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Los poderes de Lily
El expreso dobló una curva y se perdió de vista y, con él, se llevó la última imagen de Albus; su rostro lleno de emoción, asomado por la ventana. Su hijo le traía muchísimos recuerdos, ya que era muy parecido a él, pero agradeció que no hubiera sufrido el mismo destino que él. Cuando tenía solo un año, Harry Potter había sido atacado por el mago tenebroso más temible de los últimos cien años, Lord Voldemort, cuyo nombre todavía hacia estremecer a algunos. Mató a sus padres, y se dispuso a matarlo a él; pero el maleficio asesino rebotó y le dio a él, haciendo que desapareciera y dejándole una cicatriz en forma de rayo como secuela. Harry fue dejado en la puerta de la casa de sus tíos Vernon y Petunia Dursley, que eran muggles (gente no mágica). Durante diez años de su vida, Harry había creído su versión de la muerte de sus padres; ellos le habían dicho que habían muerto en un accidente de auto, y que la cicatriz había sido producto del accidente. Hasta que, el día de su cumpleaños, Hagrid le contó que era un mago. Él le contó toda su historia, y luego lo llevó al callejón Diagon para comprar todo lo necesario. En cuanto a Voldemort, muchos creyeron que había sido su fin, pero no fue así. En su primer año, Harry se enfrentó con él, en el segundo con uno de sus Horrocruxes, seguramente el primero que creó, que casi acaba con la vida de su esposa, Ginny. En el cuarto, Voldemort utilizó un traslador para llevarlo hasta él y usaron su sangre para revivirlo, pero Harry pudo escaparse de sus garras. Y finalmente, a los diecisiete años, lo venció. Voldemort estaba muerto y Harry, que en ese encuentro sobrevivió al maleficio asesino por segunda vez, se hizo mucho más famoso de lo que había sido hasta ese momento.
Alguien jaló su mano, sacándolo de sus cavilaciones. Su pequeña hija Lily lo miraba con los ojos anegados en lágrimas. Harry sabía que ella deseaba más que nada ir a Hogwarts, pero todavía le faltaban dos años. Otra lágrima cayó por su mejilla. Su cabello pelirrojo le hizo recordar a Ginny, cuando tenía diez años, saludando a sus hermanos en la estación. También estaba llorando, porque deseaba ir a Hogwarts, al igual que Lily. Esa fue la primera vez que la vio.
- No llores más – le dijo Harry, agachándose y secándole las mejillas. Era la viva imagen de su madre. – Luego, se irguió y contempló los rostros de sus amigos; Ron parecía contar una y otra vez a las personas que estaban con él; tardaría en acostumbrarse a la ausencia de su hija. Hermione tenía la mirada perdida, y Harry notó que se aferraba a la mano de Hugo más fuerte de lo normal, como si no quisiera dejarlo ir. Hugo, por su parte, no lloraba; miraba la curva que hacia unos minutos había tomado el tren que se había llevado a su hermana.
- ¿Quieren venir a comer con nosotros? – les preguntó Hermione, cuando volvió a la realidad – Ya saben, para soportar mejor las ausencias – dijo luego, mirando primero a Lily y después a Hugo. Harry miró a Ginny, y ella asintió; sabían que para Lily, Albus había sido un consuelo porque sentía lo mismo que ella. Tal vez Hugo podría distraerla un poco...
- De acuerdo – respondió Ginny – Gracias
- Son las once y diez, ¿Vamos directo a casa o prefieren pasar primero por la suya? – les preguntó Hermione
- Vamos directamente
Hermione puso una mano sobre el hombro de Ron, que salió de sus pensamientos casi al instante. Caminaron todos juntos hacia la barrera que dividía la plataforma 9 ¾ de las plataformas muggles. Caminaron por la estación a paso lento, hasta llegar a los autos estacionados.
La Casona era la casa de Tía Muriel, la tía de los Weasley. Al morir, se la dejó a Molly y ella se la regaló a Hermione y Ron como regalo de bodas. Era una casa enorme y espaciosa, con una docena de cuartos, cinco baños, una cocina con una mesa de madera en la que cabían veinte personas cómodamente y una amplia sala de estar con una treintena de sillones alrededor de una gran chimenea.
