3. El kyubi es desatado.

Biwako no puede dejar de sonreír. Ese instante, en que la madre y el padre ya han pasado por el nacimiento y ven a su hijo o hija por primera vez, es el momento más hermoso y gratificante de su profesión. Puede que se hubiera avocado a ese campo de la medicina para poder hacer algo, para sentir que no estaba totalmente impotente ante la muerte de su primer hijo. Sin embargo, lo que la hizo quedarse es lo que en ese momento presencia. Ella lo recuerda muy bien: en ese momento se puede sentir lo que realmente es el amor. Y Biwako sonríe, porque ha visto en la ojos de Kushina y su Minato, que no pueden dejar de mirar hacia su niña y llorar y reír; que ellos están sintiendo esa potente sensación.

Biwako se deja llevar por la emoción solo por un par de segundos. El parto no ha terminado realmente, pero les va a dar un poco más de tiempo a los padres mientras ella se aboca a diagnosticar…

Dolor. Dolor y extrañeza… Confusión.

Biwako cae medio recostada a la plataforma en que está Kushina. ¡Kami, cómo duele! ¡Cómo duele! Casi no puede respirar, sus piernas no le responden y ella está a punto de caer al suelo.

Siente que algo le ha atravesado bajo el pecho derecho, destrozándole músculos y costillar… ¡Como cuesta respirar! Qué dolor, qué dolor y debilidad… Se está resbalando y hay gritos de mujer y rumor de voces de hombres, por detrás del llanto de bebés.

Biwako recuerda que el dolor no lo es todo. Tiene que proteger a alguien, sanar a alguien. No solo a ella, el dolor no es solo de ella. Confundida, se desespera porque es importante que salve a… Y puede entender que lo más importante que oye es el llanto de bebé. Recuerda que es una niña y siente pánico. ¡Debe ser a Saya, tiene que proteger a Saya! Porque Saya es su niña, la niña más importante en todo el mundo, y ella debe proteger a una niña… Está segura de repente. ¡Tiene que actuar!

Es como si su conciencia volviera a ella después de haber dormido por días. El dolor aumenta, el olor a sangre no es solo de Kushina, y se da cuenta de que no solo tiene dolor, también frío y mucho cansancio. Está perdiendo sangre, sangre…

Pero también tiene chakra médico en sus manos y, mientras cae al suelo, se toca la herida bajo el pecho ¡COMO DUELE! Y se sana. Pero solo lo suficiente, porque tiene que salvar al amor de su Minato, y la bebé. Son sus pacientes, todavía debe… "¡No, no, no cierres los ojos, sigue respirando, vamos, vamos…!" No tiene suficiente chakra, y sabe de repente lo único que puede hacer. Es una ninja médico, debe cuidar a sus pacientes. Cierra lo más que puede las venas y las arterias, adormece lo mejor que puede la herida y se demanda a usar un brazo con chakra para acercarse más a Kushina. La otra mano, la acerca al muslo de la paciente. La llena de chakra médico lo mejor que puede. Siente tanta debilidad y frío, que solo quiere dormir; pero sabe que si están bajo ataque, ellas dos y Naruto son las personas más vulnerables.

Sabe que va a morir, y tal vez por eso no siente ninguna confusión. Se dice que puede que vaya a morir en vano, pero si lo hace, lo hará ayudando todo lo que pueda. Decide usar todo su chakra en la técnica que ella inventó. Hacer que el cuerpo, en este caso de la madre, use los componentes de la placenta y cordón umbilical como medicamentos e ingredientes para la rápida regeneración o generación física y de su chakra.

Con esa técnica, su mayor orgullo profesional, ha salvado a cientos de bebes y madres. Y con ella, hará lo posible para que Kushina pueda salvarse a sí misma, a los bebés y, de paso, a Minato.

Algo truena a un lado de ella, y un aire muy caliente, potente y lleno de pequeños pedazos de escombros la golpea. Biwako ya ha cerrado los ojos, ya ha dejado de sentir dolor. La muerte está en la oscuridad a su alrededor. Ya no siente nada, aunque sabe que cae. No tiene miedo. Solo se hace pensar en lo que siempre se dijo que haría cuando ese tiempo llegara: "Hiru-kun, Saya-chan, Asu-chan… Perdón, pero ahora debo ir con Kazukedo y…".

Biwako Sarutobi ha muerto.

-o-

Kushina está mirando hacia donde se ha dado la explosión. Luego se da cuenta de que los gritos que oye vienen de sí misma. ¿Quién más estaría llamando a "Nato-kun" si no es ella…? Cualquier cosa es mejor que el silencio, el silencio que dice que sus niños no lloran porque ya no están ahí.

