¡Acepten mi humilde ofrenda!

El infierno entre tus manos


Capítulo 3

Primer Título ─

o


o

"Cuando un Ángel llama a un Demonio"

Se dice que, a lo largo de la existencia humana, hay llamados tan intensos y desesperados que siempre estarán buscando a quien se le ha enviado, por ello, algunos mensajes pueden perderse en el tiempo y otros llegan demasiado tarde…

Cuando Ochako despertó por la madruga, se sobresaltó al ver que Izuku ya estaba en casa, durmiendo tan pacíficamente a su lado. Observó con vergüenza que estaba arropada con una pijama gruesa de color rosa en dos piezas que acostumbraba vestir y después de unos minutos en la oscuridad de su habitación fue consciente de que su esposo tuvo que haberla desvestido para encontrarse de ese modo.

Él la había tocado.

Con las mejillas sonrojadas y una sonrisa nerviosa se acercó hasta besar de manera fugaz los labios que permanecían serios en el rostro del joven y colocó su frente entre su pecho, escuchando el respirar profundo y tranquilo que de él emanaba, entonces, a pesar de la tranquilidad y alegría que le traía la sensación de volver a estar cerca de Izuku, recordó con pesar el aroma del joven rubio que la había llevado hasta la puerta de ese pequeño departamento y aquello le hizo presión sobre su estómago. Apretó los ojos con fuerza, como si aquella memoria le trajera un desagrado insufrible y se acomodó más entre el cuerpo de su marido.

No sabía si el impacto que los ojos carmesí habían dejado en ella era algún tipo de maldición, pero estaba segura que él tenía una presencia de manera negativa.

Katsuki no era un hombre que ella deseara conocer y, esperaba por alguna divinidad de los cielos, que no volviera a tener que contactar con él en ninguna otra ocasión por lo que le restara de vida.

Pero para su desgracia, ese deseo no iba a ser concedido jamás por ese demonio, por el contrario, éste se complacería por entregarle el infierno mismo.

Todos esos pensamientos en madrugada de parte de ella terminarían por llegar finalmente a su destinatario, al rubio que de igual manera llevaba horas sin dejar de pensarla desde que la dejó a manos de su compañero.

Un demonio deseando a un ángel ajeno…

Fue así como éste era el último inconsciente llamado de ella hacia quien se volvería su perdición y un destino que aún no estaba escrito en el tiempo.


La monotonía había continuado en la vida de Katsuki desde esa noche que dejó a la mujer de su compañero de trabajo en la puerta de su hogar después de haberse atrevido a llevarla en su propio automóvil. Se había sentido como un imbécil todos esos días que continuó con constantes molestias en su zona baja y su mal carácter se manifestaba en todo momento.

Ya ni siquiera tenía idea de cuándo fue la última vez que tuvo buen sexo con alguien, incluso se permitió creer que éste había llegado al punto tan extremo de hartarlo y empezar, extrañamente, a detestarlo.

El claro cielo de esa mañana con la temperatura agradable lo reconfortó un poco más en su oficina, mientras probaba de su taza de café expreso de cosecha importada italiana que tanto le agradaba. Era viernes y las últimas horas de la semana estaban por concluir.

Aunque él solía asistir parte de los sábados e incluso los domingos para avanzar los proyectos de la empresa, especialmente esa semana no tenía muchos ánimos para permanecer más tiempo encerrado, sin mencionar que la llegada repentina de Izuku apenas esos días habían mejorado a gran escala varios de los problemas frecuentes en el lugar de trabajo.

Ya era bastante con la presente molestia de tener que ignorar sus instintos carnales por una mujer que estaba casada y enamorada de quien consideraba ´el bastardo de su compañero de trabajo´ como para también lidiar con la rabia de observar como con la sonrisa estúpida en el rostro Izuku estaba quitándole demasiado crédito en el trabajo en tan poco tiempo.

Para serse sincero no creía que llegaría el día en que tuviera que ver con sus propios ojos a alguien que le igualara en cuanto a competencias laborales. Él era consciente de sus propios talentos y habilidades para resolver problemas y asuntos aunque no fueran parte de sus responsabilidades y eso lo enaltecía mayormente ante sus jefes y todo aquel que lo observara.