Era demasiado espacio para una familia de cuatro personas, pero la aceptaron de buen grado. Y siempre hacían las fiestas allí, ya que podía alojar a todos los hermanos Weasley con sus respectivas familias.
Al llegar, Hugo y Lily subieron las escaleras corriendo, seguramente para ir a jugar al cuarto del primero. Hermione y Ginny se pusieron a preparar el almuerzo, y Harry y Ron pusieron la mesa y, luego, se pusieron a charlar.
- ¿En qué estabas pensando cuando te quedaste mirando la curva? – le preguntó Hermione a su esposo, mientras hacia que un chorro de aceite cayera en una sartén
- ¿Qué no es obvio? – repuso Ron – ¡Pensaba en Rose! Y también intentaba entender como había hecho mi madre para dejar ir a sus siete hijos, y a dos de ellos juntos... – todos sintieron un vacío en el estómago al recordar a Fred. Harry vio como una lágrima silenciosa caía por el rostro de Ginny, y tomó su mano en señal de apoyo.
- Bueno, supongo que uno se va acostumbrando a la ausencia, ¿No? – dijo, intentando cambiar de tema.
- La verdad es que sí, pero sigue habiendo un lugar vacío donde solían estar... – le respondió Ginny, y con un movimiento de la varita hizo que un cuchillo picara carne. En su voz no había señal alguna de llanto – No me quiero imaginar que haré cuando Lily vaya...
- Escribirles cartas todos los días, una vociferadora, si quieres, así nos divertimos pensando en sus caras...– le dijo Harry mentalmente, intentando sacarle una sonrisa. Ginny rió, divertida.
Luego de que Voldemort murió, Harry y Ginny descubrieron que podían hablarse mentalmente. Además de ellos, sólo Hermione y Ron lo sabían. Nunca se lo había contado a nadie más.
- ¿Todavía recuerdas la cara de Ron cuando le llegó una en segundo año? – le preguntó Ginny
- ¿Cómo olvidarlo? – Olvidando que hablaban mentalmente, los dos empezaron a reír. Hermione hizo un movimiento de la varita, y las papas se empezaron a pelar.
- Oigan, ¿Por qué...? – empezó a decir Ron, cuando, de repente, empezaron a escuchar gritos desde el piso superior.
- ¡Papá! ¡Mamá! ¡Tío Harry! ¡Tía Ginny! ¡Vengan! – gritó Hugo desde la escalera. Todos subieron la escalera corriendo. Harry encabezaba la marcha. Algo andaba mal, Hugo parecía muy preocupado.
- ¡Vengan! – les dijo entrando en su cuarto. Harry entró y vio a Lily en el suelo, llorando, como si estuviera teniendo un mal sueño. Sin pedir explicaciones, la tomó entre sus brazos y la recostó en la cama de Hugo. Estaba transpirada y lloraba descontroladamente. Los demás rodearon la cama. Hugo estaba entre los brazos de su madre, mirando horrorizado a su prima. Ginny le tocó la frente.
- No tiene fiebre – les dijo a los otros. Luego, la tomó entre sus brazos, y se sentó en la cama con ella moviéndose descontroladamente.
- ¡No! ¡No! ¡La casa no! – dijo la niña entre sollozos - ¡La casa no! – Luego, dejó de moverse y de llorar. Se acomodó en los brazos de su madre y despertó con un último sollozo. Abrió los ojos y, al ver a sus padres, dijo:
- ¡La casa papá! ¡Entraron en la casa! Estaban buscando algo... no se qué exactamente, pero buscaban algo... desordenaron todo, y rompieron algunas estanterías, tu escritorio y mi oso de peluche... lo decapitaron... – tomó aire y siguió – Parece que no encontraron lo que buscaban, porque parecían frustrados... Dijeron: No está, ese tarado de Potter lo debe haber escondido en alguna otra parte... Y luego se fueron, pero uno de ellos, antes de irse, hizo un agujero tremendo en la pared. ¡Por favor, papá! ¡Debemos ir! – suplicó a su padre.
