PALABRAS
Después de la pequeña charla y una aclaración, donde ambas eran separadas por una gruesa puerta de madera negra, Marceline siguió con lo suyo, más precisamente, se encargó de todo el trabajo que estaba reteniendo por pasar el tiempo con su princesa.
Porque el Reino de Ooo era el más extenso en hermosas llanuras y pequeñas montañas, pues claro también era reconocido por ser un Reino rico en materia prima, lista para transformar y consumir.
Una bellísima región para tomarse unas vacaciones y disfrutar de su naturaleza real y propia.
Pero los monarcas eran un tema diferente a sus prestigiosas tierras, porque todo es reinado por los Bubblegum desde hace más de un siglo completo y los años siguen sumando a esa cifra. Porque primero comenzó con unas pequeñas conquistas que luego tomaron forma y pronto todos esos pequeños pueblos conquistados abarcaron a un extenso reinado. Donde no sólo habían buenos pasos, acertados, también habían malas decisiones y recaídas temerosas que se convertían en enfrentamientos violentos.
El abuelo de nuestra princesa fue el primero en hacer sus sucias jugadas hacia la clase más despreciada entre las personas "civilizadas". Él implementó un establecimiento donde todos los soldados que pudieron llevar la victoria a sus tierras, todos esos ganadores, eran premiados con días enteros rodeados de omegas sin reclamar -muchas de ellas bastardas de los monarcas y su gente-, pero ellos insistían en que eso no era un burdel sino una casa para alojar a esas omegas. Y todo aquella que cuestione era sentenciada a muerte.
Claro, a no ser que te culpen por brujería y te tiren por un risco o te quemen viva.
El ex rey siguió y siguió haciendo de las suyas, bromeando sobre los supuestos "chismes" que salían y cobraban vida detrás de su espalda, pero algo tenía que hacer. Aunque no hizo mucho, porque siguió fomentando el ingreso a esos lugares y no sólo a los valientes soldados, sino también a los alfas que querían tomarse una cerveza y fornicar con una puta. Y en otros casos, también eran permitidos los hombres -alfas y betas- ligados a la religión.
Fue entonces que en un día común de otoño por la noche, él y sus amigos caminaban hacía el "lugar" para divertirse un poco como los viejos tiempos, disfrutar de esos excitantes aromas que sólo podían soltar ellas y… como no, traer al mundo a otro hijo adulterino, o practicar alguna orgía con todos. Pero sus planes se vieron arruinados por el grito alentador de su mensajero, gritando a viva voz que el primogénito del rey había nacido ya y que era un fuerte y sano alfa, rubio y con aroma penetrante. Y con una sonrisa en su rostro, dio media vuelta y entró al lugar para disfrutar bajo una verdadera noticia.
Pronto después se sabría que la abuela de la princesa había tenido complicaciones durante el parto -sufriendo un desgarre que llevó a una hemorragia vaginal posparto- y ella dejó de respirar casi al instante que el niño salió de su cuerpo, dando su vida para complacer al monarca.
Con el paso de los años, el hijo de ese rey demostraba ser su copia perfecta por ser iguales en carácter y "principios", a los 16 años estaba más que listo para experimentar su primer nudo y que mejor forma de hacerlo si no es con una cualquiera.
Si le preguntaran al rey su día especial, él respondería sin dudar el día en que subía al trono y empujó a su padre para hacer sus nuevas cosas. Y el negocio oscuro familiar tuvo sus mejores años en esos momentos, y todo por el nuevo monarca que exigía todo lo que se pide.
Poco mese después, mismo rey se había enamorado de una mujer hermosísima de cabellos rojizos, únicos y singulares en este reino y en otros. Ambos habían caído en los encantos del otro y el rey no esperó para hacerla completamente suya, marcando a la hermosa mujer con una notoria mordida en su blanco cuello.
Ya casado y esperando a su primer primogénito, el rey se paseaba por todo el lugar, buscando a su omega favorita para pasar el tiempo. Pero, al llegar a la ya conocida alcoba, un aroma comenzó a introducirse por su nariz. Uno muy diferente a los normales.
Reconocía esa clase de olor, era digno de un alfa… pero, no era aroma de un hombre. Tenía una mezcla perfecta entre los olores que comúnmente tenían los hombres y la fragancia delicada de las mujeres. Abrió sus ojos con sorpresa y con un golpe seco entró al cuarto de su ramera. Excitado con lo que estaba teniendo en mente.
—¿Esa bastarda es un alfa? —Exclamó eufórico y se dirigió al círculo de omegas que estaban adentro, meciendo a la pequeña.
