Os debo una disculpa por haberos hecho esperar. Entre unos asuntos que atender de la universidad y un pequeño trabajo que he conseguido no me he dado tiempo. He logrado comprar un celular nuevo (en comparación al anterior que llevaba) por lo que no me será imprescindible contar con el portátil para continuar escribiendo, puedo avanzar mientras estoy de descanso en la oficina y así actualizar con más rapidez.
Gracias por los reviews, me llena de emoción el ver que no le habéis perdido fe a la historia. En verdad lamento la demora.
Y nada, Mitsu para todos.
Disclaimer: K-on no me pertenece, así que nunca sabremos si cumplieron su sueño de llegar al Budokan :c
Era imposible.
Para dos personas como ella y Mio el interpretar a los protagonistas de la obra teatral para la clase estaba fuera de su concepción.
«Si Mio-chan es Romeo, entonces Julieta tiene que ser Ricchan.»
«¡Estoy de acuerdo!»
«Después de todo son amigas ¿Verdad?»
«¡Ve a protegerla!»
Fueron los comentarios que recibieron de parte de sus compañeras de salón, ninguno de ellos precisamente motivador. Incluso pareciese que las tomaran por comediantes.
De hecho, creo que lo hacen.
Había sido un día realmente pesado, una cosa caía sobre otra y a la castaña le estaba costando asimilar todo al mismo tiempo. Recordó haberse mofado brevemente de la suerte que llevó su mejor amiga al ser elegida para el papel principal, segundos después se encontraba objetando su participación en la obra como la otra protagonista. Como si fuera cosa del destino Mugi ya estaba preparándoles el guión. Sucedió lo primero que tenía previsto, Mio entró en crisis y se sumergió en un estado de negación que incluso Azusa lo consideró alarmante. Lo segundo, pues, que descubrieron que ambas eran incompatibles con el personaje que debían interpretar. Incluso con la idea que tuvo Yui de cambiar un poco su actitud no lograron avanzar mucho salvo sentirse avergonzadas de si mismas. La castaña había decidido que era suficiente, si este era su reto entonces lo iba a afrontar cara a cara y si era necesario iba a llevarse a rastras a la pelinegra en esa decisión.
Tras una larga práctica, varios intentos de imitación y muchas burlas de parte de Mio y Satoshi hacía la Julieta de la castaña, se encontraban ambas chicas en la habitación de Ritsu recostadas sobre la cama con signos de no querer pensar en nada por el momento. La baterista suspiró pesadamente, tenían el guión aprendido y ahora solo debían encontrar la manera de lograr interpretar al personaje que se les había asignado.
Aunque podrían habernos ahorrado el trabajo desde el inicio si nos hubieran dejado cambiar de papeles.
Ritsu sabía que ese pensamiento no involucraba la interpretación de su compañera. Mio es de las personas que se presionan a si mismas cuando la situación es un tanto complicada de manejar hasta que logran adaptarse, así que no dudaba que la pelinegra conseguiría acomodarse al papel.
Pero, vamos ¿Ella de Julieta? Parecía ser algo totalmente fuera de contexto.
La mayor parte del tiempo la castaña siempre se mostraba enérgica, inquieta e impulsiva, con el comportamiento promedio de un niño. Ciertamente esto no le molestaba a la castaña y tampoco a la pelinegra.
A pesar que ellas nunca lo establecieron, era claro que cada vez que Mio necesitaba soporte recurría indudablemente a la castaña. Ritsu había perdido la cuenta de todas aquellas ocasiones en las cuales la bajista había solicitado su presencia para diferentes motivos, algunos bastantes triviales incluso.
Siempre había sido así desde que lo recordaba.
[Inicio flashback]
— ¡RITSU! —una pequeña niña gritaba desde una esquina del área de juegos dentro de un pequeño parque.
— Mio, es solo una pequeña lagartija, no va a hacerte daño —una niña de diadema naranja habló con toda la calma del mundo
— ¡NO LA AGARRES! ¡PUEDE LASTIMARTE! —la pequeña de cabellera negra se encogía cada vez más en su rincón.
— Vamos, no va a suceder eso —dijo la niña de diadema mientras levantaba al animal del suelo, mostrándoselo a su amiga— ¿Lo ves?
— ¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! —Mio abrazó sus rodillas con fuerza mientras unas pequeñas gotas amenazaron con abandonar su pequeño rostro, haciendo sentir culpable a la castaña.
— Tranquila, tranquila —dijo mientras apartaba al pequeño animal— Iré a dejarlo del otro lado del parque para que no te moleste.
Dicho esto dio media vuelta y emprendió camino hasta el otro borde del área para ubicar al animalito en algún arbusto. Se le quedo mirando unos instantes mientras lo posicionaba en una rama.
