lo siento.
—¿De qué te disculpas? —Sasuke se volvió a mirarle con los ojos estrechos, bastante cabreado—. ¿Te diste cuenta que tu cerebro trabaja más lento que tu boca?
—No estoy orgulloso de eso, ¿sí? —dijo, picado por el insulto—. Vine a salvar tu culo grande y gordo de asesinos seriales, o de que vendan tus vísceras en el mercado negro, ¿vale? Ahora compórtate como un chico grande y vámonos a casa.
—¿De qué demonios estás hablando?
—Da igual —respondió, recordando que Sasuke no sabía nada de lo que había visto en televisión—. Vamos, perdóname. He sido el capullo más grande hoy, no hagas que me sienta peor.
Exhaló frustrado. Naruto, de alguna forma, lograba mitigar su enojo con un par de palabras sinceras y uno que otro pestañeo arrepentido. Sabía que lo sentía, pero él también tenía ganas de hacerle sufrir aunque fuese un poco.
A la mierda, hacía tanto frío que sentía los cojones arrugados como pasas dentro de los calzoncillos.
Se levantó con elegancia del asiento, no queriendo observar la gloriosa sonrisa que seguramente estaría esbozando el molesto Uzumaki al haber logrado su cometido.
—Volvamos —sentenció. Naruto se puso de pie junto a él, comenzando a caminar en dirección opuesta al apartamento—. ¿Dónde se supone que vas, imbécil?
—Te invitaré un café... bastardo —le sonrió—. Hay que celebrar que estamos bien.
Alzó una ceja ante la alegría injustificada del rubio. Ellos solían pelearse y reconciliarse fácil, no veía por qué esta vez sería una razón para celebrarlo. Se encogió de hombros, dispuesto a seguir su camino hacia la cafetería que estaría cruzando el parque.
—Una cosa más —dijo con gravedad, haciendo que Naruto se volteara preocupado—. Mi culo no es gordo.
—Podría haber sido un lugar más decente...
—¡Eh! Son tiempos difíciles, ¿recuerdas?
Sasuke gruñó algo parecido a "tacaño", pero lejos de sentirse ofendido, Naruto le regaló una sonrisa. Sabía que el lugar no era un sitio de lujo, pero era lo único que se encontraba abierto a esas horas de la noche, y además, el único que era accesible según lo indicaba su billetera.
Sacó su móvil, y a pesar de que era para ver la hora, ni siquiera le prestó atención cuando observó que Sasuke hacía lo mismo con su propio aparato, pero no para hacer lo mismo que él pretendía. Alzó una ceja confundida cuando sintió un suave "click" que provenía de la cámara del aparato.
—¿Qué haces? —le preguntó curioso, al ver que Sasuke seguía presionando la pantalla táctil de su teléfono.
—Te acabo de fotografiar, ¿no es obvio? —Alzó una ceja, pidiéndole una respuesta más completa—. Es para cuando me llames.
—Ah.
Ambos recibieron sus respectivos cafés cuando llegó la agradable muchacha que los atendía. Claramente era el típico café que se conseguía en algún tarro del supermercado, pero agradeció internamente que Sasuke no hiciese ningún comentario al respecto de lo pobre que lucía.
Aún con el móvil en mano, pensó que también estaría bien tener una fotografía de Sasuke para sí. Es decir, no había ningún problema, ¿no? El hecho de que le gustase un poquito el moreno no tenía nada que ver. Era simplemente para no perder el tiempo viendo quién llamaba cuando estuviese manejando.
—Sonríe —le dijo, haciendo que fuese el turno de Sasuke de alzar una ceja cuando enfocó el cámara frente a su cara—. Vamos, no seas amargado.
—No voy a sonreír, imbécil.
—Bien — le dijo, y tomó la foto de todas formas. La imagen de Sasuke mirando hacia otro lado mientras bebía café se congeló en la pantalla—. Te guardaré con esa cara de frígido que te cargas.
—Bromea con eso todo lo que quieras, pero tú y yo sabemos que no es así.
Naruto bajó el móvil, rojo de vergüenza mientras Sasuke le veía con total naturalidad. Claro, para el otro era fácil tocar ese tema debido a su naturaleza de bujarrón, pero para él, que recién estaba entrando a ese mundo desconocido (bueno, ya no tanto, se dijo), era un poco más complicado acostumbrarse a hablar de ello.
Se aclaró la garganta y bebió algo de café. Sasuke no paraba de mirar el aparato entre sus manos como si estuviese perdido en ello. En un acto de repentina bondad (o estupidez), le estiró el teléfono para que mirase lo que tenía que mirar. El chico aceptó de inmediato el ofrecimiento, y tras presionar unas cuantas teclas, sonrió satisfecho y le devolvió el objeto. La curiosidad le obligó a mirar al instante lo que se traía el chico entre manos.
