Mary les da la bienvenida a la continuación de su fic SasoZetsu. En realidad, es bastante noche y ya tengo prisa, así que sin echarles mucho rollo, les dejo la continuación, agradeciendo a los que han dejado review para que la historia continúe. Jashin los bendice mucho :D


3.

¿Sentimientos encontrados?

"¿Y qué, qué podrías tú decir, si yo no te voy a oír? No me entiendes, y nunca seré lo que esperas de mí" Sigo aquí, Alex Ubago.

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No había sido capaz de levantar la mirada ni una sola vez desde que Sasori la había soltado y acompañado hasta el comedor. Incluso, apenas si se había atrevido a levantar el tenedor y probar de los ricos huevos con jamón que Chiyo había preparado, y eso que tenía mucha hambre. La mente de Zetsu trabajaba con una rapidez asombrosa, aunque en realidad no podía darle coherencia a uno solo de sus pensamientos.

Se sentía agobiada y al mismo tiempo muy contenta de que Sasori la hubiera abrazado. De momento, se digno a mirarlo de reojo. El Akasuna se mantenía inmutable, con una ligera sonrisa en el rostro y comiendo con aparente normalidad su desayuno. Zetsu volvió a bajar la mirada al sentir que un fuerte calor le subía por las mejillas con una espontaneidad a la que incluso temió. Su corazón empezó a latir con fuerza dolorosa y ella se esforzó en reprimir un gemido. De repente, el apetito se había disminuido considerablemente y habría querido ponerse de pie y empezar a bailar.

Claro, hasta que de pronto a su cabeza vinieron aquellas imágenes que la atormentaban, donde Orochimaru seguía sonriéndole con aparente afabilidad, como si en el fondo, todo el dolor que le había causado en ese entonces habría podido valer la pena. Sintió pánico al pensar que tal vez, podría estarla buscando. Miró de un lado a otro, de manera tal que la rapidez hizo que se mareara y tuviera que sostenerse del borde de la mesa pues había creído que se deslizaba de la silla ó que ésta se había volcado junto con ella.

Sasori se le quedo mirando sorprendido y extendió una mano hacia ella cuando noto que posiblemente, Zetsu caería de la silla. Había estado divagando entre la cálida sensación que apreciaba en su pecho y que además, le era bien recibida. Sin duda, hace mucho que no se sentía tan vivo. Y la preocupación porque a la causa de éste inminente buen humor le pasara algo, hacía que se le encogiera el estomago. Mientras la había abrazado, mentalmente había hecho el juramento de que la protegería de todo y todos. Se dio cuenta en ese entonces que aquello podría resultar imposible, pero de momento, cualquier ayuda que pudiera prestarle a la joven, creía él, sería un punto a su favor.

—¿Estás bien?— preguntó un tanto curioso, mientras le sujetaba del hombro a Zetsu. Notó como ella se estremeció a su roce y durante un segundo considero la opción de apartarse, aunque inmediatamente repudió la idea —¿Zetsu? ¿Te has mareado?

Zetsu sacudió la cabeza. Tenía que olvidar aquellas horribles escenas, borrarlas de la faz de su mente. Y sabía que podría hacerlo, si Kami samma decidía prestarle la suficiente ayuda para eso. Miró un segundo a Sasori y asintió levemente, conteniendo las repentinas ganas que le dieron por apartarse de él.

—No es nada. Ya te dije que no tienes que preocuparte por mí, es algo estúpido — contestó Zetsu y enseguida se reprochó mentalmente su respuesta al ver que Sasori apartaba con cuidado la mano, sopesando (algo ofendido) las palabras que acababan de salir de su boca —Lo siento, Sasori.

—No te preocupes— contestó Sasori y luego forzó una pequeña sonrisa —Ya me lo habías dicho, aunque sinceramente, difiero de tu punto de vista. Aunque lo respeto.

Chiyo no había dicho mucho desde que Zetsu y su nieto habían aparecido, pues presentía el ambiente amistoso y a la vez receloso de ambos, pero ahora decidió intervenir un poco:

—Qué vergüenza— dijo en un tono afable, dirigiéndose principalmente a Zetsu —Debí de haberte preguntado si te gustaban los huevos con jamón. De hecho no se me ocurrió, a Sasori kun le encantan.

Zetsu miró a Chiyo un poco extrañada, como si se hubiera olvidado de su presencia. Bajó la mirada nuevamente, deseando con toda su alma que los dos no fueran tan amigables con su persona. Ella debía de darles asco ó de pérdida, un poco de lástima. Ahora, las imágenes que se formaron en su cabeza fueron las de su sueño. No se atrevió a mirar nuevamente a Sasori, que era tan hermoso y perfecto.

Eso es una tontería, a todos nos gustan los huevos con jamón y yo no soy la excepción, Chiyo samma, seré subnormal y horrible por fuera pero sigo teniendo un gusto natural.

A Sasori no le gusto escuchar aquellas últimas palabras que referían a Zetsu con una persona deforme, pero en vez de mostrarlo con palabras, se llevó un bocado casi violentamente. Chiyo pareció arrepentirse de su comentario y suspiro, dándose cuenta incluso del malhumor que había adquirido Sasori, aunque desentendida del por qué. Segundos después la anciana sonrió, claro que se estaba haciendo la tonta. Era más que obvio que Sasori…

—Yo no creo que seas horrible— dijo Sasori, bajando el vaso y dejándola sobre la mesa. Al intentar beber un poco de la bebida se había decidido a dejar muy en claro sus pensamientos respecto a la apariencia de Zetsu —De hecho, creo que eres muy bonita.

A Zetsu le entraron ganas de fulminarlo con la mirada, y sintió que las lágrimas se juntaban en sus ojos y durante varios instantes pensó en sucumbir a éstas, pero no quería mostrarse débil. Además, ¿quién aseguraba que Sasori se quería burlar de ella con esas palabras? Parecía decirlo muy en serio. Tomó una larga bocanada de aire y volvió la mirada hacia el otro lado, donde no estaba ninguno de sus anfitriones.

Si vuelves a decir eso, ya lo tomaré como un insulto— le amenazo la joven de manera que en realidad, parecía un comentario sencillo sobre el clima.

El silencio cayó pesadamente sobre los tres y Sasori admitió para sus adentros que quizá, esa no había sido una buena manera de darle un cumplido a la joven.

No se dijo nada mientras Zetsu se decidía por fin a llevar a su boca uno que otro bocado. El pelirrojo sin embargo se debatía mentalmente sobre decirle ó no a Zetsu de su práctica de básquet. Quizá hubiera una remota esperanza de que ella accediera, aunque debía de tomar en cuenta la posibilidad de una rotunda negativa.

Hasta casi el final del desayuno todo se mantenía en un absoluto silencio. Chiyo se puso de pie y se dirigió a la cocina con sus platos. Normalmente, Sasori se acomedía a lavarlos él, pero la anciana decidió que el pelirrojo estaba demasiado enfrascado en una discusión interior como para poder preocuparse de otras cosas que no fuera cómo hacer sentir mejor a Zetsu. Sonrió mientras se retiraba, sin que ninguno de los otros dos pareciera percatarse de ello.

Por otro lado, el pelirrojo al fin había decidido que en verdad se arriesgaría a invitar a la chica.

—¿Zetsu?— la llamó con una voz extremadamente afable. Ella no lo miró, pero Sasori estaba seguro de que le daba su total atención, porque dejó el tenedor a un lado del plato y masticó en un ademán todavía más incómodo y silencioso —El día de hoy iré a mi escuela para una práctica de básquet— el pelirrojo hizo una pausa y sintió como su corazón le golpeaba el pecho con inusitada fuerza —No es muy divertido, pero, pensé que quizá te gustaría salir e…ir. ¿Te gustaría?

