Cosas Fabulosas

Es mejor sonreír, que oír

Tercera Parte

Alguna vez, las sonrisas fueron tan fáciles.

Ese 'alguna vez', suele perderse en el tiempo cuando lo recuerda, pero Sherlock sabe que en algún momento sonreír fue indiscriminadamente fácil, en algún momento, muchos años atrás. Cuando aún… bueno, hace mucho tiempo. No lo recuerda en realidad. Ya no.

En aquellos momentos, cuando sus sonrisas, sus risas, las de verdad, las sinceras, no le pertenecían en exclusividad a John Watson.

Cuan molesto resultaba saber que era así. Ocasionalmente no le importaría, pero sencillamente, era tan incomodo y fuera de lugar saberlo así, que tratar de sonreír con otras personas como lo hacía como cuando estaba con John, le resultaba ridículo.

Se sentía extraño sonriendo sin ser sarcástico o mortalmente hiriente.

Al menos que se tratara de John y entonces las sonrisas salían sinceras, divertidas, repletas de una expresión extraña en las que reír era incluso hasta plausible y relajante. Experimentaba agradables sensaciones, tantas que incluso se le habían vuelto una costumbre agradable sonreír cuando estaba junto a él.

Aquellas sonrisas falsas, cuando buscaba favores de alguien, no contaban.

Y era desesperante la manera extraña en la que de un modo u otro John lo hacía sonreír. El doctor a veces no lo pretendía, Sherlock lo podía deducir con extrema facilidad y sin embargo por algún motivo terminaban sonriendo. Y el ambiente se aligeraba.

…Y Sherlock no oía el latir acelerado de su corazón.

—¿Si eres consciente que cuando te digo que no necesito que me ayudes con las bolsas de compras, lo digo sarcásticamente?

Sherlock levantó la mirada de su libro. Y ahí estaba otra vez, una sonrisa en sus labios ante las palabras del rubio hombre que ahora colocaba sobre la mesa las diversas fundas del supermercado, empezando a vaciarlas para poder dejar las cosas en el lugar necesario.

—Lo sé, pero no sabía que en realidad desearas que ayudara.

—Las primeras semanas si, hubiera sido un dolor de cabeza pero gratificante, saber que al menos aportabas en algo a… la convivencia.

John parecía entretenido con guardar las cosas en su respectivo lugar, y sin embargo Sherlock pudo percibir el pequeño sentimiento de duda en la voz del hombre ante sus últimas palabras.

—¿Y ahora?

—Ahora ya me he acostumbrado a lo básico que eres.

¿Básico?

La palabra rondó en la cabeza de Sherlock por varias horas, tratando de entender el verdadero trasfondo de aquello, de si tomarlo como un halago, un insulto o al menos como un alivio. Aunque en realidad nunca le ha importado, pero se encontraba ¿curioso? Por la excusa de John.

Y en especial, por el hecho de sacarla a relucir.

Pasó buena parte de la tarde pensando en ello, luego algo de la noche, hasta que la cena fue servida, y el uno frente al otro guardaron silencio. Comiendo aquellos tallarines que la señora Hudson casualmente había cocinado de más ese día.

Lo observó con atención, la manera en que la muñeca se movía al entreverar los fideos en su tenedor, algo torpe, probablemente por algún golpe que no duraría demasiado en repercusiones, luego la manera en que comía, como limpiaba su boca con la servilleta, el agua que bebía, la forma en que lo hacía.

Y Sherlock seguía sin entender.

¿Qué tenía John de especial que lo hacía estar sentado ahí, frente a él, con él, varias semanas después de haberlo conocido, de soportarlo, de soportar sus curiosos estados de aburrimiento?

¿Por que?

Si John era tan… normal.

—De acuerdo.— John habló de improviso, soltando el tenedor y limpiando su boca descuidadamente. —¿Qué sucede? ¿Por qué no has parado de analizarme desde que empezamos a cenar?

Esta vez los ojos de John estuvieron sobre los suyos, fijos, tantos que Sherlock pudo suponer con facilidad y casi sin miedo a equivocarse, de que si bien el hombre no podía ser tan deductivo como él, al menos si podía leer su mirada, saber cuando le mentía.

—¿Por qué sigues aquí?

—¿Qué?

John frunció el ceño, como era su costumbre cuando se sentía confundido. Y Sherlock pudo sentirse libre de esa mirada tan penetrante.

—Usualmente la gente se harta de mí y me odia, a los pocos minutos de conocerme y sin embargo tú, estás aquí, varias semanas después.