Katsuki Bakugou no era un hombre que pudiera pasar desapercibido.

Bajo ningún concepto o situación. Y para coronar más su ego se encontraba su atractivo físico, que si bien, no llegaba a ser reconocido como un sex symbol de actualidad, no quería decir que no fuera ubicado. Triunfaba en todo lo que se proponía, desde sus metas por alcanzar el éxito en su impecable trabajo, como en su reputación para dejar en claro quién era él.

Sin embargo, a veces esto se veía un tanto afectado por su explosiva personalidad, y si bien, era imponente ante las miradas atentas a él, también le eran temerosas las personas que se le acercaban.

¡Vaya mierda!

Sin querer se había sumergido profundamente en sus pensamientos, desconoció por completo aquella actitud en él. No había realizados planes para salir a acostarse con alguien pese a no necesitarlos, y tampoco estaba logrando concentrarse en el trabajo. El murmullo fuera de esas puertas de cristal incrementaban su deseo por querer explotar el lugar, pero cuando Izuku intervino en el lugar, no pudo hacer nada más que callar.

Katsuki había tratado de evitarlo toda la semana.

─Habla rápido y más vale que sea algo importante, bastardo –soltó antes de que el joven Midoriya intentara amenizar el ambiente.

─Apenas he podido cruzar palabra contigo en la primera semana, ¿pasa algo malo con el desarrollo del diseño? –cuestionó tratando de sonar convincente ante esos ojos intensos que lo ignoraban.

─¿Qué mierda podría ir mal? –Katsuki lo evadió con otra pregunta.

─Ambos hemos tenido trabajo por separado, pero me gustaría que trabajáramos juntos a partir de la semana siguiente. Si no tienes inconveniente –con todo el respeto que le era posible y cuidando cada detalle en sus palabras, el peliverde trataba de proponer su idea.

Katsuki pareció relajarse y volteó a mirar a su compañero. Lo había estado observando todos esos días. Seguía sus pasos con precisión de principio a fin. Conocía que llegaba puntualmente diez minutos antes de marcar la entrada a la empresa, igualmente, a la hora de almuerzo se quedaba trabajando en diseño libre garabateando sobre una servilleta con diseños muy coloridos; una que seguramente solo podría provenir de la preocupación al detalle de su esposa.

¡Esa mujer!

─A partir del lunes a primera hora –habló finalmente cuando notó que no podría quitarle esa insistencia de querer compartir el tiempo trabajando en una misma habitación.

No iba a esperar a que aquel joven le siguiera arrebatando más méritos de los que continuaba obteniendo. Ya no se lo iba a permitir.

Izuku no quiso hacer mención de otra palabra más y con una reverencia sutil inclinando la cabeza se retiraba con una sonrisa. Ya faltaban pocas horas para terminar el turno y esos meses no se encontraban haciendo reportes e informes detallados sobre los progresos de las nuevas mercancías desarrolladas.

Antes de salir, Midoriya volteó hacia él, para volver a dirigirse, sosteniendo con su mano derecha el tirador de la puerta impecablemente transparente.

Katsuki no se inmutó y continuó con la mirada sobre unos papeles que veía con desinterés.

─Mañana… -habló volviendo a interrumpir el espacio silencioso ─Parece que han planeado un evento pequeño entre los de la empresa. No es obligatoria la asistencia, pero me gustaría que pudieras reunirte con nosotros.

Por unos momentos Katsuki no lo volteó a ver, incluso se tomó la libertad de cambiar los papeles que estaban sobre su ordenado escritorio negro.

─Nunca voy a esas estúpidas reuniones –se negó.

─A las ocho treinta, en el centro del Yuuei. Es el nuevo bar que se ubica cerca del centro comercial, bien, no sé si es un bar por completo, parece ser que es una versión híbrida entre bar y una discoteca, pero si quieres ir…

─Que no iré, deja ya de joderme con eso. Suficiente es que tenga que trabajar contigo a primera hora de la semana como para también tener que verte a ti y los demás bastardos en otro lugar cuando tengo unas escasas horas de descanso.

─Puedes llevar un acompañante también. Si es que realmente pudieras tener a alguien –lo retó.

