La imponente alcaldesa de Storybrooke entró a la cafetería y el silencio reinó a su alrededor. Nadie notaba la resaca que la mujer intentaba sobrellevar esa mañana. Pidió un café negro y Belle entró guiñándole un ojo, poco afectada por las actividades de la noche anterior. Vio a varios encogiéndose en horror, temiendo por la niña. Rió en su interior mientras Belle se sentó.
«Alcaldesa».
«Belle».
«No la veo bien».
«¿Oh?».
«Está tensa, ¿quiere que la ayude a relajarse?».
Su sentido del humor saltó un momento y tomó sus manos con cariño en su regazo.
«No, cariño, eso fue anoche».
