Peter Quill se encontraba acariciando los cabellos de su novio, ambos estaban disfrutando de una antigua serie de comedia mientras disfrutaban algunos pedazos de pizza. Ya era veintitrés de diciembre y aún no habían podido decorar su casa, tampoco habían comprado los ingredientes para la cena, ni siquiera habían tenido tiempo de ir por regalos al centro comercial, todo debido a sus trabajos. Así que esa noche se estaban relajando, ya que al día siguiente les tocaban realizar distintas actividades.

Scott se comenzó a quedar dormido, Quill no pudo evitar poner una tonta sonrisa mientras besaba las mejillas de su chico, ya llevaban casi dos años de novios y sólo hace un par de meses habían decidido vivir juntos, esta sería la primera navidad que pasarían en su humilde hogar.

– Scotty, vamos a la cama bebé – le pidió Peter a su chico, quien somnoliento comenzó a ser tirado de la mano. Se arroparon, Lang se acurrucó en su pecho y a los pocos minutos ambos se habían quedado profundamente dormidos.

Esa mañana corrieron por el centro comercial pues debían comprar muchos presentes, después de todo, tenían un amplio círculo de amigos los cuales de seguro les tendrían regalos para el día veintiséis, ya que su círculo cercano de amigos se reuniría en una fiesta en la mansión Stark-Rogers.

– ¿Crees que a Gamora le guste este labial? – preguntó Lang señalando un labial, de inmediato Peter comenzó a reír, haciendo que su novio lo mirara desconcertado.

– Amor estamos en una sex shop, te aseguro que ese labial lo último que hace es pintar los labios – de inmediato las mejillas de Scott se sonrojaron, ahora entendía porque en ese lugar habían tantos artículos de formas fálicas, solo a su novio se le ocurría ir por regalos a un lugar así – eres tan inocente mi hormiguita – Peter le dio un suave beso en la coronilla – mira de seguir Stark alucina con estas esposas de cuero – explicó Quill – y llevémosle ese labial a Gamora, últimamente la veo de mal genio, de seguro algunas vibraciones le mejorar el ánimo.

Siguieron mirando algunas cosas, Scott rápidamente aprendió sobre juguetes sexuales, incluso estaba tentado a llevar algunos para tener una excelente "noche buena" con su amado novio, Quill no hizo más que sonreír mientras pagaba todos los artilugios que habían adquirido, sus amigos estarían más que agradecidos.

La siguiente parada fue el mercado, Peter sugirió que llevaran algo preparado, pero Scott se negó, alegando que como primera navidad que pasaban juntos debía ser algo especial, él se haría cargo de hacer la cena. Peter por su parte se comprometió a adornar la casa, arreglar el árbol y poner luces, que era lo que lo tenía más que entusiasmado.

La nieve comenzó a caer lentamente mientras el hogar de los Quill-Lang se llenaba de colores y aromas navideños, del tocadisco de Peter se escuchaban algunos viejos villancicos y de vez en cuando se juntaban para una pequeña pieza de baile, un abrazo e incluso un par de besos.

Peter terminó de instalar las luces, Scott acotó temeroso que le parecían demasiadas pero su novio explicó que nunca eran suficientes luces, que la navidad merecía muchas más. Lang terminó de cocinar el postre y los acompañamientos, sólo le faltaba un poco a la carne, la noche ya había caído y se escuchaba como por las calles los pequeños salían a hacer muñecos de nieve.

De repente la cocina se llenó de humo, había un fuerte olor a quemado, Scott salió corriendo a la cocina, al abrir el horno dio un gritito de dolor, había olvidado ponerse los guantes acolchados. Quill que había ido a prender las luces, detuvo sus acciones para ir preocupado por su novio al llegar se encontró lo encontró maldiciendo, con cuidado tomó su magullada mano y la llevó al grifo de agua, por suerte no parecía ser una quemada de importancia. Pero lo que no tenía solución era la carne, que para esos momentos parecía más carbón que algo comestible.

