3. ¡Solo una semana antes!
Lavender se apoyaba en la pared del aseo, Hermione llevaba algunos minutos vomitando dentro del cubículo y ella esperaba pacientemente. De pronto, ya no se oyó mas arcadas y entonces se atrevió a preguntar tímidamente.
- Hermione… ¿Te encuentras mejor…?
Pero no pudo continuar porque volvió a escucharla regurgitar de nuevo, resopló apoyándose en la pared una vez mas.
Se oyó la cisterna del retrete y Hermione salió del cubículo, su estado era deplorable. Lavender la contempló asombrada. Tenía ojeras negras, debido a que la máscara de pestañas se le había corrido y su vestido era un auténtico desastre. Estaba pálida y despeinada, su aspecto era digno de lástima. Se acercó al lavabo tambaleándose mientras se abanicaba con una mano, se enjuagó la cara y la máscara de pestañas se corrió aun más.
- Dime Lavender… ¿Cuánta gente puede vivir en Londres?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? – exclamó la rubia perpleja.
- Y… ¿Cuántas revistas existen aquí para poder trabajar? – Lavender ignoró la extraña pregunta - ¿Muchas verdad?... Sí, muchas… Y de todas… ¡De todas! ¡Maldita sea!... He tenido que trabajar en ésta…
Lavender se sintió ofendida y miró a su jefa con resentimiento añadiendo.
- El Profeta es una gran publicación y yo me siento orgullosa de pertenecer a su plantilla.
Hermione la miró tratando de entender a que había venido aquella respuesta.
- ¿Cuánto hace que se casó?
- ¡¿Quién?! – Lavender comenzaba a impacientarse y pensó que esa chica estaba loca.
- Ron Weasley – Hermione pronunció su nombre como si le estuviesen clavando un puñal en el pecho.
- ¿Weasley?
- Sí, ¿Cuánto? – volvió a preguntar.
- Una semana – contestó la rubia sin comprender nada.
- ¿Una semana?... ¡Oh Dios mío!... ¡¿Una semana?!... Si hubiese aceptado este trabajo solo una semana antes, quizás… - Hermione cambio el gesto de desesperación y en su rostro se dibujó una sonrisa, y mirando a Lavender dijo mucho mas calmada – No lo recordaba tan guapo… Realmente es muy guapo…
Ginny abrió súbitamente la puerta del aseo, haciendo que las dos muchachas se sobresaltaran.
- ¿Te encuentras bien Hermione?
- No Ginny… no estoy bien… ¡Se casó! ¿Por qué? – preguntó con los ojos llorosos.
- Porque se cansó de esperar noticias tuyas, nunca entendió porque dejaste de escribirle.
Lavender abrió mucho los ojos sorprendida, ahora comenzaba a entender algo de todo lo que estaba sucediendo. Hermione bajó la vista al suelo, en realidad ella tampoco supo nunca porque dejó de hacerlo. Al principio lo achacó al hecho de estar ocupada con sus estudios y ya las cartas dejaron de ser tan constantes. Luego fue a la universidad, conoció gente nueva y se hizo novia de un joven búlgaro y pensando que no volvería a ver a Ron, dejó de escribirle para intentar olvidarlo. Hoy había descubierto que no lo logró nunca.
- Cho es una buena chica - continuó Ginny - y lo ama. Pero lo más importante de todo es que lo hace feliz, hacia muchos años que no veía a mi hermano sonreír y ella lo consiguió. Aléjate de él Hermione, ya sufrió bastante y ahora por fin se olvidó de ti.
- Pero yo aun lo amo…
- ¡Ese es tu problema! – la interrumpió Ginny bruscamente alzando la voz – Escúchame bien, en un pasado tú y yo fuimos amigas, pero he visto llorar a Ron mucho por tu culpa y quiero, es mas te exijo, que no te acerques a él si no se trata de trabajo. No vuelvas a destruir su vida ahora que es feliz.
