Notas de la Autora:

"Todas las advertencias y los derechos al inicio del capítulo 1. Excepto la línea de tiempo. Olvidé eso. Esto toma lugar después de el Torneo Oscuro de Artes Marciales en yu Yu Hakusho, y después del cuarto libro de Harry Potter."

Capítulo 3 -Atípico

Debió ser un relativamente sometido grupo de Tantei el que regresó al templo de Genkai. Sin embargo, dados los temperamentos y niveles de energía de Yuusuke y Kuwabara, decir que estaban ligeramente emocionados sería muy poco para la realidad.

Si que vamos a patear traseros por allá! ¡Esos magos no sabrán que los golpeó!"

"¡Yo, Kuwabara Kazuma, voy a ser el más grande mago que haya venido de Japón!"

"¿Me pregunto si podremos usar magia para acabar con algunos demonios?"

Otros en el grupo estaban mucho menos emocionados.

"¡Acabo de iniciar clases en una preparatoria de prestigio!" Keiko gimió. "¡Nunca podré ir a un buen colegio con un diploma de una escuela de magia!"

"¿Pero no será interesante aprender magia occidental?" Yukina intentaba distraer a la chica más alta. "¡Imagina, magia humana! ¡En Inglaterra!"

No tenía efecto en Keiko. "¡Oh, no!" jadeó, pensando en algo más. "¿Qué le diré a mis padres?"

"La verdad," dijo Genkai, malhumorada. "Justo como todos los demás estudiantes de familias no-mágicas deben hacerlo." Miró al grupo mientras llegaban al jardín del templo. "Vayan a casa. Díganle a sus padres. Duerman bien. Tenemos dos meses para trabajar en los detalles."

"Sí, Genkai." Keiko y Yukina dijeron al unísono.

"Sí, Genkai," Kurama repitió distraídamente. Mientras Keiko casi arrastraba a Yuusuke y Kuwabara lejos del templo y escaleras abajo, repitiendo las palabras de Genkai sobre trabajar con los detalles después, Kurama ausentemente le deseó a Yukina buenas noches y los siguió.

Al fondo de la colina, los otros dieron vuelta para dirigirse a la parada del autobús. Agitó la mano para que supieran que notaba sus despedidas al ir en otra dirección, dirigiéndose a casa. Volteando en una esquina, miró hacia arriba a un árbol inclinado sobre la acera, su mirada volviéndose menos abstraída. Hiei saltó livianamente de una de las ramas para caminar silenciosamente junto al pelirrojo. El ocasional toque de una mano rozando a otra, el casi imperceptible zumbido de el respirar, y el callado golpe de los zapatos en el pavimento era toda la compañía que ambos requerían en ese momento.

Alcanzaron la casa de Kurama cuando la luz de la puesta del sol se transformaba a un tono cobre. Kurama miró pensativamente la modesta casa, manos en los bolsillos, pero no dio un solo paso para dejar la acera. Hiei cambió de posición, apenas tocando el brazo de Kurama con el suyo, y atrapó la mirada instintiva del pelirrojo. Inclinó su cabeza hacia la casa.

"No irías a estos extremos por un humano cualquiera," le dijo, antipático.

Kurama dio una pequeña pausa, sus ojos volviéndose gentiles. La opinión de Hiei por los humanos, sin importar su reciente estadía en el Ningenkai, era un poco mejor que la opinión popular sobre ellos en el Makai. El demonio común era más cruel y menos comprensivo que el humano común, pero en la opinión de Hiei, no por mucho. Considerando este punto de vista, llamar a la madre de Kurama atípica era algo tranquilizante y un cumplido. Kurama ofreció una débil sonrisa. "¿No lo haría, verdad?"

Hiei gruñó y alejó la mirada, pretendiendo que no había dicho algo remotamente amable. "Hasta luego," le soltó, desapareciendo en un instante.

Kurama suspiró, y entró en la casa. Automáticamente quitándose los zapatos en el recibidor , llamó, "¡Estoy en casa!"

"Bienvenido, Shuiichi," su madre, Shiori, llamó de regreso. Siguió el sonido de su voz hasta la cocina, donde la encontró lavando el resto de los platos de la cena. "¿Cómo esta la sacerdotisa?"

"Ella esta bien, Madre." Kurama respondió, al umbral de la puerta. Tomó la carta de su bolsillo, mirándola fijamente mientras se sentaba a la mesa de la cocina. "Madre, yo..."

Ella volteó, notando el extraño tono en su voz. "¿Si, Shuiichi?"

