Disclaimer: Soy rubia, pero no estoy forrada, y por lo tanto, supongo que será fácil deducir que mis personajes son aquellos que no podéis reconocer, y que el resto pertenece a una millonaria Escocesa.

Los reviews, como siempre, en uno a mi misma!!

Ahora Sí, APB Prductions os presenta!!!!


Los Merodeadores y el Cristal de Bogh

La mansión de la colina

A las nueve de la mañana, las chicas ya tenían todo listo.

La señora Thomas, había hechizado los libros de Nathaly, para encogerlos y que la chica se pudiese llevar todo aquello a Hogwarts; y había encantado el baúl, como todos los años, para que tuviese como doble fondo el ropero de aquella habitación.

Ambas estaban muy guapas, ya preparadas para marcharse.

Lily tenía un pantalón pirata negro, con una camiseta marinera, a rayas blancas y celestes, de sisas, y con el escote en pico.

Calzaba unas sandalias planas, de atar a la pantorrilla.

Tenía el pelo recogido en una coleta, y una cazadora vaquera que le sentaba muy bien.

Nathaly tenía una falda rosa fucsia y una camiseta sin espalda del mismo color. Calzaba unas sandalias negras, y tenía por encima una cazadora vaquera negra.

El pelo lo tenía peinado en dos trenzas que colgaban por su espalda y le llegaban a la mitad de la misma.

Con un hechizo realizado por la madre de Nathaly, encogieron los baúles y el resto de sus cosas, para guardarlos en los bolsillos.

A las diez menos cuarto ya estaban en el portal delante del bloque de edificios donde vivía Nathaly.

Justo, a las diez en punto, un enorme coche negro salió de la nada y se paró delante de ellas.

La ventanilla trasera se abrió lentamente, y por ella divisaron una chica con una larga y rizada melena color chocolate, que enmarcaba un rostro tostadito por el sol, y unos ojos dorados y brillantes, que destellaban amistosamente.

Emily bajó del coche y sacudió su larguísima melena al tiempo que les sonreía.

-Comment a eu vôtre été?-preguntó con perfecto acento francés.

Las dos chicas se miraron entre ellas y soltaron una carcajada.

-Estivo moi bo, pero botamosche de menos-le contestó Nathaly.

Sus abuelos paternos eran gallegos, y se conservaba como tradición familiar, por el lado muggle, aprender el idioma de su tierra de procedencia.

Lily las miró a ambas y se cruzó de brazos con un mohín irritado.

Emily se lanzó hacia ella y la abrazó.

-Os eché mucho de menos, nenas-le dijo.

Después se volvió hacia Nathaly y trató de abrazarla; pero había un pequeño inconveniente; Nathaly era muy alta, y Emily considerablemente bajita.

La rubia se agachó un poco y abrazó a su hermana mayor con mucho cariño.

-Nosotras también a ti, cielo-le dijo Lily con una sonrisa.

Ella las invitó a entrar en el coche, con un gesto, y ellas entraron con amplias sonrisas en el rostro.

Mientras el coche, que conducía el padre de Emily, se alejaba a toda pastilla de Tsive Street, a Lily la recorrió un escalofrío de regocijo; estaban juntas, era verano, y ellas jóvenes y muy guapas. ¿Qué más podían pedir?

Tener a los tres chicos más guapos de Hogwarts con ellas, para poder achucharlos un poco.

El coche salió de la ciudad y avanzó por autopistas y autovías hasta que llegó a una ascendente carretera rural.

De repente, el agreste paisaje de los campos de trigo, se convirtió en un denso bosque.

-Acabamos de entrar en una barrera mágica; esto es mundo mágico, el de antes no-explicó la señora Watson.

Las chicas asintieron con entusiasmo.

El camino continuaba ascendiendo bajo los neumáticos del coche.

Al cabo de una media hora de continua ascensión, el padre de Emily detuvo el coche y les indicó que bajasen.

El hombre trabajaba en el Ministerio, en el Departamento de Accidentes y Catástrofes en el Mundo de la Magia; concretamente en la Agencia de Ocultamiento de la Magia; que consistía en crear lugares a los que los muggles no pudiesen acceder; por ejemplo, el Callejón Diagón o el andén 9 ¾.

