Nota: fuerza gente, se nos acabó la primera temporada, pero habrá segunda y el fandom sigue vivo. Viviremos
3. Macchiato
Viktor se dedicó a hacer unos ejercicios terapéuticos y conocer los centros comerciales de diseño independiente que Yuuri le había mandado por mensaje. Porque por supuesto Viktor se había conseguido su número de teléfono con esa excusa.
Se sacó algunas selfies que subió a instagram y otras que solo envió a Yuuri para mostrarle los lugares que estaba conociendo. El japonés le contestaba primero con palabras breves "Qué bien... anda a tal lado... qué bonito", pero luego le contaba en qué estaba en la universidad o en el trabajo y después le comenzó a mandar fotografías de su pila de apuntes o de las bebidas que preparaba y Viktor las atesoraba en su ICloud como algo que valía la pena conservar.
Viktor estuvo ocupado visitando un nuevo traumatólogo, buscando su faja terapéutica, visitando a Marianne, administrando sus cuentas bancarias y haciendo una sesión de fotos con Hugo Boss; casi una semana desaparecido hasta que fue nuevamente a la cafetería. Habría podido pasar un rato durante sus ratos libres, pero no quería apresurarse, intuía que ese contacto distante con Yuuri era mucho más personal de lo que sería un trato directo. Y tuvo razón. Esa semana por mensaje, Yuuri le contó acerca de su familia, del hotel de aguas termales en Hasetsu, de sus amigos Yuuko y Nishigori. Viktor sentía que ahora que lo viera de nuevo, ya no era solo un extraño.
Cuando entró a la cafetería el martes siguiente a tomar su merienda, Mark le saludó y Yuuri se dio vuelta a verle desde donde estaba preparando una bebida tras la barra. Sus labios se curvaron en una sonrisa aunque volvió su vista a su labor, le dejó la bandeja al cliente y se acercó a saludarlo tímidamente.
"Buenas tardes, Viktor..."
El ruso le dedicó una sonrisa radiante y respondió entusiasmado.
"Hola, Yuuri, ¿te fue bien en el proyecto de programación?"
"Sí... gracias y ¿tu sesión de fotos?
"Aburrida, por suerte ha terminado?" admitió el ruso caminando con él hacia la barra ante la mirada suspicaz de Mark.
"¿Qué vas a servirte?", preguntó el japonés.
"Sorpréndeme"
"¿Tienes mucha hambre?"
"¡Mucha!", exclamó Viktor mientras Yuuri le bajaba un plato de croquetas a Makkachin.
"Bien", dijo Yuuri y preparó con mucho esmero una bebida con café, leche, jarabe de vainilla y un lindo diseño con espuma de leche y caramelo en la parte superior. Los ojos del ruso se abrieron en un fascinado asombro infantil y practicamente aplaudió cuando vio el bollo de miel y zanahoria que lucía tan bonito al lado de su bebida. No pudo evitar sacarle una foto y subirla a instagram con el mensaje "Siendo malcriado por katsuki_y en el café de IceMark #yuurikatsuki #coffee #MarkTomkins"
Luego, dio el primer sorbo y sus mejillas enrojecieron, sus ojos azules destellaron y exclamó al cielo "¡Vkusno!" y siguió bebiendo intercalando bocados de su muffin. Yuuri, que volvía de tomar una orden, parecía muy satisfecho con su reacción y comentó.
"Me alegro que te haya gustado"
"¡Está muy bueno!, eres un hombre de múltiples talentos, Katsuki Yuuri"
El japonés se alejó sonriendo a buscar más bollos a la cocina y Mark a su lado susurró. "Te gusta".
Viktor pestañeó varias veces, tomado por sorpresa. "De qué hablas... no seas..."
"Invítalo a salir", molestó Mark devolviéndole la mano por lo que Viktor le había hecho hacía unos días, pero luego se puso serio y agregó. "O mejor no lo hagas, Yuuri es un chico frágil y tú eres demasiado..."
"Demasiado qué..."
"Volátil... el chico acaba de volver a las pistas, se le ve animado, creo que deberías abstenerte si solo lo buscas para divertirte"
"No es lo que crees, él me admira... es como tu y yo hace años... ¿Tu me hiciste a un lado hace años?", preguntó Viktor intentando llegar a un punto. Pero Mark era un perro viejo y siempre sabía más.