Lavender seguía perpleja… Aquella era la mejor escena que sus ojos habían presenciado nunca y estaba expectante ante la discusión de las dos mujeres.
- Yo no soy de las que van por ahí robando los maridos a otras. Si piensas eso te equivocas conmigo Ginny… - sentenció Hermione muy ofendida.
- No quise dar a entender eso, solo quería avisarte que respetes la dicha de Ron.
Y diciendo esto salió de la misma forma que entró, dando un sonoro portazo tras ella.
Hermione se quedó con la vista fija en la puerta por la que había desaparecido Ginny. La pelirroja había sido su mejor amiga, pero ahora estaba muy resentida con ella. Ron debía haber sufrido mucho para que su hermana la tratase de esa forma. Cerró los ojos y deseó no haber aceptado aquel puesto, pero ya era demasiado tarde. Estaba allí y no iba a huir, no era una cobarde.
- Hermione… Deberías salir de aquí. Dentro de poco tendrás que dar tu discurso – dijo Lavender bajando la voz para no sobresaltarla.
- ¿Discurso?... ¿Qué discurso? – preguntó la joven contrariada - Todos los nuevos ejecutivos pronuncian un discurso a su equipo.
- Pero yo no puedo hacerlo… ¿Acaso no ves mi horrible aspecto?
En realidad era más que horrible, las ojeras eran cada vez más negras y grandes y ningún bucle castaño estaba en su lugar y el vestido… hacia mucho que había dejado de ser azul y definir un color en ese momento era una odisea.
- Lo del vestido no tiene arreglo – dijo Lavender resignada – pero el peinado y el maquillaje podemos solucionarlo.
La fiesta continuaba afuera ajena a los problemas sentimentales de la nueva jefa de redacción del Profeta y de los desesperados intentos de su secretaria por hacer que dejase de parecer un adefesio.
Ron hacia algún tiempo que parecía no estar en esa fiesta, la música se escuchaba lejos, las voces solo eran murmullos… No podía creer lo que había ocurrido… Aun tenia el corazón latiéndole a mil por hora y su bebida había dejado de estar fría y él no había tomado un solo sorbo. Sonreía mecánicamente, asintiendo de vez en cuando a lo que su esposa le decía para hacerle creer que la estaba escuchando, pero nada mas lejos de la realidad. La verdad era que ver a Hermione después de tanto tiempo lo había dejado absolutamente aturdido.
- Ron – dijo Cho intentando llamar su atención, pero al ver que éste no contestaba insistió – Ron cariño, está sonando nuestra canción, anda se bueno e invítame a bailar.
Ron movió la cabeza hacia su mujer como un autómata y lo único que alcanzo a oír fue… 'Invítame a bailar', le sonrío, soltó su bebida y cogiéndola por la cintura caminaron hacia la improvisada pista de baile.
Hermione salió del aseo junto a Lavender, y era justo decir, que la rubia había realizado un buen trabajo con el aspecto de su jefa. La castaña se sacudía el vestido y caminaba sin mirar al frente, así que puestos a seguir con su buena racha, tropezó sin remedio con Draco y éste volcó su copa sobre ella, volviendo a manchar su ya malogrado vestido.
- ¡Oh cielos! Lo lamento Hermione – se disculpó el muchacho apurado.
Lavender se echó las manos a la cabeza y Hermione suspiró resignada, definitivamente la noche no estaba dispuesta a mejorar.
- No te preocupes Draco… mi vestido insiste en beber hoy mas que yo.
La rubia río ante el comentario de su jefa y alejándose de ella fue a reunirse junto al grupo donde estaba Neville.
- Es una lástima que esa canción ya haya comenzado, tenia ganas de invitarte a bailar, pero esperaré a la siguiente – dijo el muchacho dedicándole una seductora sonrisa.
