Después de un largo y agradable rato en la cama de placentero sueño, Dipper finalmente abrió sus ojos. Sin embargo, una extraña sensación en ellos le impidió recuperar su visión.

Algo cubría sus ojos.

No habían pasado ni tres segundos antes que el adolescente se comenzase a hiperventilar, pensó que podía tratarse de Mabel con una de sus bromas, pero todo se fue al caño cuando se dio cuenta que estaba completamente inmovilizado.

Sus muñecas estaban esposadas directamente a la cabecera de la cama, impidiéndole hacer la gran cosa, sólo podía mover las piernas. La cama daba la impresión de haber triplicado su tamaño, parecía no tener final, las sábanas y cobijas se extendían a lo largo y ancho.

— ¿Mabel...?— Habló Dipper, como última esperanza de que se tratase de una muy mala broma—Si se trata de alguna clase de broma, déjame decirte que no es gracioso...

Nadie respondió.

La ansiedad vino a su cabeza. Las ganas de llorar le siguieron camino y llegaron acompañadas de un enorme nudo en la garganta. No lo creía posible, parecía que alguien le había secuestrado mientras él dormía.

¿Pero cómo fue que no se despertó?

Gritó por ayuda y volvió a gritar el nombre de Mabel, simplemente se rehusaba a encontrarse en aquella situación.

Sus gritos cesaron cuando fueron interrumpidos por pasos acercándose. Pensó en gritar el doble de alto, sin embargo, algo en su interior le dijo que lo mejor era no hacer ningún ruido. Resignado, se obedeció a sí mismo.

Los pasos se detuvieron cerca de él. Podía sentir una presencia que estaba allí, observándole. Seguro estaba sonriendo con sorna o algo similar. Dipper no pudo hacer más que apretar los dientes, lleno de impotencia.

Pero lo que ocurrió le desconcertó el triple. Sintió una caricia, muy suave, subiendo desde el tobillo en dirección a su muslo, hasta que llegó a sus caderas. Lo siguiente que pudo sentir fue como la cama se hundió un poco, así entendió que lo que fuese que lo tuviera cautivo, había trepado allí, a su lado.

— Vaya, no pensé que funcionaría, hace más de cinco mil años que no hago esto, ¿Sabes?— La voz finalmente habló, y Dipper sintió como se colocaban a horcajadas sobre él. Sintió mucha incomodidad.

Y más por lo familiar que le resultaba aquella voz.

Dipper se arriesgó a preguntar— ¿B-Bill?

— ¡Bingo!— Finalmente la venda que cubría sus ojos cayó en algún lugar de la cama. Dipper parpadeó un par de veces mientras su visión se ajustaba a la realidad. Efectivamente, el rubio se encontraba sobre él.

Desvió la mirada para escrutar sus alrededores. No podía ver más allá de la cama o del rubio pues lo demás estaba demasiado oscuro, sin embargo, por algún motivo que desconocía (ya que no había ninguna lámpara o fuente de luz cerca) podía ver claramente todo lo que se hallaba en la cama, era morada con sábanas del mismo color pero con tonalidades más oscuras.

El adolescente tragó saliva al notar que se encontraba únicamente en ropa interior.

Regresó su atención a Bill. Claramente saltaba a la vista que éste también estaba en ropa interior. Dipper sintió que su mirada se perdió en el cuerpo del rubio, sus muslos anchos, su cintura delgada y aquel tono de piel tostado que se ajustaba a la perfección a su forma física.

Y el hecho de que se encontrara endemoniadamente cerca.

— ¿Q-qué estás...?— Dipper intentó formular alguna clase de pregunta, pero todo tenía tan poca lógica que creyó que lo quiera que fuese a salir de su boca sonaría increíblemente estúpido.

Bill se sentó sobre el abdomen de Dipper y llevó su mano hasta la mandíbula de adolescente, acariciándola. — ¿Hmmm...? ¿Decías algo?

— Y-yo... ¡Hmph!— Los labios del moreno chocaron contra los de Dipper, silenciándole en el momento. Las mejillas de adolescente se tiñeron de color escarlata al sentir cómo el rubio ejercía presión entre ambas bocas, los labios de Bill eran suaves, gruesos y sobre todo cálidos.

Era imposible no volverse adicto a ellos.

Aquellos labios jugaban de forma sucia sobre los del adolescente, ejercían presión en una danza sensual que hacía que Dipper perdiera la noción de todos sus sentidos, se sentía mareado y confundido, era una sensación que bajaba a su vientre, una que nunca había experimentado. Casi se desmaya cuando sintió como la lengua contraria humectaba ligeramente su labio inferior y logró hacerse paso al interior de su boca.

Intentó retroceder. Ya se sentía demasiado abrumado con la situación y el calor en su cuerpo seguía aumentando, haciéndole sentir terriblemente incómodo. Sin embargo, cada que se movía la lengua de Bill éste recorría con más avidez su boca, explorando lugares que nunca habían sido explorados, danzando en círculos y haciéndole ver el paraíso por breves momentos.

