Meitantei Conan y todos sus personajes son propiedad de Aoyama Gosho.

I would die for you
I would kill for you
I will steal for you
I'd do time for you
I would rape for you
I'd make room for you
I'd sail ships for you
To be close to you
To be a part of you
'cause i believe in you
I believe in you
I would die for you

Moriría por ti.
Mataría por ti.
Robaría por ti.
Haría tiempo por ti.
Violaría por ti.
Haría sitio por ti.
Hundiría barcos por ti.
Para estar cerca de ti,
Para ser parte de ti.
Porque creo en ti.
Creo en ti.
Moriría por ti.

~Crush / Enamoramiento~

Iba a caer por el barranco, aquello era lo único que ocupaba la mente de Kazuha mientras veía como el cuerpo de Heiji se inclinaba sobre el vacio. Le agarró el brazo clavando los talones en el pedregoso terreno y giró con todas sus fuerzas catapultándolo hacía terreno seguro donde el máximo daño que podría recibir sería una raspadura en el trasero.

Heiji estaba a salvo, pero ella no.

Se dio cuenta cuando sus pies dejaron de tocar tierra, sintió que su cuerpo caía hacia una muerte segura y sintió miedo pero al menos él viviría.

—Ka… ¡Kazuha!

Aquel grito precedió a lo que, para Kazuha, era la mayor estupidez del mundo. Heiji saltó tras ella.

«He… Heiji» pensó aterrorizada colgando en el vacio con sus ojos clavados en los de él.

No podía creérselo, el muy idiota había saltado tras ella poniéndose de nuevo en peligro.

—Kazuha… aguanta… Ahora mismo te subo… —dijo con esfuerzo.

La mano izquierda cerrada sobre su muñeca y la derecha sujeta a la rama de un árbol muerto que lanzaba leves crujidos amenazando con dejarlos caer.

«No puede ser… la rama. La rama se romperá.»

Los ojos de Kazuha se llenaron de lágrimas, contuvo las ganas de llorar, ahora no era el momento de lloriquear como una tonta, tenía que hacer algo. Podía soportar la idea de morir, de que todo acabara allí mismo, pero no podía soportar la idea de que Heiji muriera, ni siquiera si morían ambos.

El mundo sin Heiji dejaría de ser mundo, se acabarían las sonrisas, se apagarían las miradas y todo sería demasiado triste. No podía soportarlo.

Colgando en el vacío tomó una decisión, sabiendo que Heiji se enfadaría, sacó la flecha dugong del bolsillo interior de su chaqueta y la asió con fuerza. Le miró a los ojos despidiéndose de él. Ya no volvería a verle más, no más competiciones de aikido ni de kendo, no más tardes de estudio, no más peleas tontas. No más Heiji.

«¡Lo siento! Heiji, ¡te regalo mi larga vida!» pensó con determinación.

Y entonces le clavó la flecha con fuerza, la mano de él se abrió automáticamente como respuesta al dolor lacerante. Kazuha cerró los ojos y se dejó arrastrar por la sensación de caer. No iba a gritar.

La mano de Heiji volvió a cerrarse, atrapando la mano de ella de tal manera que le apretaba los dedos sin darle la oportunidad de agarrarse. Su brazo temblaba a causa de dolor y la sangre corría por el dorso de su mano resbalando por el brazo de ella y manchándole la ropa.

«Heiji. Heiji» le dolían los dedos pero no iba a quejarse, tenía miedo pero no iba a dejar que lo notase.

—No te muevas. Aunque muera no te soltaré —pronunció apretando su agarre.

º º º

Kazuha cerró el libro que leía suspirando, clavó sus ojos verdes en Heiji que practicaba con su shinai para poder entrar en el equipo de kendo el curso siguiente. Estaba tan concentrado que ni se había fijado en ella y eso que llevaba allí sentada una hora.

Como le gustaría ser tan afortunada como Mireille-hime y tener un príncipe que fuese a rescatarla cuando estuviese en peligro. Lo más parecido a un príncipe que tenía era su padre y Kazuha, a sus cinco años de edad, tenía muy claro que su progenitor no podía ser su príncipe.

Volvió a suspirar.

¿Quieres dejar de suspirar? —protestó Heiji—. Me desconcentras.

Kazuha le miró con el ceño fruncido. Ella pensando en cosas transcendentales y él le soltaba que le desconcentraba. ¿Por qué tenían que ser amigos? Estaba claro que eran como el agua y el aceite, imposibles de mezclar. ¿Y por qué sus padres la habían dejado en la casa de los Hattori durante toda una semana? Se portaba bien, podrían haberla llevado de viaje con ellos.

