LA MAYORÍA DE LOS PERSONAJES DE PERTENECEN A STEPHENIE MEYER PERO LA HISTORIA ES COMPLETAMENTE MÍA


- 3 -

CONSECUENCIAS


Compartir ropa es algo a lo que estamos acostumbradas, no es la primera vez que me quedo en casa de Sophie o de Tabatha con solo mi cepillo de dientes en la mano. Tampoco es la primera vez que ellas se quedan en mi casa en las mismas condiciones. Una vez terminamos de arreglarnos bajamos a desayunar, como siempre la abuela ya tenía todo pronto por lo que no teníamos que hacer más que sentarnos en la mesa y comer. Ella charló con nosotros sobre nuestra noche, incluso conmigo, pero no mencionó nada sobre el diaro, yo tampoco lo hice.

El camino al instituto fue tranquilo, si comenté algunas cosas con las chicas sobre el diario pero más que nada mis pensamientos sobre lo que leí la noche anterior. Las dos escucharon pacientemente cada una de mis hipótesis dando los pros y los contras que podían encontrar.

Para cuando llegamos al instituto ya tenía dolor de cabeza.

Tabatha se despidió de nosotras mientras corría para no llegar tarde a Geografía. Sophie y yo continuamos caminando tranquílamente hacia Química, una de las pocas materias que compartía con ella, pues sabíamos que el profesor Connell siempre llega tarde.

―¿Crees que algo raro sucederá hoy? – preguntó Sophie durante el camino. La miré con confusión.

―¿Raro?

―Si, digo. Lauren prometió vengarse de ti ayer, ¿recuerdas? Deberíamos tener los ojos bien abiertos, por las dudas.

Claro, Lauren. Con la cantidad de cosas extrañas que sucedieron ayer el encuentro con miss popularidad quedó sepultado en lo más profundo de mi memoria. De todas formas sabía que Sophie tenía razón y debía llevarmelo con cuidado, no por nada esa arpía es conocida por sus bromas y venganzas.

―Es una buena idea, supongo que ya veremos que pasa.

Sophie asintió al tiempo que entrabamos en Química. Después de esa hora nos separamos para ir cada una a su correspondiente clase por lo que no volvimos a cruzarnos más hasta el almuerzo.

Tabatha fue la útlima en llegar a nuestra mesa, su rostro evidenciaba la irritación que sentía.

―Odio a Bruster – gruñó dejándose caer en la silla.

Yo pude evitar reírme. Bruster, nuestro profesor de Filosofía, tenía una secreta pasión por tomarla con Tabatha y sacarla de completamente de lugar.

―¿Qué hizo ahora? – pregunté con una sonrisa.

―Me reprobará el semestre – chilló ella –, y teniendo todas las pruebas mensuales muy por encima de la media básica. Dice que mi conducta deja mucho que desear, ¡será imbécil!

Sophie negó.

―Eso es porque siempre lo estás desafiando, él no lo soporta.

―¿Qué culpa tengo yo de que viva equivocado? – gruñó nuevamente Tabatha antes de darle un violento mordisco a su manzana.

Lo del problema entre ella y Bruster no es cosa de ahora sino que viene de años. Tabatha siempre reprueba Filosofía por sus constantes discusiones con el profesor cuando ella asegura saber que él está equivocado. De la misma forma siempre salva el exámen con una nota mágnifica probando así que nunca debió ir a exámen en primer lugar.

―¿Renesmee? – preguntó alguien a mi espalda, me giré para ver delante de mi a la mismísima Lauren Mallory. Suspiré imaginando que otra vez tendría un problema con la chica, ¿es que jamás se cansa de molestar a los demás?

―¿Qué quieres Lauren?

―Quería decirte que la forma en la que me comporté ayer contigo fue horrible, acepto que estuve mal y me disculpo por eso, ¿quédamos bien?

Tuve que, necesité, mirar a mis amigas para ver si esto estaba sucediendo en realidad o era parte de alguno de mis sueños más alocados. En sus caras estaban reflejadas la misma expresión de asombro que probablemente habría en la mía en estos momentos. Pero no es para menos, digo... Lauren Mallory, la peor y más vengativa chica del instituto está disculpándose conmigo por algo que suele hacerme desde hace más de seis años. Si no lo estuviese viendo no lo creería.

―Eso creo – murmuré todavía incredula. Ella asintió firmemente antes de retirarse por el mismo lugar de donde llegó.