Una sonrisa encantada estuvo a punto de salírsele de los labios, pero supo contenerse con cierta dificultad.
—¿No es algo egocéntrico de tu parte?
—Hn.
Sonrió al ver el ligero rosa en las mejillas de Sasuke y volvió su vista hacia el nuevo fondo de pantalla que tenía en su móvil, donde se encontraba la fotografía que acababa de sacarle a su acompañante. Agradeció internamente que el otro hubiese tomado la iniciativa de hacerlo, porque para él habría sido demasiado vergonzoso.
Pasaron el resto de los minutos en un cómodo silencio, escuchando la música ambiental que ponía el pequeño café por esas horas. Bebieron su café con calma, recuperando la temperatura normal de sus cuerpos luego de haber sufrido por aquél frío salvaje hacía afuera.
Cuando ambos acordaron en silencio que era hora de partir, Naruto se levantó rápidamente de la mesa para dirigirse a la caja para pagar. Sasuke le siguió en silencio.
—¿No preferirías que pagase yo ésta vez? —preguntó detrás suyo—. Para que dejes de quejarte de tu pobreza, para variar.
—No seas pesado —le reclamó.
La cajera no tardó en arribar su puesto, preguntándole qué era lo que había consumido y si pagaría con efectivo. Al echar un vistazo a su billetera y no ver billetes, le dijo que pagaría con tarjeta.
Tras él, Sasuke sólo podía rebotar su pie sobre el piso con un mal presentimiento.
—Confirme el monto e ingrese su contraseña —le informó la cajera a Naruto, luego de que hubiese deslizado su tarjeta por el lector. Siguiendo las órdenes, presionó los botones correspondientes y esperó a que le entregaran el recibo—. Contraseña incorrecta. Vuelva a intentarlo otra vez.
Arrugó el entrecejo, completamente seguro de que había ingresado correctamente su contraseña. Volvió a deslizar la tarjeta y hacer lo que correspondía, arrojando error nuevamente. Miró a Sasuke, que se encontraba mirándole de forma contraída, y se volvió para intentar pagar nuevamente. Frente a él, la cajera suspiró, esperando a procediera nuevamente a ingresas sus datos.
—Contraseña incorrecta. Su tarjeta se ha bloqueado —le informó con pesar—. Si no tiene cómo pagar...
—Yo lo haré.
Se sentía como un completo idiota, mirando cómo Sasuke le dedicaba una breve mirada antes se sacar unos pocos billetes de su cartera. No lograba recordar cuándo habría él cambiado su clave del banco, siendo que era la misma que usaba para casi todo. Algo estaba fuera de lugar, lo presentía, y también sabía que Sasuke estaba al tanto de ello.
Caminaron a casa en silencio. El Uchiha revolvió sus manos dentro de sus bolsillos, volviendo a sentirse congelado bajo el frío de la noche.
—Deja que abra yo —le dijo Sasuke una vez estuvieron frente a la puerta del piso—, no vaya a ser que olvides cuál es la llave.
—Bastardo.
Ninguno sintió el acostumbrado alivio de entrar a casa. Antes de dormir, ambos acordaron que Sasuke acompañaría a Naruto a primera hora para ir a recuperar su clave al banco.
Esa noche Naruto ansió más que nunca no tener que dormir solo en su cama.
Cuando los primeros rayos del sol atravesaron las persianas de su habitación, Sasuke ya estaba bañado y vestido, listo para acompañar al rubio a sus trámites antes de partir a la universidad.
No iba a negar que tenía unas crecientes sospechas con respecto al repentino cambio en la tarjeta que manejaba Naruto y al contrato recientemente firmado con Orochimaru. Frunció el entrecejo antes de anudarse las agujetas de los zapatos, pensando al viejo no le llamaban "La Serpiente" en el rubro en el que trabajaba su padre por nada.
Una vez hubo salido de la habitación, un ojeroso Naruto le esperaba en la sala, mirando a nada en particular.
—Buenos días.
—Sí, ya —le respondió el rubio. No se había levantado con el mejor humor del mundo (aunque, por su cara, dudaba bastante de que hubiese dormido), pero tenía que ser paciente—. ¿Estás listo?
—Sí. Terminemos con esto de una buena vez, debo estudiar luego.
—Está bien...
Escuchó al Uzumaki gruñir durante todo el trayecto hacia el automóvil, como si todo el mundo fuese culpable de sus desgracias. Inclusive, cuando llegaron al carro, Naruto preguntó por qué demonios al tanque le quedaba menos de un cuarto de gasolina. Él simplemente rodó los ojos e intentó permanecer circunspecto ante la situación, aunque claramente moría por decirle que él era el idiota que no era capaz de tomar el autobús cuando apenas tenía dinero para rellenar el estanque de esa porquería.