Harry estaba pálido. Creía que sólo había sido un sueño de su hija, pero ese breve diálogo le decía algo... Aunque no entendía cómo lo sabían esas personas.
- ¿Escuchaste algo más? – le preguntó a su hija. Ella negó con la cabeza. Hermione parecía sorprendida por lo que decía; seguramente, ella creía que había sido sólo un sueño, pero algo le decía que no era así...
- Harry – llamó Ginny mentalmente - ¿Crees que fue real?
- Si – le respondió este – No se por qué, pero...
- ¿Y qué crees que estaban buscando?
- El mapa. El Mapa del Merodeador. – Ginny dio un gritito ahogado que hizo que Hermione se diera cuenta de que hablaban mentalmente.
- ¿Qué te ocurrió? – le preguntó Harry a su hija
- Estaba hablando con Hugo cuando sentí que me helaba y luego me caí. Y vi todo lo que ocurría en la casa... ¡Ay, por favor papá! ¡Debemos ir! ¡Esa pared hace que la casa este al descubierto, podrían robarnos todo!
- Vamos – le dijo a Ginny – Volvemos enseguida – les dijo a sus amigos - ¿Se pueden quedar con Lily?
- Claro que sí. Los esperaremos aquí – respondió Ron
- ¡No, papá! ¡Quiero ir! – dijo Lily, con los ojos anegados en lágrimas
- No, Lily, tú te quedas con tus tíos – le dijo Ginny, y se dirigió hacia la puerta
- ¡Mamá! ¡Papá! ¡Por favor!
- Lily – le dijo Harry, mirándola seriamente. Lily dejó de llorar – Quédate aquí. Te acabas de desmayar, además no sabemos con qué nos podemos encontrar allí. Te traeremos tu oso si quieres, pero debes quedarte.
- Bueno – dijo ella con un hilo de voz – Pero no lo arregles. Tráelo tal cual está – A Harry le extrañó la petición de su hija, pero le sonrió y asintió rápidamente – Vamos – Ginny se abrazó a él, y desaparecieron los dos juntos.
Aparecieron frente a su casa. Ginny soltó un gritito ahogado; la pared del frente tenía un agujero enorme, por el que tranquilamente podría pasar una persona. La puerta estaba derribada. Harry fue el primero en reaccionar; entró en la casa, varita en mano, mirando en derredor. Los sillones estaban derribados, y el relleno de los almohadones estaba esparcido por el suelo; el candelabro que colgaba del techo estaba en el piso, completamente destruido; siguieron caminando y vieron que los cajones de la cocina estaban todos salidos, y había un montón de ollas, cacerolas y sartenes esparcidas por el suelo. La jaula de Snow, la lechuza de la familia, estaba tirada en el piso, con la puerta estaba abierta; al parecer el ave había escapado. El lugar donde reposaba Ashes, el fénix que Harry le había regalado a Ginny luego de la batalla final, estaba destruido y el fénix tampoco estaba. Subieron las escaleras hacia los cuartos. Todos tenían las frazadas, sábanas y colchones tirados en el piso; los cajones estaban abiertos, y sus pertenencias estaban esparcidas en el suelo. Harry vio que había diez Galleons y algunos Sickles esparcidos por su habitación, lo que confirmó su teoría de que no buscaban cosas de valor ni dinero, sino otra cosa. Y, en la habitación de Lily, encontraron al oso de peluche decapitado. Harry lo recogió del suelo y lo achicó; ese truco se lo había enseñado Ginny, y siempre les ayudaba cuando iban a hacer compras. Lo guardó en el bolsillo de su pantalón, y subieron juntos al último piso. El estudio de Harry estaba destrozado; los estantes estaban completamente destruidos, los libros rotos esparcidos por el suelo y el escritorio partido a la mitad.