Y eso es lo peor de todo. Peor que el dolor y esa sensación de que un insondable terror y maldad quiere partirla en dos para salir libre desde su estómago. Aunque sabe que está a punto de morir por el escape del Kyubi, eso no es lo que más la aterra. El no saber si las personas que más ama están vivas tampoco lo es. Lo peor es esa sensación de sentirse tan débil, dolorida y temerosa como para poder hacer algo. Humillada, no logra hacer nada más que gritar a por su esposo e hijos. Está paralizada de miedo ante el silencio, la ausencia de sus bebes después de que una bomba ha detonado…

La pelirroja no puede ni comprender lo que ha pasado. Todo fue muy rápido. En un momento, Minato y ella estaban mirando a la bebé. Sus frentes tocándose, sus mejillas con rastros de lágrimas de felicidad, ambos maravillados. Bebé-chan es más pequeña que Naruto, totalmente calva, más calmada, pero también tiene vigotitos, aunque de color rojizo. Kushina estaba pensando que iba a pedir que trajeran a su primogénito, para que los dos volvieran a estar juntos. Pobrecitos. Se deben sentir solos sin el otro y…

Un gritito y una presión de terror la hicieron mirar hacia el frente. Ahí vio como una mano sobresalía, llena de sangre, a un lado y debajo del pecho de Biwako-san.

Todo lo demás le es más complicado. El solo ver que el tipo de la máscara, que ha matado a Biwako, tiene a Naruto en el otro brazo la hace sentir terror. Tiene que mandarse a soltar un poco el abrazo que le está dando a la niña, la ha apretado más de los debido en su intento de protegerla.

Está segura de que alguien habló, de que dos voces intercambiaron palabras. Pero Kushina no oye. Está quieta, sin respirar, mirando hacia el espacio que el cuerpo de Biwako había llenado, antes de caer entre el suelo y la plataforma en que ella está.

Siente como Minato se levanta y mira hacia el tipo. No entiende cómo puede hacerlo y parecer tan calmo. Kushina no puede ni gritar. O no puede gritar al tipo porque, de un pronto a otro, esa sensación de terrible odio y desesperación se alzó dentro de su vientre. Literalmente. Kushina pudo sentir como su estómago se alzó y movió, casi tan dolorosamente como en una contracción. Peor aún, por la sensación tan repulsiva y horrorizante que emergía de ella. Gritó de miedo, dolor y, también, de determinación. Tenía que contener al kyubi. Minato se haría cargo de Naruto y bebé… ¡Kami! Bebé-chan había empezado a llorar con tanta desesperación… Y eso le dio toda la fuerza necesaria a Kushina para mantener la concentración. No va a dejar ir al kyubi.

Luego, se daría cuenta de que esa fuerza también había venido por la ayuda de Biwako-san, pero en ese momento estaba tan fuera de sí, que no se da cuenta de la mano de la mujer en su muslo, desde donde el chakra médico fortalecía su propio poder de sanar.

Pero Kushina sí se dio cuenta de que Taji había gritado, corrido hacia el hombre enmascarado… Y que Minato, de alguna manera, le había quitado a la bebé de sus manos y había desaparecido en un rayo amarillo.

¡La rabia y la desesperación emergen con tanta fuerza en Kushina! Pero, tal vez inconscientemente, logra poner bajo control al kyubi. La ira y odio del biju ya no intentan romperla en dos, se mantiene dentro de ella. La pelirroja intenta levantarse, pero no puede…

Oye a Taji gritar, hasta que deja de hacerlo. Luego, oye como un cuerpo cae. Sabe que la ninja médico ha muerto. Las gotas de sangre que manchan la manta de Naruto se lo dice. Y que su pequeño bebé volviera a gritar en llanto, con la toda la fuerza de sus pulmones, también. Kushina entiende febrilmente que solo queda ella para defenderlo.

―¡Suelta a mi hijo, tú bastardo! ―grita, intentando levantarse con ayuda de sus brazos.

El tipo de la máscara gira su rostro hacia ella y da un paso. Él no parece preocupado ante su ira. Kushina da un gruñido, y logra levantarse un poco. Pero pronto siente una mano en su hombro, y ve hacia arriba. Minato ha vuelto y le pide con su gesto que se relaje.

Aunque está furiosa con él por irse con la bebé y dejarla por unos segundos, Kushina no puede evitar serenarse. Solo un poco. La idea de que Minato se hará cargo de quitarle su hijo al tipo de la máscara la hace sentir que el mundo no se le está cayendo encima. Que solo debe centrarse en mantener dentro de sí al kyubi.

Y luego, el maldito enmascarado tira en el aire a Naruto. Kushina nunca ha sentido tanto terror e ira en su vida. Lo que sea que le esté dando fuerza se incrementa, lo siente en su vientre bajo. Un ente de energía crece desde ahí, invadiendo con fuerza y calor hacia todo punto necesitado de su cuerpo. Una energía benévola, fina y poco potente, pero que se siente duradera. Totalmente contraria al kyubi, que sigue intentando partirle el vientre con sus garras y salir de ella. Kushina está moviéndose de lado, cuando se da cuenta de que Minato ha salvado a Naruto, que lo tiene con él, acuclilado a una pared usando su chakra para mantenerse pegado a ésta. La Uzumaki está empezando a sonreír cuando se da la explosión.

Kushina está mirando hacia ese lugar. Luego se da cuenta de que los gritos que oye vienen de sí misma. La fuerza que había sentido en su vientre se va, y el kyubi vuelve a intentar desatarse dolorosamente. Pero Kushina no puede ni gritar. Mira hacia el hombre de la máscara, que también se centra en ella. Él camina traspasando las piedras y escombros, como un demonio aparecido desde el mismo infierno para destrozar todo lo que a ella le importa.

