Capítulo III: Meeting with Unknow.

Jack, de nuevo en el coche, giró sobre si mismo para obtener una panorámica de dónde se encontraba. Y de su situación, pero no obtuvo nada porque todo estaba inundado de una niebla que lo cubría todo. Además, tenía la sensación de estar atrapado en un congelador. Se frotó las manos y los brazos para tratar de conseguir algo de calor.

"¡Idiota! La mejor forma de conseguir calor es hacer un poco de ejercicio. Voy a explorar esto y veamos que es lo que está pasando." –se dijo a sí mismo, manteniendo una conversación en voz alta. Era un síntoma del aburrimiento, y de la soledad, pero a él no le importaba. Hablar y razonar consigo mismo, tanto en voz alta como mentalmente, lo hacían muchas personas inteligentes. Se consolaba con ese pensamiento.

Sin embargo, se negaba a alejarse del coche. Todo era tan… sumamente extraño. Las palabras lógica o realidad no guardaban mucha relación con lo que le estaba ocurriendo. El bar se había transformado, aquél cuartito también, y le habían destrozado el coche. Si al menos su coche estuviese entero, podría abandonar este pueblo para siempre. Pero no, le era imposible, y para colmo, su único acompañante, la persona por la cuál Jack había llegado a Silent Hill, se había largado, dejándole completamente sólo. Y no parecía que hubiese mucha gente en las inmediaciones.

Pero aparte de lamentarse, poco podría hacer si no se ponía en marcha. Necesitaba encontrar, por lo menos, a alguna persona con la que hablar.

Se alejó unos pasos del coche, y fue a la acera de enfrente. Justo delante tenía una ferretería, cuya puerta estaba cerrada, pero se abrió sin problemas. Una vez dentro miró por los estantes, pero no halló nada de utilidad, al igual que tampoco había ningún empleado a la vista.

– ¿Oiga? ¿Hay alguien?

Pero nada ni nadie le respondió.

"Qué lugar más extraño… ni un solo alma a la vista"

Ryan aprovechó para mirar en busca de cualquier cosa, pero salvo tornillos y tuercas, apenas quedaba material útil. Sin embargo, una cosa sobre el mostrador le llamó la atención, se trataba de una linterna, de las que tienen forma de tubo de L, perfecta para llevar en un bolsillo, generalmente de uso militar, y con las que Jack estaba familiarizado. Al lado de ésta había dos pilas redondas medianas, ideales para linternas de ese tamaño. Jack desenroscó la parte de debajo de la linterna y le introdujo las pilas. Tras enroscar de nuevo, y apretar el interruptor, un flash de luz barrió el techo.

– ¡Perfecto! Esto me vendrá bien con esa mierda de oscuridad y niebla.

Antes de salir, depositó siete billetes de un dólar que llevaba en la cartera, como pago por la linterna y las pilas. Según una tabla de precios, eso era lo que correspondía…

Al salir afuera, notó de nuevo el frío, y al no ver casi nada, encendió la linterna y se la colocó en un bolsillo, con la lente de luz asomando e iluminándolo todo. La niebla no contribuía a obtener más visibilidad, pero gracias a la linterna, era mejor que nada.

Entre todas las casas, divisó una tienda llamada Levi's Beef, que resaltaba entre las demás porque tenía una luz dentro encendida. Podría entrar, en busca de algo que le fuera útil, pero al acercarse y echar un vistazo, comprobó desde fuera que no valía la pena entrar. La tienda estaba tan vacía como las calles. Y tampoco iba a encontrar algo que le resultara de utilidad para su actual situación en una carnicería, o tienda de comida en general, o lo que fuese.

Un poco pasada la tienda, divisó una silueta aparentemente canina. Desde su juventud, Jack odiaba los perros, por lo que se pegó a la pared lo más que pudo, intentando evitar que el perro le viese. Caminó muy despacio, alumbrando con el faro que pendía de su pecho a todos los rincones, y finalmente lo vio. No era un perro normal.

En el momento en que el haz de luz le iluminó directamente, la criatura miró hacia detrás. Y Jack, horrorizado, pudo ver su aspecto.

Como había supuesto, se trataba de un perro, aunque parecía que con los huesos colocados por encima del músculo. Su cabeza era una masa de carne tuberculosa que no guardaba relación con nada conocido, salvo por el hocico largo y repleto de dientes (más parecido a un reptil que a un perro), y en ella brillaban dos ojos rojos como ascuas.

Jack no supo qué hacer, ni cómo reaccionar, y subitamente pensó en que si cerraba los ojos, la criatura despertaría. O probablemente despertaría del sueño (o más bien pesadilla) en que estaba inmerso.

Pero no tuvo tiempo de tomar ninguna decisión por sí mismo, pues el horrible monstruo ese la tomó por él. De improviso, se lanzó a correr contra Jack, que viendo su increíble velocidad, se echó a correr, pero en el último momento, se echó al suelo, y la criatura le saltó por encima. Por suerte, su instinto de supervivencia había reaccionado automáticamente, y eso sin duda le salvó la vida. Ryan corrió, hasta refugiarse detrás de un coche, mientras la criatura se levantaba del suelo, perezosamente, e intentaba localizar a Jack. Éste tuvo tiempo para ver en el suelo, un cacho de tubería, encajado en la rueda del coche, y la recogió. Con un arma en sus manos, quizás podría tumbar a la espantosa criatura. Era mejor que nada, porque sabía por experiencia que los perros eran más rápidos que una persona, y además cuando huía, se lanzaban con más ímpetu hacia su víctima. Malditos animales…

En ese momento, la criatura le localizó y echó a correr hacia él, pero Jack simplemente esperó a que se acercara y preparó el golpe.