Dejó la servilleta sobre la mesa, con su plato sin haber sido tocado siquiera, y un breve instante de tenso silencio se esparció entre ambos. Algo incómodo y demasiado largo para el gusto de Holmes, aunque apreciativamente en realidad apenas habían sido solo unos segundos.

—Eres increíble, Sherlock. De verdad que lo eres.— John sonrió, negando apenas perceptiblemente, desvalorizando aquel instante. –A veces me haces pensar que en realidad si eres humano.

Y el comentario lo hizo sonreír, otra vez como si el latir acelerado de su corazón le hubiera avisado que era hora. Por que de no hacerlo, lo escucharía. Escucharía ese latir interno y las preguntas volarían por su cabeza tratando de armar conclusiones. Era como una auto barrera, un escudo propio que incluso él desconocía.

Así que sonrió, por la seguridad de su propio estado emocional.

Como si lo supiera, como si lo sospechara.

—John por cierto…— Sherlock ni siquiera se tomó la molestia de mirarlo, únicamente bebió un poco de agua y soltó su comentario tan casualmente que pudo pasar desapercibido. –Mañana te acompañaré a hacer las compras.

Pero no para John. No para él que lo conocía tan bien.

Y sabía, que Sherlock Holmes jamás, hacía algo sin razón.

Desde que se lo hubiera avisado el día anterior.

John sabía que era una mala idea.

Sherlock miraba, cuestionaba, y se aburría cada dos pasos. Contándole datos innecesarios de las personas a su alrededor. Pero extrañamente, de una manera casual, el detective consultor se hallaba emocionado, tan solo, que John no sabía el por qué.

Así que como si se tratara de un niño, John solo deseaba que Sherlock no fuera inoportuno mientras hacían la fila para pagar las compras, con tanta gente alrededor, escuchando, percibiendo el mal humor que Sherlock podía proyectar cuando se le pegaba la gana.

—¿Y… para que alguien compraría esto?

Sherlock arrugó un poco la nariz, mirando el pequeño aparato entre sus manos, de arriba abajo.

—Esto, Sherlock. Es para cuando los bebés tienen problemas de respiración. Déjalo aquí.

Pudo ver la manera en la que John le quitaba de las manos aquel aparato extraño, pensando seriamente que era asqueroso meter aquella cosa en la nariz del bebé y esperar que moqueara. Por decirlo de alguna manera, pero a John parecía no importarle. Y Sherlock prefirió no continuar la conversación.

—Ya tenemos todo, vayamos a pagar.

Por un momento Sherlock se sintió como un niño pequeño, siendo guiado por el doctor todo el tiempo, pero tampoco le molestó, John conocía mejor el lugar. Y el francamente ya se había aburrido de dar vueltas por todo el lugar.

¿Por qué John no simplemente escogía lo que necesitaba y ya?

Oh, claro. John siempre tenía que tomarse su tiempo para verificar el mejor precio, la calidad, las fechas de caducidad, y etcétera. Cosas sin importancias para él que para John parecían ser importantes, y que no se había cansado de hacer todo el bendito rato.

Vio entonces sobre una de las repisas casi al llegar a la zona de cajas, aquel pequeño juguete. Se vendía con la imagen comercial de varios niños sonrientes jugando con un montón de palos de madera pequeños unidos unos sobre otros, lo que Sherlock no entendió fue la mecánica del juego.

—Jenga, consiste en juntar los palos de madera uno sobre otro, formando una estructura de cuatro bases lo más alto posible, quien coloca la madera que haga caer la estructura del juego, pierde.

Como si leyera su mente, John se había detenido junto a él y empezado a hablar. Sherlock bajó un poco la mirada directo al rostro de su compañero que se encontraba inauditamente cerca, quizá por que en ese momento él miraba hacía arriba, pero ahora él miraba a John y su rostro estaba cerca.

Demasiado.

Sin embargo John pareció ausente ante ello, por que miraba el juego con algo extraño en la mirada.

¿Añoranza? ¿Anhelo?

Quizá el juego le traía buenos recuerdos, buenos momentos. Probablemente de su infancia, junto a Harry.

No era momento para sonreír, Sherlock sabía que no, no sentía ganas de sonreír inclusive.

Entonces ocurrió, el sonido frustrante de su corazón lo tomó desprevenido, como si chocara contra su pecho y su sangre que corriera más rápido, como cuando emprendía aquellos saltos o corría tan apresuradamente por las calles de Londres.

Lo pudo percibir con facilidad, el sutil calor que de pronto rodeó su rostro.

Como si aquella cercanía fuera demasiado. Y se sintiera ofuscado, tenso… básico.

Y lo entendió, de alguna manera lo entendió.