Se encontraban en un claro, en lo alto de una colina, rodeada de árboles.

El señor Watson se acercó a un gran árbol, un roble, que crecía en uno de los extremos del claro, y agarró una de las ramas bajas.

Tiró de ella y cedió como si fuese una palanca.

Las chicas se volvieron fascinadas; tras ellas, con un sordo crujido, se apartaron los árboles, y dejaron ver un sendero, al final del cual se veía una pequeña mansión de dos plantas, más una buhardilla.

Con un porche y tres escalones en la entrada.

Lo más bonito de aquella casa era que estaba pintada completamente de blanco.

Dos ventanas por planta las miraban como invitándolas a entrar, y ellas subieron por el sendero, hasta el porche, donde se detuvieron y esperaron a los padres de Emily, que subieron en coche.

La señora Watson abrió la puerta con un movimiento de varita y las condujo hacia el interior.

Había un gran salón, con cómodos sofás y una chimenea.

En el extremo opuesto a los sofás había un escritorio prácticamente rodeado de libros, en estanterías. Allí había miles de libros. Gruesos tomos encuadernados en piel y minúsculos volúmenes forrados de oro.

En otra esquina del cuarto había un piano de cola, negro, con un taburete forrado en tela roja delante; muy elegante.

Aquella habitación ocupaba toda la parte frontal de la planta baja.

Al fondo se abrían dos puertas, una que conducía a la cocina y otra que llevaba a las escaleras.

-Emily, hija, lleva a las chicas a vuestro dormitorio.

La castaña asintió y subió por las escaleras que conducían al piso superior.

El piso superior constaba de un pasillo, en el cual había unas cuantas puertas; en concreto cuatro.

Una en lo que sería la parte delantera de la casa, que era el cuarto de los señores Watson; otra que conducía a un pequeño cuarto en el que había juguetes y muñecas, que había sido el cuarto de Emily de pequeña; otra puerta llevaba a un baño maravilloso. Enorme.

Una bañera en una esquina, con hidromasaje. Una pileta bajo un espejo dorado, un inodoro con la tapa de madera y un gran armario, dentro del cual había toallas, sales y geles de baño.

Y tras la cuarta puerta, había otras escaleras, que conducían a la buhardilla.

Era una estancia enorme, equivalente al total del perímetro de la casa; con ventanales en las cuatro paredes, una gran cama adoselada en el justo centro de la estancia, y un gran armario en una esquina.

Había cientos de peluches en el suelo, y una cómoda pegada a una pared, sobre la cual descansaba un joyero y un globo de cristal que flotaba en el aire; al igual que una foto mágica de las tres.

Pero sin lugar a dudas, lo más bonito de aquella habitación no eran el espacio ni la decoración, si no las vistas.

En la ventana que daba a la parte posterior de la casa había una puerta de cristal, corredera, acoplada perfectamente a la ventana.

Salieron y se encontraron en un agradable balcón, desde el cual se veía una gran terraza que se encontraba en el patio trasero de la casa; al nivel del suelo.

Pero más allá, cientos de metros más abajo, y a kilómetros de distancia, se extendía un valle.

Era una vista preciosa ya de día, y según aseguraba Emily, más todavía en las noches de luna llena.

A lo lejos, la vista confundía el cielo y las llanuras del horizonte, con los rojizos rayos del sol poniente, reflejándose en el río, cientos de metros más abajo.

Emily se apoyó en la barandilla, de espaldas al paisaje y con la vista fija en sus amigas.

-¿Y bien¿Qué os parece?-preguntó ansiosa.

Lily y Nathaly se miraron entre ellas antes de responder.

-Es una de las casas más bonitas que he visto en mi vida-dijo Nathaly.

Lily asintió con la cabeza y contempló los guiños del sol en el lejano río.

Pero aquello le hizo pensar en James, en sus labios sobre su piel.

