¡Hola de nuevo! Tengo que admitir que pese a que soy de escribir cosas más trágicas, estos fics me están saliendo bastante dulces. Pero es que las parejas que me pedís son tan tiernas que soy incapaz de ser cruel. Gracias a todos por haberle dedicado tiempo a leeros los fics y agradecer que no me lanzaseis piedras después de haber estado desaparecida.
Menuda sorpresa me he llevado al ver lo mucho que os ha gustado el Giotto x Haru. Espero que los demás fics os gusten tanto~
Aquí vamos con el siguiente: un 2796 dedicado a yoss natsuki~
Título: Dulce
Autor: Black Cherry
Resumen: Porque Tsuna sabía que Chrome era una chica tímida y tranquila, pero no se imaginaba que sería tan dulce. 2796.
Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece y nunca lo hará~
~Dulce~
En cuanto sonó la campana que indicaba que las clases del día se habían acabado, Tsunayoshi Sawada se despidió con rapidez de sus amigos antes de echar a andar con prisas. Se encaminaba hacia Kokuyo Land, donde esperaba poder ver a Chrome. No dudaba que, de alguna manera, Chikusa y Ken cuidaban de ella; después de todo, su guardiana estaba atada a Mukuro y los dos chicos no dudarían en seguir las ordenes del peliazul, aún si eso significaba hacer de niñera.
Sin embargo, el joven Vongola no estaba tranquilo. Sabía que la chica pasaba horas sola encerrada en las ruinas de lo que había sido un lugar de ocio, sin saber cuando volverían los demás. Tsuna agilizó el paso ante el pensamiento. Chrome era una chica cuya salud podría tambalearse demasiado como para tenerla medio abandonada en semejante lugar. Pese a todo, nunca se había quejado. Seguía a Chikusa y a Ken a todas partes, intentando ser lo más obediente posible. Pero siempre que atisbaba a verla notaba ciertos detalles como la delgadez de la chica o el hecho de que parecía no ser capaz de olvidarse, ni tan sólo por unos segundos, que estaba ocupando un espacio que no le pertenecía. Ken lo admitía abiertamente, Chikusa intentaba no decirlo demasiado; pero ambos esperaban a Mukuro, no a una chica como ella.
Cuando Tsuna le comentó la situación a su mentor, porque esperaba ser capaz de ayudar a su guardiana, Reborn sólo le regaló una patada.
– Dame-Tsuna, es culpa tuya.
– ¿Culpa mía?
– Claro que sí – el arcobaleno esbozó una mueca antes de continuar hablando –. Chrome es tu guardiana de la niebla. Forma parte de tu familia y como jefe suyo, deberías asegurarte de que todos tus guardianes están en perfectas condiciones.
Y Reborn, como de costumbre, tenía razón. Chrome le había ayudado cuando lo había necesitado sin rechistar y él sin embargo... Tsuna se dio cuenta de que jamás había hecho nada por ella. Así que decidió que en cuanto se acabasen las clases, iría directamente a Kokuyo a visitarla. Quizás su imaginación sólo le estaba jugando una mala pasada y ella estaba mejor de lo que pensaba. No, debía asegurarse.
Así que se encontraba en aquel mismo instante a unas manzanas de llegar a Kokuyo. Cada paso que daba, resonaba con fuerza en su cabeza. ¿Qué debería decirle a la chica? ¿Se tendría que enfrentar a Chikusa y a Ken? Tragó saliva; esperaba que ambos jóvenes hubiesen salido, aunque la idea de que la chica estuviese sola tampoco le hacia especialmente gracia.
Acababa de entrar en el territorio de la banda de Kokuyo cuando oyó una explosión. Y sólo un pensamiento cruzó su mente: Chrome. Antes de darse siquiera cuenta, sus piernas ya se encontraban corriendo a toda velocidad hacia el edificio central de Kokuyo Land. Comprobó en su carrera que la explosión venía de los pisos superiores y se precipitó hacia la sala central, aquella donde había luchado contra Mukuro hacía ya tiempo. Paseando su mirada por el lugar, se dio cuenta de que el viejo sofá en medio de la habitación era lo único que había. No había rastro de humo, pero tampoco de vida humana. Avanzó a paso cauto, sin acabar de bajar la guardia, examinando a la vez el lugar en busca de su guardiana. No había rastro de ella.
– ¿Chrome?
