(Draco)
Esa estúpida sangre sucia, ¿como se atreve a hablarme de esa manera? y el estúpido de su amigo el tonto tiene la desfachatez de lanzarme un hechizo. Me las van a pagar, esos malditos Gryffindor van a pagar caro su descaro.
Sentía como me hervía la sangre e incluso llegaba a picarme la piel de la rabia que sentía dentro en esos momentos. Había llegado a mi cuarto tras haber dejado a Pansy tirada en medio de los pasillos. Nos lo estábamos pasando bien pero la diversión nos la habían jodido aquellos miserables. Me senté sobre la cama apoyándo los brazos y hechándome un poco hacia atrás, pensaba echarme un rato y descansar pero un picotéo en la ventana me puso alerta. Me giré y vi la lechuza negra y desplumada de mi tía Bellatrix. Eso nunca era algo bueno. Sentí como mi corazón se aceleraba y me acerqué para recoger el papél que traía. Era una nota, corta y directa. Me citaba en el bosque prohibido en quince minutos. ¿Ahora? ¿En serio? Solté un bufido y me levanté saliendo rapidamente hacia el bosque.
Tardé menos de lo que me había pensado y me adentré un poco hacia el interior del bosque. No eran tan estúpidos de dejarse ver por los alrededores del colegio. Pese a ser pronto ya me estaban esperando, mas bien, solo mi tía Bellatrix me esperaba. La miré serio. No me gustaba mi tía, ni toda esta historia de Voldemort, estaba harto de estar bajo su amenaza, pero sabía que si no acataba sus órdenes mi madre acabaría muerta y era la única persona que de verdad me importaba en este mundo. Me paré frente a ella y esperé a que fuera la primera en hablar.
- Mi querido sobrino- dijo con su voz chillona- Me alegra tanto verte.
- Hola Tía Bellatrix.
- Tengo algo importante para ti- dijo mientras andaba en pequeños saltitos desquiciantes. - algo que me ha encargado alguien importante, alguien poderoso. ¿Sabes de quien te hablo verdad?
- Si
- Dilo Draco, de quien te hablo...
- Del amo
- Perfecto mi querido sobrino- dijo mientras me revolvía el pelo. Ojala pudiera lanzarle una maldición y dejarla petrificada para siempre.
- Verás, verás. Nos hemos enterado de que Potter y su amigo el pelirrojo han ido en busca de... unas cosas muy importantes para el amo y no podemos permitir que las encuentren. La cosa es que tenemos una ventaja pues la sangre sucia de su amiga ha vuelto al colegio y claro... Ellos estarán en contacto con ella. Ella tiene que saber muchas cosas y con esas cosas podremos encontrarles.
- ¿Y eso que tiene que ver conmigo?- pregunté harto de tanta historia.
- Pues verás, tienes que enterarte de donde están, que te lo diga ella, tienes que hacerte su amigo.
- ¿Que?, no, ni en broma.
- No te atrevas a rechazar una orden del amo- dijo en tono amenazante y me sentí un poco intimidado. Estaba loca y adoraba a su amo, otro loco. - Tienes que ganarte la confianza de esa sangre sucia y averiguar todo lo que puedas. Cuando hayas conseguido todo, mátala.
- Ella no va a querer acercarse a mi, no me soporta, ni yo a ella y lo sabe. No es tonta, sabrá que algo hay detrás de toda esa pantomima.
La mano de mi tía dió de lleno en mi mejilla dejándola dolorida, pero no dije nada, ni si quiera una sola mueca de que me había dolido el golpe, era un Malfoy, los Malfoy eramos fuertes. Giré la cara de nuevo hacia ella para mirarla de manera desafiante.
- Las órdenes del señor oscuro nunca son una pantomima Draco, deberías estar orgulloso de que alguien como tu sea el elegido para algo tan importante. Deberías tener mas respeto por tu señor querido sobrino o sabes las consecuencias que tendrá.
- No sé como puedes seguir siendo su esclava sabiendo que tiene amenazada a tu hermana.