Sabía que se estaba obsesionando un poco, y aquello no era bueno; porque, a pesar de que ella tenía la certeza de que él la quería; no quería acabar llevándose una tremenda desilusión.

-Bueno, nenas-la suave voz de Emily la interrumpió en sus elucubraciones.- ¿Bajamos a cenar?

Lily y Nathaly se miraron entre ellas y asintieron.

-Si, cielo, y que sepas que tenemos muchas cosas que contarte-le dijo la rubia con una traviesa sonrisa en los labios.

-Quiero saberlo-dijo la castaña impertérrita.

Lily soltó una carcajada.

-¿No habías mencionado una cena?-preguntó con una sonrisa.-Me muero de hambre.

Emily asintió y las precedió hacia el interior de la buhardilla.

Bajaron hasta el salón y se metieron por la puerta de la cocina.

Aquella cocina era preciosa; con toques antiguos y rústicos, al más puro estilo mágico; pero con todos los electrodomésticos muggles más modernos.

Era una estancia alargada, en un extremo de la cual había una puerta que daba a la parte trasera del porche (era de estos que rodean la casa con tejadito y todo) y a la terraza trasera; en el extremo opuesto había un mostrador y completándolo había un lavaplatos, un microondas y una nevera de primera generación.

Había una pequeña trampilla, que descendía al sótano, que hacía las veces de bodega, despensa y trastero.

Y cuando las chicas entraron en la cocina vieron a dos pequeños elfos domésticos, que salieron de detrás del mostrador.

-Bienvenida señorita Emily, y señoritas desconocidas-dijo el mayor de ellos.

Ellas lo saludaron con cálidas sonrisas.

El otro, que resultó ser una pequeña elfina, se acercó a Emily.

-¿Qué tal lo ha pasado la señorita Emily?-preguntó.

-Muy bien-le explicó con una sonrisa; y ahora, si no os importa, queremos cenar.

-Los señores han salido; tenían una reunión muy importante por el trabajo del señor, y no podían faltar-explicó el mayor.

Emily asintió con la cabeza y se volvió hacia sus amigas.

-Estos son Winny y Klaus- explicó.

-No sabía que fueses partidaria de la represión-comentó Nathaly.

Emily emitió un largo suspiro.

-No son míos; ni siquiera de mis padres; eran de mis abuelos; y al heredar mi padre la casa, pasaron como parte de la herencia; y cuando mi padre les quiso entregar la prenda, se pusieron histéricos, y lo amenazaron con saltar de la terraza si se atrevía a entregársela.

Nathaly y Lily parecían anonadadas.

-Es parte de la vida de un elfo obedecer a su familia; y además, los señores nos tratan muy bien-dijo Klaus al tiempo que les ponía una bandeja de comida para picar delante de ellas en una enorme y elegante mesa que había en el centro de la cocina.

-Klaus y Winny son felices sirviendo a la familia de la señorita Emily-dijo la elfina al tiempo que les ponía tres vasos de té helado.

Ellas sonrieron.

-Podéis iros a dormir-les indicó Emily;- ahora ya puedo hacer magia; y limpiaré esto en cuanto terminemos- dijo.

El elfo mayor agitó las orejas en señal de negación.

-La señorita siempre queriendo dejarnos sin trabajo-refunfuñó Klaus.

Nathaly se echó a reír y se bebió de un trago su té.

Cuando terminaron de cenar subieron a la habitación de Emily.

Las otras dos chicas sacaron sus baúles de los bolsillos, y miraron a su amiga.

-Cielo¿Crees que podrás ponerlos bien?-le preguntó Lily.

-Claro; no creo que sea muy difícil- dijo Emily.

Y, a puntando los baúles con su varita, susurró:

-Engorgio.

Los baúles adquirieron su tamaño habitual y ellas se pusieron los pijamas con tranquilidad.

-¿Dónde se supone que vamos a dormir?-preguntó Nathaly confusa, de pié en medio de la habitación.

Emily esbozó una misteriosa sonrisa.

-En mi cama.

Apuntó el lecho con la varita y éste también aumentó considerablemente su tamaño.