"Si tú dices que es lo mismo..."
Y lo era. O al menos eso creía en ese entonces. De la misma forma en que Mark lo había apadrinado ayudándolo a perfeccionar sus saltos y crear historias con su lenguaje corporal. Él quería devolverle eso a la vida. Quería hacer eso por Yuuri.
Cuando estaban cerrando el local, Yuuri se acercó por sí mismo a él y dijo "Hey, Viktor... sobre lo que me ofreciste de ayudarme con mi patinaje...". El ruso se volvió a él completamente, dándole toda su atención. "Me gustaría... sería un honor si pudieras venir mañana a la pista donde ensayo para decirme qué opinas"
"¿Tienes una rutina lista?", preguntó Viktor interesado.
"Más o menos, estoy preparando algo con mi profesora de ballet..."
"¡Minako!, ¿no está en Japón?"
"Sí, pero nos conectamos por Skype y ella me ayuda y me indica qué hacer..."
"¿No deberías conseguirte un profesor de baile acá"
"Sí tengo una profesora, pero es un estilo de baile nuevo que estoy intentando aprender... he tomado ballet clásico desde pequeño, los bailes contemporáneos no se me dan aún... lo que estoy preparando es clásico, que es algo que sé hacer, pero no sé si estoy logrando expresarme adecuadamente..."
"Ok, dime a qué hora y dónde te veo allí", le aseguró Viktor radiante antes de despedirse y subirse a la camioneta con Mark y Makkachin.
Mark le instigó a comprar un auto usado para que se moviera por sí mismo, porque no estaba dispuesto a seguir prestando su camioneta para los caprichos de su amigo, "Es una herramienta de trabajo, Tori, no un city tour". Viktor quiso comprar un auto nuevo, pero Mark le dijo que le prohibía tirar dinero en un Volvo u otra estupidez que luego dejaría botada en su antejardín, así que terminó con un viejo Chrysler 300 que resultó ser bastante bonito.
La noche del viernes, luego de pasear largamente a Makkachin y dejerlo entretenido con unos cartílagos, condujo hasta el Detroit Skating Club, como Yuuri le había indicado y estacionó fuera mientras veía salir a varios jóvenes. Viktor entró al centro de patinaje y siguiendo la señalética, encontró el camino a la pista de donde venía saliendo Phichit que luego de saludarle indicó "Yuuri te está esperando". El ruso se apresuró hasta que vio el blanco iluminado dinde Yuuri estaba deslizándose distraídamente, dando pasos circulares, de espaldas, como si no temiera a nada y tampoco pretendiera algo aparte de disfrutar del hielo. Era desgarradoramente bello.
En uno de sus giros la mirada del japonés encontró a su expectador y se acercó a la baranda.
"¿Me vas a mostrar tus pasos?"
"Oh claro, pero.. estoy recién armándolo y aún no tengo clara la música, porque Celestino eligió una y yo no siento que... entonces estamos aún..."
"No te preocupes, puedes mostrármelo con la canción que has estado practicando"
Yuuri tomó el control y puso play, lo dejó en la baranda. Comenzó a sonar el acorde de una conocida canción de Ella Fitzgerald. Yuuri comenzó haciendo un trompo y una secuencia de pasos muy suave y delicada, estuvo desplazándose con una secuencia de pasos hasta que de pronto se detuvo y se acercó a Viktor, quien paró la música.
"Es todo lo que hay, aún no decidimos los saltos y no sé como será el final..."
"La secuencia de pasos está bien, se te da bien", comentó Viktor "Hay algunos movimientos que podrían ser más limpios, marcar más la apertura de los brazos, erguir tu espalda... el problema mayor es que no comunica nada, es una secuencia bonita, pero no sé qué me estás intentando decir con ella... ¿se entiende?"
