CAPÍTULO 2: WASTE SIDE STORY

"Hace mucho tiempo, en un lugar aún más profundo que Pecalbes (mucho, mucho más profundo), caballeros procedentes de todos los suburbios de la zona Metropolitana de Barcelona acudían a batirse en duelo por una pura y casta dama. Esos dignos y altos príncipes y princesas de barrio se lanzaban locamente a la carrera para conseguir que la alta dama se percatara de su existencia.

Sin embargo, ese año entró una nueva localización en juego, que hizo que Sant Roc, la Mina, Torre Baró, Ripollet y Vallbona parecieran lugares aptos para criar un niño y que no saliera traumatizado y víctima de múltiples heridas por apuñalamiento. La localización elegida al azar, por una mano "inocente" fue la temida, la oscura, la aterradora e ignota ciudad del centro de Catalunya: Manresa. La más alta dama del lugar, una muchacha blanca como la espuma del mar, con el pelo del color de la arena de la playa y los ojos del mar embravecido por la tormenta, con quien las metáforas marinas no pegaban porque vaya, resulta que en Manresa no hay mar, era ni más ni menos que Lady Judit del Eterno Misterio, apodada Judit Misteriosa, la que no ríe, madre de demonios, emperatriz del mar de hierba (si el vodka cuenta como ensalada destilada) y que ostentaba el codiciadísimo título de Kalise (porque no hay Khaleesi para todos) *matadme porfavor*."

- ¿Has acabado ya, Ferran?- preguntó Carlos-. Vale que has venido a anunciarnos el Gran Torneo del Extrarradio Catalán, pero a este paso me va a dar tiempo a ver One Piece entero dos veces antes de que termines de leer.

- Exacto -replicó Marina-. Si cada año es lo mismo. Una dama en juego, conquistar su corazón, bla, bla, bla… por lo menos, podrían innovar de alguna forma. Como por ejemplo en que esta vez no tenga 16 años y ya tenga tres hijos.

- Es lo que tiene, hija mía. Bueno, os dejo el flyer por aquí y ya vais viendo, ¿vale?. Me quedan 7 círculos del infierno por recorrerme repartiendo estas mierdas.

- Espérate… Esa dama… ¿es tan pura como dicen las leyendas…? -Carlos le detuvo.

- Es tan pura que se pasaba las clases de traducción recibiendo el haz de luz divino que cegaba a sus compañeros.

- Normal. -replicó Marina.- Si se sentaba siempre donde daba la luz, y su blanco es más nuclear que el XIII Congreso de Víctimas de Hiroshima celebrado en Chernóbil…

- Entonces, ¿os interesa o no? Tengo que estar en clase de japonés en breves, o Nolla no sabrá a quién preguntar en voz alta y le dará un shock anafiláctico.

- Todo claro. Allí estaremos -confirmó Carlos.

- Recordad que si os presentáis allí antes de las diez tenéis entrada gratis y dos consumiciones.

- Gracias, las necesitaremos -respondieron al unísono. En especial Marina, que parecía haberse ganado una fama de alcohólica que no se correspondía para nada con la realidad. Pero para nada de nada, ¿eh?

- Tía, tengo un plan. Vamos al torneo ese, y raptamos a Lady Judit del Eterno Misterio.

- Venga ya, tío. Mi sangre de barriobajera hierve solo de pensar con desenfundar mi navaja y batirme en un duelo al más puro estilo del Bronx.

- Me estoy imaginando un rollo entre peleas de monos con cuchillos en las manos y… bueno, eso y ya está.

- ¿Me estás llamando mona? -preguntó Marina, ligeramente ofendida.- Porque mira, por otras cosas no, pero por mi especie ma-to, ¿Me entiendes? MA-TO.

´- Tía, vas mazo de preparada. Vamos a arrasar. Yo seré tu coach motivacional.

- Oh, no, Carlos… debido a mis nobles orígenes en el barrio de la Guineueta, yo voy a ser Lady Marina de la Zorrita. Y tú… -miró a Carlos con una sonrisa malévola- tú serás mi zorrita.

- No no, yo soy Lord Carlos de Ríodelpollo, aunque como eslogan funciona de coña.

- ¿Estamos listos?

- ¡SÍ CAPITÁN!

- ¡Pues adelante! ¡Conquistemos a esa dama!