No hubo respuesta alguna. Quizás Chrome estaba en el instituto aún. O había salido con los demás. O quizás Haru y Kyoko la habían arrastrado a una de sus visitas a la pastelería. Sus pasos se detuvieron de repente cerca del sofá: al menos había comprobado que la explosión no había sido en aquella parte de Kokuyo.
Meditó con vergüenza que lo más sensato sería marcharse ya que no parecía haber nadie allí. Sin embargo, un ruido detrás de él le alertó. Tsuna se giró de golpe para encontrarse con el rostro de Chrome. Suspiró aliviado: por fin la había encontrado. No pudo reprimir esbozar una pequeña sonrisa al verla allí de pie, con el tridente en mano y sin ninguna herida visible.
– ¿Jefe?
– ¡Chrome! – la ilusión se hizo más que presente en su voz mientras avanzaba hacia ella hasta ponerle las manos en los hombros –. ¿Estás bien?
La chica asintió mientras un ligero rubor se extendía por sus mejillas. Al instante, Tsuna también se sonrojó. Estaba cerca, muy cerca. Presa de su alivio, el joven Vongola había situado su rostro a centímetros del femenino. Sintiendo como la acompasada respiración de Chrome chocaba contra la suya, tuvo que tragar saliva al mismo tiempo que retrocedía disculpándose avergonzado.
El silencio inundó la estancia durante los siguientes minutos. Tsuna, quien aún tenía el pulso acelerado por el susto que se había llevado al oír la explosión, paseaba la mirada nervioso por el lugar. Todo parecía igual que la última vez que había estado allí, incluido aquel sofá marrón desgastado.
– ¿Ha ocurrido algo?
El joven Vongola fijó su mirada en la chica. Sus manos pequeñas seguían aferrando el tridente cerca suyo, donde relucía en contraste con el color oscuro del uniforme de Kokuyo. Su mirada parecía preocupada, como si la visita del joven allí significase que algo malo había ocurrido. Tsuna sonrió rascándose la nuca algo avergonzado por haber hecho a la chica preocuparse.
– No, no ha ocurrido nada Chrome. Sólo venía a ver como estabas.
– ¿H-ha venido por mí? – Tsuna asintió aún más avergonzado –. Estoy bien, jefe.
Aunque parecía imposible, el joven Vongola notó sus mejillas arder con más fuerza. Rompió el contacto visual agachando la vista, tratando de enfocarse en algo que no fuese el rostro de la chica. Fue en ese momento cuando se olvidó de la vergüenza que sentía. Aquel uniforme no sólo hacía más notable el tridente, también hacia destacar la palidez de la piel de la fémina. Una palidez que hacía parecer la delgadez de la chica más enfermiza. Tsuna volvió a mirarla directamente ahora preocupado; fijándose mejor, aquello era incluso perceptible en su rostro.
Chrome se pasaba el día encerrada allí y no comía más que los dulces que Ken solía comprar. ¿Cuánto hacia que su guardiana no comía bien? Sus labios formaron una mueca que delataba aún más su preocupación.
– Chrome – se encontró con un ojo violeta mirándole fijamente –. ¿Por qué no te vienes a cenar a casa?
– ¿Eh?
– S-seguro que a mi madre no le importa. Y a I-Pin le hará mucha ilusión.
No lo dijo en voz alta, pero él también quería que fuese. Así se aseguraría de que la chica no estaría sola, además de poder vigilar si comía bien. Chrome pareció dudar unos segundos antes de negar con la cabeza suavemente.
– Lo siento jefe, pero debería estar aquí cuando Chikusa y Ken regresen.
– Pero Chrome...
– Lo siento.
La chica pareció aún más pequeña cuando agachó la cabeza. Le sabía mal negarle una petición a Tsuna, quien siempre le había tratado tan bien. Pero tampoco quería irse de Kokuyo, aún menos sin avisar a Ken o a Chikusa. Cuidaban de ella a diario, no era justo que fuese y viniese sin permiso. Y como si su mente les hubiese invocado, un rubio irrumpió en el lugar a gritos seguido de un moreno que andaba a paso más tranquilo. Dos pares de ojos se clavaron en Tsuna con cierto desdén, dejando claro que no era bien recibido allí.
– ¡¿Y tú que haces aquí?!
– H-había venido a invitar a Chrome a cenar a mi casa – Tsuna intentó mantener su compostura ante los gritos hostiles del rubio. Salvo por un ligero temblor de piernas, lo consiguió –. Pero ya me ha dicho que no puede venir.