Aunque la sensación más parecida era mirar directo al infierno.

Bill inclinó las caderas hacia atrás y terminó demasiado cerca de la entrepierna de Dipper. A pesar de que quería reclamar, no podía contra aquel beso que silenciaba todas sus palabras. Sintió un pequeño hilo de saliva que se deslizaba por la comisura de sus labios, comenzó a pensar que había llegado demasiado lejos.

Jadeó dentro de la boca del rubio al sentir una mano ágil escabulléndose debajo y comenzando a acariciar el interior de su muslo izquierdo despertando nuevas sensaciones que, combinadas con las anteriores, le hacían dudar si sentirse tan bien era posible. Sabía que algo estaba despertando lentamente.

Se estaba comenzando a excitar.

Finalmente Bill separó sus labios de los de Dipper, sintiendo el aliento caliente de éste contra su boca al tomar distancia. El adolescente hizo lo posible por recuperar el aire perdido y poder entender con mayor claridad aquella situación, pero al intentar concentrar su mirada en la realidad, se volvía a topar con los dorados ojos del rubio y se perdía en ellos.

Nada mal...— Habló Bill, limpiando con su pulgar la comisura de los labios de Dipper— Te estás portando muy bien, creo que no tendré que castigarte.

— ¿Castig...? ¿Qué vas a hacer? ¿De qué est-?

— Shhh...— Bill se alejó de Dipper, quedando cerca de sus piernas, al estar distraído, Bill logró abrir éstas con facilidad y acomodó su cuerpo entre ellas. Quedó acostado en la cama con el rostro ubicado a una peligrosamente corta distancia de su entrepierna.— Ya me acomodé, no lo arruines para que no me vea obligado a castigarte.

— N-no hagas lo que pienso que vas a h- ¡Uhhg!

El rubio mordió con fuerza el muslo del adolescente, haciéndole callar al instante. Sus dientes atravesaron lentamente la carne hasta que pudo sentir aquel delicioso sabor metálico invadir sus papilas gustativas.

Dipper se quejó en un corto gruñido, tirando de las ataduras de sus muñecas. Era inútil. Pero por muy extraño que le pareciese, había algo en ese ambiente que le impedía caer en un estado de completo terror, o por lo menos sentir ALGO de rabia hacia al rubio por lo que le estaba haciendo en contra de su voluntad.

Algo le impedía pensar con racionalidad, algo manipulaba su mente y emociones.

Enfocó su visión de vuelta en Bill, quien tenía algo de sangre deslizándose por sus labios.— Te dije que no me obligases a castigarte, esta es la primera advertencia, ¿Vale?

— S-sí...— contestó Dipper "¿Por qué coño le digo que sí?", se cuestionó a sí mismo, irritado.

Bill sonrió en respuesta, enfocándose de vuelta en la entrepierna de Dipper. por encima del bóxer, se notaba que tenía una erección claramente, una erección que necesitaba ser atendida.

El adolescente desvió la mirada con las mejillas encendidas en un brillante rojo. De todas las situaciones posibles que pudieron haberle ocurrido al llegar a Gravity Falls, ésta era la que menos se le habría atravesado por la cabeza.

Bill le dio un pequeño apretón al pene de Dipper, recibiendo por respuesta inmediata un pequeño espasmo en las piernas del adolescente. Era una buena señal.

Bajó un poco la ropa interior del adolescente. Lo suficiente como para que el miembro de este quedara expuesto. La erección saltó en libertad como un resorte a presión. Dipper hubiese querido morir allí mismo. Era tan incómodo y tan vergonzoso que su mente no podía lidiar con ello.

— Vaya...— Habló Bill, su mano envolvió ágilmente la base del falo del menor y le obsequió una suave caricia— ¿Te pones así por solo un beso?

— E-eres tú quien se pasa de la raya.— El chico de cabellos castaños cerró los ojos con fuerza. Aquella sensación tan ardiente y deliciosa que nacía en sus genitales y se concentraba en el vientre le hacía desear que fuera eterna.— D-dios...

—Aquí no hay ningún Dios. —Rió Bill en respuesta.

El rubio comenzó a masturbar el miembro del chico de cabellos castaños. Se deleitaba con aquellos obscenos sonidos que se escapaban de la boca de Dipper. El menor, por otro lado, se sentía en una increíble desesperación por la necesidad de tapar su boca con las manos, pero al estas estar atadas...

No podía acostumbrarse a esa increíble sensación. Si de algo estaba cien por ciento seguro en ese momento era que una mano ajena no es lo mismo que una propia. La sensación era indescriptible, tenía que morderse el labio al punto de hacerse sangrar para intentar callarse, pero gruñidos de satisfacción seguían siendo expulsados del interior de su boca.

— ¿Lo estás disfrutando?— Bill comenzó a masturbar con mayor velocidad el miembro de Dipper. Sintiendo como ya de la punta comenzaba a gotear líquido pre-seminal. Le causaba gracia ver cómo con el más sencillo de sus encantos ya tenía al menor completamente sometido al más pecaminoso placer.

