Capítulo 3: "El desafío de Papyrus"
Se encontraba caminando en lo que parecía ser un bosque, muy verde y lleno de vida, con algunas hojas caídas alrededor suyo y escuchando el sonido de diferentes aves.
Caminaba en silencio pero dando unos pequeños saltos, como si de un infante se tratara. Tarareaba una canción que desconocía por completo, pero que a la vez le resultaba tan familiar.
Siguió y siguió hasta que se detuvo frente a un árbol en particular. Parecía estar en un lugar privilegiado, pues no había ningún otro árbol al lado suyo, solo habían pequeños arbustos de apenas treinta centímetros y algún que otro hongo que sobresalía.
De pronto, una voz femenina lo hizo voltear, encontrándose con una mujer de al menos unos cuarenta años. Vestía con una playera color rojo oscuro sin mangas, acompañada de unos pantalones jeans de color azul. Tenía el cabello negro como la noche, una tez pálida y unos ojos cafés.
A su lado, se asomó un hombre, también de unos aparentes cuarenta años. Vestía con una camisa de mangas cortas azul claro con rayas blancas y unos pantalones beige largos. Al igual que la mujer, su cabello era de un color negro oscuro y también tenía unos ojos cafés, la única diferencia era que su tono de piel era un poco más morena.
Ambos adultos se acercaron al chico, quien al apenas verlos se lanzó contra ellos, siendo atrapado por los brazos de ambos.
– ¿Te gusta este lugar? – Le preguntó aquella mujer, a lo que él respondió entusiasmado con un "¡Sí!", tan potente que hizo que ambos adultos rieran un poco – me alegro…
Luego se volteó hacia el hombre, ya que este le había tocado el hombro. Sonreía con naturalidad y le brindaba una cálida mirada, la cual también le sacó una sonrisa.
– Pronto este lugar será diferente, lo prometo – dijo el adulto, a lo que él asintió.
– ¡Sip! Dentro de muy poco.
Dio un par de saltos alrededor del árbol, pisando varias hojas secas y levantándolas para luego tirarlas al aire mientras reía.
Pero luego, su mirada se desvió hacia una montaña cercana. Era una enorme montaña que se erguía por sobre el bosque, imponente y con un brillo verde esmeralda que le daba un aire mágico.
– Muy poco… – murmuró.
Ambos adultos sonrieron, pero…
De un momento a otro, su visión comenzó a volverse más borrosa. Los sonidos de las aves se escuchaban cada vez más lejanos. La luz comenzó a perderse, incluso sus sentidos dejaron de funcionar.
Al final, solo logró ver como los tres se quedaron observando el árbol que habían visto antes.
Fin sueño.
Shift se despertó de golpe, debido a que su cabeza estaba doliéndole como los mil infiernos.
Una semana.
Una semana había pasado desde que había salido a aventurarse en las ruinas. Una semana desde que Papyrus decidió actuar extraño tras escuchar su nuevo nombre.
Y una semana desde que ese extraño sueño lo estaba persiguiendo.
No sabía de donde había salido.
¿Una memoria reprimida? Puede ser. No estaba seguro y probablemente nunca lo estaría.
Lo que sí sabía, es que eso a la larga lo iba a volver loco, pues siempre le daba un terrible dolor de cabeza que no desaparecía. Y la actitud de Papyrus no ayudaba mucho que digamos.
El esqueleto se había mantenido muy distante de él. Apenas si hablaba, apenas si lo veía. Solo cuando ambos almorzaban tenían un tiempo para hablar, pero por más que Shift lo intentara Papyrus no cedía.
Definitivamente algo no estaba bien.
– ¡Papyrus! – Lo llamó, una vez que salió de su cuarto. Quería en serio hablar con él. Toda esa situación lo estaba incomodando demasiado y no podía quedarse tranquilo un solo momento, ni para tranquilizar los dolores de cabeza que sus dichosos sueños le provocaban – ¡Papyrus!
Lo buscó en la cocina, en el living e incluso en los alrededores. Pero no había rastro del esqueleto con túnica.
– Diablos… – maldijo por lo bajo, mientras caminaba hacia el centro de las ruinas, donde los demás monstruos lo recibieron al llegar.
Debido a su actitud y a su valentía al defender a Alphys, Shift se había ganado el respeto de cada uno de ellos, incluso aquellos que lo veían con malas caras lo trataban como si fuera uno más.
Las arañas pasteleras sobretodo, quienes cada tanto le regalaban un Donut de Araña al chico cada que este pasaba a visitarlas.
– Muchas gracias – les agradeció cuando estas le dieron uno de sus donuts.