Ellas se acostaron como solían hacer en Hogwarts, las tres apelotonadas en la cama; para hablar y contarse sus cosas.

-¿Qué era lo que queríais contarme?-preguntó Emily.

Entre Nathaly y Lily la pusieron al tanto del tema del asesinato, lo relacionado con la secta y todo lo que ellas sabían a cerca del caso.

La castaña las escuchó con interés.

-No sé por donde empezar… en serio; pero; ¿Habéis hablado algo con ellos este verano?-preguntó con voz dulce.

Nathaly negó con la cabeza.

-No me he escrito con Sirius;-dijo -prefiero verlo en persona- añadió con una pícara sonrisa.

-A mi James me escribió un par de cartas-confesó Lily ruborizándose.

Emily dejó escapar un suspiro.

-¿Y tu¿Has hablado con Remus?-preguntó Nathaly.

Ella negó con la cabeza.

Después se incorporó y extendió su mano en dirección a la cómoda.

Desde allí, acudió volando el globo de cristal, que se depositó en su mano con suavidad.

Sus amigas la miraron extrañadas.

-¿Qué es eso?, Emy-pregunto Lily.

-Es, por llamarlo de alguna forma, la configuración de la casa.-suspiró-Se trata de un objeto mágico que concede deseos; pero sólo cuando no dañen a los demás y cuando no sean para provecho del que se lo pide.

Ellas asintieron.

-Mirad.

La castaña pasó una mano sobre el globo y el inclinado techo que cubría sus cabezas se volvió de cristal.

Las tres se quedaron extasiadas contemplando las estrellas que se dibujaban sobre sus cabezas, y lentamente se quedaron dormidas.

Nathaly abrió los ojos cuando el sol ya brillaba intensamente sobre sus cabezas.

Se incorporó confusa y miró a su alrededor.

Estaba en la cama de Emily, que continuaba dormida, al igual que Lily.

Al lado de la pelirroja, posada con arrogante dignidad, se hallaba una lechuza castaña oscura, con un rollito de pergamino atado a una de las patas.

Nathaly se estiró y zarandeó a la pelirroja del hombro.

-Lily, despierta; hay un pajarraco con una carta para ti-murmuró la rubia con voz pastosa.

La lechuza la miró con sus ambarinos ojos cargados de reproche, y la fulminó (los pájaros pueden hacer eso??) con la mirada.

Lily se sentó en la cama un tanto adormilada y bastante confusa.

Se pasó la mano por el pelo, al tiempo que parpadeaba un par de veces, para acostumbrarse a la claridad de la estancia.

Se giró hacia la lechuza, que la miraba con… respeto; y le desató el pergamino de la pata con sumo cuidado.

Lo desenrolló y lo primero que vio fue un pétalo rojo, de rosa, que le cayó en el regazo.

"Mi adorada princesa, deseo verte; más de lo que deseo levantarme cada mañana; necesito besarte más de lo que necesito el aire para respirar; necesito ver tus ojos, que iluminan mi vida más que el sol esta mañana.

Necesito vivir para ti, para poder morir por ti. Te quiero mucho.

James."

Conforme los ojos de Lily vagaban por la carta, se iban llenando de lágrimas; y al final, resbalaron por sus mejillas con la velocidad de un torrente.

-¿Qué pasa?, cielo-preguntó Nathaly tomando la carta de manos de la pelirroja.

La leyó y esbozó una sonrisa dulce y cargada de cariño, que inundó la habitación.

Se la pasó a Emily, que se acababa de despertar, y se volvió hacia Lily.

-Cariño; ese chico te quiere de verdad- le dijo en un sobrecogido susurro.

La pelirroja se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa.

-Lo sé.-musitó.

Nathaly la abrazó y le dio un beso en la frente.

Lily se animó un poco y se puso de pie.

Se inclinó sobre su baúl para sacar ropa; pero escuchó un sollozo a sus espaldas, y se volvió.

Emily estaba bocabajo, en la cama, llorando.

-Cariño¿Qué pasa?-preguntó sentándose a su lado preocupada.

Nathaly intercambió una mirada, que evidentemente significaba "Remus".

