Disclaimer: Éste es un fanfic original de temática yaoi basado en Saint Seiya. Los personajes no son de mi autoría. Pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

Advertencias: Éste fanfic es de temática Yaoi (Homosexual) si no te gusta este género, te recomiendo no leer.

Título: Tríamore

Personajes principales: Milo de Escorpio; Camus de Acuario;

Personajes secundarios: Saga de Géminis; Kardia de Escorpio; Degel de Acuario

Resumen: Para Milo, las cristalinas aguas de la Atlántida al igual que el resto de los mares del mundo representaban un reto, donde los misterios y aventuras siempre eran protagonistas de sus sueños. Pero la vida de Milo da un vuelco cuando su padre, el Rey Kardia, decide que ya está en la edad para casarse. En su fiesta de compromiso, conocerá a Camus, un misterioso y atrayente joven que mantiene un secreto oculto con Degel. Luego del ataque al Palacio de Buckingham, y ser secuestrado por el "Koorime", Milo se embarga en un viaje donde no solo descubrirá su pasado, sino tal vez logre conocer el amor de su vida. [Saga/Milo/Camus] [Kardia/Degel]


Comentario de la Autora:

¡Hola! luego de mucho tiempo por fin actualicé! he de admitir que estuve un poco bloqueada y a la vez no encontraba el archivo :'v pero me emocioné que ayer me inspirara en Volver a Amar que anoté las ideas con rapidez y justo cuando ya estaba listo (al igual que este cap) BUM! me ataca la fiebre y me hace quedar en cama por dos días seguidos :V (aún sigo mal :'V) pero como ya no pude dormir, aprovecharé para actualizar este cap antes de que vuelva al país de los sueños ;A; sé que hay una gran diferencia con el fic anterior, pero por lo menos me siento aliviada de ya estar los tres cap completos XD Vuelvo a agradecer a Rubi por ayudarme a corregir el fic (Thanks You!) Espero terminar este año todos mis fics para así publicar los otros proyectos XD (¿Recuerdan el fic "Un Idiota encantador"? ¡Ya está casi terminado la continuación! XD así que habrá humor en los próximos días xD estaba pensando publicarlo para el mes de Acuario).

Este capítulo le dedico a Scorpio G que lo ha esperado por mucho tiempo ;w; si lees esto ¡espero que te guste! ya mas adelante vendrá lo mejor(?)

Bueno, sin mas que decir ¡disfruten la lectura!

SÓLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS


Chapter 03: Cicatrices que sangran

Año 1715, Palacio de Buckingham

— ¡Esto es inaceptable! —el grito que soltó retumbó las cuatro paredes de la habitación.

Saga lucía enfadado. Su cuerpo estaba cubierto solamente por las vendas que cubrían casi todo el torso y un pantalón de holgado.

— ¿Qué te ocurre hermanito? Te vez tan pálido, tan asustado ¿y sabes qué? Eso me excita. Ver tu rostro lleno de pavor por saber lo que pasará. Me encanta.

— ¡Cállate! —el grito que soltó resonó más fuerte que el espejo roto al estrellarse con el suelo.

La mirada perdida y sin vida de Saga se posó sobre la fotografía de Milo y se preguntó ¿por qué esto le pasaba a él? La risa de Kanon, tan escalofriante como siempre lo ha sido resonó en las cuatro paredes de la habitación. Su hermano menor, su igual. Aquel hombre que nunca conoció el verdadero significado de la bondad, ahora ya tenía un motivo más para torturarlo, jugar ya con su rota mente.

Desliza sus dedos hasta llegar a la frente. Las yemas de los dedos están teñidas de sangre. Una herida creada por el pedazo de vidrio que lo rozó cuando la explosión causada por Camus y sus hombres estallaron de las armaduras. Apretando sus dientes se miró en el espejo viendo como las vendas tenían un color carmesí. Sus heridas se volvían a abrir.