Zetsu volvió a levantar la mirada completamente escéptica de que Sasori la estuviera invitando a un entrenamiento. Algún día, cuando era normal —lo que parecía significar una eternidad—, un chico le había invitado a ver su entrenamiento de futbol americano, su madre —recordarla le causo una enorme punzada desagradable — le había dicho que ese chico le había pedido ir porque le había gustado. Y es que, los chicos que te coqueteaban siempre hacían lo mismo ¿no?, ¿fanfarronearte de su destreza en los deportes? Enseguida se reprochó de su pensamiento. Ahora que era como era, ¿por qué aspiraba a pensar en eso siquiera?

—¿Para qué querría ir a un estúpido juego?— preguntó, maldiciendo su déspota comportamiento que surgía de vez en cuando —Es que…

—Bueno— interrumpió Sasori, sin ofenderse y sonriendo un poco —Técnicamente no es un juego. Es un entrenamiento.

Para mí es lo mismo— respondió Zetsu, bajando la mirada y frunciendo el ceño.

Esta vez, la negativa —pese a ser esperada— llenó de amargura a Sasori y tenía que admitir que de frustración. ¿Qué podría hacer para convencerla? La hora para marcharse estaba cercana, pero no quería irse sin ella, porque al día siguiente no podría invitarla y no quería dejarla sola. Temía que se fuera.

—Además— agregó Zetsu, con tono avergonzado y gentil —Quisiera quedarme y ayudar a Chiyo en todo lo posible. No soporto quedarme sin hacer nada. Como una autentica carga.

Sasori frunció el ceño, no sabiendo si quería enojarse y marcharse de ahí ó decirle a Zetsu que no les daba carga alguna. Para su buena suerte no tuvo que decidir, pues su abuela regresó e intervino mientras se secaba las manos con una toalla.

—Oh, Zetsu chan— dijo con una ligera sonrisa —Yo creo que deberías de ir. Estar encerrada en esta casa, con la sola compañía de una vieja no es lo que una chica de tu edad debería de hacer.

La peli verde quiso cambiar su excusa entonces a que no deseaba salir nunca de una casa ó hasta de un cuarto. Se miró las manos de diferentes colores y sintió que sus ojos se anegaban de lágrimas y soltó un ligero sollozo. Una de las lágrimas al final se desprendió y halló un fino camino sobre la mejilla de Zetsu. Ella se talló la cara con una mano, pero enseguida soltó una y las demás no pudieron verse refrenadas.

Chiyo se estremeció y Sasori abrió la boca para decir algo, mientras se ponía de pie y se acercaba a Zetsu para ponerle las manos sobre los hombros. Chiyo también se había acercado y le acariciaba los cabellos con dulzura, como anteriormente lo había hecho su madre, millones de veces. El hecho de recordar que sus propios padres la habían acusado de no ser su hija la llenó de amargura y sollozó con todavía más fuerza. Desde que aquello le había pasado no se había dignado a llorar con la totalidad que habría querido hacerlo, porque siempre estaba esa tediosa voz que le decía que no lo hiciera, que debía de ser fuerte y olvidar el pasado. Pero, era todo su pasado.

—Chst. Chst. No te preocupes, Zetsu— le susurraba Sasori, hincándose a su lado y frotando su hombro con gentileza —No pasa nada. Está bien.

Durante unos instantes, la chica pensó en salir corriendo de ahí, y durante los otros cinco siguientes habría dado todo porque Sasori la volviera a abrazar.

—¡Déjame!— gritó mientras se deshacía de las caricias de ambos y echaba a correr hacia la salida de la casa —¡Solo quiero dejar de existir! ¡Soy un esperpento!

Sasori, aturdido al principio miró a su abuela y luego salió corriendo detrás de Zetsu. Antes de que la chica alcanzara la perilla de la puerta principal, Sasori se estrelló contra la espalda de ella y le sujeto la mano que había estirado para abrir la puerta y debido al impacto cerró lo poco que Zetsu había abierto de ésta.

—¡Zetsu!— gritó Sasori un tanto preocupado, al ver como ella se giraba a golpearle el pecho. En realidad, los golpes no le dolían y se mantuvo firme, pegado a la puerta mientras Chiyo entraba a la sala y los veía —Chst. Calma. Zetsu…

Los golpes fueron disminuyendo de potencia hasta que al final, Zetsu abrazaba a Sasori con fuerza y necesidad. No quería que se alejara y en ese momento no le importó si al pelirrojo le parecía una especie de mascota ó una persona. Solo quería que su calor la invadiera y no la soltará jamás. Sasori le rodeo la cintura y la estrechó contra sí, hundiendo la nariz en sus cabellos y susurrándole que todo estaría bien. Decidiendo también, que faltaría a la práctica, para quedarse al pendiente de su amiga.

0*0*0

Sasori se despidió con la mano de Chiyo y se dio media vuelta, echando a andar a través de las calles. De no ser por la insistencia de Zetsu porque no se perdiera la práctica juraría que no le daría mayor importancia. Por ahora, querría hablarle a Deidara y decirle que no iba a ir, dispuesto a soportar el seguro malhumor que adquiriría Zetsu, porque le importaba. Durante las siguientes calles no dejó de darle vueltas a lo que había pasado. Estaba en lo cierto, Zetsu no había sido así siempre. Las palabras como normal, bella y sus semejantes le caían como una cubetada de agua helada. Estaba convencida de que era horrible. La idea hizo que Sasori se enfadara con ella. Bueno, estaba seguro de que muchas personas sí clasificarían a Zetsu como un esperpento pero por alguna razón, Sasori estaba completamente anonadado por aquella diferencia.

Había muchas mujeres con belleza sobrenatural, de cabellos rubios, pelirrojos, negros. Muchas más bonitas que otras. Pero todas eran iguales. No conocían otra manera de llamar la atención que con joyas, pinturas y caros vestidos. Zetsu, por otro lado, ni siquiera intentaba pensar que era linda de una manera que producía ternura. Ella no tenía un color normal de piel, pero parecía como un Yin Yang, la combinación perfecta para la armonía. Tenía el cabello verde, como los pastizales en un día de verano y al recordar la suavidad de éstos entre sus dedos se estremeció. Pensó en sus dorados ojos y la corriente eléctrica que llegó hasta su cerebro le hizo olvidar siquiera a donde iba. Lanzó un largo suspiro.

Terminaría la práctica y se iría de regreso a la casa, corriendo ó volando si era posible.

Con nuevas energías de por medio se dirigió a la escuela. En la puerta de la entrada se encontró con varios de sus amigos, que escuchaban a un rubio que levantaba los brazos, explicando algo con pelos y señales. Inmediatamente a Sasori se le formó una leve sonrisa en los labios y camino despreocupadamente hacia ellos. Le vendría bien una distracción. Ya que ahora Zetsu se quedaba en su casa y le había prometido quedarse hasta que regresara, ya se sentía con la confianza de estar a gusto con sus amigos sin preocuparse de que Zetsu fuera a desaparecer y él no la volviera a ver.

Deidara notó que venía su maestro y entusiasmado sacudió una mano, por encima de la cabeza. Los demás giraron a verle.

—Hola Danna, hum— dijo el rubio mientras Sasori llegaba con ellos y los saludaba con un gesto de la cabeza —¿Estás listo para nuestro arduo entrenamiento?

—Oh, sí. No me queda de otra, ¿cierto?

—Además, Guy sensei está de un humor bastante competitivo— dijo Itachi, que se acomodaba un poco de sus largos cabellos negros —Ya ha hablado con Deidara y lo contagió de su energía.

—Qué tontería. Si de por sí esta rubia siempre viene con demasiada energía— soltó Hidan mientras torcía los ojos. Sasori, un poco impaciente pasó la mirada sobre los tres chicos.

—¿Y los demás? ¿Por qué no han entrado?— preguntó.

—Pein vendrá un poco tarde porque está en una cita mañanera con Konan, hum— contestó Deidara, guiñando el ojo picaronamente. Hidan lanzó una carcajada e Itachi le miró con una ceja arqueada, un poco asqueado —Me preguntó qué tan tarde llegará.

—No mucho más tarde que tú a la repartición de cerebros— bromeó Sasori, mirando a su alumno. Hidan lanzó una carcajada más fuerte mientras señalaba al rubio y éste los miraba con el ceño fruncido. Itachi sonrió —Ya. Lo siento, Dei. Sabes que es una broma.