Quizás alimentarse de Dipper no fue una mala decisión después de todo.

— M-mierda... No t-tan rápido...— Dipper arqueó su espalda y por fin soltó un gemido en su máximo esplendor, los calambres que hacían estremecer su cuerpo se estaban volviendo más poderosos. Ya no atacaban únicamente su vientre, el cosquilleo le llegaba incluso al pecho.

Con cada fricción ocasionada por la mano de Bill, Dipper se sentía cada vez más perdido. No debería estarle gustando tanto que alguien a quien no conocía le estuviese tocando áreas tan íntimas, se sentía tan prohibido que le encantaba.

Dipper jadeó en sorpresa al sentir uno de esos calambres golpearlo como si se tratase de un rayo. — ¡Ah! ¡N-no, al-alt...!

Bill rió entre dientes, apoyando su cabeza en una mano mientras la otra no le daba tregua al falo del menor. Esto estaba resultando más fácil de lo que pensaba ya que, aparentemente, Dipper ni siquiera se cuestionaba dónde demonios estaba. Pronto se alimentaría en su totalidad y tendría energía suficiente como para poder terminar lo que había comenzado.

Dipper cerró los ojos con fuerza y reprimió un alarido mordiendo su lengua al punto de comenzar a sentir el sabor metálico de la sangre en su boca. Un último calambre de placer golpeó su cuerpo y aquella sensación se extendió desde la punta de su pene hasta cada centímetro de su cuerpo en un gustoso estremecimiento.

Trató de recuperar el aliento, se sentía ahora en un estado de paz, tranquilidad y relajación, se sentía en el paraíso...

Hasta que finalmente abrió los ojos.

Estaba en la habitación, en la misma cama de siempre, no se encontraba en aquel lugar desconocido, no estaba atado y mucho menos había rastro de Bill.

Por lo que podía ver, todo se había tratado de un sueño.

Y para colmo, todas las emociones que debió sentir durante aquel extraño sueño como el enojo, la angustia, la impotencia, el odio y la excesiva vergüenza se hicieron presentes de golpe en su pecho, todas a la vez.

Sintió su cuerpo oprimirse de una forma horrible, como si le faltase el aire. Se puso de pie lo más rápido que pudo pero no dio dos pasos antes de colapsar y requerir apoyo, pues se sentía terriblemente débil. Era como si algo le hubiese absorbido toda la energía del cuerpo.

Tuvo que recargarse en la mesita de noche para evitar caer al suelo. Su cabeza daba vueltas y esa sensación de no poder respirar le estaba haciendo perder la cordura. Tomaba bocanadas de aire en vano, pues al momento de expulsar el oxígeno su boca temblaba seguida de unas enormes ganas de gritar y llorar.

No se contuvo y, aprovechando que la ventana que estaba cerca de su cama se encontraba rota, logró sacar su cabeza teniendo cuidado de no cortarse. Intentó en vano contener las arcadas que hacían su cuerpo retorcer, pero al final vomitó.

No pudo expulsar mucho de su cuerpo, aún no almorzaba y él y Mabel madrugaron para desayunar ligero.

Después de vomitar y meter su cabeza de vuelta a la seguridad de la habitación se sintió mucho mejor. Tosió un par de veces, pero ya no tenía esa sofocante sensación de que se iba a morir en cualquier momento.

— ¿Qué... acabo... de... soñar?— Musitó Dipper. Frotó su rostro con ambas manos en busca de alguna distracción mental, pero aquel sueño seguía encuadrado en su memoria, fresco como pintura, y parecía que no se iba a borrar de ahí.

Se sentía culpable por alguna razón que no entendía, su cuerpo dolía y estaba débil, quizás demasiado. Sus piernas temblaban al mantenerse en pie y sudaba frío.

¿Qué le estaba pasando?

Para poner la cereza sobre el pastel, al bajar su vista notó que en su pantalón, específicamente en la entrepierna, había una enorme mancha de humedad, allí debían estar los que pudieron haber sido sus futuros hijos de haber depositado su esperma en el lugar correcto.

El día no podía tornarse más extraño, y Dipper no podía hacer nada más que rogar que esta incómoda situación no se volviera a repetir.

Por ahora debía limpiar.

Bill rodó por el techo hasta caer en el suelo. Había sido expulsado de forma brusca del sueño de Dipper gracias a que el muy idiota se había despertado antes de tiempo.

Su cuerpo cayó sobre un montón de hojas que se supone debía recoger, en el fondo agradeció a su irresponsabilidad porque de otra forma la caída pudo haber sido más dolorosa.

Se había alimentado de la energía de Dipper, pero a pesar de haberlo arrastrado a un sueño y hacer todo ese "trabajo" se sentía exactamente igual que antes. Como si nada hubiese pasado. Sabía que habían sido muchos años desde que no trabajaba de aquella manera y pudo cometer algún error, pero no pensó que no llegaría ni a alimentarse un poco.

