¡Konichiwa ! :D Vengo muy contenta con la entrega del segundo capítulo y también a agradecer a todos aquellos que se han pasado a leer el Fic.
Especiales gracias a Evelyn TKM y a Layla Ryu que me dejaron review :D
Sin más….
Kogane No Hikari
Capítulo 2: Monjas
El reloj de pulso que Kagome llevaba en su muñeca izquierda marcaba que faltaban tan solo cinco minutos para llegar a las 10:am, suspiró y simplemente volvió la mirada a la ventana. Ya tenían más de una hora de camino y aun no llegaban a la casa de los Ryusaki, donde en esos momentos nada más y nada menos que catorce dinastías Youkai les esperaban. Su estomago rugió.
—Te dije que desayunaras algo —murmuró su hermana, quien estaba sentada a su lado con un libro en manos. Kagome no le respondió, simplemente puso su mano en su estómago y apretó levemente.
El paisaje era igual, no cambiaba mucho. Gris, gris fuerte y gris claro… pero gris. Y Kagome odiaba el gris. De pronto comenzó a cambiar un poco el alrededor, comenzaron a verse casas más grandes y adornadas con estructuras arquitectónicas afuera y jardines de pasto muy verde… para estar a principios de octubre ahí no había ni rastro del otoño… El carro pasó por unas puertas de fuerte herrería y comenzó a subir una ligera colina, cuando se pararon y la puerta se abrió Kagome estuvo a punto de caerse de espaldas. ¡Aquello definitivamente no era una casa!
La "casa" de los Ryusaki era nada más y nada menos que una enorme mansión; era de color crema, tenía vistas y molduras en color ladrillo. Impecables ventanales adornaban la extensión de las dos plantas… enredaderas llenas de flores decoraban parte de las paredes y para terminar el cuadro dos bastos jardines verdes se extendían a los lados de la exquisita mansión.
—Pobres e indefensas criaturas —murmuró Miroku casi juntando las cejas por la "preocupación", deberíamos llevarlos al templo Higurashi, apenas si pueden refugiarse aquí —terminó el comentario con Ironía, enseguida Sango le propinó un codazo.
—Compórtese —recriminó Sango, el monje le dedicó una amplia sonrisa.
—Pero Sango, simplemente me preocupo por esta gente…
Kikyô suprimió una sonrisa y se aclaró la garganta.
—Basta de bromas, hay que entrar…. —como toda líder nata, comenzó a subir la pequeña escalinata que llevaba a un pequeño recibidor al aire libre y a las puertas de oscura madera con vitrales.
Enseguida los otros le siguieron, Kagome aun no salía de su asombro, esperaba una casa lujosa pero definitivamente nunca se imaginó esa mansión.
Kikyô elevó su brazo para tocar el timbre, pero antes de siquiera tocarlo, la puerta se abrió…
—Los estábamos esperando, jóvenes guardianes —recibió la voz masculina.
….
Que día, ¡Qué día! Se había levantado casi dos horas antes de que el sol saliera para personalmente verificar que los preparativos para recibir a sus invitados estuvieran a segundos de estar listos. Después de observar que los sirvientes hicieran todo siguiendo sus órdenes al pie de la letra decidió abrirse veinte minutos en su mañana para tomar una taza de café antes de recibir a los otros seis generales. A las ocho de la mañana estaba despidiéndose de Izayoi para encerrarse con los generales.
La reunión fue poco más de intensa, se discutieron todas las posibilidades del caso, qué se haría con Naraku, se pulieron un poco de asperezas respecto a la aceptación de los guardianes para cuidarlos y lo más importante: lograron especificar que estaban unidos en batalla y lucharían el todo por el todo.
Casi a las 10: am salieron de la sala de juntas para dirigirse al salón. Lleno de su gente, InuTaisho observó a su mujer charlando en mitad de una ruedita, sonreía amablemente mientras hablaba. Sonrió, definitivamente estaba perdidamente enamorado de Izayoi, claro que eso no lo externaría en ese momento.
—Buenos días, general —saludó una Youkai alta, de largo cabello de tonalidad purpúrea y ojos grises. InuTaisho se inclinó levemente y sonrió.
