Un campamento provisional se había establecido dentro del pantano y los guardias disfrutaban su cena al lado de la fogata, mientras que otros estaban siendo atendidos en la carpa de la enfermería por el intenso dolor que les provocaban los cortes y moretones que habían obtenido hace unas horas. El guardia real estaba dentro de su carpa observando con una mirada fría y calculadora un mapa del reino, tratando de averiguar la ruta que tomaron los fugitivos. El ayudante del guardia real entró en la carpa con su casco bajo su brazo y antes de hablar dio un saludo firme.
-No escaparon bajo el suelo señor. Los rastreadores no encontraron ninguna señal de excavación o minería.
-Bien. prepara a los guardias para una expedición marítima.
-Con todo respeto señor. El mar es un lugar demasiado amplio como para cubrirlo con guardias ¿cómo localizaremos los fugitivos?
El guardia se rió un poco antes de levantarse de donde estaba sentado y se recargó en la mesa.
-Es cierto... eres nuevo... ¿Cómo se llama soldado?
-Antony...
-¿Y cuánto tiempo tiene siendo guardia?
-tres meses señor...
-Bien "Antony", te voy a explicar algo. Acércate.
El guardia se acercó a la mesa junto con el guardia real y este le indicó el punto de donde habían zarpado los fugitivos.
-Desde aquí se fueron... ¿no? ahora, piensa en esto... este es el castillo, y como obviamente no son tan estúpidos como para ir al lugar más saturado de guardia real, no irán aquí. Luego está este montón de tierra ¿Sabes lo que es cierto?
-El desierto señor...
-Una persona tan inteligente como Charlie Hawk debería saber perfectamente que moriría de deshidratación antes de llegar al primer pueblo con algo de beber, además de que carecen de provisiones. Y bueno, no hay por qué mencionar la isla de los monstruos... así que... su mejor opción sería esta -dijo al mismo tiempo que tocaba un pequeño pueblo en el mapa.
-¿El pueblo de Tarem señor?
-Es un poco frío... pero creo que es lo de menos para nuestro querido amigo en este momento.
-Es... brillante señor.
-No, en realidad no lo es -dijo al mismo tiempo que caminaba a la salida de la carpa.
-Gracias señor... -le agradeció Antony antes de que saliera. Luego se sentó al lado de la mesa y siguió estudiando el mapa el resto de la noche con la esperanza de sorprender a su jefe con algún descubrimiento.
...
Los efectos de la visión nocturna habían acabado hace un par de horas, pero Charlie todavía podía guiarse por las estrellas y el mapa que siempre traía con él. Checó su reloj y vio que marcaba un poco más de la media noche. Y luego de remar por 3 horas, los botes finalmente tocaron la arena de una pequeña isla solitaria que tenía únicamente tres robles en una pequeña porción de tierra. El resto de la isla no era nada más que arena y unas cuantas tortugas cuidando sus huevos.
Charlie bajó del bote y lo ató a una estaca profundamente enterrada en la arena. Y cuando el bote de Aurora finalmente se atascó en la orilla de la isla, Aurora apeó dejándose caer en la arena húmeda, para luego arrastrarse con las pocas fuerzas que le quedaban hacia el centro de la isla, donde la arena estaba más seca, y finalmente, se puso de espaldas al suelo y exhaló un agonizante gemido.
-Jamás... Charlie... Jamás me vuelvas a pedir hacer esto.
-Es eso o dejarte varada en esta isla -le respondió mientras terminaba de asegurar su bote.
-Tú no tienes compasión -replicó poniéndose su capotain (sombrero de bruja) en el rostro.
Clara bajó del bote con cuidado y se sentó cerca de Charlie para ver lo que hacía. Él la veía de reojo una que otra vez. Todavía recordaba como ella había dejado al guardia en el suelo con una flecha en la frente. Comenzó a dudar si esa aparente inocencia era genuina. Se veía tan indefensa a primera vista que estaba empezando a considerar la idea de que sólo fue su imaginación.
-Oye -dijo con calma mientras juntaba unos cuantos troncos y los apilaba uno sobre otro-. ¿Realmente sabes usar ese arco?