—Hmph— profirió Deidara, un poco enojado y luego sonrió de lado —Parece que ya estás volviendo a ser un poco más como tú, Danna, hum.

El pelirrojo le dirigió una sonrisa de lado mientras caminaba a la escuela. Deidara le siguió mientras mencionaba la salida de mañana al museo. Estaba muy entusiasmado, pensó Sasori con cierta alegría. De pronto, eso no le interesaba, solo quería acabar con el entrenamiento y luego salir pitando de ahí a su casa.

Así que cuando Guy sensei los encontró y les dio la bienvenida —hablando sobre la llama de la juventud—, se sintió más lleno de energía que nunca, ansioso por demostrar su capacidad y quizá, haciendo que Guy le dejara salir antes. Mientras corría y saltaba obstáculos, Sasori imagino que en las gradas del gimnasio, estaba Zetsu sentada, observándole y aplaudiéndole mientras se ejercitaba. Sonrió de la manera más amplia que jamás hubiera hecho. Concentrado de no perder la imagen de una Zetsu sonriente, observándolo a él, y solo a él.

Durante las siguientes tres horas, él tuvo mucha más energía que incluso Deidara que desde hace un rato había empezado a resoplar y bajar la velocidad. Itachi, que se mantenía a su lado lo miraba sorprendido al ver que lo superaba en su carrera, algo que en realidad, era muy imposible. El Uchiha intentó apretar el paso, pero no logro volver a dejar atrás a Sasori.

—¡Muy bien, Akasuna kun!— gritó Guy sensei que corría al igual que ellos, para no agotar su llama de la juventud —¡Tu fuerza de voluntad está bastante viva, con la intensidad de mil soles! ¡Qué entusiasmo!

Sasori pareció ignorarlo y también lo dejó atrás. El mayor lo observo parpadeando con sorpresa y sonriendo nerviosamente.

—¡Oh, no dejaré que me venzas!— gritó Guy sensei, entusiasmado y corriendo más rápido. Atrás, Itachi paró en seco, jadeando, seguido de Deidara que miraba como Guy sensei y Sasori se reñían el puesto delantero.

—¿Qué…qué le pasa?— preguntó Itachi, sin dejar de verlos correr. Guy sensei no alcanzaba a Sasori. Deidara frunció el ceño, extrañado e Hidan que los pasó corriendo intentó nuevamente alcanzar a los otros dos, sin éxito —¿Por qué…?

—No lo sé…— jadeo Deidara, frunciendo el ceño mientras giraba la cabeza, siguiendo a Sasori y a Guy (que se quedaba cada vez más atrás) —Parece que danna está muy enérgico el día de hoy, hum.

Guy sensei por fin tuvo que detenerse, esforzándose por recuperar el aliento. No tenía ni idea de que Sasori pudiese correr tan rápido, pues normalmente siempre se quedaba detrás de Itachi y Deidara. Al final, el mayor solo podía levantar la mano hacia Sasori mientras respiraba con dificultad y veía como Sasori repetía la vuelta con la misma rapidez.

Cuando el pelirrojo pasó al lado de sus amigos, éstos lo miraron con los ojos abiertos de par en par. Sasori no solo era rápido, sino que tenía una maravillosa resistencia.

—Impresionante, hum— admitió Deidara. Itachi simplemente no podía dejar de ver correr a Sasori con ligera frustración y también admiración —¡Bueno, no dejaré que me venza, danna, hum!

Y diciendo eso, el rubio volvió a correr, seguido de Itachi que se esforzó por alcanzar nuevamente a Sasori.

0*0*0

—¡Fue sorprendente! Guy sensei ya no podía ni siquiera seguirte el paso, hum— le dijo Deidara mientras se ponía la camisa blanca de manga larga que había llevado. En la espalda tenía grabada la palabra Geijutsu wa bakuhatsuda —Créeme que quería reír a carcajadas, danna.

Sasori lo miró con una sonrisa mientras se ponía rápidamente el saco negro que había llevado y se arreglaba los húmedos cabellos. Le había venido bien tomar la ducha en la escuela, para no llegar sudando a la casa. Estaba impaciente.

—Je. Lo sé. Fue bastante gracioso— dijo el pelirrojo mientras giraba sobre sus talones, esperando poder marcharse ya, pero el albino estaba a su lado y casi chocó con él, mientras Hidan lo miraba con un gesto socarrón —¿Qué?

—Tú pareces muy ansioso por irte, ¿no te parece?— preguntó Hidan en un tono burlón —¿A caso tienes un compromiso?

—No…— respondió el pelirrojo, un tanto inseguro —¿Por qué piensas eso?

Las miradas de Itachi y Deidara también lo observaron con cierto recelo. Al entrenamiento solo habían asistido ellos y Kakuzu, pero el moreno se había ido temprano y de Madara ó Pein ni sus luces. Durante ese tiempo, Sasori se había recriminado por no haber faltado también a la práctica.

—Pero es la verdad— se defendió Hidan, sonriendo de lado —Además, ¿por qué te quieres ir? ¡El día de hoy quedamos festejar!

—¿Festejar el qué?— preguntó Sasori, con una ceja arqueada. Deidara se quedo callado en una discusión burlona que mantenía con Itachi sobre que su danna lo había dejado en ridículo e Itachi miró a Sasori con la ceja arqueada —¿Y ahora por qué me miran así?

—Debes estar de broma, Sasori no danna— le reprochó Deidara, separándose de Itachi y yendo donde el pelirrojo —¿Las finales? ¡Hemos llegado! Íbamos a festejar. Te lo dije cientos de veces en la semana, hum.

—Bueno— intervino Itachi con una sonrisa burlona —Como él estuvo al pendiente todo este tiempo.

—Cállate— le espetó Sasori, fulminándolo con la mirada y luego regresando a ver a Hidan y Deidara, ciertamente no se acordaba de nada que tuviera que ver con un festejo ó algo parecido —En todo caso…Es que estaba pensando— susurro, intentando dar con una excusa lo suficientemente buena como para zafarse de eso —¿Por qué iríamos solo nosotros? ¡Faltan Madara, Pein y Kakuzu! Estaría mal festejar sin ellos.

—¿Estaría mal?— terció Hidan —Si ellos nunca han sido de dar fiesta. Y mira que haber convencido a Itachi ya es un milagro.

—¿Y quién te dijo que iba a ir?— refunfuñó Itachi. Hidan lo ignoro y le paso un brazo sobre los hombros al pelirrojo.

—Oh, vamos. Es nuestro tiempo— le dijo el albino —¿Cierto, rubia?

—Que soy rubio, hum— fue la contestación del chico, mientras lo fulminaba con la mirada y apretaba los puños a los costados.

Sasori sonrió nerviosamente, buscando otra manera de disuadir su ausencia.

—Bueno, ya— dijo Hidan, restándole importancia al coraje del rubio con un ademán de mano —Como si eso importara.

—Ok. La verdad…— dijo Sasori, interrumpiendo la segura riña de ambos —La verdad es que me olvide completamente del festejo e hice planes.

—¿Planes?— preguntó el rubio, arqueando una ceja —¿Qué clase de planes?

—Ah…bueno, mi abuela me acaba de comprar madera para hacer más marionetas y…

—¿En serio? Porque de haberse tratado de marionetas nos habrías mandado al cuerno desde el principio— atajó su alumno con una sonrisa picarona —¿Se trata de una chica, hum?

—¿Celosa, rubia?— preguntó Hidan con picardía. Deidara no le prestó atención.

—Ya déjate de boberías— soltó Itachi mientras colgaba su uniforme de deportes y miraba al trío con el ceño ligeramente fruncido —Si Sasori no quiere ir, vayan ustedes dos.

—Nah— soltó Deidara chasqueando la lengua —Yo no quiero ir con el circo de Jashin, hum.

—¡OYE!

Deidara le resto importancia con un ademán y miró a Sasori.