Su orgullo estaba herido. Todo aquel entrenamiento que había tenido en su adolescencia para proteger al muchacho que más amaba en el mundo se había perdido en un minuto al no ser capaz de quitarse a un grupo de piratas. El odio y la venganza que sentía hacia el capitán del Koorime era tanta que por un momento estaba recriminándose por no haberlo matado con anterioridad. Su mirada esmeralda de nuevo se posa sobre su reflejo en el espejo, todo masacrado y aún sangrante decidió que no le importaba a quienes debía pasar primero, mataría a todo aquel que se interpusiera en medio de Milo y él.

— ¿Señor? —la voz titubeante de su súbdito se escuchó casi en un susurro.

— ¿Qué quieres?

No estaba de humor. Las risas de Kanon cesan y mira con gran interés al muchacho de tan solo diecisiete años que estaba incómodo ante la presencia de su hermano. Argol no era más que un simple niño tratando de ganarse un puesto en ese mundo, el mundo de su loco hermano. Él, al igual que los demás "recogidos" de Saga, sólo quería tener un lugar donde pertenecer. Al mayor nunca le interesó tener secuaces, pero cuando ellos demostraron no ser tan inútiles como aparentaban decidió conservarlos y explotarlos a su antojo, después de todo le debía la vida.

—El rey Kardia ha abordado el Zafiro, va en busca del príncipe —dijo no muy seguro de la reacción de su superior— Y su barco también lo está… Spartan dijo que podríamos partir hoy.

—Entonces vete de una vez —anunció— ¡¿Qué esperas?!

El grito llegó a los oídos de los demás hombres y por el sonido de las botas chocar contra el suelo se podía entender que ninguno quería ser víctima de la ira de su jefe. Kanon que estaba mirando la interacción de sirviente y amo sonrió con malicia y se posicionó al lado de su hermano para seguir "jugando" con él.

El silencio que se formó en la habitación se quebró cuando el silbido de Kanon seguido de las carcajadas salió cuando volvieron a quedarse solos.

—No creí que te perturbaría tanto hermanito —susurró en su oído, estremeciendo a Saga, que lo miró con los ojos muy abiertos— Debes estar demasiado preocupado por ese niño, o será que la culpa te invade… dime Saga ¿Qué crees que pase cuando Milo se entere de nuestro pequeño secretito?

—Eso no pasara —dijo Saga— Será mejor que me empiece a alistar…

Kanon seguía con su sonrisa macabra. Ninguno de los dos había tocado el tema desde que su padre desapareció una noche fría siguiendo a su "capitán", ambos desconocían los motivos ocultos, o por lo menos Saga lo hacía.

Cerró sus ojos cuando su mirada chocó con la vieja fotografía de Milo y él ,y sintió como algo oprimía su pecho. El regreso de Camus y el rapto de Milo solo era el principio de una tragedia que quería evitar.

Mientras tanto en las embarcaciones cerca del muelle los hombres que trabajaban ahí subían y bajaban las cajas con las provisiones para el viaje, la mirada de Kardia se encontraba ausente, observando a aquellos que serían parte de la tripulación, había mostrado gran seguridad frente a Degel pero lo cierto era que estaba con los nervios en punta. Volver al mar junto a Degel sería revivir el pasado y que la profecía se cumpliera. Al menos ahora estaba seguro que su pueblo y su hijo menor no sufriría ninguna desgracia en su ausencia, confiaba en Sage y Hakurei, sin embargo el Hades podría ser un problema si llegaba a reclamar por lo que derecho le "pertenecía".

—Si sigues pensando tanto se te quemara el cerebro.

—Ya quisieras idiota —giró para ver a su amigo que ahora vestía las viejas ropas holgadas de antaño. Al parecer los años no habían cambiado mucho para Manigoldo que lucía tan tranquilo como siempre— Pensé que la ropa no te quedaría.

— ¿Lo dices por mis músculos? Es normal, me he ejercitado de tanto hacer el trabajo pesado por ti, bicho desgraciado.

—Lo decía por tanto dulce que comes. A veces creo que Afrodita te quiere engordar para que Albita te deje.

—Eres en verdad un bastardo —dijo ofendido mientras despeinaba los ya revoltosos cabellos de su rey— ¿Listo para volver al mar?

—No sabes cuanto —dijo con sarcasmo mientras daba un manotazo a la mano del otro— Estoy tratando de mantener la mente despejada ¿Qué hay de Alba? ¿Cómo está respecto a su hermano?