Otra bofetada sonó en medio del bosque, la otra mejilla me ardía y ahora esta le acompañaba.
Era el momento de callarme, no era tonto, sabía donde estaban los límites. Volví a mirarla, cada vez con mas ira en mis pupilas.
- No te atrevas a hablarme así niño insolente, no tendré ningún reparo en darte muerte a ti y a mi querida hermana si mi señor así lo desea. Es mas, sería todo un placer.
Me revolvía las tripas solo de oirla hablar, saber que pensaba así de su propia familia, de mi madre, la persona mas dulce que haya conocido. No necesitaba decirle que la quería pues ella lo sabía muy bien.
- Vas a hacer lo que se te ordene muchacho, es algo sencillo, eres listo, sabrás como conseguirlo. Usa tus armas de seducción, eso es para lo único que sirves, o arrástrate como el perro que eres, haz lo que quieras pero consigue acercarte a la sangre sucia y conseguir información. No voy a estar detrás de ti sobrino, si en un tiempo no has conseguido nada importante las consecuencias serán nefastas. No vamos a darte mas avisos.
Sin decir ni una sola palabra mas se dio media vuelta y desapareció entre restos de humo negro. Yo me quedé allí plantado, de pie, apretando los puños pues era lo único que podía hacer. La impotencia me recorría todo el cuerpo y notaba como mis músculos se tensaban. No pude mas y grité. El grito me desgarró la garganta y se oyó por los alrededores. Me daba igual si alguien podía oírme, nadie preguntaría. Las fuerzas se fueron con aquel grito y caí de rodillas nada mas cerrar mi boca. Las lagrimas comenzaba a amontonarse en mis ojos pero me negué a dejarlas salir, así no era como un Malfoy se comportaba. Cerré los ojos y respiré hondo varias veces hasta que mi cuerpo se hubo calmado un poco. Me levanté pesadamente y volvi a caminar de vuelta al colegio.
Me costó mas de lo que pensaba llegar a mi sala común. Pasé por la puerta intentando que nadie se fijara en mi pero eso no fué posible pues Pansy estaba al acecho y nada mas verme se abalanzó sobre mi.
- Hola Draquito, ¿Que te parece si retomamos lo que hemos dejado pendiente?- dijo acercándose a mi oreja y dando un pequeño mordisquito. Normalmente nunca le haría ascos a los jugueteos de Pansy pero realmente no me apetecía nada en absoluto soportarla, por muy guapa que fuera era irritante, chillona y muy pesada.
- No me apetece Pansy, en otro momento- dije tranquilo apartándola de mi lado y volviendo a emprender mi camino pero una mano me agarró del brazo y me hizo girar para volver a tenerla frente a mi. Sus labios se abalanzaron sobre los mios sin darme tiempo a decir nada y su lengua intentó abrirse camino en mi boca. Aquello me molestó, no era capaz de respetar lo que le había dicho.
- He dicho que no!- dije con un tono serio y desafiante- buscate otro muñeco con el que jugar ahora no me apetece, y si digo que no es que no, a ver cuando te das cuenta de que aquí las órdenes las dicto yo.
La miré con asco mientras ella se ponía roja, no sé si de rabia o de humillación pero me importaba mas bien poco en esos momentos. Solté mi brazo bruscamente de sus pequeñas manos y me dirigí hacia mi cuarto una vez mas, esta vez sin interrupciones.
Una vez estuve seguro entre esas cuatro paredes me desplomé sobre la cama. Estaba cansado aun que no fuera tarde, tenía ganas de meterme en la cama y no salir en el resto del día. Y eso es lo que hice. Me metí entre las suaves mantas de seda verde envuelto en mi pantalón de pijama negro y volví a apoyar las manos detrás de mi cabeza, pensando en todo lo que se me venía encima. Que me hiciera amigo de Granger... ¿Cómo se supone que iba a conseguir eso? Era una de las personas que mas me odiaba de todo el colegio y su sola presencia a mi me producía arcadas... Las cosas se planteaban mas difíciles de lo que sonaban pero nada era imposible para Draco Malfoy, y menos una mujer.