—¿Entonces? ¿Tiene que ver con tus frecuentes visitas al hospital?— volvió a preguntar. Sasori no logro esconder el leve sonrojo que se desencadeno en sus mejillas. Inmediatamente, los tres captaron que se trataba en efecto, de algo relacionado al hospital.

—¿Te estás viendo con una enfermera?— preguntó Hidan, sonriendo satisfecho, como si estuviera viendo a un polluelo extender las alas para volar —¿Es Ino? ¡Oh! ¿Al fin te animaste a hablarle a Sakura chan?

—Oye, que es la novia de mi hermano, imbécil— dijo Itachi frunciendo el ceño y mirando a Hidan. Sasori negó con la cabeza rápidamente.

—No es verdad— atajó Hidan, arqueando una ceja —Si al chibi Itachi le gustara realmente ella, sí serían novios. Ó, si de verdad estuvieran juntos, pero solo son amigos y tienen insinuaciones, Itachi.

—¿Y? Si a mí me gustará Konan y ella y Pein tuvieran insinuaciones no significa que puedo andar por ahí— terció Itachi y el albino le miró sonriendo.

—¡Qué ingenuo eres!— soltó Hidan, con el tono de hablarle a un niño pequeño. Deidara ahogó una carcajada —Mientras la niñita tuti—fruti no le diga sí a Sasuke (ó ya de perdida que Sasuke se le confiese), Sasori puede cortejarla cuanto quiera.

Itachi torció el gesto. En realidad, había veces en que no toleraba a Sakura y su declarada obsesión por Sasuke, y tenía entendido de que su amigo había estado relativamente enamorado de la pelirosa durante un tiempo. Sin embargo, se sentía como si traicionara a su hermano. Sakura era una buena persona y podría escoger con quién quisiera estar, y en realidad, no la culparía si terminara decidiéndose por el pelirrojo, pues su tonto hermano menor solía ser muy parco con los sentimientos y en cambio, Sasori podía tener más momentos de amabilidad que su hermano.

—Hmph— fue lo único que atino a responder, mientras cerraba su casillero y miraba por encima del hombro a Sasori.

—No— dijo Sasori, más que nada mirando a Itachi —No es Sakura.

—¿No lo es?— preguntó Deidara, un poco sorprendido —¿A caso ya la olvidaste, hum?

Bueno, el pelirrojo debía de admitir que aún tenía sentimientos encontrados sobre la pelirosa, pero estaba claro de que ella nunca lo trataría como nada más. Y encima… Había conocido a Zetsu. La sensación de que a su cuerpo lo estremecía una corriente eléctrica le lleno de una emoción extraña.

—No lo sé— admitió Sasori y luego empujo a Hidan, para alejarlo de sí mismo —Pero no tiene nada que ver con ella.

—¿Otra chica? ¿Una aventura? Ni quien te viera así, colorín— dijo Hidan igual de picaronamente. Sasori lo fulmino con la mirada.

—Tres palabras, ¿sí?— le dijo, en un tono amenazador —Cierra el hocico.

Hidan frunció el ceño, cerró los ojos, se tapo las orejas y empezó a gritar: "No te oigo, no te oigo. Tengo orejas de pescado soy jabón y me resbalo". Los otros tres se le quedaron mirando un tanto hastiados, cerraron los casilleros y se fueron dejando solo a Hidan. Después de unos minutos, el albino se percato de que se había quedado solo y los maldijo, diciendo que Jashin los iba a castigar y corriendo hacia la entrada principal de la escuela.

0*0*0

Zetsu permaneció mirando a través de la ventana mientras Sasori se iba alejando de la casa. Lanzó un pesado suspiro, en realidad, en otro momento, le habría encantado poder aceptar su oferta, incluso aunque no era muy aficionada a estar sentada en las gradas, solo mirando el entrenamiento.

Miró el cielo azul y descubrió que desearía estar fuera, paseando y comiendo helado. El reflejo de su rostro en la ventana la deprimió más de lo que esperaba. Chiyo, que la miraba desde atrás con cierta pesadez y lástima, sonrió y decidió que en lo que regresaba su nieto, ella se encargaría de hacerle el rato más ameno a la chica.

—¿Zetsu?— preguntó y la chica se giro a verla, casi violentamente.

—¿Qué sucede, Chiyo samma?— preguntó Zetsu, entre sorprendida y desubicada. Había olvidado dónde se encontraba al pensar en aquellas cosas tan tristes —¿Necesita algo?

—Sí. De hecho sí— respondió la anciana, acercándose lentamente a Zetsu y pasándole un brazo por los hombros.

—¿Qué cosa? Haré lo que necesite, Chiyo samma.

—Quiero que te cambies ese pijama— respondió Chiyo con una sonrisa afable. Inmediatamente, la chica se sintió apocada. Claro, la mujer no debía de querer que sus ropas se arruinaran por el contacto con su piel.

—En seguida me la quito— respondió Zetsu, en tono triste. Chiyo lanzó una risa, intuyendo los sombríos pensamientos de su invitada.

—Ven. Te prestaré algo para que te lo pongas.

Zetsu abrió la boca y los ojos de par en par.

Ya le dije que no es necesario— respondió tajantemente. Chiyo frunció el ceño y le sujeto delicadamente del antebrazo.

—Yo insisto. Y encima, eso es lo que quiero que hagas. No me gustaría que cuando Sasori llegara y no te viera realmente linda.

La chica se sonrojo violentamente. ¿Quería decir eso que la mujer se había dado cuenta de su adoración por el pelirrojo? De solo pensarlo se le formo un nudo en el estomago. No quería que nadie supiera nada de su supuesto secreto. En silencio siguió a Chiyo hasta su habitación y vio que la anciana abría el clóset y rebuscaba entre un montón de ropas metidas en plástico.

—Estás cosas viejas las usaba yo cuando era más joven. Estoy segura de que uno de estos vestido podrá…— la anciana se quedo callada, y también inmóvil. Sin embargo, una sonrisa se enmarco en su rostro y un brillo nostálgico cruzó su mirada —Éste. Éste es perfecto.

Chiyo sacó un conjunto y Zetsu al mirarlo, volvió a ver a la anciana.

—No. No podría…— susurró mientras miraba el vestido y a la anciana paulatinamente. La anciana dejó de sonreír y extendió el gancho envuelto en plástico.

—Claro que puedes. Te lo estoy prestando.

Zetsu se quedo inmóvil unos segundos más, antes de resignarse y estirar las manos.

0*0*0

Pese a los intentos porque lo dejaran en paz, lo hostigaron durante todo el rato. Sasori accedió a contarles un poco de Zetsu y los tres lo único que hicieron fue sentirse más interesados, porque estaba claro que el pelirrojo no hacía esa clase de obras de caridad.

—¿Podemos conocerla?— preguntó Deidara, entusiasmado. Sasori se arrepentía de haber hablado, aunque quizá, un poco de compañía le haría muy bien a Zetsu —¡Debe de parecer una autentica princesa en apuros, hum!

—¿Tiene el cabello verde y huele a jazmín?— imitó Hidan un tono de autentico Romeo. Itachi era el único que iba en silencio, de vez en cuando sonriendo ante los comentarios de sus amigos.

—Mira, si te vas a comportar como un autentico imbécil será mejor que te largues— dijo Sasori mientras fruncía el ceño y lo amenazaba con la mirada y luego volviéndola al rubio —Y tú también, Deidara.

—¡Pero yo no he dicho nada, hum!— se defendió, asustado. Sasori se detuvo y suspiro. Seguido de él lo hicieron los otros tres y lo miraron atentamente. Estaban a dos cuadras de la casa del pelirrojo —¿Qué pasa?

—Hay algo… que deberían de saber…— susurró Sasori, mientras miraba el suelo. Hubo un profundo silencio.

—Oh, por Jashin— dijo Hidan, abriendo los ojos y la boca de par en par —¿Está embarazada de ti?

Sasori lo miró. Un minuto después el albino tenía sangre en el labio y también en la nariz, con los brazos cruzados y rezongando. Deidara e Itachi detuvieron la posible pelea que se habría armado de Hidan haber contestado con un golpe, sujetándolo durante varios segundos.