Me quedé allí sentada, sin saber bien qué decir.

―¡Oooh! – murmuró Sophie rompiendo el hielo –. Esto es algo que jamás creí llegaría a ver.

―Estoy tan sorprendida como tú – confesé.

―¿Será que trama algo turbio? – intentó de nuevo mi amiga con sospecha.

―Por supuesto que sí – aceptó Tabatha –. Hablamos de Lauren Mallory, ella siempre va sacando partido de las cosas. Como dice mi madre, esa no da puntada sin hilo.

Mi mirada se dejó ir hacia donde Lauren estaba con sus amigas sin prestar atención a nuestro sector. Si hasta el momento no hubiese estado ya bastante sorprendida lo que sucedió después fue mucho mejor. Jacob Black, desde su lado de la mesa aprovechó mi mirada para sonreír en mi dirección, él me guiñó un ojo antes de continuar con su almuerzo como si nada hubiese pasado.

―¿Pero qué... demonios? – murmuró Sophie, obviamente ella también lo vio.

―Creo que todo el mundo se volvió loco en el instituto – rió Tabatha así finalizando el tema pues nadie comentó más sobre ello.

Poco después nos separamos, las chicas regresaron a sus clases mientras que yo me dirigí a mi lugar favorito. Mi profesor de Sociales no vendría por toda esta semana por lo que sabía que mi siguiente hora era libre. Como hice el día anterior, me acomodé bajo el sauce y saqué el diario del bolso dispuesta a avanzar otro poco más en la lectura.

¿Esperaba ya una respuesta a mi respuesta? No, realmente no la esperaba. Mis palabras ya habían surgido efecto en él, el objetivo incial estaba completo así que... ¿por qué él tendría el interes de seguir con esto? De todas formas una insistente partecita dentro de mí rogaba por una oportunidad de más, de cubrir esa necesidad que tenía de saber de él.

Ese "por qué" llegó a mí tres semanas después, y continuó llegando por muchas semanas más al correr de los meses. Sus letras, cada vez más extensas, más divertidas, más especiales, lograron formar una especie de vínculo entre nosotros. Dos deconocidos hablándose de los más profundos temas, de sus sentimientos más intensos, de sus pensamientos más oscuros. Dos personas confesándolo todo, y conociéndose así aunque nunca en la vida viesen el rostro del otro.

Me enamoré tanto de la caligrafía como de la mano que la escribía, de las ideas escritas como quien las pensaba. Me enamoré de una personalidad, de un hombre con manchas, un hombre imperfecto, afectado, pero también maravillosamente bondadoso y leal.

Fue ese sentimiento el que me hizo comprender que las cosas con Jack ya no tenían retorno, con el paso de los meses – sobre todo desde que comenzaron a llegar las cartas – lo nuestro había comenzado a enfriarse demasiado rápido, tanto así que durante el último mes solo nos vimos un par de veces y nada más.

No sentía nada por él más de lo que sentiría por un buen amigo y era injusto para ambos continuar con una farza de relación. Me alegró en ese momento que Jack lo aceptara con facilidad, él no sabía nada de las cartas – ninguno de mis amigos lo sabía, era mi secreto – pero también había notado que no funcionabamos bien como pareja.

La correspondencia continuó entre nosotros con tanta frecuencia como era posible, al menos hasta esa tarde en la que todo cambió. Esa tarde en la que llegaría la carta que tiraría mi mundo abajo.

Él se había enamorado. Me lo confesaba, y quería mi opinión al respecto, la opinión de su amiga más especial. Finalmente había encontrado a una persona con la cual compartir su vida, y esa persona no era yo.

Me sentí tan tonta en ese momento, tan imbécil. ¿En verdad alguna vez creí que podría fijarse en mí? Diablos, si ni siquiera me conocía en persona.

Pasaron horas para que pudiese controlar mis lágrimas, pasaron días antes de que pudiese darle una respuesta. Y no fue porque no supiera cuál era sino porque no me sentía capaz de escribirla.

Dicen que cuando uno ama de verdad es capaz de dar todo por la persona que ama, la libertad, la felicidad e incluso la vida. Tenía en claro que lo amaba, mucho más de lo que imaginé posible. Y también quería más que nada su felicidad. Eso podía resumirlo todo. No siempre es fácil hacer lo correcto pero es más que necesario, sobre todo en ésta ocasión.