Siguió mirando la carta en sus manos, trazando los bordes arrugados. "Yo..." Esto era ridículo. Sus manos temblaban. Él era un demonio con siglos de edad y un ladrón maestro; ¡no debería estar reaccionando de este modo!

Shiori se sentó a su lado, colocando una mano sobre las suyas para calmarlas. "No he visto pergamino desde que tu padre murió." Murmuró. Mientras Kurama la observaba sorprendido, ella movió sus dedos a la carta y continuó. "¿Es esto lo que esta mal? ¿Puedo?"

Kurama le permitió tomar la carta de su flojo apretón, sentándose tontamente y tratando de dejar de temblar mientras ella leía el único pedazo de pergamino dentro. Mujer humana. ¡Es una simple mujer humana! ¡Estoy agradecido con ella y eso es todo! Yo no estoy asustado. No lo estoy.

"Oh, Shuiichi..." respiró ella.

"¡Lo siento!" soltó repentinamente. Ahora era el turno de ella de sorprenderse mientras el joven apretaba los puños en su regazo e inclinaba la cabeza. "Lo lamento tanto... Lo oculté por tanto tiempo...Yo no—"

"Esta bien." Ella tocó su cabello. "Seguramente has querido proteger a tu vieja madre Muggle, al no decirme. Pero Shuiichi, ¿Inglaterra? ¿No te están enseñando aquí en Japón?"

"Yo..." De este modo no debían ser las cosas. "Yo... sí..." ¿Cuál debía ser la historia? "Mi sensei ha aceptado una posición de maestra en Inglaterra. Quiere que vayamos con ella, ampliar nuestros horizontes. ¡Seria una magnifica oportunidad de aprendizaje; los Occidentales son tan secretos acerca de esto...!" Se atrapó a si mismo inclinándose hacia delante casi suplicantemente, y sabía que sus ojos brillaban. ¡Inari, estaba actuando como un adolescente humano! Pero se supone que era uno...

Su madre se enderezó. "Shuiichi, Inglaterra es la base de operaciones de Voldemort," le espetó. "¡No vas a ir!"

Demonios, esa era la razón por la que iban a ir en primer lugar, para matar a Voldemort otra vez. "Volde... Madre, él esta muerto." Ella palideció, y Kurama sintió un familiar ardor causado por la culpa. Bueno, Voldemort había estado muerto para el público hasta hace como tres días. Era suficiente. "¿Pero cómo sabes todo esto?"

"Tu padre era un mago," respondió débilmente, ausente. "¿Está muerto? ¿Realmente muerto?" Kurama asintió, ojos abriéndose como platos al encontrarse con una Shiori sollozante en sus brazos.

"Gracias a los dioses... Oh, gracias a los dioses..." Sollozó en su hombro.

"¿Madre?" Sintió su cara calentarse, y sabia que probablemente se había puesto de un color rojo brillante. Le dio unas palmadas en la espalda inútilmente, sintiéndose ridículo. Nada en sus muchos cientos de años de experiencia lo habían preparado para este tipo de reacción. Ella nunca sucumbió a lagrimas antes frente a él, incluso cuando estaba en el hospital. ¿Por qué debía hacerlo ahora? "¡Madre, por favor!"

"Lo siento, es... algo inesperado..." Se calmó rápidamente, limpiando sus ojos con el pañuelo que Kurama le ofreció. "Gracias. Y es un alivio, por supuesto. No he tenido noticias del mundo mágico desde que tu padre murió. Cuando ninguna de las sacerdotisas me contactó antes de que cumplieras los once, asumí que no tenias magia..."Shiori tomó un profundo, tembloroso respiro mientras se controlaba a si misma, y se levantó. "Ven conmigo."

Kurama, aún adaptándose a la revelación de que su padre fue un mago, siguió a su madre, quien lo guió escaleras arriba y a la puerta en el techo que daba al ático. Como él era algo más alto, la jaló para que su madre pudiera pasar, siguiéndola arriba. Shiori lo llevó a un viejo baúl en una esquina, sentándose frente a él. Kurama se sentó junto a ella y miró curiosamente del objeto a su madre.

"No hay cerradura."

"Lo se." Su mano se estiro hasta tocar la plana superficie metálica donde habría una cerradura en un baúl normal. "Pon tu mano aquí y desea que se abra para ti. Entonces di 'Alohomora'."

Sus delgados dedos cubrieron los de la mujer en la placa de metal. "Alohomora," murmuró. La tapa desapareció como niebla ante sus ojos, revelando el contenido del baúl. Yaciendo encima estaba una plana caja de madera, decorada con un diseño abstracto hecho con madera más obscura y pulida a un brillo cristalino.

