Capitulo 3

20 días antes de la reunión con Figgins...

Hubiera parecido un día común y corriente, sin nada más que aportar a la vida de Rachel. Un pequeño empujón al entrar al salón, miradas desdeñosas dirigiéndose a ella. Algún que otro comentario ácido sobre su madre oído sutilmente por los pasillos y risas falsamente disimuladas de parte de algunos de sus compañeros de clases. Nada fuera de lo común, salvo porque aquel día vio entrar al colegio a alguien que definitivamente no era parte del pueblo. La siguió con la mirada mientras se cubría con la puerta de su casillero. Estaba radiante, llevaba un vestido azul muy fino, con un pequeño saco de hilo blanco, su cabello rubio suelto caía suavemente sobre sus hombros. Quedó impresionada ante la presencia de aquella chica, tan altiva, orgullosa de sí misma y con total seguridad. No era como las demás chicas populares que creían comerse al mundo, ella realmente se lo llevaba por delante. Quizás haya sido su imaginación, pero sintió que por breves segundos había cruzado su mirada con la suya. Acto que la intimidó totalmente obligandola a volver la vista hacia su casillero. Su estomago se estrujó al ver a Santana acercarse hacia ella, sabía que la latina no era muy receptiva con los nuevos, atinó a caminar hacia ella, guiada por un ridículo sentido de protección que le nació de repente, pero se detuvo cuando la vio detenerla tomándola por la muñeca. Observó la escena con detenimiento y respiró tranquila cuando la chica no sólo había callado a Santana, sino que logró que ella la siguiera y acompañara como si nada. Sonrió para si misma, aliviada al menos de que la peor amenaza que podría haberse encontrado en aquel sitio la hubiera aceptado.

En la hora del almuerzo no sólo se había enterado de que había sido admitida en el equipo de Cheerleaders, sino que además había simpatizado con Santana y Brittany. Lo que alejaba cualquier posibilidad de entablar una conversación con ella sin que la agredieran. En cierto punto se sintió aliviada. No quería que se volviera una "freak". Era lo mejor. Ella daba para ser la reina indiscutida del colegio.

Aquella tarde al salir de la sala del Glee Club con Kurt y Mercedes, se adelantó para ir al tocador, al salir, se detuvo unos insantes para mirarse al espejo y acomodarse un poco el cabello. ¿Qué más podía hacer? Se hacía la misma pregunta que todos en aquel pueblo. ¿Cómo podía la hija de Regina Mills ser una de los fenomenos? Lo mínimo que se esperaba de ella era una sofisticación digna de la hija de la alcaldesa, y sin embargo allí estaba ella. Vistiendo según su pinta aquellas ropas con las que se identificaba y se sentía cómoda. Más sabía que eran en gran parte la razón por la cual muchos la menospreciaban.

-Lamento decirte que por más que te mires al espejo tu rostro no cambiará – volteó para ver efectivamente que Santana estaba de pie detrás suyo. - Será mejor que tengas cuidado, no queremos que lo rompas.

-Lo siento yo... ya me iba. - tomó sus cosas que estaban sobre el mesón y caminó hacia la salida. Pero ella se lo impidió. Arqueó una ceja desafiándola pero Rachel se negó al conflicto. - Por favor déjame ir.

-¿No te cansas de dar pena Berry? - ella no respondió, la latina miró a su alrededor sin ver a quien estaba buscando. - Mejor no te cruces en mi camino. - Dio un manotazo tirando las carpetas con partituras sobre el piso húmedo del baño. - Nos vemos – se despidió sonriendo maliciosamente y desapareció girando sobre sus talones. Rachel suspiró y se agachó para juntar sus papeles con pena, un par de ellos se habían arruinado.

-No deberías permitir que te traten así. ¿Sabes? - un escalofrío recorrió su nuca para luego esparcirse a lo largo de su espalda. Aquella voz suave la había escuchado anteriormente. Volteó a ver y efectivamente era la chica nueva vestida con su traje de cheer. Ella le sonrió reconfortándola.

-Estoy acostumbrada. - se encogió de hombros. La rubia se agachó y ayudó a recoger el resto de los papeles.

-¿Te gusta la música? - ella asintió. La rubia pudo ver como su rostro se iluminó de sólo mencionarlo. - A mi tambien me gusta bastante. - le entregó un par de hojas. - A ver si un día me muestras lo que haces. -

-Puedes venir al Glee Club cuando quieras.- Quinn lanzó una suave carcajada de sólo imaginarlo.

