- ¡Qué calor! – me pasé la mano por la frente para sacar una gota de sudor que emanaba de ella.

Había salido al jardín a ordenar el comedor de exterior que había traído Sai ayer para el patio trasero. Debía apresurarme ya que había decidido innovar en repostería y preparar una tarta para Sai. Sé que quizás mi mano en la cocina no es de lo más profesional, pero el que la sigue la consigue y yo quería aprender a como de lugar, además, tampoco tenía mucho más que hacer.

Me había negado rotundamente a que contrataran una sirvienta si yo estaba todo el día prácticamente en casa. Nanako, por supuesto, había insistido constantemente que una chica joven y novata como yo, no sería capaz de llevar una casa por si sola, pero ese era otro de los temas que yo no estaba dispuesta a tranzar. No me iba a convertir en el tipo de mujer que se pasa la vida gastando el dinero a su marido en gimnasio, ropa y todo tipo de extravagancias, mientras tiene a una mujer ocupando las labores del hogar. No señor, si iba a ser dueña de casa iba a ser tal como lo dice el nombre: dueña de casa.

Hacía un calor espantoso. El termómetro de la cocina marcaba 32 grados. Mal día al parecer había elegido mi amiga Ino para hacer su visita semanal.

Miré el bizcocho en el horno. Aún le faltaba tiempo. Saqué de la estantería el manjar y las nueces molidas. Luego fui a buscar el ron para darle algo más de sazón al asunto. Según la receta era para chuparse los dedos.

Pude ver, mientras lavaba mis manos, la citroneta rosada de Ino asomarse ante la entrada de mi casa, seguida por la inconfundible y algo estruendosa bocina. Si bien aquel vehículo tenía bastantes años, para Ino era su queridísimo tesoro. Se había encargado de arreglarlo por completo y le daba más cuidados que a su propio apartamento, de hecho, hasta una radio de mp3 le había comprado durante el año pasado.

Salí al encuentro de mi querida amiga, que como siempre traía una pañoleta atada a su cabello con un par de gafas de aviador. Sus padres se conocieron durante la época hippie y creo que nunca salieron bien de ella, lo cual tuvo un efecto directo en la vestimenta de mi amiga, de hecho una vez hasta su auto pagó las consecuencias, tomando un color amarillento floreado, pero cuando la convencí que parecía carro alegórico, decidió darle aquel tono rosado casi único y tan característico.

Caminó hacia mi con su morral dando enormes saltitos y me entregó un enorme y apretado abrazo.

- ¡Sakuuuuu! – me gritó – te ves tan… - me dio una ojeada – tan…

- ¿Feliz? – le pregunté.

- No amiga… tan mayor – hizo una mueca - ¿y ese disfraz de donde lo sacaste? – exclamó mirando mi atuendo.

Le di un amplio vistazo a mi atuendo y ella negó con la cabeza. Solté un supiro de resignación acompañado de algo de frustración.

- Sai me lo regaló… no sería bueno que no… - comencé a explicar.

- Lo sabía… era imposible que en tu sano juicio hubieras elegido algo así – interrumpió.

Pasó a la casa y antes de seguirla me di una mirada rápida en el espejo. Traía una falda que llegaba casi a la rodilla, con forma de tubo, algo ajustada pero no demasiado, en color pastel y la blusa, del mismo color, tenía un cuello alto y ceñido, con unos botones dorados en los hombros. La verdad, cuando abrí el paquete, no había sido de mi total agrado, pero el tema de la ropa no me importaba demasiado, después de todo, no es como que me vistiera así todos los días y hoy me lo había puesto porque al ser fin de la semana quería sorprender a Sai.

- Deja de mirarte… - sonrió mi amiga - … no te terminarás convenciendo, pero seguro que a tú horrible suegra al menos le sacas una sonrisa – rio y yo le hice una mueca.

Fuimos a la terraza del patio trasero y le ofrecí un par de bebidas con bastante hielo para apalear algo el calor.

- ¿Trajiste traje de baño? – le pregunté mientras dejaba sus lentes sobre la mesa – podríamos bañarnos en la piscina si quieres – sonreí.

- No… lo siento amiga, no pasé a casa - respondió – vengo de la universidad… tuve una reunión de miedo con el jefe de carrera… ¡qué hombre más aburrido! – bufó.

- ¿Y ahora qué paso? – Ino era profesora de arte en la Universidad Central y solía tener discusiones con él.