Shiori levantó la caja reverentemente . "Tu padre te dejó esto. Estaba seguro que la necesitarías... pero supongo que tienes una ya." Colocó la caja en las manos de Kurama. "Aún así, debía ser entregada a ti personalmente." Se sentó erguida, mirando al baúl. "Cerrado." Ordenó, y la tapa apareció a donde pertenecía. "El baúl se cierra por cualquiera, pero solo un mago o bruja puede abrirlo," explicó. "Así que es tuyo, para que hagas lo que pienses conveniente con él. Yo... ya es tarde, y tengo que levantarme temprano mañana."

Kurama se levantó, sosteniendo la delgada caja con un brazo. Suponía que ella querría llorar en privado. "Si, Madre. Vamos a dormir; ha sido un largo día." Esta vez, él guió mientras regresaban al segundo piso, y cerró la puerta del ático. "Buenas noches, Madre," le dijo suavemente.

"Buenas noches, Shuiichi. Duerme bien."

Kurama fue a su habitación, colocando la misteriosa caja en su escritorio y preparándose para ir a la cama. No había signo de Hiei, quien dormía ahí muy seguido, especialmente en la temporada de lluvias, pero Kurama no lo esperaba esta noche. Probablemente soltando la frustración por tener que venir a esta misión, o cuidando a Yukina para ver si hay alguna señal de que ella no quiera ir para soltarse de la misión. Acomodó las sabanas de su cama, y se sentó en su escritorio. Pero funciona perfectamente. Creo que quiero estar a solas para esto.

Recorrió el diseño de la tapa de la caja suavemente con sus dedos. "Padre..."

Nunca había pensado mucho acerca de su padre antes. El hombre había muerto antes que el cuerpo de Kurama tuviera un año de edad. Casi la mitad de las memorias que tenía eran imágenes borrosas, no por falta de habilidad mental por parte de Kurama, sino por el simple hecho de que los músculos en sus ojos de infante eran incapaces de enfocar cualquier cosa que no estuviera aproximadamente a medio metro de su rostro. Si recordaba bien, su padre había sido un sonriente hombre con cabello arenoso que olía ligeramente a aserrín.

¿Había hecho él la caja? Era una obra de arte, el objeto, valioso por al menos unos cuantos miles de yenes. Kurama probó la tapa, descubriendo que se movía fácilmente, sin signos de moho o cualquier sello. Eso la hacía valiosa por unas decenas de miles de yenes.

Por dentro, los contenidos eran ocultos por una cubierta de suave terciopelo negro. Kurama colocó la tapa a un lado y retiró el pedazo de tela. Más terciopelo amortiguaba y enseñaba un bien-empacado grupo de frascos de vidrio, herramientas para trabajar en madera, una lente de vidrio, dos pedazos de madera, y un pedazo de pergamino doblado. Tomó el pergamino, lo abrió delicadamente, y comenzó a leer:

A mi preciado hijo,
Si estás leyendo esto, no he sobrevivido para verte crecer. Estoy más apenado de lo que jamás podré expresar por ello. Solo puedo esperar que estos tiempos de oscuridad se hayan acabado para ti. Desde el día en que naciste, yo he sentido ocasionalmente el poder que tu forma de niño humano no puede convocar aún. Una varita echa para un mago de alma humana jamás podrá ser suficiente para ti, mi pequeño, y yo no puedo hacer una para ti ahora mismo.
Esta caja contiene todo lo que necesitas para hacer una varita que te pertenezca a ti y solo a ti, por el corazón mágico de la varita. Como una criatura mágica, un cabello de tu forma no-humana seria razonablemente lo mejor para ti. Para lo demás, sigue las instrucciones que aquí te envío.
No le he dicho a Shiori sobre los contenidos de esta carta. Entendería la verdad demasiado bien, que no la elegiste como nada más que el primer lugar seguro que encontraste. Aún te amaría, pero saber la verdad solo la lastimaría.
Solo desearía haber estado ahí cuando Shiori te enseñó lo que es la humanidad. Te amo, mi pequeño niño. Se bueno y sano.
-Padre

Kurama regresó la carta y cerró la caja con manos de nudillos blancos. "Me estoy volviendo viejo para esto," murmuró para si, apagando la luz.

CONTINUARÁ

Shuiichi - el nombre humano de Kurama

Sensei - maestro (de una disciplina o área de estudio); maestros, doctores, maestros de artes marciales, etc.

Inari - una deidad japonesa, de los granos y los zorros: Kurama era originalmente un demonio zorro.