Vamos, que si no le encontraba solución a la pregunta en su mente, no le dio más vueltas, no era su problema, ya se estaba acoplando a la vida con ella y como sabia que había que dejarlo de golpe, no haría falta ni siquiera preguntarle. Cruel.


Se le veía feliz, contenta hasta radiante, como una mujer enamorada hasta lo sentía, pero solo quería que llegara el día continuo para ir al templo Kumano, no podría dormir, lo sabia, pero que importaba, iría y lo haría muy bien acompañada.


Decir que su edad mental había disminuido unos ochos años de los que tenia era mentira, habían disminuido más, parecer una cría casi corriendo de aquí para alla en el templo, lo estaba cansando, pero lo estaba disfrutando, era la mejor estación del año para visitar un templo, las flores de sakura estaban en su esplendor y el templo como siempre majestuoso y muy ornamentado.

Corría de aquí para allá, un señor la regaño, ella... no reparo de él, tuvo que disculparse él, pero no aguantaba la risa en su interior, pero la complació en todo, se sentía bien, quiso estar enamorado para hacer esas cosas con alguien especial, ya habrá tiempo se dijo, era un joven de veintisiete años vigoroso y joven, lo tenia todo, pero no estaba enamorado. En el templo deseo con fervor conseguir a ese alguien especial que su padre siempre le hablaba que existía.

La noche cayo rápidamente, pasearon por el parque en silencio, no tomados de la mano pero si muy cerca, muchos jóvenes pubertos se acercaron al ver a la mujer exotica que se encontraba a su lado, algunos apestaban a alcohol, un joven tomo su mano violentamente, actúo, quito su mano de el joven posesivamente, ella no le quito la suya, estaba temblando, tenia miedo, el joven-puberto-borracho, arremetió de nuevo fallando, como era mucho más pequeño que él, tomo su cabeza sin cuidado y lo zarandeo hacia un lado con poco cuidado, la violencia no era lo suyo, pero aquello lo acreditaba.

De aquello, nadie dijo palabra pero el no soltó su mano y ella no hizo nada para evitarlo, temblaba un poco, se quedo dormida en el carro, su carro, si, porque ella le había obligado a usarlo por que no pagaría taxi cada vez que saliera si el "rubio tonto" como le había llamado tenia un flameante Jaguar. Suspiro el Jaguar era para imponer respeto no para llevar chicas dormidas.

En el trayecto a casa pensó su vida (era hora de hacerlo) los años no pasaban en vano y quería tener una familia e hijos antes de los treinta, su trabajo, un simple reto impuesto por su atolondrado padre para poder asumir él, el control de la empresa, en la cual ayudaba firmemente y ni siquiera un porcentaje se llevaba a cambio Tacaño, viejo huraño pensó.

Su mente transitaba en las mujeres que causaron mella en su vida, su primer amor Sakura, aunque logro tener acercamientos del tipo romántico con ella, nunca fue correspondido su amor, solo tenia quince años para ese entonces, pero lloro en el regazo de su madre como si de un hueso roto se tratara, siempre enamorada del tonto de Sasuke ¿Qué seria del idiota? Nadie lo sabía. Extraña a su mejor amigo, por que todo hombre tiene un mejor amigo, que no importaba que los tacharan de gay (hasta bromeaban de ello hasta puntos no apto para sensibles) pero siempre fue su mejor amigo, el cual se fue quien sabe a donde.

Miro la luz amarilla del semáforo Relámpago amarillo ¿eh? Pensó, su padre era conocido como uno de los mujeriegos de la región, se sentía orgullo cuando alguna viejecilla del barrio le regañaba por haberle roto el corazón a su hija años atrás, siempre gozaba con esas anécdotas, pero lo que Naruto sabia que su padre no sabia que él sabia, era la forma en la cual el se enamoro de su madre.

Su madre pensó siempre que era un pelele hasta que el la salvo de unos rufianes, pensaba que así iba a demostrar que iba enserio por aquella mujer, claro peleaba con los rufianes, salía victorioso y ganaba el corazón de aquella mujer, pero no contaba que saldría mal herido y perdería la batalla, terminado siendo ayudado por aquella mujer. Igual gano su corazón, si que gano la guerra. ¡Su padre era un reverendo estupido!

La imagen de la melena rojiza de su madre apareció en su mente justo cuando el semáforo apunto a rojo, su corazón dio un vuelco, extrañaba a su madre todos los días ¿Cómo no hacerlo? Su madre había sufrido mucho en esta vida, con un cáncer que la acechaba desde que él tenia cuatro años, al final de sus dieciocho el cuerpo de ella no aguanto y perdió la batalla con un cáncer de estomago, solo tenia treinta y ocho años ¡Era tan joven, tan injusto!; su madre le enseño el verdadero amor y como amar, le hizo un hombre culto y orgulloso, siempre la recordaba en sus momentos de lagunas personales, que el amor verdadero si existía y no tenias que esperar años para ver quien era esa persona destinada, cuando la mires sabrás que esa es la persona con la quieras estar el resto de tu vida recordaba lo hermosa que estaba cuando le recito aquellas palabras, se echo a llorar en su regazo como cuando aquella vez cuando su decepción con Sakura a la semana siguiente ya Kushina Uzumaki la mujer mas sentimental del mundo no estaba con ellos, dejando a un joven adulto y un marido solos con un hueco en el corazón.

Pero la vida continúo, pasaron al rededor de cuatro para que Minato Namikase obtuviese una relación sentimental con otra mujer, sabia que su antigua y difunta mujer estaría alegre por ello, por que Minato odiaba la soledad, no se casaría con aquella mujer, todos lo sabían, pero al menos no estaría solo. Se alegraba mucho por aquello.

Notaba su vista borrosa, se estaba volviendo un blando, estar con Hinata le hacia recordar mucho a su madre, con sus feas muecas y su semblante de "nada me importa".


Se dio cuenta, vio su semblante triste, no tenia que ser un genio para darse cuenta que recuerdos tristes pasaban por su memoria.

-¿Pasa algo? – Pregunto tímida a recibir una mala respuesta.

-No, ven acuéstate aquí conmigo – Pidió él, desde su cama, se le veía triste.

¿Qué no entendía que ella nunca había tenido contacto físico con un hombre más que en un examen medico?

Se acostó junto a el, lo más cerca que pudo, el pidió irritado que se acercara más ¡Por Dios! Le acariciaba el brazo con sus uñas como tratando de confortarlo, no sabia que hacer, el ambiente destilaba tristeza y depresión, se sintió inundada por esos sentimientos.

-Sabes… Yo nunca he estado con un hombre en ningún sentido – Rompió a llorar tapando su cara, bajo la cara de piedra que era la cara de Naruto.

Asi se dio el final del primer mes.


Gracias a los reviews, una chispa se enciende en mi cuando los veo llegar.