Él no podía con demasiadas cosas que no fueran importantes, solo lo importante se quedaba en su cabeza, solo lo realmente importante. Internamente, donde nadie más llegaba. Donde John había apartado un lugar sin darse cuenta, provocando aquel inestable palpitar en su corazón. Donde solo lo más importante se encontraba. Ahí, en algún lugar se encontraba el doctor.

¿Así de básico era?

—¡Sherlock!

—¿Qué?

John sonrió, algo contrariado en verdad. Y Sherlock pudo notar que incluso se había alejado ya un par de pasos de él.

—Te estoy llamando desde hace un rato. ¿Qué te sucede últimamente?

—Nada, solo pensaba en lo aburrida que debe estar la gente para inventar juegos como estos.

—A mi me parece divertido.

—Aburrido.

El desdén con el que sonaron sus palabras hizo a John arrugar un poco el entrecejo, pero esta vez no parecía por molestia, incredulidad o duda. Simplemente lo hizo, como si no supiera que emoción mostrar exactamente.

—Pues hace unos años no me parecía aburrido. – Y la sonrisa de John hizo aparición, Sherlock se preguntó si a John le pasaba lo mismo que a él, que sonreía para no oír los latidos de su propio corazón. –Tal vez con tantos años de por medio, tengas razón. Y ya no es tan divertido como cuando era joven.

John volvió a mirar el juego, antes de soltar un pequeño suspiro y girar otra vez. Encaminándose a la sección de cajas esta vez con un pasó menos firme que antes. Sherlock regresó su mirada hacía el dichoso juego. John había dicho hace un tiempo que no más juegos de pistas para ellos, que él era un mal perdedor, pero quería suponer que este juego era diferente.

Era divertido jugar con John, se esforzaba mucho en ganar, casi tanto como él, y eso volvía divertida la situación, de otro modo, todos esos juegos le resultarían tremendamente aburridos. Estiró su brazo apenas un poco, alcanzando la dichosa caja rectangular, rozando sin pretender otra de las cajas que ya caía directo al suelo de no ser por las oportunas manos de Watson.

—Buenos reflejos, John.

—Estuve en el ejercito ¿recuerdas?

Sherlock sonrió, y las cosas estuvieron infinitamente mejor. Por que sonrió y todo pintó mejor. Al principio le costó sonreír, agradecer, entender a John Watson. Y hoy sin embargo, era algo tan común, tan del día a día, que a veces se sorprendía haciendo cosas como estas.

—¿Vas a comprarlo?

—Parece interesante.

—Dijiste que era aburrido.

—Siempre puedes enseñarme el por qué a ti te parecía tan divertido.

John esbozó otra sonrisa, como en agradecimiento. Jugando con la caja que había atrapado antes de dejarla en su lugar e indicarle a Sherlock, con un gesto de cabeza que lo siguiera. Pudo escuchar los pasos de Sherlock mientras se colocaba a su lado, leyendo las letras en la caja rectangular que ahora sostenía.

Esperando en la fila, sintiendo un par de miradas sobre ellos, miradas que hábilmente Sherlock ignoraba. John rió un poco, llamando la atención de Holmes y de otras personas más, pero no importó.

—¿Y esa risa?

—Nada importante.

Sherlock arrugó el entrecejo un poco, como un niño al que le ocultan las cosas. Pero John solo sonrió, con un suspiro en los labios, negando suavemente con la cabeza. Ambos de compras en el supermercado, cuando Sherlock difícilmente salía de casa por alguna razón que no fuera un caso, con un juego entre las manos, comida y un par de películas. La gente definitivamente iba a hablar de ellos por un buen tiempo.

..:: Fin Tercera Parte ::..

Notas de Autora: Muchas gracias a todas por sus lindos comentarios. Son maravillosas, en realidad sé que está yendo quizá un poco lento, pero quiero darle un avance adecuado, ya saben un poco real, por decirlo de algún modo, o al menos lo más real que pueda darle. xD

Espero no aburrirlas mientras tanto, pronto llegaremos a la parte que todas desean.

Lube: ¡Hola! Muchas gracias, que bueno que te haya gustado la historia, y si, es un slash con todas las letras, pero a pasos sutiles… xD Y pues, las actualizaciones van de acuerdo a mi inspiración aunque podría decirse que actualizaré más o menos unos cuatro o cinco días, por darte algún número. No creo demorar mucho con las actualizaciones o eso espero. Gracias por tomarte un tiempo y escribir.

Kiarah: Gracias a ti por leer, es bueno saber que te está agradando tanto, estoy empezando y es nuevo para mi involucrarme en este fandom, que aunque pequeño, me ha enamorado. =D muchas gracias por tu comentario. :)