Palabras: 1519
Beta: Hagobi y Yin
Nota: Adivinen quién estuvo escribiendo en vez de estudiar.
Marinette fue recibida en casa con besos y abrazos. Hacía rato que Sabine y Tom estaban al tanto del bienestar de su hija, mas el momento de amargura no había desaparecido así sin más. Marinette se disculpó por haber olvidado su celular en silencio y por no haber llamado para hacerles saber que estaba a salvo. Sus padres sólo estaban felices y aliviados de saber que ella no había recibido daño alguno ‒oh, si tan sólo hubieran sabido la verdad‒.
Luego de cenar y conversar durante la comida sobre los eventos ocurridos en el día, Sabine y Tom le dieron las buenas noches a Marinette. La profesión de panadero implicaba, entre otras cosas más demandantes, acostarse temprano para madrugar sin problemas; por más que al día siguiente fuera domingo. La superheroína insistió en que ella se ocuparía de lavar los platos y de acomodar. Sus padres, aunque un poco reacios al principio, se lo agradecieron. Una vez todo estuvo limpio y reluciente, Marinette se duchó y subió a su habitación a cambiarse. Sólo entonces pudo hablar tranquila con Tikki.
—Marinette, ¿cómo te encuentras? ¿No deberías cumplir la promesa que le hiciste a Chat Noir e ir al hospital? —le preguntó el kwami saliendo de su escondite.
—Me siento perfecta, Tikki. No hará falta… ¡Oh!
—¿Qué pasó? ¿Te duele? —Voló rápido hasta llegar a su lado.
—No. Es que he olvidado quitarme el maquillaje —Se señaló el rostro a la altura de los ojos. El agua caliente le había corrido el delineador y el rímel hasta dejarle dos manchones como ojeras. Parecía un panda. Tikki rió aliviada—. Todavía no me acostumbro a usarlo.
—Es el que te regaló Lila, ¿no?
Lila. ¿Cuánto había pasado ya desde el incidente de Volpina? ¿Tres semanas? ¿Un mes? Marinette no lo recordaba con exactitud, pero sabía que no podía ser mucho más que eso.
Luego de haber sido víctima de Le Papillon, aquellos que habían sido engañados por las mentiras de Lila comenzaron a ignorarla por completo. Se rehusaban a hablarle, algunos ni siquiera se dignaban a mirarla. A la única a la que parecía no importarle había sido Marinette, quien le había ofrecido su amistad. A partir de ese momento y no sin algunas objeciones más que razonables de Alya de por medio, Lila no se había despegado de Marinette. El resto de los estudiantes de la secundaria estaban impresionados con su bondad; pero la verdad era que había sido un sentimiento de culpa —después de todo, Ladybug había sido la responsable de la "akumatización"— lo que había llevado a buscar ser, por lo menos, la única amiga de Lila.
El maquillaje —un delineador, un rímel, una base en polvo y algunas sombras coloridas que todavía no se animaba a aplicarse— que ahora Marinette se estaba removiendo había sido un regalo a cambio de amistad. Y, si bien no tenía experiencia en el tema, lo había aceptado para darle el gusto.
Al terminar de limpiarse el rostro, Marinette cogió su teléfono celular y empezó a mandarse mensajes con Alya. Desde que ésta había salido disparada al enterarse que había un akuma destruyendo la ciudad, no habían vuelto a comunicarse. Después de todo, su mejor amiga tenía una obligación para con su blog. Marinette le preguntó si había podido obtener buenas fotos y videos del dúo superheroico, y Alya le respondió que todo el contenido nuevo ya estaba disponible en el Ladyblog. También bromeó que, si de verdad era su mejor amiga, tendría que estar al tanto de su sitio web. Marinette prometió que le encontraría un buen terapeuta para tratar su obsesión con Ladybug y que la visitaría si debían internarla en un manicomio. Intercambiaron un par de chistes más y se despidieron.
—Algún mensaje del Maestro Fu, ¿Marinette? —preguntó Tikki mientras se posaba sobre su hombro.
—No, al parecer no hay novedades —le respondió mientras programaba la alarma para el día siguiente.
—Oh —Se decepcionó el kwami, suspirando—. Tenía la esperanza de que Wayzz hubiera podido localizar a Nooroo...
—Mañana a la mañana le preguntaré al Maestro Fu al respecto, Tikki —Le acarició la mejilla con el dorso de su dedo índice—. Quiero creer que podemos sacarle provecho al accidente de hoy, ya que Le Papillon estuvo usando su poder todo ese tiempo que estuve inconsciente. Lo vamos a encontrar, Tikki, es una promesa.
—Gracias, Marinette —Voló hasta quedar frente a la nariz de su ama y se la besó.
—No hay de qué. También quiero saber qué piensa el Maestro Fu sobre la idea de incluir a Chat Noir en la búsqueda. Nos hace falta alguien más.
