Capítulo 2:
Le dí mi nombre al segurata de la puerta interior. El hombre era un fortachón calvo de dos metros y medio que se movía tan despacio que hasta me resultaba irritante.
Me encontró en la lista y me dedicó una mirada fugaz y un asentimiento.
- Pasa…Shiho.
Suspiré, aliviada.
- Gracias.-me acerqué al hombre y le indiqué que se agachara para susurrarle al oído.- Que a partir de ahora no entre nadie en el local. Sea quien sea. Da igual. No quiero que haya ningún problema. Eso te aumentará lo que ganes esta noche, por supuesto.
El hombre asintió.
- Nadie.
Le dediqué una sonrisa forzada y me adentré en el local.
El esmeralda era una amplia sala rectangular, donde había una barra en una esquina y mesas con comida en esa misma pared, que estaba repleta de espejos y un papel retro que iba a juego con las lámparas del techo y la decoración que dominaba la estancia.
La iluminación se limitaba a una penumbra coloreada de rosa que remataba el look vintage del todo.
Sonoko me saludó desde el centro de la sala.
Caminé hacia ella.
- Hola, Shiho.-me sonrió- Y yo creía que había llegado tarde…-bajó su mirada desde mis ojos hasta mi vestido y sonrió- ¿Y ese vestido? ¡Estás muy sexy!
Reí y me miré de reojo en el espejo de la pared. Llevaba un vestido ajustado negro por encima de la rodilla con un encaje que le daba un toque sencillo y elegante al mismo tiempo.
Sí, ya sé, iba de negro.
La costumbre.
- Anda, no digas tonterías. –miré al vestido de Sonoko y le devolví el piropo- Tú sí que estás guapa.
Sonoko me guiñó un ojo.
- Ya lo sé.
Desvié los ojos hacia la gente de alrededor, curiosa.
- ¿Y los demás?-pregunté.
No hizo falta respuesta. Encontré en una esquina a Shinichi hablando con alguien que no conocía.
Cuando…
- Señoras y señores, ¡Cuenta atrás para las doce!
Sonoko me miró con el ceño fruncido.
Esto no estaba en el plan.
Mierda.
-¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!
Seguí mirando: había más gente vestida de negro.
- ¡Siete! ¡Seis!
Mierda.
- ¡Cinco!
Salí corriendo hacia Shinichi y él se limitó a quedárseme mirando, sorprendido.
- ¡Cuatro!
Le cogí del brazo y eché a correr de nuevo hacia la salida.
- ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!
- ¿Pero qué te pasa?-me dijo Shinichi- ¿A dónde vamos?
Esquivé a los periodistas con ignorancia y seguí tirando de él.
- Cállate y anda.
Frené un poco el paso cuando nos vi lo suficientemente alejados del local, y suspiré.
Shinichi me dedicó una mirada acusadora mientras se cruzaba de brazos.
Con aquel traje puesto, el hecho de que tuviera que controlarme me resultaba inesperadamente difícil.
- Bueno, supongo que me merezco una explicación.
Estábamos en medio de una calle desierta y oscura. Suspiré.
- He estado con Jodie antes de venir y…hemos hablado de la organización.-confesé.- Dice que no hay ni rastro de nadie, pero que no hay nada seguro. Y que no hace falta que nos escondamos, porque seguro que si quieren revancha va a dar igual lo que hagamos, porque nos van a encontrar como hicieron antes.-tomé aire- Por un momento en la fiesta, cuando ha empezado la cuenta atrás he visto a gente de negro y…no he podido evitar pensar…
- Que nos iban a matar.-completó él, seco.
Le miré.
- Sí, supongo que sí. ¿Pero y cómo sabemos que no eran, eh? ¿Eso me lo puedes decir tú?
- Puedo decírtelo de la misma manera en que puedo afirmar que estás paranoica.-añadió, resoplando.- Me pones de los nervios.
- Oye, tampoco hace falta que me montes un drama.-le espeté.- Tú mismo lo dijiste. No podemos estar seguros de nada todavía. Ni nunca. La organización me ha tenido atrapada toda mi vida, Kudo. Toda. Entiéndeme.
- ¿Y a lo mejor por eso estás tan obsesionada con ellos que me has jodido el cumpleaños?
Alcé las cejas, irritada. Escuchaba lo que quería.
- ¿Qué? Oh, lo siento por preocuparme por tu jeta, señor ''he vuelto a mi vida perfecta con mi novia perfecta''. ¿Sabes? ¿Y si eran ellos de verdad? Te la hubieran destrozado a tiros. Porque a mí mi vida me da igual. Pero la tuya no. Así que quizá si me mostraras un poquito más de…
Me callé.