—Para serte sincero no se lo he preguntado —suspira— La relación de Alba y la florecita es una bomba de tiempo, últimamente estaban peleando por todo y no sé qué piensa ahora que está desaparecido. No quisiera ver su rostro sombrío si a Afrodita lo encontraran muerto.

—Vaya que has cambiado —pensó mientras lo veía— Si Camus regresó puede que Afrodita esté con ellos, sobre todo con…

—No lo menciones —dijo con cierto rencor— Ese mocoso desgraciado no merece ser nombrado.

—Es tu hijo —susurró. Pero Manigoldo solo lo ignoró— En fin, debemos apresurarnos… ¿es necesario que lleven sus viejas vestimentas?

—Es para marcar territorio, sabes que Degel siempre fue alguien… respetado.

—Querrás decir temido —replicó con una sonrisa— Era lo que más llamó mi atención cuando por desgracia los conocí.

—Desgraciado aprovechador… hipnotizaste al pobre con tu simpatía, sobre todo cuando te mandaba al diablo.

—No me lo recuerdes…

—Kardia.

El suave carraspeo lo hizo voltear, dejando ver al verdadero Degel con su traje de capitán. Una camisa holgada blanca, con un pantalón negro y botas del mismo color. La dulce mirada que siempre tenía Degel fue reemplazada por la frialdad característica de su familia. Parecía un hombre totalmente diferente con el que se casó y tuvo dos hijos.

—Te vez raro —dijo Kardia, Manigoldo le dio una palmada en su espalda y fue donde Albafica para subir en el barco.

—Necesito volver a mi pasado, y que mejor volviendo a lo que era.

—Sabes que tu cabeza ahora tiene precio ¿no? —susurró mientras se cruzaba de brazos. Degel sonrió apenas y negó con la cabeza.

—Es el precio a pagar… con o sin traje mi cabeza tiene precio. Camus no perdona el hecho que lo abandonara con nuestra madre.

—Tu quisiste hacer tu vida lejos del mar —dijo— No tienes la culpa de desearlo.

—Explícale eso a Camus —susurró mientras sus brazos rodeaban el cuerpo de Kardia— Ahora regresó y realmente sé que se vengara a través de Milo…

—Por eso estamos viajando —reafirmó con seguridad— Esto debimos hacerlo apenas nos enteramos de la muerte de Garnet…

—Con o sin Garnet, Camus jamás hubiera accedido a hablar conmigo.

—Eso lo arreglaremos al verlo.

—Gracias Kardia —la sonrisa que le regaló hizo sonrojar a su esposo que rápidamente giró el rostro con un leve rubor en sus mejillas.

Le pareció que había viajado en el tiempo, a la época donde el orgulloso Kardia por primera vez se presentaba ante él con esa sonrisa socarrona y mirada penetrante. Aquel hombre que no temía a la muerte y siempre desafiaba, pero sobre todo… fue el hombre que sin dudar alguno quien lo salvó de sí mismo.

Oyó como los gritos de Manigoldo pronunciaban su nombre al igual que su tripulación, coreando al unísono ¡CAPITÁN DEGEL! Pasaron años desde que escuchó esas dos palabras juntas. Un estremecimiento azotó su cuerpo a la vez que el cosquilleo en la boca de su estómago reapareciera. Con un leve movimiento de cabeza buscó la mano de Kardia que se movió algo sobresaltado por su actuar. Una cálida sonrisa se formó en su rostro que fue reemplazada por la frialdad al mirar hacia delante. Ya no sería más el rey junto a Kardia, ahora era de nuevo aquel hombre despiadado y frívolo que gustaba asaltar y dañar a los demás por beneficio propio, alguien respetado como temido en el mar.

— ¡Icen las velas y vayan a sus posiciones que no acepto errores! —Bramó con gélida voz— Manigoldo ve por mi saco y el sombrero, que todos se enteren que he regresado al mar.

— ¡Claro capitán!

Degel se quedó en silencio observando a aquellos hombres que sacrificarían su vida en busca de su hijo. No era momento de arrepentimientos. Manigoldo, que estaba sentado cerca de unas cajas de provisiones, intercambió una mirada con el capitán y sonrió confidente. Le entregó el saco rojo y ambos miraron al horizonte.