— No te sientas culpable, pequeña lagartija, Mio siempre es así —le hablaba al pequeño animal— Pero no te preocupes, ella no te haría daño nunca, quizás solo le falte conocerte más para descubrir que pueden ser buenos amigos.
La pequeña sonreía hacia sus adentros, sentía que la lagartija había comprendido la situación y todo estaba tranquilo ahora. Cuando se encontraba dispuesta a volver con su amiga unos niños la abordaron momentáneamente.
— Hemos visto que traías una lagartija contigo —la abordó casi directamente uno.
— Si —contestó Ritsu sin mucho compromiso— la he dejado en el arbusto para que no asuste a mi amiga.
— ¡Genial! ¡Aquí está! —exclamó uno de los niños quien había encontrado a la lagartija.
Ritsu no entendió bien que pasaba cuando uno de ellos sujeto al animal y se lo llevó, siendo seguido por sus compañeros. Pensó en no darle importancia hasta que ese pequeño grupo se juntó con unos más, el niño que llevaba a la lagartija se la entregó al más alto del grupo, quien la sujeto por la cola y grito.
— ¡EL PRIMERO EN DARLE GANA!
Dicho esto, lanzó al animal lo más lejos que pudo. Ritsu miró aterrorizada como todo tomaron la piedra más cercana y tomaron posición para lanzarla a ver quién le atinaba.
La castaña no lo dudo dos veces y corrió hacia el pequeño animal, que había empezado a correr sorteando los proyectiles que le lanzaban y buscando donde refugiarse. Ritsu logró alcanzarlo, sujetándolo nuevamente y guardándolo en uno de sus bolsillos.
— ¿¡Pero qué haces niña!? —uno de los niños se acercó amenazante a la castaña.
— ¡Él no les ha hecho nada! —increpó esta.
— ¡Solo estamos jugando, no íbamos a hacerle nada! —protestó otro niño.
— ¡Pueden hacerle daño con esas piedras!
— Tu eres una niña, las niñas deben jugar con muñecas, no con lagartijas —objetó un niño más.
— Con lo que yo juegue es problema mío.
— ¿Acaso eres un niño para jugar con animales?
— Y qué si quiero.
— ¡Niña tonta! —el más alto de grupo se acercó a Ritsu de manera intimidante, al ver que esta no se inmutaba decidió empujarla.
— ¡Es por eso que las niñas no deberían venir al parque! —acusaron los niños mientras se alejaban.
Al tener las manos dentro de su bolsillo para sujetar a la lagartija Ritsu había caído pesadamente sobre el suelo. Su pequeña diadema había caído de su cabello al impacto, siendo pateada por uno de los niños que se retiraban enfadados. Mio, quien había visto aterrorizada todo el espectáculo, se acercó corriendo a su amiga para asegurarse que se hallaba bien.
— Ritsu ¿Estás bien?
— Mio —al girarse, la pelinegra notó que los ojos de la castaña estaban reteniendo dos pequeñas gotas— Lo siento, parece que hoy tendremos compañía extra a casa.
Y así la pequeña Ritsu dibujó una sonrisa en su rostro para disipar todo rastro de susto. Mio asintió y la ayudó a incorporarse. Camino a casa la castaña se aseguró de dejar al pequeño animal en un lugar seguro, la pelinegra podría asegurar que el pequeño le había dado las gracias a Ritsu una vez este abandonó su bolsillo.
A la mañana siguiente Mio se aproximó a Ritsu durante el almuerzo, esta se encontraba luchando con el fleco que ahora caía libremente sobre su rostro, podía notarse que le incomodaba bastante.
— Oye, Ritsu —murmuró la pelinegra una vez a lado de la castaña.
— ¿Qué pasa, Mio-chan?
— Sabes, yo creo que no eres una niña tonta —una vez dicho esto se posicionó tras Ritsu, sacó una diadema amarilla de su bolsillo y la acomodó en su cabello— En realidad creo que eres muy valiente.
— Mi-Mio —la castaña se había quedado paralizada en su asiento, no esperaba para nada ese gesto.
— A veces me gustaría ser más como tú…
— ¡No te preocupes, Mio! —exclamó Ritsu, poniéndose de pie enérgicamente— seré tu protectora de lagartijas todas las veces que quier- ¡Ouch!
— ¡No me refería a eso! —el inicio de los golpes en la cabeza para reprender a la castaña habían empezado en este punto.
El golpe desacomodó un poco la diadema amarilla que llevaba Ritsu, accesorio al cual la castaña le tomó importancia desde aquella ocasión.