Shinichi me había agarrado la cara y había presionado su boca contra la mía. Al principio solté un ruidito, sorprendida. Después, cerré los ojos y me agarré a su cuello, dejándome llevar.
¿Cómo se llamaba esa sensación? ¿Felicidad? Sí, esa. Esa era justo la que sentía.
Y mira que dicen que las segundas partes no son mejor que las primeras.
Nos besamos tanto rato que ya se me olvidó como respirar si él estaba lejos de mí.
Pero alguna vez habría que parar.
Alcé la cabeza para mirar a Shinichi a los ojos, que ya me observaba. Le alcé una ceja y él me sonrió con sorna.
- Miento mejor de lo que me esperaba, la verdad.
Me quedé perpleja.
- ¿Qué?
Su sonrisa se amplió.
- ¿De verdad te creíste lo de la amnesia? –rió.- Y yo creía que eras una súper bioquímica… creía que reconocerías la cuentitis a medio kilómetro de distancia.
Acepté con humor el hecho de que se estuviera cachondeando de mí.
- Hay cosas con las que no me gusta jugar.-respondí, aunque no añadí nada más. Algo en mi tacón de había descolocado de repente y tuve que agarrarme otra vez a Shinichi para no caerme. Él me sujetó por la cintura, sorprendido.
- ¿Qué?
Me quité el tacón derecho y se lo enseñé. Llevaba una bala clavada en su extremo. La saqué con un dedo y la examiné. Tenía una inscripción que decía: ''Empieza el juego''.
Shinichi también lo leyó y se quedó blanco. Yo le dediqué una mirada y murmuré.
- Te lo dije.
Llegamos hasta la puerta de mi coche.
La escena seguía siendo una calle oscura. Sólo nos acompañaba la tenue luz de las farolas, que parecían mirarnos de reojo.
Shinichi caminaba a mi lado. Podía sentir su inquietud, como si estuviera a la defensiva por si alguien volvía con otra bala y nos atacaba. Se dio cuenta de que lo observaba y me dedicó una sonrisa tranquila, a pesar de que sabía que no podría engañarme.
El Mercedes apareció medio bien aparcado en un extremo de la acera y hasta me alegré de verle. Era el primer coche que tenía para mí sola, así que lo clasifiqué como algo normal.
Bueno, si hay algo en mi vida que pudiera acercarse a la normalidad.
Me saqué la llave del escote y abrí el coche, que me guiñó un ojo. A Shinichi le hizo gracia el detalle. Me encogí de hombros. Para algo tendría que usarlas.
Me acerqué al coche y abrí la puerta del conductor. Shinichi hizo amago de darle la vuelta al vehículo, pero le detuve.
- Eh, Holmes, ¿a dónde te crees que vas?
Kudo me miró.
- A donde quieras llevarme.
La mano que acababa de colocar sobre su pecho se deslizó hasta su nuca y me incliné para darle un beso.
- No voy a llevarte a ninguna parte.
Shinichi me aprisionó contra él y me devolvió el beso sin avisar, dispuesto a llevarme la contraria.
- ¿Ah, sí?
Me separé de él, refunfuñando.
- Sí.
Apoyé la mano en la puerta de coche, vacilante. Shinichi me miró de arriba abajo como si no me diera cuenta. Seguramente le daba igual que lo notara. Los chicos como él son así.
Creo.
- ¿Y adónde vas?
- A casa.-respondí- A dormir. Y tú vas a volver a la fiesta que te he fastidiado y te lo vas a pasar bien con tu novia y tus amigos. ¿Te has enterado?
Shinichi alzó una ceja.
- ¿Y si no quiero irme?
Una vocecilla dentro de mí susurró: ''Pues quédate. Haz el favor de quedarte. QUÉDATE.'' Pero no le hice caso.
- Vete, anda. Tienes una vida social que recuperar.
Él suspiró, resignado, dispuesto a verme marchar.
- ¿Puedo decir una última cosa?
Me senté en el asiento del coche, interrogante.
- Claro.
Shinichi me sonrió. Era una sonrisa amplia y aniñada que me recordó a cuando era por lo menos medio metro más bajo y llevaba gafas.
- Estás preciosa.
Arranqué sin esperar a que la sombra de Kudo se esfumara entre las farolas de aquella calle y avancé.
La ciudad parecía muy distante más allá de los cristales de mi coche. Yo estaba encerrada en un contorno de luz, esperando que con suerte consiguiera llegar a casa.
Quité el disco de los Beatles y encendí la radio, que murmuró una canción de moda que ni me molesté en escuchar.
'' Después de un buen rato, Shinichi encontró su voz.
- ¿Has dicho…-jadeó- que alguien nos va a sacar de aquí?
Asentí, aún agachada junto a él.