- Mmmm… - bebió un poco de su agua y sacó un cigarro – un poco lo de siempre – rió mientras lo encendía – dice que mis clases son poco convencionales y que tengo que tener una estructura más pauteada… bla bla bla… al final siempre termino asintiendo y él diciendo que le traiga el resumen, pero ya sabes, me jode escribir… me gusta la vida libre y mis alumnos me adoran… así que no veo cual es su puto problema.

Botó algo de humo, miró el jardín y luego me miró fijamente. Venía su ronda de preguntas.

- ¿Y tú? – apretó un poco los ojos – ¿cómo anda todo aquí?

- Bien… la casa genial, funcionando todo de mara…

- No me refiero a tu lavadora ni a los electrodomésticos querida… me refiero a cómo estás tú… - me miró con algo de melancolía – se te extraña tanto tanto en la ciudad…

- Ino… no es como que me haya ido a vivir a una isla… estoy a un paso ya ves… ¿cuánto te tardas en llegar aquí?

- 30 minutos… desde mi casa en el centro, pero ese no es el punto… ¿al menos se pasa más tiempo aquí?

Sabía que ella estaba al tanto de que a veces me sentía sola en ésta enorme mansión. La había llamado la semana pasada llorando por ello, pero no quería que fuera un tema de conversación.

- Si.. si viene Ino… ¿podemos dejar el tema? – dije con algo de fastidio, para que entendiera que no quería seguir hablando de eso.

- Okey… - revolvió su mano en el aire - … yo sólo quiero verte feliz y contenta, saltando como una niña con un dulce, nada más… somos jóvenes todavía para cargar con tanto pesar.

El sonido de un motor, seguido luego del timbre me salvó.

- Wow… ¡sí que llega temprano! - exclamó algo sorprendida.

- No creo que sea Saí… - pensé un segundo - ¡el jardinero! – exclamé contenta.

- ¿Y para que necesitas uno? ¿qué las plantas no se dejan regando con la manguera y crecen solas? – me reí con su comentario. Probablemente para ella parecía burdo pagarle a alguien para cuidar un jardín.

- Estoy tratando de embellecerlo… al menos por un tiempo… no quiero que Nanako me fastidie y se entrometa en mis… - traté de explicar.

- Vieja fastidiosa… bueno, a alguien tenía que salir… - sabía para donde iba.

- ¡Ino! – le reproché e hizo un gesto de que se mantendría callada.

Nuevamente sonó el timbre.

- Voy a abrir… - me paré hacia la puerta.

Pasé por la cocina y pude sentir como comenzaba a salir un suave y delicioso aroma del horno. Me alegré, al parecer, la receta iba de maravillas.

Abrí la puerta y vi a Sasuke afirmado en la pared, esperando probablemente que le abriera. Traía un par de lentes oscuros y un bolso cruzándole a través del pecho.

- ¡Hola! – le sonreí entusiasmada – pasa… - caminé y me dirigí hacia la cocina.

Se afirmó en uno de los muebles.

- ¿Quieres un vaso de agua? – le ofrecí.

El parecía olfatear mi cocina.

- Huele bien… - sonrió – y no gracias, quizás más tarde.

- Pues bien… todo lo que necesitas… ésta por esa puerta a la izquierda… - le indiqué – ahí tendrás herramientas y cualquier cosa… estaré afuera… - sonreí.

- Perfecto… - se sacó su bolso, dejándolo sobre el mesón, y caminó hacia mi. Era, para variar bastante más alto que yo – comenzaré con el ante jardín.

Asentí y volví hacia donde se encontraba mi amiga Ino, que no paraba de botar humo. Me sonrió e hizo un gesto de cansancio.

- Deberíamos salir… algo así como una salida de amigas… ¿te dejará el engendro ese libre al menos un fin de semana? – me preguntó ignorando mi cara de enojo.

- ¡Ino! – le reproché - ¿cuándo aprenderás a aceptarlo? – negué con la cabeza.

- No es que no lo acepte… - dudó – pero no sé… hay algo en su aura…

- Ya… déjamelo hasta ahí – repliqué – mejor hablemos de otra cosa.