El embotellamiento matutino no mejoró el humor del rubio durante su camino al banco. Hizo oídos sordos a las peleas que tenía el rubio con los conductores que le rodeaban, alegando que manejaban como monos de circo, pero Sasuke no paraba de pensar que era Naruto quién estaba tratando de doblar en una vía que no correspondía, sin embargo, se quedó callado ante la posibilidad de que su crítica podría enfurecer al rubio a tal punto que le arrancaría la cabeza de un sólo guantazo.
Al llegar al banco, Sasuke se sintió aliviado de tocar tierra firme. Naruto podía llegar a ser un bestia al volante cuando estaba cabreado.
—¡Sasuke, capullo, como no vengas enseguida te pateo el culo! ¡¿Me oyes?!
Contuvo el impulso de golpearse la cara con la palma de la mano, ¿es que acaso no podía ser un poco menos escandaloso?
Una vez ambos hubieron entrado al banco, el rubio se puso a alegar contra el guardia, reclamando que lo que le pasaba era un asunto importante y que no podía gastar su tiempo en hacer una puta fila. En completo mutismo, Sasuke buscó la ventanilla indicada para sus problemas y se puso a la cola de la fila correspondiente. Suspiró cuando observó a Naruto acercarse a él con resignación, saltándose a la gente que iba detrás en la fila y situándose a su lado.
—Perderá su trabajo por mentecato —gruñó. El niño pequeño que estaba acompañado de su madre en la fila, tras ellos, rió ante el insulto. Naruto giró la cabeza con enojo—. ¿Y tú qué miras?
El niño cerró la boca, apenado. El Uzumaki volvió su cabeza hacia adelante, no sin ganarse antes la mirada de desprecio de la madre del niño.
—Deberías calmarte.
—¡Báh!
Pasaron alrededor de diez minutos estando en la fila, hasta que finalmente llegó su turno. Por unos momentos se mantuvo indeciso sobre si seguir a Naruto hacia el módulo de atención, sintiendo se su cuerpo estaba generando una predisposición a una mala respuesta por parte del banco.
Pero no podía dejar al rubio solo. Siendo sincero, el pobre hombre podía comportarse de forma bastante limítrofe cuando quería.
Se situó justo detrás de la silla de Naruto, quedando de pie detrás de él. La mujer a cargo le miró con curiosidad, a lo que él simplemente respondió con un encogimiento de hombros y una clara señal que indicaba que venía acompañando al otro.
—¿Cuál es el problema, caballeros?
Le hizo cierta gracia la pregunta, imaginando la cara que Naruto debería haber puesto.
—Mi problema, señorita, es que alguno de ustedes, incompetentes, ha modificado mi clave del banco —siseó el rubio con furia—. Quisiera exactamente saber por qué.
—Verá, señor, ninguno de los ejecutivos del banco tiene el poder para hacer el cambio de contraseña a menos que el titular lo pida —le explicó la señora. Sasuke imaginó que las entrenaban para tener una infinita paciencia—. Lo que podemos hacer es...
—¡Soluciónelo de una buena vez!
La mujer pegó un pequeño bote sobre su asiento y comenzó a teclear un par de cosas en el ordenador. Le pidió los datos de cliente a Naruto un par de veces. Desde donde estaba parado pudo ver cómo el rostro de la mujer pasaba de rojo y regordete a verde pálido. La corazonada de que las cosas no saldrían bien aumentó cuando las manos de la mujer comenzaron a temblar cuando empezó a imprimir algunos documentos.
—Señor... Uzumaki —le dijo la mujer, temblorosa—. Al parecer, a las trece con cuarenta y siete minutos del día de ayer, usted vino personalmente a retirar todos los fondos de su cuenta. —La mujer le extendió los documentos, los cuales Naruto tomó pausadamente. Imaginó que el rubio estaba tan atónito como él—. Su cuenta ha sido cerrada.
Lo había visto venir.
El ligero balanceo de la silla sobre la que se apoyaba iba adelante y hacia atrás. Puso una de sus manos sobre los hombros del rubio para que supiese que estaba ahí con él, pero no parecía ser de mucha ayuda. La señora que los atendía miraba al hombre apenada, e incluso, la ejecutiva del módulo contiguo parecía haberse enterado y ahora se encontraba asomando su cabeza para mirar desde el lado.
Con un ligero temblor, Naruto se levantó de su silla y se despidió silenciosamente de quien les había atendido. Cuando se giró hacia él, el corazón se le contrajo.
Tenía los ojos rojos y llenos de lágrimas contenidas.
—Vamos a casa.
La voz quebrada del otro hombre le hizo sentir miserable, y tras asentir quedamente, emprendieron su paso hacia el carro estacionado.
El viaje a casa fue el más largo para Sasuke, que no dejó de contemplar el rostro abatido de Naruto hasta que llegaron a su hogar.
¡Ya falta solo un capítulo! Esperamos, por milésima vez, que se pasen por el perfil.
Em y Manzani