—Hatsumi-Sama muy buenos días —agregó con tono cordial. La mujer se inclinó también y sonrió—. ¿Cómo le va? ¿Se ha sentido bienvenida?
—Mejor cada día, y nos hemos sentido muy bienvenidos, gracias por todas las atenciones, InuTaisho-sama no eran necesarias.
—Cuando se recibe a la familia, todas las atenciones son necesarias —replicó el general en tono afable.
A la Youkai se le llenaron los ojos de agua y desvió la mirada, InuTaisho sintió un leve vacío en el estómago.
Hatsumi, de la dinastía de los Youkai de los astros, era nada más y nada menos que la madre de Yue la primera en ser asesinada por lo el bastardo de Naraku. InuTaisho puso su mano en el hombro de ella de forma conciliadora.
—Disc…discúlpeme, general. Mi actitud es inacep…
—No, por favor no se disculpe Hatsumi —interrumpió—, su actitud es normal y muy aceptable… sé que quizás esto no sirva para deshacerme de su dolor, pero le prometo que nadie más dañará a sus hijos, para eso precisamente es la reunión de hoy.
Con el torso de su fina mano, Hatsumi limpió sus lágrimas y se esforzó en mostrarle una sonrisa al general. Ella confiaba en él y estaba completamente consiente de que la muerte de Yue no era ni un descuido ni sería en vano, sabía perfectamente que se cobraría venganza por todos los que habían muerto en manos del desgraciado de Naraku.
Intentando olvidar un poco el mal trago, Hatsumi cambió el tema y charlaron un par de minutos antes de que los demás presentes comenzaran a acercarse a ellos dos, para saludar al general.
InuTaisho había sido, desde siempre, un demonio de enormes poderes. Fue líder cuando se le necesitó y hasta la fecha era lo que se consideraría el líder de los Youkai. A pesar de ello, los Youkai se trataban todos como iguales, para ellos el rango solamente demostraba las tareas que se desempeñaban, no le daba ni quitaba valor en calidad de persona.
A pesar de que era tangible cierto grado de tensión en el ambiente por el motivo de la reunión, también había alegría. Después de los saludos todos se congregaron a InuTaisho procedió a hablar.
Cuando se paró frente a todos los observó nuevamente, todos eran conocidos y en cierto modo, todos eran familia. Se topó con los distintos colores de cabellos, ojos y formas; sentimientos distintos reflejados de mil maneras. Después se topó con los ojos de sus propios hijos, los pasó sin mucho detenimiento y se centró en los de su hermosa Izayoi.
—A lo largo del tiempo, hemos luchado por tener paz y vivir tranquilos, usualmente esto es perturbado por los humanos, quienes comparten esta dimensión con nosotros —InuTaisho comenzó a hablar, no había preparado ningún tipo de discurso, simplemente hablaría—, pero esta vez, es uno de nuestra raza quien nos amenaza. Naraku, mediante actos sucios y reprochables ha roto la tranquilidad en la que estábamos viviendo, pero debido a que ha obtenido la mitad de la Perla de Shikon no podemos proceder a terminar con esto, pues su poder es más grande que el nuestro y solamente derramaríamos sangre innecesaria… Los actos de este traidor nos declaran la guerra, asesinar cobardemente a más de uno nos incita a hacer todo lo que esté en nuestras manos para terminar con esto, es por eso que hemos aceptado la ayuda que el gobierno nos ofrece… Los guardianes de la perla de Shikon serán divididos por equipos y se encargaran de brindarnos seguridad en lo que buscamos una manera para derrotar a Naraku.
El silencio absorbió la sala, muchos rostros se fruncieron, otros reflejaron preocupación.
—Lo haremos —InuTaisho intentó conciliar y sonrió—, derrotaremos esta nueva amenaza así como logramos sobrevivir al ataque de los humanos.
Ahí terminaron las palabras del Youkai, pues el ambiente volvió a serenarse; él entendía el sentimiento de humillación que presentaban sus hermanos, pero debía tener muy fría la cabeza. Iba a continuar cuando comenzaron a latir auras sagradas cerca de la mansión y los Youkai comenzaron a verse. Los guardianes habían llegado.