– Por nada mi cielo, ajuujuju – rio una de ellas, siendo acompañada por el resto – por cierto, ¿has visto al guardián? – Preguntó, sorprendiendo al joven – él solía venir de vez en cuando a hacernos alguna visita, pero últimamente no ha venido.
Shift bajó la mirada, algo apenado.
– Lo estuve buscando, pero no lo encuentro – respondió cabizbajo – últimamente no quiere hablarme o verme siquiera. No lo sé…
De pronto, sintió un pequeño tirón en su pantalón. Al voltearse hacia el origen, Shift se sorprendió al ver que se trataba de un Loox.
El chico no reaccionó de manera brusca, pues en esos días él ya se había encontrado varias veces con ellos y ya había hecho las pases muchas veces, aunque los tres monstruos seguían apenados por lo que había pasado.
– ¿Qué pasa? – Le preguntó.
– Quería hablar contigo, en privado – dijo con un tono algo serio, el cual tomó ligeramente por sorpresa a Shift. Este lo pensó un momento pero al final decidió acompañarlo. Se despidió de las arañas y tomó rumbo junto con el Loox hacía una de las salas más alejadas de las ruinas.
Esta se diferenciaba de las otras por tener un tono violeta un poco más oscuro que el que predominaba en las demás salas. Además de contar con algunos pequeños hongos luminosos los cuales brindaban un poco de luz al lugar.
– Llegamos – dijo, deteniéndose de golpe. Shift observó a su alrededor, buscando algo que sobresaltara o le indicara que era lo que quería mostrarle aquel monstruo.
Pero antes de que pudiera preguntar, el sonido de un lamento lo interrumpió. Se volteó hacia Loox, pero este le señaló una dirección, la cual parecía ser de dónde provenía aquel sollozo.
Al dirigirse hacia allí, grande fue la sorpresa de encontrarse a Papyrus frente a una cama de flores, llorando en silencio. Aquel conjunto de flores le llegó de golpe a su cabeza, era el mismo que había detenido su caída. Pero…
El chico dio un par de pasos hacia delante, como queriendo ir a hablar con el esqueleto, pero justo a unos cuantos metros antes de llegar lo detuvo una especie de pared invisible. Le dio un par de golpes y se dio cuenta que, por su dureza, se trataba de una pared de piedra.
– ¿Qué…? – Preguntó en voz alta, provocando que por un momento Papyrus levantara su cabeza y mirara hacia los alrededores, como buscando el origen de lo que había oído.
– Mejor no lo molestes – le susurró Loox, haciendo que Shift se separara de aquella pared invisible – él ha venido aquí de vez en cuando, desde el día en que nos enfrentaste. Solo se sienta ahí y se queda así por horas sin decir nada.
Shift desvió su mirada hacia el esqueleto el cual, luego de no encontrar nada, volvió a sentarse frente a la cama de flores doradas.
– ¿Lo había hecho antes? – Le preguntó, algo curioso pero a la vez preocupado. Loox asintió.
– Si, pero lo hacía como una vez al mes o cada tres meses – respondió, mientras contaba con sus manos – no sé muy bien por qué lo hace, aunque creo tener una idea…
Shift se volteó curioso hacia el monstruo, esperando su respuesta. Pero, como si de una ilusión se tratara, todo a su alrededor cambió repentinamente, mostrando que se encontraba en lo que parecía ser una sala a oscuras teniendo frente a él una especie de ventana.
Dicha ventana, daba lugar a otra sala similar, solo que la diferencia era que esta estaba ligeramente iluminada en el centro por lo que parecía ser algún tipo de foco o abertura en el techo. Y allí, justo debajo del haz de luz, se encontraba alguien, arrodillado en el suelo. Sin moverse.
Shift, intrigado y curioso, se acercó a aquella ventana para ver mejor lo que pasaba. Justo entonces, una puerta se abrió en aquella sala contraria, dejando entrar a dos personas. La oscuridad no permitía ver sus rostros, e incluso aunque pareciera imposible ni el haz de luz lograba reflejar en ellos. Era como si la luz escapara de sus cuerpos.
Ambos sujetos, una vez que llegaron frente al que ya se encontraba allí, le ordenaron que se levantara. Él, al parecer por instinto, siguió aquella orden sin chistar.
– ¿Estás seguro de esto? – Preguntó uno de ellos a su compañero, el cual asintió. El que hizo la pregunta soltó un suspiro agotado para luego tomar un control remoto de uno de sus bolsillos – bien… entonces comencemos.