Se sacudió los restos de suciedad y entró en la cabaña, esperando a ver si el maldito roedor gigante le ponía a hacer alguna otra estúpida tarea, pero no encontró a nadie en el área de entrada donde estaba la caja registradora.

Lo mejor sería atender aquella trampa para turistas ya que se suponía ese era su trabajo. Se colocó tras el mostrador y se puso a preguntarse la razón de su maldita existencia por un rato.

Al cabo de unos momentos, quedó en un corto estado de trance.

Y una voz le sacó de ese estado.

De todas las voces posibles, esa era la que menos quería escuchar.

— Bill... Bill, ¿E-Eres tú?— Y en ese mismo instante la puerta estaba abierta y un joven y apuesto muchacho estaba reposando en el marco de esta. Su apariencia era idéntica a la de Bill, sin embargo su cabello y ojo eran de un color azul muy brillante.

Era Will, su hermano.

Bill castañeó los dientes y de la rabia tuvo un horrible impulso de arrojar todo lo que estaba al mostrador al suelo y prenderle fuego, pero se resistió exitosamente.

Will corrió a donde su hermano y con un extraño y desconocido entusiasmo logró saltar por encima del mostrador y aterrizar sobre el rubio. Bill trató de poner resistencia pero estaba muy débil y a su cuerpo no le quedó más alternativa que colisionar con el amado suelo— ¡Aaaah! ¡Por la madre Lilith! ¡S-sí estás vivo y... y...!

El azul se quebró y comenzó a llorar a moco suelto sobre el hombro de su hermano. Bill aún se quedó en estado de shock y no sabía si golpearlo o asustarse o, golpearlo de nuevo. Las manos de Will se enredaron tras la espalda de Bill, envolviéndole en un cariñoso abrazo.

Cariñoso para Will, nauseabundo para Bill.

Finalmente el rubio empujó a Will al sujetarlo por los hombros, quedando el azul a horcajadas sobre él— ¡¿Qué crees que estás haciendo, azul?! ¡¿Y cómo demonios llegaste a esta dimensión?!

Will apartó su mirada llena de lágrimas, un poco avergonzado— ¿N-no recuerdas que soy capaz de viajar entre dimensiones?

— Han pasado más de cinco mil años desde la última vez que te vi, ¿Tú crees que yo me voy a andar acordando de esa mierda?

— ¡Ahg! ¡E-eres de lo peor! ¡No ha habido un día en el que no te recuerde o no piense en ti! ¡Veo que a ti no te importa tanto tu familia!

Bill apartó la mirada y empujó a Will a un costado para poder ponerse de pie. Will rodó un poco en el suelo, quedando algo desorientado— ¿Por qué me importaría un maldito llorón que me abandonó cuando más le necesité?

El hermano menor observó a Bill con mucho enojo, aquel malnacido no se cansaba de recordarle algo de lo que él no tuvo la culpa.— ¡¿Cuántas veces tendré que aclararte que el no estar presente no fue mi maldita culpa?! Además, ¡ahora estás vivo gracias a mí!

— ¡Gracias a ti tuve que ver el rostro de la puta esa una vez más! ¡Argh! ¡No tolero su presencia!

Bill le dio una patada al mostrador, pero sólo escuchó el crujido de uno de los dedos de sus pies e inmediatamente comenzó a quejarse del dolor de una forma un tanto graciosa. Will logró estabilizarse en sus pies para ayudarlo, a pesar de lo mucho que Bill intentase resistirse.

— ¡Me cago en todo, maldita sea! ¡Que me lleve Amdusias!— Bill no paraba de lanzar blasfemias mientras frotaba su pie lastimado apoyado en el cuerpo de Will— ¡Odio este miserable y débil cuerpo de mortal!

— No invoques al Duque...— Regañó Will. Ayudó a su hermano a sentarse sobre el mostrador para que así no tuviese que poner peso sobre su pie ahora defectuoso.— Vaya, siendo sincero me sorprende que estés tan débil, ¿No te has alimentado?

Las mejillas del demonio amarillo enrojecieron.— ¡S-sí lo hice, pero no entiendo cómo no funcionó!

— Hmmm...— El demonio azul giró su ojo a la izquierda, en busca de algún error o variable que hayan hecho que Bill no se pudiera alimentar como es debido.— ¡Ah, ya sé! ¿Tu "alimento" se despertó antes de llegar al clímax?

— Durante, diría yo.

Will negó con la cabeza.— Eso está mal, cuando llega al clímax es cuando libera la energía de la que te puedes alimentar, debilitarás a la persona pero tú tampoco te reforzarás. Debes intentarlo de nuevo, no puedes simplemente evitar comer.

Bill tensó su mandíbula y ladeó la cabeza, evitando mirar fijamente el rostro de su hermano.— Para ti es fácil decirlo. Eres un íncubo, tú la metes para alimentarte. Yo soy un súcubo, a mí me la deben meter para alimentarme.