Tú calla, no entiendes nada.

¿Qué tengo que entender? Eres una idiota que no sabe jugar a nada y suspira sin parar.

¡Bah! Y quién querría jugar con un idiota como tú —bufó la niña—. Eres un bruto.

Y tú una tonta.

Heiji dejó a un lado el shinai y fue hasta ella con el ceño fruncido y una mueca irónica en la cara. Le hacía tan poca gracia como a ella que la amistad entre sus padres tuviera que traducirse, forzosamente, en una amistad entre ellos dos ¡jamás se entenderían! Estaba más claro que el agua.

A ver, idiota, ¿qué es lo que hay que hacer para que dejes de suspirar?

Los ojos verdes de Kazuha se empañaron amenazando con derramar lágrimas.

¡Ey, ey, ey! Prefiero que suspires a que llores —barbotó presa del pánico, sus padre le matarían si la hacía llorar de nuevo—. Vamos Kazuha-chan no llores.

Ella le miró, sólo era amable con ella cuando lloraba, aún y así estaba segura que si se lo propusiese podría comportarse siempre de aquel modo. Se frotó los ojos arrastrando con los dedos las lágrimas.

Yo no lloro —se defendió.

¿Por qué estás tan disgustada si el libro te gusta tanto? —le preguntó Heiji desconcertado.

La niña dejando a un lado que odiaba estar allí mientras sus padres estaban de viaje se concentró en un motivo más pequeño pero profundo, y aunque temía que se riera de ella no puedo frenarse.

Porque Mireille-hime tiene un príncipe que la protege siempre, de todo y de todos —susurró con la vista fija en la portada rosa del libro—. Un príncipe que no deja que nadie le haga nunca daño… yo también quiero un príncipe que me proteja, Heiji.

¿Un príncipe? —preguntó tragándose las ganas de reír.

Sí, alguien que me quiera tanto que no deje que me pase nada malo nunca.

Las mejillas sonrojadas y los ojos llorosos de su pequeña "amiga a la fuerza" le atravesaron el corazón. No había quién entendiera a las chicas y sus cursilerías.

Vale —farfulló avergonzado el niño—. Yo te protegeré. No dejaré que nada ni nadie te haga daño mientras estés conmigo.

¿Y si no estás conmigo? ¿Entonces qué?

No importa porque iré a buscarte estés donde estés.

¿De verdad? —preguntó con emoción como si estuviera a punto de saltarle al cuello para abrazarle.

Sí, y ahora deja de suspirar que tengo que entrenar. Si no entro en el equipo de kendo no podré protegerte.

Y ella asintió con una sonrisa radiante.

º º º

Heiji sonrió, mira que recordar semejante cosa cuando estaban a punto de matarse. Le había prometido protegerla y eso pensaba hacer. Hattori Heiji era un hombre de palabra.

—Kazuha —dijo poniéndose serio de nuevo—. Agárrate a mi muñeca.

—Pero…

—¡Hazlo, venga!

Ella asintió y se balanceó con suavidad para coger impulso y poder alcanzar su muñeca pero se quedó corta, Heiji ahogó un quejido cuando su mano se cerró sobre la herida.

—¡No te sueltes! —le ordenó viendo que pretendía soltarle y volver a intentarlo—. Voy a soltarte los dedos, quiero que te agarres a mi brazo con ambas manos, ¿entendido?

—Sí.

Heiji la soltó y un momento después ella ya se había agarrado a su brazo como él le había dicho, él le agarró la manga para más seguridad.

—Muy bien, quiero que mires si hay algún saliente en el que puedas poner los pies o agarrarte.

Kazuha observó detenidamente la pared de piedra, era bastante pedregosa pero no había salientes lo bastante pronunciados como para mantenerse en pie o cogerse.

—No hay espacio —dijo desilusionada, ni siquiera junto a las raíces del árbol muerto había espacio suficiente para apoyar los pies.

—Entonces tendrás que trepar por mi brazo para llegar a las ramas ¿puedes hacerlo, no?

—¡Pues claro que puedo! —replicó ofendida.

—Pues venga idiota que no tenemos todo el día —le soltó orgulloso de haber logrado picarla para que subiera y tuviera un motivo para salir de aquella situación aunque fuese para gritarle en tierra firme.

—¿A quién llamas idiota, idiota? —interrogó agarrándose con fuerza y rabia a la manga de la cazadora y elevándose poco a poco—. Ni que fuera una niñita delicada incapaz de hacer nada por mí misma.