Kushina siente que puede lograr sentarse, pero no lo hace. Sabe que lo único que puede hacer es esperar a que él esté cerca, y atacar con toda su fuerza y rapidez. No tiene consigo ni una maldita kunai…

―Ni lo intentes Kushina-san. ―le dice el tipo. Algo en su voz le parece conocida. La pelirroja gruñe del dolor y la rabia―. Vas a morir. Pero no te preocupes. Estoy seguro de que alguien te recordará con ellos cuando el mundo sea perfecto.

Kushina maldice el hecho de que, si intenta usar su chakra, es muy posible que el kyubi aproveche para inmiscuirse en éste y tener más poder sobre su cuerpo. Por eso, lo único que puede hacer es intentar destazarlo con sus uñas, alargadas y endurecidas por el poder del kuybi, pero lo que consigue es sentir un terrible mareo, más dolor… Y caer de lado en el suelo. La risa del tipo no se comparan con la vergüenza e impotencia que Kushina siente.

―¡Maldito! ¡Maldito! ―grita ella, para no oír lo que el tipo le dice.

Al sentir que le tocaba el hombro, Kushina tira un codazo con toda su fuerza. Oye como el tipo de la máscara pierde el aire. Y, luego, siente que algo la golpea en la nuca.

Mientras la invade la oscuridad, teme que nunca más va a despertar. Y su alma llora por sus seres queridos a los que ella va a dejar.

-o-

Minato sabe que tiene que devolverse lo más rápido posible. Sin embargo, en sus manos solo una vez antes ha habido algo tan frágil y precioso. Y Naru-chan llora con tanto desespero y dolor, que Minato no puede dejarlo junto a su letárgica bebé sin más. Lleva su cabecita a su hombro, le quita las gotas de sangre del rostro y le da un beso.

―Ya, ya. Todo estará bien.

Naruto se queda en silencio solo por un instante, pero luego vuelve a llorar con tanta fuerza, que Minato tiene que alejar su oído de él. Se sorprende al sentirse sonreír, acaricia su espaldita desnuda y camina hacia bebé-chan, que está dormida en su cuna. Minato ve hacia Naruto con gran sorpresa. No solo ha dejado de llorar sino, y está seguro de eso por más que los libros dicen que todavía no es posible, Naruto ha dado una risita al acercarse a su hermana. Y, mientras él lo acomoda y lo cobija lo más que puede, ve como la niña acerca un puñito a la mejilla de Naruto. Y él patea hasta subir una piernita sobre la de ella. Los dos parecen dormirse al instante.

Minato simplemente sabe que esos hermosos y sorprendentes bebes no pueden perder a su madre.

―Pronto estará aquí ―les dice, como si ellos se lo hubieran pedido.

Sabe que no debería hacerles promesas que teme, y profundamente, que no es capaz de lograr. Agradece que los dos no podrán recordar eso si lo termina haciendo un mentiroso… Les da un beso en la cabecita a cada uno, les acaricia un poco la mollera a los dos, y desaparece en un rayo amarillo.

Al llegar a donde había dejado a su esposa, se encuentra los escombros de la que por tantos años había sido el lugar más seguro contra bijus. También ve los cuerpos de Taji y Biwako… Minato se manda a dejar de mirar. No siente el "sol" que fuera el chakra de la Sarutobi, ese chakra que siempre le hizo sentir bienvenido y a salvo.

Con ojos llorosos, mira lo que ya sabe: Kushina no está. Pero eso no es lo peor, lo peor es que no la siente en todo el rango de su habilidad sensorial. Eso es aún más desesperante que ver el cuerpo de Biwako. Sabe que tendrá que usar el hiraishin que puso en ella, como sabe que éste le va a hacer usar mucho de su chakra, y que no sabe qué se va a encontrar cuando llegue. Obviamente, eso no lo detendrá. Lo que lo hace es oír el grito detrás de él.

―¡Sarutobi-san! ―la voz no la reconoce, pero sí el rostro. Es uno de los ninjas que trabajan como sensores en los límites de Konoha.

Además de esa persona, hay siete más. Dos grupos, posiblemente chunin o jonin especiales. Tres de ellos se abocaron a darse cuenta de que Taji y Biwako no estaban vivas, un líder va hacia él, y el otro y su equipo recorren el lugar en pareja.

Minato toma la palabra con comando.

―¡Instituyan al instante el protocolo naranja y llamen al Sandaime como líder en comando! Voy a por mi esposa.

Sin esperar que los ninjas a su cargo dieran a entender que le habían oído, Minato desaparece en un rayo amarillo.

Es verdad que no puede sentir el chakra de Kushina, pero el sello que marcó en ella sigue activo. Lo que Minato hace fue aparecer en el sello más cercano a donde Kushina está. Muchos no lo saben, pero su técnica es cada vez más peligrosa en tanto quiero aparecer a mayor distancia. Y porque Minato no quiere morir por su cuerpo hecho pedazos o sin chakra, tendrá que hacer varios hiraishin antes de llegar hasta donde está su esposa. Coge una de las cinco kunais especiales que lleva con él y la tira lo más fuerte que puede hacia el noreste. Mientras aparece en medio del aire, coge la kunai, y baja hacia un árbol antes de tirar la siguiente, Minato se promete que va a llegar lo más rápido posible, sin perder un momento su concentración.

La presión del aire a su alrededor al usar la técnica le hace sentir que no puede respirar. Por eso, antes de usarla de nuevo toma una gran bocanada de aire.