—Tú eres un perfecto estúpido— le reprochó Sasori y se cruzó de brazos.

—Tienes suerte de que estos dos ateos de mierda me hayan detenido, idiota— soltó Hidan amenazándolo con una mirada llameante. Sasori no se inmuto y decidió continuar con su explicación:

—Bueno, les decía… Esta chica… es que ella…— Sasori hizo una pausa, sin saber cómo continuar, al fin, decidió decir la más pura verdad: —Es que ella no es muy normal que digamos.

—¿A qué te refieres?— preguntó Deidara, observando a su maestro con curiosidad —¿No es normal?

Sasori quiso decir que sí, pero la verdad era que no.

—Ella, es bipolar— dijo en un principio. Los otros tres arquearon las cejas.

—Ah— susurró Itachi —Interesante. Las personas bipolares siempre… son…eh…Intrigantes.

—No digas sinónimos para mostrar tu desconcierto— murmuro Hidan.

—Esos no son sinónimos— soltó Itachi, alcanzando a escuchar al albino. Deidara sonrió.

—Bueno. Eso no es del todo malo. Solo nos estás advirtiendo para procurar no hacerla enojar, ¿verdad, Sasori danna, hum?

—También tiene la mitad de la piel de blanco y la otra de negro— soltó rápidamente.

Silencio.

—¿Qué? ¿Es una fenómeno de circo?— soltó Hidan segundos después. Sasori lo miro a punto de volver a golpearlo.

—¡Es exactamente por eso que Hidan debe quedarse fuera!— gritó. Itachi suspiro y se encogió de hombros.

—Creo que tu amiga Zetsu dará mucho de qué hablar últimamente— sentenció de manera afable —En lo personal me gustaría conocerla. No para burlarme ni nada, me has picado la curiosidad.

—Zetsu no es un animal de zoológico— reprendió Sasori entre dientes.

—No digo que lo sea…

—Además pareces muy interesado en ella, danna— soltó Deidara con mirada picarona —Quiero conocerla. Ansió verla, hum.

—¡Sí! No diremos nada— prometió Hidan. Sasori negó con la cabeza.

—Confió en Itachi y Deidara, pero en ti no. Vete a tu casa.

—¡QUÉ! ¿ME ESTÁS EXCLUYENDO? ESO JASHIN LO CASTIGA CON…— empezó a rezongar el albino, pero Sasori volvió a negar con la cabeza.

—No.

—¡MALDITO ATEO DE LA MIERDA!

—Me importa un bledo que quieras vera. No te dejare entrar a mi casa…

0*0*0

—Pasen…— dijo Sasori mientras Deidara, Itachi e Hidan entraban a la casa. El pelirrojo suspiro, esperando no haber cometido un terrible error.

Mientras tanto, en la cocina, Zetsu se esforzaba en no llorar al picar una cebolla. Chiyo supervisaba el arroz y suspiraba con alegría. Hace mucho que no había tenido una ayuda tan reconfortante en la cocina. A Sasori le hastiaba un poco ésta, pero a la chica parecía no dificultarle el hecho de la cocina, aunque la cebolla no era prácticamente lo suyo.

Zetsu ahora llevaba puesto un bello vestido amarillo que le llegaba hasta debajo de las rodillas. Había insistido en no usarlo —porque pertenecía a una Chiyo joven que valoraba el segundo vestido en su día de boda—, pero al final no había importado en absoluto. Al escuchar la voz de Sasori dejó el cuchillo en la tabla y se arregló el vestido. Chiyo le había convencido de preocuparse un tantito con su apariencia si tanto le molestaba su apariencia física. La chica se daba cuenta de lo desilusionada que estaba al haberse probado varios vestidos, pero éste en especial, le hacía realzar sus ojos dorados con un esplendoroso brillo.

Sin embargo, al escuchar las desconocidas voces, Zetsu sintió que tenía que echar a correr y busco de un lado a otro, alguna salida de emergencia. Pero cuando encontró con que la cocina tenía una puerta trasera, ya era muy tarde y por el umbral de la puerta de la cocina entraba Sasori y tres chicos desconocidos, y sin embargo, muy apuestos.

El que más sorprendió a ella, fue el moreno de largos cabellos negros y profundos ojos negros. Era realmente hermoso. Después, reparo en el rubio que la miraba con la boca abierta y luego en la radiante sonrisa que le dedico. Se sonrojo violentamente. Después miró al albino que se mostraba curioso en su aspecto y luego que lanzó un suspiro entre impresionado y un poco intrigado.

Se sintió como antes tras aquellas barras de metal de los laboratorios y quiso volver a salir corriendo. Bajó la mirada, manteniéndose quieta en contra de su voluntad. Sus piernas ó sus brazos no se movían y parecían haberse quedado congelados.

—¡Hola!— saludo la anciana a los invitados y los tres correspondieron con un saludo taciturno, sin apartar la mirada de la chica.

—Abuela, espero que no te moleste la compañía— dijo Sasori, incómodo. Luego miró a Zetsu y se acercó a ella, le cogió la mano y la ayudo a avanzar unos pasos, aunque notó la tensión y renuencia de ésta. Se maldijo por su poco tacto al traer a tanta gente de repente. Y el silencio en realidad, no ayudaba. Se aclaró la garganta y se preparo para presentarlos —Zetsu chan. Ellos son mis amigos: Deidara, Itachi e Hidan.

Los señalo como correspondía. Zetsu se quedo quieta, levantando la mirada.

—Mucho gusto— susurró con la voz temblorosa —¿Qué hacen aquí? Me siento como un animal…Sasori…

—Hola, hum— se adelantó Deidara estirando la mano, esperando que Zetsu se la estrechara. Pero nada. Dejó caer su brazo al costado y sonrió más —Deidara. Mucho gusto en conocerte, Zetsu chan. Sasori danna es mi maestro, hum.

—¿Danna?— repitió Zetsu, arqueando levemente las cejas. No podía sorprenderse de que Sasori tuviera ese honorifico de parte de alguien, aunque, sinceramente… No sabía qué decir ahora. Deidara asintió con una sonrisa, mirándola atentamente a los ojos.

—Sí— respondió Sasori mientras se acercaba nerviosamente a Zetsu —Sin embargo, aunque me llame maestro, sus acciones son las de alguien que te respeta lo más mínimo.

—¡No es verdad!— terció Deidara, ofendido. Zetsu miró hacia la puerta de la cocina, pensando en que quería desaparecer de ahí ahora mismo.

—Zetsu— llamó el pelinegro amablemente y la chica se sintió tensa a más no poder —Sasori nos ha contado un poco de ti.

—¿A sí?— pregunto Zetsu, arqueando ligeramente las cejas. Deidara corroboro las palabras de su amigo con un asentimiento enérgico.

—Nos venía contando que te encontró tirada en el piso— interrumpió Hidan. Itachi lo fulmino con la mirada mientras que Zetsu se sonrojaba violentamente.

—No te preocupes, Zetsu— terció Sasori, entre dientes —Ese idiota suele ser así con todos.

La manera en que Sasori lo había dicho, le hizo pensar a Zetsu que eso no era verdad. En realidad, Hidan parecía ser a todas vistas un mujeriego, y uno de esos chicos que piensan solamente en una alocada noche de diversión sin importar los sentimientos, pero nunca tan grosero como para no coquetear con ninguna otra mujer. Frunció un poco el ceño. Tomo nota también de que, Deidara e Itachi —en especial éste último—, eran muy amables y encima, muy bien disimulados. Solo la miraban a los ojos, y durante aquellos tortuosos segundos no le habían vuelto a echar una segunda mirada a cuerpo entero.

—Yo no soy un idiota— reprochó Hidan, frunciendo el ceño.

—¿Por qué no te limitas a cerrar la boca, Hidan?— volvió a decir Sasori, cabreado por momentos. Chiyo, que notaba la tensión entre todos sonrió ligeramente y suspiro.