Cuando la criatura estuvo a una distancia suficiente, descargó la tubería hacia abajo, con toda la fuerza que fue capaz de reunir, pero sorprendentemente, la criatura logró aferrarse a ella de un mordisco. Con su poderosa mandíbula mordió con fuerza suficiente el canalón y tiró de él, arrebatándoselo de las manos a Jack.

Éste, notando de nuevo el sudor frío del pánico, echó a correr hacia la tienda de Levi's Beef, el único refugio a la vista. La experiencia le había enseñado que era una pésima idea, pero le daba igual, sólo quería llegar al primer sitio seguro que encontrara. No oyó que la criatura lo siguiera, pero si llegó hasta sus oídos unos gruñidos, y el sonido del metal doblándose y siendo quebrado.

Corrió a toda velocidad hasta alcanzar la tienda, y a empellones, empujó la puerta, que por fortuna se abrió, y la cerró a sus espaldas, apoyándose en ella. Suspiró hondo y permaneció unos instantes recuperando el aliento. La luz del local parpadeaba, alargando sobremanera las sombras cada vez que se encendía, hasta que de repente se oyó un chasquido y se apagó sola. Jack emitió un grito de impotencia y permaneció a oscuras, sin moverse del sitio, y sin recordar que tenía una linterna entre sus más recientes pertenencias. Flexionó las rodillas, y se acurrucó, esperando el fatal mordisco de la criatura, o que le pasase cualquier cosa, pero tras unos minutos, nada sucedió. Y poco a poco fue recuperando el autocontrol de sí mismo. Encendió su linterna, e iluminó la estancia. Parecía un poco diferente a la luz de la linterna que con la iluminación estándar del local, pero era sin duda el mismo sitio. Y nada había cambiado, como en el caso de aquella gasolinera extraña. Podía estar tranquilo, sólo había sido un corte de luz normal y corriente.

Jack se incorporó, y buscó con el haz de luz de la linterna el interruptor de la luz. Una vez lo halló, a su izquierda, lo presionó, pero no funcionó. Estaba claro que lo que había fallado era la instalación eléctrica, aunque al menos las luces de emergencia funcionaban, emitiendo una débil y azulada luz sobre donde estaba él y, más atrás, lo que parecía ser otra salida trasera.

Caminó un poco, sorteando los estantes, mientras se hacía una vaga idea de qué cosas había en la carniceria y cómo estaba distribuido todo: Un mostrador, algunos expositores con mercancía de todo tipo y detrás del mostrador, la otra puerta.

De uno de los mostradores, por curiosidad, recogió un paquete de chorizo embutido. No parecía estar en muy mal estado, pero al mirar la fecha se dio cuenta de que llevaba cinco meses caducado. Y cuando lo iluminó con la linterna vio que una cosa verde, moho sin duda, había crecido incluso dentro del paquete, teóricamente sellado. Y lo mismo con los otros productos alimenticios que había, como queso, y todo tipo de embutidos y productos cárnicos y salchichas. Mejor buscar otro lugar donde hacer la compra de la semana.

En otro mostrador, entre algunos paquetes de papas fritas, encontró un machete de carnicero. Lo sostuvo en las manos para hacerse una idea de su tamaño y peso, y decidió quedárselo, por si otra o la misma criatura perruna le volvía a atacar.

Al revisar el mostrador principal, donde estaba la caja registradora y varios objetos de poca o ninguna utilidad, en uno de los cajones vio un objeto que le llamó bastante la atención. Consistía en una pistola grapadora, de esas que lanzan las grapas a una distancia considerable. Como arma, era superior al machete porque atacaba de lejos. Aunque dudaba que una grapa detuviera a cualquier cosa, si se volvía a encontrar con el perro y apuntaba bien, podría dejarlo ciego o algo así. Junto a ella, había cuatro cargadores de grapas, más el que traía el "arma".

Continuó registrando la tienda, pero no encontró nada más útil. Siguiendo la luz de emergencia, salió por la puerta situada en la trastienda, que al parecer daba a la parte trasera de la calle, y la recorrió con la mirada. Lo primero que divisaron sus ojos fue un cacho de metal completamente doblado, que reconoció por la forma.

"Pero si es la tubería de antes... ¡eso significa que la cosa con forma de perro está aquí!"

Notó un gruñido, pero antes de hacerse una idea de por donde venían, echó a correr con toda la potencia que lograron sus piernas hacia delante, sin saber muy bien que encontraría. El pánico le daba fuerzas. Atravesó un aparcamiento vallado, donde algunos coches yacían con los cristales rotos y manchas de sangre. Sorteó algo que se asemejaba a un cadáver humano, pero no tuvo tiempo de fijarse.

Oyó pisadas de cuatro patas detrás de él, y sin detenerse por nada del mundo, disparó a ciegas con la grapadora hacia detrás.

Entre los sonidos guturales de la criatura y el chasquido de las grapas al salir, su esfuerzo se vio recompensado con un agudo chillido y una figura borrosa vista por el rabillo del ojo que caía al suelo. A sabiendas de que no tardaría en levantarse, continuó atravesando el aparcamiento, hasta situarse justo enfrente de tres escalones, en cuyo final distinguió una gran puerta doble de cristal y un cartel enorme que decía: "Gasolinera Cristal". Un breve vistazo a las puertas le indicó que éstas ya habían sido abiertas hace casi nada, por lo que serviría de refugio perfecto. Sin pensar qué era lo que podría haber franqueado esas puertas antes que él, o sin hacerse a la idea de que hasta podría haber otras criaturas dentro, Jack atravesó las puertas en silencio.