Marinette decidió que ya era hora de apagar las luces de su habitación, y, luego de hacerlo, Tikki la observó subir las escaleras que llevaban a su cama y puso a cargar su celular. La superheroína suspiró y se acostó. A pesar de estar agotada, no tenía sueño. El kwami voló a su lado y se sentó sobre la almohada.
—¿Qué tan peligroso es que Chat Noir sepa, Tikki?
—¿Te refieres a tu identidad? A decir verdad, no lo sé —Marinette giró la cabeza, y encontraron miradas—. Es mi responsabilidad como tu kwami advertirte que no le digas a nadie que eres Ladybug, sobre todo por cosas que han pasado a lo largo de los siglos… Pero sí ha habido portadores de Miraculous antes que han compartido su identidad antes.
—Pues ahora yo sé que el Maestro Fu es uno de nosotros —Giró el cuerpo para quedarse de costado—, y él sabe quién soy yo; aunque tiene sentido porque fue él quien me eligió para ser Ladybug. Me imagino que él sabe quién es Chat Noir, ¿no? —Tikki asintió.
—Pero, a diferencia de otras épocas…
—El poder de la mariposa está siendo usado para el mal —al terminar de decir estas palabras, casi rió por lo ridículas que le parecieron. Mas eran la verdad—. Lo que significa que, si Chat Noir cae víctima de un akuma, Le Papillon se enteraría tarde o temprano de quién soy yo. ¿Pero acaso nosotros no somos inmunes a su poder? Digo, como somos todos portadores de Miraculous...
—Eso no lo sabemos, Marinette —Se entristeció Tikki—. Sólo nos queda esperar a que el Maestro Fu termine de decodificar el libro sobre los Miraculous que encontraste.
—Querrás decir "el libro de Adrien que debe de dar por perdido" —Suspiró—. Entonces, por ahora, es mejor que no sepa quién es Chat —Sintetizó Marinette.
—¿Por qué lo dices? ¿Curiosidad?
—Sí —confesó.
—¿Oh? ¿Acaso Adrien ahora tiene un rival? —Tikki rió.
—¿Chat Noir? ¡Imposible! —rió también y empujó juguetonamente a su kwami con la yema de su índice.
—¿Por qué no? ¡Me parece que le gustas mucho, Marinette!
—Ay, Tikki, estoy segura de que sólo está jugando. No dice todo lo que dice en serio —Se mordió el labio inferior y puso los ojos en blanco—. Volviendo a la identidad de Chat, es verdad que me da curiosidad. Confío en él, es uno de mis mejores amigos. Hemos combatido lado a lado por meses, ya. Y debo admitir que sus chistes han mejorado bastante últimamente —Hizo una pausa, pensativa—. Creo… creo que hoy no me comporté muy bien con él. Chat sólo estaba tratando de ayudarme.
—Estoy segura de que Chat Noir no se hará mucho problema al respecto, Marinette. Pero si te hará sentir mejor, podrás disculparte la próxima vez que se encuentren.
—Tienes razón, Tikki —Le sonrió.
—Buenas noches, Marinette —El kwami se acercó volando, le dio un beso en la frente y se acomodó a su lado—. Que descanses.
—Igualmente.
No obstante, el sueño se resistió un buen rato antes de llegar a la superheroína. Ya antes había pensado en que, de no existir Adrien en su vida (¡Qué horror!), quizás hubiera desarrollado sentimientos más románticos por su compañero. Se llevaban muy bien y eran un gran equipo, sabían complementar sus habilidades armoniosamente. Chat Noir era optimista, amable, gracioso y respetuoso. Sólo una vez había mostrado interés en la identidad secreta de Ladybug, pero, luego de que ella se negara, jamás había vuelto a traer el tema a colación. Marinette había sabido apreciar el gesto.
A pesar de ser el bromista de los dos, Chat sabía ponerle los pies sobre la tierra. Cuando había ocurrido el incidente de Volpina, su compañero le había señalado que no se estaba portando de la mejor manera con la niña zorro. Y, si bien Marinette había dado en el clavo con sus sospechas acerca de las intenciones de Volpina, Chat había tenido razón. Su comportamiento había sido inexcusable. Eso era otro punto a favor para el héroe gatuno: un verdadero amigo es honesto contigo y te dice qué estás haciendo mal.
Pero Adrien era Adrien, lo cual significaba ser dulce, caballero, cortés y correcto (y eso no alcanzaba a describir toda su perfección; pero para hacerlo, necesitaría siglos). Podría tenerle muchísimo cariño a Chat, pero jamás superaría lo que sentía por su compañero de clase.
Lo último que pensó Marinette antes de quedarse dormida fue que era una verdadera bendición tener a ambos en su vida.
¡Gracias por leer!