"Yo tampoco.. o sea, la canción trata de alguien que fue abandonado por la persona que quería y le dice que ahora le toca llorar a ella, así que supongo que yo debería estarle diciendo a mi ex pareja que ahora que vuelve a decirme que me ama, le tocará llorarme un río pero..." (1)
"Nunca has estado en una situación así, ¿verdad?", preguntó Viktor sin ninguna intención de molestarlo, no obstante, Yuuri enrojeció hasta las orejas y le miró con un gesto avergonzado. "¡No te preocupes Yuuri!, yo tampoco me he visto diciéndole a alguien que me llore"
"¡Quien a abandonaría a Viktor Nikiforov!", contestó Yuuri con un tono dolido.
"No es eso, es que nunca he tenido una relación sentimental lo suficientemente larga o profunda como para saber lo que significa el abandono o un corazón roto", reconoció Viktor sintiendo un poco como su imagen se diluía. Yuuri lo obsevó nuevamente, serio e indescifrable y preguntó.
"Cómo bailaste entonces 'Hold me closer' sin tener a nadie en mente"
Viktor abrió los ojos. Él mismo se había propuesto bailar un tema amoroso hacía unos años, pero fue solo empujado por un romanticismo abstracto.
"Actuando... no solo somos deportistas, somos bailarines, un poco artistas plásticos y también actores", respondió Viktor sentándose en la primera fila de las gradas, su espalda molestando luego de estar tanto rato de pie. Yuuri evaluó sus palabras seriamente y Viktor continuó "Busca una historia parecida, una película, una novela que tenga una historia de ruptura y abandono y ponte en el lugar del personaje"
"¿Es lo que haces?"
"Es lo que he hecho muchas veces", reconoció Viktor, "Ahora haz la secuencia de pasos de nuevo y te voy indicando qué debes mejorar"
Esa noche estuvieron solo una hora más, en que Yuuri hizo dos veces la secuencia de pasos siendo constantemente interrumpido por Viktor que le daba instrucciones. El chico parecía no querer parar, pero Viktor consideró que ya había tenido suficiente, ya llevaba casi cuatro horas de práctica y eso en sí mismo parecía un régimen espartano. Mientras Viktor lo llevaba a casa se enteró de que compartía un departamento con Phichit y Otabek, que con el tailandés iban a la misma universidad y Otabek a una preparatoria y que praticaban todos los días de lunes a sábado entre dos y tres horas diarias. También supo que de lunes a jueves su horario de entrenamiento era en la tarde, entre las clases y el turno en la cafetería y que el viernes estaba en la noche, y el sábado a media mañana. Viktor le propuso un horario de una hora extra en que él supervisaría los progresos de su rutina dos veces por semana y Yuuri pareció emocionado como un niño en navidad.
Desde entonces Viktor se comenzó a construir una rutina alrededor de Makkachin, sus desayunos con Mark - el viernes también Yuuri está allí - los paseos por la ciudad, la terapia con Marianne más los ejercicios que debía realizar a diario y, por supuesto, las sesiones - de ¿tutoría?- con Yuuri. En esas prácticas Viktor comenzó a sugerir saltos para complejizar la rutina, considerando que Celestino al programar ciertos pasos y descartar otros, desperdiciaba el potencial y estamina que realmente tenía el japonés. Viktor, por supuesto tenía absolutamente claro que a fin de cuentas el entrenador era Celestino y él, un simple mentor. Eso no le impedía meterse donde no lo llamaban, introducir cambios donde él consideraba y a veces recibir mensajes furibundos de Celestino: "¡Deja de jugar al entrenador con Yuuri!".
Estaba tan centrado en pensar en una respuesta ingeniosa que no notó que Mark se había dejado caer a su lado y aprovechando que estaban en la mesa más distante de la barra le confesó:
"Invité a salir a Emma"
Viktor dejó el teléfono inmediatamende de lado y abrió sus ojos enormemente como preparándose para soltar un grito arrollador, evento que fue impedido a tiempo por el pelirrojo que puso una mano sobre la boca del ruso.
"No quiero escándalos, Tori, te quiero pedir un favor"
"En el nombre del amor, cualquier cosa", aseguró Viktor con una risita infantil que aseguraba que estaba muy encantado con la situación.
"Necesito que cierres el local, nosotros nos iremos antes para aprovechar el tiempo, una vez que limpien todo, le puedes pedir ayuda a las chicas o a Yuuri"
Viktor miró hacia la mesa donde el japonés se encontraba atendiendo y de pronto hacía mucho calor.