La cara que se les quedó cuando, ataviados con sus mejores cosplays medievales, llegaron a Manresa fue un auténtico poema. En vez de una arena de combate, el escenario en el que iba a tener lugar el torneo parecía… una pista de baile.

- ¿Pero qué cojones…?

- OH, NO. -Marina se puso pálida.- Todo menos un duelo de baile, por dios. Me costó 15 años dominar La Macarena.

- ¿Donde están los hermanos Rivero cuando los necesitas?

- De parranda probablemente. O comiendo pizza. O a una vasca, porque hoy es martes.

- Carlos, no sé como lo ves, pero yo no puedo hacer esto. No estaba tan nerviosa desde que abrí el Campus Virtual para mirar si Martí había subido las notas. Cosa que me recuerda que aún no lo he mirado en los últimos diez minutos. -Marina sacó su teléfono y entró ansiosamente en el SIA, solo para llevarse, de nuevo, una gran decepción.

- Deberíamos tomar asiento. -dijo Carlos, sacudiéndole un brazo para sacarla de la crisis de ansiedad galopante que estaba a punto de sufrir.- Esto se está llenando, y lo último que quiero es tener que presenciar esta desfilada de vergüenza de pie hasta que llegue nuestro turno.

- Aún estamos a tiempo de rendirnos. -le recordó Marina, con los ojos desorbitados por el horror.- Mi dignidad… mi dignidad no vale un alma.

- Hija, si aún tuvieras una, probablemente la valdría. -contestó él, condescendiente.- Hagamos uso de estos tickets. -sacó los cupones de bebida.- Dos Jäegerbomb y serás la mejor bailarina de danzas exóticas de Europa occidental.

Fueron a la barra y Carlos pidió cuatro Jäegerbomb. Cuando el camarero los dejó listos para tomar, Marina palideció y le alargó su vaso a Carlos.

- Carlos, mejor hazlo tú. Hasta un insecto palo tiene más estilo que yo moviéndose. Tú por lo menos entiendes que el tronco y las caderas no son una sola articulación del cuerpo. Tú aún conseguirás algo más que que se rían de ti.

- Tranquila, que dos chupitos arreglan esto. -la calmó él.- Si fuiste capaz de contar tus kinks de pianos, puedes bailar delante de toda esta gente. Este va a ser tu gran debut.

- Si resulta que ahora la definición de "gran" también incluye el significado "patético". Probablemente sí que será mi gran debut. En el Hall of Shame.

Un micrófono acoplándose a la megafonía cortó su conversación.

- Damas y caballeros, jambos y jambas de tol barrio bajo de Catalunya, que va a empezar la movida esta, loco. Sentarse y ponerse comodos. Jambas, preparad las tetas; jambos, preparad… Bueno, no os deis de hostias contra las gradas. Este es el equis-palo-palo-palo Torneo del Estarr… Etras… de Cataluña. El tema de este año es… ¿quién escribe estas mierdas, loco? Gües Sai… Said… Estori. Osea, como Toi Estori pero en plan que en vez de juguetes son como bandas o alguna fumada del rollo que se pelean o alguna mierda así. Me recuerda mazo a mi infancia, tío. Calmarse, tronco, que es lo que pone en el guión. -muestra al público una tarjeta blanca dónde se lee, con la caligrafía de un niño, literalemente "Gües Said Estori".

- Madre mía. -comentó Carlos, mientras Marina intentaba arrancarse los ojos.- No veía un nivel de inglés tan penoso desde la última conferencia de Rajoy.

- ¡Que vale tetes que vale! -gritó el comentarista, tratando de calmar los ánimos-. Venga locos que no tenemos todo el día. Que empiece ya el movidote. Nuestros primeros participantes son… Sir Jonathan del Abandono Escolar y Lady Jenniih del Embarazo Adolescente, que se enfrentarán por la custodia de sus tres hijos con síndrome de alcoholismo fetal. ¿Listos? ¡Dale!

La sala se llenó de vítores y palmas al ritmo de "Yo soy tu gatita", mientras los dos participantes se batían en un tróspido duelo de baile y perreo tan terrible como entretenido.

- Es la hora del Jägerbomb. -dijo Marina, con la cara teñida de horror.- No creo que lo aguante mucho más. Esta música… Dios, esta música.