Tres hiraishin después, siente el horrible chakra del kyubi totalmente desatado. Pero eso no lo hace desesperar, pues aún así no se ha eliminado el chakra de Kushina. Por eso, Minato alista todos sus instintos y hace su movida.

Debe mantener la promesa que le hiciera a sus hijos y a sí mismo.

-o-

Kushina despierta por el frío. No sabe en donde está o cuanto tiempo ha pasado, solo que está de pie. Luego, se da cuenta de que lo está porque unas cadenas en sus muñecas y tobillos la mantienen así. Tiene su estómago al aire, hace frío pero sigue siendo de día. Kushina sabe que casi era la hora del tardecer mientras tenía a los bebés. Así que solo ha estado inconsciente unos minutos… O más de un día.

―No tenías que haber despertado… ―le dice la voz del tipo con máscara, y Kushina usa toda su fuerza para levantar la cabeza.

Él está a medio metro de ella, viéndola directamente al rostro. Kushina mueve las manos y piernas, pero no logra hacer nada. Sigue débil pero, extrañamente, el kyubi está quieto dentro de sí misma.

―Pero bueno ―sigue diciendo el tipo―, al parecer no te queda otra que morir con un gran dolor.

―¿Quién eres? ―la pelirroja no puede dejar de sentir que conoce al tipo de algún lado―. ¿Por qué haces esto?

El muy descarado se encoge de hombros.

―Necesito al kyubi. Lo de destruir Konoha… Digamos que es un ejercicio de empatía. Es hora que ustedes también sientan como su mundo, su vida, se destroza. También está, claro, que solo después de vivir las guerras es que se le da valor a la paz. Lo de la empatía en verdad es un bonus.

―¿De qué…?

Pero Kushina no puede terminar la pregunta. El tipo ha hecho algo y, de repente, el kyubi la parte y la quema por todo su cuerpo. La Uzumaki grita, grita y grita… Está siendo desmembrada, quemada viva… Explota por la fuerza del chakra saliendo dentro de sí misma. No sabe cómo explicarlo, no hay palabras que expresen el dolor y la sensación de estar siendo vaporizada sin que su cuerpo se destroce. Cuando termina, no sabe qué ha sido de ella. No sabe porqué siente que piensa si no lo hace realmente. El dolor se ha ido, pero no queda nada, nada en ella…

"Ayúdale a sanar" siente que una voz le dice. Una mujer le comanda, no sabe desde donde pero sabe que está adentro de ella. Es un recuerdo… Una mujer con algo de canas, una expresión severa pero mirada calmante, le dice: "Vas a ver que sí puedes sanar. Solo tienes que ayudar al ninja médico. Mira…"

Kushina lo hace. Es un día de otoño, tal vez llegando a invierno. Los árboles casi no tienen hojas, y las que tenían, están en el suelo. Ahí parecen un mar tranquilo y multicolor de rojo, amarillo, rosado y café… Una chica está acostada encima de esa cama. Tiene ojos y cabellos negrísimos, y mira hacia la pelirroja con innegable confianza.

―Tranquila Kushina-san, vas a ver que sí puedes ―le dice la chica.

Y la Uzumaki se da cuenta que se había estado sintiendo desesperada y dolorida porque, de repente, solo recuerda la paz, la añoranza de lo que en ese momento está viviendo.

―¡Kushina-chan, mira! ―le insiste Biwako.

La pelirroja mira hacia las manos de la mujer, que están sobre las sienes de la chica de cabellos negros… Su amiga, Mikoto… Siente que le es difícil concentrarse, como si algo lejos pero dentro de ella estuviera gritando de dolor y fragilidad.

Siente un palmetazo en la cabeza.

―¡Kushina-chan!

―Oh sí, claro. Biwako-sensei. Voy a hacer… ―ríe, rascándose la nuca― ¿Qué era lo que tenía que hacer?

Al menos, la ninja médico no le da otro palmetazo. Simplemente da un suspiro y repite:

―Que puedes sanar. O, mejor dicho, que puedes ayudar a sanar. Los ninjas médicos debemos tener excelente control de chakra, pero por eso mismo solemos tener muy pocas reservas. Mito-sensei, que sufría de justo lo contrario, es decir muchas reservas sin excelente control, se abocó a hacer sellos médicos. Sin embargo, en una de sus tantas investigaciones, dio con una técnica que nos es muy útil, y que no necesita sellos para servir.

Kushina había estado entre poniendo atención y sintiendo que algo más estaba pasando dentro de ella, algo terrible; algo que dolía y la hacía tener terror… Pero dejó de poner atención a eso, miró de nuevo hacia Biwako y le preguntó con una sonrisa:

―¿Qué, Biwako-sensei?

La Sarutobi le sonríe apenas.

―Yo haré la técnica de la palma sanadora para curar el talón de Makoto-chan. Y tú, vas a sacar chakra de tu mano y vas a tocar la mía con ella. Es fácil, solo tienes que usar la técnica de escalada de árbol, pero con un poco menos de chakra. Además, tienes que alargar un poco más el chakra hacia mí.

―¿Y para qué sirve que mi mano se pegue a la suya, Biwako-sensei?

La mujer sonríe mucho, como si estuviera aguantando una risa.

