Cuando la Luna se alza, la Serpiente sale de caza.
Chapter 3: Gracias por… darme tu sonrisa
Declaimer:Esta historia es por completo de mi propiedad. Los personajes no me pertenecen, son obra de J. k. Rowling
Luna Lovegood siempre se había sentido diferente, como si el mundo se empañara en pintar la realidad de gris y ella buscara la forma de descubrir nuevos y llamativos colores. Siempre la habían mirado raro, y ella se preguntaba "¿Qué problema hay en intentar encontrar el color de una sonrisa?".
Hace cuatro años, tras buscar ese tono misterioso toda su vida, lo encontró: era el marrón café, amargo al paladar y dulce al olfato, y siempre vestido de un elegante verde esmeralda.
Las sonrisas no son rosas como las pintan en los cuentos, rojas como las narran los anuncios de belleza, o naranjas como el fuego en invierno. Las sonrisas son del color del café expreso, calientes, amargas, pero increíblemente adictivas. Las sonrisas son como cometas en la noche, tenues, surgen en un momento mágico, y luego se apagan dejando un brillo tenue en el cielo.
Luna descubrió la magia de ellas gracias a él.
Aprendió a escuchar el silencio, a saborear la melodía del latido del corazón, y a cantar sin voz las respiraciones pausadas. Supo ver que tras las lágrimas que empañan tu visión del mundo hay una mano tierna e inexperta que limpia las heridas del fracaso.
Cuando se sentía sola y solo las llamas de la chimenea le proporcionaban un poco de calor, cuando perdía la mirada porque sentía que no había nada que valiera la pena enfocar, solo entonces lo observaba, a él, a ese chico solitario que sin conocerla de nada le entrego ese abrazo amigo hace cuatro años de forma desinteresada, a él, que no se burló de ella cuando confesó de forma impulsiva que le encantaba su olor.
A él, que la cuidó cuando la necesitaba… sin pedir nada a cambio.
Tras esa mágica noche en la cual durmió arropada por su aliento y protegida entre sus brazo, ella sintió como un hilo color esmeralda ahogaba su corazón y la encadenaba a ese solitario chico de la casa Slytherin llamado Theodore Nott.
Nunca se volvió a acercar porque pensaba que la rechazaría, que se reiría de ella llamándola Lunática o Rarita Lovegood. Pues ella sabía que podía soportar todas las burlas y los desprecios de la escuela menos el suyo.
Descubrió que tras ese hilo verde anudado a su alma se irían trenzando más, reforzando el vínculo que sentía. Uno de color azabache desde que soñando despierta en clase de Astronomía se planteó si su cabello sería tan sedoso como lo aparentaba al apartárselo de la cara mientras estudiaba concentrado un examen. Uno suave y claro como ella imaginaba que sería el tacto de su piel. Otro de color azul desde que descubrió que era su color favorito, Luna esperaba poder saber que tonalidad concreta era ese color, ¿Cómo el cielo en verano? ¿Cómo el agua del mar? ¿Cómo los ojos del Director Dumbledore?.
Lo que ella jamás esperó fue que en su sexto año durante la guerra mágica y estando en bandos distintos, Theodore Nott la encontrase rendida en un armario y la llevase a su cuarto entre sus brazos. Porque mientras limpiaba con delicadeza cada una de sus heridas no solo de devolvió la esperanza, no, también le devolvió la dignidad como persona y la voluntad para luchar, no por sus amigos sino también por ella.
Porque los dos merecían un final feliz.
Tras ese primer intercambio tras cuatro años de ignorarse mutuamente, Luna decidió que nunca más la separarían de él; lo buscaba por los pasillos, en la biblioteca y en los jardines. No desistió cuando esa mirada oscura la rechazaba con reproche porque se sentara con él en una clase, no desistió al ver la mirada dolida de Neville preguntándose porque se alejaba tanto del ED a solo unas semanas de las navidades y mucho menos desistió ante las pullas de los Slytherin que con aire fanfarrón aterrorizaban por igual a alumnos de quinto que de primero.
Ya que las cosas cambiaron.
Theodore Nott dejó de verla con reproche por buscar su compañía y empezó a cambiar la táctica, se veían en lugares menos comunes y transitados. Como pasaba más tiempo a solas con él dejo de cruzarse con las miradas lastimosas de los dos Gryffindor, y de la misma forma con el resto de la escuela. Cuando se encontraba entre sus brazos al cobijo del mundo, solo importaban las caricias perezosas que él le hacía en el antebrazo y los besos distraídos que le obsequiaba en la frente.
—Theodore Nott—Se atrevió a hablar en una de sus muchas tardes a solas. Nunca decía nada por temor a que la rechazase por comentar alguna tontería y porque había descubierto a su lado que el silencio es el mejor mensajero—Cierra los ojos un momento, por favor.
La miró confundido, pero aceptó su petición desligando sus brazos de su cintura y cerrando la ventana a su alma en una muda prueba de fe en ella.
Luna pasó con cuidado la mano por su cabello, deleitándose al saber que este era mucho más suave de lo que había maginado, infinitamente más suave que sus greñas rubias a las que vulgarmente denominaba pelo. Las yemas de sus dedos siguieron un trayecto un poco más al sur hasta llegaron a sus mejillas, eran pálidas y un imperceptible surco de pecas las decoraban; dejó descansar su palma completa allí unos instantes y casi se pone a brincar de alegría al ver como una débil sonrisa asomaba por sus labios.
Aun con los ojos cerrados, el sangre limpia arrastro el cuerpo de la Ravenclaw para que se sentara a ahorcadas sobre él, con sus delgadas piernas envolviéndolo en un íntimo abrazo.
El corazón de la joven cabalgaba desbocado en su pecho y sus mejillas se colorearon ligeramente, pero no apartó la mano de su rostro, por el contrario, siguió bajando por su fina y un poco sonriente boca y llegar a su hombro donde se quedo descansando.
—¿Sabes cuál es mi color favorito Luna Lovegood?
Ella negó, pues decir el azul era demasiado vago como para afirmar que lo conocía.
—Son tus ojos cuando brillan al tener una loca idea—Unió su frente a la suya y sus alientos se entremezclaron en una sensual danza, menta y lavanda—Como ahora, que te surge el fuerte impulso de besarme.
—¿Por qué?
—¿Por qué sé que quieres besarme? O ¿Por qué es el color de tus ojos?
La rubia no sabía a que había venido su "por qué", solo sabía que tenía razón y que deseaba besarlo. Y como no por nada la llamaban Lunática Lovegood, le hizo caso a su incoherente impulso y se unió del todo a él en un beso suave pero lleno de electricidad.
Un débil gemido se escapó de ella a la vez que un audible jadeo brotó de él. El Slytherin la acercó más a él apretando el abrazo que mantenía sobre su cintura de la misma forma que la Ravenclaw enroscaba sus piernas a su alrededor y deslizaba sus brazos de sus hombros a su cuello.
Luna sintió que con él era capaz de encontrar todos los colores del espectro de luz. Porque Theodore Nott no solo era marrón café y verde esmeralda, era negro azabache y azul cielo, era rojo pasión y naranja fuego, era violeta juguetón y banco purificador. Lo era todo, ahora que él era su todo.
Por siempre…
Hasta aquí el tercer capítulo, ¿os gusto? Yo en un principio sentía bastante miedo debiado a que Luna es un personaje muy especial y no estaba segura de si iba a estar a la altura, pero siento que la he conseguido captar bastante bien (egos aparte).
¿Merezco un comentario? Hasta el próximo capítulo.