Hermione miró hacia la pista de baile, realmente lo que menos le apetecía en ese momento era seguir exhibiéndose, así que abrió la boca para rechazar la invitación de Draco, cuando sus traidores ojos divisaron a los recién casados que bailaban animadamente. Hermione se giró hacia el rubio con los ojos ardiendo de celos y dijo atropelladamente.
- ¿Porque esperar a la siguiente?... Adoro esta canción.
Y sin dar tiempo a Draco para reaccionar, tiro de él y lo arrastró al centro de la pista. El rubio estaba encantado con el arrebato de la muchacha, e ingenuamente pensó que ya la tenía en el bote. Hermione estiraba el cuello para que Ron no se escapase de su vista y cada vez que el pelirrojo abrazaba o hacia alguna carantoña a su esposa, sentía como estallaba una tormenta en su interior. Solo por un momento los ojos de Ron y Hermione se encontraron, pero el joven se apresuró a apartar su vista de ella y centrarse de nuevo en su esposa, camuflándose entre el resto de bailarines. La canción terminó y Hermione había perdido de vista a Ron, así que se concentró en su pareja de baile y decidió divertirse un poco lo que quedaba de noche.
Cho y Ron se acercaron al lugar donde estaba su hermana, que en ese momento se encontraba sola. La esposa del pelirrojo comenzó a narrar su viaje de luna de miel a su cuñada, pero ésta estaba más interesada en observar a su hermano. Ron tomó de nuevo otra copa de la bandeja del camarero y se quedó mirando el borde de ésta absorto. De vez en cuando se volteaba hacia la pista de baile instintivamente y seguía con la vista a la chica del vaporoso vestido azul, suspiraba y regresaba a la tierra, donde su esposa continuaba hablando sin cesar. Ginny comenzaba a preocuparse por él y sonreía a su cuñada asintiendo de vez en cuando para hacerle ver que la escuchaba, aunque no era así. Harry apareció de pronto.
- Cho, menos mal que habéis dejado de bailar, acompáñame… Hay una persona que se ha quedado fascinado cuando le he contado a que te dedicas y está interesado en conocerte – dijo nervioso tomando del brazo a su cuñada – Te la robo un instante Ron…
Y diciendo esto desaparecieron veloces, Ginny vio entonces el cielo abierto para poder hablar a solas con su hermano.
- Ron… ¿Estás bien?
- Sí, claro… - contesto él algo sobresaltado, dejando de mirar el borde de la copa.
- Eres mi hermano, te conozco y se cuando me mientes.
Ron miró de nuevo a Hermione y suspiró girándose hacia su hermana.
- ¿Por qué aparece justo ahora, Ginny? Cuando comienzo una nueva vida, intentando alejarme de todo lo anterior.
- Ron… no dejes que la llegada de Hermione te afecte, ya lo habías superado…
- ¿Eso crees? – preguntó el pelirrojo alzando una ceja.
- Eso espero… Mira hacia allí – dijo la joven señalando a su cuñada – Cho te ama, no lo olvides y ella nunca te ha hecho sufrir.
Ron contempló a su mujer y sonrío. Cho era hermosa e inteligente y siempre mantenía la cabeza en su sitio, era lo menos parecido a Hermione y eso fue lo que lo impulso a intentar rehacer la vida a su lado.
- Tienes razón hermanita, yo… me alteré al verla, la he soñado tantas veces que tenerla tan cerca me ha desequilibrado un poco, eso es todo. Yo amo a Cho, no te preocupes – añadió con decisión.
Ginny sonrío satisfecha y le dio un beso en la mejilla. Ron volvió a mirar a su esposa, pero ésta ya no estaba junto a Harry, que seguía charlando en el mismo lugar.
Hermione aprovechó que Draco saludaba a unos amigos para escabullirse sin que él lo notase. Se acercó a la barra y agitó la mano para captar la atención del barman.
- Un whiskey doble, por favor y sin hielo – dijo ante la sorpresa del joven.
Mientras esperaba vio como Pansy llegaba junto a ella para pedir algo de beber y como ésta se quedaba mirándola asombrada.