Clara quedó en silencio. Parecía no querer hablar acerca del tema.
-Lo que hiciste en la cabaña... no fue tu culpa -Charlie puso dos puñados de hiesca entre los troncos y sacó de su inventario un mechero para luego empezar a hacer chispas sobre esta. Clara seguía en silencio-. Ellos me iban a asesinar... Si no hubieses estado ahí, las cosas serían muy diferentes -una pequeña llama comenzó a crecer desde el centro de la hoguera-. Gracias -le dijo mirándola a los ojos que habían sido iluminados por la luz cálida de la madera ardiendo.
Aurora se arrastró hacia ellos con el rostro relativamente cubierto de arena y dejó de moverse cuando sintió el calor de la hoguera.
-Al menos te sirvió la poción contra las náuseas- le dijo Charlie con tono de burla.
-Déjame en paz -replicó con la voz al borde de quebrar en llanto.
Charlie sacó de su inventario tres mantas. Le dio una a Clara, la otra la puso sobre Aurora y la última la extendió en el suelo para luego recostarse en ella.
-Buenas noches -dijo mientras ponía sus manos detrás de su cabeza, contemplando las estrellas y arrullándose con el sonido de las olas rompiéndose en la orilla de la isla. Luego de un rato sacó el ojo de ender de su bolsillo y lo contempló por un rato. La esfera era dura y de un color bastante agradable a la vista, a pesar de que al verla le diese un escalofrío a cualquiera. Charlie guardo el ojo y se tapó con la manta. Lentamente su respiración se volvió más lenta, hasta quedar profundamente dormido.
...
Charlie despertó con el sonido de unos fuertes chapoteos y un delicioso aroma que hizo rugir sus entrañas. Lentamente se sentó y se quitó las lagañas de los ojos antes de sacudir la arena de sus ojos. Cuando finalmente pudo ver con claridad, observó a Clara con los jeans enrrollados y una parte de sus piernas dentro del agua. Tensaba el arco de Aurora apuntando hacia el mar; parecía estar totalmente concentrada en lo que sea que estuviese viendo, y de repente, dejó escapar la flecha que estaba atada a una pequeña cuerda. Luego jaló la cuerda unos segundos y sacó la flecha del agua con un pescado en la punta. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Clara al ver al animal retorciéndose.
-Entonces sí sabes usarlo -dijo Charlie con una sonrisa.
Clara se asustó y volteó rápidamente hacia Charlie. Luego de unos segundos parecía algo ruborizada.
-No recuerdo haber tomado algo como esto antes -dijo mientras analizaba el instrumento-, pero de alguna forma, me es muy fácil usarlo... Es como un instinto que siempre he tenido.
Clara salió del agua y puso el pescado encima de un tronco de la hoguera junto con otros tres pescados que ya estaban casi listos.
-También sabes encender fogatas...
-No sabía como hacerlo hasta que te vi, y cuando intenté hacerlo lo logré a la primera. Es extraño... como si fuera una parte de mí... Además tenía mucha hambre y no quería hurgar en sus inventarios por comida.
-Creo que todavía hay muchas cosas de ti misma que aún no conoces.
Entonces, Charlie vio un bulto moviéndose en la arena cubierto con una manta, hasta que finalmente Aurora se destapó, dejando ver su cabello despeinado, cubierto de arena al igual que su rostro.
-¿Qué huele tan bien? -preguntó con la voz claramente ronca y los ojos entornados.
-Tal parece que Clara tiene habilidades ocultas -tratando de aguantarse la risa al ver la tremenda expresión de disgusto que había puesto Aurora al percatarse de toda la arena que tenía encima.
Creo que esas habilidades son lo único bueno de todo lo que ha pasado hasta ahora -dijo mientras se sacudía la arena.
Mientras Aurora se aseaba todo lo que podía, Clara siguió cocinando los pescados, y una vez que quedaron listos, los cortó en filetes y los puso en unos platos hechos de hojas. Charlie probó un pedazo y se sorprendió del sabor que había conseguido. La carne estaba perfectamente cocida.
-¿Y bien? -le preguntó Clara algo insegura.