– Bien dicho, pyon~
– Ken – el moreno llamó la atención de todos los presentes –, si Chrome quiere ir, que vaya. Por una noche que no esté por aquí no pasará nada.
– ¡Chikusa!
– ¿P-puedo ir? – Chrome habló en voz baja, pero se le notaba cierta ilusión en la voz. El moreno asintió y el rubio bufó apartando la mirada –. Muchas gracias. Jefe, si no le importa, aceptaré su proposición.
Los labios de Tsuna esbozaron una pequeña sonrisa. Hizo una pequeña reverencia hacia los otros dos, regalando a Chikusa una mirada llena de agradecimiento, y después miró a Chrome. La chica se giró a mirar a sus dos compañeros y con un simple gesto, se despidió de ellos para echar a andar hacia la salida acompañada de Tsuna. En la sala que acababan de dejar atrás, Chikusa miró a Ken de reojo para saber que el rubio estaba disgustado. El moreno suspiró cansado; no sentía aprecio por él, pero sabía que el joven Vongola se preocupaba por Mukuro y también por Chrome. Pero una cosa era que él lo entendiese y la otra que pudiese hacer que Ken lo comprendiese, así que decidió acomodarse en el sofá y jugar con sus yoyos ignorando los gritos frustrados del rubio.
Dejando atrás Kokuyo Land, Tsuna caminaba a paso tranquilo acompañado de su única guardiana. Si bien no sabía muy bien de que hablar con ella, logró arrancarle algún que otro comentario a la chica antes de que el silencio les envolviese. Lejos de ser algo incómodo, aquel silencio pareció crear una buena atmósfera entre ellos que duró hasta que entraron en casa de los Sawada.
El primer pensamiento que cruzó la mente de Chrome fue el huir de ahí. El joven Vongola vivía a solas con su madre, pero ahí había demasiada gente. Reconoció todas las caras que le saludaron a gritos antes de empezar a pelearse entre ellos. A su lado, Tsuna parecía compartir su idea de escapar. En un suspiro cansado, le pidió perdón a Chrome antes de indicarle que aquello era normal. Antes de poder siquiera responder, una mujer de pelo castaño corto se acercó hacia ella y le dedicó una gran sonrisa.
– Chrome, bienvenida – la chica le sonrió con timidez antes de hacer una pequeña reverencia.
– M-muchas gracias por la invitación.
– Oh querida, siempre es agradable tener a una chica tan guapa como tú por aquí. Ven, siéntate, que la comida ya está. Espero que te guste.
Tsuna tomó asiento a su lado intentando ignorar como Lambo acababa de volar de un lado a otro de la mesa mientras el olor tan particular de la comida de Bianchi le indicaba que cerca suyo estaba a punto de haber una masacre. Dirigió su atención a la comida que tenía enfrente, sin poder evitar mirar de reojo cada ciertos minutos a su guardiana de la niebla. Parecía estar algo tensa, probablemente por la acumulación de gente que había en el comedor, pero de vez en cuando se llevaba un bocado a la boca.
– ¿Te gusta? – Cuando sus miradas chocaron, la chica asintió levemente –. Mi madre es buena cocinera.
– Está bueno – susurró de manera casi inaudible –. Está muy bueno.
¿Cuánto tiempo hacía que no probaba comida casera? Chrome ni siquiera se acordaba. Aquello hizo que sus ojos se humedeciesen, cosa que el castaño notó al instante. Y entre los gritos de sus invitados, Tsuna observó como una lágrima solitaria recorría la mejilla blanquecina de la chica.
Entró en pánico al instante. El décimo Vongola buscó con la mirada un pañuelo que le tendió al momento a la chica, quien parecía sollozar lo más silenciosamente posible. No se molestó en limpiarse las lágrimas que parecían aumentar a cada segundo que pasaba y Tsuna, nervioso, empezó a balbucear estupideces para intentar consolarla. No sabía como lo había hecho, pero ya había metido la pata de nuevo.