- Y lo antes posible, espero. Antes de que estalle la bomba.
Él alzó la cabeza y me miró con los ojos entrecerrados y la mano hundida en la herida de bala.
Me mantuve tranquila. Tenía que estarlo, si no todo iría a peor.
- ¿Por qué no me dijiste que tenías un cómplice en la organización?-me preguntó.-
Le sostuve la mirada.
- Cuanto menos supieras mejor.-respondí.- Además, seguro que el hecho de que sea el hijo del jefe no te ha hecho gracia, ¿verdad?
- Para nada. Y que haya tenido que enterarme porque haya salido de la boca de Gin, mucho menos. –consiguió esbozar una sonrisa.- ¿Cómo lo conseguiste?
- ¿A James? Cayó en una semana. A Gin nunca le gustó que lo tuviera comiendo de la palma de mi mano, pero…qué se le va a hacer. No se pudo resistir a mis encantos.
¿Quedaba espacio para la ironía en aquella situación? Parece que sí.
Shinichi rió.
- Ya, y ahora como le dé por llegar tarde estamos muertos.-Reprimió una mueca. La herida cada vez le dolía más, pero intentó que no me percatara.- Bueno…si nos vamos a morir, por lo menos estoy bien acompañado.
Le agarré la mano libre como si fuera a romperse.
- No digas eso.-murmuré.- Ni se te ocurra ni siquiera pensarlo.
- Hay muchas posibilidades de que la bomba explote y sigamos aquí, de todas formas.-replicó, alzando de nuevo los ojos hacia mí.
Me perdí en aquel azul un instante, sin decir nada.
- Si nos muriéramos ahora mismo, ¿qué pasaría?
Vacilé un momento.
- No podría morirme sin hacer esto.-respondí.-
Shinichi frunció el ceño, pero no hizo nada más.
- ¿El qué?
Me acerqué a su boca con cuidado sin llegar a rozarla. La respiración lenta y entrecortada de Kudo se me clavaba en la piel.
Y antes de besarle, dije:
- Te quiero.
Shinichi gimió, como si de verdad se hubiera sorprendido, y me devolvió los besos con una mezcla entre la desesperación y el miedo que sentía, que llevaba metido dentro mucho tiempo.
Me esforcé por alargar el momento todo lo que pude, para por él que por mí. Así quizá podría dejar la mente en blanco. Sólo quizá.
Y entonces se escuchó la puerta.
Me despegué de Kudo antes de que James me viera y me incorporé de golpe, ayudando a Shinichi a levantarse y pasando su brazo por mis hombros para que no perdiera el equilibrio al andar.
James me dedicó una mirada paciente y segura que ya conocía, que me hizo sentir el impulso de estirar el otro brazo para abrazarle. Él me abrazó un segundo que seguramente nos habría hecho falta y me agarró del brazo, guiándome por un pasillo largo y muy estrecho que llevaba a la salida.
Una noche sin estrellas nos saludó mientras James casi me arrastraba hacia un coche robado que había colocado sobre la acera.
Dejamos a Shinichi como pudimos en la parte de atrás y él me llevó hasta el asiento del conductor y me dio las llaves del coche.
- Si sigues la calle acabarás en la autovía. Coge la salida que da al hospital. No está muy lejos.
Tartamudeé.
- Pero… ¿y qué pasa contigo? No has arriesgado tu vida por mí para ahora quedarte aquí mientras esto explota.
James habló lentamente y con total normalidad, como si se estuviera tomando un café en un bar.
- Yo tengo el pellejo asegurado, Shiho. Al contrario que tu amigo y tú. Sospecharán más de mi si desaparezco.-me besó en la frente y sus ojos castaños se hundieron en los míos, sin ningún sentimiento aparente.- Ha sido un placer, amor. Nos veremos algún día.
- James, yo…
Y, en ese momento, le ví salir corriendo hacia un edificio que estalló en llamas.
- Eh, Shiho, despierta. Eh.
Abrí los ojos con un respingo y alcé la vista.
Una figura se enfocaba delante de mí. De piel negra como ella sola, Heiji me observaba con una curiosidad burlona.
- ¿Qué quieres?-murmuré con voz ronca.
Seguía acurrucada en el sofá del salón de los Kudo, con el vestido negro todavía puesto y el maquillaje extendido a churretones a lo largo de mi cara de recién levantada.
- Bueno, -su mirada empezó a pasearse por la habitación- Ran sigue con Shinichi en su casa, y Sonoko y Kazuha se han ido de compras por ahí.
Me pasé una mano por el ojo, llenándomela entera de negro.
- ¿Y qué pasa con eso?
Heiji ni siquiera pestañeó.
- ¿Te invito a desayunar?