—Es una niña alfa, no podemos tenerla acá… ni venderla como hacemos con las demás… —Habló una de las omegas, ubicada a la derecha del cuarto. Al parecer era la jefa de las chicas.- llévala, entrégasela a alguien que no pudo tener hijos.
Y así lo hizo, el rey aturdido por tener en brazos al pequeño tesoro de los dioses, la entregó sin dudar al mejor caballero, leal y valiente, para que le enseñe todo lo que tiene que saber alguien como ella. Él caballero la recibió con una gran sonrisa atontada en su rostro, sin mencionar la felicidad de su mujer.
Y ese es un secreto que hasta el día de hoy, el rey prefiere mantenerlo bajo siete llaves. Porque el no puede decirle a su mejor soldado que es una bastarda más del montón, o peor aún, que sea su bastarda. Aunque eso es poco probable.
Cuando llegó el nacimiento del primer hijo del rey, este se mantuvo al lado de su esposa en todo momento, receloso por los demás alfas que hurgaban entre las piernas de su esposa. Cuando los jadeos y gruñidos de dolor se intensificaron él supo que se acercaba el grito del niño. Y en pocos minutos ese grito se escuchó, dejando a todos callados.
Era omega, su primer hijo era nada más que una asquerosa omega. Gruñó por lo bajo cuando captó la nueva fragancia que estaba por el aire, y al parecer todos los hombres en la sala lo miraban con condolencia.
Y el amor que supuestamente tenía por su esposa se fue apagando, dejando que la misma mujer cayese entre los brazos de la amargura y tristeza. Ella murió cuando el rey la alejó por completo, su vínculo hecho por esa mordida se estaba apagando y con ello la vida de la omega también lo hacía. Falleció llena por la pena y el dolor.
Con los pasos de los años, y saltando de cama en cama, un doctor le dijo que él tiene el problema y no las omegas con las que estuvo, el era el inútil y todos los demás se burlaban por eso. Y todo porque el no pudo tener más hijos, y se quedó con su única hija. Omega.
—Bonnie, insisto, tienes que comerte también las manzanas —Se quejó observando a la omega sentada al lado suyo sacando de su postre dicha fruta.- nunca serás linda así
—Prefiero ser fea, así no tengo que lidiar con pretendientes —Dijo y recibió la risa amarga de Marceline.- ¿Este estanque no tenía patos?
—Claro, pero la princesita tuvo que insultar al pretendiente y se llevaron a los patos como castigo —Comentó burlándose. Se detuvo cuando su vista inconscientemente se giraba hacia la princesa, sin tener la razón de eso.- ¿Qué pasó con lo que dijo tu padre?
—Ah, cierto lo había olvidado —Dijo con dificultad por el pastelito que estaba en su boca.- llegó un nuevo pretendiente… no me acuerdo de dónde es, pero llega mañana… —Habló descuidada escupiendo algunas migajas y provocando una ternura interna en Marceline.
—¿Y qué harás? —Su espalda se apoyó en el árbol detrás de ella para contener un ataque de celos, algo frecuente en ella.
—Lo de siempre, quedarme callada y contestar sarcásticamente hasta que se aburran y decidan irse —Rio y volteó para mirar a la pálida chica a los ojos.- ¿Sólo trajiste pastel?
—¿No son tus favoritos? —Dijo con su mirada aún sobre la omega.
La princesa iba a chillar cuando un olor diferente se adentró en sus fosas nasales, uno tosco y para nada amable. Se trataba de un alfa, estaba claro, pero ¿Cuál alfa?
—¿Princesa? —Se escuchó de aquella voz y se hizo visible un cuerpo alto y fornido.- hey tú padre te anda buscando Bonnie…
La princesa sonrió reconociendo al joven intruso, y quiso golpearse mentalmente por no reconocerlo antes y golpear también a Marceline por tener una esencia fuerte y olorosa. Aunque no estaba dispuesta a revelarlo.
—¿Qué quieres Jake? —Preguntó Marceline alzando su cabeza para mirar al rubio joven.
—¿Qué hacen ustedes? Tu viejo está más molesto que de costumbre… aparte, ¿La princesa no tendría que estar durmiendo a esta hora? —Preguntó con sorna mientras jugaba con sus bigotes. El joven caminó unos pasos más para luego sentarse cerca de las dos chicas.- escuche que tienes un nuevo candidato, Bonnibel…
Ni lerdo ni perezoso estiró su grueso brazo hacia la canasta que contenía la comida, siendo observado por la tajante mirada de una pálida gruñona. Pues, no por nada había mandado a preparar aquellas delicias que eran las fantasías de esa hermosa omega sentada a su izquierda.