La castaña sollozaba, con una preocupación demasiado inquietante.

Se incorporó y las miró con ojos rojos y anegados de lágrimas.

-Necesito hablar con Remus-murmuró.

La última vez que había estado con él se habían convertido en una sola persona; se habían demostrado que se querían, y se habían sentido completos, por primera vez.

No lo había vuelto a ver desde entonces; y cabía la posibilidad; una gran posibilidad, en realidad; de que ella estuviese embarazada. Llevaba un retraso de cinco días; pero se había preocupado; porque no sabía como se lo tomaría Remus, en caso de que fueran a ser padres. De hecho; no sabía como debía tomárselo ella misma, y a pesar de que fuese un retraso extremadamente pequeño; se preocupaba, porque, a pesar de que ya tenía diecisiete años, no se sentía completamente adulta.

-¿Qué pasó?-preguntó Nathaly con preocupación.

La castaña negó con la cabeza y se secó las lágrimas.

-No pasó nada; tranquilas-dijo levantándose y acercándose a la cómoda para depositar el globo de cristal.

Antes de dejarlo en mágico equilibrio sobre la mesa, le pasó la mano por encima y la habitación volvió a tener techo.

Las chicas se vistieron y bajaron a desayunar.

No volvieron a mencionar el incidente de aquella mañana; pero Nathaly y Lily se preocuparon mucho por el estado de salud de su amiga cuando, estando las tres en la terraza de la parte trasera de la casa, tomando el sol, Emily se desmayó.

Lily tuvo que requerir a todo su poder de concentración para reanimar a la castaña sin usar su varita.

-Emy, nena¿Estás bien?-preguntó hecha un manojo de nervios.

La castaña asintió con una grave expresión de preocupación en el rostro.

Nathaly subió corriendo a la buhardilla, y volvió en cuestión de dos minutos.

Llevaba el pequeño espejo por el cual Lily la había visto hablar con su madre.

-Esto es un espejo de múltiple sentido-explicó al captar la mirada de Lily.-Simplemente dices el nombre de la persona con la que quieres hablar, y aparece. Pero tienes que estar segura de que tiene un espejo cerca-explicó.

-¿Hablaremos con los chicos?-preguntó Lily con ilusión.

-No-dijo Emily tajante.

Ambas la miraron inquisitivamente.

-Hoy es noche de luna llena. No quiero que se preocupen por tonterías-murmuró.

-Tu salud no es una tontería-dijo Nathaly con simpleza.

Se sentó en su hamaca y puso el espejo frente a su rostro.

-Sirius Black-dijo.

La superficie del cristal ondeó durante unos segundos, tras los cuales, en lugar de reflejar a Nathaly, apareció el rostro de Sirius.

-Hola, angelito-le dijo el chico dulcemente.

-Hola cariño-le respondió ella con un susurro.

-¡Por los cielos! Estás preciosa-dijo él.

Ella se limitó a sonreírle y a susurrarle.

-Cielo, Emily está enferma; ¿tenéis forma de venir aquí?-preguntó.

El chico lo dudó unos instantes.

-Únicamente con polvos flu-reflexionó el chico.

Ella asintió.

-Nos vemos dentro de un rato, princesa.

-Te espero, pitufo.

La superficie del espejo volvió a quedarse reflectante, y su propio rostro le devolvió la preocupada mirada.

-Chicas; van a venir ellos dentro de un par de minutos-explicó volviéndose hacia las otras dos.

Lily la miró entusiasmada, y Emily con una sonrisa, en su aún preocupado rostro.

Entraron en la casa y se sentaron en los sofás, delante de la chimenea.

Volverían a ver a sus chicos. Por fin; después de tanto tiempo.

Estaban muy guapas.

Lily tenía puesto un pareo verde aguamarina, con un bikini de triángulos por arriba; y el pelo, húmedo de la piscina, secándose en largos bucles por la mitad de su espalda.

Emily tenía puesta una falda roja, y una camiseta negra, de sisas, por encima del ombligo, y con el escote cuadrado.

El cabello lo tenía recogido en una coleta larga, que le llegaba a la mitad de la espalda.