—¡Hey, ateo de…!— empezaba a gritar Hidan, cuando de repente, la anciana lo cogió del brazo y lo empezó a empujar lentamente hasta la puerta de la cocina que dirigía a la sala —¡Ah!

—Deberían de esperar en la sala. Ya estoy comenzando a engentarme en la cocina— dijo Chiyo mientras los demás miraban como Hidan sucumbía a la fuerza de la anciana. Después de sacar a Hidan se giro a ver a los otros dos, a su nieto y a la chica, con una silenciosa indicación de que esperaran allá. Cuando Itachi y Deidara salieron, la anciana se dirigió a la chica —Zetsu. ¿Te quedas a ayudarme ó sales con Sasori y sus amigos a la sala?

Definitivamente me quedo— respondió con una ligera sonrisa. Era la primera vez que Sasori escuchaba a aquella voz grave respondiendo con aparente felicidad.

El pelirrojo salió con el ceño fruncido y un tanto ofendido por la segunda negativa de Zetsu en el día. También se molesto por haber accedido a traer a sus amigos y probarse de un rato con la chica. Realmente era un idiota.

Deidara e Itachi se sentaban en los sillones y se quedaron en silencio, mientras que Hidan parecía escurrirse del sillón hasta el suelo, farfullando cosas sin sentido. Sasori los fulmino con la mirada antes de sentarse y suspirar. Escuchó como Zetsu conversaba en voz baja su abuela y a su nariz comenzaba a llegar un delicioso aroma de la comida.

—¿Estás bien, danna?— preguntó Deidara, alejándolo de sus pensamientos. El pelirrojo lo miró un tanto confundido, como si no acabara de creer que estaba ahí sentado —¿Te molestaste? ¿Quieres que nos vayamos, hum?

Sasori se mordió la lengua para no responder que sí, quería que se fueran. Se limitó a negar con la cabeza.

—No, para nada. ¿Por qué preguntas?— logró decir, unos instantes después, mientras miraba hacia otro lado. Deidara se mordió el labio inferior, e Itachi sacó de su mochila un libro que comenzó a leer, sin prestar atención a las tonterías que siguió murmurando el albino.

Deidara comenzó a aburrirse en cuanto todos quedaron sumidos en sus propios pensamientos, y como no quería que Sasori se cabreara más, decidió que él también lo haría. Pensó en Sasori, en la relación que mantenía con aquella chica. Cuando Sasori había mencionado, unas semanas antes, que iría al hospital, el rubio había creído que quería pasar tiempo con Sakura. La pelirosa siempre había permanecido en la mente del pelirrojo, y la única razón por la que Sasori había dejado de frecuentarla durante un tiempo, fue porque se cansó de que la chica no le prestara ninguna atención y solo lo tratara de amigo.

Sinceramente, el rubio no se había imaginado nunca que Sasori y Sakura hubiesen echó una linda pareja. De hecho, detestaba a la pelirosa. Era tan irritante y muchas veces molesta, que aseguraba que Sasori solo se había "enamorado" de ella por su cara bonita. Era una de esas chicas que creía que la belleza tenía que ver con peinarse todo el tiempo el cabello y maquillarse y verse todo el tiempo en el espejo.

En cambio, pensó, Zetsu no podía hacer ninguna de esas cosas. Era realmente…peculiar. Aunque debía de admitir que tenía un cierto encanto sencillo. Miró a Sasori de reojo, sin pretender que se enterara de sus cavilaciones. El pelirrojo echaba vistazos a la cocina, y tenía la boca cubierta por el puño, como cuando su maestro estaba a punto de resolver un problema de elefántasticas complexiones matemáticas. A Deidara casi se le escapa una sonrisa. Sasori parecía bastante atraído por una especie de energía que irradiaba Zetsu.

Debía de admitir que se alegraba de que por fin, el pelirrojo pareciera estarse olvidando de la tontería de seguir enamorado de alguien como Sakura. Esperaba que no tuviera que sufrir nada. Ahora, trató de concentrarse en Zetsu. La chica obviamente estaba interesada por Sasori, ya fuera porque era su tipo de chico ó por la amable —aunque también tenía que admitir: insólita— actitud que adquiría con ella.

Cerró los ojos y suspiro. Se alegraba de que Sasori tomara en cuenta la opinión de sacarse a Sakura de la mente. Esperaba que lo lograra, y esperaba que Zetsu fuera la indicada. Ciertamente, parecía una buena chica.

Itachi, no se concentraba realmente en el libro y simplemente lo tenía enfrente, hojeándolo y fingiendo que lo leía. Pensaba en la apariencia de Zetsu. Nunca había visto nada parecido y se preguntó si Sasori creía que era bella. Se imagino que, siendo como era la chica, seguramente no quería que la miraran. La primera impresión que se sacó con el comentario de ella sobre que se sentía como un animal, le indico que Sasori había hecho realmente mal en acceder a que la conocieran. Se arrepintió de haber venido. Creía que aumentaba la ridícula —aunque posiblemente fundamentada— sensación de Zetsu sobre tratarse de una especie de fenómeno en el circo.

Inmediatamente intentó concentrarse nuevamente en el libro, pero ya había perdido el hilo de sus pensamientos. ¿Era por Zetsu que Sasori había estado actuando tan raro? Recordó el entrenamiento de ese día, en como la sonrisa de Sasori se había extendido mientras corría y superaba a todos, incluyendo a Guy sensei. También recordó la lejanía que parecía tener Sasori en determinados momentos del día y se absorbió pensando entonces, qué era lo que realmente quería el pelirrojo con la chica. Era demasiado inusual que el pelirrojo le prestara atención a cualquier chica, excluyendo a Sakura. Durante algunos meses, incluso pensó que Sasori había adquirido el corazón de una estatua de piedra. Frunció el ceño. Sakura, queriendo ó no hacerlo, le había aplastado e incluso humillado varias veces. Incluso, recordaba las claras señales de la pelirosa al usar a su amigo para causarle celos a su hermano menor. Era típico de las chicas. Pero… Miró nuevamente a Sasori. El pelirrojo era condenadamente vengativo, y se le pasó por la cabeza que quizá, utilizaría a Zetsu para darle una especie de lección a Sakura. Se sintió terriblemente mal. ¿Estaba o no juzgando mal a uno de sus mejores amigos?

Hidan, que intentaba no burlarse en voz alta de Sasori por su —a todas vistas— enamoramiento por Zetsu, se quedo mirando la cocina indeterminado tiempo. A él, le venía importando un bledo la amiga de Sasori y el mismo pelirrojo. Pese a estar con Akatsuki todo el tiempo, en otros casos, le agradaría repudiar a quienes menospreciaban a Jashin. El olor de la cocina envolvió su nariz y se limitó a pensar, que tenía mucha hambre, y que le venía dando igual lo demás.

0*0*0

Zetsu no quería quedarse a comer con todos ahí presentes, pero Chiyo la había convencido de que no se fuera hasta al menos comer y no verse tan grosera. La anciana le había asegurado que se irían pronto y Zetsu quería pensar que eso era realmente así. Los miró de reojo.

Itachi comía en silencio y mirando su plato con aire taciturno; Deidara de repente repartía silenciosas sonrisas, cuando se encontraba con su mirada, incluso levantaba la mano y la saludaba; Hidan se apresuraba a comer; Chiyo miraba de un lado a otro, esperando porque alguien dijera algo y Sasori… El pelirrojo no dejaba de mirarla de una manera un poco intensa y que le causo a la chica un escalofrío bajar por su espalda.

—Les ha quedado muy rica la comida— dijo Deidara, intentando aliviar la tensión y sonriendo después de tragar bocado —¿Sabes cocinar, Zetsu? ¿Ó está es tú primera vez, hum?

La chica lo miró, agradecida de ya no tener que mirar al pelirrojo —pues sabía que si no la detuvieran, continuaría haciéndolo durante tanto tiempo que probablemente, le sangrarían los ojos. Trató de concentrarse en la pregunta del rubio y mucho más en la respuesta. Aunque, recordar las añoradas tardes en que había cocinado con su madre le produjeron una terrible sensación de pesar.