— S-sabes muy bien que no necesitas "meterla" o "que te la metan" para alimentarte.

— Sí, claro, lo dice al que le gusta estrujar su pene dentro de vaginas o culos de mortales con deseos asquerosos.

Las mejillas del íncubo se pusieron cálidas y sintió como su corazón se detenía durante breves momentos por la vergüenza.— ¡No lo digas de ese modo, se escucha vulgar!

— ¡Tú comenzaste!— El rubio empujó a Will con su pie sano, alejándole del mostrador donde estaba sentado.

— ¡No es cierto!

— ¡Sí lo es!

— ¡No me porfíes!

— ¡Lo hago si a MÍ me da la gana, maldito feo!

— ¡Somos iguales, troglodita, si es por eso tú también eres feo!

— ¿Qué está pasando aquí?— Una voz que apareció por detrás de ellos distrajo a los dos hermanos de su infantil pelea. Ambos se giraron lentamente y observaron a Ford, quien parecía aún estar ligeramente adormilado y tenía un vendaje en su cabeza.

Bill apoyó de forma brusca sus pies encima de la cabeza de Will, este cayó al suelo tras un sonoro golpe por el peso puesto repentinamente.— Ah, hola señor Ford...— Habló Bill.— Aquí no pasa nada de nada.

— ¿Qué... Se supone que haces sentado en el mostrador?— Ford notó la presencia del chico de cabellos azules quien suplicaba entre balbuceos que Bill quitase los pies de su cara.— No contestes.

Finalmente Will tomó una enorme cantidad de impulso y de un empujón firme arrojó a Bill del mostrador. Como utilizó más impulso de lo que creía necesitar, salió impulsado hacia adelante con mucha fuerza y aterrizó sobre su hermano nuevamente.

Exactamente su trasero aterrizó sobre el rostro de Bill.

— ¡Oouhj!— Bill intentaba hablar y se retorcía en busca de quitarse a Will de encima, pero este parecía no querer moverse.— ¡Wffiill, mulditho defgdasiado! ¡Quetha tuf cuhlo dhef mi drostdo!

— ¡Ah! ¡B-Bill! ¡Deja d-de mover la b-boca así q-que se siente ra-raro!— El íncubo intentó ponerse de pie pero su hermano al mover la boca de esa manera e incluso llegar a morder, a pesar de tener una capa de ropa que se interponía, hacía que extrañas sensaciones viajasen por el vientre de Will hasta sus piernas y tuvo temblores y escalofríos que le impedían ponerse de pie.

En eso Mabel también llegó, contemplando primero a su tío Ford, saltando hacia él y dándole un fuerte abrazo.— ¡Tío Ford! ¡Te extrañé mucho! Veo que tienes una herida en la cabeza pero como ya estás despierto podré saber qué sorpr-!— La mirada de Mabel viajó hasta encontrarse a los dos hermanos en una posición bastante comprometedora— ¿Qué demonios están haci-?

Ford, sin apartar la mirada de los dos hermanos, con una de sus manos tapó los ojos de la muchacha.— No mires Mabel... No mires.

Will tuvo un horrible escalofrío que le arrancó un adorable sonido de su garganta, con sus mejillas encendidas en un brillante rojo que contrastaba con su cabello intentó de nuevo ponerse de pie.— ¡I-idiota, B-Bill, s-si dejaras de mor-morder se-sería más senci-! ¡AAAAAAH!

Tras esa incómoda escena en frente de la caja registradora, los demás habitantes de la cabaña llegaron al lugar. Por suerte Will y Bill ya se encontraban en un estado presentable aunque ninguno intercambiaba miradas, ni entre ellos mismos ni con Ford o Mabel.

A regañadientes Bill presentó a su hermano a los demás, siendo bien recibido en especial por Dipper y por Mabel. Estuvieron hablando un rato y revelaron que la sorpresa que planeaban para la bienvenida de los dos hermanos Pines era nada más y nada menos que una fiesta en la que todo el pueblo asistiría, la cual se celebraría esa misma tarde.

Después de conversar un rato, todo el mundo fue a arreglarse para la fiesta, dejando de nuevo a Ford, Mabel, Bill y Will solos en un mismo sitio.

Evitaron mirarse fijamente y evadían hablar, creando así un horrible y sepulcral silencio que duró alrededor de dos minutos.

Bill fue quien finalmente habló.— Esto que... Ocurrió hace un rato... Jamás pasó, ¿Entendido?

Ford le dio la razón.— Jamás pasó.

Will asintió dándole la razón a los demás, pero decidió no hablar, aún tenía el bochorno encima.

Los tres sujetos se enfocaron en la única chica de la habitación, Mabel, quien aún no había recitado las palabras "jamás pasó" o algo por el estilo, esperaron breves segundos, pero ella simplemente tenía una sonrisa radiante que ocupaba la mitad de su rostro.

— ¿Y bien, Estrell- Mabel?— Se corrigió Bill, estuvo a nada de cagarla, pero por suerte la adolescente pareció no haberse dado cuenta— ¡Jamás pasó!