"Ya sabes...", canturreó Mark que notó su racción, con ganas de molestarlo, "en el nombre del amor" y se puso de pie dejando a Viktor ensimismado y confundido. Yuuri se abría paso entre las mesas para ir a preparar la orden y ponía un gesto de concentración mientras vertía la espuma de leche en la bebida. Su rostro era el de un joven japonés, promedio, solo que Yuuri era un patinador. Caminaba con la gracia de un bailarín, tenía una figura esbelta y esculpida por el ejercicio y pese a su reservado carácter, sus ojos rasgados eran como un libro abierto: brillantes cuando estaba entusiasmado, oscuros cuando estaba ansioso y desaparecían en una línea cuando reía con ganas. Sus manos de dedos largos y delgados producían un efecto muy bonito cuando patinaba y su cabello liso y fino se movía como una seda al viento - Viktor sabía de eso, porque tenía pañoletas muy finas de seda- y puede que tal vez, quizás, Mark tuviese algo de razón y a Viktor le gustase Yuuri un poco más de la cuenta.
Christine y Julia se apuraron en limpiar y ordenar todo y huyeron antes de que Yuuri les pudiese pedir que le ayudasen a cerrar. Viktor le aseguró que no había mucha dificultad en programar la alarma, asegurar unas cuantas cerraduras y poner un par de candados. Pero cuando ya estaban asegurando los muebles de la cocina, en un impulso demandó: "Enséñame a usar la cafetera"
Yuuri pestañeó repetidas veces, Viktor sabía que ese es un gesto de asombro y lo enconraba adorable. El japonés asintió y lo llamó a que pasara por detrás del mostrador donde le indicó cómo sacar los granos molidos en el medidor desde el dispensador de café, a comprimirlos con la prensa manual, a ponerlos en la máquina, luego le indicó que encendiera el motor para que el agua hervida fluya y destile la escencia del café y finalmente a sacar el líquido espeso y amargo en una de las tazas, finalmente le indicó como sacar la leche hervida desde el otro compartimento. Luego se puso a su lado y tomando su mano le guió para verter la leche espumosa con cuidado sobre el expreso para que quedara un pequeño dibujo.
El ruso dio un gritito fascinado al ver el resultado y no pudo evitar sacarle una foto y subirla "El primer café preparado por mí mismo, Katsuki_y es el mejor maestro #coffee #Macchiato". Luego se volvió a Yuuri y exclamó "Tiene forma de corazón, es muy lindo"
"Es como tu sonrisa", comentó Yuuri sin pensar y comenzando un pequeño tartamudeo al ver el rostro interrogante del ruso. "tu sonrisa... tiene forma de corazón, a veces, igual te lo deben haber dicho muchas..."
"Mi madre decía eso", le interrumpió Viktor con una expresión afectuosa y desconocida para el japonés.
"Quieres que te enseñe a hacer el Caramel... creo que es tu favorito"
Viktor apludió fascinado y se puso nuevamente a disposición de su acompañante, siguiendo cada una de sus instrucciones. Al acabar, pegó un sorbo y cerró los ojos ensimismado gritó "¡Vkuzno!" y finalmente declaró "Nunca pensé que lo lograría, lo haces parecer simple, eres muy bueno en esto".
"No es para tanto", murmuró Yuuri modestamente, mirando la taza de Macchiato sin caramelo y comenzando a beberla. "Es solo café".
"Un café muy bueno que no todo el mundo sabe preparar... deberías darte más crédito", le regañó Viktor, con un tono amable.
"Ok... al menos soy bueno en esto, digo por si lo del patinaje no funciona"
"Yuuri, no digas eso, eres bueno patinando, has mejorado mucho, tu rutina está quedando muy bonita "
"Ok..."
"Y cuando te digo que eres talentoso no lo digo por ser amable, es en serio, patinas de una forma encantadora, tienes una carrera universitaria, sabes hacer bebidas deliciosas, sabes manejar el hotel de tu familia... yo apenas terminé el colegio y aparte de patinar no sé hacer nada", confesó el ruso dejando caer sus brazos en un gesto de resignación.