InuTaisho se aproximó a la salida del salón y entonces observó a Toutosai caminando en dirección a él, acompañado por otros cuatro. Enseguida sus ojos analizaron al grupo; Dos mujeres que lucían perfectamente iguales eran las sacerdotisas, era imposible no ver el aura sagrada que emanaban. Detrás de ellas otra mujer, quien llevaba veneno en una bolsa y en su cadera portaba una espada con energía demoniaca, por último, el hombre que era más alto que las tres mujeres reflejaba un aura sagrada igualmente, pero distinta a la de las otras dos.
Se sorprendió cuando notó que toda esa energía sagrada emanaba de aquellos cuatro. ¿Y los demás?; caminó hasta ellos, Toutosai sonrió con cortesía.
—Amo InuTaisho, le presento a los guardianes…
El daiyoukai esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.
—Mucho gusto…
Kikyô se quedó mirando al general por un segundo. Era alto, mucho más que el humano promedio, pues rozaba muy fácilmente poco más que los dos metros. Era apuesto, como la mayoría de los Youkai; larga cabellera plateada, trigueño de piel y la marca inconfundible de la dinastía Ryusaki, ojos dorados como si el iris estuviera compuesto de oro líquido.
Lo miró directamente a los ojos después de su disimulado análisis y se inclinó al instante después de haber recibido su saludo.
—Mi nombre es Kikyô Higurashi, mucho gusto general Ryusaki —observó por el rabillo del ojo como sus acompañantes también reverenciaban al general. Sonrió muy tenuemente cuando se volvió a encontrar con los ojos del general, pero estos inmediatamente se movieron al resto del equipo.
—Soy Kagome Higurashi, mucho gusto —repitió su hermana cuando el demonio la observó a ella.
—Sango Yokohama —fue obvio que no habría más palabras por parte de aquella mujer, pero eso no molestó a InuTaisho, así que simplemente llevó sus ojos al hombre.
—Araneda Miroku, Ryusaki-sama —se presentó el monje con mayor formalidad, el general simplemente asintió con buen gesto.
—Es un placer tenerles aquí… y de antemano agradezco profundamente su disposición por ayudarnos —expresó InuTaisho con gratitud genuina.
—Para nosotros es un honor poder ayudarles —respondió Kikyô—. Aunque supongo que todos nosotros desearíamos no estar en esta situación —expresó la Miko, haciendo inferencia a Naraku.
—Pero saldremos de esto —repuso InuTaisho—… por cierto, ¿Solamente serán ustedes cuatro?
—No señor, nosotros solamente somos los que llegamos primero, en un momento más llegaran el resto.
—Entiendo… ¿De cuántos se conforma cada equipo? —el Youkai estaba interesado en saber todo lo que pudiera.
—Cuatro… cuatro de nosotros para cada dinastía.
No mentiría, se sintió aliviado de que fuese así, si cada equipo tenía incluso la mitad de energía sagrada que la que presentaban esos cuatro, InuTaisho estaba más que seguro que se podía garantizar la seguridad.
—Que perfecto… ¿Ustedes a que dinastía pertenecen? —siguió la conversación, intentando romper el hielo y el leve ambiente de incomodidad.
—Ryusaki, señor —Kikyô comenzaba a perder la incomodidad y contestó con simpatía al general. InuTaisho elevó levemente las cejas pero no evitó sonreír casi de oreja a oreja.
—En ese caso, bienvenidos a la familia.
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Su ondulado cabello negro como el azabache caía desde su nuca hasta sus caderas. Sentado con pose relajada, sus ojos rojos se pasaban por la irregular mitad de esfera negra con la que jugaba. Podía sentirla, sentir como su energía se mezclaba con la propia y se potenciaban mutuamente.
Naraku sonrió. Tanto tiempo se había dedicado a planear aquello, tan meticulosamente había detallado el camino a seguir, y ahora que casi lo lograba por completo se sentía indestructible.
Si bien, no tenía la perla de Shikon completa, aquella mitad era más que suficiente para hacerlo tan poderoso que ningún Youkai se había atrevido a ir a encararle… por otra parte, los estúpidos humanos le seguían, embobados por las promesas de libertad que les ofrecía… pero que cosa más sencilla era corromper el corazón humano, palabras, con simples palabras había logrado enardecer una considerable cantidad de gente y generar un profundo odio por los Youkai.