Mabel entrecerró sus ojos y observó a Bill con picardía, suspiró y se dio aires de "chica interesante", llevó su mano izquierda tras su espalda.— Muy bien, jamás pasó.

El demonio amarillo, satisfecho con lo que escuchó, palmeó con suavidad el cuero cabelludo de la muchacha.— Bien, ahora, si me disculpan, iré a desinfectar mi boca con cloro.— Dicho esto Bill se retiró del lugar.

Mabel se quedó sonriendo de una forma extraña. Tras su espalda se encontraba cruzando los dedos, aún riendo por lo bajo al pronunciar descaradamente las palabras que todos querían escuchar.

"Jamás pasó."— Susurró para ella misma.

Will había salido a tomar aire fresco, había una suave brisa que refrescaba su cuerpo y hacía danzar sus cabellos azules. Se adentró en el bosque y casi de inmediato sintió la presencia de Bill en éste. No porque estuviera cerca o algo por el estilo, eso simplemente significaba que su hermano había estado vagando por allí muy seguido estos últimos días.

Por breves momentos se sintió mal hermano. Era cierto que lo que había pasado hace más de cinco mil años pudo haber sido en parte su culpa aunque no quisiera verlo de ese modo. Tragó saliva y con un poco de ansiedad relamió su labio inferior para humectarlo. No le gustaba en lo absoluto recordar aquellos hechos, le hacían sentir en su pecho una sensación muy fría y extraña. Avanzó y aumentó su velocidad considerablemente durante su paso por dentro del montón de árboles en buscar de distraerse y pensar en otra cosa.

Caminó hasta una roca de un tamaño lo suficientemente grande como para que tres personas se sentaran allí. Lo pensó dos veces, era alta y un poco rústica, tenía varios lados filosos y se podía lastimar si se caía, pero a pesar de ello decidió subir a la roca ya que los riesgos no parecían ser muchos o, en todo caso, no tendría consecuencias graves.

Su trasero se sintió incómodo al estar apoyado sobre esa sedimentaria, estaba musgosa y bastante fría y húmeda. Pero ya no quería bajarse de allí ahora que finalmente subió, por lo menos quince minutos se tenía que quedar allí para que valiera la pena haber subido. Se cruzó de piernas sobre la gran roca y se puso a divagar un poco. "Ahora que lo recuerdo..." pensó "No estoy seguro de haberle preguntado a Bill cómo logró sobrevivir o cómo quedó en ese estado..."

Will frotó su cabello y su rostro con tal brusquedad que casi llega a rasguñarse o hacerse alguna herida. Estaba enojado, ¡enojadísimo consigo mismo! Hoy pudo ver con claridad que su presencia le valía media mierda a Bill, pero aún así se seguía preocupando por su él, no podía parar de pensar en él, lo quería. No, lo amaba. Le extrañaba, extrañaba las charlas que solían tener, extrañaba las veces en las que su hermano tenía que defenderle porque él de alguna forma era un imán para buscar problemas, extrañaba sus abrazos, oh, cómo fantaseaba con poder recibir un abrazo de Bill que no fuera forzado.

A pesar de todo el desprecio que Bill le demostró a Will, éste seguía queriéndole incondicionalmente, era su hermano, después de todo, y antes también fueron mejores amigos, pero esa parecía ser una etapa que se quedaría en donde estaba: El pasado.

Por eso Will se sentía tan estúpido. No era la primera vez que le trataban como basura y él aún quería demostrar afecto por esa persona, quería demostrar que valía algo, quería su bienestar, quería que fuera feliz a pesar de que le estuvieran destrozando.

Soltó una risa que parecía más bien un triste lamento: ¿Quién pensaría que un demonio podía tener sentimientos tan humanos, tan patéticos?

Una voz femenina se escuchó a sus espaldas como un alegre chillido.— ¡Hey tú! ¡¿Por qué tan solo?!

Se trataba de Mabel. Will pudo enfocarla a la perfección tras girar su cabeza un poco. No pudo responder porque la chica ya estaba trepando aquella roca de filosos bordes, y tras rasparse un poco las manos y rodillas, triunfalmente quedó junto al íncubo.— A-ah, subiste rápido.

— ¡No quería dejarte tan solo!— Mabel palmeó con sutileza el hombro de Will, ella quería empatizar con aquel chico, desde que le vio en aquella situación con Bill, quizás simplemente para fastidiarle o para bromear con él, pero quería hacer ceder las barreras de esa persona tan taciturna.— Will, ¿no?

— S-sí, el mismo. Y tú eres... ¿Mabel?

— ¡La misma! ¿Por qué estás tan solito acá?

La curiosidad con la que la chica le preguntaba a Will los motivos de su aislamiento le hizo creer por breves segundos que podría estar interesado en entablar una conversación, pero su mente le bloqueó aquella oportunidad. Los humanos no eran nada más que comida, COMIDA, después del incidente lo mejor era no involucrarse de ninguna manera con otro humano, solo sería buscar problemas sin necesidad.