―¡Oh, Kushina-chan! ¿No me estabas escuchando? Esta técnica sirve para entregar más chakra a la técnica. Cuando pongas tu mano en la mía, vas a sentir como la técnica tomará ese chakra que expulsas, y lo convertirá en parte del poder de ella misma. Claro, el ninja médico debe saber hacer técnicas auto-preservadoras. Pero todos los que vamos al campo de batalla las conocemos. Tener a personas que suministren chakra es mucho mejor que sufrir los efectos secundarios de las píldoras que se usan rellenar chakra artificialmente. De esa manera, puedes dejar la técnica puesta, y varias personas pueden ayudar a sanar a la persona que necesita esa técnica con ponerle pocos de su chakra…

Kushina recuerda que, en ese momento, Mikoto le había dicho algo. Pero no logra saber qué, porque la sensación de caer de frente en una roca la desconcentra y la saca de ese recuerdo extrañamente envolvente y muy consolador.

Al menos ya no hay dolor. Solo un gran cansancio y frío. Se da cuenta de que su cuerpo están a medio caer de la piedra en donde estaba de pie. Está resbalando poco a poco y quién sabe qué tan larga sería esa caída. Pero eso no es lo que le preocupa. La sensación del malevolente chakra afuera de ella es lo más apremiante. No quiere estar tan débil cerca del kyubi, de su odio. Tiene que proteger a Natu-kun, bebé-chan y Naru-chan… "ayudarle a sanar" recuerda las palabras de Biwako-san. Y es cuando siente la brisa, la apenas vibración, del chakra médico que aún existe en su bajo vientre.

A su alrededor hay calor, mucho ruido, gran viento. Todo hecho solo para la destrucción. Sin embargo, Kushina se centra en lo que necesita: mover su mano hacia su vientre, para insuflarle chakra a la técnica médica que está a punto de extinguirse.

Justo cuando lo logra, el rugido, calor y aire viciado se acercan mucho a ella. Pero, de repente, se siente levantada por los aires. Y segura. No necesita abrir los ojos para saber que Minato ha llegado… Hasta que la desesperación la embarga.

―¡Naru y bebé-chan! ¿Están bien? ―pregunta lo más fuerte que puede, su mirada puesta en el rostro adusto de su marido. Hasta que se suaviza un poco cuando Minato la mira a ella… Sus cabellos moviéndose al son del aire.

―Sí, están juntos, en un lugar seguro.

―Konoha, Konoha va a ser atacada. No…

―No están en Konoha. Estarán, estaremos lo más listos que podamos estar. Apenas te deje con ellos, iré hacia allá. Lo superaremos.

La pelirroja da un suspiro, y se relaja un poco en los brazos de su marido. Una de sus manos sigue bien pegada a su vientre. Se siente menos dolorida, pero más cansada.

―Te tardaste, koi. ―dice, su voz apenas un susurro. Kushina se sorprende de que él la haya oído cuando los rugidos del kyubi eran tan atronadores alrededor de ellos.

―Lo siento, Kushi-chan. Pero ya vas a entender porqué no pude venir antes.

Sin más, la pelirroja siente la presión del aire alrededor suyo. Minato ha usado el hiraishin. De alguna manera, por más que sabe que debe seguir alerta y potenciando la técnica médica en su vientre, Kushina se deja sucumbir al cansancio y pierde la conciencia.

Cuando despierta, la Uzumaki da un suspiro. Ya no se siente tan vacía y débil. El característico aroma de su esposo y la falta de peligro a su alrededor, la hace saber que ahora sí está segura. Ahí no hace frío, y no hay esa terrible presencia maligna que la quiere destruir. Sin embargo, tampoco hay silencio. Puede oír los sonidos agudos y caóticos de dos bebes. Algo entre llanto y conversación que se está dando entre los mellizos. Kushina se siente sonreír mientras su esposo la acuesta en el suelo, sobre una alfombra. Luego, una manta la cubre y, finalmente, dos bebes se acercan a ella, traídos a la vez por su padre.

―Creo que hay un par de personitas que te quieren ver ―le dice él, cariño en su voz.

Kushina se mueve un poco para mirar hacia ellos, su familia. Quiere alargar los brazos hacia sus bebes, pero no lo hace. Siente que lo único que todavía mantiene la técnica médica es el chakra que ella le da. Sabe que pronto se terminará, y que ni ella ni Minato saben suficiente de técnicas médicas ninja como para tratarla. Ya no tiene al kyubi dentro de ella para que la sane. Posiblemente, que esté viva después de eso ya es mucho.

Pero no quiere pensar en ese demonio de nueve colas, menos cuando dos bebes están siendo dejados justo a la par de ella, uno al lado del otro. Dos hermosos bebes que son su vida misma… Kushina tiene que acercar su frente a bebé-chan, que está más cerca, mientras extiende su mano a Naru-chan, para acariciarle su mejilla con cariño. El bebé acerca su boquita y chupa uno de sus dedos. Kushina ríe, y no entiende porqué llora a la vez.

Siente como Minato le besa la sien.

―Y por eso no llegué más temprano. Ellos me retuvieron. Debe ser parte del encanto Uzumaki.

Kushina se gira de nuevo y le mira. Aunque Minato le sonríe un poco, también hay tristeza en él, además de determinación. Ella ha visto esa mirada antes, cuando su Mina-kun iba a enfrentar una misión difícil, de la que teme que sea posible que no regrese.