Dentro de Katsuki la palabra "contención" ya no se encontraba resguardada.

─¿Por qué putas no podría yo llevar a alguien para que me acompañe a su estúpida reunión?

─Nunca dije que no pudieras llevar a alguien.

─Simplemente tengo mejores cosas que hacer –bufó.

─¿Cómo qué más podrías hacer? No hay trabajo pendiente, por ello me he dedicado a solventar lo demás en estos tres últimos días en la oficina.

─Eso no te importa Izuku.

Finalmente ese carmín vivo en los ojos de Katsuki estaban sobre la figura de su compañero. La rabia ardía sobre él.

─Llega a las nueve treinta y podrás agradecerme por lo del trabajo de esta semana.

─Yo no tengo nada porqué agradecerte. No te hagas el importante conmigo.

Para cuando Katsuki terminó su frase el peliverde ya se encontraba cerrando la puerta de esa oficina. Ahora todo dentro del rubio y esas paredes era una furia completa para quien se atreviera a intervenir ahí. ¿Por qué justamente él se creía con la autoridad para hablarle y dirigirse de esa manera hacia él de nuevo? ¿Se había vuelto un completo imbécil?

─¡Ah! ¡Mierda! –soltó mientras sus puños golpeaban la elegante superficie del escritorio, causando que la taza de café cayera al suelo y el contenido oscuro manchara el pulcro suelo de baldosa.

"Ya lo veras maldito nerd, si piensas llevar a esa estúpida mujer de cara redonda yo puedo superarte también en eso" –se atrevió a pensar mientras se levantaba de la silla donde reposaba.

Dejó que las horas restantes del trabajo terminaran por consumir todo el agobio que estaba recibiendo esa última semana y se concentró a terminar un papeleo que llevaba entre sus manos por al menos unas dos horas.

Se iba a demostrar que no iba a actuar ante las provocaciones ridículas de su compañero y, que si bien, tampoco iba a asistir a la reunión, la idea tentadora de que podría volver a encontrarse con esa mujer lo hizo reaccionar de nuevo.

¿Y si desquitaba todas esas palabras que aquel bastardo había soltado refiriéndose a él con esa mujer? La sola propuesta le hizo poner una sonrisa de satisfacción y con un impulso motivado terminaba su turno laboral por esa semana.

Salió con unos pasos lentos pero con marcada seguridad, recorriendo parte de la empresa para llegar al estacionamiento, durante el trayecto no imaginaba que la mayoría de los empleados se encontraran murmurando y comentando acerca de la estúpida reunión de la que Midoriya le había hablado exigiéndole que se presentara. Ya fuera entre conversaciones casuales, algunas más animadas y otras un tanto inaudibles, absolutamente todos se encontraban enterados de ello y más que dispuestos por asistir.

Con cada palabra frase que llevara en su composición las palabras "fiesta" y "Midoriya" un fuego dentro de él estaba incrementándose y el ardor dentro de él estaba por hacerlo explotar.

Iba concentrándose en sólo salir del lugar y poder recargarse sobre el asiento de piel de su automóvil, encerrándose de toda aquella mierda que cada vez lo acosaba con mayor insistencia, fue entonces que Eijiro lo observó desde encima de unos cubículos que estaban frente a él y donde se encontraba conversando muy entusiasta acerca del gran evento que se había organizado para el día de mañana. Se excusó con los compañeros que estaban sentados sobre las sillas monótonas de oficina y se apresuró por alcanzar a su amigo que portaba esa cabellera rebelde.

─¡Hey! ¿Por qué hoy estás por irte temprano? –preguntó acercándose directamente hasta él y colocándole el antebrazo derecho sobre su hombro.

Katsuki le lanzó la mirada carmesí y dejó mostrar en su rostro toda la molestia que estaba manteniendo dentro. Al notarlo, Eijiro acercó su rostro unos centímetros más a él para tratar de deducir con su pésimo instinto lo que pudiera estar ocurriendo con él, pero no pudo mencionar nada. Esta vez Katsuki no parecía tener el mismo humor pésimo y cansado de cualquier persona que lo rodeaba, de hecho era como si algo muy ajeno a él estuviera golpeándolo directamente.