Además, Mabel era su ama, por lo menos en su dimensión, no estaba muy familiarizado con verla de otra manera, no estaba acostumbrado a no ser maltratado.

Quería quedarse callado, se sentía sudoroso.

Pero su lengua era más traidora ya que se ponía muy nervioso en esta clase de situaciones, así que en lugar de dejar a la chica en el clásico visto, decidió continuar respondiendo sus preguntas.— Y-yo sólo... Ya sabes... Pensaba.

Mabel rió bajito, quizás más para ella misma.— ¿Pensabas en maneras de compensarle aquella "ayudita" a tu hermano?

Will quiso morir de vergüenza nuevamente al escuchar esas palabras, el simple hecho de pensar en aquellos sonidos que hizo simplemente por el buen trabajo que su hermano sabía hacer con la boca, y que tampoco se puso de pie o se apartó porque una parte de sí le impidió hacerlo...— ¡No me hab-hables de eso! ¡¿No que "jamás pasó"?!

— Crucé los dedos, así que no cuenta.

— Bueno, en ese caso por favor no vuelvas a mencionarlo...— Sí, cada vez más se estaba pareciendo a su Mabel. Algunas cosas parecían no cambiar a través del tiempo y del espacio.

Mabel sonrió pícaramente relamiendo sus labios. Obviamente aquella ocasión fue una hermosa y jugosa oportunidad de chantaje y en lo absoluto iba a desperdiciarla.— No prometo nada. Es más, quizás hasta publique el vídeo.

Y allí fue cuando la poca paciencia de Will terminó en la basura.

— ¡¿Qué?! ¡¿Un vídeo?! ¡¿Cómo que grabaste un vídeo?!— El íncubo tomó de los hombros a Mabel y comenzó a agitarla sin ninguna clase de cuidado, incluso pudo haberla arrojado de la piedra, pero por suerte no era con tanta violencia.— ¡Borra esa mierda ahora mismo!

Muy bien, quizás Mabel se había pasado un poco de la raya al mentirle con respecto a la existencia de dicho vídeo. Se asustó un poco y su cuerpo se tensó, Will se veía tan tímido y cerrado que no se esperaba aquella reacción de él, pero eso era algo bueno ¿Cierto? Estaba drenando sus emociones, por lo que, en cierto modo, Mabel estaba logrando su objetivo, estaba mareada, pero estaba logrando su objetivo.— ¡W-whoah! ¡E-esssso es! ¡Sáca-sácalo todo!

Tras agitar un par de veces más a Mabel, Will se sintió nuevamente en paz consigo mismo. Quizás mentalmente más apto para lidiar con aquella situación. Aún así no dejaba de mirar con su mandíbula tensa y la mirada entrecerrada a la adolescente, estaba bastante enojado con ella.

Pero así mismo supo que debía aprender a controlarse un poco. ¿Qué hubiera pasado si no se hubiese tratado de la Mabel de la dimensión de Bill y en cambio se tratase de su Mabel?

Ahora estaría muerto, seguramente.

Más tranquilo en ese instante, pasó sus manos por su cabello un poco despeinado para así acomodarlo y peinarlo un poco hacia atrás y suspiró con fuerza.— Borra. Ese. Video. Ahora.

Mabel imitó el tono exhausto e impaciente de Will.— No. Lo. Creo.

— ¿Por qué?— Dijo Will en un chillido de angustia.— ¿Cuál es el placer en verme sufrir? No te conozco y hasta ahora no creo haberte hecho nada malo...

De la nada y así como vino a su cabeza, Mabel con una ancha sonrisa soltó de golpe lo que pensaba en ese momento, es decir, sus planes.— Sé mi amigo.

— ¿Q-qué? Y-yo... ¿Qué...?

Will no entendía nada de lo que estaba ocurriendo en ese instante, primero que nada aquella chica le estaba amenazando con un video cuya existencia es dudosa (y sin embargo prefiere no arriesgarse a averiguarlo) ¿Y ahora le pedía ser su amigo?

"Los humanos pueden llegar a ser mucho más raros que algunos demonios" pensó Will. La idea de llevarse con un mortal (que no fueran sus amos) le resultaba un poco escalofriante, es decir, siempre le había gustado convivir con los humanos y observarles en este proceso, pero no había pasado más allá de un simple hábito que no entendía del todo. ¿Por qué le gustaba tanto observar a criaturas con vidas con propósitos tan simples, y sin embargo buscan complicarse lo más posible? ¿Qué veía de fascinante en todas esas experiencias que para él pasarían como un suspiro pero para un humano serían eternas? ¿Por qué tenía aquella manía de estudiar el día a día de aquellos seres tan débiles, y a pesar de eso se fascinaba con el más pequeño cambio que pueda alterar aquella rutina? No lo sabía, solo sabía que le gustaba observar y analizar a los humanos.

Quizás porque muy en el fondo, deseaba ser uno de ellos.

