Realidad.
Jellal se sentía el hijo de puta más afortunado que jamás existió. No dudó ni un poco en regresar el fogoso beso de su acompañante, ahora sí, podría cumplir una a otra toda la curiosidad que se había estado formando en su mente. Pasando tentativamente las manos por las piernas de Erza, sintiendo cada pulgada de suavidad cremosa que en ellas se embargaba, delineando el contorno curvilíneo de sus caderas hasta su cintura, subiendo poco a poco el camisón que la cubría dejando más piel expuesta para sus ojos. Esta mujer era un placer visual.
A pesar de sus años y años, Erza era un poco inexperta –aunque no le gustaba aceptarlo– en todo esto de la seducción y la relación amorosa con otra persona, por lo general sus citas terminaban en completo desastre. Hacía mucho que lo había dejado de intentar. Pero esto. Esto simplemente fue la gota que derramo el vaso, este hombre pareciera que la provocara cada minuto, tal vez no conscientemente, pero su olor, su sabor, la oscuridad de sus ojos, el silencio de su mente.
Ella se separó de los labios de él, no lo suficiente pero si el necesario para hablar.
–No puedo leer tu mente. –dijo con exigencia.
A Jellal le llevó varios segundos comprender aquello. ¿Leer mi mente?
–Ya… y… ¿Eso es un problema? –se aventuró a preguntar el hombre entre jadeos cansados.
Asintió con la cabeza, sus pequeñas pero fuertes manos lo sujetaban del rostro como un depredador lo haría a su presa para que no escapara. Jellal lo notó. Notó el cambio dorado en sus ojos, ya no eran castaños, eran dorados tan brillantes como los de un gato. No sabía si asustarse o… o la verdad es que no tenía ni idea de cómo tomarse todo lo que le estaba sucediendo.
Al parecer la demencia estaba un poco suelta este día.
Erza recorrió su lengua por sus colmillos ahora afilados limpiando el rastro de sangre, Jellal no pareció darse cuenta de que lo habían mordido y eso hiso que Erza se sintiera orgullosa por haberlo seducido lo suficiente. Pero ahora, ahora ella quería más y sabía que no podía. Ya tomo la sangre necesaria para apagar la sed, pero aun así su cuerpo seguía pidiendo más y más.
Solo un poco no le hará daño a nadie.
Cuando volvió a hundir los dientes dentro de la herida, esta vez Jellal soltó un quejido, no de placer, si no de dolor. Quejido que dejó de importarle a Erza cuando sintió el contacto de nuevo con su sangre, su dulce y tibia sangre sabía la gloria pura. Envió cargas eléctricas de placer con fuera por toda la columna de la mujer, la hiso flotar en el cielo sobre nubes regordetas, se sentía tan satisfecho como un adicto a la cocaína.
Eso estaba mal. Debía detenerse ya.
Jellal la abrazó, la rodeó entre sus brazos y Erza solo pudo acurrucarse más a él, sintiendo la calidez humana. Sintiéndose segura después de cientos de años en un lugar. Se sentía bien.
–¡Erza! –una voz hiso que el placer del momento se esfumara como si le hubiera caído una cubeta de agua encima. –Por dios, niña.
Erza se separó de Jellal casi moqueando de la necesidad, pero le tenía más horror a su madre enojada que al hambre. Limpiándose la boca con el dorso de la madre miró hacia su madre que estaba parada en el umbral de la puerta de la cocina con ambas manos en su cintura y una expresión seria.
Después de años, se sentía como una niña pequeña siendo regañada. Miró hacia Jellal que se había desmayado sobre la silla y sintió vergüenza. No se había dado cuenta de que se había desmayado y tampoco se había dado cuenta de que su madre había llegado.
–Mira el desastre. –dijo Mavis sin tono enojado pero sí bastante preocupado mirando hacia Jellal. –No creí que necesitaras tanta… atención.
–Lo siento mucho, Madre. N-No sé qué pasó…
La mirada severa de Mavis se suavizó cuando miró a su hija mayor bajar la mirada de vergüenza.
–Ya, ya. –dijo Mavis con un poco más de calma. –Supongo que todos tenemos nuestro desenfreno de vez en cuando. –un guiño por parte de su madre hiso que Erza enrojeciera. –La verdad es que este chico es una buena persona. Algo estresado con su vida, pero me ayudó hace mucho tiempo y no lo recuerda. –Mavis sonrió. –Solo vine a saber si está bien.
Erza no sabía dónde esconder la cabeza. –Estaba bien antes.
Mavis rió, divertida. –Oh, bien… ¿Dónde quedó Gray? ¡¿Gray?! ¡Ven aquí un momento, chico!
