¿Aún no despierta? -
-Sigue inconsciente - aseguró la chica
La mujer se acercó al joven, quien tenía unos pequeños rasguños en la cara y unos severos moretones en los brazos.
-Este tipo... - dijo curiosa al tiempo que jugaba con su estetoscopio - los vecinos dicen que cayó del cielo, ¿puedes creerlo? -
-¿Y usted qué piensa doctora? -
Notó el nerviosismo en la enfermera y cómo su rostro se encendía de vergüenza. Todo indicaba que ella creía en esa historia.
-Tonterías -
-Un ángel - enunció sin pensar - parece un ángel -
Suspiró. Se le quedó viendo por unos segundos e hizo una mueca.
-De acuerdo, no negaré que es guapo - aclaró - tal vez es un extranjero -
La enfermera extendió una mano hacia el rostro del muchacho y la doctora simplemente carraspeó su garganta.
-Es mejor retirarnos -
-Pero... -
-No le va a pasar nada si se queda solo - señaló firme - anda, hay otros pacientes que atender -
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-Esto está fuera de tus manos - mencionó el trono - procura no entrometerte -
Agitó sus alas y sacudió con elegancia su melena castaña. Como odiaba que alguien más tuviera la razón que no fuera ella.
-No está en mi naturaleza quedarme de brazos cruzados -
-¿Mis oídos me están engañando o es que acaso estás cuestionando la decisión de Dios? -
Sus ojos se abrieron como platos y se regañó a sí misma, ¿por qué tenía que ser tan radicalmente estúpida? Ser una dominación no es un trabajo sencillo.
-¿Me estás amenazando... hermano? -
El trono era el triple de su tamaño, sus bellas y singulares alas de colores vibrantes iluminaban de lleno el Ala de los Vientos. Podía sentirse la gracia y serenidad irradiando de su espíritu; inquieto pero con la mirada seria.
-¿Realmente quieres que responda? - le cuestionó desencantado - escúchate Sango, estás defendiendo a un traidor -
-Compañero querrás decir -
-¿Y crees que él te veía así también? - preguntó con recelo y cubrió su cuerpo con sus alas - a diferencia de nosotros, los ángeles no tienen voluntad - enunció - son seres creados por nuestro Señor con la finalidad de servirle -
-Aun así... yo... -
Cerró sus ojos y se acercó a su hermana, pudo percatarse del semblante caído y la amargura que la desmoronaban por dentro. Ella lo sabía mejor que nadie, el querer cambiar las situaciones de los seres celestiales era algo más que imposible.
-Sango, tienes que olvidarlo -
Finas lágrimas resbalaban por sus mejillas, ¿a quién quería engañar? Su corazón estaba hecho pedazos.
-Si tan sólo pudiera ayudarlo - musitó - tiene que haber una manera -
La abrazó con el afán de consolarla; podría tener un rango mayor que ella, podría tener más autoridad y ser más despiadado, pero aun si lo hiciera, no dejaría de verla como su hermana.
-Tranquila, todo va a estar bien -
-¿Cómo lo sabes? - preguntó turbada, aferrándose a él - ¿cómo?, dime Kohaku, cómo... -
-Después de todo, es un ángel - subrayó con pericia - está en su naturaleza -
-¿Qué quieres decir? -
-El exilio significa únicamente perder tus alas - hizo una pausa y le sonrió - ¿entiendes? -
La mirada de la dominación se dilató y una pequeña esperanza nació en su interior.
-Entonces... -
-Si él demuestra que puede ser digno de llamarse un siervo divino fuera del paraíso, existe la posibilidad de que pueda volver al cielo -
¡Ahí estaba! Eso era lo que necesitaba, no sólo eran buenas noticias, sino excelentes.
-Pero, él debe de hacer esto solo - remarcó - sin la ayuda de los seres de luz, en otras palabras, nosotros -
Fijó sus orbes en aquello que cubrían las nubes, aquello que estaba debajo de sus pies. Se mordió el labio inferior y sintió como unas manos cogieron las suyas.