[Fin flashback]
A Ritsu realmente nunca le molestó el que le dijeran que parecía niño por el comportamiento. Siempre había estado bien así, de otra manera no podía haber atendido los llamado de Mio cada vez que está lo ha solicitado. A pesar que es ella quien mayormente planta temor en su amiga, es ella también quien le brinda el confort necesario para superarlo.
Definitivamente Mio sería mucho mejor de Julieta.
Pero ¿Y yo?
…
«¡Yo creo que Ritsu es perfecta para el papel!»
El recuerdo de lo dicho por Mio esa mañana llegó a su memoria.
«Ella es enérgica y valiente ¡Sin mencionar que practica lucha libre con ella misma!»
De acuerdo, quizás lo último no hubiese sido necesario mencionar. Aunque lo hubiese mencionado solo para salir del paso y librarse del protagónico, el que Mio plantará ese adjetivo en ella la hacía sentir feliz.
Pero ¿Y eso de que le servía a Julieta?
— Ahh… Esto no va a funcionar —suspiró pesadamente la baterista
— Bueno, al menos tenemos memorizadas ya las líneas —respondió Mio del otro lado de la cama
— Pero Mio, tú estabas riéndote demasiado fuerte.
— Eso es porque cuando actúas como Julieta… Pffff—la pelinegra intentó contener su risa sin mucho éxito.
— ¿Acaso es realmente gracioso? —reprocho la castaña— Bueno, tu Romeo no parece una persona confiable ¡No hay forma de que quisiera fugarme con él!
Dicho esto empujó a su amiga hasta el borde de la cama para que dejará de burlase, cayendo esta al suelo.
— No es mi culpa —sinceró la bajista— yo realmente no tengo tanta confianza.
— Tú deberías interpretar a Julieta, la interpretarías perfectamente con tu inseguridad.
Ritsu se puso de pie e intentó colocar una pose tímida en ella, tomo aire e interpretó un fragmento de sus líneas como si lo hiciese Mio.
— ¡Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo?
— ¡Yo no hago eso! —objetó Mio— Tú podrías interpretar a Romeo así.
Mio planto una pose segura al ponerse de pie, tomo aire y recitó de manera firme como si de Ritsu se tratase.
— ¡Oh, Julieta! ¿Por qué eres tan hermosa?
— No creo que Romeo lo dijera de esa manera —hizo Ritso la observación.
— Bueno, aun así estarías mejor para el papel —Mio volvió a colocarse en la posición anterior— ¡Para recibir tu amor iría a lo más profundo de-…
— Eh!?
Ambas cayeron en cuenta que interpretando su personaje como si de la otra se tratara podrían lograrlo. Algo complicado de entender pero parecía funcionar en ellas y eso les bastaba por ahora.
—o—
Mio tenía que hacer algo con su timidez. Una noche atrás había logrado interpretar a Romeo a la perfección, pero con sus amigas presentes ella había recordado que a pesar de interpretar el papel como si se tratara de Ritsu pues no era ella al final de cuentas.
Mugi acompañaba la marcha apesadumbrada que la bajista daba a través de los pasillos buscando despejarse un poco.
— Me siento realmente curiosa —rompió finalmente el silencio Mugi— ¿Cómo es que Ricchan y tú llegaron a la idea de interpretar su papel como si fuesen la otra?
— Oh, no es la gran cosa —respondió Mio— siempre lo he pensado así. Ritsu es de las personas a las cuales los papeles heroicos le asientan con toda naturalidad.
— Realmente Ritsu tiene encanto para esas cosas —sonreía Mugi con toda la inocencia del caso.
— Cuando éramos niñas Ritsu enfrentó a un grupo de niños para salvar a una pequeña lagartija —Mio añadió al comentario de la tecladista— siempre he admirado ese lado suyo, creo que es lo único que podría admirar de esa cabeza hueca.
— Eso se oyó tan cruel, Mio-chan —Mugi reprendió a su compañera.
— E-eh, no no, no lo decía con esa intención —Mio se disculpó— Ya sabes, Ritsu podría ser un poco más responsable y dejar de pasársela jugándome bromas de mal gusto.
— Tal vez si —Mugi traía cierta sonrisa de complicidad en sus labios— pero de otra manera creo que Ricchan y tú no podrían congeniar tan bien. A veces siento un poco de envidia por todo ese tiempo que ustedes llevan juntas y esa connivencia que hay en sus acciones, incluso cuando la regañas. Creo que no podrían haber elegido a un mejor par para la obra.
Mio levantó un poco la mirada, quizás observando un viejo recuerdo. Al parecer había logrado traerlo de vuelta, pues sus labios se curvaron en una sonrisa complaciente.
— Lo sé.