"¡Pero eres Viktor Nikiforov!, la leyenda viva del patinaje..."
"Una leyenda lesionada..."
"¿Qué...?", la expresión de Yuuri mutó en un gesto fúnebre, por lo que Viktor debió explicarse.
"Una esquice discal, casi me disloqué, me operaron, estoy bien... pero esto podría haberme sacado de las pistas"
"No tenía idea... , lo siento..."
"No lo he publicado... no quiero la lástima de nadie, ni rumores alrededor"
"No le diré a nadie", juró el japonés solemnemente. "pero, ¿esto significa que nunca más podrás patinar?", sonaba preocupado, como si le dijeran que habían cancelado su show favorito en la televisión.
"Estoy yendo a terapia, haciendo ejercicios, esta temporada no puedo patinar, pero tal vez la próxima pueda competir de nuevo"
"Oh ¡Bien!, ¡Me alegro!, ¡Estaré esperando que vuelvas para competir contigo!", exclamó entusiasmado y Viktor volvió a deslumbrarlo con otra sonrisa. Debía reconocer que lo hacía mucho estando cerca de Yuuri. Terminaron cerrando casi una hora más tarde y, como Detroit es una ciudad peligrosa de noche, o al menos eso decían las estadísticas que Viktor se puso a recitar, fue a dejarlo a su departamento.
Esa semana, en el turno de la mañana del viernes, Viktor decidió sorprender al japonés preparando él mismo su desayuno. Un macchiato, un sandwich con queso prensado y una magdalena glaseada. Yuuri casi brillaba de contento al ver la sorpresa, aunque aseguró que era demasiada comida; igualmente la acabó toda.
Al día siguiente, luego de la práctica matutina, Viktor lo invitó a almorzar y juntos pasearon con Makkachin por el parque hasta llegar a un restaurant con terraza donde pueden estar con el perro y comer langostas. Yuuri estaba un poco escadalizado por el posible precio de la comida, pero Viktor no le permitió hacer un show de ello y terminaron comiendo hasta que sintieron que sus ombligos explotarían y Yuuri lloraba de la risa, porque estaba muy lleno y le dolía y ese dolor le parecía divertidísimo.
Pasaron casi todo el día juntos mirando los grafitis de una fábrica abandonada y caminando por los muelles delclub de yates, Viktor sentía un impulso terrible de rentar una embarcación y cenar allí, pero pensó que era demasiado. Eran amigos recién, ¿verdad?
Nuevamente condujo hasta dejar a Yuuri en la puerta de su casa y a antes de dormir leyó un mensaje en que el japonés le agradecía por todo lo del día y le deseaba las buenas noches.
Como siempre, las mejillas de Viktor se contrajeron en una sonrisa involuntaria, fuerte y hasta dolorosa.
Habían pasado casi tres meses desde que llegó a Detroit y encontró por casualidad a Yuuri. Tres meses en que su ánimo mudó de un pesimismo ensimismado a su estatus actual en que estaba más pendiente de los progresos y necesidades de otra persona, más que de las suyas propias. Si Yakov lo viera, no lo creería. ¿Habría sido lo mismo en Rusia? Estaba seguro que no. Solo Yuuri podía sacarlo de su burbuja y hacerlo mirar afuera.
Yuuri que era tímido, modesto, dócil y al mismo tiempo trabajador, obsesivo, testarudo y con un sensible talento y belleza del que era inconsciente. Yuuri que era lejano y cariñoso a la vez y que no decía muchas palabras ni daba muchos gestos pero cuando lo hacía valían tanto, tal vez por la misma rareza.
Para entonces ya era tarde, Viktor se dio cuenta que sin importar que le haya asegurado a Mark: que esto era una simple relación de mentor-alumno y toda la negación detrás de ese discurso... silenciosamente, paso a paso, supo que estaba cayendo, perdido por el japonés. Con fuerza.
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Nota: Como dije anteriormente, muchas fábricas y casas están abandonadas en Detroit, eso es una fuerte evidencia de la banca rota de la ciudad y por eso mismo es que, efectivamente, hay mucha delincuencia. Viktor es muy considerado en ir a dejar a Yuuri a casa.
(1) la canción es Cry me a river, de Ella Fitzgerald