- Si te has propuesto llamar la atención, lo estás consiguiendo.
Hermione observó su vestido y entendió a que venia el comentario de la joven.
- No ha sido una buena noche para él – dijo la castaña riendo.
Pansy sonrío, suspiró y apartando la vista del vaporoso vestido, añadió.
- No te fíes de Draco, nunca va en serio.
- Lo sé, ya me lo habían advertido. De todas formas no es mi tipo.
- Draco es el tipo de todas – dijo Pansy esbozando una sonrisa de incredulidad – Pero si de verdad te atrae, nunca te hagas su amiga… Es entonces cuando pierde todo interés por una mujer.
Hermione levantó una ceja y la miró expectante… ¿Qué había querido insinuar?, pero sus dudas se disiparon muy pronto.
- Yo fui tan idiota de hacerme su amiga, así que mis posibilidades de algo mas con Draco son nulas.
Pansy le guiñó un ojo y se marchó con su bebida hacia un grupo que reía sin parar. Hermione sonrío al comprender que la morena estaba loca por su rubio y encantador compañero. Se giró, cogió la copa y dijo mostrándosela al vestido.
- Esta es mía, no creas que te las vas a llevar todas.
Aun le quedaba algo de sentido del humor, tomó un sorbo de su bebida y recorrió con los ojos el salón de la fiesta… Necesitaba un poco de soledad y allí había demasiada gente alborotando, aquello la tenia muy mareada. Habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo y necesitaba disfrutar de su copa en algún sitio que le permitiera sentirse mas relajada.
Las oficinas del Profeta incluido la redacción y el salón de actos donde se celebraba la animada reunión, se disponían de forma circular alrededor de un pequeño, pero coqueto jardín que poseía una fuente en el centro, con divertidos chorros de agua haciendo dibujos en el aire. En torno a la fuente había una hilera de bancos de madera que estaban desprovistos de respaldo. Todas las puertas de las diferentes estancias daban a ese jardín y eso hacia que el ambiente de trabajo fuese muy agradable.
Hermione se asomó y pudo ver que nadie se encontraba en el jardín y como ella sentía una atracción especial por ese tipo de zonas, decidió que sin duda aquel era el mejor lugar para encontrar un poco de paz. No solía beber, pero cuando estaba demasiado tensa, siempre acostumbraba a pedirse algo fuerte… Se decidió por fin a salir al jardín y se sentó en uno de los bancos cercano a la hermosa fuente. Las frías gotas de agua que salpicaban de los traviesos chorros, caían sobre su piel produciéndole una agradable sensación de frescor. Sobre su cabeza, una impresionante cúpula de cristal dejaba ver el cielo estrellado de Londres. Hermione se hundió de nuevo en sus recuerdos…
"- ¿Has pensado alguna vez la cantidad de estrellas que brillan sobre nosotros?... Debe haber millones… ¡Que digo… billones de ellas!...
Hermione y Ron estaban recostados sobre el césped de la casa de ella y miraban la noche estrellada. Ron adoraba esos brillantes astros y en ocasiones le gustaba hablar sobre ellos.
-… Lo mejor es que incluso puedes comprarlas – continuó el pelirrojo fascinado – cuando tenga dinero te compraré una y le pondré tu nombre.
- ¡Oh Ron!... A veces eres tan… Pero adoro que seas así – exclamó ella mientras lo miraba embobada.
Ron no apartaba la vista del cielo y Hermione no lo hacia de él.
- Cuando tenga dieciocho años iré a buscarte – dijo él cambiando de tema.
- ¿De verdad lo harás?
- Sí, por supuesto que lo haré y para ese día solo faltan cuatro años… y estos pasaran volando… Mientras te escribiré todos los días…
- ¡Todos los días! – exclamó ella riendo - ¿Y que me contarás si lo haces a diario?