-Es delicioso -dijo con la boca llena y una expresión de placer-. Es el mejor pescado que he probado en todo el reino.
Clara se ruborizó y se sirvió dos pescados. Luego vino Aurora maldiciendo y quejándose por todo, hasta que probó los pescados de Clara. Cada vez que metía un pedazo de carne en su boca, suspiraba antes de dar todo un discurso de lo bella que era la vida.
Charlie sacó de su inventario algo de comida y agua que había traído antes de escapar de los guardias y se la ofreció a las chicas, quienes la aceptaron felizmente. Pero después de comer un rato, Charlie vio que Clara estaba seria y con pocos ánimos.
Después de comer, Charlie aventó las piedras y los pedazos de madera quemados al mar y enterró las cenizas con arena, borrando todas las señales de que habían estado ahí mientras Clara guardaba la comida dentro de un contenedor improvisado hecho de hojas. Aurora bebió la última poción para las náuseas que tenía y luego se dedicó a preparar los botes para zarpar, resignada a que tendría que soportar ese sufrimiento de nuevo.
Charlie veía como Clara seguía seria, y se preguntó si era por lo que le había dicho anoche.
-Clara.
-¿Si? -replicó parando por un momento su tarea.
-¿Estás bien? -preguntó inquiriendo al mismo tiempo que se sentaba a su lado.
-¿Qué? Ah... sí, estoy bien, es sólo que... todavía estoy tratando de procesar todo lo que ha estado pasando. Sé que lo que hice no estuvo mal del todo... pero eso no lo hace mucho más fácil de sobrellevar -Clara se veía más desanimada. Charlie se preguntó si estuvo bien sacar a flote el tema-. A veces me pregunto si ese hombre tenía familia... Quizás ni siquiera quería lastimarnos... quizás lo obligaban a hacerlo... Pude haberle disparado en cualquier otra parte pero...
-Clara -dijo Charlie con compasión al ver como la voz de Clara empezaba a quebrarse. Se arrepintió totalmente de haber tocado la herida que aún no había cicatrizado-. No quería...
-No... está bien -dijo al mismo tiempo que se limpiaba las lágrimas.
-No fue tu culpa... Es culpa del que lo envió a lastimarnos en primer lugar... si esa persona nunca lo hubiese enviado nada de esto hubiese tenido que pasar. Tú solo me estabas defendiendo, y eso te lo agradeceré por el resto de mi vida.
Clara volteó a ver a Charlie, y él le regaló una sonrisa. Clara sonrió a pesar de que sus ojos estaban rojos y llorosos.
-Charlie -le gritó Aurora- ¿Podrías ayudarme con este nudo?
Charlie se levantó y fue caminando donde Aurora. Notó que lo miraba fijamente y algo molesta, pero la ignoraba de todas formas, desatando los nudos.
-Sabes que está mintiendo -dijo susurrando.
-En realidad no.
-No me vengas con eso ahora. Tú viste lo mismo que yo no seas estúpido.
-Me estaba defendiendo.
-¡Le atravesó los sesos con una flecha a ese hombre! -exclamó en voz baja.
Charlie finalmente desató el nudo con un movimiento brusco y miró a Aurora a los ojos claramente molesto.
-Ella no es una asesina.
-Dícelo a la familia de ese hombre.
-¿Cuál es tu problema? -le preguntó ofendido- Si me hubiesen matado ellos te habrían matado a ti y luego a ella -Charlie empezó a desatar el nudo que estaba en el bote-. Nos salvó la... espera un momento... estás celosa?
-¡Por supuesto que no! -exclamó ofendida.
-Eres mala mintiendo, lo sabes -Charlie sonrió.
Aurora se ruborizó
-No estoy celosa Charlie.
-Entonces supongo que no te molestaría si la invito a salir -dijo con tono de burla mientras terminaba de desatar el nudo y le daba la soga en la mano a Aurora y se fue a seguir con su trabajo.
-No... -Aurora se interrumpió a si misma, al darse cuenta que en realidad Charlie no decía eso en serio. Quedó callada un buen rato algo frustrada. Y sin más remedio, siguió preparando los botes.