Escribí esa carta con todo el amor del mundo, enviándole todos mis mejores deseos como siempre lo he hecho. Puse todo de mi para hacerle saber mi más sincera opinión, para después desearle mucha suerte en la vida. Y finalicé mi carta con un simple "no te rindas, nunca" que englobaba mucho más de lo que me gustaría pensar.

Ella estaba enamorada, completamente enamorada de ese hombre. Mi madre lo amaba a él pero... ¿y qué con mi padre?, ¿dónde estaba en esos momentos?, ¿cuándo ella se enamoró de mi papá? Porque mamá lo ama, estoy segura de eso.

Apoyé la cabeza sobre mis rodillas buscando una manera de comprenderlo todo, resultaba algo tan confuso que mi cabeza estaba hecha un lío. Una mano se posó sobre mi hombro haciéndome saltar de mi lugar, respiré tranquila cuando vi los ojos castaños de Sophie mirándome con preocupación. Tabatha se mantenía detrás de ella pero con la misma expresión en su rostro.

―Ness... ¿te encuentrás bien? – Sophie se arrodilló junto a mí.

―Es confuso – admití –, ¿no deberían estar en clase?

―Es hora de irnos Nessie, has estado sentada allí por casi dos horas.

Diablos, me había perdido la última hora. Tomé el diario y lo coloqué de regreso en mi bolsa, lo mejor que podría hacer ahora es volver a casa.

―¿Qué te pasa Nessie? Estás asustándome.

Suspiré antes de volver a acomodarme junto al arbol, ellas dos también se sentaron a mi lado. Entonces le relaté la historia del diario así como lo último que había descubierto hace pocos minutos y que todavía estaba fresco en mi cabeza. Tabatha y Sophie se mantuvieron en silencio durante todo el tiempo dándome así el espacio que necesitaba para hablar y desahogarme.

―Es muy triste Nessie – acordó Sophie al final –. Siento que tu mamá tuviese que pasar por eso.

Asentí.

―Ellos nunca se habían visto en persona pero aún así ella se enamoró de él. Es raro pensar que a través de esas cartas llegaron a conocerse de una forma tan completa, tan real. Se nota que lo amó mucho a pesar de nunca haber visto su rostro... – admití.

―Eso es... – murmuró Tabatha más para sí misma que para nostras.

―¿Cómo dices? – pregunté pero ella parecía perdida en sus ideas.

―Es esa la conexión Nessie – casi chilló –. Ella lo conoció por medio de esas cartas, se enamoró de él aunque nunca antes habían cruzado una palabra.

Sophie la miró soprendida pero dio de lleno.

―Como en tu caso... con Jake.

Mi boca se abrió varias veces sin que fuese capaz de controlarlo, había estado tan inmersa en la historia misma que olvidé la razón por la que la leía en primer lugar. La famosa conexión conmigo, ahora podía entender mucho más que antes.

―Tengo que hablar con la abuela – murmuré tomando mi bolso al levantarme. Ellas hicieron lo mismo.

―Llamanos si necesitas ayuda – pidió Tabatha, asentí antes de darles un abrazo a cada una.

Llevaba solo unos cuantos minutos caminando cuando sentí que alguien se acercaba a mí por detrás a gran velocidad. Giré para ver quién cuando me encontré con Jacob Black corriendo en mi dirección, me detuve a esperarlo sin estar segura de qué hacer. Él probablemente eligió el peor momento para abordarme, era un día complicado para mí.

―Hola Nessie – sonrió ya a mi lado – ¿Cómo estás?

Confundida, mareada, con mil preguntas en la cabeza, intentando averguar por qué estás hablando conmigo... y podría seguir.

―Lo llevo, ¿ y tú?

―También – se encogió de hombros pero sin perder su sonrisa – ¿Te molesta si te acompaño?

Negué. Caminamos en silencio por varios metros antes de que alguien pronunciara palabra otra vez. Había algo que estaba dando vueltas en mi cabeza, decidí aprovechar la oportunidad.

―¿Puedo preguntarte algo?

―Claro.

―¿Qué fue eso en el almuerzo? – él pareció de golpe sorprendido por mi pregunta pero también un poco abochornado.

―Bueno, nada importante.

―Jake, dilo.

―¿Prometes que no te enojarás? – intentó él, yo lo miré confusa.