- Ya se me ocurrirá algo… Y si no tengo nada nuevo que contarte, lo haré solo para decirte que te amo – concluyó el pelirrojo mirando a la joven con sus serenos ojos azules.
Hermione lo contempló con dulzura, Ron era a todas luces mucho mas romántico que ella y en ocasiones incluso le parecía demasiado azucarado… pero lo amaba, sobre todo por eso.
- Yo también te escribiré a diario y no dejaré de hacerlo nunca.
- Eso espero, porque si alguna vez dejo de recibir noticias tuyas, pensaré que ya no me amas y ese día me habrás roto el corazón para siempre – le dijo clavándole la mirada.
- Pero ese día nunca llegara – vaticinó ella sonriéndole.
Ron se incorporó y acercándose despacio la beso, mientras las estrellas seguían brillando, testigos de una promesa que jamás se cumpliría."
La entrada al jardín de alguien la sobresaltó, se giró para ver quien se había atrevido a interrumpir sus dulces recuerdos y se quedó de piedra al ver que se trataba de Ron.
- Disculpa… No sabía que tú… - el joven se explicaba apurado – Buscaba a mi esposa.
Hermione sintió como si una lanza envenenada le atravesase de golpe el corazón, al escucharlo decir 'Mi esposa…' e intentando mantener una inexistente calma dijo.
- Como puedes ver aquí solo estoy yo.
Ron la inspeccionó de arriba abajo y sin decir nada mas, se giró para marcharse de nuevo.
- ¡Ron! – lo llamó inconscientemente.
El pelirrojo se volteó y la miró con impaciencia, Hermione tragó saliva y añadió.
- Sé que ésta situación es… incómoda, tanto para ti como para mí. Pero estamos aquí para trabajar, por ello debemos intentar dejar a un lado nuestras desavenencias personales y centrarnos únicamente en mantener una relación laboral. A fin de cuentas, yo no estaré mucho tiempo en Londres y pronto me perderás de vista de nuevo.
Ron la seguía observando penetrándola con su mirada azul y con una calma que a la joven le puso el vello en pie, dijo.
- Estoy de acuerdo, nuestra relación será estrictamente profesional.
Hermione asintió sonriéndole, pero Ron no le devolvió la sonrisa y se giró de nuevo para marcharse.
- ¡Ron! – ahora sí lo llamó conciente de que lo hacia.
El muchacho se detuvo, pero esta vez se abstuvo de girarse y se dispuso a escucharla dándole la espalda.
- Siento haber dejado de escribirte… Ni te imaginas cuanto lo lamento.
Ron cerró los ojos, apretó los labios con rabia y suspiró, luego comenzó a caminar y desapareció por la misma puerta por la que había salido al jardín unos segundos antes, esquivando a Lavender que llegaba justo en ese momento.
- ¡Ah por fin!... Estas aquí – exclamó la rubia – Harry te esta buscando, debes dar tu discurso ahora.
Por supuesto que el monólogo de Hermione fue un desastre, como toda la noche y cuando llegó a casa, pensó que quizás en el infierno lo habría pasado mucho mejor. Se descalzó de aquellos horribles zapatos que se habían ensañado con sus pies. Se despojó de su vestido azul, y dirigiéndose al cubo de la basura, lo lanzó dentro mirándolo con resentimiento. Y apenas sin fuerzas, sin ánimos y pensando solo en unos ojos azules, se tumbó bocabajo en la cama, para intentar dormir un poco y olvidarse para siempre de aquella horrible noche.
Nota del autor: Bueno espero que comprendais porque Ron se siente tan defraudado de Hermione, él depositó muchas esperanzas en lo que ella sentia por él y cuando dejo de escribirle sintio que se le partia el corazon... bueno quizas no ha podido perdonarle que rompiera su promesa... y ahora ella ha vuelto y el ya no puede dar marcha atras porque esta casado...
Espero que aunque el capi es un poco triste os haya gustado... un beso y gracias por estar ahi...