Al presionar un botón de aquél control, la sala entera se iluminó, mostrando que era mucho más grande de lo que había pensado al principio. Una alarma acompañada de una constante luz roja inundó todo el ambiente, al mismo tiempo que aquellos individuos abandonaban el lugar, dejando al otro solo.
Durante unos segundos, él no se movió, lo cual intrigaba a Shift.
Por curiosidad, se acercó un poco más a aquella ventana…
Solo para llevarse un susto casi de muerte al enterarse que aquel tipo había aparecido casi al instante justo frente a él, separados únicamente por ese frágil vidrio.
– ¡Sé supone que está polarizado! – Exclamó involuntariamente y con una voz que no era la suya – ¡No debería poder vernos!
Mientras una fuerza invisible movía el cuerpo de Shift de manera involuntaria, sintió un escalofrío cuando sus ojos hicieron contacto con los de aquella persona.
Dos orbes blancos abarcaron toda su visión, mientras que el incesante ruido de las alarmas se hacía cada vez más y más fuerte.
– Te llenas… de miedo…
– ¡AAHHH! – Despertó Shift de golpe, mientras mandaba a volar un montón de cosas que traía encima.
Asustado, miró a su alrededor con desesperación, mientras sus ojos trataban de acostumbrarse a la penumbra en la que se encontraba.
Tras unos segundos, en los cuales no paraba de hiperventilar, Shift logró darse cuenta de donde se encontraba.
¡Era su cuarto!
Algo más calmado, pero aún con la respiración agitada, se levantó de su cama y dio un par de pasos algo tambaleante. Estaba mareado y agotado por el súbito ataque de pánico, por no decir también del frío sudor que recorría su frente.
Intentó recordar lo que había pasado entre que Loox le mostró a Papyrus hasta que tuvo esa "¿visión?". Pero por más que lo intentara, no conseguía recordar el cómo había llegado hasta allí.
Aunque la respuesta llegó cuando la puerta de su cuarto se abrió repentinamente, apareciendo Papyrus asomándose desde ella y buscando a Shift con la mirada.
Ambas miradas se cruzaron por un instante, el cual luego se prolongó durante un minuto de puro silencio. Shift estaba procesando todo lo que había ocurrido, a la vez que Papyrus lentamente empezaba a cerrar la puerta.
El chico logró reaccionar, pero fue tarde y el esqueleto cerró la puerta justo antes de que llegara con él, y al abrirla, se llevó la sorpresa de que Papyrus había desaparecido.
Miro de un lado a otro el pasillo con locura, intentando ubicar a su amigo esqueleto que su comportamiento era cada vez más extraño y preocupante. Su respiración comenzó a ser más agitada con cada que volteaba y no lo encontraba.
– Papyrus…
Los días pasaban y pasaban, pero Shift seguía sin poder hablar con el esqueleto. Ni siquiera lo había encontrado en el lugar que Loox le había mostrado antes.
El monstruo, cuando se lo encontró, le dijo que se había desmallado y que Papyrus los encontró y se lo llevó a su hogar. Más que eso no era capaz de decirle pues lo desconocía, pero Shift le agradeció por al menos aclararle un poco sus dudas.
Aunque las cosas no parecían ir mejorando, pues un buen día le llegó la noticia de parte de un Froggit que Alphys se había marchado. Nadie sabía cómo, solo que ella les pidió que le avisaran a Shift sobre su ausencia antes de irse.
Ahora Shift se sentía más solo que nunca, pues pese a la cercanía que tenía con los monstruos de las ruinas, esta no se comparaba con el vínculo que había formado con ella y con el esqueleto. Sobre todo con este último.
No había opción, tenía que aclarar las cosas.
– ¿Qué saben sobre él? – Le preguntó a los monstruos con seriedad, mientras se cruzaba de brazos. Le había tomado tiempo, pero logró reunir a todos y cada uno de los monstruos que habitaban las ruinas, incluidos los Loox y algunos monstruos que no había visto antes como los Vegetoids.
– No mucho… – respondió un Migosp, un monstruo con aspecto de cucaracha – él lleva aquí incluso más tiempo que todos nosotros.
Una masa gelatinosa color verde, a la cual llamaban Moldsmal, se meció de un lado a otro en señal de afirmación, ¿o de negación?
La verdad que esos monstruos no eran muy claros con lo que querían transmitir.
– Pues… eso no es del todo verdad… – murmuró un Whismun con un hilo de voz, haciendo que absolutamente todos se voltearan a verlo, la pobre polilla por poco y se desmalla por el susto – ahhhhhh… ¡no me miren así!
Una serie de disculpas después, el pequeño monstruo tímido logró recuperar la confianza, por lo cual continuó con su relato.