Después de guardar las cosas y ocultar toda señal de su existencia en la isla, entraron a los botes y empezaron a remar al norte. Charlie le contó durante todo el viaje a Clara sobre sus aventuras con Aurora hasta que Clara le preguntó cómo se habían conocido.
-¿Cómo nos conocimos? -replicó-. Hmm... Oye Aurora, tú cuéntala. tu perspectiva es mejor que la mía.
-Hazlo tú -dijo refunfuñando.
-Vamos, no seas amargada.
-Déjame en paz...
-No te dejaré de molestar hasta que lo hagas. Y ambos sabemos que no duras mucho tiempo ¿Así que para qué sufres?
Aurora rezongó en agonía y miró al horizonte por un momento antes de contestar.
-Está bien -Masculló.
-Pero hazlo bien, sino no cuenta.
-Está bien, no tienes por qué ser tan amable -dijo con clara ironía y desgana-. Fue hace cinco años. Estaba recolectando plantas para mis pociones y algo de comida para la cena. Entonces unos hombres aparecieron... me rodearon... Había olvidado mis pociones de veneno y daño instantáneo en casa, así que no tenía manera de defenderme. Me agarraron por detrás y me golpeaban... se burlaban de mí sólo porque era un "fenómeno". les divertía golpearme. luego me tiraron al suelo y comenzaron a patearme... Creí que iba a morir ahí a manos de esos asquerosos... pero luego apareció Charlie y los golpeó uno por uno tanto como me golpearon a mí... luego me llevó a mi cabaña y me cuidó hasta que pude pararme otra vez... desde entonces hemos sido buenos amigos... y la única persona en la que confío -dijo lo último mirando fríamente a Clara, asustándole un poco.
-¿Ya ves? no fue tan difícil -dijo Charlie con una sonrisa.
Después de unas cuantas horas, el viento comenzó a hacerse helado, y Charlie tuvo que improvisar unos abrigos para él y Clara con unas pieles de animales que tenía a la mano.
-¿No le harás uno a Aurora? -preguntó Clara.
-Las brujas no usan abrigo -respondió ella misma-. No sufrimos por sentir frío o calor pero sí podemos llegar a morir por eso si no somos cuidadosas. De todas formas me basta con el vestido que tengo.
Unos cuantos minutos después, comenzaron a aparecer pedazos de hielo flotando sobre el agua, y la neblina que habían visto a lo lejos hace unas horas ahora los rodeaba por completo. Pronto se toparon con el bosque nevado de Tarem, el cual estaba cubierto de frondosos pinos cubiertos de nieve.
Luego de un rato remando por la orilla, encontraron una bahía solitaria, y en seguida encontraron el puerto, el cual estaba cubierto por estalactitas de hielo y nieve. Después de bajar de los botes, Charlie los escondió dentro del bosque cubriéndolos con arbustos.
-¿Estás seguro que este es un buen lugar para quedarse? -preguntó Aurora un poco preocupada.
-No nos quedaremos por mucho, sólo necesitamos algo de comida y un lugar para descansar esta noche. Mañana discutiremos qué hacer con el...
-Esperen... -le interrumpió Clara, haciendo que bajaran la voz-. Oigo voces.
-Somos nosotros chica inteligente -dijo Aurora revirando los ojos.
-No... son guardias... escóndanse.
Los tres se escondieron dentro del bosque, pero luego de unos segundos no pasaba nada.
-¿Estás segura de que no te volviste loca?
-Shh...
Pasaron unos instantes antes de que se empezaran a oír ligeramente unas voces a lo lejos, acompañadas del galope de unos caballos. Entonces los vieron. Eran cinco guardias yendo directamente a la bahía.
-Tampoco están en este -dijo el guardia real antes de sacar un papel y escribir algo en él. Luego de escribir vio el lugar con una mirada cansada-. Este puerto está más abandonado que las medicinas que dejó de usar mi abuela.
-Tienes buen oído -le dijo Charlie a Clara susurrando.
-Vamos a almorzar. Luego pasaremos a revisar una vez más.
Los guardias dieron la vuelta y se fueron galopando hasta desaparecer en el camino.