Erza se enderezó rápidamente, intentando disimular que nada pasó. Su hermano Gray la traerá a carilla si se llega a enterar lo que pasó, casi quiso recriminarle a Madre de que lo haya traído a su departamento. Gray la pagará caro si se atreve abrir la boca en el clan.
–¿Ya puedo pasar? –dijo Gray sacando la cabeza del umbral de la cocina.
–Ayúdame a llevar a este hombre a la habitación de huéspedes. –dijo Mavis refiriéndose a Jellal.
–Y-Yo puedo hacerlo. –dijo Erza rápidamente.
–No, no. –interrumpió Mavis. –Tú necesitas alistarte. Vamos al Clan, al parecer algo sucedió.
La mirada de Mavis era severa pero no mortal, eso solo explicaba que lo que sea que pasó, es realmente serio. Gray no dijo nada ni dio una mirada burlona, solo se encargó de subir a Jellal hacia la recamara extra que ella tenía. Aunque le hubiera encantado que lo subieran a su habitación.
–¿Qué pasará con Jellal? –preguntó Erza con cautela.
–Es un humano. Solo cerraremos las puertas y dudo que quiera saltar desde sexto piso.
…
Cuando Jellal abrió los ojos se sentía cansado, sediento y muy hambriento. Se dio cuenta de que estaba en una habitación desconocida y resopló con frustración.
¿Alguna especie de dejá vú?
Pero con la diferencia de que esta vez no estaba amarrado. Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta sorprendiéndose cuando se dio cuenta de que estaba abierta.
Y boom.
No era un sueño. Se encontraba en el mismo departamento con la mujer pelirroja de sus sueños. Entonces, ¿eso significa que la besé? O más bien, ¿ella me besó?
Mi cabeza era una maraña de cosas. Todo parecía tan irreal. Jellal no se veía besando una sexy pelirroja de tal manera que lo recuerda, la mujer tenía una seriedad y una mirada que haría que cualquiera saliera corriendo, ella fácilmente podría hacerte pedazos si así lo quisiera.
Pero había algo. Algo reflejado en los ojos de la pelirroja que simplemente no dejaba de dar vueltas en la mente de Jellal. En sus ojos, en su mirada, esos ojos oscuros que parecían encerrar tanto misterios. A pesar de ser una mujer joven, hermosa, había algo que parecía encerrar la energía de la juventud, algo que apagaba su fuego interior y que la encerraba en esa fría seriedad.
Jellal se preguntaba cómo sería el sonido su risa, cómo serían sus mejillas sonrojadas, cómo sería cuando ella sonriera, cómo sería su comportamiento cuando él la abrazara, cuando él le susurrara frasecitas al oído. Como ella se vería disfrutando de una cita.
Jellal sacudió la cabeza rápidamente en un intento de alejar todos esos rebeldes pensamientos de su mente. Son solo fantasías locas. Alguien como ella, jamás se fijaría en alguien tan aburrido como él.
–Veo que despertaste. –la voz de Erza le hiso dar un pequeño salto en su lugar. Sorprendido por no haber escuchado ningún sonido que le advirtiera de su llegada. Erza se acercó. –¿Te encuentras bien?
Ya no había tanta seriedad en su voz, pero si había una línea que ella no parecía querer cruzar.
–Estoy bien. –asintió él, inseguro.
Erza asintió lentamente, se sacó su abrigo y lo colgó. Jellal miró en silencio cada uno de sus movimientos, incapaz de hacer otra cosa. Quería hablar, pero no sabía que decirle.
¿Cómo podría comenzar? ¿Qué podría decirle?
De nuevo, se encerró en su propia mente, imaginando escenarios diferentes al que estaba viviendo. Erza miró la vacilación de Jellal. Miró su ropa desalineada, su pelo despeinado y sus labios, esos labios que hace unas horas había probado. Algo definitivamente estaba mal con ella, miraba a ese hombre y lo único que se le venía a la cabeza era querer subírsele encima.
Cuando menos lo pensó, ya estaba a unos cortos centímetros de Jellal con la excusa de mirar la herida en su cuello. Había pequeñas marquitas de sus colmillos, sangre seca cubriendo la herida perfectamente, resistió el impulso de pasar su lengua por la herida. Jellal tragó saliva y Erza miró embelesada como su manzana de edén subía y bajaba con rapidez.
Sus colmillos no quería volver a su lugar y cada partícula de su cuerpo gritaba por la de él.
–Ahm… ¿Erza? –la voz nerviosa de Jellal logró sacarla de su lucha interna.
Ella alzó la mirada para verse reflejada en los ojos del hombre. Sus manos estaban en sus hombros, una de ellas estaba enredada entre el fino cabello azulado de Jellal probando su suavidad, la otra mantenía a Jellal fijamente en su lugar mientras que su boca estaba a solo unos cortos centímetros de su cuello.