Y en efecto, sólo algo ajeno a él podría ponerlo en ese estado.

El rubio no dijo una sola palabra, pero sí indicó con la mirada a que lo acompañara a seguir su camino fuera de las oficinas, las voces llenas de murmullos y cualquier presencia humana que no fuera la del pelirrojo.

Una brisa comenzó a mover las cabelleras de los dos hombres que estaban en silencio fuera del majestuoso edificio U.A y Katsuki llevó su mano izquierda a posarse de forma desinteresada sobre su cuello, ladeando un poco su rostro antes de hablar. La seriedad que mostró Eijiro ante aquello despertó su curiosidad y cierta preocupación.

─¿Qué carajos significa eso de una maldita fiesta para el bastardo de Izuku? –soltó finalmente su cuestionamiento que lo estaba atormentado en el edificio.

Eijiro se vio algo consolado de saber que sólo era eso lo que estaba volviendo a su amigo más molesto e insoportable de lo acostumbrado.

─¡Vaya! Así que sólo se trataba de la fiesta –respondió colocándose en una postura más relajada ─La mayoría del personal está encantado con el nuevo Jefe del área de diseño, al punto que han decidido organizarle un festejo por su bienvenida. Algunos piensan llevarle obsequios costosos para ser recomendados por él. A pesar de ser joven tiene mucho talento… en todo sentido –lo último lo dijo como en un suspiro incómodo.

La mandíbula de Katsuki hizo presión y un ceño de fastidio lo acompañó.

Se sentía completamente harto de todos los comentarios que llevaba escuchando afuera de su oficina haciendo referencia hacia el peliverde. Todos agregando más de lo necesario; que sí tenía un mejor trato con los demás, que si facilitaba las jornadas laborales, que si aportaba más al trabajo en equipo, resolvía problemas de manera más práctica, y otros tantos más. Igualmente todos ellos podían irse a la mierda.

Tampoco era que él no pudiera ayudar con las demás áreas, pero no le gustaba tratar directamente con personas a su cargo, y la noticia de un nuevo compañero de trabajo pasaba a joderle los planes. Se pensó en ese momento si necesitaba ese trabajo, pues se consideraba lo suficientemente brillante y capaz para desarrollarse sin problemas en otro lugar, incluso recibir un mejor sueldo debido a la experiencia y talento acumulado en esos años, sin embargo no dejó el puesto, también tenía en mente enfrentar nuevos retos que lo hicieran salir de su zona de confort.

Se permitió experimentar pidiendo un fuerte aumento a su sueldo antes de recibir a su compañero, dando sus puntos innecesarios de vista hacia su superior. El director general All Might, una leyenda viviente en el mundo de sofisticadas armas y dispositivos de proyectiles. Éste no le fue en absoluto negado por el hombre, quien, en su lugar, le ofreció un cero más a cada cantidad que le era depositada en su tarjeta con puntualidad. Le dedicó una de sus enormes sonrisas y pidió, estrechándole la mano, que estaba ansioso por observar el resultado del trabajo de ambos jóvenes.

A partir de ese momento Katsuki no tuvo más opción que permanecer en la empresa, ahora con una cantidad inesperada de dinero que, a decir verdad, no necesitaba. Derrotado por el imponente hombre al que tanto admiraba por su capacidad y espíritu inquebrantable ante mantener una trayectoria repleta de triunfos en la industria de diseño y fabricación de armas con una empresa que se ha posicionado casi como un monopolio indestructible.

─¿Irás? –se forzó a confirmar la afirmación de su amigo.

─Así es. No tengo motivos para faltar, además también se decidieron en ir algunas de las mujeres más lindas de la empresa. No quiero perdérmelo. ¿Tú no piensas llegar? –soltó ahora una pregunta Eijiro con derecho a recibir también una respuesta.

─¿Y yo a qué me presentaría?

─¿Qué parte de "mujeres" y "lindas" no me entendiste? –con sarcasmo en sus palabras trataba de relajar a su amigo.

Katsuki se lo pensó un momento, el bastardo de Izuku le había asegurado retándolo a que no iba a poder llevar a alguien más que lo acompañara y fuera ajeno a la empresa. Tenía que demostrarle lo contrario. Se había estado sintiendo muy oprimido por él los últimos días de la puta semana.