- Arreglemos este desastre – le dijo Ginny. Harry asintió y se pusieron espalda contra espalda, arreglándolo todo. Les tomó media hora arreglar la casa y, cuando ya iban a desaparecer, vieron una mota blanca volando hacia la ventana. Snow se posó en el alfeizar y ululó contenta al ver que sus amos habían regresado. Luego, vieron que una mota color rojo fuego se acercaba, y supieron que Ashes también regresaba a la casa. Entonces, Ginny volvió a abrazarse a Harry y los dos desaparecieron en dirección a La Casona.
- ¡Ginny! ¡Harry! ¡Qué bueno que estén bien! – dijo Hermione al verlos aparecer en la cocina, y yendo con Ron a su encuentro.
- ¿Cómo les fue? – preguntó Ron
- Era cierto; la casa estaba destrozada por dentro – dijo Ginny. Hermione soltó un gritito ahogado, y Ron abrió mucho los ojos.
- Pero ¿Quién fue? Y ¿Por qué lo harían? – preguntó este último
- Pienso que fueron en busca de... – empezó Harry, pero fue interrumpido por su hija y su sobrino, que bajaron las escaleras corriendo.
- ¿Me trajeron el oso? – preguntó Lily.
- Si – dijo Harry, sacándolo de su bolsillo y haciendo que recupere su forma anterior – Toma – Hugo, Hermione y Ron se sorprendieron al ver al oso decapitado. Eso confirmaba que lo que había visto Lily no era parte de una pesadilla.
- Mamá, ¿Me prestas tu varita? – Ahora si, todos se sorprendieron; eso no se lo esperaba nadie.
- ¿Para qué? – preguntó Ginny, luego de un silencio
- Quiero mostrarles algo – dijo la niña de lo más natural. Su madre se la dio, todavía sorprendida. Lily la agarró y luego, tocó primero la cabeza y después el cuerpo del oso y dijo Reparo. El oso recuperó su cabeza, y no había señal alguna de que hubiera sido decapitado. Le dio la varita a su madre, quien la miro con sorpresa.
- Bueno... – dijo Hermione, rompiendo el silencio – El almuerzo esta listo ¿Qué les parece si comemos? – Todos asintieron y fueron a sentarse mientras Hermione servía porciones de pastel de carne y Ginny, con un movimiento de la varita, hacia que se lavaran las ollas.
- ¿Qué pasa aquí? – dijo Hermione, dejándose caer en uno de los sillones de la sala de estar. Hugo y Lily estaban jugando en una de las habitaciones, y habían decidido aprovechar ese tiempo para hablar sobre lo sucedido en las horas anteriores. Ginny se sentó sobre las piernas de Harry, y Ron al lado de Hermione.
- No lo se, Hermione – le dijo Ginny – ¡No entiendo como es posible que Lily haya visto a esas personas entrar a la casa!
- Ni yo – dijo Hermione, reflexionando – A decir verdad, cuando la vi tendida en el suelo sollozando, recordé... – Hermione se paró en seco e intercambió una mirada con Ron.
- ¿De qué hablan? – le preguntó Ginny mentalmente
- No tengo ni idea... – respondió Harry, con sinceridad
- Yo también lo recordé – dijo Ron
- ¿Pueden decirnos de una vez que es lo que recordaron? – les espetó Harry, exasperado
- ¡Recordamos cuando tú entrabas en la mente de Voldemort! – dijo Hermione - ¡Cuando te encerraste en el baño, echaste el cerrojo y entraste en su mente! ¡Al desmayarte, no tuviste control de tus sentimientos, y gritaste y sollozaste a todo pulmón! – dijo, y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas. Ron la rodeó con un brazo - ¡No sabes lo que fue para nosotros escucharte agonizando! ¡Y, cuando entramos, estabas tendido en el suelo, todo transpirado, y ya habías empezado a despertar! – se secó las lágrimas con la mano y no pudo continuar.
- Harry, para nosotros eres como un hermano – continuó Ron – No sabes lo duro que fue cuando escuchamos tus gritos y, al subir, vimos que te habías encerrado para pasar solo ese momento de agonía...