-No gracias. - respondió entregándole las últimas hojas. - Pero veré si algún día me haces un show privado. - Las mejillas de Rachel se encendieron automáticamente. -¿Qué haces? ¿Cantas? ¿Tocas algún instrumento? - Se puso de pie y la miró con una sonrisa. -

-Básicamente canto. - respondió ella levantándose, la rubia enarcó las cejas interesada. -

-Soy Quinn, por si acaso. -

-Rachel. - respondió con una sonrisa boba.-

-Bien Rachel, me están buscando. ¿Ten cuidado si? - ella asintió y la vio salir por la puerta. Volvió la vista a las carpetas y no pudo evitar abrazarlas con fuerza de la emoción. Viendose al espejo pensó que, su encuentro con ella había sido mejor de lo que esperaba. La imaginaba mucho más odiosa, engreída o matona y sin embargo había resultado amable.

Aquella tarde camino a su casa, Rachel desvió para dar un paseo a la orilla del mar, a pesar de todo su día no había sido tan malo. Aceleró el paso cuando notó que el sol estaba prácticamente oculto. Tomó el teléfono móvil sorprendida de no haber recibido ninguna llamada de parte de su madre, pero le encontró mucha lógica cuando vio que estaba apagado. Decidió apurarse. Sabía lo preocupada que estaría y lo melodramática que se pondría al llegar a la casa.


12 días antes de la reunión con Figgins...

Regina era de todo menos tonta, sabía que a su hija le estaba pasando algo pero no podía descifrar qué. Estaba segura de que llegaba a la casa más tarde a propósito y no porque se quedara en el club de glee. Sindey había estado siguiéndola pero no había encontrado nada fuera de lo normal. Fue entonces que pensó que su hija estaría tal vez teniendo algún romance. Aquella noche se preocupó cuando el reloj marcó las ocho y todavía no había noticias de Rachel. Su teléfono estaba apagado, lo que enardeció más el humor de la alcaldesa. No podía evitar rememorar todo lo vivido con Henry. Luego de dar vueltas en el recibidor de la casa decidió salir a buscarla. Se colocó un abrigo liviano y salió en busca de su coche.

Manejó a baja velocidad por las calles que llevaban al colegio. Intentando no exagerar ni entrar en pánico. Pero no la encontró. Llegó a las instalaciones, estaban casi todas las luces apagadas, exceptuando un par de aulas. Apagó las luces del auto y lo estacionó lo suficientemente cerca como para caminar pero lejos de la vista. Se sintió estúpida, quizás su hija realmente si estuviera ensayando hasta tarde en el club como le había dicho. Sigilosa se acercó a las ventanas buscando alguna señal pero sólo dió con aulas vacías. Continuó un poco más hacia una en donde se veía luz. Respiró aliviada al ver a su hija sentada sobre un taburete, sola en el medio de la sala con papeles en las manos. Una sonrisa se apoderó de sus labios sin pedir permiso. Y su corazón saltó de alegría cuando sintió aquella voz dulce y potente que conocía tan bien. Se acomodó mejor para poder escucharla, no tenía tiempo para culparse por ser la peor madre del mundo al desconfiar de su pequeña. Lo haría más tarde cuando el encanto de su voz la liberara. Miró con atención, y llegó a sentirse un poco mal por la tristeza que desprendía la canción que entonaba. ¿Acaso estaba tan mal? ¿Cómo no podía saber que estaba pasando en la cabeza de Rachel? Por más que lo intentara, era bastante cerrada para sus cosas. Sus ojos se abrieron de la sopresa cuando vio asomarse por la puerta a una joven rubia. Traía puesto el traje de las animadoras del colegio. Miraba a su hija con atención, compenetrada con la canción, mientras la chica semi escondida en el umbral la miraba con una sonrisa naciente sin perder absolutamente ni un detalle. Rachel abrió los ojos y se sorprendió al verla allí, mirándola en su momento más puro. Pudo leer en los ojos de su hija la felicidad completa. Su rostro se iluminó y se puso de pie un poco nerviosa antes de alcanzar a decir algo.

-Viniste – suspiró Rachel maravillada.

-Te dije que quería un show privado ¿No es así? - ella sonrió un tanto apenada. - Tienes una voz fantástica. -

-Gracias. - respondió volviendo a tomar coraje.

-Disculpa que no haya podido venir las noches anteriores. Sue nos ha tenido entrenando hasta bien entrada la noche, se acercan los campeonatos y...