Sabía que a Ino no le agradaba Sai desde el momento que lo conoció. Yo trabajaba en una galería de arte en el centro de la ciudad y una tarde, durante una exposición, llegó él a comprarme una pintura. Luego de eso, fue todo rápido: me invitó a salir un par de veces y lo conocí, me agradó, me enviaba rosas y tenía todo tipo de gestos que encantan a las chicas románticas como yo, y finalmente, luego de 4 meses de novios, me hizo la pregunta. A Ino, desde el comienzo le pareció demasiado prematuro, para ella parecía más que el necesitaba marcarme dentro de su propiedad, que estar enamorado, pero para mi era suficiente, yo lo quería demasiado y me hacía feliz, como nadie antes lo había hecho. Me sentía protegida a su lado y segura. Aún así, y en contra de sus propios demonios, Ino fue la madrina de nuestra boda, contra, por supuesto, la objeción absoluta de Nanako, que era su férrea enemiga. Luego de eso, nos mudamos a la casa y yo abandoné mi puesto en la galería, en parte porque me quedaba demasiado lejos y además, para no ocasionar problemas en mi matrimonio. Mi suegra había insistido de sobremanera con el tema de que necesitaba estar a cargo de mi casa, ya que para ella, las mujeres que trabajan, eran mujeres irresponsables en sus labores de madre y del hogar… pero debo reconocer que sí extraño la galería… y bastante.

Ino apagó su cigarro y comenzó a olfatear el ambiente con insistencia.

- ¿Qué es ese olor? – sorbeteó con la nariz.

- ¿Qué olo… - ¡ay no! - ¡mierda! El bizcocho.

Corrí a la cocina a apagar el horno. Abrí, para sacar mi base y era en parte un desastre. Toda la superficie se había quemado.

- ¡No! – lo solté sobre el mueble frustrada.

Sentí los pasos de mi amiga llegar a la cocina.

- Era eso… - soltó – pero vamos… con el manjar ni se notará… te quedará delicioso de todas formas… y me sonrió.

De pronto, abrió los ojos como plato y corrió hacia la ventana.

- ¡¡Y ese quién es!! – exclamó de golpe.

Encendí una olla y tomé el manjar para derretirlo, luego de adicionar algo de leche, y la miré.

- ¿Quién Ino? – pregunté confusa.

Ella me miró como si pregunta fuera la más estúpida del mundo. Me tomó del brazo hacia la ventana y con el dedo rígido me indicó hacia el antejardín.

- ¡Ese! – señaló.

Miré en dirección a su dedo y ví a Sasuke, sin polera, trabajando a todo sol con la podadora.

- Es el jardinero Ino… - parecía bastante obvia su pregunta luego de ver lo que hacía.

- ¿Qué los jardineros no son viejitos con bigote y gordinflones? – me preguntó incrédula y yo elevé los hombros - ¿de cúando que los modelos Calvin Klein cortan el pasto?

Ino mantenía fija la vista en Sasuke. Me detuve a mirarlo un par de minutos. Había podado todas las ligustrinas ya, y no sólo eso, las había dejado bastante bien, y el pasto, parecía ir por buen camino también.

- ¡Wow! – exclamé.

- Sí… - soltó ella sorprendida y boquiabierta – es… ¡wow!

- No me refiero a eso Ino… - golpeé su brazo – trabaja bastante bien y rápido – sonreí complacida. Al parecer había sido una buena elección. Debía llevarle algo a la señora Mei…

Mi amiga me miró como si tuviera la lepra.

- ¿Qué acaso estás ciega? – parecía indignada - ¿quién se fija en el pasto cuando tienes a Adonis en el patio delantero de tu casa? – me puso la mano sobre la frente, supuse para ver si tenía fiebre – Dios Saku… podría dejar las plantas como un bodrio y yo no lo despediría si promete sacarse la polera – dio un suspiró.

- No exageres Ino… - solté despreocupada – no es para tanto.

Le di un rápido vistazo y sí, tenía que darle crédito a las palabras de mi amiga, pues mi jardinero parecía sacado de una revista de ropa interior. Reí para mis adentros, pues si lo reconocía en voz alta, sería tema largo para mi amiga.

Minutos más tarde, había terminado mi torta y me dispuse a llevarla al refrigerador. Un sonido proveniente del bolso de Sasuke me hizo dirigirle una mirada.

- ¿Ese bolso es de él? – preguntó Ino picaronamente.

- Ino… no… - sabía que era curiosa.

- ¡Aguafiestas! – hizo un ademán con la mano.

El teléfono de casa comenzó a sonar y pedí a Ino que contestara, mientras yo guardaba la torta. Mi amiga contestar, y por su rostro de disgusto, supuse de inmediato de quien se trataba.

- Tu marido… - trató de sonreir, pero a la vez, era demasiado obvia.