Ella no quiere ver la tristeza, solo la determinación. Se acerca hacia él, y le besa en donde puede, que termina siendo la comisura de sus labios.

―No tardes mucho.

Minato besa a los tres en la frente, y se pone en pie.

―Vendré lo más rápido que pueda.

Y desaparece en un rayo amarillo.

Kushina se dice que le debe creer. No quiere pensar en la posibilidad de que no sea así. Luego, se gira de nuevo hacia sus bebes… Se da cuenta de que la técnica curativa termina, pero también de que sigue viva. Solo debe descansar a la par de sus hijos. Solo eso…

―No se preocupen, mis amores. Todo estará bien. ―le susurra a ellos, y no pone atención al sabor de la sangre en su boca.

-o-

El Sandaime está de pie en la cima de la torre del hokage, vestido con su armadura de batalla, ve hacia el horizonte. Hacía menos de cinco minutos, un ANBU había entrado en su casa para decirle que Minato ordenó que la aldea estuviera lista para un ataque masivo, y que él debía actuar como hokage mientras Minato estaba… Haciendo quién sabe qué.

Ese mismo ANBU no se lo dijo, pero por medio de su silencio, Hiruzen Sarutobi lo supo: Biwako, su Biwa-hime, era una de las pérdidas mortales del primer ataque.

Casi cincuenta años de haber aprendido a seguir con la misión para sobrevivir, después de haber sido testigo de tantas muertes, es lo que lo mantiene coherente… Aún así no lo puede comprender. Sabe que Biwa-chan ya no está, pero él solo siente esa frialdad práctica del hokage que ha liderado a la villa por tres guerras. Porque eso es lo que ha aprendido: sobrevivir, no importa lo que acabara de pasar. Ya luego… En la cabeza de Hiruzen nunca hay un después. Solo ahora, solo órdenes e informaciones que requiere saber sobre la evacuación y más órdenes. El después es un hoyo negro que lo engullirá si sobrevive. Nunca antes ha sobrevivido sin Biwako a su lado. Sabe que no sabrá cómo hacerlo.

―… ¡Tou-san! ―la voz de su hijo le hace mirar a un lado. Asuma está bien erguido y con el ceño fruncido, como siempre suele ser su expresión cuando mira a su padre―. ¿Qué es lo que ha pasado? Se nos ha pedido a los chunin que llevemos a los civiles a los refugios, pero nadie…

Hiruzen no le oye después de la pregunta que le hace. "Qué es lo que ha pasado?". Esas palabras le hace recordar con toda su fuerza emocional lo que ha querido olvidar mientras lidera: Biwako murió. Biwako fue asesinada… Eso es lo que pasó. ¡Eso es…! Las emociones que habían estado contenidas detrás del raciocinio del líder están a punto de explotar. E Hiruzen prefiere que exploten como ira, que como el tremendo dolor del que en verdad están compuestas.

―¿¡Si te han dicho que ayudes con los civiles, porqué demonios no estás ayudando con los civiles!? ―ruge, la sensación de intención de matar mana de él con toda su fuerza. No está dirigida a Asuma, o a nadie en general, pero las pocas personas que están cerca y no tan cerca de él, sienten que su muerte será inminente y dolorosa.

Pero Asuma reacciona a esa sensación como siempre hace cuando su padre, y no el hokage, quiere imponérsele. Se pone aún más firme, y le habla con voz acerada.

―¿Antes o después de que dejes de asustar a esos civiles?

Porque, como muchos otros ninjas se estaban dando cuenta, los civiles que estaban cerca del lugar empezaron a caer desmayados, petrificados, o salieron corriendo lo más lejos de ahí.

Hiruzen Sarutobi le mira con ojos ladeados, más encolerizado con su hijo. Aún así, controla la sensación de intención de matar antes de sisearle.

―Deja de ser un estorbo y ayuda a tu villa de una vez. ¡Y esto es una orden!

Asuma siente un golpe muy fuerte en su interior. Su padre nunca le ha devuelto alguna de sus pullas, no con ese aire de tanta ira apenas reprimida. Sorprendido de sentirse tan dolorido y humillado, él da la vuelta en silencio y va a hacer justo lo que se le pidió.

Hiruzen le mira ir con culpabilidad, pero sabe que en ese momento, no necesita ser un padre. Después del exabrupto siente como el control y frialdad vuelve a él. En ese momento, solo debe liderar y sobrevivir, ya luego… No hay tiempo ni fuerza para pensar en eso. Primero deben sobrevivir, se recuerda el Sandaime.

De repente, siente como algo malévolo se acerca. No sabe cómo explicarlo, pero es una sensación horrible que solo ha sentido una vez en la vida. El día en que Madara quiso atacar a la villa… Hiruzen Sarutobi teme que había tenido razón con sus peores sospechas: el sello de Kushina se ha roto.

Que kami los ayude a todos.

-o-

Ese 24 de setiembre Naori Uchiha cumple cincuenta dos años con 214 días de vida. Ya solo le faltan cuatro días para matarse.