Erza no quería alejarse, pero sabía que por respeto al hombre tenía que hacerlo. Él no era su juguete.
–Lo siento. Solo quería ver si estás bien. –mala excusa. Erza nunca fue buena dando excusas, menos cuando se encontraba bajo presión.
–No te preocupes. –contestó él con amabilidad.
Erza se sentía tan avergonzada, aunque no lo reflejara. Las palabras de su madre cayeron de nuevo sobre ella como agua fría, recordando la aparatosa situación de hace rato, la comprometedora situación. Estuvo a punto de huir hacia su recamara, cuando Jellal actuó y tomó su mano antes de que ella pudiera moverse. Esta vez, fue él el rápido.
Erza y Jellal se miraron por un segundo para que sus miradas se coordinaran y fueran hacia donde sus manos estaban unidas. Un pequeño rubor llenó las mejillas de Jellal mientras la soltaba, a Erza casi se le sale el corazón de la ternura. Pudo sentir sus propias mejillas arder ante el pensamiento.
–Lo siento… yo- quería… hablar contigo. –dijo Jellal con un poco de vacilación.
–Oh, adelante. –contestó Erza, curiosa.
Jellal no imaginaba que fuera tan cortante. Pero aun así se aventuró a seguir. Su mano frotó su nuca en una señal de nerviosismo que Erza notó.
–Sobre lo que pasó hace rato… yo…
Erza sintió la necesidad de esconder su cabeza debajo de algo. Al no poder entrar en la mente de Jellal le era imposible borrar ciertos recuerdos que preferiría no recordar, para evitar situaciones incomodas como esta.
–¿Te molestó? –las palabras volaron fuera de la boca de Erza. Pero de cierta manera no se arrepentía de haberlo preguntado. Quería saber la verdad.
Jellal la miró un poco incrédulo. –¡No! Claro que no, fue increíble. Quiero decir-no-espera… no pienses que soy un pervertido…-yo-ahm…
Erza no pudo evitar reír ante el comportamiento avergonzado de la persona frente a él. Nadie en su vida le había dicho algo similar, no lo había esperado tampoco, pero fue sumamente reconfortante y divertido. Hacía mucho tiempo que no reía de manera sincera, hacía mucho tiempo que nadie le robaba una risa.
Jellal olvidó la vergüenza del momento para detenerse a presenciar el hermoso sonido que salía de sus labios. Un fluido sonido que podría competir contra cualquiera bella melodía y ganar. Su rostro serio ahora estaba sonriendo, con un ligero rubor cubriendo sus mejillas. Cuando pensó que Erza no podía ser más hermosa, ella le demostró lo contrario.
–Sí, fue increíble. –ella asintió. –Lo siento por haberte mordido. –su diversión se esfumo para reflejar verdadera culpa. –Cuando estoy contigo no puedo controlarme.
Jellal llevó instintivamente su mano hacia la marca que ella había dejado en su cuello y luego recordó todo tan claramente. Miró el cambio de color en sus ojos y el alargamiento anormal de sus caninos. Hasta el momento, él había estado suprimiendo aquellas imágenes con la excusa de que en la calentura del momento todo lo imaginó, pero no, al parecer, era real.
La mujer frente a él no era un humano. Demasiada perfección debía tener sus consecuencias.
Aunque el pensamiento era incluso ridículo, él no tenía bases para negar lo que presenció. Ella bebió de él, bebió su sangre, de eso no había duda alguna. Los humanos no hacían eso, a menos que tuvieran un serio problema mental. Pero tampoco le cambiaban el color de ojos o el tamaño de sus dientes.
A pesar de que debería estar asustado, incrédulo, sorprendido, aterrado, se encontraba en perfecta calma. Se negaba ver a la mujer frente a él como un monstruo o algo peor. Ella se había metido tan profundamente en su piel que le era imposible verla más que como un ángel que cayó a sus brazos.
N/A: Después de siglos *suspira* lo lamento, había perdido la linea de esta historia y ya no sabía como seguirla, de hecho en todo este tiempo pensé en meter mas historias como entre relacionadas, tal vez NaLu, GaLe, Gruvia, etc, etc.
tal vez para el próximo capítulo haga de otra pareja. no se preocupen, no es el final de Jerza :c esto tiene que continuar, pero yo digo para no hacer la historia tan aburrida.
No prometo rapidez, porque todavía tengo otras dos historias saliendo y el tiempo vuela, amigos míos. aun así, gracias eternamente por las personas que me siguen apoyando, se van a ir al cielo *3*
(De antemano me disculpo por los posibles horrores ortográficos u.u yo solo escribo y confío en mi autocorrector y mis conocimientos previos).
Nos leemos pronto, espero. Besos (~*-*)~