«Bien, al menos se le ha quitado la idea suicida de la cabeza» pensó satisfecho cuando la mano de Kazuha se cerró sobre su hombro. Se agarró a su cuello con un abrazo lleno de adrenalina y él le rodeó la cintura mientras recuperaba las fuerzas para continuar.

—Tendrás que acabar de subir por mi espalda para coger otra rama.

—Ya lo sé —contestó con la cara hundida en el cuello de Heiji. Sólo necesitaba un segundo más, respirar el olor de Heiji para llenarse de valor antes de continuar.

Pasó un brazo bajo el de Heiji y sin soltarle el cuello se fue deslizando hasta su espalda con suavidad, con demasiado miedo a que se rompiese la rama ahora que parecía que saldrían indemnes de aquella situación.

—Espabila, idiota —se quejó Heiji, empezaban a flaquearle las fuerzas.

Con rabia clavó los dedos en los hombros de su amigo y se impulsó hasta apoyar el pie en sus riñones obteniendo la estabilidad suficiente para agarrarse a la rama que tenía más cerca. Una vez sujeta hincó el tacón de su bota en el hombro de Heiji a modo de venganza por aquel último "idiota" dicho en el peor momento. Ella procurando no hacer movimientos de más para que no cayeran y él insultándola.

Heiji rió interiormente, dichosa Kazuha y su manera de ofenderse. Sólo quería asegurarse de dejarla a salvo si se le acababan las fuerzas y caía ¿la muy idiota no se daba cuenta de que no quería que le pasara nada malo?

Sintió la vibraciones de cómo se movía en la rama y después el sonido de las botas sobre la madera muerta.

—¡Heiji! Hay un pequeño saliente más arriba —exclamó eufórica—. Venga ven aquí.

—Sí, sí —soltó meciéndose como había hecho ella antes para sujetar la rama con ambas manos.

Colgando de una forma algo menos precaria se giró y vio a Kazuha con la espalda apoyada contra la pared rocosa, los pies sobre el tronco del árbol muerto y la falda demasiado subida. Heiji redirigió la mirada a la mano que ella le tendía.

—Dame la mano, venga —pidió con impaciencia.

Heiji avanzó un poco más por la rama, lo justo para apoyar un pie sobre las raíces del árbol antes de tomarle la mano. Kazuha tiró de él con todas sus fuerzas y en un instante ambos estaban a salvo sobre el tronco respirando acelerados.

El detective divisó el saliente que había visto ella y calculó. Si la subía sobre sus hombros Kazuha lograría agarrarse al saliente sin problemas y de allí a la orilla del barranco apenas había unos treinta centímetros para superarlos bastaría con empujarla por los pies. Cuando estuviera arriba le pediría que fuese a buscar ayuda y en un santiamén ambos estarían sanos y salvos y con una historia increíble para contar cuando fueran unos ancianitos.

Heiji se agachó asegurando los pies en la superficie de madera y habló:

—Súbete a mis hombros, en cuanto puedas agárrate al saliente y avísame te empujaré para que llegues arriba.

—¿Y entonces qué pasará contigo?

—No te preocupes por eso ahora y haz lo que te digo.

Con un suspiro Kazuha obedeció, se sentó sobre sus hombros y Heiji se levantó manteniendo el equilibrio gracias a una rama y la pared. Hasta ahí había sido muy fácil.

—Dame la mano —pidió—, ahora tienes que ponerte de pie.

Quiso gritarle que era una estupidez a la altura de saltar por el barranco para salvarla pero optó por obedecer.

Apoyó la mano libre en la cabeza de él y subió la pierna hasta colocar el pie sobre su hombro, después poco a poco, procurando no inclinarse demasiado colocó el otro pie. Heiji le soltó la mano y la agarró por los tobillos.

—Ya está —dijo ella cuando sus manos asieron el saliente.

—Levanta el pie derecho y no te sueltes.

Kazuha así lo hizo, Heiji puso la palma de su mano contra la suela de su bota.

—Ahora el otro pie.

Kazuha volvió a obedecer y Heiji hizo lo mismo. Con sus dos pies bien sujetos y el peso levemente aliviado por cómo se aferraba ella al saliente, la empujó hacia arriba con toda la fuerza de la que disponía, cuando el peso aumentó supo que se había soltado y que se apoyaba en la pared para llegar con seguridad a la cornisa.