Pero la kunoichi parece ser mucho menor. Sus cabellos morados casi no tienen canas y su rostro se conserva con pocas arrugas, más que todo alrededor de los ojos y a los lados de la boca. Arrugas que denotan lo tanto que ha reído. La energía de ella, amable y alegre, hace constar eso a simple vista también. Pero lo que la hace parecer más joven, sin embargo, es su perfil. Por más que lleva unos quince años de haber dejado su trabajo como ANBU, Naori no ha dejado de entrenar asiduamente. No solo para mantenerse activa, sino también por salud mental.

Lo cual es irónico. ¿Una suicida de tantos años preocupándose por su salud mental? Y aun así es verdad. Naori Uchiha no ha tenido una vida perfecta, pero sí lo más feliz posible, llena de una paz interior. Ella lo puede decir con toda seguridad, por más que peleó en dos guerras ninjas y perdió un esposo y muchos amigos y familiares en ellas. Tras de todo, después que el cabeza de familia trasanterior muriera sin dejar un heredero, ella llegó a estar en medio de una guerra civil Uchiha. Naori pudo terminarla, pero perdió la visión en un ojo… Y fue promovida a ANBU por ello.

Ha vivido lo suyo, la vida sangrienta y difícil de los ninjas que han subido de ranking, pero Naori casi todas las noches ha logrado dormir con la mayor tranquilidad en su interior y, al despertar, siempre piensa primero y mucho más en las personas que aún están en su vida en vez de en las que ha perdido.

Los quince años después de su retiro, también han seguido siendo provechosos. Se ha vuelto a casar muy enamorada, se ha hecho cargo del dojo de la familia y, aunque no tuvo hijos, es la tía favorita de muchos niños, aunque algunos de ellos ni siquiera está emparentada con ella. Además, en su tiempo libre, se pasa por el Hospital de Konoha y otras instancias para ayudar con la salud mental de muchos ninjas y hasta civiles. No por nada, ha sido conocida en el Continente Elemental como la "Cambia mentes". Y gran parte de su fama se debe a sus buenas acciones. Algo raro en el mundo ninja.

Y sin embargo, mucho de su ímpetu para vivir la vida lo más y mejor que puede, es el hecho de que ella sabe cuando se va a matar.

Cuando Naori tenía quince años, y minutos antes de matar a su madre, la desmejorada mujer le había hecho prometer a ella y a sus dos hermanos menores que ellos tres harían todo lo que podrían para estar en paz consigo mismos, y ser felices. Y Naori había cumplido la parte de esa promesa que le convenía a ella. La primera fue enviar a sus hermanos a la cama sin haber sabido ni presenciado la muerte de su madre; la segunda, vivir lo mejor posible.

Pero esa misma noche, mientras hacía a su madre sumergirse en el más hermoso de los genjitsus y la ahogaba con una almohada, Naori también se hizo otra promesa: Sí, iba a vivir intensamente, como le pidió. Pero por treinta y siete años y 131 días, la edad que tenía su madre cuando ella le mató.

Esa es la historia de cómo Naori consiguió el mangekyo sharingan.

Pocos días después del funeral de su madre, cuando su hermana y hermano estaban en la escuela y Academia ninja, Naori entró en la Central de la Policía Militar de Konoha y le enseñó sus nuevos ojos a uno de los detectives. Eso le valió algunos días de encierro e interrogatorios, que ella vivió con toda paciencia. Era lo que menos se merecía.

Algunos Uchiha pueden desear y hasta buscar el mangekyo sharingan muy en el fondo; pero la mayoría de ellos le temen terriblemente por lo que ésta habilidad significa. Y ellos son la policía, lo cual hace al mangekyo doblemente mal visto por los konohianos que saben lo que su aparición conlleva, que solo se consigue cuando han matado a alguien que aman. Por eso, cuando se sabe que alguien obtiene esa habilidad, siempre se hace una investigación.

Sin embargo, entre una carta que su madre escribiera relatando la razón de su muerte, y que Tomoe seguía siendo pensada como una extranjera por más que le hubiera dado todo lo que pudo a la Hoja, Naori había quedado exenta de un castigo. El asesinato de su madre solo valía pocos días de encierro, semanas de cuchicheos, y algunos problemas para el dojo por un poco de pérdida de su prestigio. Ni siquiera le valió el odio de sus hermanos cuando se dieron cuenta. Su padre había muerto en la guerra tres años antes. Los dos la amaban y la necesitaban con ellos. Años después, cuando supieron realmente lo que había pasado, Naori no pudo ni pedirles perdón. Ellos lo entendían y la seguían viendo como hermana a pesar de todo, le habían asegurado.

Pero la culpa y dolor siempre han carcomido el corazón de Naori. Por más que su madre estaba postrada en cama, llena de dolores e inmóvil por una enfermedad incurable, y que le había suplicado a ella que le diera muerte de una manera digna; Naori nunca se ha podido perdonar el haber matado a la persona que más ha admirado en la vida. La mujer que le enseñó el camino del guerrero, que el filo de la espada se mide en la destreza del espadachín, que el honor es lo más sagrado que una persona tiene y que parte de éste es saber decidir por uno mismo lo que es correcto.

Su madre no era ninja. Tomoe Miyamoto se había casado con Takeshi Uchiha y había vivido para el clan y Konoha desde que llegara a la aldea en su adolescencia, pero también seguía siendo una hija de samuráis. Naori no conoce su historia, su madre era tan astuta para guardar secretos como letal con la espada. Solo sabe que había sido una ronin que se enamoró del que sería su esposo en medio de una batalla, y había decidido vivir con él y bajo el manto de Konoha desde entonces.