Estiró el brazo limpiando así él las lágrimas que iba derramando la chica. Al darse cuenta, Chrome le miró. Él sólo le había ofrecido un lugar al que acudir acompañado de una cena caliente, y ahora encima le tenía que limpiar las lágrimas. Un sentimiento de calidez la invadió; su jefe era una persona maravillosa. Por otro lado, Tsuna cada vez estaba más nervioso. Hasta que, de manera suave, a sus oídos llegó una pequeña carcajada; Chrome se estaba riendo. Tsuna se relajó al momento rompiendo a reír nervioso junto a ella. Se limpió con la manga del uniforme las lágrimas que humedecían aún su ojo y se dispuso a acabar de comer.
Tsuna no entendía porqué había llorado, pero no pudo reprimir un suspiro de alivio al ver como la chica seguía comiendo. Quizás hacia tiempo que no comía nada caliente y aquello le había emocionado. Viendo como Chrome parecía incluso intercambiar alguna palabra con I-Pin, decidió dejarlo pasar. Después de todo, su guardiana parecía sentirse cómoda allí.
Le dio algo de lástima que la cena acabase, pero después de comprobar que se había hecho tarde, Chrome le hizo una reverencia a la señora Sawada antes de encaminarse hacia la puerta seguida del joven Vongola.
Cuando abrió la puerta, una brisa helada le congeló el cuerpo.
– Espera un momento aquí, Chrome – el castaño desapareció por las escaleras y volvió con algo en mano –. Ten, así no tendrás frío.
La chica se fijó en lo que había traído. Se trataba de una chaqueta de color claro que se puso para combatir el frío de la noche. Después, su ojo se topó con dos orbes claros que le miraban con calidez. Ahí de pie en la puerta de su casa, Tsuna parecía incluso no querer despedirse de ella. Le había invitado a pasar la noche en la casa de los Sawada, pero Chrome se negó al instante. Tenía que volver a Kokuyo Land, Se guardó para si misma el verdadero motivo: no quería molestar aún más a su jefe, no cuando se portaba tan bien con ella.
Se inclinó ligeramente para poder besar la mejilla del castaño, quien pareció sorprenderse aún más que la primera vez que lo hizo. Bajo su mirada, Tsuna se llevó la mano a la mejilla que Chrome había besado delicadamente sonrojándose al momento. Le dedicó una pequeña tímida sonrisa a la chica que fue correspondida antes de que ella se diese la vuelta y echase a andar. El joven Vongola se quedó ahí quieto observando como la figura de la chica empezaba a alejarse de él. Quería acompañarla, pero estaba demasiado avergonzado como para decir palabra alguna.
Su salvación vino con forma de patada voladora. Reborn le golpeó lo suficiente como para que Tsuna prácticamente llegase a donde su guardiana estaba, quien se había girado alterada. Al ver a su jefe ahí tirado en el suelo, Chrome sujetó su bolsa con más fuerza dispuesta a sacar su tridente y enfrentar al agresor. Pero la voz del arcobaleno la detuvo.
– Dame-Tsuna, no es bueno que dejes a una chica sola a estas horas. Acompáñala.
Tsuna se levantó del suelo y lejos de ponerse a gritar o reprochar a su mentor, asintió mirando a Chrome. Le dedicó una mirada de agradecimiento a su mentor, siempre dispuesto a darle el empujón que necesitaba, aunque podía ser menos literal.
Así que ambos jóvenes se encontraron rehaciendo el camino que habían hecho un par de horas antes. Iban en ese silencio cómodo que se formaba cuando ambos se juntaban, ese tipo de silencio que se complementaba con las miradas furtivas de Tsuna a su acompañante. En el rostro de la chica, se percató, ya no había rastro de las lágrimas que tanto le habían sorprendido. Tampoco el tono de su piel parecía ser tan pálido como horas antes. Debería invitarla a comer más a menudo a su casa.
Llegaron, ambos perdidos en sus propios pensamientos, al final del recorrido. Se detuvieron en la puerta de Kokuyo Land aún invadidos por el silencio. Fue Tsuna quien lo rompió.
– ¿Te lo has pasado bien?
– Sí, su madre cocina muy bien, jefe.
– Seguro que le gustará cocinar de nuevo para ti – Tsuna rió con suavidad ante la idea de tener a alguien más en su casa día tras día –. Buenas noches Chrome.
Una pequeña sonrisa cruzó el rostro de la chica cuando el joven giró sobre si mismo y echó a andar por donde habían venido. Chrome siguió mirando como la figura de su jefe iba alejándose cada vez más de la valla metálica donde empezaba Kokuyo Land. No se esperó que, de repente, Tsuna se girase. Cuando los ojos cálidos del chico chocaron contra el suyo, el joven Vongola le dedicó una bonita sonrisa mientras se despedía de ella con la mano. La chica sintió sus mejillas teñirse ligeramente ante ese gesto; Tsuna siempre parecía tener una sonrisa para ella.