-No te preocupes Quinn, cada quien con sus obligaciones. No es que tuvieras un pacto conmigo o algo. - la rubia sonrió coqueta. -

-De todos modos, discúlpame. - Rachel negó con la cabeza y se acercó a ella para tomarle la mano y la condujo hacia una de las sillas del salón. -

-Tengo algo preparado para ti. - Quinn enarcó las cejas con una sonrisa y colocó sus manos sobre su falda. - Es una de mis canciones favoritas. Espero que te guste. - ella sonrió provocando el mismo efecto en Rachel que se sentó nuevamente en el taburete pero mirando en dirección a la cheerio. Regina observó desde la ventana, la escena con curiosidad.

-Caminaba sin dirección, malherida del corazón, sin ganas de vivir, Refugiándome en el dolor, esperando por un amor que jamás, parecía llegar...

Quinn abrió los ojos enormes, no sólo por la simpleza y la dulzura en la voz de Rachel, sino por el cálido sentimiento que la embargó. Ella misma se sorprendió de lo que aquellas palabras, que quería imaginar que no iban dirigidas a ella en especifico, habían despertado dentro de su pecho. Sin poder evitarlo sonrió. Una sonrisa que no pasó desapercibida para la morena.

-Cuanto más busqué, más sufrí, más luché, más profundo caí más lloré. No había nadie allí, consolándome. Y cuando al fin de pelear me cansé y sola en mi soledad me quedé el cielo te envió, te encontré. -

Regina se quedó inmóvil al ver la escena. ¿Acaso estaba su hija declarándose a su compañera? ¿Sería eso posible? O quizás sólo estaba malinterpretando la canción. De seguro era simplemente su canción favorita y ya. Pero no pudo continuar con su espionaje. El crepitar de una rama la hizo voltear.

-¿Fisgoneando a los alumnos? - una voz grave resonó frente a ella. A pesar de no poder ver el rostro de su interlocutora. - Sal de ahí antes de que me ponga violenta.

-¿Disculpa? ¿Quien te crees que eres para exigirme eso? - pregunto alejándose lentamente de la ventana. No quería que su hija notara su presencia en el lugar. Los ojos chocolate de la alcaldesa se abrieron de la sorpresa al ver a aquella mujer apuntándola con un arma. - ¿No crees que estás exagerando un poco?

-Tú dime, ¿Qué hacías viendo a los estudiantes? - la mujer comenzó a caminar hacia ella. Claramente era más alta y probablemente más fuerte. ¿Pero quién se creía que era para hablarle así? - Mejor camina, nos vamos a la comisaría. - Regina obedeció de momento. Se alejó de la ventana y caminó hacia el auto en silencio. Cuando supo que estaba lo suficientemente lejos para gritar a sus anchas se volvió para ver a la rubia que caminaba detrás suyo. Aquella mujer vestida con una playera sin mangas lucía sus perfectamente trabajados brazos. Se paró separando los pies y colocando las manos en sus caderas. -

-Bonitos brazos. - dijo irónicamente burlándose del exceso de masculinidad. -

-Bonitas piernas – respondió ella con total sinceridad bajando la vista por debajo de la falda de la morena, arqueó una ceja con una sonrisa. Regina frunció el ceño ante el comentario y ella le sonrió - ¿Vas a decirme que hacías espiando a las alumnas? -

-Vine a buscar a mi hija. Además. ¿Quien te crees que eres para darte explicaciones? -

-Soy la ley señora, por lo tanto me debe respeto. -

-¡Ja! Entonces tu me debes mucho más que eso. - Un murmullo se sintió desde la puerta principal seguida por un pequeño golpe en la puerta. - No tengo tiempo para esto. Ya arreglaré cuentas con usted más tarde. - Sin permitirle a la rubia una palabra más, Regina se retiró a paso raudo hacia el coche. Quería dar una vuelta a la manzana antes de encontrar a su hija caminando de regreso a casa.

continuará...


Hola! muchas gracias por sus hermosos reviews! así me dan ganas de seguir escribiendo éste capricho.

trataré de actualizar seguido como hasta ahora. Dependiendo de su recibimiento. :)

En los siguientes capítulos conocerán lo que llevó a nuestras cuatro estrellas a aquel enfrentamiento en la oficina.

Porque sí. Había algo detrás. No las iba a dejar sin saber qué había pasado,

pero para que lo sepan, deberán conocer la historia desde el principio.

Nos leemos en el siguiente cap.