—Continuemos —dijo.

Los demás guardaron silencio. Degel subió al barco y tocó con añoranza el timón, rememorando los viejos tiempos.

Contempló como Kardia se acercaba con las ropas holgadas y pensó seriamente pedirle que vistiera más seguido así. El viento cálido rozaba contra sus cabellos jugueteando contra ellos y aquella tranquilidad que en el mar se presenciaba en vez de calmarlo le daba mal augurio.

Observó la luna que se mostraba en su total esplendor y deseó que su hijo estuviera intacto. Con Camus, muchas cosas podían pasar.

(-X-)

Año 1715, El Koorime. Cualquier lugar en el océano.

—Cada vez que te veo, te ves más hermoso —murmuró, conteniendo la angustia que crecía en su interior al ver la pálida piel del muchacho. Separó los cabellos celestes de su rostro y sonrió apenas cuando lo vio fruncir el ceño con molestia. Aun se encontraba con el rostro sonrojado por la fiebre pero al menos la palidez se había ido un poco.

—Se acabó —una voz a sus espaldas, fría y distante, se escuchó— Acabamos nuestras reservas en Cristal… el veneno de ese muchacho es más letal de lo que creía…

—Ya veo —fue la escueta respuesta. El hombre se removió incómodo y esperó a que continuara— ¿Qué esperas que diga?

—No lo sé —confesó— Tal vez quisiera escuchar lo que sientes ahora después…

— ¿Sentir? —Soltó una carcajada— En verdad que el mar te ha chocado el cerebro Shura ¡Soy un pirata! No puedo sentir nada por nadie, soy frío y desalmado. No me importaría matar si con eso obtengo lo que quiero. Ya sabes mi filosofía: "El más fuerte sobrevive"

—Si el más fuerte sobrevive, entonces por qué cuidas a Afrodita con tanto anhelo —cuestionó con crudeza, callando al italiano— Podrás engañar a la tripulación, pero a Camus y a mí no.

—… —el cuerpo del muchacho se tensó. Shura, que mantuvo fija su mirada sobre la espalda del italiano, soltó un suspiro pesado para luego continuar.

—Death, ya han pasado trece años… hiciste lo correcto, pero no puedes acercarte a Afrodita. Por lo menos no con esas intenciones.

— ¡Toda la maldita culpa lo tiene el bastardo de Manigoldo y el imbécil de Degel! —siseó con molestia mientras que cerraba con fuerza sus manos. Sus uñas se clavaron en la piel de las palmas logrando que pequeños hilos de sangre salieran de ella. — Si tan sólo no hubieran sido tan idiotas…

El suave susurro combinado con un sollozo hizo desviar la mirada de Shura, cada uno de los tripulantes del barco tenían un motivo para atacar el palacio de Buckingham donde Manigoldo y Degel residían, y no descansarían hasta hacerlos sufrir.

—Da la orden de ir a tortuga —dijo con la voz lúgubre. Shura asintió despacio, empezando a caminar escaleras arriba. Quiso voltear cuando escuchó un sollozo pero decidió no molestar a su amigo, después de todo, él sabía lo que era perder a alguien.

Llegó hacia la cubierta pasando de largo la habitación del capitán, los quejidos y la risa de Camus le causó escalofríos. Los demás hombres se habían turnado al momento de vigilar. Su mirada barrió la superficie, quedándose entre las cuerdas donde guiaba al puesto del vigía. Aspros como siempre estaba alejado. Shura no confiaba en el hombre y con lo ocurrido horas atrás lo confirmaba.

— ¿Qué ustedes no duermen? —Dijo Regulus, dirigiéndose a Shura— Quiero ver a Milo.

—No estás en posición de pedir —cortó. No volteó, eso sólo incrementaría la extraña ansiedad que había aparecido— Vete a descansar.

—Lo haría, pero no quiero romper la burbuja de tu amigo. Si Afrodita se entera que lo tocaron sin su consentimiento enloquecerá.

