Advertencias! En este capítulo vemos un poquito de la súper-pervertida mente de nuestro querido Antonio. Sé que las decepcionaré, pero no pasa nada hardcore ;A; No se preocupen, que eso pronto vendrá en capítulos futuros! P.D. La canción del principio es Bones de The Killers.
Tomamos un atajo,
vamos a mirar las estrellas,
tomamos un atajo en mi auto.
Hacia el océano,
es sólo agua y arena,
y en el océano nos tomamos de la m a n o.
Pasaron minutos, horas, días, semanas. El tiempo seguía su curso habitual, sin detenerse para nadie, aunque Antonio seriamente estaba considerando pedirle al Señor Reloj que tomara un descanso, sólo lo suficiente como tomar todos sus pensamientos descarrilados y organizarlos en una caja de cartón, con divisores por color, si no es mucha la molestia.
Él nunca había sido así.
En contra del popular arquetipo del chico popular rebelde, o sea aquel idiota que se pone demasiado gel en el cabello, ignora las órdenes de todos y tiene pinta de mirrey más que nada, Antonio era como un opuesto de éste estereotipo. Acata las órdenes de tus mayores, cuida tu lenguaje, no olvides la educación que te hemos dado desde que naciste. Así nos harás orgullosos.
Recordaba éstas palabras como si su madre las hubiera pronunciado ayer, aunque se las había dicho el primer día de instituto medio. Antonio podía estar seguro de que ella sólo le había dicho esto para animarlo a mantener un buen comportamiento en su nueva escuela, pero para él, esto signficaba bastante. Su meta, desde siempre, si se podía confiar en su memoria, siempre había sido hacer a sus padres orgullosos. Él sabía que no era tan perfecto como su hermana Isabel- él la quería mucho, pero vamos, debe de haber un límite para tanta perfección –por lo que tenía que poner mucho esfuerzo de su parte.
Aunque parecia que él sólo iba por la vida esperando que su gran sonrisa, infinito optimismo y envidiable carisma fueran la llave a todas las puertas que alguna vez tendría que abrir en el futuro, realmente no era así. Todos sabemos que nuestro bobo protagonista podría ser descalificado en un concurso de idiotas por profesional, pero a él en realidad le gustaba la idea de graduarse con honores y estudiar para ser alguien importante en la vida mucho más de lo que alguna vez le diría a sus amigos. Si, confiaba mucho en ellos y todo ese rollo, pero... Simplemente había cosas que era mejor mantener en secreto.
Y su evidente atracción hacia su maestro debió de haber sido una de ellas.
En cuestión de días, ya se arrepentía de haberle contado a sus amigos. Siempre que estaban en clase de Italiano, había sólo una de dos sopas: O lo agarraban a codazos o le daban tanta carrilla que Antonio estaba seguro de que prefiriría usar su propio apéndice partido en dos como tapón de oídos en lugar de seguir con esa tortura.
Suspiró; esto ya se estaba tornando difícil. Eran principios de Febrero ya, y sin duda alguna, el comité estudiantil- aunque su presidente, Arthur Kirkland, obviamente se opondría –muy pronto comenzaría a llenar los pasillos con baratos colguijes de corazones de papel rosas y rojos, a vender flores, chocolates, peluches, y todas esas babosadas que harían a una colegiala sonrojarse al punto de parecer un tomate. Ahora que lo pensaba... Realmente quería comerse uno. Si tenía suerte, habría ensalada de tomate en la cafetería...
Okay, ya nos desviamos mucho de su problemita. Ya había pasado casi un mes desde el primer día, desde aquella estúpida broma, y hasta ahora, a Antonio le iba como en feria en su misión de ganarse el corazón de corazón del Signor Vargas... Y tal parecía que no haría ningún progreso pronto.
Al principio todo eran pensamientos a la 'Madre de Dios, está como quiere, oh, a la mierda, ¡Vaya trasero! Me pregunto cómo se sentirá tocarlo...' Realmente no pueden culpar a Antonio, amigos. Él era simplemente un adolescente, y como tal, tenía sus urgencias.
Estas por lo regular eran satisfechas por su confiable amiga, ella era su mano derecha- literalmente – y su computadora portátil acomodada sobre una toalla y en el lavamanos, el explorador de internet abierto en uno de los muchos sitios de pornografía gratis que había flotando por la red.
Pero de unos cuantos días al presente, esto ya no era suficiente, y él desconocía la razón. Frunciendo el ceño, Antonio volteó hacía la vieja confiable, su computadora, y dejó que los sonidos del video entraran en sus orejas. "Joder," Murmuró, al ver que esto no era la solución para el problema en mano. Problema en mano, ¿Entienden? ¿No? Bien... Esta historia realmente necesita un nuevo narrador.
Nota para sí mismo: Preguntarle al Señor Internet cómo dejar de tener fantasías super sexys sobre tu aún más sexy maestro.