—Así es Jake, pero acabará como los otros —Murmuró picoteando de la tarta que ahora comía el chico.
—¿Y qué pasará cuando tu padre se arte y ya no pida tu opinión? Cuando él grite que te tienes que casar…
—Umh… no lo sé, algo haré en esos momentos —Pensó con una mano en su barbilla.
—Te tendrás que casar conmigo para que seas feliz… —Bromeó.
—Sobre mi cadáver… —Masculló enfadada la misma pálida. Le lanzó una mirada más que furiosa al chico que ahora subía sus brazos con burla.- si eso llega a pasar la princesa misma tendrá que escapar del reino —Dijo tratando de aliviar su estado de humor.
La princesa parecía estar de acuerdo con lo que Marceline había escupido, aunque claro ella lo decía en broma y la joven princesa no.
—Oh por Dios Marceline, ¡Podríamos hacer eso! —Chilló emocionada.
—¿Qué? Eres estúpida Bonnie, no haremos eso
—¡Yo podría conseguir un carruaje para que escapes, Princesa!
Marceline suspiro frustrada por los comentarios estúpidos que soltaba el par de idiotas, aunque ella también se consideraba otra idiota más, en esos momentos le pareció muy deforme hablar sobre la supuesta huida de su pequeña y hermosa princesa. Vivían en un reino grande, si, pero tenían la posibilidad de escapar juntas e ir a otro pueblo cercano hasta que estén completamente lejos del Reino de Ooo.
Porque si la princesa se escapa, ella también lo haría y la seguiría hasta donde ella lo desee.
No dejaría escapar a su omega y ella no se alejará bajo ninguna circunstancia. Estaba segura de que la joven Bonnibel sería su pareja para toda la vida, aunque la misma chica insiste en bromear sobre el tema. Pero era su omega, suya y de nadie más.
—Creo que tenemos que irnos, Bonnie. Tu padre debe estar esperándote —Dijo la pálida chica cortando la plática que estaban sosteniendo ambos amigos.
—Tienes razón, no he vuelto a mi trabajo —Rio suave.- nos vemos chicas
Se despidió con un fraternal abrazo a ambas chicas por igual, dejando rastro de su aroma en sus ropas y con eso Marceline frunció el ceño molesta porque ella no podía abrazar a la princesa porque sería extraño.
La pintoresca noche era digna para una inolvidable cita, confesar sus sentimientos y exponer todos sus miedos y gustos, hacerse uno con la otra persona. La pelinegra había querido hacer aquello hace tiempo, casi al mismo tiempo que la conoció en aquel aburrido baile de prestigio y donde sólo entraban los vagos que tenían mucho dinero.
Mientras salían del hermoso jardín secreto, iluminados por las numerosas estrellas del cielo, Bonnibel era quien hablaba y contaba una que otra cosilla sin importancia, pero que Marceline escuchaba como si fuera algo importante o como si se tratase de un valioso secreto. Aunque de vez en cuando hablaba y dejaba salir oraciones que sólo molestaban a la princesa; "¿Siempre serás enana?", "Con razón todos los hombres se alejan de ti", y otras frases que producían que la princesa golpeara el brazo de la otra.
—¿Tú padre dijo cuando vendrá ese? —Preguntó recelosa abriendo caballerosamente la puerta trasera del Castillo para su acompañante. Entrar por aquella puerta ya era todo un ritual que sólo usaban cuando salían las dos solas.
—Me dijo que ya estaban llegando, supongo que mañana a primera hora o por la tarde —Dijo caminando bajo la atención penetrante de la alta.- creo que tengo tiempo para ponerme más fea —Rio.
—Algo imposible… —Susurró.
—¿Dijiste algo, Marcy? —Preguntó ignorante entrando al salón cuando la pálida chica abrió la puerta como anteriormente.
—Tarde como siempre Bonnibel —Alzó la voz el poderoso rey que estaba sentado a la punta de la larga mesa bien ordenada y equipada con deliciosa comida.
—Lo siento, padre —Lloriqueó falsamente por lo bajo y caminó hasta una silla cerca de su padre para comenzar a cenar.
—¡Por favor, Marceline! Siéntate y disfruta de la comida —Sonrió alegre.
La pelinegra también lo hizo, pero no por alegría sino para devolver al saludo y se sentó justo al lado de su próxima omega, y le sonrió para comenzar a comer tranquilamente.
《Gracias por todos los comentarios, espero que el capítulo sea de su agrado. Nos vemos en la próxima》