- Que sean dos… ¿Pero qué West Side Story han visto estos parguelas?

- Supongo que la versión XXX o algo. -Carlos la miró horrorizado.- Rule 34, tío. Seguro que si buscamos encontramos algo.

Después de dos angustiosos minutos, la canción llegó, milagrosamente, a su fin. Por ese entonces, Carlos y Marina ya habían acabado tres cuartos de la reserva de Jägermeister de la barra, y Marina no paraba de repetir que, en otra vida, le habría gustado ser Stripper de lujo. En ese momento, oportunamente, el juez anunció que había llegado su turno para la final de baile, y ambos saltaron a pista.

- LoKaHh pos teNgoH una iDeaAh to reShUlonaHh… -le soltó Carlos, claramente afectado por todo lo que había alrededor. Estaba tan afectado que e incluso hablaba alternando mayúsculas y minúsculas y añadiendo haches donde no tocaba-. ¿VeS EsOh PaLoh ToH FlaMah K aHy HaYy?

Marina no entendía una mierda. Al final, comprendió lo que Carlos quería decirle, aunque casi le hizo falta descifrar la Piedra de Roquetes para entenderlo. Perjudicados como iban, sonrieron torpemente y corrieron hacia los postes al mismo tiempo que las primeras notas de "Despacito" sonaban. En otras circunstancias, esa canción habría hecho estallar los tímpanos de los chicos, pero ahora estaban dispuestos a entregarse en cuerpo y alma a la barra, a la sensualidad del Pole dancing. "Súbete a la puta barra". Dentro de su cabeza, la malvada voz del Jägermeister les susurraba: "Confiad en mí, podéis bailar".

Todo el auditorio, que contemplaba la batalla de Lord Richie de Piercingcejas y Lady Rebeh del Ciclo de Peluquería se giró hacia ellos, gritando y animándolos como orangutanes en celo. Marina empezó a venirse arriba, y arriba, y arriba… y se vino abajo más deprisa que las acciones de bolsa un jueves negro. Literalmente. Su cuerpo, ya descoordinado de normal, le traicionó, y cayó de bruces al suelo. Carlos, que se encontraba dando vueltas como un fidget spinner notó de repente como el Yatekomo que se había comido hace apenas horas quería salir a saludar. Sin embargo, la fuerza centrífuga que había acumulado, no le dejaba parar y, como la fuente mágica de Montjuïc, empezó a expulsar el contenido del estómago, ofreciendo un pintoresco pero misteriosamente artístico espectáculo. Dejó el suelo que parecía un cuadro de Jackson Pollock. Marina, por su parte, había aprovechado su caída para crear un efecto dramático en su actuación y resurgió con más fuerza que nunca, subiendo hasta lo más alto de la barra americana para dejarse caer con una elegancia impropia de ella. Su aterrizaje, sin embargo no pudo ser más truculento. Al llegar al suelo, resbaló con un charco lleno de tropezones de fideos al curry y salió disparada al centro de la pista, haciendo un triple tirabuzón en el aire y aterrizando como Nadia Comaneci en sus mejores tiempos. Se hizo el silencio más absoluto. Terriblemente avergonzada, hizo una reverencia con la esperanza de que no sacaran sus navajas contra ella.

Y luego, llegó el coro de aplausos y vítores. El público parecía haber quedado encantado con ese espectáculo. Y cual fue la sorpresa de nuestros infernales héroes cuando vieron que el voto popular los había hecho pasar a la final. Desde la grada más alta, unas manos les aplaudieron lentamente mientras el resto del público se quedaba mudo de asombro y se arrodillaba en sus asientos.

- Forasteros -dijo la dueña de dichas manos-. Vuestro espectáculo ha sido memorable. Debéis venir de muy lejos.

Mientras nuestros héroes se preguntaban por qué hablaba como si estuvieran en la Tierra Media, la voz prosiguió.

- Decidme, ¿Quién sois y por qué habéis venido a esta tierra? -Marina y Carlos se arrodillaron también. No querían parecer descorteses ante la mujer a la que debían llevar con ellos.

- Venimos por vos, esto… Su Alteza -respondió Marina, la única que podía hablar en condiciones del dúo-. Verá, nos encontramos en una situación dramática: nos echarán de nuestro hogar si no conseguimos unos cuantos inquilinos más. La necesitamos, señora, necesitamos mostrarle nuestra casa y que se quede a vivir allí.