– ¡Hasta mañana Chrome!
– ¡Jefe! – No le había dado tiempo a alejarse demasiado, así que Chrome llegó a su lado al momento –. G-gracias por todo.
Se inclinó para besarle la mejilla pero Tsuna se removió ligeramente y la chica cayó torpemente sobre él. Aquello hubiese sido de lo más normal teniendo en cuenta que Tsuna no destacaba por ser la persona más coordinada del mundo, pero hubo un pequeño detalle que distó de ser corriente. Al caer, Chrome había aterrizado sobre Tsuna y sus labios se habían posado sobre los del joven Vongola por casualidad. La chica quería levantarse, salir corriendo de ahí y rezar para que su jefe no la odiase por ese contacto que se podía denominar beso. Pero no se movió. Con su ojo abierto por el estupor y sus mejillas tiñéndose por segundos, Chrome se vio incapaz de incluso parpadear cuando una sensación de calidez la embriagó. Por su parte, Tsuna notó como los labios femeninos le impregnaban de un sabor que se le antojó dulce. El contacto duró apenas unos segundos, pero ambos se quedaron a escasos centímetros de distancia. Los labios de Chrome estaban entreabiertos permitiendo así que su aliento se mezclase con el de Tsuna, quien tenía la mirada fija en el ojo de la chica. Mirándose fijamente, ambos sintieron como la sangre se acumulaba en sus rostros haciendo que pese a la vergüenza, se quedaran ahí quietos contemplándose como si cualquier movimiento pudiese romper el silencio que se había formado entre ellos.
Y cuando oyeron un grito de Ken, Chrome regresó a la realidad para salir huyendo hacia el edificio principal de Kokuyo Land después de musitar una rápida disculpa. Tsuna, sin embargo, se quedó tirado en el suelo siendo incapaz de asimilar lo que acababa de ocurrir. Palpó con la yema de sus dedos sus labios, aún sintiendo el rastro cálido que habían dejado los femeninos. Y siguió perdido en su ensoñación hasta que Ken se situó a escasos centímetros de su rostro con una mirada fulminante. Tsuna se encontraba demasiado avergonzado como para hablar, pero el rubio le espetó una amenaza que le obligó a prestarle atención.
– Espero que no le hayas hecho nada.
– N-no le he hecho nada.
Tartamudeó como pudo una respuesta antes de levantarse de golpe del suelo y echar a correr nervioso hacia su casa. Sus mejillas ardían con fuerza, recordando lo ocurrido instantes antes. Chrome y él se habían besado. Bueno, había sido un simple accidente. Pero una pequeña sonrisa se dibujó tímidamente en sus labios delatando sus sentimientos; aún sentía los labios de Chrome sobre los suyos.
Su primer beso le había dejado un sabor realmente dulce.
Contestación a los reviews:
AgathaxB: ¡Gracias por tu review! Me alegro muchísimo de que te hayan gustado ambos fics, espero hacer un Tsuna x Haru, con Emma por en medio, que te encante~
sayaneko-chan: ¡Gracias por tu review de nuevo! Jajajaja, no esperaba que el Giotto x Haru se ganase el corazón de tanta gente, aunque me gustó muchísimo escribirlo. Y no te preocupes, puedes pedir todo lo que quieras que, tarde o temprano, lo haré. Así que queda apuntada la petición de otro Giotto x Haru. Y sobre tus songfics, que sepas que por fin tengo la idea del Mukuro x Haru, aunque estoy escribiendo antes el Tsuna x Haru. Espero poder acabarlo cuanto antes~
fran. varia .niebla: ¡Gracias por el review! Me apunto ambas peticiones, aunque tengo una pregunta. ¿Quieres a Mammon como mujer o como hombre? Espero que puedas aclarármelo~
Suno – Andrew: ¡Muchas gracias por ambos reviews! Tengo que admitir que prácticamente he saltado de alegría cuando he leído que te has hecho fan del 3396, y también me alegra que te haya gustado el Giotto x Haru. Apunto a la lista de peticiones las dos parejas, el Gokudera x Haru y también el Yamamoto x Haru. Gracias por pasarte por aquí~
Nos vemos en el siguiente fic~