Y Nathaly tenía una minifalda vaquera, con una camiseta palabra de honor rosa; se le veían las tiras del bikini; azules, que se ataban al cuello, y el pelo recogido en un moño flojo.

Un par de minutos después de que ellas se sentasen en los sofás, la chimenea se encendió, con un fuego esmeralda, del cual salieron tres chicos altos. Dos morenos, y uno con le cabello castaño claro.

Nathaly se puso de pié y saltó hacia Sirius, que la levantó en brazos y la abrazó.

-Cariño, te he echado mucho de menos- le susurró el chico al oído.

Ella lo miró a los ojos. Pero en aquel momento ningún hechizo pesaba sobre ellos.

El chico la dejó en el suelo y la tomó de la barbilla.

Le acarició los labios con el dorso del pulgar, y desde allí, su dedo se deslizó por el contorno del rostro de la chica, como pretendiendo aprenderse todos los lunares, hasta terminar nuevamente en la barbilla.

Hizo todo el recorrido mirándola a los ojos, y treinta milésimas de segundo después de tomarla de la barbilla ya la estaba besando.

Calmando la sed de todos aquellos días. Volviendo a establecer su territorio en la boca suave de Nathaly. El beso fue húmedo y cargado de fuego. Cuando se separaron, ambos jadeaban ligeramente.

James miró a Lily, y se sonrojó ligeramente.

La chica se sonrojó a su vez, pero se acercó al chico.

-Lily, verás, tengo que hablar contigo…

Ella le puso un dedo sobre los labios, y al instante siguiente, los selló con los suyos.

James le correspondió, sorprendido; pero si Lily tenía ganas de besarlo; él a ella todavía más.

Le deslizó los brazos por la cintura y la apretó suavemente contra él, volviendo a tomar control de la situación.

No tardó en abandonar los labios de la chica y dedicarse a abrazarla y estrecharla contra él.

Ella apoyó la cabeza en el hombro del moreno y se relajó, tratando de calmar su furioso corazón, que latía desbocado por el anhelo de aquel beso.

Remus se sentó al lado de Emily en el sofá; pero la chica evitaba mirarlo, por todos los medios.

-Emily, princesa¿Qué te ocurre?-preguntó preocupado.

Ella lo miró con más preocupación.

-Remus, cielo, verás…-iba a soltarle una bomba- La última noche… en tu dormitorio… ¿Lo recuerdas?

Una sensual sonrisa cruzó el rostro del chico.

-Lo recordaré siempre-dijo-¿Qué ocurre?, preciosa.

-Que… Remus; creo… que estoy… embarazada.

Él la miró con la incredulidad pintada en el rostro.

-Princesa; es imposible-le susurró.

Ella le devolvió una mirada confusa, directa a sus ojos grises.

-¿Por qué?

-Porque en el colegio pesa un hechizo que impide que las chicas se queden embarazadas, a pesar de que… bueno, ya sabes…

Emily soltó un aliviado suspiro.

-Entonces¿Por qué me desmayé?

Pero ella misma se respondió a todas las dudas.

Sin duda, el retraso era fruto de un desajuste hormonal, provocado por la repentina tristeza, por separarse de Remus. Los mareos continuos, eran debidos a lo poco que comía; y el desmayo… un bajón de tensión debido a la falta de alimentos.

Las tres parejas se miraron entre sí, y al ver que Emily ya estaba como nueva, todos rieron aliviados.

-Bueno, nenas, nos tenemos que ir-dijo James al cabo de un rato.

Ellas asintieron, y besando cada una a su chico, les dijeron adiós con la mano cuando se marcharon por la chimenea.


Bueno… espero que os gustase el capítulo, y que me dejéis muchos, muchsisiisisismos reviews!!!

Esto… a que nadie se esperaba que Emy y Remus fuesen irresponsables?? A que os ha gustado que reapareciesen los chicos?? Si es que todas los echábamos de menos, a que si? xD

Reviews,please!!!

Beshitos sabor a Merodeador!!!

Se os kiere!!!

Thaly--APB