—No. Acostumbraba a cocinar en mi jodida casa— respondió con sencillez —Se me daba muy bien preparan los estúpidos pasteles de chocolate.

Una especie de destello apareció en los ojos de Sasori, al percatarse de que era un dato más sobre la vida de Zetsu. Algo que, a propósito, había tenido que dar sentado por lo que Zetsu le había dicho en la mañana, no como algo que ella le hubiera dicho. Miró con desprecio poco disimulado a su alumno.

Deidara sonrió, aparentemente ajeno a la mirada fulminante de su maestro. Itachi, que se había sorprendido del vocabulario de la chica, casi se atraganta con la comida. Hidan lanzó una carcajada.

—¡Qué vocabulario!— espetó el albino con aparente alegría —Creí que eras una de esas babosas llenas de burbujas en la cabeza, pero se ve que sabes usar la boca, ¿ah? ¡Comienzas a caerme bien!

Zetsu bajó la mirada, avergonzada. Era suficientemente malo con que Sasori la hubiera escuchado antes decir cosas para nada adecuadas, como para que encima, insultara frente a sus amigos. Al menos el pelirrojo y su abuela sabían que ella sufría bipolaridad. Como una cubetada de agua helada, se le ocurrió pensar que quizá, Sasori les hubiera platicado a aquel trío sobre más cosas. La idea de que Sasori podría tratarla como una especie de mascota entrenada casi la abrumo.

Frunció el ceño y bajó la mirada.

—¿En serio, hum?— preguntó Deidara, algo entusiasmado —¡Me fascina el chocolate! Tiene un suculento sabor— el rubio hizo una pausa y miró a Sasori. Por primera vez pareció advertir la amenaza en la apretada mandíbula de su maestro y sonrió nerviosamente —¿Verdad, danna?

—Sí. Es una bebida de la que gozo mucho— dijo Sasori en un tono gélido que hizo que Deidara perdiera las ganas de entablar conversación.

El silencio cayó pesado sobre todos y Zetsu creyó que sería una oportunidad perfecta para ponerse de pie y alejarse de ahí. Pero al parecer, sus piernas se habían quedado congeladas y se rehusaban a moverse. ¿Es que acaso, quería estar ahí realmente?

—¿Te gusta leer?— preguntó Itachi, para sorpresa de todos.

—Sí— contestó Zetsu, aturdida —¿Por qué?

—¡Tú y tus jodidos libros, Uchiha bastardo!— refunfuñó el albino, con la boca llena.

Itachi espero unos segundos, ignorando a su amigo mientras intentaba hallar palabras para continuar, al fin, sonrió un poco.

—Me gustan las novelas de detectives y misterio. ¿Lees de eso? ¿Qué autor es tu favorito?

Zetsu frunció el ceño, consciente de la amabilidad que intentaba el Uchiha.

—Me gusta… leer sobre fantasmas y mitología— respondió, con cortesía.

Aquello, lo único que logro hacer en ese momento fue que la ira de Sasori aumentara. Apretó los puños sobre la mesa, hasta el punto en que las uñas empezaron a hacerle daño. Sus dientes prácticamente rechinaban y poco le falto para mandar al demonio tanto a sus amigos como a Zetsu.

Estaba realmente molesto. ¿Cómo podía Zetsu hacerle eso? ¿Cuánto tiempo intento hacer que ella le dijera algo, aunque fuera solo poco de su vida? ¡Y lo había mandando a callar con cuanta palabra obscena se le había cruzado en la mente, le había querido arrojar el florero, lo había insultado y humillado! ¿Y ahora llegan Deidara e Itachi, le hacen sencillas preguntas y ella contesta con toda la naturalidad? ¡Apenas los conocía! Él llevaba varios días…

Se dio cuenta de que el camino que seguían sus pensamientos lo llevarían a un mismo lugar: Su habitación ó su taller, solo y cabreado, maldiciendo a todos por todo. Era algo que recordaba haber sentido cuando Sakura le dijo que no quería lastimarlo, pero que en realidad, su corazón seguiría perteneciendo a Sasuke aún cuando el chibi de Itachi, no la quisiera lo más mínimo.

Intentó refrenar su coraje, pero entre más segundos pasaron, más dificil resultó ser. En su pecho empezaba a retorcerse una energía que le produjo una especie de sensación desagradable en el estomago y tuvo que tragar bilis. No deseaba que Zetsu se viera amenazada por sus celos, ó que los malinterpretara como algo más. En ese momento, así como la ira había venido, se fue. ¿Celos, había pensado? No podía ser cierto. Pero la idea, el sentimiento…Era claro que se trataban de celos. Antes que volver a sentirse avergonzado y enojado contra sí mismo, se sorprendió. Creía que había cerrado su corazón al mundo nuevamente, que nadie más entraría en él. Durante todo ese tiempo, se había querido hacer a la idea de que Zetsu no significaba demasiado para él. Pero hasta ese momento, no se había percatado de lo aliviado que estaba de ser el único hombre en la vida de ella.

No tenía qué preocuparse por Hidan. El jashinista eran un maldito mujeriego, y encima muy superficial. Pero… Fijo su mirada en Itachi y también en Deidara, receloso.

Sabía que Itachi era una persona muy bondadosa, aunque muchas veces se comportara cortante y déspota con los demás. El moreno no tenía en cuenta tampoco la apariencia externa, pues creía que de entre todas las cosas, no había algo más mentiroso que la belleza. Decía que a veces, ésta puede confundirse como bondad y creía que lo superficial no debía de juzgar a la gente, ni tampoco decidir su interior; Era muy amable también, sin mencionar hermoso, pero ilimitadamente modesto.

Y Deidara… Su alumno era el carisma encarnado. Pese a que podía llegar a ser muy molesto en ciertos casos, cuando el rubio se lo proponía podía hacer que el sol brillara en la eterna oscuridad si te daba una sonrisa. Además de que era algo expresivo y tan impetuoso que la vida con él nunca dejaba de abarcar una sorpresa nueva, en vez de caer en la rutina. Deidara podía catalogarse también como bello, pues sus cabellos dorados daban la impresión de que eran el sol y sus ojos eran como el cielo claro en un día solado. También parecía correcto agregar, que en su compañía, el dolor —cualquiera que fuera— se aliviaría si ese era el próposito del rubio.

No quería sopesar la idea de que ambos representaban unos potenciales enemigos. Y más teniendo en cuenta lo abierta que se mostraba Zetsu con ellos. Su único alivio representó la idea de que tal vez, de alguna manera, Zetsu confiara en él y hubiera decidido que, si Sasori había decidido presentarla, ella soportaría todo al final por él.

Sasori lanzó un largo suspiro. Quizá, eso sería desear mucho.

0*0*0

Zetsu había quedado impresionada por los amigos de Sasori. Había resultado reconfortante las palabras que Deidara e Itachi le conversaron, tratándola como si fuera una persona normal. Mientras se cambiaba y preparaba la cama para dormir. Claro, que ambos habían sido muy discretos al mirarla de reojo cada cierto tiempo, a cuerpo entero. Parecían desconcertados y quizá en algún momento incluso se asquearon —aunque esos eran solo pensamientos de Zetsu— con su apariencia, pero no hicieron alusión de ello.

Al momento de despedirse, Deidara bromeó con que se la robaría para una supuesta visita a un museo de arte al día siguiente, y la chica respondió que si hacía eso, le patearía en los bajos. Hidan había reído tan fuerte que sus oídos habían quedado un tanto entumidos, y que aún ahora, minutos después de que se hubieran ido, le zumbaban.

Zetsu se sorprendió de la belleza de Itachi y encima, de la extrema gentileza que tuvo durante todo el día. Definitivamente, Sasori tenía buenos amigos.