―No veo por qué tendría que enojarme – admití.

Jake suspiró.

―Le advertí a Lauren que si te hacía algo les diría a todos que ya no estamos juntos.

Definitivamente eso no me lo esperaba. ¿Por qué le precupaba a él lo que su exnovia pudiera hacerme?

―¿Por qué harías algo como eso por mí?

―Porque me agradas Nessie, Lauren tiene que terminarlo por la paz.

―¿Te agrado? Pero si casi ni nos conocemos.

―Hablamos ayer – explicó como si esa fuese la obvia solución a un díficil problema.

―Un día, unos cuantos minutos nada más. Llevo contigo desde el tercer grado, Lauren lleva años molestándome, y jamás habías volveado a verme, ¿por qué el cambio?

Él pareció verse confundido por mi reacción, pues más que enojo era la incredulidad lo que me dominaba. No era capaz de comprender su cambio, no podía creer la situación en la que nos encontrabamos.

―¿La verdad? No lo sé.

Continuamos caminando las pocas cuadras que quedaban en silencio. Lo miré furtivamente pero Jake parecía realmente concentrado en sus pensamientos, varias veces me pregunté cuáles podrían ser.

―Ésta es mi casa – comenté cuando ambos nos detuvimos en la entrada. Él asintió.

―Nos vemos mañana.

―Adiós Jacob – siguiendo un impulso, o un deseo tal vez, me acerqué lo suficiente para dejar un beso en su mejilla antes de alejarme. No volteé a ver su expresión sino que continué sin mirar atrás.

La abuela Esme se encontraba en la sala leyendo la edición mensual de su revista de decoración favorita. Ella levantó la vista en cuanto me escuchó entrar y sonrió dejando de lado la lectura para abrazarme.

―Cariño, ¿qué tal la escuela?

―Bien, ¿podemos hablar ahora? – ella asintió tranquilamente antes de que ambas nos acomodaramos en el sofá.

―Creo saber a qué te referías, lo del diario.

―¿Lo terminaste? – preguntó curiosa.

―Todavía no.

―Hazlo. Tengo una idea de en qué parte te has detenido pero aún no te falta otra más importante.

Ella no mencionó más nada sobre el tema, yo tampoco fui capaz de insitir, ni siquiera me animé a preguntar nada más. Subí a mi habitación después de terminar con mis tareas de la casa para ocuparme de las que me habían dejado en el instituto, entre una cosa y otra la tarde pasó volando. La cena estuvo bastante tranquila aunque la abuela y yo hablamos más bien poco. Llamé a mis padres, como todos los días, antes de acostarme. Fue hasta que estuve sentada en mi cama que logré tomar ese diario otra vez.

Esto fue lo más lo más difícil que he hecho en años, pero probablemente lo haría de nuevo una y mil veces más si con eso logro mi objetivo.

Algunas veces me quedo pensando en qué hubiese pasado si no le hubiese contestado esa primera carta, si nunca hubiese envitado mi primera respuesta. Seguiría teniendo esa vida perfecta pero vacía, con buenos amigos, con metas a futuro que no involucraban nada más que un plan fácil de pensar, con un novio del que no estaba enamorada pero con el cual me era sencillo estar. Tal vez no sientiese como si mi corazón fuese a desarmarse en cualquier momento, claro, pero tampoco habría conocido el amor.

Ahora comprendo qué es ese "algo" que me faltaba antes, amor. Un amor puro que lo sobrepasa todo y a todos.

No esperé una respuesta esta vez, o bueno tal vez sí en un principio. Pero esa respuesta nunca llegó. Casi un mes y medio después ya había perdido completamente las esperanzas de continuar con éste maravilloso vínculo que nos unía, él ya no me necesitaba aunque yo continuara necesitándolo a él. Ésta vez pasaron semanas antes de que pudiese dejar de llorar.

Una lágrima solitaria se derramó por mi mejilla. Mi madre había sufrido tanto por éste amor no correspondido, pero incluso en esos momentos ella solo pensaba en él, en su felicidad. Esa era otra de las cosas que teníamos en común, yo también quería que Jake fuese feliz por sobre todo, incluso si esa felicidad la conseguía con otra persona y no conmigo.


Bueno, pobre Ness... Jake no parece sentir nada por ella... y además Bella y Edward... ¡Uff!

En fin, gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. ¡Hasta pronto!