-Ya no te preocupes Sango, va a estar en buenas manos -
-¿Te refieres a los humanos? - interpeló con desdén su hermana - mi Señor es muy condescendiente cuando se trata de ellos –
-No los subestimes -
-¿A nuestro Padre? - preguntó en tono burlón - jamás -
-Me temo que no hablaba de él -
Extendió sus alas y creó una ventisca tan fuerte que las nubes que se encontraban debajo de ellos desaparecieron, dejando a la vista el mundo terrenal. Vasto, bullicioso, de distintos matices, espectacular... magnífico.
-Sino de ellos -
Salió volando de allí, y ella, sola y con el rostro indiferente, le dio la espalda a la tierra de los humanos.
-Que Dios te proteja... Inuyasha -
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-Me alegra saber que mañana te sacaré de aquí -
-Hermano... -
-Ni una palabra más - atajó silenciándola con un dedo; sonrió aliviado y le acomodó las pequeñas almohadas que la acobijaban - necesitas descansar - recomendó, y acarició tiernamente su cabeza para después darle un beso en la frente - hasta mañana -
Salió de la habitación sin antes apagar las luces. Ella se movió de un lado a otro en su cama tratando de encontrar la posición perfecta para dormir y simplemente no lo conseguía.
Resopló frustrada, volteó a los lados y no tenía siquiera un mísero vaso con agua. Suspiró y se enderezó del catre, cogió su bata y decidió perder el tiempo, quizá eso le provocaría sueño.
El suero la acompañaba fiel a donde fuera: los pasillos y salas de espera. Llegó a toparse con algunos guardias, quienes le preguntaban preocupados si se sentía bien e inclusive le insistían en que tenía que regresar a su habitación ya que no eran horas para salir. Astuta como siempre, se las ingeniaba con gestos afectuosos y palabras dulces para que la dejaran hacer lo que ella quería; pero cuando llegó a la zona al aire libre, las cosas se le complicaron con un velador en particular.
-Señorita, no me obligue a llamar a la enfermería -
-Sólo quiero caminar un poco - se excusó - y respirar aire puro, ¿está mal? -
-Por supuesto que no, pero tiene que entender -
-Deme unos minutos, por favor - pidió amablemente - por favor -
El vigilante se encogió de hombros y no pudo evitar sonrojarse ante la mujer que tenía enfrente, era hermosa. Desvió la mirada a su reloj y tronó la boca.
-Usted gana - admitió rendido - le daré 15 minutos, ¿de acuerdo? -
La chica esbozó una sincera sonrisa y no dejó de repetirle al guardia lo agradecida que se sentía.
-¡Gracias! -
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La cabeza le daba vueltas, sentía que se ahogaba en un torbellino, hasta que despertó sobresaltado azotando sus extremidades al grado de tirar el suero y desconectándose de los aparatos extraños.
Se encorvó y por inercia llevó uno de sus brazos hacia su espalda y su cuerpo se tensó tanto que pensó no volvería a moverse.
-Es verdad – murmuró – fui exiliado –
Las hermosas alas no estaban. Brillantes y aterciopeladas, se habían ido para siempre. Ahora tendría que vivir en la tierra, lejos de casa.
Parpadeó un poco y miró con detenimiento cada detalle de donde se encontraba.
-¿En dónde estoy? -
Sabía que era una habitación, pero desconocía por completo lo que lo rodeaba. Se levantó de lo que él llamó "la nube rectangular" y vio a su alrededor una caja que mostraba personas, dos pedazos largos de madera pintados de blanco y un cristal roto. En lenguaje humano: lo primero es la cama, luego una televisión, dos puertas y una ventana abierta.
No sabía cómo abrir los portillos, se pegaba a ellos de frente, de espalda y nada. Vio la ventana con ojos brillantes y curiosos, sin meditarlo, apoyó una pierna en el borde y extendió su mano hasta las ramas de un árbol. Con éxito, se trepó a él, sentía su corteza fría y rugosa así como la suavidad de la hojas. Todo era nuevo y fascinante.
El aroma que respiraba era peculiar, de lavanda y flores de ciruelo, de humedad y césped, cada vez deseaba oler más, y su nariz se llenó de tantos olores que se hinchó y estornudó. Eso último resultó incómodo.