Pero el que un demonio fraternizara de aquella manera con un ser humano solo traería problemas y más problemas totalmente innecesarios.

Bill era la prueba viviente de aquello.

Y bueno, con los únicos humanos con los que ha habitado durante un largo período de tiempo son con los gemelos Gleeful, y básicamente es porque lograron conseguir un extraño artefacto que controlaba su poder y le impedía liberarse. Suerte que los humanos viven poco.

Mabel palmeó con suavidad el cabello de Will. El demonio se puso tenso por breves momentos y desvió de forma brusca la mirada, en serio, ¿Cómo un íncubo, un demonio que desprende vanidad y atractivo sexual podía comportarse de aquella manera? ¡Incluso se había sonrojado!— ¡Ja! ¡Si supieras como te ves en este momento! ¡Buenobuenobueno! Te explico. Verás, parecías muy tímido y cerrado y supuse que si pedía tu amistad así como así me mandarías al diablo...

"Tu suposición fue correcta." pensó Will.— Ajá.

Mabel continuó hablando, retirando su mano de los cabellos del íncubo (quien inconscientemente gruñó en voz baja cuando la adolescente se detuvo ya que le resultaban agradables aquellas palmaditas)— ... Así que decidí que lo mejor sería tomar precauciones.

— ¿Eso no sería chantaje?

— No porque al final te terminará gustando pasar tiempo conmigo.

— ¿O-okay?— Will arqueó su ceja confundido y acomodó con elegancia su parche en breves movimientos— De cualquier forma ¿Por qué tan empeñada en que mantengamos amistad?

Mabel soltó una risa nerviosa, por breves momentos dudó si debía explicarle a Will o no. Relamió sus labios indecisa hasta que al final habló— Pues... ¡Siempre quise un mejor amigo gay!

— ¡¿QUÉ?!— Éste era el colmo de los colmos. ¿Esa mocosa creía que era gay? ¡Y lo dijo con un descaro! Will dejó caer su mandíbula y acto seguido intentó formular alguna oración coherente pero de su garganta solo salían balbuceos inentendibles. Nuevamente esa chica puso a prueba su paciencia, respiró profundo e intentó averiguar el motivo de tan extraña suposición— ¿P-por qué? ¡Yo no soy gay!

Mabel rió nerviosa y Will creyó escuchar un "lo siento" entre aquellas extrañas carcajadas, cuando se calmó secó una lágrima de la risa que se había escapado de sus ojos— ¿No eres gay? ¡L-lo siento, já, parecías uno, en serio!

Bueno, aunque el ofenderse porque alguien pensara que era gay había sido lo más hipócrita que Will había hecho en su vida ya que a él no le interesaba el género, pero sí le molestó que el único motivo del chantaje fuera aquel— ¡¿Por qué pensaste que era gay?!

— Bueeeeeeeeeeeeeeennnoooo... Ya... Ya sabes. Es que eres un poquis... Afemin- ¡OH CIELO SANTO CRIATURA ADORABLE!— Antes de que el demonio pudiera reaccionar Mabel saltó de la roca directamente hacia el suelo. Se asomó con velocidad porque pensó que la adolescente pudo haberse roto algún hueso. Pero aquella chica que parecía desafiar cualquier ley existente había aterrizado de rodillas sobre unas rocas, y como si hubiera aterrizado sobre algodón y no le hubiera ocurrido nada se puso de pie y corrió al bosque.

Pronto pudo ver la silueta de Mabel desaparecer entre los árboles del bosque. El íncubo suspiró y se acomodó de nuevo en la roca, nuevamente había un poco de paz para pensar. No sentía ninguna clase de desprecio por esa adolescente, pero es que ella era un poco intensa para su gusto, aunque un poco linda en ciertos aspectos.

Iba a pensar en formas de llevarse mejor con Bill cuando sintió una horrible punzada.

Justo en el pecho.

Esa sensación no fue dolorosa, pero sí le inquietó tanto que le obligó a sentarse y revisarse para asegurarse de no tener algún problema físico o...

Aquella sensación se asimilaba demasiado a cuando había algo bendito cerca, pero era más como un mal pálpito.

Por pura casualidad giró su cabeza hacia donde había corrido Mabel y la punzada volvió a su pecho, esta vez fue tan fuerte que sintió como sus ojos desenfocaban todo a su alrededor. Se preguntaba en el nombre de su madre qué demonios ocurría.

Hasta que finalmente reconoció esa sensación.

— Oh no...— Will saltó de la roca sin pensarlo mucho, estuvo a punto de resbalar y lastimarse pero por suerte eso no ocurrió. Ya sabía qué ocurría, y era malo ¡Muy malo! ¡¿Qué demonios hacía esa criatura en un bosque?!— ¡Oh no, oh no, oh no, oh no!

Se impulsó con todas sus fuerzas y comenzó a correr hacia el interior del bosque. Se adentró en las profundidades e incluso chocó con varias ramas, pero nada lo detuvo.

Salvo el agudo chillido de Mabel pidiendo ayuda.