La Dama se levantó del trono. Escucharon como sus zapatos golpeaban el suelo y, entonces, apareció bajo la luz de los focos: pelo y ojos claros, tez pálida y una expresión helada en el rostro. No había duda: la dama era una Tsundere.

- ¿Pretendéis que deje mi hogar, mi reino, para vivir con vosotros? -habló en un tono gélido, con una expresión malévola.- No, no voy a hacer eso. O, por lo menos, no por las buenas. -miró a su derecha, dónde se sentaba su paladín. Marina y Carlos habían visto suficientes capítulos de Juego de Tronos para saber como terminaba eso. Las palabras de la reina retumbaron por la sala silenciosa:

- Exijo un juicio por combate.

A los muchachos se les heló la sangre en las venas. Después de su incidentada exhibición de baile, no estaban listos para combatir. A Carlos le vino otra arcada, cosa que provocó que a Marina se le encendiera la bombilla.

- Aceptamos.

La reina volvió a mirar entre las sombras.

- Os otorgo el derecho de elegir un arma. La que queráis. Yo usaré la navaja ceremonial de la familia, empuñada por mi fiel paladín, Lord Farransan del Sagrado Jägermeister. ¿Que usaréis, oh, forasteros, para contrarrestarme?

- Yo, Lady Marina de la Zorrita, empuñaré a mi fiel compañero Lord Carlos de Ríodelpollo. -La reina les dirigió una mirada helada. Carlos le dirigió una mirada entre extrañado y al borde del coma etílico.

- ¿Tengo que recordarte que esto no es Noragami? ¿Nada más?

- Y nada menos -respondió Marina, tratando de ser desafiante a pesar de la importante intoxicación etílica de la que sufría.

El paladín desapareció del lado de la Dama, para aparecer unos instantes después en la arena delante de ellos. Tenía un aspecto aterrador: empuñaba una navaja que, según los años de experiencia de Marina, se acercaba más a una daga.

- Majestad, ¡Un momento! -imploró Marina.- Teniendo en cuenta nuestro patético estado, y las armas con las que cuenta vuestro paladín, le pido un último favor: en caso de que ganemos, tanto usted como él vendrán con nosotros a nuestro hogar.

- Me parece un buen trato. -contestó Lady Judit, con sorna.- No vais a ganar, igualmente.

Marina asintió, y los tres combatientes se colocaron en posición de combate. La Dama dejó caer un pañuelo blanco, y esa fue la señal de que el combate empezaba. Sin dar tiempo a Farransan a atacar, Marina cogió a Carlos por los pies y empezó a girarlo como si de un martillo olímpico se tratara. Carlos estaba cada vez más y más pálido. Luego se puso verde, y Marina supo que había llegado el momento de liberar su ira. Se lo colocó debajo del brazo y le apretó la barriga con toda su fuerza. Notó como el estómago de Carlos aún estaba dando vueltas, pero no salía nada. Ferransan aprovechó ese momento de confusión para embestirles corriendo, pero como tenemos que darle dramatismo, se encontraba demasiado lejos y tardaba un ratito. Marina maldecía entre dientes y seguía apretando rítmicamente la barriga de Carlos esperando que se disparara de una vez. Farransan, por su parte corría asfixiado de tanto gritar "A LA CARGA" e iba cada vez más lento. Cuando estaba a punto de peinar a Carlos con la navaja, Marina, a la desesperada, sacó fuerzas de donde pudo y le pegó un último apretón.

Cual kame-hame-ha de restos de comida, Carlos vomitó todo que le quedaba en la barriga con tal fuerza que envió a Farransan hacia el muro trasero, dejándolo encastado e inservible para luchar.

Impresionada por tal alarde de fuerza gástrica, Lady Judit hizo una reverencia a los triunfantes héroes mientras Marina se desmayaba por el sobreesfuerzo. Volvieron al chalet en una ambulancia llena de enfermeros buenorros, que, a pesar del deplorable estado en que se encontraban nuestros héroes, les pidieron el teléfono. Cuando llegaron a la casa, una notificación les indicó que tenían un mensaje de Satán:

RECUENTO DE ALMAS: 4 PARA SALDAR LA DEUDA

CONTINUARÁ...