Miró hacia el pequeño paisaje, había un extraño objeto que sacaba agua de la punta y algo diferente, sublime y único que lo acompañaba. Un humano.
Se bajó sigiloso del árbol y con pasos lentos y torpes llegó hasta ella. Quiso tocarla y descubrir por qué son tan distintos, pero antes de que pudiera siquiera poner un dedo encima, la voz femenina lo detuvo.
-Es una bonita noche, ¿no es así? -
Aquellos ojos habían sido los más cálidos y brillantes que en su vida como ángel haya visto, y su sonrisa, deslumbrante y sincera, ¿ella realmente es una humana?; y por otro lado, él había sido el hombre más extravagante con el que se haya topado, de inusual cabello largo y plateado, y no sólo eso, sus ojos eran hermosos, oro puro fundido en las pupilas de ese hombre.
-¿Por qué tienes la cara roja? - preguntó él
La mujer se quedó tiesa y tragó saliva.
-Efectos de la medicina - se excusó
-¿Medicina? - la observó con detenimiento y aproximó su rostro al de ella - ¿qué es eso? -
Sintió su corazón palpitar tan fuerte que creyó se saldría de su pecho. Respiró varias veces y se alejó abruptamente de él.
-¿¡Qué te sucede!? - exclamó - ¡no te me acerques!, ¿¡quién eres!? -
-Soy un ángel -
Frunció el ceño y soltó una risilla indiscreta, pero al ver que no cambiaba de expresión, su semblante cambió a uno serio.
-Lo siento, no todos los días se ven ángeles en un hospital -
El ojidorado no le respondió y se acercó a donde brotaba el agua, se sentó en un borde y metió su mano en la laguna que se formaba dentro de un hueco. La mujer se encogió de hombros y le imitó.
-En verdad... tú eres -
Giró sus ojos hacia ella y su mirada se puso blanca, la recordaba, ¡claro que sí!, se trata de ella...
-Yo te conozco - le dijo con una voz suave y serena
Otra vez, su mano por inercia se movía sin preguntarle y su mano se posó en la mejilla nuevamente roja de la joven. Se sentía tibia y unas pequeñas gotas de sudor caían en sus dedos.
-¿De qué... estás hablando? -
No sabía qué pensar de él, era un extraño, un desconocido, y aún así, le permitía que le hablara como si llevaran una vida conociéndose, le permitía que le tocase con una confianza ciega, pero... de alguna manera, le era familiar.
-Yo... te salvé la vida -
Miró a través de él, escuchó más allá de sus palabras y con ello, un pequeño recuerdo se asomó a su mente, el recuerdo vago de una silueta masculina, una imagen borrosa de un hermoso hombre con alas que daban la impresión de ser tan grandes que no entrarían en la minúscula habitación de un hospital, eso sin duda era...
-Un ángel... - murmuró - entonces... esa vez... -
Después de eso, ella se levantó tan rápido que no le importó pegarse con unas piedras del camino, perdiéndola de vista cuando entró por un corredor.
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Corrió ignorando los llamados del guardia y se adentró al elevador. Presionó el número del piso en el que estaba ella y al llegar se metió a su cuarto. Se sentó en el borde de su cama con la presión tan alta que creyó se desmayaría. Podía recordarlo claramente, sus palabras y el timbre solemne de su voz.
Suspiró y fijo su orbes cafés en el cielo, como si intentara no sólo hablar con Él, sino quejarse.
-¿Por qué me haces esto? -
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¡Konbawa niñas! Aquí el segundo capítulo, gracias otra vez por su apoyo y la participación ^_^
¡Gracias Claudia Gazziero! Espero haber sobrepasado tus expectativas =)
Saben que se les agradece mucho y bueno, sus reviews y saber que este fic tiene visitas y lectores es lo más importante para mí, significa mucho _
Y bien, la siguiente pregunta...
¿Quién les gusta para ser el hemano de Kagome?, ¿quieren que sea mayor o menor que ella?
Nos vemos en el siguiente capítulo niñas. Cuídense.
XOXO,
Luna-es 2012