– Hay… hay un monstruo… uno que sabe muchas cosas… – informó, a lo cual la gran mayoría comenzó a murmurar, dudando de que eso fuera cierto – se esconde en lo más profundo de las ruinas…
Un pequeño escalofrío recorrió la espalda de Shift al cuestionarse si ese monstruo no podría tratarse de Boggie, ya que había sido al único monstruo (además de Papyrus) que no había encontrado. Aunque prefería no encontrárselo nunca, una mala experiencia era más que suficiente.
– De casualidad… ¿ese monstruo no será una flor dorada, verdad? – Preguntó, con un pequeño toque de temor, a lo que el Whismun negó al instante. – uf…
– ¡Un momento! – Saltó un Vegetoid de golpe – ¿No te referirás a ese monstruo extraño que pasa de vez en cuando por aquí?
Whismun asintió en respuesta, lo cual hizo que gran parte de los presentes comenzara a hablar entre ellos, incluso los Froggit se pusieron a croar unos con otros.
En tan solo unos segundos, todo el lugar se inundó de un bullicio interminable de gritos y croados que iban y venían sin parar. Shift intentó poner orden, pero el lugar estaba tan alborotado que le era imposible tan siquiera calmar a uno solo.
Estaba por rendirse cuando de golpe, un ruido agudo como un siseo calló a todos los presentes.
En un instante, la sala tuvo un silencio sepulcral el cual solo fue roto por otro siseo, que hizo que los presentes buscaran el origen de aquél sonido.
– Es él… – murmuró Whismun, a lo que algunos monstruos se sorprendieron, otros se alteraron y otros, simplemente no entendieron sobre a quién se refería.
Otro ruido de siseo más lo interrumpió, aunque este fue con un tono algo diferente al anterior, un poco más grave.
– Dice que vayas – le avisó Loox, a la vez que empujaba a Shift hacia adelante. El joven se volteó para recriminarle, pero Loox al instante se dio la vuelta y se marchó a paso apresurado de allí, al igual que todos los monstruos del lugar.
Shift no entendía el comportamiento de los monstruos ante el siseo, pero su curiosidad y su intuición le decían que solo lo sabría si averiguaba de dónde provenía aquel ruido.
Dispuesto a sacarse todas las dudas, el joven se dirigió hacia donde creía había escuchado el siseo. El camino lo llevó a una sala que antes juraría no haber visto. Esta era pequeña, con un pequeño río rodeando los bordes de la habitación, y teniendo en el centro un pequeño pilar, en el cual descansaba una pequeña serpiente de color azul con alas celestes.
Apenas Shift dio un paso hacia delante, la serpiente abrió sus ojos blancos de golpe y estiró su cuello hacia el joven, quien por instinto retrocedió algo asustado.
La serpiente notó aquella acción como una muestra de temor (aunque era demasiado evidente), por lo que lentamente bajó su cabeza hasta apoyarla encima de su enroscado cuerpo. Shift se acercó con cuidado mientras la serpiente lo miraba. Algo dentro suyo le decía que no era peligrosa, pero también le decía que no se confiara.
– ¿Eres…? ¿Eres el monstruo del que hablaban? – Preguntó, a lo que la serpiente respondió asintiendo con la cabeza – ¿Sabes lo que pasa con Papyrus? – Otra vez, la serpiente asintió – por favor, ¡dímelo! Esta situación ya me está volviendo loco.
El chico se acercó a la serpiente de manera suplicante, pero para su sorpresa, esta no se movió. Ni siquiera intentó mover su cabeza como para decir algo o para tratar de hablar siquiera. Tal vez la había asustado, por lo que Shift se alejó un poco de ella, más no tuvo resultado.
– ¿Eh? – Shift no entendía por qué en un instante la serpiente había dejado de reaccionar. No podía ser miedo ni temor, pues ya se había alejado lo suficiente – ¿Qué pasa?
De golpe, como si de un estruendo se tratara, toda la sala se oscureció en un instante, solo para ser iluminada por los ojos blancos de aquel reptil. La serpiente extendió su cuello y estiró sus alas como en un intento de volar, a la vez que la luz que emanaba se hacía más y más fuerte.
El desconcierto y el temor le impidieron a Shift tan siquiera articular alguna palabra, pero no pasó más de dos segundos hasta que todo se calmó de golpe. Y para su sorpresa, la sala había cambiado.
Ya no se encontraba frente a un pilar, o en medio de una sala de las ruinas.