- ¡Pero no quería que ustedes se preocuparan! – dijo Harry - ¿Qué hubieran podido hacer? ¿Sufrir viendo como agonizaba?
- Hubiéramos preferido eso... a escucharte gritar... desde el baño – dijo Hermione entre sollozos
- Sólo lo hice para resguardarlos – dijo Harry con sinceridad – Oigan, lo lamento... – Ron asintió y abrazó a Hermione.
- Lily hacía exactamente lo mismo que tú – dijo Hermione, cuando se recuperó – Debe ser un poder oculto... Tal vez, si su familia está en riesgo, ella puede ver en el momento de los hechos el por qué de eso y a raíz de ello pueda a llegar a evitarlo...
- Sólo se de una persona que puede llegar a saberlo... – les dijo Harry, y todos lo miraron – Dumbledore
- Es cierto, pero no deberíamos molestarlo por eso – opinó Ginny
- ¡Esperen un momento! – exclamó Hermione, pensando. Harry hizo un movimiento de la mano, y la puerta de la sala se cerró. Era mejor que no los escucharan. - ¿Y si Lily sólo está demostrando sus poderes de una forma especial?
- Pero entonces, ¿Por qué no le pasó antes? – preguntó Ginny
- Porque esta vez, si encontraban lo que sea que buscaban, su familia correría peligro – dijo Hermione mirándolos a los tres. A Harry le recordó a cuando estaban en Hogwarts.
- James – dijo de pronto Harry, sobresaltado. Todos lo miraron – Si están buscando el mapa, James corre peligro. Él lo tiene, él me lo sacó. Pero nunca supe si había aprendido a usarlo. – Todos estaban sorprendidos.
- Pero, ¿Y si no es el mapa lo que buscan? – preguntó Ron – Digo, queda esa posibilidad, ¿no? Habría que estar seguros antes de pedírselo.
- Nadie esta seguro con ese mapa – dijo Hermione – Ya ven, han destruido su casa. Esa gente no tiene límites.
- Podrían dejarlo en Gringotts – sugirió Ron
- ¡Nosotros entramos en Gringotts cuando teníamos diecisiete años y robamos la copa de Hufflepuff de una bóveda de máxima seguridad! ¿Todavía sigues creyendo que Gringotts es el lugar más seguro del mundo? – repuso Harry
- Pero nosotros teníamos la ayuda de un duende... – repuso Ron
- ¿Y quién te asegura que ellos no? – le preguntó Harry. Ron cayó, sabía que su amigo tenía razón.
- Pero Hogwarts es el lugar más seguro del mundo... – dijo Ginny
- Recuerda que el padrino de Harry entró en el castillo para matar a Pettigrew, y no lo descubrió nadie – observó Hermione
- Pero eso fue porque él sabía los pasadizos secretos, ya que él fue uno de los creadores del Mapa del Merodeador – le digo Ginny
- ¿Quién te dice que ellos no conozcan ninguno? Pueden haber sido alumnos de Hogwarts – dijo Harry
- Sólo podemos hacer teorías sobre esto – dijo Hermione
- Les propongo algo – les dijo Harry – esperemos. Si esta gente no da mas señales de vida, no tenemos por qué preocuparnos. Si pasa algo más, le podremos pedir a McGonagall que le saque el mapa a James y nos lo mande por lechuza.
- ¡Pero el próximo puede ser James! – le dijo Ginny
- Es casi imposible, puesto que no saben que él lo tiene – le dijo Harry, abrazándola – No le va a pasar nada. Confía en mí.
- ¿Quién creen que puede estar buscando el mapa? – preguntó Ron, luego de un silencio.
- No lo se – dijo Harry – Pero es lógico lo que pretenden con él ¿no? – Todos asintieron. Estaba más que claro que querían entrar en el castillo de forma segura, y la única forma de saber con exactitud donde está cada persona es con el Mapa del Merodeador. – Si hay otra señal de que se quieren apoderar de él, debemos informar a McGonagall. Ella es la directora de Hogwarts, debe saber que quieren entrar al castillo.