-¿No será que también hablas con los animales? -le dijo Aurora a Clara con ironía.
-Tendremos que comprar ropa cuando lleguemos al pueblo -dijo Charlie-. Nos están buscando y con esta ropa es muy fácil que nos reconozcan.
-Ah, no, yo no usaré ropa de humano.
-Aurora, no empieces.
-Dije que no.
-Aurora...
-¡No!
-...
-Está bien -dijo mascullando- Pero me debes muchas galletas Charlie.
Después de caminar por el sendero un rato, llegaron al pueblo. Charlie se puso su capucha, Clara una bufanda improvisada y Aurora tuvo que quitarse el sombrero para cambiarlo por una túnica que Charlie había hecho de una oveja que había en el camino para cubrir su vestido. Rápida y discretamente compraron unas ropas poco vistosas en una tienda de ropa y se cambiaron en los vestidores.
-Me siento ridícula -dijo Aurora, que ahora tenía un abrigo sencillo de color azul oscuro.
-No seas tonta, te ves bien.
Caminaron un rato por las calles, tratando siempre de evitar contacto visual con la gente. Era un pueblo grande pero sencillo. había una gran cantidad de puestos de comida y tiendas que vendían todo tipo de objetos útiles. El sonido de los caballos galopando, los martillazos de la herrería y los animales, era lo que más abundaba en aquella ciudad. Luego llegaron a un restaurante y comieron decentemente por primera vez desde anoche, y como siempre, Clara lo devoraba todo. Era un lugar sencillo y rústico, pero tenía un relajante sensación que podría dejarte dormido a medio bocado. Charlie vio cómo Clara comía placenteramente su filete y pan.
-La primera vez que te vi comer creí que comías mucho porque no lo habías hecho en mucho tiempo, pero estoy empezando a darme cuenta de que tú eres así en realidad.
Clara se ruborizó, y siguió comiendo un poco más lento. Charlie le compró a Aurora las galletas que tanto quería y un chocolate caliente, pero a pesar de eso, no se veía muy feliz. Aurora estaba viendo por fuera de la ventana, sin expresión alguna. Charlie se preguntó por qué estaba tan molesta hace unos momentos.
-Oye ¿estás mejor?
-Sí... -respondió mucho más pasiva que antes- Perdón por haber actuado así antes... es sólo que... -Aurora se quedó callada.
-¿Qué cosa?
-No es nada importante... -respondió antes de beber un poco de chocolate caliente.
Charlie decidió no seguir hablando del tema y continuó comiendo en silencio.
Cuando acabaron de comer, Charlie le pidió a las chicas que lo esperaran en lo que iba al baño. Mientras hacía sus necesidades, se preguntó si realmente Clara era la persona que aparentaba ser ¿De dónde habrá sacado el ojo de ender?¿Por qué el príncipe querría matarla? y de paso ¿Por qué Aurora estaba siendo tan desconfiada de ella?
Charlie salió del baño y se lavó con el agua helada que había en un bote fuera del baño, y de paso se lavó el rostro. ¿Qué debería hacer? no podía escapar por el resto de su vida, tenía que hacer algo ¿pero qué? No podía simplemente ir al castillo y asesinar al príncipe.
Cuando fue de nuevo a la mesa en donde estaban comiendo, se percato de un hombre que le estaba gritando a otro. Todos ignoraban la escena excepto los tres forasteros que veían indignados la escena. El hombre empezó a golpear al hombre, haciendo que sus anteojos cayeran al suelo. Charlie no lo pudo soportar más y empezó a caminar directo hacia el hombre.
-Oye ¿cuál es tu problema? -le preguntó Charlie notoriamente molesto.
-Este sujeto me debe dinero -dijo el cobrador muy enojado- No me lo ha pagado en cuatro meses y ya estoy harto.
-Hemos tenido una mala cosecha, no he podido conseguir el dinero suficiente para juntar el dinero suficiente. Mi familia está muriendo de hambre y...
-Deja de decir tonterías -lo interrumpió-. Como si fueses la única persona que tiene que darle de comer a sus hijos.
-¿Cuanto te debe? -preguntó Charlie muy serio.
-Veinte de oro.