No, la sala en la que se encontraba era muy similar a su propio cuarto en la casa de Papyrus, solo que era algo diferente. Tenía una tonalidad más azul, la cama tenía un diseño de auto deportivo, una mesa llena de figuras de acción, un estante lleno de libros y un escritorio. ¡Era el cuarto de Papyrus!
Shift se preguntó el por qué se encontraba allí y el cómo había entrado, pues él ya había intentado ingresar a aquel cuarto, pero siempre que lo intentaba la puerta estaba cerrada con llave, por lo que le era imposible ingresar.
Tal vez la serpiente extraña lo había enviado allí, aunque tampoco estaba tan seguro. Después de lo vivido todo ese tiempo ya no sabía distinguir de lo que era real y lo que no lo era.
Pero también, esta era una oportunidad excelente para poder averiguar lo que fuera que estaba perturbando.
Investigando su alrededor en busca de indicios, su atención se fijó en el escritorio, el cual tenía varias cosas como libros, una lámpara, hojas sueltas y, algo escondida, una foto algo arrugada.
Shift la tomó y la puso debajo de la lámpara, pudiendo observar de qué trataba.
En la foto, estaba Papyrus, junto a otras tres figuras. Una de ellas era similar a un fantasma, otra estaba algo borrosa por la antigüedad de la foto, por lo que no podía distinguirla. Pero lo que más le llamó la atención, fue aquel chico que se encontraba al lado del fantasma, sonriendo y con un ramo de flores en sus manos.
Su apariencia, pese a lo poco que podía distinguir, le resultaba algo familiar, aunque no podía saber el por qué.
– Shifty…
Al escuchar eso, Shift se volteó en un instante, solo para encontrarse con Papyrus, quien acababa de abrir la puerta de su habitación y miraba con algo de melancolía a Shift.
El chico intentó hablar, pero las palabras no salían de su boca. Papyrus tampoco parecía poder decir algo más. Solo se limitó a acercarse a Shift y, de un movimiento, arrebatarle la foto y ponerla en su lugar.
– Es… es por eso que actuabas raro… – logró articular Shift, aunque haciendo un esfuerzo supremo con cada palabra. Papyrus se volteó hacia él, para luego volver su vista al escritorio – ¿Quién es Shifty?
– Una persona que conocí… – murmuró Papyrus, apoyando sus manos en el escritorio.
– Lo siento… – se disculpó, casi susurrando – no sabía que…
Pero un abrazo de Papyrus lo calló. Fue completamente inesperado y extraño sentir el contacto con el esqueleto otra vez, pero pasados unos segundos lo extraño pasó a ser agradable. Y de agradable a felicidad.
Sin dudarlo, el joven correspondió el abrazo, a la vez que sonreía. Y, aunque no pudiese verlo, él sabía que Papyrus también estaba sonriendo.
– Siento haberme comportado de manera extraña estos días – dijo el esqueleto apenado – pero necesitaba liberarme de todo esto. No me daba cuenta del daño que te estaba provocando.
Papyrus apretó un poco su abrazo, tomando por sorpresa a Shift, más al ver que estaba llorando.
– Soy yo quien debe disculparse…
Shift no soportó más, y con un fuerte abrazó le respondió al esqueleto que todo estaba bien. Haciendo que una enorme sonrisa se dibujara en su "rostro".
Así estuvieron como por diez minutos, en silencio y aún abrazados. Tiempo después, se separaron y sonrieron mutuamente.
– Oye Shift… te… ¿TE GUSTARÍA QUE COCINEMOS ESPAGUETIS JUNTOS? – Preguntó, volviendo a su tono elevado y animado de siempre, el cual hizo que Shift dejara escapar una carcajada acompañada de un eufórico "¡Sí!"
Ambos rieron y abandonaron el cuarto, tenían mucho de que hablar y muchas cosas que arreglar. Pero todo eso ya no importaba, las cosas habían vuelto a ser como antes y eso era lo importante.
Pero sin duda, Papyrus y Shift habían tenido un duro desafío que afrontar. Cada uno a su manera.
Y ese desafío fue superado.
.
.
Continuara…
Lo siento por haberme tardado una eternidad, y la escuela y los exámenes no cuentan como excusa, pero bueno.
Si eres de los que siguen mi otro fic no te preocupes, no está abandonado, solo que no me motivo mucho a escribir ese capítulo que falta. Sumado a eso que es larguísimo, pero bueno, lo siento otra vez.
No se cual historia voy a actualizar primero, pero si sepan que ninguna está abandonada. Y con eso dicho, espero que el cap les haya gustado. En lo personal me gustó mucho, aunque creo que metí un par de cosas que tal vez debería haberme guardado, pero no importa.
¡Nos vemos en el siguiente cap!