─Entendí todo Eijiro, pero no pienso follarme a alguien de la empresa.

Las palabras salidas de su joven amigo rubio lo sorprendieron. ¿Cómo Bakugou Katsuki no podía estar pensando en sexo hablando sobre mujeres?

─¡Oh. ya veo! y dime… ¿De quién se trata esta vez? –habló el pelirrojo dándole un empujón con su mano en forma de puño ─Tiene meses que no te veo tan entusiasmado por una mujer –la sonrisa en el rostro de su amigo se iba acrecentando.

─No digas estupideces Eijiro. No hay ni habrá nadie en particular –sentenció sacando de su bolsillo derecho del pantalón formal una llave con pequeños patrones circulares de color verde menta.

Volvió a hacer una mueca de apatía al notarlo y continuó a abrir la puerta de su deportivo.

─Si me da la gana ir, llegaré tarde. Tengo unas cosas que hacer antes de ir a soportar toda la mierda de ahí.

Antes de entrar al vehículo se demoró en dar un rápido vistazo a la entrada de la empresa y pudo visualizar cómo Izuku estaba siendo acompañado por un grupo de obreros que Katsuki tanto menospreciaba. Parecían muy sonrientes al dirigirse hacia el peliverde cuidando el respeto pero manteniendo una armonía de compañerismo. Esto terminó por revolverte el estómago y con un despido fugaz para Eijiro encendió su auto y pisó el acelerador para comenzar a alejarse.

Cuando Katsuki se encontraba al volante pasando por la autopista, se tomó el tiempo para tomar un desvío y recorrer algunas de las calles en penumbra por la falta de la iluminación solar. Unos faros a la lejanía ya estaban encendiéndose para pasar la noche ahuyentando la oscuridad que abarcaría a Yuuei. No se dio cuenta cuando sus maniobras lo llevaron hasta recorrer a una dirección que ya se le estaba volviendo familiar. Una fachada simple de color blanco fue fácilmente visualizada por él y detuvo con violencia el movimiento del automóvil.

Se encontraba a unos escasos cincuenta metros del lugar donde se había estacionado hacía tres noches atrás y una mujer, que seguí deseando, bajó de su coche sin ser tocada por él.

Dejó pasar unos minutos en completa calma y sólo contemplaba la puerta que estaba justo en su presencia, dejando de lado los sueños que trataba de ignorar por las madrugadas donde poseía a la mujer de Izuku Midoriya.

La sangre volvía a calentársele, de nuevo tenía la sensación que todo comenzaba a parecerle una molesta mierda. Su cuerpo estaba pidiéndole que tomara a esa mujer bajo cualquier medio. Se recostó soltando apenas un ligero suspiro, la ancha espalda golpeó la fina cubierta de piel con la que estaban forrados los asientos de su deportivo y dejó que sólo el sonido de suspendido del motor estuviera en su cabeza. Quizás ya llevaba bastante tiempo sin una buena noche de sexo, tal vez estaba pasando por una crisis, o acaso era que, ¿se estaba encaprichando por un par de piernas que le parecieron apetecibles?

Negó mentalmente cuando puso ambas palmas sobre el volante y sus ojos se encontraban perdidos sobre el tablero, viendo solo por encima de éste a través del parabrisas hacia la fachada que permanecía contemplando, eso solo hasta que la conocida voz de esa mujer llegó apenas hacia sus sentidos, causándole un sobresalto y que intentara poner el auto en marcha.

─¿Bakugou… san?

Hubo apenas unos segundos en los que Katsuki recobró su característica seguridad altanera y fijó sus orbes encendidas hacia la figura de ella.

─¿Se encuentra bien? ¿Ocurrió algo? –el rastro de preocupación que ella estaba dándole se le hizo repugnante.

.

.

.

.

Continuará…


N/A: Tengo que pausar aquí, siento las largas esperas por las actualizaciones, este capítulo ya estaba en Wattpad. Quiero que estén enterados que no dejaré la historia, pero si me tomará tiempo continuarla, estoy en semestres finales de mi carrera. Muchísimas gracias por el apoyo, siempre recibo sus comentarios con mucho agrado.

Nos leemos pronto.