Charlie le lanzó una bolsita pequeña y el la cachó torpemente en el aire.
-Listo, asunto arreglado. La próxima vez sé más amable en cómo pides las cosas.
El cobrador le lanzó una última mirada amenazadora al pobre hombre y salió dando zancadas del restaurante. Charlie se agachó para recoger los anteojos del hombre y los limpió un poco antes de entregárselos de vuelta.
-Muchas gracias -dijo al mismo tiempo que se ponía nuevamente los anteojos.
-No hay de qué -replicó con una sonrisa mientras ponía frente a él otra bolsita con diez pepitas de oro-. Esto es para usted y su familia.
Luego se dirigió al mostrador y puso una pepita de oro. Después de recibir su cambio, salio a la calle junto con las dos chicas a buscar un albergue en donde pudiesen pasar la noche.
-¿Y eso que fue? -le preguntó Aurora.
-Se veía que necesitaba ayuda.
Después de buscar un albergue por unos cuantos minutos, finalmente pararon frente a uno muy sencillo pero elegante. Charlie le pidió a ambas que usaran nombres clave y entraron a el edificio.
Charlie pidió una habitación con tres camas. Por desgracia no tenían habitaciones con tres camas individuales, sólo tenían habitaciones con una matrimonial y otra individual. Aurora se tapó su rostro que se había comenzado a ruborizar por la simple idea de que tendría que dormir al lado de un hombre, pero para sorpresa de ambas, Charlie pidió una habitación con dos camas individuales. Como Aurora y Clara tenían miedo de preguntar por qué había hecho eso, esperaron a ver lo que haría. El encargado les dio las llaves de la habitación y los tres fueron caminando hasta llegar a ella. Cuando entraron, Charlie sacó de su inventario las mantas que les había dado a las chicas y las juntó para hacer una pequeña cama en el suelo.
-Oye ¿está bien que duermas en el suelo? -le preguntó Clara- Si quieres yo podría dormir en el suelo para que tu duermas en la cama. Has de estar cansado después de todo lo que has hecho por nosotras.
-No te preocupes, estoy acostumbrado -dijo sonriendo. Clara parecía algo incómoda con la decisión de Charlie.
El chico se acostó en la pequeña cama y se acomodó lo mejor que pudo. Clara y Aurora también se acostaron un rato a pesar de que todavía era muy temprano, pero todos estaban demasiado cansados.
-De hecho, creo que prefiero esto -dijo Charlie en un bostezo, y todos quedaron profundamente dormidos en pocos minutos.
...
-Charlie, despierta -le decía Aurora sacudiéndolo fuertemente.
-¿Qué sucede? -Preguntó exaltado por la forma en que le había despertado.
-Clara escuchó golpes. Son los guardias.
Charlie se levantó en un saltó y le dijo a las chicas que guardaran todo mientras él amarraba fuertemente una soga a la pata de una de las camas. Rápida y discretamente se asomó por la cortina, asegurándose de que no hubiese ningún guardia en el callejón. Luego lanzó la cuerda por la ventana y se preparó para bajar.
-Apaguen las luces y bajen rápido, tenemos que huir lo más lejos posible antes de que se den cuenta que estuvimos aquí.
Los tres bajaron por la soga hasta llegar a salvo al suelo. Era de noche, y estaba nevando. Incluso Aurora pudo haber sentido frío con la tremenda ventisca que había esa noche. Por suerte, les sirvió para despabilarse y estar más alerta.
Corrieron por las calles, tratando de evadir a los guardias, pero habían cubierto todas las vías de escape. En pocos minutos los iban a encontrar. Entonces, en la oscuridad lograron distinguir la silueta de un hombre encapuchado, el cual los llamaba con señas. Sin más remedio, los tres se acercaron, y cuando estuvieron cerca de él, él los guió por los callejones del pueblo hasta llegar a una pequeña cabaña un poco apartada del pueblo.
Una vez que entraron en la cabaña, el hombre se quitó la capucha.
-Bienvenidos a mi casa, mi nombre es John -dijo con una gran sonrisa a la vez que estrechaba la mano de Charlie.
Era el hombre que había ayudado en el restaurante.
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