Esa mañana, había ocurrido algo que, si otros lo hubieran visto, hubieran pensado que la profecía de los Mayas se cumpliría, y que el fin del mundo era algo inminente: Antonio se levantó de malas pulgas
Había despertado con la cara tan roja que fácilmente podría poner a un betabel en la más misera vergüenza, aparte, su oscuro cabello también se pegaba a su frente con sudor. Bien, no era nada que un buen baño no pudiera arreglar... Maldición. Se sentó en el borde de su cama y miró hacia abajo, sólo para ser cordialmente recibido por una 'sorpresita' que vagamente le recordaba a una tienda de acampar en su regazo.
Está bien, Antonio lo podía arreglar. Así que con su computadora bajo el brazo se dirigió al bendito baño, y eso nos lleva la terminación del ciclo, a donde estamos ahora. Llevaba quince minutos tratando de darse paz a sí mismo, pero no lo conseguía.
Y ahí fue cuando se le ocurrió una fantástica idea- tal vez, si recordaba lo que lo había puesto así, podría al fin solucionar esto. Cerró los ojos, y se concentró.
Sucedió en el salón de clases, el típico escenario de cualquier filme pornográfico barato con temática de estudiante y maestro. "Ven acá," Le había dicho Lovino, simultáneamente quitándose su corbata color olivo, como si estuviese en cámara lenta. Dejó caer la molesta prenda sobre su escritorio, a la par que Antonio le daba una sonrisa, viéndolo con ojos color esmeralda llenos de ó unos pasos más cerca, rápidamente librándose del horroroso blazer que formaba parte del uniforme escolar. Después de quitar el estorbo personificado como chaqueta delos hombros del otro, el Español comenzó a desabotonar su camisa. "Espera," Susurró el profesor, moviéndose hacia atrás hasta que se pudo sentar en su escritorio. "No le quites toda la diversión a esto, piantagrane. Ahora, ven y bésame."
Antonio siguió las indicaciones que se le habían sido dadas, y en cuestión de segundos ya tenía sus labios sobre lo de Lovino, en un beso tan intenso que estaba seguro de que ambos tendrían los labios moreteados al siguiente día. No era como si a alguno de los dos le importase, de cualquier manera.
Envolvió sus brazos alrededor de la delgada cintura de Lovino, dándole una vuelta para bajarlo del escritorio. "Tengo una idea." Aclaró, sentándose donde el otro había estado anteriormente, y jalándolo hacia él. "Siéntate en mi regazo." Pidió, antes de comenzar a besar su cuello suavemente.
Soltando un gemido leve el mayor obedeció, colocando sus piernas a cada lado del torso del estudiante. "Mierda, olvida lo que te dije antes. Quítate la jodida camisa de una buena vez." Antonio respondió con una leve risa a su demanda, pero rápidamente de despojó de la blanca camisa de vestir, después tirándola al suelo.
"¿Y qué más quieres que haga?" Preguntó una vez que había movido sus labios a la oreja de Lovino, una maliciosa sonrisa presente en su rostro.
"Quiero que me jodas tan fuerte que no podré caminar hasta el Lunes."
Después de eso, ya no pudo. Se quedó viendo estrellas momentáneamente y esperó unos cuantos segundos, a que el placer de llegar al clímax se desvaneciera, antes de jalar los cordones blancos de sus pantalones de pijama estilo drawstring, anudarlos y apagar su computadora.
Tal parecía que no podría ver a Lovino de la misma manera por un rato.
Y sus sospechas no estaban erradas.
Entró al aula, inusualmente siendo el primer estudiante ahí.
"Buenos dí- Ah, eres tú, Fernández." Lovino se limitó a voltearlo a ver cuando entró, antes de devolverle la mirada a su montaña de papeleo.
Rápido, Antonio... Si quieres que en realidad pase lo de tu sueño, debes encontrar una manera de conocerlo más, de hacer que te quiera... De pasar más tiempo con él. Bingo!
Cualquier persona normal hubiera optado por hacerle preguntas, por tratar de agradarle... Pero no olvidemos que Antonio era demasiado estúpido como para ser normal.
Se levantó, caminó hacia el escritorio de Lovino, y tomó su celular.
"¡Hey, idiota! ¿Qué crees que estás haciendo con mi-?"
Luego, lo arrojó por la ventana.
Y eso es todo por hoy, amigos. Tengan, he aquí un poco de yaoi como disculpa por que me tardé poco menos de 1000 años para actualizar, y por el hecho de que casi todo este capítulo es relleno. Wow. Sé que ambos se ven un poco OOC, pero créanme que aunque esto esté súper aburrido, pronto se pondrá interesante. Creo.
De cualquier manera, ¡Porfa dejen reviews! En serio, me hacen el día. Y a quienes ya me han dejado, ¡Muchas gracias! Me gustaría contestarles, pero siempre que lo intento termino escribiendo algo a la 'omg muchaas graciasss omfg no puedo creer que enserio leas esto jfc jfc y omg' Así que... Mejor ni xD
¡Espero les haya gustado!