– Mierda Peter, arruiné nuestra comida – dijo Lang triste, sentía que sus ojos se ponían vidriosos. De inmediato Quill lo acercó a su pecho y lo comenzó a consolar mientras daba besos en su coronilla.

– Lo importante es que no te heriste, podemos comer las otras cosas, bebé sólo era carne – expresó Peter cariñoso mientras daba un juguetón apretón de nariz a su chico – probemos nuestras luces.

Se pusieron en el patio a observar los destellos de distintos colores, Scott no podía negar que la casa se veía linda, pero aún seguía insistiendo en que encontraba demasiadas luces. Estaban por entrar a su hogar cuando las luces dieron unos parpadeos y de golpe toda la casa se sumió en oscuridad, habían sobrecargado la energía eléctrica del lugar.

Minutos después se encontraban cenando con una mísera vela prendida, sólo tenían acompañamientos y aunque lo importante es que tenían bastante postre, siendo Peter el más feliz con la situación. Pese a que nada había salido como querían, no dejaron de reírse y disfrutar, ya estaban acostumbrados a lidiar con su mala suerte, recordaron la vez en la que Scott se quebró un pie y no llegó a su aniversario de noviazgo, o la vez que Peter fue mordido por un perro en el cumpleaños de Scott, sin dudas, su romance estaba lleno situaciones tragicómicas pero mientras estuvieran juntos a ellos no les interesaba.

Un par de horas después se encontraban acurrucados bajo muchas mantas, debido a que no tenían electricidad no podían usar el calefactor y gracias a la copiosa nieve que estaba cayendo, hacía un frío de los mil demonios, al menos juntos se daban algo de calor.

– No le podemos contar esto a Tony, nos molestara por semanas.

– Y no sólo él, Clint y Bucky se sumarían a las burlas.

Siguieron riendo de su mala suerte, pero al menos se tenían, habían galletitas de jengibre y un delicioso chocolate caliente con canela que les había calentado el cuerpo, como era su lema, "teniéndose uno al otro, el resto no importaba" juntos serían felices en una playa paradisiaca como comiendo pan bajo un puente.

Scott sintió algo frío en su mano, dio un respingo cuando Peter tomó su mano y algo de metal fue puesto en su dedo anular, no podía ser lo que estaba pasando por su cabeza, de seguro todo era un error.

– Scott Lang ¿quieres ser mi esposo? – preguntó Peter en la oscuridad, sólo maldecía no poder ver la cara de su amor en esos momentos, aunque no fue necesario cuando unos fuertes brazos lo envolvieron y muchos besos fueron regados por su cara y sus labios, el algún momento sintió el sabor salino de las lágrimas, aunque no sabían si eran las de Scotty o las de él.

– Por si no te quedó claro, acepto – finalizó Scott, abrazándolo aún más fuerte.

Ambos seguían llorando, sólo se escuchaban sus sollozos y sus manos en ningún momento se separaron, en momentos como ese, se daban cuenta que se amaban más que nunca pero menos que mañana.

– Te amo Peter, me has hecho el más feliz. Pero debo confesar algo – explicó Scott bajito - ¿Peter Quill, quieres ser mi esposo? – ahora fue el turno de Quill para sorprenderse, en ese momento un frío anillo estaba siendo puesto en su dedo anular, sin palabras se lanzó a los labios de su futuro esposo, así estuvieron acariciándose muchos minutos.

– Te amo Scotty, pero aún no puedo creer que nos hayamos dado el mismo regalo, con nuestra suerte, es probable que los anillos sean idénticos – explicó Peter riendo, sólo a ellos se les ocurría a la vez proponer matrimonio, al menos ahora tenían una nueva anécdota que contar, seguramente de esta también encontrarían alguna forma de burlarse de ellos.

* * * FIN * * *