Le quité el teléfono de las manos frunciendo el seño y hablé.

- ¡Hola! – enrosqué mis dedos en mi cabello.

- Sakura… - soltó – lo lamento pero hoy… - parecía cansado, lo cual me apenó más porque sabía de lo que se trataba.

- No te preocupes… - traté de sonar sincera.

- Lo siento… pero te lo compensaré… - sonaba preocupado.

- No es necesario… - pude ver a Ino negando con la cabeza - ¿a qué hora llegarás?

- Creo que a las 10… a penas termine la junta… - suspiró y pude oír el sonido de varios papeles.

- Te esperaré… te quiero - y corté el teléfono.

Mi rostro no pudo disimular la decepción e Ino dejó su faena acosadora al jardinero y me abrazó por los hombros.

- Si quieres te vienes a mi departamento… - sugirió – llevamos el pastel y…

- No te preocupes… vendrá más tarde… pero vendrá… - solté sin poder ocultar mi desgano.

Caminé hacia el refrigerador y saqué el pastel, para tirarlo en el basurero, después de todo, ni siquiera me había quedado bueno.

- ¡Ni se te ocurra botarlo! – me gritó Ino y me lo quitó de las manos - ¡no Señor! Lo comeremos hasta que rodemos por el jardín… y ¿sabes qué? – miró por la ventana – apuesto que a tu escultural jardinero le encantará tomar el té con nosotras o aunque sea un juego, con éste rico pastel… sí, así será…

Caminó con la torta entre sus manos y abrió la ventana.

- ¡Hey, tú! – gritó sin ninguna sutileza para luego girarse hacia mi - ¿cómo es qué se llama? – preguntó incrédula.

- Sasuke… - dije – se llama Sasuke…

- ¡Hey Sasuke! – gritó a toda voz… era inútil decirle que no lo hiciera.

Sasuke detuvo su faena y la observó. Ino le hizo un gesto para que se acercara. Pude ver, como caminaba sin prisa hacia la ventana, mientras gotas de sudor corrían a través de su cuerpo… los comentarios de Ino claramente hacían difícil no notarlo.

- ¡Ay Dios… como no me gustaría ser el sudor para estar pegadita a su cuerr… -murmuró.

- ¡Ino! – le reproché.

- Ya… ya… que me calló Sor Sakura… - replicó.

Al llegar a la ventana, nos miró con curiosidad.

- ¿Qué pasa? - habló con total relajo.

Por un momento, pensé que a Ino no le saldrían las palabras.

- Soy Ino… - le sonrió como adolescente – y pues resulta que mi amiga aquí…

- Mi jefa… - interrumpió el sonriendo de medio lado.

- Exacto… ella ha hecho ésta torta maravillosa… - indicó hacia el pastel que sostenía entre sus manos – y como no podemos acabarlo solas… nos pareció que no rechazarías acompañarnos a degustarlo.

- Pues la verdad… - respondió él.

- Quizás tiene cosas que hacer Ino… déjalo – le dije a mi amiga y luego me dirigí a Sasuke – lamento la interrupción, sigue en lo tuyo e ignora a mi amiga, a veces se pasa de sociable – la miré elevando el ceño.

- Me parece perfecto… - habló de repente – la verdad se ve delicioso y muero de hambre – nos sonrió con amabilidad.

Había algo en su forma de sonreír bastante peculiar. Levantaba un lado de sus comisuras más que la otra, dándole una apariencia de relajo, pero a la vez picardía. Me pareció divertido.

- ¡Genial! – aplaudió Ino .

- Terminó aquí y las acompaño señoritas… - dijo con un tono de caballerosidad.

Recordé mi corrección al cartero respecto a aquella palabra, pero me pareció innecesario en aquel momento, después de todo, no parecía relevante explicar mi estado civil a ese chico., no creía que le fuera a interesar.

Sasuke se alejó y continuó con lo suyo, mientras yo me dirigí a sacar una bandeja y tazas para el té.

- Sakura… - me miró.

- Mmmm – repondí mientras colocaba el té.

- Lo contrataré… aunque sea para que me riegue el cactus – exclamó, mirándolo como si de un monumento se tratase.

Simplemente negué con la cabeza y di una gran carcajada. Al menos la compañía de Ino y la de mi nuevo invitado, me sacarían algo de mi soledad.


REVIEWSSSSS

es todo lo k pido... adoro sus comentarios =)

ahh!!

y aki tienen una foto para k sepan como es la joyita de ino jeje

./Citroen%