Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es toda mía.
Este fic lo dedico especialmente a mis chicas del grupo swanqueen del whatsapp porque ellas saben que alegran mis días y que las quiero.
Quiero hacer especial mención a Diana y a Melissa porque es mi fic y menciono a quien me da la gana.
CAPÍTULO 3 UNA FAMILIA EJEMPLAR
Emma contuvo la respiración un momento, momento que aprovechó para contar hasta diez y relajarse, sabía que si le saltaba encima a ese hombre perdería la razón y pondría la situación en su contra.
Debía ser profesional, actuar como se actúa en estos casos y no meter la pata, o todo podía complicarse demasiado y estaba demasiado en juego.
Leo seguía mirándola, esperando a que dijera cualquier cosa o se marchara, al fin y al cabo ella había llamado a la puerta. Con placa en mano identificándose como policía, la rubia tragó saliva, intentando calmar la rabia que nacía en su interior y sonar completamente indiferente cuando se dirigió al hombre que le había robado su final feliz.
-"Buenas noches, soy la teniente Swan y he recibido una llamada de sus vecinos diciendo que había una pelea en este domicilio. ¿Me deja pasar y verificar que todo está en orden?"
-Claro agente, pase y compruebe usted misma que seguramente ha sido una broma pesada o una falsa alarma.
La mueca sarcástica de ese hombre al dirigirse a ella, sus exquisitos modales, su frialdad… todo en él ponía muy nerviosa a la rubia, sentía que se estaba metiendo en la boca del lobo y aun así entró en esa mansión con la terrible necesidad de asegurarse de que Regina estaba bien, que no le había pasado nada.
Si por fuera la mansión parecía perfecta, por dentro lo era aún más, todo perfectamente ordenado y colocado al milímetro, demasiado ordenado, no había absolutamente nada fuera de lugar. La rubia sintió como si se hubiese quedado encerrada dentro de una revista de decoración, era todo tan perfecto que gritaba falsedad, solo consiguió poner a Emma en alerta, sin duda en esa casa había demasiado que esconder con esa máscara de absoluta perfección.
-¿Quiere pasar al salón? Puedo servirle una copa si quiere, ya ve que todo está en orden, se lo dije, seguro que fue una broma de los vecinos.
-"No quiero tomar nada gracias, lo que sí quiero es que conteste a mis preguntas".
-Claro agente, no tengo nada que esconder.
-"¿Cuántas personas habitan esta casa?
-Pues mi familia y yo, a parte del servicio que hoy tiene la noche libre.
-"Me gustaría hablar con su mujer".
-Eso no será posible, mi esposa está indispuesta desde esta mañana, lleva todo el día acostada y no quiero molestarla.
Un escalofrío recorrió la espalda de Emma en ese momento, Leo mentía y ella lo sabía, podía leer la mentira en el rostro de la gente y bajo esa sonrisa que simulaba amabilidad ese hombre le estaba mintiendo, mas no tenía prueba alguna de eso y tampoco llevaba una orden de registro oficial para vagar por la casa a su antojo, estaba atada de pies y manos, no podía ver a Regina y una terrible corazonada le decía que su morena había sido dañada y eso la estaba matando por dentro. A pesar de que no era suya, de que había pasado diez años intentando olvidarla, saber con certeza que sufría despertaba su ira y su frustración. Acompañó a Leo al salón para seguir haciéndole las preguntas rutinarias y, si quedaba un resquicio de duda de que su morena vivía en esa casa, quedó apagada cuando se encontró con unos familiares ojos negros mirándola directamente, una mirada cargada de miedo y de curiosidad en el rostro de un muchacho que no tendría más de seis o siete años. No cabía duda de que ese chiquillo era hijo de su Regina, tenía sus ojos, sus mismos gestos, su mirada…
-Teniente Swan, le presento a mi hijo Henry.
"Un placer chico"
El muchacho le hizo un gesto de saludo y se marchó corriendo a no se sabe dónde dejando a Emma a solas con su padre.
-Como ve señorita Swan, somos una familia ejemplar. No entiendo por qué alguien ha podido avisar de algún altercado en mi residencia, así que si no tiene nada más que decir será un placer acompañarle a la salida.
Emma no podía hacer nada, legalmente no había prueba alguna de maltrato, sin poder ver a Regina no podía verificar la agresión y no tenía ninguna excusa que le permitiese verla, por desgracia ese caso no se sostenía y aunque tenía la corazonada de que la llamada no fue falsa y efectivamente la agresión se había dado, estaba impotente ante esa situación, además no era su competencia, ya se había arriesgado bastante metiéndose en un asunto que no le concernía como para enredar más las cosas, así que educadamente se despidió de ese hombre al que odiaba cada vez más y se marchó a su casa.
No pudo dormir en toda la noche pues no podía dejar de pensar en Regina, en si realmente estaba sufriendo, en esa maldita llamada que la había llevado a su casa y sobre todo pensando en qué podía hacer ella para salvar a su morena, dándose cuenta de que, a pesar de que habían pasado tantos años, en su mente seguía siendo suya y siempre lo sería. Siempre la amaría.
En el otro extremo de la ciudad, en una mansión blanca y perfecta, donde vivía la familia perfecta, Leopoldo White se dirigía a la habitación que compartía con su mujer, la misma habitación donde la había encerrado al ver llegar un coche patrulla, maldiciendo a sus vecinos por haber llamado y a su mujer por haber gritado tanto. Hacía tiempo que había dejado de amarla pero eso no significaba que ella dejara de ser suya, era su propiedad y la trataba como le daba la gana. Entró y ahí estaba, se creía que por ser bella podía comerse el mundo pero estaba equivocada, la belleza es efímera y ahora no tenía nada bello, era una muñeca rota y así es como a él le gustaba, dócil, sumisa y obediente. Sabía que con el terror podía salirse con la tuya y su mujer le tenía demasiado miedo.
-Mañana deberás taparte ese ojo morado con maquillaje, no quiero que si viene alguien lo vea, además estás horrible y mi muñequita no puede estar horrible.
-"Tienes razón, mañana me podré hermosa para ti"
-Buena chica, ahora que se han ido las visitas inesperadas ves a limpiar la cocina, no está el servicio y no soporto verlo sucio. A ver si por una vez en tu vida haces algo de provecho.
Despreció es lo que mostró Leo y resignación Regina, hacía tiempo que se había hecho a la idea de que jamás podría escapar de ese infierno en el que se había convertido su vida. Si no fuera por su pequeño Henry se habría matado hace tiempo para no tener que soportar a ese hombre que se creía su dueño, que le había robado la libertad y la había convertido en su marioneta.
Si simplemente hubiese seguido su corazón, si hubiese elegido mejor.
Cada noche el mismo sueño, cada noche la morena soñaba con el momento en que una rubia le extendía la mano suplicándole que huyesen juntas y solo en sus sueños, Regina tomaba esa mano y elegía el camino correcto. Mas llegaba el día y amanecía en la misma cama que el diablo, se ponía su máscara de maquillaje y se mostraba al mundo creando la ilusión de que eran una familia perfecta.