El peso desapareció, había logrado llegar arriba, atisbó sus piernas moverse para desaparecer un instante después y entonces respiró aliviado.

—Ahora vuelvo —le soltó y la oyó correr.

—¡Eh. Idiota! ¡Espera!

Pero Kazuha ya se había ido. Estupendo, al menos esperaba que se le ocurriera pedir ayuda aunque fuese a Kogoro, después de aquella miniodisea no tenía demasiadas ganas de despeñarse.

—Agárrate a esto, Heiji.

—¿Qué?

Sólo veía la cabeza y los hombros de su amiga que le tendía un cartel de madera.

—¿De dónde has sacado eso?

—Es el cartel de peligro que avisaba del barranco, lo vi en el suelo cuando llegamos —contestó con seriedad—. Agárrate, va.

—Idiota —susurró pero ella no le escuchó.

Se puso de puntillas logrando alcanzar el cartel, Kazuha se movió haciendo fuerzas con las piernas logró levantarle unos centímetros los justos para que apoyando los pies en la pared él lograse trepar para agarrarse al saliente y de ahí, con agilidad, en un momento estuvo arriba con ella.

Jadearon estirados en el suelo al borde de aquel barranco que casi había acabado con sus vidas e intercambiaron miradas. Ya había acabado. Estaban a salvo. Una risilla histérica escapó de los labios de Kazuha.

—Eres un imán para los accidentes, Heiji —pronunció crispada—. Menos mal que el amuleto que te di funciona perfectamente.

—Idiota —siseó levantándose, estar tan cerca del precipicio le inquietaba demasiado, se sentó junto a un árbol y se apoyó en él—. Es tu amuleto el que me trae mala suerte.

Kazuha con el ceño fruncido fue hasta a él y se sentó a su lado.

—¿Pero qué demonios dices, idiota? Si no fuese por mi amuleto no habrías llegado ni a cumplir los quince.

Heiji rió con sorna quitándose la gorra para secarse el sudor de la frente. Ahora que el subidón de la adrenalina le estaba abandonando se sentía tremendamente agotado. La cabeza de Kazuha se apoyó en su hombro y él la miró.

—¿Y ahora te duermes? —inquirió a la chica que respiraba pausadamente. Le tapó la nariz haciendo que ella frunciera el ceño y abriera la boca para seguir respirando. No se había despertado—. Idiota, mira que preferir suicidarte.

Le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hasta su pecho para abrazarla con fuerza, apoyó la mejilla sobre su cabeza e inspiró hondo. Tenía que volver y ayudar a Kudo a resolver el caso pero necesitaba estar cinco minutos más así, con Kazuha, sintiéndola a salvo.

«Si estar enamorado significa saltar por un precipicio preferiría no estarlo» pensó.

Heiji moriría por Kazuha.

Kazuha moriría por Heiji.

Pero ninguno de los dos quería admitirlo en voz alta.

Fin

Notas de la autora:

¡Hola! ¡Tercer shot! Estoy actualizando mucho más a menudo de lo que es normal, últimamente me viene la inspiración en el tren y como son 45 minutos de ida y 45 de vuelta me da tiempo a escribir muchas cosas.
Con este shot he tenido bastantes problemas, no se me ocurría ninguna canción para usar porque no quiero repetir grupos / artistas, las únicas que se me ocurrían eran "Close to me" de The Cure y "Criminal World" de David Bowie pero como de ellos ya tengo canciones colocadas me estaba desesperando. Estaba pensando que la letra de "Push it" de Garbage para la "P" sería una tortura entonces y me acordé de "Crush" (del mismo grupo) y el shot salió solo. Si tenéis alguna sugerencia para la "D" os escucho.
Se ha escrito mucho sobre la escena del precipicio lo que lo convierte en otra versión más de qué pasó pero bueno he procurado profundizar más en la parte emocional que en el cómo salieron.
Aquí la canción: www. youtube watch?v=MnCPNCFJk4c

Aclaraciones:

-hime: como –chan, -kun, - san… es una partícula de trato, en este caso significa princesa.
Shinai:
Espada de bambú.

º º º

Camila1487: ¡Hola! Me alegra que te gustará, espero que este te guste también.
CodeYumishiyama: ¡Hola! Últimamente falla con los comentarios, a mí también me ha pasado. Me alegra que te gustara, a ver qué te parece este.
Tienen la sangre demasiado caliente este par, siempre gritándose y peleándose como si todavía tuvieran seis años jajaja. Son muy divertidos.
¡Ánimo! Seguro que consigues acabarlo.
Un besazo desde Barcelona.