También sabía que fue ella la que inició la escuela de Bukijutsu de la Hoja. En menos de veinte años, su madre inventó cuatro estilos completos de pelea con armas, y perfeccionó varias técnicas de uso para cualquier instrumento que fuera largo y filoso. Su padre le contó que fue la misma Mito Uzumaki-sama la que le puso el apodo de "Diosa del filo" por el que se le conoció a Tomoe Miyamoto. Las dos se hicieron amigas después de que su madre le enseñara uno de sus estilos de pelea más originales: "la osa que protege", para cuando la esposa del shodaime estuvo embarazada por primera y única vez.

Naori deja de revolver el té y sonríe apenas. Recuerda que su madre le enseñó mucho de ese estilo de pelea cuando tenía diez años. Tomoe estaba embarazada de su hermana menor, y por eso, "la osa que protege" era lo único que practicaba en su tercer trimestre de embarazo. Naori deja ir una risa silenciosa. Recuerda a su madre sentada en el suelo, con la enorme barriga reguardada por una naginata y una mirada asesina en su rostro, la otra espada la mantenía unos centímetros arriba de su cabeza. Estaba sudando y muy enrojecida pero, por más que su padre le pedía que parara, ella no lo hizo.

―¿Y un enemigo pararía? No, no lo haría. ―la madre de Naori le había retrucado a su padre, y luego se giró a su hija, con esa mirada digna y apabullante de ella―. Oye mis palabras, Naori-chan. Cuando estás embarazada o tu bebé no puede defenderse, éste es tu daimyo. Debes defenderlo hasta la muerte, hasta con la última gota de tu fuerza. ¿Entendido? ―la niña, tratando de imitar la expresión de su madre, había asentido―. ¿Y cuales son las dos principales reglas de este estilo de pelea?

―Protege al bebé con tu vida. Mata rápido y concisamente al enemigo, no tienes energía para más.

Su madre le había sonreído y pedido que la atacara de nuevo. Si las armas hubieran tenido filo, Naori había obtenido muchas y terribles cicatrices después de ese día, si hubiera seguido con vida, claro.

Eso no quiere decir que no tenga algunas. Aunque la más evidente es la de su ojo. Después de haber puesto en práctica una técnica extinta de los Uchiha, el Izanami, para poner fin a la insensatez en sus familiares que buscaban obtener el poder como Cabeza del Clan en la guerra civil Uchiha; su ojo izquierdo es totalmente blanco, lechoso, sin color. Ella siempre lo anda descubierto, con orgullo. Otra cosa que su madre le enseñó: las cicatrices te recuerdan las victorias de las que saliste viva.

Naori toma de nuevo la pluma para seguir con la carta que estaba redactando. Ella escribe todo los días desde poco después que se retirara de ANBU. Son cartas o anexos a las que ya ha escrito. No quiere que las personas cercanas a ella se queden pensando ¿Por qué? Después de su suicidio. O que se sientan culpables por éste. Espera que, como la carta de su madre explicó a la policía militar lo que había pasado, que las suyas también expliquen su muerte a cada persona a la que le ha estado escribiendo.

Se da cuenta de que ya no tiene más té, por lo que se levanta para ir hacia la cocina y… Deja de respirar y cae al suelo. Está temblando de arriba a abajo, y se siente totalmente helada. Lo que está sintiendo, ese odio, ese dolor, desesperación… Es horrible, es totalmente horrible.

Y ella es mediocre como sensor. Los ninjas con más habilidades en ese aspecto lo llevarían peor, mucho peor… El rugido de furia del kyubi se oye por toda Konoha y más allá de ella. Rechina en el alma de toda persona que le haya oído.

-o-

Segundos antes, Tobi había salido de la nada, por medio de un remolino que dominó el mismo aire, y respiró el aire de Konoha. No le importó la mujer asustada a un metro de él, o los varios perros o pájaros que empezaron a gritar, como si supieran… Tobi solo respiró el aire de Konoha. El último momento de paz, antes de que todos las personas de esa villa sientan el dolor que él sintió, lo muerto en vida que él está.

Sin importarle nada, Tobi se agachó en la calle, se mordió un dedo, hizo los sellos de las manos, plantó una de ellas en el suelo… La tinta del invocación emergió desde su palma, un enorme círculo con símbolos alrededor de él.

La presión de la nube de humo que precedió la aparición del kyubi es más que suficiente para hacer volar a varias personas, incluso ANBU, por los aires. Algunos civiles murieron así. Pero otros, la mayoría, murieron por estar en el espacio que el kyubi ocuparía en ese momento. Todos ellos fueron quemados, tanto que, si encontraran sus huesos, éstos estarían muy agrietados y hechos cenizas.

El kyubi se revolvió, moviendo de allá para acá sus enormes colas. Más personas mueren quemadas hasta ser polvo por esos movimientos. Los que lo ven desde lejos, o lo sienten, saben que es malvado, hiriente… Horrible.

El enorme rugido que exhala la bestia, con la cabeza hacia el cielo atardecido, mata algunas personas por ataques de pánico, que hicieron parar sus corazones.

Y ese es solo el comienzo del que sería el peor atardecer en la historia de Konoha.