Shura seguía sin mirarlo, Regulus frunciendo la frente con cierta molestia por ser ignorado se acercó hasta quedar al lado.

— ¿Sabes? Te pareces mucho a El Cid. ¿Son familia? —Continúo Regulus— Él no habla mucho de su familia, pero sé que perdió a su hermano en medio de la guerra de hace diez años.

—Hablas mucho —suspiró Shura.

—El Cid nunca se quejaría.

—Yo no soy él —por primera vez giró y lo miró. El parecido con esa persona era demasiado de lo que pudo soportar, y se preguntaba si podría contenerse el resto del viaje.

Ajeno a todo, Camus se encontraba sudoroso. El gruñido que escapó de sus labios estremeció a su acompañante. Sus uñas se clavaron en las piernas del más joven y la estocada que dio hizo que su cuerpo vibrara. La estrechez lo mataba y pedía que su acompañante resistiera otras seis sesiones. No le importó las lágrimas que brotaban de aquellos ojos turquesas, Camus quería borrar la marca que Saga había dejado en Milo. Quería que Milo solo lo tuviera en su mente.

Los besos que dejaba se detuvieron cuando llegó a la altura del cuello donde dejó una fuerte mordida.

Milo era difícil de domar, no importaba las mordidas o la brusquedad que hacía al penetrarlo, él no soltaba ningún quejido de dolor. Simplemente aquellas lágrimas.

—Di mi nombre —le ordenó. Milo desvió la mirada, cerró sus ojos con fuerza y recordó a Saga. Sólo con eso podría soportar aquel momento. Camus al ver la falta de cooperación del otro sintió ira. — ¡Di mi nombre!

La siguiente estocada logró sacar un gemido ahogado. Si bien Milo había accedido a tener sexo con Camus, eso no significaba que complacería cada una de sus exigencias. Saga sólo era merecedor de aquello, era el único que realmente había llegado a querer con tanta intensidad hasta dejarse hacer por cada fantasía que tenía.

— ¡Milo! —siseó Camus con furia contenida. El muchacho solo sonrió de lado aun con las lágrimas rodando por sus mejillas sonrojadas. Llevó una mano a sus labios cuando un gemido involuntario salió. Camus había tocado un punto sensible.

Su interior se contrajo con fuerza, apretando sin piedad el miembro del mayor. El orgasmo que lo invadió no fue del todo satisfactorio. Camus eyaculó en el interior de Milo dejando que el muchacho también lo hiciera.

— ¿Estás contento? —preguntó mientras se levantaba de encima.

—No sabes cuanto —contestó adolorido. La mirada de ambos se cruzaron y Camus no pudo evitar desviarla, incapaz de ver el odio en esos irises.

—Como sea, a la próxima no seré tan complaciente… muy pronto verás que soy mejor que el estúpido de Saga y te olvidarás de él.

Milo no dijo nada. Sólo pudo ver como se dirigía hacia la puerta del baño y desaparecía de su vista.

—No volverá a ocurrir —susurró, permitiéndose llorar por el dolor que invadía a su cuerpo y mente. Se hizo ovillo en la cama y se cubrió con las sábanas hasta el rostro.

Camus por su parte se había recargado sobre la puerta, con las manos encima de su rostro. Se maldijo por su forma tan impulsiva de ser en presencia de Milo. Se acercó al lavamanos, apoyando sus manos en esta se observó en el espejo. La marca rojiza en su mejilla empezaba a desvanecerse al igual que los arañazos en sus brazos. Debía estar contento por haberlo tenido en sus brazos, como siempre lo soñó; sin embargo sentía que había perdido. Dirigió su mano al relicario que colgaba en su cuello y se lo sacó con cuidado. En él sólo había la fotografía que lo mantenía adelante: Milo y él cuando eran niños.

—Sólo falta poco —susurró. Observó por la ventana de baño y frunció el entrecejo al ver la luna llena. — Debemos darnos prisa, antes de que ese hombre llegue primero.

Salió del baño más calmado, no pediría disculpas, tampoco creía que Milo lo perdonaría tan fácilmente. Sin embargo se detuvo al verlo dormir. Si el destino no hubiera jugado en su contra tal vez la persona que se casaría con Milo sería él y no ese traidor. Se sentó mientras acariciaba los cabellos revoltosos. Y se acostó a su lado. Esperando que el día siguiente se llevara el mal momento que vivieron.