Pasó su pulgar por el lado irregular de la perla… aquel resplandor negro que emanaba lo hipnotizaba pues era el reflejo fiel del odio que había. Siempre supo que los humanos se corromperían fácilmente y él sencillamente disfrutaba demasiado jugar con esos corazones tan débiles.
Por otro lado, lo que más fuerza le daba a la perla, era el odio que ahora tenían los Youkai por él, sintió un escalofrío de placer cuando recordó los ojos del padre de Yue mirarlo con odio, rabia e impotencia a viva piel. Su sonrisa se ensanchó.
Tontos. Todos eran unos tontos al no haberse percatado nunca de su plan.
Pero no era momento para sentirse victorioso, aunque lo fuera, aún tenia que encargarse de robar la otra mitad de la Shikon y volverla negra. Claro que, sabía perfectamente como volver toda la Shikon negra, provocaría tanto odio que la perla sería como el ónix, tan impura y malvada que lo volvería el ser mas poderoso del universo.
Suspiró lleno de emoción y bebió un poco del té.
—Kagura… —llamó a su sirviente en tono bajo, no pasó ni un segundo cuando la silueta femenina se dibujó entre las penumbras de la habitación.
Igualmente de ojos rojos, pero con notable belleza, Kagura era una Youkai de la dinastía de los vientos, claro que ella se encontraba al servicio de Naraku.
—¿Qué deseas? —habló en tono serio. Su señor sonrió con malicia.
—Ve al lugar donde están todos los Youkai e infórmales que estamos al tanto de su estúpido plan de protección.
Kagura sonrió esta vez.
—¿Qué tan claro quieres que quede el mensaje?
—Muy claro —respondió con especial hincapié en la primera palabra, su sirviente no dudó y desapareció.
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—… Así que, trabajando en conjunto con los campos de fuerza y una vigilancia lo más completa posible, podemos asegurar que si hay un nuevo ataque de Naraku, nadie saldrá lastimado —así había concluido Kikyô las explicaciones para los Youkai sobre su plan de protección, claro que por obvias razones había decidido omitir el detalle de que cada sacerdotisa llevaba en su pecho un fragmento de Shikon.
Nadie en la sala hizo un sonido, simplemente los ojos de los Youkai se enfocaban en los equipos que correspondían a su familia...
—¿Alguna pregunta? —Indagó InuTaisho al ver a su gente contrariada, aun así nadie se atrevió a indagar nada—, entonces esperemos lo mejor.
InuTaisho iba a continuar, pero antes de siquiera abrir la boca las ventanas del salón de reuniones explotaron en millones de esquirlas, dejando entrar ráfagas inusualmente potentes de viento.
Todos intentaron protegerse de los vidrios que volaban en remolinos… fue cuando InuTaisho notó como comenzaban a extenderse pequeños campos de energía sagrada cubriéndolos a todos.
—Oh, pero qué delicados son —por el hueco de lo que había sido una puerta ventana, entró Kagura—,son simples vidrios.
—¿Cómo te atreves a presentarte aquí? —espetó InuTaisho poniéndose de pie dejando a Izayoi detrás de él… fue cuando una parte de su cerebro se preguntó en qué momento había escudado a su esposa con su cuerpo.
—Bueno, como vi tanto movimiento me dio curiosidad por saber que hacían —se rio y cómodamente se sentó en una silla que levantó al mover su abanico—, pero esto más bien parece velorio que reunión social —se burló.
InuTaisho llevó su mano a su colmillo de acero, pero justo antes de desenvainarla, Kikyô colocó su mano sobre su hombro. Se viró para verla.
—La protege un campo de energía, si ataca lo único que hará es reflejar la técnica —le informó en tono monótono.
—Oh, ¡Por todos los cielos! —Exclamó Kagura—, no sabia que las monjas pudieran ver los campos de fuerza.
El ceño de Kikyô se frunció levemente.
—Lástima que nosotros no podamos sorprendernos de nada —la voz de Kagome resonó—, las zorras siempre traicionan.
Los ojos de Kagura se abrieron de rabia.
—Te vas a arrepentir de haber abierto la boca, niñita…
-Continuará-