El pensar en el pelirrojo, le causo la misma sensación cálida y abrumadora de siempre. A veces, incluso llevaba su mano al pecho, sintiendo la sobrenatural fuerza con la que golpeaba su corazón al imaginar siquiera el roce del cuerpo de Sasori contra el suyo. Durante varios instantes, se sintió feliz. Pero luego esto se apago al recordar que durante la comida y el rato que estuvieron los otros tres, Sasori se comporto de la manera más parca que le había visto nunca antes y eso, la hacía sentir un poco confundida. Hasta entonces, la única faceta que había visto de él era la amabilidad y la obstinación por cuidarla. Pero ahora, incluso pareció que la detestaba. Aquella idea le hundió en demasiadas reflexiones, y para intentar distraerse, comenzó a trenzarse el largo cabello. Cuando termino fue hasta la puerta y le quito el seguro . Seguidamente, se fue a acostar. Chiyo se había ido a la tienda a comprar una pequeña despensa, y Sasori se había encerrado en su taller en cuanto Itachi, Deidara e Hidan se hubieron marchado. Intentó no pensar en Orochimaru ni en su vida anterior a eso. Quizá, resultaría entonces más fácil.

Cuando cerró los ojos e intento dormir, la puerta de la oscura habitación sonó quedamente. Zetsu abrió los ojos lentamente y se enderezo.

—¿Sí?— preguntó, con el corazón golpeándole con fuerza el pecho, al saber que Chiyo seguía sin llegar y que solo había otra persona con ella en la casa. En un gesto distraído se alació los cabellos.

—¿Estás visible?— preguntó Sasori desde afuera. Zetsu sonrió instintivamente.

—Sí.

Ante la respuesta, Sasori abrió la puerta y entró a la habitación. Durante un segundo se reprochó no haber pedido permiso para entrar, pero luego le resto importancia. En especial al percatarse de que en esos momentos, Zetsu estaba más hermosa que nunca. Su largo cabello trenzado le daba el aire de una sirena en medio del mar, a punto de cantar una canción.

¿Qué estás mirando como idiota?— preguntó Zetsu, sintiéndose tan nerviosa que tuvo que retirar la mirada, e incluso, esconderse bajo las mantas.

Sasori se obligo a regresar al mundo real y sonreír levemente. Se sentía más aliviado y seguro ahora que ahí no estaban ni Deidara ó Itachi, aunque todavía se encontró ofendido por la actitud de Zetsu para con ellos. Se acercó lentamente a la cama y decidió que no perdería nada con intentar lo que estaba a punto de intentar.

—Te comportaste muy abierta con mis amigos, ¿lo sabías?— declaró. Zetsu lo miró a través de las sábanas —Eso ha sido un poco grosero, en consideración con que no me has querido decir nada de ti, pese a que te lo he preguntado de mil y un maneras.

Zetsu se sintió avergonzada. Ah, eso ya explicaba la cara de molestia del pelirrojo. Quiso decir algo, pero no se le ocurrió nada, fue como si en ese momento, buscar palabras para excusarse significara perseguir fantasmas. Sin embargo, no sabía por qué Sasori no dejaba de sonreír de lado, como quien acaba de obtener el premio de una apuesta y sintió la garganta seca.

—Creo que merezco una especie de compensación, ¿no?— continúo Sasori y sujetó las sábanas, para descubrir más el cuerpo de Zetsu. Ella encogió las piernas, pensando que él le haría algo malo, pero Sasori lo único que hizo fue acariciarle la mejilla con ternura. La chica se percato de cómo ardía ahí donde le rozaba con el dorso de los dedos y soltó un ligero suspiro —¿Y sabes qué quiero?

—¿Hum?— Zetsu no era capaz de pronunciar nada más.

—Quiero que te pongas de pie y me acompañes a ver las estrellas…— susurro el pelirrojo. Zetsu abrió los ojos lentamente y miró a Sasori, sorprendida.

¿Qué?

—Mi cuarto tiene una especie de traga luz. Podemos ver las estrellas juntos, ¿cierto?— en realidad, el tono del pelirrojo denotaba que no era tanto una petición como una especie de orden y Zetsu se sentó y se puso de pie, siguiendo a Sasori hasta su cuarto —Je. Gracias. Qué amable de tu parte.

Zetsu no dijo nada, pues sus piernas temblaban tanto y su boca se había quedado tan seca que dudaba que si hablara se le fuera a entender nada. Cuando Sasori abrió la puerta de su habitación, Zetsu notó lo oscura que estaba, aunque en realidad, se sorprendió al ver que el supuesto tragaluz, era más bien una especie de ventana por el que se veían las estrellas y la luna. Se maravillo de aquel paisaje, aunque justo después de notar que la cama del pelirrojo estaba debajo del cristal se sintió asustada y pensó que era peligroso.

—Me gusta mucho mi habitación— dijo Sasori, sentándose en el borde de la cama y haciendo un gesto para que Zetsu hiciera lo mismo, a su lado. Ella lo hizo lentamente y cuando se sentó a su lado, el pelirrojo continúo —Cuando pequeño, mis padres dormían pensando que la noche debía de aterrorizarme y mi padre ideo esta idea.

Sasori señalo el tragaluz y Zetsu asintió.

—Es una muy buena idea…— susurro, nerviosa —¿Por qué te molestas en traerme aquí?

—Quería pasar un rato contigo. Me parece muy agradable tu compañía— el pelirrojo se echó sobre la cama y soltó un suspiro largo, sin dejar de contemplar el cristal y las bellas estrellas que iluminaban una especie de sendero. Durante toda la tarde, mientras el coraje le duraba, había debatido sobre hacer ó no esa pequeña intervención. Quería que Zetsu también fuera abierta con él…—En realidad, tenía planeado hacer algo que te hiciera sentir bien… que te divirtiera.

Yo no puedo divertirme— atajó con una amarga sonrisa. Sasori la miro con el ceño fruncido, y con un movimiento rápido la atrajo hacia la cama. La cercanía del pelirrojo le hizo sentir que todos los vellos se le erizaban —¿Por qué haces eso?

—Si vuelves a decir que no mereces nada bueno, tendré que darte una lección— soltó el pelirrojo sin pensar y tampoco sin apartar la mirada del cielo —No quiero… Pensar que tú no te ves tan hermosa como realmente eres.

La chica estuvo a punto de soltarle una palabrota y salir corriendo de ahí, pero el pelirrojo, al mirarla… Zetsu se dio cuenta de que hablaba en serio y se sintió completamente atónita.

El silencio cayó sobre ellos, sin que Sasori apartara la mirada de Zetsu, mientras que ella se dedicaba a buscar una excusa para no mirarlo.

—¿Por qué haces esto?— preguntó al fin la peli verde, con un resignado suspiro. Sasori parpadeo, despertando de sus ensoñaciones sobre cómo sería besar en ese instante a Zetsu.

—¿El qué?

Esto. Cuidarme, protegerme… Ser amable conmigo. ¿Por qué haces esto tan absurdo?

Sasori no contestó de inmediato, y solo permaneció mirando largo rato a Zetsu. Quería decirle que era porque la encontraba sumamente atractiva, pero algo muy remoto, una voz en su cabeza dijo que no era así. Esto sobrepasaba una burda atracción. Sasori la quería para él… Quería besarla, y abrazarla. Protegerla y que ella lo amara.

La intensidad de aquellos pensamientos lo agobió.

El silencio permaneció, mientras durante un tiempo que a ambos se les antojo tan eternamente corto, no se perdieron de vista. Ambos querían lo mismo, aunque no quisieran admitirlo.

Sasori abrió la boca para responder, y entonces…

TO BE CONTINUED


Si en verdad creen que vale la pena lo largo que quedo, dejen review ó les mandare una maldicion JashinIigrisu ¬¬. Sino, está bien, admito que esta pareja no es mi fuerte. Solo... quisiera realmente no lamentarme de no haber aprovechado la idea para otra pareja =.=

En fin... Mary espera que les haya gustado el capitulo. Reitero, es muy noche ya y debo dormir xD.

Sempai SasoZetsu :3, la mitad de mi deuda de este mes está saldada, espero como siempre que lo hayas disfrutado. Espero tus actualizaciones con ansías.

Matta ne