Sin embargo su mente no lo dejaría tranquilo.

.1.

— ¡Nos engañaste! —gritó con todas sus fuerzas. Sus pequeños puños se aferraron a su pantalón mientras que miraba con odio al muchacho que estaba tranquilo, o eso aparentaba— ¡Milo es mío!

—Milo es una persona, no le pertenece a nadie —contestó— Ni siquiera a mí —susurró lo último mientras veía a través de la ventana.

Milo aún era un niño, y la cantidad de sangre que había perdido era demasiado para su cuerpo. Él debía haber muerto, pero solo había caído inconsciente. Saga no lo demostraría, pero al ver el rostro pálido del menor le había llenado de pánico. El ruido agudo de miles de vidrios romperse lo hizo girar. Camus había tenido un arranque de ira y había roto un florero. El muchacho si bien era un niño, solía mostrar una tranquilidad que asustaba. Saga y él habían pasado la mayor parte de su vida juntos al lado de Milo, conocía cada gesto, cada defecto. Era consciente que la desaparición de Garnet, su madre, había afectado al muchacho. Milo era todo lo que tenía.

—Debes irte —oyó decir a Degel— No te quiero ver cerca.

Saga creyó que se debía a él. Era el mayor y había convencido a Milo en ir a la cueva, sin embargo se sorprendió cuando Degel agarró del brazo de Camus. Saga alzó una ceja curioso, y se dejó caer de nuevo sobre la pared. Degel era un temido pirata, era reconocido por los siete mares además de ser el sucesor del "Diamond" ahora que su padre había muerto. Para el muchacho la familia era importante, por eso no entendía por qué había tanta hostilidad hacia su hermano menor.

— ¡Qué te pasa! —gritó Camus intentando soltarse del agarre.

—Te prohibí llevarte el medallón y a Milo a esa cueva, y deliberadamente me desobedeciste. ¡Aun así esperas que esté tranquilo!

—Saga nos llevó —acusó— ¿Por qué a mí solo me regañas?

—Silencio —sentenció— Quiero que vayas con los demás afectados lejos.

— ¿Me estas echando? —preguntó incrédulo. Si bien Camus no se sentía cómodo en el palacio de Buckingham no esperaba que su propio hermano lo echara.

—Estás con la maldición Camus —explicó Degel— Desde que naciste lo estabas, si te permití que te acercaras a Milo era porque creí que no harías nada estúpido, pero hoy pusiste la vida de mi hijo y la tuya en riesgo. Si Milo se queda más tiempo a tu lado, morirá.

—Estás bromeando —susurró incrédulo. Camus se soltó del agarre de Degel y retrocedió varios pasos hasta chocar contra la ventana. Giró para ver a Milo que lucía dormido.

—No bromearía por algo así. Nuestra familia está maldita, todo aquel que nos rodea perecerá, nuestros seres queridos serán los primeros.

Camus se llevó ambas manos a la cabeza, abrumado por tanta información. La revelación de Degel lo llenaba de dudas y a la vez confirmaba las palabras de Aspros. Le dio a su hermano una gélida mirada y empezó a caminar hacia la salida.

— ¿Camus?

—Así que todo lo que me dijeron era cierto —susurró. Degel frunció el ceño ante la revelación— Tú pagarás por esto Degel.

Sin darle tiempo a que le contestara, salió corriendo del lugar, encontrándose a Aspros en la entrada.

—Es hora de que tomes el control de todo… capitán.

Camus tomó la mano del hombre y no volteó hacia atrás. Su barco lo esperaba.

.1.

Camus despertó al sentir el movimiento de Milo a su lado. El muchacho se había acurrucado entre sueños en su pecho y él solo pudo rodearlo con sus brazos. Los sueños solo eran recuerdos dolorosos. Y ahora que Milo de nuevo estaba a su lado, no permitiría que nadie lo separara de su lado. Él se encargaría de romper la maldición, y Milo tendrá que ayudarlo. — Aún si debo morir.